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Resumen

01/03/2007

José Tomás reaparecerá en Barcelona el 17 de junio

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José, tu afición te espera.
Nos has dado las tardes más puras de un arte milenario. Sólo tú posees el secreto. Valor, temple, belleza viva, irrepetible.
Verte torear fue como ver pintar a Velázquez sus Meninas.
Creímos que nunca volveríamos a vibrar con esa fiesta que si no es arte supremo es sólo carnicería y barbarie.
Tú elevas.
Serás muy bienvenido en esa Plaza Monumental de Barcelona que te ha visto bordar las más bellas secuencias de movimiento grácil o de inmovilidad escueta y verdadera. Frente a frente, poder contra poder, lucha hermosa de hombre y bestia cuya hondura no puede ser descrita porque se resuelve en belleza oscura y escalofrío. Única muerte hermosa. Rito. Inteligencia y valor armonizados con el poderío del bicho y con su nobleza.
Único torero vivo que merece llamarse Artista (con mayúscula), nos dejaste el sabor de aquellas tardes en las que tu aspiración y la nuestra se veía cumplida.
Ni antes ni después pudimos ver y vivir nada que lo igualase.
Torero del silencio, de la verdad más honda. Quién podría olvidar tus naturales imposibles, donde hombre y bestia se superponían en un espacio que parecía el mismo espacio, desafiando las leyes de la física de los cuerpos. Tus volapiés, tus gaoneras, tus escalofriantes chicuelinas. Torero majestuoso, has encontrado la cuadratura del círculo en silencioso diálogo contigo mismo.Torero ensimismado y reflexivo, torero metafísico y filósofo.


Ya queremos que sea 17 de junio en Barcelona.

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01/03/2007 21:32 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Recuerdos Hay 2 comentarios.

02/03/2007

La Bella y la Bestia de Jean Cocteau

En 1946, el cineasta, poeta y pintor Jean Cocteau estrenó una de las películas más hermosas jamás filmadas: La Bella y la Bestia. Jean Marais, a la sazón amante suyo, llena la pantalla con su magnetismo, su belleza y sus enormes ojos claros. Dota a la Bestia de la majestad y de la melancolía que requiere esta historia de amor aparentemente imposible.
Bella, que no sólo es bella sino buena, es fotografiada por Cocteau con reminiscencias de La joven de la perla, de Vermeer.
Ella es Diana, la virgen pagana, y Bestia es el sol, con su enorme melena dorada de león hirsuto, ardiendo (literalmente) de deseo.
El castillo donde habita ese ser solitario, pasional, intuitivo y desdichado está lleno de presencias: brazos sin cuerpo que sostienen los candelabros, puertas que hablan, espejos que muestran la imagen deseada. Bella se desliza por los pasillos como una aparición (efecto que Coppola plagió en su estimable Drácula), y ambos consiguen enamorarse del otro en esa convivencia forzada y un poco cruel.
A pesar de que Cocteau contaba con un presupuesto modesto y utilizó deshechos de la guerra para crear ese maravilloso escenario y ese vestuario deslumbrante, la película brilla en todas sus partes y constituye toda ella un poema. Decadentista y esteticista aun siendo vanguardia pura, su estilo me fascina, tanto en El águila de dos cabezas, como en El testamento de Orfeo (en donde deslumbran Marais y la actriz española María Casares), o en el díptico de Los padres terribles, que por cierto se dice que estaba basada en la vida de los de Balthus (el mundo es un pañuelo).
Hoy que vuelvo a ver La bella y la Bestia me vuelve a maravillar su romanticismo surreal. Plagada de erotismo y de pureza, es una obra que permanecerá, porque hay películas que no envejecen y ésta es una de ellas.


La bella y la bestia, (Francia, 1946). Director y guionista(sobre le cuento dieciochesco de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont: Jean Cocteau; Reparto: Josette Day, Jean Marais (en el triple papel de Avenant, Bestia y Príncipe), Marcel André, Mila Parely, Nane Germon, Michel Auclair;Productor: André Paulvé; Fotografía:Henri Alekan;Música: Georges Auric; Escenografía: Christian Bérard y René Moulaert; Vestuario: Christian Bérard.

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02/03/2007 21:05 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 5 comentarios.

03/03/2007

La resistencia indígena a la castellanización ( 5 )

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Además de que tanto el clero regular como el secular se resistieron a extender el castellano entre los indios de Nueva España, los indios también rehusaron aprenderlo en muchos casos, cuando tuvieron ocasión de hacerlo. A partir del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, este fenómeno se agudizó.

 Dice el arzobispo Lorenzana: ‘Y siendo uno de los decretos más repetidos santa y justamente en las leyes de estos reynos, y encargado a las dos potestades el que los indios aprendan el castellano y lengua propia de Nuestro Soberano, en lugar de haberse adelantado, cada día parece que se debilita más la execución’, y agrega: ‘Pues si los indios envían a sus hijos a la escuela, es más por temor al castigo que por deseo de su enseñanza y buena educación’.

En su Pastoral, Lorenzana parece dar por hecho que en todas las escuelas de los conventos se impartía el castellano, lo cual es incierto si tomamos en cuenta un dato histórico: en 1778 se ordenó la reapertura de los Colegios de Santiago Tlatelolco y de San Juan, y se especificó que en ellos se enseñaría el castellano, lo mismo que en las escuelas de los conventos y en las escuelas para indios de los pueblos. Todas ellas deberían también enseñar a escribir y leer (punto que hasta entonces no venía aclarado en ningún documento). Pero el Virrey ordenó el cumplimiento de esta ley en 1782, y aun debemos agregar que la promulgación de la ley en fecha tan tardía no necesariamente supuso su cumplimiento.

Como vemos, hasta finales del siglo XVIII y con excepción de los primeros años de la colonización, el castellano no se enseñó habitualmente en las escuelas ni fue asignatura obligatoria o generalizada en los colegios de indios, que por otra parte no siempre estuvieron abiertos.

Es evidente que tampoco había interés por parte de los indios en este estudio. En 1822, ya concluida la Independencia,  el Colegio de Santiago Tlatelolco contaba solamente con 19 niños y 4 niñas indígenas.

Si recordamos que en el siglo XVIII hubo unas treinta rebeliones indígenas, podemos comprender el creciente sentimiento de inseguridad que atenazaba a las autoridades coloniales de la época de Lorenzana.

Este aspecto claramente político de la cuestión de la lengua como ‘compañera del Imperio’ es expresado por Lorenzana en lo siguientes términos: ‘ El hablarse un mismo idioma en una nación propio de su Soberano y único monarca engendra cierto amor e inclinación de unas personas a otras, una familiaridad que no cabe entre los que no se entienden, y una sociedad, hermandad, civilidad y policía que conduce mucho para el gobierno espiritual, para el trato doméstico, para el comercio y política, como también ir olvidando los conquistados insensiblemente sus enemistades, sus divisiones, sus parcialidades y su aversión a los que mandan’.

Con esta conciencia, los españoles publicaron cédulas en las que se ordenaba imponer la lengua castellana en 1770, 1771, 1774, 1782, 1786, 1788, 1791…Al mismo tiempo, esta proliferación de órdenes demuestra que el proyecto castellanizador de Lorenzana no se llevó a cabo ni siquiera a finales del siglo XVIII.

Los indígenas se mostraron reacios a aprender el castellano porque se percataron de que para conservar su identidad cultural, debían preservar sus lenguas. Dadas las circunstancias, tampoco se vieron en la necesidad de resistirse demasiado, puesto que clero y autoridades administrativas vacilaban tan frecuentemente en la política lingüística.

Todavía hoy, en el México actual, se hablan docenas de lenguas prehispánicas con sus respectivos dialectos, y los gobiernos de la república siguen impulsando campañas de castellanización con moderados, tibios resultados. A la civilización occidental que se les presenta como cebo, ellos responden defendiendo su propia cultura y su propia lengua y valores.

 

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03/03/2007 20:24 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Nueva España Hay 5 comentarios.

14/03/2007

No te salves, de Mario Benedetti

No me gusta Mario Benedetti como poeta, pero este poema de Benedetti, me gusta.

También me gusta esta película de Eliseo Subiela donde Benedetti recita en alemán, y donde Darío Grandinetti recita a Benedetti ( El lado oscuro del corazón, algún día hablaré de ella).

 

 

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

 

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14/03/2007 20:40 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Poemas preferidos Hay 5 comentarios.

15/03/2007

O Solitude de Henry Purcell

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Me encanta  Henry Purcell. Ahora que un amigo mío sufre, quiero enviarle, dejarle aquí, esta hermosa canción llena de esperanza, este elogio de la soledad:

 

O! Solitude, my sweetest choice

Places devoted to the night,

Remote from tumult, and from noise,

How you my restless thoughts delight!

O Heavens! what content is mine,

To see those trees which have appear’d

From the nativity of Time,

And which hall ages have rever’d,

To look to-day as fresh and green,

As when their beauties first were seen!

 


Letra: Katherine Philips, poeta renacentista inglesa.


Música: Henry Purcell
Canta: Alfred Deller


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15/03/2007 19:04 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Citas de música No hay comentarios. Comentar.

23/03/2007

Villa Amalia de Pascal Quignard

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La última novela de Pascal Quignard, Villa Amalia, es una novela con varios estilos y varios narradores: escueta y detallista, casi objetiva como un informe en algunas de sus partes; poética y reflexiva en otras. Narrada desde fuera y desde dentro por diversos narradores cuya implicación en la trama varía de la primera a la tercera persona.

Es una historia de muerte, renacimiento y muerte otra vez: la de una mujer (Anne Hidden: Ana Escondida, Ana Oculta), que por una razón aparentemente banal abandona su vida, toda su vida. Qué curioso es encontrar en dos escritores tan distantes como Auster y Quignard ese mismo motivo: el abandono de todo, la renuncia a todo: el cataclismo de una vida que en un momento dado no puede seguir siendo. Hay una vida que debe terminar bruscamente, alguien debe buscar otros lugares, despojarse de todo, terminar una biografía (un pasado), para fraguarse un futuro, quizá todavía más doloroso.
La metamorfosis que plantea la huida es cuidadosa y puede darse sólo a partir de un azar: el encuentro entre Anne y un antiguo compañero de la escuela, un paisano bretón. Un ser al que había olvidado completamente y que aparece en el lugar justo y en el momento necesario para que Anne pueda desaparecer de su vida y resurja en otro sitio, sin ataduras, aunque no sin dolor.
Anne es minimalista, como lo es el propio Quignard, y también es música, como él. Su aislamiento debe ser parecido al del autor francés, capaz de publicar seis libros en un año. Volviendo a Auster, que se define como un hombre que escribe, encerrado en una habitación, yo imagino a Quignard del mismo modo: atado a su escritura como al aire que respira. Igualmente, Anne vive atada a su soledad y silenciosa, buscando hogar y encontrándolo; buscando despojar a su música de todo adorno y buscando también despojar su vida de todo lo accesorio, de todo lo que es fútil, transitorio.
Pero la futilidad estará enraizada en la misma vida, que fluye, y que la coloca de nuevo en una situación imposible: la de la pérdida de un ser querido: una niña, un ser con el que Anne se regocija y renace, se comunica, Una niña que media entre Anne y la realidad del sentimiento humano al que nadie puede resistirse. Anne media también entre la niña y el mundo: el mundo de la música, el mundo de las tormentas, el mundo de los cataclismos, hasta que el cataclismo la recoge y se la lleva.
Villa Amalia es una historia de abandonos perennes, el de la muerte, por supuesto, pero también el de los seres que, sabiéndose extraños a casi todo, tienen el valor de abandonar el bullicio y el valor de elegir el silencio y la soledad.


Citas:


* Los que no son dignos de nosotros no nos son fieles. Eso es lo que estaba pensando en el sueño que estaba soñando.
Observamos sentados en nuestros sillones, tumbados en nuestras bañeras, acostados en nuestras camas, a unos seres embotados o ausentes para los que ya no existimos.
No es a ellos a quienes traicionamos al abandonarlos.
Su inercia o sus quejas nos han abandonado antes de que pensáramos en separarnos de ellos.
Cruzó la tercera frontera sin dificultad alguna.

* Zapatos cada vez más manchados de barro, sucios, cenagosos,
llenos de hierbas,
de tanto andar por doquier en la isla. Andaba infatigablemente. Surcaba, se hundía en todos los caminos, bajaba todas las cuestas del volcán cada día.

* Pues la vida entre hombres y mujeres es una perpetua tormenta.
El aire entre sus rostros es más intenso - más hostil y más fulgurante- que entre los árboles o las piedras.
A veces, escasas veces, hermosas veces, el rayo cae de verdad, mata de verdad. Es el amor.
Tal hombre, tal mujer.
Caían hacia atrás. Caían de espaldas.

* En el mundo en que viven las abejas, las obreras cambian de funciones al envejecer. Limpiadoras en los primeros días, luego nodrizas, luego ceríferas durante lo que sería la segunda década de su vida, al final libadoras hasta su muerte. Al envejecer, yo me he vuelto libadora.

* Algo de lo incomunicable se le ha comunicado a esta mujer e ilumina mi vida.

* A final aceptó. Al final se dio cuenta de que en parte él tenía razón. El deseo que el otro tiene de sí mismo inventó un reino cuya desaparición lo llena de dolor.

Pascal Quignard, Villa Amalia, Espasa, Madrid, 2006 (Traducción de Ascensión Cuesta).

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23/03/2007 19:13 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Pascal Quignard Hay 2 comentarios.

25/03/2007

Elisabeth Vigée-Lebrun

En memoria tuya, pequeña amiga mía:


La vida de Elisabeth Vigée Le Brun ( 1755-1842), me ha intrigado desde hace tiempo. Una querida amiga mía, recientemente desaparecida, utilizaba ese nombre por internet y hace unas semanas compré por amazon una biografía suya. Elisabeth Vigée Le Brun, The Odissey of an artist in an Age of Revolution, de Gita May.
Lo primero que me llamó la atención de las pinturas de Vigée que pude admirar en París es su trazo delicado, y también su fuerza expresiva. Como pintora, destacan la maestría y la soltura de su enfoque, aunque se le pueda reprochar que cultivó el halago y se convirtió, a través de esa mirada esteticista y favorecedora, en la principal retratista de su época, que fue de transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo. Rubens y Van Dyck fueron sus modelos (Van Dyck, junto con Antonio Moro, Sánchez Coello y Sofonisba Anguissola están también entre mis retratistas preferidos). Vigée se mueve en esos parámetros, quizá añadiendo algo de la gracia y de la superficialidad de un Fragonard o de Boucher.
Aunque a veces dolida porque el subgénero del retrato no estaba entre los mejor valorados en su tiempo, Vigée llegó a ganar más dinero por sus retratos que Sir Joshua Reynolds, y fue apreciada por las aristocracias, las casas reinantes y las elites en toda Europa, incluida la Rusia de Catalina la Grande, donde llegó a pintar unos 50 retratos.
Fue la retratista oficial de María Antonieta y de sus hijos, el primer Delfín, Madame Royale y el que después sería el segundo Delfín de Francia, llamado más tarde Luis XVII, que murió trágicamente tras años de cruel cautiverio, pero su larga vida le permitió retratar a personajes de generaciones muy diversas tanto en Francia como en el extranjero.
En el libro que nos ocupa, Gita May señala acertadamente que la visión que Elisabeth dio sobre la reina María Antonieta forma parte de una estrategia publicitaria para contrarrestar la mala fama que ésta ya tenía entre sus súbditos y tratar de presentarla como una mujer similar a las otras mujeres, madre y esposa amante.
Sin embargo, sus intentos (por ejemplo en el retrato en camisa de campesina), fueron recibidos como escandalosos e irritantes e incluso como una afrenta contra la majestad de los reyes. Fuerzas encontradas estaban en juego entonces en Francia, y muchos no se dieron cuenta de que esta visión simplificada de María Antonieta como mujer era un argumento a favor de la austriaca en un país en el que era rechazada (y pronto se vería cuánto). No cabe duda que la fama de Vigée se asentó sobre esta relación, que le permitió despegar de un modo fulgurante cuando tenía sólo 20 años.
Pero Vigée no sólo retrató a la reina, también a muchos cortesanos, como la duquesa de Polignac, Madame du Barry, la condesa Bocquoi, y , ya en su exilio, la famosa Lady Hamilton o las nietas de Catalina la Grande.
Vigée se había hecho un nombre en Francia, pero la Revolución Francesa y su estrecha relación con María Antonieta la obligaron a partir (aunque su marido, el marchante de arte, Jean Baptiste Pierre Le Brun permaneció en Francia y defendió su recuerdo en épocas aciagas para ella, a pesar de que tuvieron que divorciarse por razones políticas).
Este periplo, que inició en Italia y prosiguió en Suiza, Italia, Inglaterra, Polonia y Rusia, paradójicamente engrandeció su fama, extendiéndola a toda Europa, y también sus horizontes y sus contactos con los grandes pintores europeos. Asimismo, pudo contemplar y estudiar a los grandes maestros, y aunque menos conocidos, sus paisajes y sus cuadros históricos y mitológicos ganaron con ello.
Los autorretratos de Vigée, a la par que muestran su narcisismo, complacido ante su propia belleza, son deliciosos. Y también sus "maternidades" en donde se pintaba al lado de su hija Julie, tal vez para demostrar que aunque era una pintora famosa y ampliamente conocida, no por ello descuidaba su papel de mujer y de madre.
A su vuelta a Francia, Vigée apenas había perdido un poco de reconocimiento, y pintó a la hermana de Napoleón, Carolina Murat y a Madame de Staël, entre otras nuevas celebridades.
A base de talento y de dedicación, Vigée ocupó un lugar preeminente en su época, y sólo la Historia del Arte posterior le ha jugado una mala pasada: no así sus coetáneos, que la celebraron como una de las grandes artistas de su siglo.

Gita May, Elisabeth Vigée Le Brun, The Odyssey of an artist in an Age of Revolution, Yale University Press, Michigan, 2005.

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25/03/2007 23:10 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Pintura y pintores Hay 2 comentarios.

30/03/2007

Razones religiosas de la castellanización de indios en Nueva España ( 6 )

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En la Pastoral, Lorenzana invoca dos razones de tipo religioso para castellanizar a los indios de la Nueva España: la primera, la imposibilidad de que las lenguas indígenas puedan expresar las verdades teológicas del catolicismo. La segunda, que los párrocos, expresándose en lenguas ajenas a la suya, pueden cometer (involuntariamente) graves errores en los dogmas y aun herejías. Ambos puntos están íntimamente ligados.

Después de escribir que el náhuatl es una lengua pobre y bárbara*, Lorenzana agrega que “A el (idioma) mexicano le hicieron más abundante los castellanos, que le aprendieron inventando varias composiciones de vocablos para adornarle. Los indios en su lengua no tenían términos para los Santos Sacramentos de la iglesia, ni para los misterios de nuestra Santa Fe, y aún hoy no se hallan para su explicación los propios y que den cabal idea”.

Y en efecto, para explicar a los indios el misterio de la Trinidad, se tenía que hacer uso de una palabra que en realidad significa “un dios con tres nombres”. Por otra parte, para la mentalidad indígena, el universo de los santos no podía ser entendido ni asumido como propio más que como un elenco de dioses menores que estaban subordinados a un dios mayor.

En el siglo XVIII, por poco que se escarbara en la cultura cristiana de los indios, se podía advertir de inmediato que habían asimilado las explicaciones de los párrocos a su propios sistema religioso y cultural. Incluso el culto a Jesucristo estaba relacionado, en muchos parajes con el antiguo sacrificio humano a los dioses. En esa figura sangrante y martirizada, ellos veían la repetición metafórica de sus antiguos ritos. Por ejemplo, en el santuario de Chalma se había adorado, antes que la figura del famoso “Santo Señor de Chalma”, una “figura de palo grande” (es decir, un dios indígena).

Como es sabido, el culto a la Virgen de Guadalupe, surgido a finales del siglo XVI, se confundía, en la imaginación de los indígenas, con el culto a la diosa Tonantzin, cuyo santuario se hallaba, originalmente, en el mismo lugar que luego ocupó el de la Virgen morena.

En el pueblo de Huitzilopochco (hoy Chrurubusco), un cura del siglo XVII, “tomó piedras de una plataforma de un templo en ruinas del norte del pueblo para hacer reparaciones en la iglesia: la comunidad indígena protestó contra ese acto por considerarlo una profanación. La comunidad informó audazmente al cura que ‘en ese lugar reside toda la fuerza del pueblo’”.

El sincretismo religioso fue un fenómeno palpable y extendido desde los albores de la evangelización. Lo que varió sustancialmente fue la reacción de los españoles frente a ese hecho. A principios del siglo XVII, el arzobispo de México, fray García Guerra, asistía con complacencia a las ceremonias indígenas, que en cambio, Lorenzana, en el XVIII, encontraba absolutamente intolerables. Los bailes del Volador y los “mitotes” organizados en los atrios de las iglesias o en sus inmediaciones habían existido siempre, pero fue a mediados del siglo XVIII cuando comenzaron a irritar profundamente a la jerarquía clerical, precisamente por la razón que hemos expuesto más arriba: por la creciente conciencia del fracaso colonizador.

Castellanizando al indio se pensaba que se podría evitar el sincretismo religioso; pero en el fondo lo que se deseaba era la destrucción global de su cultura para sustituirla por la castellana. Tampoco este razonamiento de Lorenzana era nuevo: si los indios son bárbaros y así también su lengua, al darles una nueva lengua se les civiliza y castellaniza a un tiempo. Con ello se pretende “desculturizarlos” y asimilarlos a la ideología y al sistema político, económico e ideológico de España, convirtiendo a la Colonia en una simple provincia sin rasgos de identidad propios. Pero esta idea, que todos los imperialismos han acariciado, jamás se ha hecho carne, pues los pueblos sometidos siempre han conseguido mantener su cultura diferenciada y esencial.

 

* Lorenzana se contradice sobre este punto, pues en su prólogo a la edición de las Cartas de relación de Hernán Cortés, el prelado dice exactamente lo contrario: “(El idioma náhuatl) es muy elegante, dulce y muy abundante en frases y composiciones, y en esto no se puede dudar, por confesarlo todos cuantos le han aprendido y penetran su significación” (Prólogo, p. 5). Como se ve,. El arzobispo daba opiniones distintas sobre la lengua náhuatl, según se tratara de denostarla por razones políticas en su Pastoral o de dignificarla para enaltecer la “gran nación” conquistada por el “esclarecido Hernán Cortés” (Pastoral, p. 148).

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30/03/2007 10:26 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Nueva España Hay 2 comentarios.


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