Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Resumen
- 01/01/2007 14:07 - Problemas de la colonización en Nueva España: religión y castellanización de indios ( 1 )
- 02/01/2007 11:43 - Mis tres películas favoritas de 2006
- 10/01/2007 06:44 - Lorca éramos todos, de Pepe Rubianes
- 11/01/2007 21:04 - La Ciudad Universitaria de México
- 14/01/2007 11:28 - Un meme: Las cinco cosas que no sabéis de mí
- 14/01/2007 15:38 - Cambios en la política lingüística de la Nueva España en el siglo XVIII
- 16/01/2007 19:59 - El quinto en discordia, de Robertson Davies
- 19/01/2007 15:55 - Vida y arte de Glenn Gould, de Kevin Bazzana
- 20/01/2007 11:05 - El salón en Württemberg, de Pascal Quignard
- 21/01/2007 11:45 - José Luis Cuevas
- 25/01/2007 20:45 - Canto a un dios mineral de Jorge Cuesta
- 26/01/2007 21:41 - Grados de la castellanización indígena ( 3 )
- 28/01/2007 21:03 - Cooper o las soledades elementales de Patrick Lapeyre
01/01/2007
Problemas de la colonización en Nueva España: religión y castellanización de indios ( 1 )

Inicio la publicación de un nuevo tema con estos fragmentos extraídos de mi tesis doctoral (1990) Introducción a la Oratoria Sagrada Novohispana en la segunda mitad del Siglo XVIII. Un tema que nunca ha dejado de interesarme es el de la colonización y el postcolonialismo. Espero que os resulte atractivo.
La Colonia fue durante toda su historia un espacio en el que pervivió de manera destacada un sistema de vida feudalizante, pues las diversas formas de posesión de la tierra como la encomienda, la hacienda, el repartimiento de indios o las congregas se asemejaban bastante al sistema de vasallaje, aunque no tenían sus ventajas. Este sistema, la labor de los peones en el obraje y la jerarquización estricta de la sociedad, más la diversificación productiva de las diversas regiones mexicanas, dividieron claramente a la población. Además de existir la diferencia entre españoles, criollos, indios y castas, la diferencia entre habitantes del campo y de la ciudad fue una constante cuyas consecuencias aun hoy pueden observarse.En el mundo colonial la religión venía a ser un fundamento indispensable para todo acto de vida, y en función de ella se juzgaban todos los acontecimientos. Sin embargo, en esa sociedad encontramos diversos planos religiosos. El hegemónico está representado por el clero español y criollo y por la sociedad dominante y colonialista: su espacio natural es el urbano. Pero existe también una religión sincrética cuya presencia es asimismo importantísima, sólo que en el ámbito rural. Ésta, que llamaremos ‘religión popular’ no es privativa de ninguna manera de la Colonia , pero el sincretismo mexicano es más reciente y por tanto, más evidente
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En 1766, Francisco Antonio de Lorenzana tomó posesión de la diócesis más rica y más importante de la América conquistada: la de México. Tres años después, el arzobispo publicó una Carta pastoral instando a los párrocos y a los vicarios de la Colonia para que extendiesen el uso del castellano entre los indios. Respondiendo a esta Carta, Carlos III envió una Real Cédula (1769), refrendando todos los puntos expuestos por el arzobispo. Al presentarla, Lorenzana añadía que el castellano no sólo podía ser implantado por medios persuasivos, sino también por la fuerza.
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Volviendo la mirada atrás, diremos que lo que algunos llaman ‘la primera etapa misionera’ duró escasamente 20 años, en los inicios de la Conquista. En la segunda etapa (que se suele identificar entre los años de 1565 hasta mediado el siglo XVIII), el clero abandonó la evangelización y se identificó totalmente con las premisas del poder, bajo el supuesto de que los primeros evangelizadores habían conseguido una absoluta conversión. ¿Es posible que lo creyeran verdaderamente, o tal vez les convenía creerlo así para actuar en consecuencia?
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La Inquisición nunca tuvo fuero con los indígenas. Por un lado, este hecho puede valorarse positivamente. Por otro, es evidente que se juzgó que si los indios eran herejes esto no constituía ningún prejuicio para la corona, ni económica, ni políticamente. Los indios estaban completamente marginados de la sociedad novo-hispana y por tanto sus supuestos pecados quedaban circunscritos a su entorno circular cerrado. Esto facilitó la práctica sincrética.
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La Carta Pastoral V reafirmaba la política del gobierno eclesial de la Colonia para conseguir la homogeneidad lingüística de la población nativa: tanto la carta como la cédula carolina exponen con toda claridad las disensiones y resistencias activas y pasivas de los nativos ante la conquista y la colonización.
Lorenzana se queja: ‘ En dos siglos y medio de hecha la conquista de este reino estamos aún llorando y sintiendo que, como si fuésemos el mismísimo esclarecido conquistador Hernán Cortés, necesitamos intérpretes de lenguas e idiomas de los naturales'.
Las lenguas indígenas pervivieron durante todo el proceso de la colonización. Aunque algunas lenguas minoritarias sucumbieron, las principales lograron conservarse. Una vez cumplida la primera fase de la conquista (1521), la castellanización del indio se vio entorpecida por esa enorme diversidad lingüística del sustrato, y sobre todo por la división de intereses de cada una de las instituciones gobernantes.
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La Iglesia y el Estado mantuvieron posturas muy distantes sobre el destino de la población nativa y además, dentro del seno de cada una de ellas, también había propuestas y posturas contradictorias. De ahí que la política con relación a los indios ( y con ella, la política lingüística), fuese perpetuamente vacilante.
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Durante el siglo XVI, la corona expidió multitud de Cédulas Reales y decretos dirigidos a virreyes y obispos ordenando la enseñanza de la lengua española a los indígenas. Cédulas y decretos que fueron letra muerta mientras los franciscanos y otras órdenes religiosas se hicieron cargo de los curatos y de la evangelización, es decir, hasta 1572.
Carlos III escribe al respecto en la Cédula: ‘ Al principio los regulares vincularon en sí los curatos, manteniendo los idiomas (de los indios) y después que lo seculares lo han aprendido, ha sido trascendental el prejuicio, procediendo en esto contra la práctica de los conquistadores, como los romanos introdujeron su lengua en las naciones conquistadas.’
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Un rasgo característico de este tipo de documentos (pastorales, cédulas, etc.), es que dicen una verdad mientras callan otras.
Es evidente que a Lorenzana le interesaba destacar únicamente el control que consiguieron los frailes sobre la población indígena por medio del aprendizaje de sus lenguas. Pero no es menos cierto que no fue exclusivamente el ansia de poder lo que les llevó a rechazar la castellanización. Había otras razones: una era que el Reino de Dios en la tierra, una de cuyas formas podía ser la utopía católica, estaba en condiciones de materializarse por medio de la Conquista. El mantenimiento de las lenguas indígenas era condición sine qua non para poder llevar a cabo ese sueño utópico. Los indios se mantendrían en un estado incontaminado, ajenos a los conquistadores sedientos de poder y de oro, llenos de ambición y de pecados mundanos: poseedores de todos los defectos de la civilización, y muy a menudo completamente corrompidos.
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02/01/2007
Mis tres películas favoritas de 2006
1. Babel, de Alejandro González Iñárritu.
Durante mucho tiempo permanecerá en la retina ese suntuoso travelling inverso horizontal que marca el final de las cuatro historias entrelazadas con tanta solvencia como sensibilidad por el que es hoy, sin duda ninguna, el mejor director en activo (con permiso de David Lynch, naturalmente), Alejandro González Iñárritu.
Extraordinario viaje por el dolor y el amor, por la injusticia y la solidaridad, por la herida personal y colectiva; por las fronteras que separan y por la hermandad entre los hombres. Con la belleza de un tratamiento cinematográfico que en todo momento es soberbio (y especialmente las escenas filmadas en Tokio) y que elevan la película a una categoría sublime, con actuaciones que quitan el aliento (de los actores profesionales y de los improvisados), con una fotografía impecable, caliente y fría, alternativamente roja, ocre y azul, muy personal, muy expresionista, y con una música absolutamente perfecta, Babel se erige como la película de 2006. Honda, viva, poética y realista.
Babel, Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Guillermo Arriaga.
Reparto: Cate Blanchett, Brad Pitt, Gael García Bernal, Adriana Barraza, Mahima Chaudhry, Jamie McBride, Kôji Yakusho, Rindo Kikushi, Shilpa Shetty, Lynsey Beauchamp, Paul Terrell Clayton, Fernández Mattos Dulce, Nathan Gamble. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Gustavo Santaolalla. Producción: Raúl Olvera Ferrer, Steve Golin, Jon Kilik, Tita Lombardo. USA, 2006.
2. El Nuevo Mundo, de Terrence Malick.
La mirada de Malick profundizando en una herida abierta, pero tocando únicamente lo que podríamos llamar la metáfora del Paraíso Terrenal hollado. Naturaleza y guerra, amor y odio. La épica del mundo virginal en el rostro de la bellísima Pocahontas. Toda la primera parte de esta película es un ejercicio que pocos pueden igualar: poesía pura.
En la última parte, la que transcurre en Inglaterra, el drama ocurre ya en un ámbito más político que íntimo, más aparencial que auténtico, más convencional, y la película baja su tono lírico y diría, sinfónico, para hacerse melodía de cámara.
Aunque irregular, una de las grandes películas de este año.
El Nuevo Mundo, Dirección: Terrence Malick. Producción: Sarah Green, Terrence Malick . Guión: Terrence Malick. Música: James Horner . Fotografía: Emmanuel Lubezki. Vestuario: Jacqueline West . Reparto: Q’Orianka Kilcher, Colin Farrell, Christian Bale, Christopher Plummer, August Schellenberg, Wes Studi, David Thewlis, Yorick Van Wageningen. USA, 2005.
3. El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro.
Fábula e historia entrelazadas en una película sobre la muerte y el terror, sobre el fascismo y la intolerancia, sobre el miedo y el dolor, sobre la soledad y la inocencia.
Abriendo brecha, la fábula nos interna en el mundo de la guerra y de la destrucción con una sutileza incontestable, con una delicadeza de cuento de terror gótico y a la vez con una dulzura lúcida, que interfiere con el horror de lo contado sólo para resaltarlo.
La gran actuación de Sergi López ha pasado en cierto modo desapercibida entre las excelencias de los efectos especiales, la originalidad del acercamiento al tema de la postguerra española y la potencia de un guión prácticamente perfecto.
El laberinto del Fauno, Guión y Dirección: Guillermo del Toro. Productores: Berta Navarro, Alfonso Cuarón, Frida Torresblanco, Álvaro Agustín, Guillermo del Toro. Productor ejecutivo: Edmundo Gil. Fotografía: Guillermo Navarro. Música: Javier Navarrete. Montaje: Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Efectos especiales: David Martí (maquillajes), Reyes Abades. Reparto: Sergi López, Maribel Verdú, Ivana Baquero, Doug Jones, Álex Angulo, Ariadna Gil, Roger Casamajor, César Bea, Manuel Solo, Federico Luppi, Sebastián Haro, Mina Lira, Iván Massagué, Chema Ruiz, Milo Taboada. España-México-USA, 2006.
10/01/2007
Lorca éramos todos, de Pepe Rubianes

A mediados de diciembre, los estudiantes de Bachillerato, mis compañeros Alicia y Tomás y yo fuimos a ver al Teatre Auditori de Sant Cugat la obra Lorca éramos todos, de Pepe Rubianes. Tras algún tropiezo anterior (nos decepcionó inmensamente "El castigo sin venganza" de Lope, por la Compañía Nacional de Teatro el año pasado, pese a que es una gran obra), fuimos allí un poco mosqueados. Fue una grata sorpresa: a todos nos gustó. Aquí os dejo algunas de las opiniones de mis muchachos.
Marc Alsina:
Personalmente creo que la obra estuvo bastante bien, me sirvió para enterarme de la vida y de la muerte de Lorca. Se notaba que Rubianes estaba bien documentado cuando escribió la obra, además tiene un toque de acidez característico de él, por ejemplo cuando empieza a sonar el “Cara al Sol” y todos los actores levantan la mano derecha. Creo que es una obra original en cuanto a la estructura en sí de la obra: diez actores (cada uno con su propio personaje) y una soberbia bailarina que representa la muerte. Dicha bailarina le da a la obra un toque que no consigo definir, solo sé que fue una gran idea y que sin ella la obra no seria lo mismo. Además la “percusión” no está presente sólo en dicha bailarina, sino que los actores también hacen ruidos con su cuerpo (dando palmas etc..) y esto le da a la obra, en ciertos momentos, la tensión y/o intensidad que hacen que el espectador “despierte”. Me gustó sobre todo cuando cada uno de los implicados en la muerte de Lorca dan una versión diferente de los hechos, todas contradictorias y diferentes, donde el verdugo cambia según cada individuo. El punto álgido de la obra, para mí, es cuando Lorca se va al fondo del escenario acompañado por la bailarina, creo que es una manera muy original de acabar con la presencia de Lorca en el escenario. El hecho de Lorca que deje la chaqueta en el escenario yo lo interpreto como que después de muerto, algo del autor marca y queda en los personajes que le rodearon en sus últimos días y también, dicha chaqueta, representa los vestigios del poeta en la sociedad, ya que después de muerto los personajes restantes nos hacen una especie de crónica de lo que pasó los meses siguientes.
Personalmente creo que invertimos bien nuestro tiempo viendo dicha obra, yo personalmente creo que es bastante mejor que las que hemos visto con anterioridad.
Georgina Mesón:
La obra que fuimos a ver el pasado viernes, Todos somos Lorca, representaba, esencialmente, la vida de éste. Su escenografía era bastante simple, pero tampoco necesitaba más: únicamente se componía por unas sillas donde se sentaban los actores que iban narrando la vida de Lorca. Además de éstos, otros personajes completaban el reparto: una "bailaora" de flamenco se encargaba de escenificar la muerte, y otra mujer a Lorca.
En general creo que la obra estuvo bien, aunque a mi parecer faltó un poco más de acción, la encontré un poco monótona. Otro aspecto a tener en cuenta es la representación de Lorca: primeramente me pareció muy mal imitado el acento andaluz, y además, hubiera sido mejor que el personaje lo hubiera representado un hombre, ya que así hubiera parecido más real.
Xavier Aparicio:
La verdad es que fuí al teatro con la intención de ver una obra sobre la poesía de Lorca, y entonces iba con el prejuicio de que sería un pelín “rollazo” ,ademàs de que ya nos llevamos un buen susto el año pasado. Tampoco me esperaba que la obra fuera sin apenas escenografía ya que la escenografía eran una simples sillas para los actores y durante toda la obra sigue así. Al principio, como toda obra, me costó entrar en ella ya que iba un poco desorientado con lo que iba a ver. Pero a medida que los actores fueron explicando y demás, te ibas enterando e ibas viendo de qué iba la cosa.
Sobre el escenario había 11 actores se encargaban de contarnos lo que le pasó a Lorca y de cómo vivió sus últimas horas. El papel de Lorca era interpretado por una mujer.
El personage que más me asombró fue la bailadora, que interpretaba la muerte. La obra sucede y los diferentes personajes( familiares, amigos…) nos van contando lo que admiraban al gran poeta y los hechos que le llevaron a la muerte. No cabe duda que Lorca causaba admiración por dónde iba, era como un imán para las personas y probablemente eso le perjudicó ya que al ser tan conocido y como todos los demócratas de la época le surgieron perseguidores que acabaron con él.
La verdad es que la obra me encantó. La magnífica interpretación de los personajes ayudó mucho pero además te hacían entender lo que había pasado con Lorca y con tanta gente en esa época. Entonces me quedé asombrado ya que he ido bastantas veces al teatro pero nunca tuve este sentimiento de rábia, en este caso, al pensar la terrible matanza que tuvo lugar. Son de esas cosas que sabes pero que con el ritmo de vida diario no te paras a pensar, y eso es justo lo que la obra me inspiró, una rabia hacia el franquismo y el sentirse impotente al no poder ya hacer nada.
Por lo tanto se la recomiendo a todo el mundo ya que creo que es como una obra-documental magnífica.
Ivan Fontal:
Me ha parecido una obra muy interesante y que mostraba muy bien la situación que pasó Lorca antes de ser fusilado, gracias a la buena puesta en escena de los actores. A pesar de que el escenario siempre era el mismo la han representado muy bien, y tenía el toque dramático adecuado a la situación. No me ha gustado el principio de la obra porque han empezado con la trama muy rápido y también que repetían que Lorca fue fusilado cuando aún estaban en el entremedio de la obra, creo que eso lo tendrían que haber hecho dicho al final aunque ya se supiera que iba a morir, pero sólo es una opinión personal. Lo que más destacaría positivamente es la actuación de los actores, tanto de los que estaban en las sillas, como la que interpretaba a Lorca, iban todos muy bien coordinados.
Ivó Castells:
La obra de teatro que fuimos a ver el pasado viernes representa la vida de Lorca y de todos quienes le conocían. Creo que la obra está bastante bien, aunque no puedo decir si es de las mejores de Pepe Rubianes, ya que aunque he oído hablar muy bien de él nunca he visto una obra suya. La obra estaba representada en un escenario muy pobre, tan solo compuesto por unas pocas sillas, había un total de diez personajes representando a Lorca y los que le rodean, también había una mujer que representaba la muerte mediante un zapateado, con el cual también se conseguía la “musica” de fondo al sumársele algunos ruidos que hacían los actores con su cuerpo, lo cual conseguía intensificar sensaciones.
Lo que no me gustó de la obra fue el hecho de que Lorca fuese representado por una mujer, ya que eso dificultaba la interpretación.
Jordi Mas:
Esta obra trata sobre la vida del gran artista Federico García Lorca, desde el principio hasta el final los personajes (que son él i todos con los que se relacionó cuando Lorca estaba en vida.Desde el principio nos cuentan que él tiene que dejar su ciudad natal e irse a Madrid para estudiar en la universidad, allí conoce a José Caballero, un pintor, con el que se hace muy amigo, entre algunos otros. Jose es el último personaje que estar con Lorca sus últimos días de estancia en Madrid, porque Lorca decide ir a Nueva York, allí reside como becario durante un año.Cuando vuelve de Estados Unidos y por culpa de la guerra civil decide volver a Granada donde está su familia, para pasar la navidad con ellos. Allí se encuentra con que el General de ejercito, Franco, hace reprimir toda Granada, lo hace poniendo a Jose Valdés como gobernador civil de Granada, en ese instante y por culpa de Ramón Ruiz Alonso, Lorca es perseguido, y también es registrado en su casa, entonces un buen amigo suyo Luis Rosales lo acoge en su casa para protegerlo de los registros que hacían en su casa. Allí conoce a toda la familia Rosales, que era una familia importante, ya que los hermanos de Luis formaban parte de la Falange.Cuando el gobierno civil se da cuenta de dónde está Lorca, van a detenerlo en casa de los Rosales, y él decide ir hasta el gobierno civil, pero fue acompañado por Miguel Rosales (hermano mayor de Luis).Miguel cree que se llevan a Lorca sólo para interrogarle, pero después de pedir ayuda a su hermano José y ver como no podían hacer nada, entendió que Lorca estaba en peligro, y así fue, el día en que lo iban a sacar de allí (gracias a José), el gobierno se lo lleva para asesinarlo, causando una profunda herida en todos los conocidos de Lorca.
Arnau Marimón:
La obra que fuimos a ver se llamaba “Lorca eran todos” y estaba dirigida por Pepe Rubianes. La obra explicaba la vida de Federico García Lorca, sobretodo su etapa en contacto con el franquismo, a la par que lo explicaba a éste, y la represión que supuso. En la obra la historia es contada desde bandos opuestos, cada uno justificando su punto de vista.
La obra constaba de una escenografía minimalista compuesta por sillas, un par de taburetes y dos cajones. La falta de una escenografía rica se veía compensada por una iluminación excelente, que resaltaba la acción que se llevaba a cabo e incluso creaba atmósferas diferentes (sobretodo cuando bailaba la bailarina). Tampoco había una interpretación gestual demasiado movida, sino que la obra se basaba en lo que decían los intérpretes y, evidentemente, en cómo lo decían.
En mi opinión, ésta es una de las mejores obras a las que hemos acudido con el instituto. Me gustó mucho el enfoque que se daba al tema, y encontré realmente acertada la interpretación por parte de la bailarina, que con los ritmos de pies creaba una atmósfera mágica sin necesidad de recurrir a la música más compleja que podría distraer al público de la acción principal.
Otro tema que me gustaría mencionar fue el ambiente que se vivió en el teatro. En mi opinión éste fue pésimo, puesto que los silbidos, carcajadas y demás faltas de respeto hacia los actores y al resto del público eran frecuentes. Creo que se demostró una importante falta de cultura y educación de una parte importante del público.
Aparte de este incidente, por mi parte disfruté mucho la obra y deseo que en posteriores años, los alumnos acudan a obras de calidad igual a la de la aquí comentada.
Eduardo Pérez Pellitero:
El pasado viernes día 15 de Diciembre tuvo lugar la representación en el Auditorio de Sant Cugat de la obra “Todos somos Lorca” , el guión y la dirección de la cual corren a cargo de Pepe Rubianes.La obra comienza con una voz en off (tapada por cierto por el ruido de algunos de los espectadores…) que nos sitúa en lo que será la obra. Poco a poco se aumenta la intensidad de la luz y se pueden vislumbrar en el escenario una austera escenografía formada tan solo por sillas, y también diez actores que representarán personajes clave en el periodo anterior al asesinato de Lorca, incluido el mismo Lorca, representado por la actriz Alejandra Jiménez, actuación que a mi personalmente no me agradó demasiado ya que no acabó de convencerme de ser un hombre. Dentro de estos diez personajes nueve vestían un negro muy formal y uno de ellos, Lorca, vestía de blanco, como simbolización de su alegría, su genialidad, su grandeza. Además de esto, también está en el escenario una “bailaora” que simbolizará la muerte. Quizá una de las escenas más emotivas para mi fue el momento en que bajo un foco rojo y el discurso de los golpistas dirigido a los sevillanos, ésta baila con majestuosidad al son de una música flamenca (si no recuerdo mal, de Paco de Lucía).La obra fue un excelente montaje en el que los sucesos son explicados por los personajes más cercanos de ambas partes, amigos y enemigos (Luís Rosales, Ramón Ruiz Alonso, etc.). Todos ellos se encuentran sentados en el centro del escenario; Lorca en cambio se sienta en un pequeño taburete a la derecha y hace pequeñas intervenciones puntualmente. Mientras se explican estos relatos, los actores que no participan directamente introducen sonidos de fondo como palmadas, o frases como “cada cual cuenta su historia” muy bien encontradas y que le dan un toque muy interesante a la obra. La obra finaliza con un homenaje a la muerte de Lorca, y también a todos aquellos que siguieron su mismo destino, bajo la frase “todos somos Lorca”, un detalle importantísimo por parte de Rubianes. Otro gesto emotivo fue el momento en que los actores que están saludando al público se giran para hacer una reverencia ante la imagen de Lorca.
Jordi Bolibar:
Acostumbrados al teatro que normalmente vemos con el instituto, sorprende que hayamos ido a ver una obra como ésta. Primero de todo ya me sorprendió que fuera de Pepe Rubianes, un autor no muy de la línea de la mayoría de obras que hemos ido a ver, que más bien eran de autores clásicos con interpretaciones espesas y difíciles. La obra resultó ser más bien fresca, innovadora respecto lo visto anteriormente y sobretodo trataba un tema interesante de forma interesante. El tema de la Guerra Civil Española y de la dictadura del general Franco es un tema relativamente reciente y que nos es conocido e importante para todos. Para hablar sobre él, Rubianes utiliza la figura de Federico García Lorca, un importante escritor, dibujante y músico que fue aniquilado por el régimen y que le sirve para representar el horror de la represión impuesta por los franquistas y echar una ojeada a nuestro pasado para contrastarlo con el presente.
La obra cuenta con una escenografía más bien austera, pero a decir la verdad no se hecha en falta, ya que con las interpretaciones de los actores te metes directamente en la historia. Lo que tiene más gracia del aspecto visual de la obra es el juego de luces, que va resaltando y oscureciendo los diferentes actores según van actuando, el baile flamenco con la música que ayuda a ambientar la trama de la obra y el continuo cambio de papeles de los actores, que pasan a un primer plano a la hora de actuar mientras que después se sitúan detrás sentados en sillas.
La obra empieza contando los días antes de la ejecución de Lorca: todo lo que hizo y con quién habló, narrado detalladamente con precisión histórica. Explica como decide quedarse en España a pesar del alzamiento y como va a Granada a visitar a su familia. Allí vemos como pronto es amenazado por las fuerzas del régimen y se tiene que refugiar a casa de su amigo Luís Rosales. A pesar de esto vemos como los miembros franquistas sin juicio previo ni escrúpulos se lo llevan a la casa del gobernador civil, entonces Valdés, y la misma mañana siguiente, sin avisar a nadie y sin dejar apelar nada en su defensa es ejecutado junto con muchos otros hombres. Después de esto hace un repaso de las actuaciones del los diferentes personajes, analizando sus acciones y mostrando el increíble caos que reinaba en España aquellos días. Acaba sospesando la afirmación que a pesar que Lorca era un gran hombre y artista, que fue una gran pérdida, también hubo otros miles de muertes como la suya que también deben ser recordadas. Por tanto queda totalmente justificado el título de la obra “Lorca eran todos”, ya que como la de Lorca, hubo miles de historias igual de tristes en aquel triste capítulo de la historia de España.
Mikel Borràs:
La obra “Lorca eran todos” es una magnífica obra de memoria histórica, el guión y la dirección del cual son de la mano de Pepe Rubianes. En la obra salen 10 actores que encarnan a personajes clave en las últimas horas del poeta de Granada. Lorca mismo está representado por una chica en la obra. También hay una bailadora de flamenco que actúa durante las secuencias que tienen algún tipo de relación con la muerte. La obra, que muestra las últimas relaciones de Lorca con sus amigos y familiares, y expresa sus sentimientos en esas horas de angustia, va acompañada de diversos fragmentos de discursos franquistas, hechas por representantes de la falange de la época o partidarios revolucionarios, y también de algunas canciones flamencas como alguna de Paco de Lucía. En la obra hay un momento álgido en que suena el Cara al Sol, cantado por todos los actores presentes. Personalmente, la obra me ha gustado bastante aunque acostumbro a aborrecer el teatro en general. Pienso que está muy bien planteada y dirigida y los trozos en que sale la bailadora son muy emotivos. También creo que, aunque no te guste esta obra, se le tiene que agradecer mucho a Rubianes que haya cogido este tema y lo haya sacado a la escena y, me parece un hecho nefasto que se haya prohibido en Madrid...pero bueno, ésta es la sociedad de hoy en día, quizás no tan diferente de ésa que se representa en la obra.
11/01/2007
La Ciudad Universitaria de México
Es uno de mis lugares. Ahí pasé parte importante de mi primer noviazgo y mi primer amor: paseando por su Campus, yendo al cineclub universitario del CUC, por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras...pero estuve también en la facultad de Química, en el Estadio Olímpico, y en Políticas; las reuniones y asambleas en el auditorio Che Guevara...
La majestuosidad de la UNAM, presidida por el inmenso campus y el imponente mosaico de Juan O’Gorman, santo y seña de la Biblioteca de la UNAM, es un recuerdo vivo en mi memoria. Alma Mater.
14/01/2007
Un meme: Las cinco cosas que no sabéis de mí

Gregorio Luri me pasó este meme hace una semana o más. En su momento, le contesté en su blog porque sus lectores no son los míos y no los quería traer acá: me pareció que no les iba a gustar mi blog y que no correspondía traerlos aquí, pero ahora que ando otra vez liada con el trabajo, con poco tiempo para escribir (aunque no sin materia), rescato mi respuesta, para que la leáis vosotros...El meme lo paso a Ramon (ya sé que te debo uno, ya), a debolsillo y a Ferre.
1. En cuanto a la música, me gustan las rancheras (y cantarlas con la guitarra, en compañía de mis hijas), la ópera, especialmente Puccini y Mozart, y en general la música clásica y la de cámara especialmente. Por encima de todos los intérpretes amo a Glenn Gould, pero eso se sabe. Una cosa que no se sabe es que estudié piano de chiquita. pero mis manos no daban para una octava y así se frustró mi temprana vocación pianística. También me gustan los tangos de Piazzolla, Adriana Varela, Andrés Calamaro (a veces) y Lila Downs.
2. ¿Riesgos? Me gustaba volar. Un amigo mío me enseñó a volar en avioneta por encima de la moderna Tenochtitlan, un espectáculo maravilloso. Una sensación de libertad que terminó el día que nuestro tren de aterrizaje se hundió, aterrizamos con la panza de la avioneta. y cuando finalmente se detuvo, con un ala rota y el morro hecho trizas, me vi ardiendo. No pasó nada. Un rasguño en la mano. Lo dejé no por cobardía sino por presiones familiares, pero nunca lo he olvidado. Por un tiempo, me sentí pájaro y en el cielo, completamente libre.
3. Nací en México D.F., en el barrio de San Ángel, en el sur de la ciudad. Mi casa era una casa con jardín y con biblioteca. Del jardín saqué las enseñanzas de don Fermín, el jardinero, un personaje al que debo mucho. Y de la biblioteca, mi vicio principal: leer, leer y leer. En México lo perdí casi todo ( o debería decir, los perdí a casi todos), y vivo en Sant Cugat del Vallès (desde hace más de veinte años), entre la nostalgia y el olvido.
4. De niña tuve un perro: el ’Tigre’. Cuando se murió lo enterramos al pie de un árbol de aguacate muy alto. Ver cómo se sumía la pequeña montaña inicial al pie de ese árbol al paso de las semanas me hizo pensar mucho. De ahí ya me decanté por los gatos. He tenido tres: Xóchitl (mexicana) y Ágata (catalana), unas señoras gatas... y un gato: Alfonso Reyes. En este momento soy la abuela de otro, que de vez en cuando necesita que le haga un canguro, pero habiendo pasado a mejor vida mis animalitos, he preferido guardarles la fidelidad.
5. Del mundo real sólo he visto una parte: la que me gusta o me interesa. La otra no la veo. No es un fingimiento, es una de mis características principales: tengo una visión parcial, incompleta de la vida real. Ahora que ya soy viejita pienso que nunca he entendido nada, que he vivido intensamente pero sin saber qué es esto de vivir o a qué realidad me atengo.
Cambios en la política lingüística de la Nueva España en el siglo XVIII

El primer impulso evangelizador cedió el paso muy pronto a una segunda etapa de la iglesia en las colonias en la que el clero abandonó definitivamente la aspiración utópica y se replanteó muy seriamente la acción pastoral, cambiándola, mientras que negaba efectividad o valor a los esfuerzos de los primeros evangelizadores. Se quiso creer (prematuramente) que la evangelización estaba concluida y pasó al primer plano la necesidad de establecer la iglesia colonial como institución y aparato de estado. La iglesia colonial comenzó a acumular riquezas en forma de tierras, tributos, patrimonio arquitectónico…Burocratizaron el aparato clerical y la propia labor doctrinal, al tiempo que los cabildos estaban únicamente constituidos por españoles. Hay muchos testimonios de que esta nueva actitud consiguió que los indígenas, que al principio habían creído ver en los frailes a sus únicos valedores, comenzaran a abandonarlos o al menos a verlos como cooperantes del injusto sistema colonial.
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El impulso evangelizador original resurgió fugazmente a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando la expansión del virreinato hacia el norte inspiró de nuevo a las órdenes religiosas – especialmente a los franciscanos y jesuitas, poco antes de su expulsión-. La diferente constitución de las tribus indígenas pobladoras del norte y la expulsión de los jesuitas fueron serios reveses de esta segunda evangelización utópica.
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Por todo ello, resulta sorprendente que Lorenzana se queje en su Pastoral V de la pervivencia de las lenguas indígenas en detrimento del castellano en la Colonia, puesto que el propio clero defendió esa pervivencia. Sería sorprendente, si no fuera porque Lorenzana era ya un prelado muy distante del cristianismo franciscano y utopista: era un hombre ilustrado, racionalista y regalista, como correspondía a su momento. Para él, como para otros de sus contemporáneos, el orden civil estaba indisolublemente ligado a la preponderancia de la corona y a sus prerrogativas. El idealismo cristiano de los primeros años de la conquista ya no tenía sentido para él.
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Lorenzana (y otros ilustrados) se dan cuenta del ‘fracaso’ de la colonización. Hay un sincretismo religioso preocupante, la desconfianza entre indios y párrocos es una realidad, las rebeliones indígenas estallan por todas partes, se descubren focos idolátricos que se creían completamente extinguidos. Todo ello aparece ante los ojos de los ilustrados con meridiana claridad y con una significación: no se ha llevado a cabo la colonización más que superficialmente. La situación es inquietante. Por ello, Lorenzana cree indispensable una nueva ordenación política y administrativa de la colonia y también es necesario castellanizar a los indios para llevar a cabo lo que hoy llamaríamos ‘aculturación’, que no se ha producido. Pero ¿cómo, si los indígenas están excluidos de la vida pública, política, administrativa e intelectual de la colonia?
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No sólo se preocupan los ilustrados por los indígenas: hay otro sector muy presente en todas estas ‘nuevas’ disquisiciones y medidas. Es el de los criollos: preocupa la creciente influencia que los párrocos criollos ejercen sobre los indígenas a través de su conocimiento de los idiomas vernáculos. Esto nos indica que la pugna entre los diferentes estamentos dentro de una misma institución (clero regular contra clero secular) dio paso, en la época que nos ocupa, a una pugna de clase o de casta (clero criollo contra clero español). No olvidemos que años después, en 1810, es el clero criollo el principal motor de la Independencia, hecho que comenzaron a presentir los ilustrados españoles en Nueva España a partir de 1770.
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La población criolla había crecido, mientras que la indígena había padecido una espectacular caída: En 1521, a la llegada de Hernán Cortés, la población de Nueva España se calcula en 25 millones de individuos. Hacia 1650, en una espectacular caída poblacional que se inició con la epidemia de 1576-1579, sólo quedaban un millón trescientos mil indígenas. Algunos investigadores atribuyen a este número un falso incremento, dado que se pudieron incluir también muchos mestizos. En otras palabras, México había perdido en un siglo y cuarto de conquista y colonización el 94% de su población nativa.
Hubo muchas razones, sobradamente conocidas para esta terrible, trágica disminución: la sobreexplotación de razas delicadas en trabajos que superaban con mucho s capacidad, la separación de las familis indígenas que se levó a cabo concienzudamente, las guerras, las enfermedades importadas por los españoles, el destrozo de sus civilizaciones en todos sus aspectos.
Recordemos que Juan de Solórzano y Pereira, autor de la Política Indiana, lo atribuyó poco más o menos a la justicia divina, sinq ue dj de mencionar otras razones más 'reales': Miradas las cosas con ojos desapasionados, en muchas partes dieron ocasiones bastantes los indios para ser guerreados y maltratados, o ya por sus bestiales y fieras costumbres, o por los graves excesos y traiciones que cometían e intentaban contra los nuestros (…) En otras, no los han acabado y consumido los españoles sino sus vicios y borracheras, terremotos, graves enfermedades y pestes repetidas de viruelas y otras con que Dios con sus secretos juicios se ha servido de apocarlos.
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En todo caso, el cambio radical tardío en la política lingüística que se da en el último tercio del siglo XVIII en Nueva España se debe tanto al incremento poblacional de los criollos y su creciente influencia sobre los naturales, que se deseaba ( y casi se necesitaba) evitar, como a la caída poblacional de éstos y a los nuevos elementos también inquietantes, que son la subsistencia de las culturas, religiones e ideologías indígenas que poco a poco se van descubriendo, junto con las crecientes rebeliones de los naturales contra sus colonizadores.
Todo esto pone en guardia a las autoridades, tanto civiles como religiosas, y hace necesaria una reconsideración de las bases de la colonización de Nueva España y la asunción de nuevas medidas.
16/01/2007
El quinto en discordia, de Robertson Davies

Mi librero, Ferran Pontón, me recomendó este libro y no es extraño porque fue premio de los libreros catalanes en 2006. Aparte de John Irving no he leído nada de literatura canadiense. Me he encontrado con un libro hermoso, bien escrito a la manera clásica, realista y descriptivo; dotado de un humor corrosivo y crítico hacia la sociedad que retrata y al mismo tiempo, un libro atravesado por un halo de melancolía y de nostalgia.
El quinto en discordia es la primera obra de una trilogía, la de Deptord, lugar de nacimiento del narrador, Dunstan Ramsay. No me cabe duda de que leeré los otros dos volúmenes que la conforman.
Un accidente trivial marca el inicio de la historia: un chico, Boy Staunton, lanza una bola de nieve con una piedra dentro a nuestro narrador, en un lejano día de infancia. La bola es esquivada y no da en el blanco. Golpea a la señora Dempster, quien se va a convertir, a partir de este hecho, en el eje sobre el que va a girar toda la existencia de Ramsay. A partir de aquí, la historia se centra en ese pequeño pueblo dividido no sólo por clases sociales, sino por las diferentes iglesias, la presbiteriana,, la anabaptista y la católica. Los dimes y dientes, la crueldad de los rumores, la intransigencia de unos, la bondad de otros, los sentimientos ocultos, todo se va desplegando ante nuestros ojos. La relación profunda que surge entre la señora Dempster y Ramsay a pesar de la diferencia de edades y la responsabilidad que él siente hacia ella marcan toda la primera parte de la novela. La dulzura de ella es un descubrimiento precioso para un chico oprimido por unos padres que son como dos extraños. Vínculos. Los vínculos misteriosos.
El otro eje sobre el que gira la novela, de muy distinto signo, es el que unirá a Ramsay con Boy Staunton: por oposición. Boy es brillante, guapo, rico y tiene mucha suerte: el reverso de Ramsay. Hay un poso de envidia y a la vez de desprecio: Boy no es lo que quisiera ser Ramsay y sin embargo, Ramsay lamenta no ser como él. Sin embargo, la relación será siempre cordial, incluso de mutua ayuda, casi de amistad. La bola de nieve que Staunton le lanzó un día empujó la vida de Ramsay en un sentido que jamás habría tenido de otro modo. A lo largo de la novela, la presencia de Boy siempre será decisiva para el narrador.
Las diversas etapas de la vida de Ramsay: sus cuidados y preocupación por el triste estado de la señora Dempster, su participación en la Primera Guerra Mundial, su heroísmo involuntario, su regreso al hogar, sus amores, su vida como profesor de Historia, todo es narrado con pasión y a la vez con un distanciamiento irónico, siempre ameno. Ramsay es un bicho raro y él lo sabe. Robertson Davies sabe imprimir a su historia la fuerza y la belleza necesarias para no dejarnos salir de sus páginas.
Os recomiendo calurosamente la lectura.
19/01/2007
Vida y arte de Glenn Gould, de Kevin Bazzana

Por e-mail me llega la siguiente noticia sobre la publicación de este libro que estará en febrero en las librerías españolas: “Objeto de culto a la personalidad, la vida y la obra de Glenn Gould han recibido una atención póstuma sin precedentes, fruto en gran parte de los interrogantes que suscita su excéntrica personalidad, inasequible a los tópicos, rodeada de misterio, hipocondriaca y aparentemente asexuada. Por otro lado, el lugar que ocupa entre los grandes intérpretes de piano parece cada vez más sólido a medida que las nuevas generaciones descubren su obra. Ésta y otras cuestiones se analizan en este libro de éxito internacional y merecedor de varios premios que constituye el estudio definitivo sobre el singular pianista canadiense. Veinte años de investigación exhaustiva y acceso sin restricciones a los papeles y el entorno de Gould han permitido a Kevin Bazzana revelar datos inéditos y componer un intenso retrato artístico y vital de uno de los más grandes artistas de todos los tiempos”. Espero que llegue a las librerías para comprarlo y reseñarlo.
Kevin Bazzana, Vida y arte de Glenn Gould; ISBN: 978-84-7506-736-0; Dimensiones: 13,5x21; Año de publicación: 2007; Encuadernación: rústica con solapas; No. de páginas: 570; Traductores: Eugenia Vázquez Nacarino y Miguel Martínez-Lage ; Nº de fotos en B/N: 40; Editorial: Turner.
20/01/2007
El salón en Württemberg, de Pascal Quignard

Leo y escribo. Escribo y escribo, y me digo a mí mismo que este espíritu debe tener un cuerpo, estos ojos deben tener lágrimas, estos labios necesitan algún tipo de lamento. Escribo y súbitamente pienso que también, quizá, este sueño necesita un durmiente.(p. 274).
Mi ejemplar de este libro tiene su pequeña historia. Lo compré a través de amazon porque en español está agotado, y me costó un céntimo (más los portes). Me llegó de Australia en perfectas condiciones: no creo que nadie lo haya abierto antes. Pertenecía a la biblioteca de algún pueblo canadiense: Fraser Valley Regional Library. No lo compré en francés porque, aunque lo leo, los volúmenes nutridos me agotan: muchas veces debo mirar el diccionario, demasiadas para también disfrutar con la lectura, así que opté por esta versión inglesa, ya que la versión española está agotada desde hace mucho tiempo.
Este libro, este ejemplar del libro de Quignard ha viajado hasta aquí, me digo, para que yo lo lea.
El salón en Württemberg es una novela primeriza de Quignard (publicada originalmente en 1986). Pero ya es su voz. Cuando la escribió ya tenía 40 años. Ya tiene su estilo: su sugerente, magnífica prosa, su toque exquisito y misterioso: oraciones como gemas que se ocultan y cuyo brillo llega afuera. Siempre hay un misterio detrás de las palabras de Quignard, detrás de su prosa. Ese misterio se encarna en nuestro interior, mientras leemos. Cuando cerramos el libro el misterio quiere irse, escaparse y huir, como si su destello fuese sólo un silencio y toda palabra dicha fuese una profanación.
En cierto modo, la suya es una literatura del silencio, como lo es la pintura de Vermeer.
El protagonista, Charles Chenognes resulta ser cellista como Quignard, y la acción tiene lugar retrospectivamente a partir de 1963, en la época en la que el narrador, un joven de 21 años, está haciendo su servicio militar. El hecho de que Quignard escoja la novela como medio, no excluye que la obra esté trufada con sus habituales reflexiones, algo que dota a la obra de un aire profundamente lírico y poético, una de cuyas cumbres ya conocidas es el tema del lenguaje o más bien, de la incapacidad del lenguaje para decir aquello que verdaderamente importa: para describir un cuerpo amado, para decir el deseo, el placer que en él buscamos. Hablamos en científico, en pedante o en procaz, pero nunca decimos lo que verdaderamente quisiéramos decir sobre el amor y el deseo: no hay un lenguaje para ello. Dice Quignard: ‘es un gemido, es un grito, es un suspiro o es un vago silencio’.
Hay un aire decadentista en todo lo que toca Quignard y así, muchas veces, se nos hace difícil situar en los años sesenta esa tertulia en casa de Madmoiselle Aubier o la estancia de los tres jóvenes en la casa de la Provenza, o ya solos los dos amantes en la casa de verano de Normandía: podríamos perfectamente visualizarlas un siglo antes. Tras muchos años de exitosa carrera musical, este alter ego de Quignard rememora aquel tiempo vivido en casa de Mademoiselle Aubier, la amistad profunda que le unió a Florent Seinecé, el amor que sintió por la mujer de éste, Isabelle, la ternura que le provoca la hija del matrimonio, Delphine o la simpatía del perrito de Mademosielle Aubier, Poncio Pilatos.
La historia de Chenognes es también la de su familia, escindida entre Alemania y Francia, en esos territorios que las guerras hicieron pasar de Francia a Alemania a causa de las guerras. Y él, Charles, es un niño escindido entre dos lenguas: el francés y el alemán, y entre dos nombres: Charles y Karl.
La muerte de la madre de Florent le remite a la muerte y al recuerdo de su propia madre: qué extraño resulta que la familia más cercana sea como una sombra nunca encarnada de nuestras vidas… un recuerdo de un pasado que no fue, que nunca fue común.
El amor entre Ibelle y Charles cede paso, poco a poco, a la separación. Algo se rompe, no sé sabe ni cómo ni cuándo. Todo se vuelve oscuro y frío. ‘Estaba inmerso en una extraña tristeza que no era realmente dolorosa pero que no cesaba’. Poco a poco, la sombra de Seinecé ganó terreno entre los dos amantes. Los reproches que se hacían el uno al otro también se los podían haber dicho a sí mismos. Ibelle le reprocha: ‘ Lo sé, es a Florent a quien amas –dijo-, te equivocaste al venir conmigo. Vuelve a él’. La separación es como una muerte y a la vez un renacimiento. Y ese renacimiento es la música y también la vuelta a la casa familiar de Bergheim, la dedicación a la música barroca y a la viola de gamba, los conciertos, las traducciones de biografías de músicos. Finalmente, la adquisición de una casita en medio de un bosque en Oudon. La vida simplificada de un eremita. Las pesadillas, los terrores nocturnos, la soledad y el dolor. La culpa, la muerte del único ser que verdaderamente le había amado, Dido.
A lo largo de los años que vendrán, Florent Seinecé. el amigo de la juventud, el marido de Ibelle, el padre de Delphine, el huésped de Mademoiselle Aubier seguirá vivo en Charles, al igual que todo lo vivido después de su primer encuentro. Veinte años después, el resultado es El salón en Württemberg, que leemos. Recuerdo y memoria de un tiempo que fue. Reflexión sobre el amor, los amores, la soledad y la muerte. Sobre las palabras y el silencio.
Parece que estas novelas de Quignard van a reeditarse. Al menos, he leído que Terraza en Roma está por aparecer en Espasa. Ojalá.
Pascal Quignard, The Salon in Würtemberg, (trad. Barbara Bray), ed. Grove Weidenfeld, New York, 1991.
21/01/2007
José Luis Cuevas
José Luis Cuevas es uno de mis dibujantes y grabadores favorito: aquí os dejo algunas de sus obras. Es el Daumier mexicano.Algunas obras seleccionadas pertenecen a su ’Suite Catalana’(1981).
25/01/2007
Canto a un dios mineral de Jorge Cuesta

Jorge Cuesta (México 1904-1942) es uno de los grandes poetas contemporáneos. Su vida y su muerte han sido una sombra para la apreciación de su obra. Canto a un dios mineral es un poema puro, perfecto, armonioso, lleno de música interior y de ritmo, un anhelo imposible de impasibilidad y de perfección, de orden en el caos del mundo. De belleza matemática en oposición al horror telúrico.
La obra de Cuesta contradice su vida, y sin embargo, sus claves secretas sólo pueden ser entendidas al conocer su vida. Así, ‘vida u obra’ se convierten en ‘vida y obra’: antítesis que necesita transmutarse en síntesis para llegar hasta su médula.
Canto a un dios mineral (1942)
(Fragmentos)
Capto la seña de una mano, y veo
que hay una libertad en mi deseo;
ni dura ni reposa;
las nubes de su objeto el tiempo altera
como el agua la espuma prisionera
de la masa ondulosa.
Suspensa en el azul la seña, esclava
de la más leve onda, que socava
el orbe de su vuelo,
se suelta y abandona a que se ligue
su ocio al de la mirada que persigue
las corrientes del cielo.
Una mirada en abandono y viva,
si no una certidumbre pensativa,
atesora una duda;
su amor dilata en la pasión desierta
sueña en la soledad y está despierta
en la conciencia muda.
Sus ojos, errabundos y sumisos,
el hueco son, en que los fatuos rizos
de nubes y de frondas
se apoderan de un mármol de un instante
y esculpen la figura vacilante
que complace a las ondas.
La vista en el espacio difundida,
es el espacio mismo, y da cabida
vasto y nimio al suceso
que en las nubes se irisa y se desdora
e intacto, como cuando se evapora,
está en las ondas preso.
Es la vida allí estar, tan fijamente,
como la helada altura transparente
lo finge a cuanto sube
hasta el purpúreo límite que toca,
como si fuera un sueño de la roca,
la espuma de la nube.
Como si fuera un sueño, pues sujeta,
no escapa de la física que aprieta
en la roca la entraña,
la penetra con sangres minerales
y la entrega en la piel de los cristales
a la luz, que la daña.
No hay solidez que a tal prisión no ceda
aun la sombra más íntima que veda
un receloso seno
¡en vano!; pues al fuego no es inmune
que hace entrar en las carnes que desune
las lenguas del veneno.
( … )
Cómo pasma a la lengua blanda y gruesa,
y asciende un burbujear a la sorpresa
del sensible oleaje:
su espuma frágil las burbujas prende,
y las prueba, las une, las suspende
la creación del lenguaje.
El lenguaje es sabor que entrega al labio
la entraña abierta a un gusto extraño y sabio:
despierta en la garganta;
su espíritu aun espeso al aire brota
y en la líquida masa donde flota
siente el espacio y canta.
Multiplicada en los propicios ecos
que afuera afrontan otros vivos huecos
de semejantes bocas,
en su entraña ya vibra, densa y plena,
cuando allí late aún, y honda resuena
en las eternas rocas.
26/01/2007
Grados de la castellanización indígena ( 3 )

Parece que los indios que vivieron reunidos a la fuerza en las congregas o repartimientos urbanos estuvieron menos castellanizados que los que vivían como peones en las zonas mineras o ganaderas de la periferia o del interior. Este hecho, que podría parecer paradójico, se explica mejor si pensamos que en las zonas urbanas el papel social de la cada clase estaba rígidamente codificado, y esto fue especialmente así en la capital de la colonia, donde el protocolo social era inamovible. Los indios ‘urbanos’ no tenían más contacto con los españoles que su trabajo, y las órdenes se daban a través de intérpretes: la relación del explotado con el explotador es casi siempre muda.
Los indios tenían terminantemente prohibido vestir como españoles o llevar una sola de las prendas que éstos llevaban, no podían ir más que a pie por la scale de la ciudad, no tenían libertad para pasear por todas las calles, sino que su trayecto estaba limitado a la zona donde vivían y trabajaban en los barrios indígenas asignados.. Razonablemente, los indios, como las otras razas y castas existentes, tendían a formar círculos cerrados entre sus propios hermanos de raza, sin nunca mezclarse con las otras que ocupaban su territorio, de manera que en Nueva España, todos los grupos raciales eran endogámicos no sólo en lo sexual sino también en lo social. La lengua castellana no les era necesaria para comunicarse, puesto que no se comunicaban más que con sus iguales.
En cambio, en zonas mineras o ganaderas del norte o del sureste de la colonia, los indios podían tener caballos ( cosa terminantemente prohibida en la ciudad), lo que les daba una mayor libertad de tránsito, y se relacionaban con aventureros españoles, con viajeros a los que no les importaba trabar relación con los indios, creándose así una mayor interrelación racial. Sin embargo, la castellanización se dio por contacto y no por ser enseñado o transmitido de una manera sistemática.
Es verdad que se fundaron escasos colegios para los hijos de la nobleza india. Por ejemplo, el colegio de Santiago Tlatelolco fue creado para acoger niños de la nobleza indígena, la mayoría huérfanos por razones obvias, aunque excepcionalmente se admitió a niños indios de origen plebeyo. Sin embargo, el castellano no fue asignatura de estos colegios hasta finales del siglo XVIII, precisamente a instancias de Lorenzana. En cuanto a la necesidad de que los alcaldes y regidores indios supieran castellano, sólo se legisló sobre ello hasta el año 1690, fecha ya muy tardía, cuando esta forma de gobierno municipal estaba ya prácticamente agonizante, precisamente por la escasísisma población indígena que quedaba viva y en ningún caso se establecía un sistema educativo para conseguir que esto así ocurriese.
El rey, en 1691, volvió a expedir Cédula ordenando la castellanización indígena, pero es evidente que su aplicación se hizo muy fragmentaria y precariamente.
En el norte del virreinato, en lo que después se llamó ‘las Provincias Internas’ (el territorio de Sinaloa, Sonora, Nueva Vizcaya, Nuevo León, Nuevo Santander y Texas), la castellanización de los indios fue nula o insignificante por tratarse de terrenos habitados por los llamados ‘indios bravos’ o ‘ chichimecas’, que se sustrajeron a la dominación durante siglos y que fueron finalmente masacrados o repartidos en la última etapa de la colonización, que se llevó a cabo en ya en los finales del XVII y principios del XVIII. El único contacto que estas tribus nómadas tuvieron con españoles se limitaba a los ataques a que los sometían: los españoles estaban dispersos por un puñado de presidios (fuertes) diseminados por el extensísimo territorio y eran presa fácil de los ataques de estos indios, que también aniquilaban las misiones que algunos frailes evangelizadores erigían trabajosamente en la soledad de la inmensa región.
Los indios ‘bravos’: apaches, comanches y todos aquellos que los españoles llamaron genéricamente ‘chichimecas’ (que quiere decir ‘bárbaros’), eran tratados con la máxima dureza en caso de ser capturados por los españoles: eran enviados, encadenados, a zonas muy alejadas de sus lugares de origen (preferentemente al sur del Virreinato), separando concienzudamente a las familias. La mayoría moría durante las largas caminatas que eran forzados a efectuar para llegar a su destino. Por supuesto, su castellanización era un problema que no preocupaba a sus captores.
28/01/2007
Cooper o las soledades elementales de Patrick Lapeyre
La última novela de Patrick Lapeyre, publicada con mucho mimo por Funambulista, me ha decepcionado. Es una trama monotemática: la obsesión que un hombre de 40 años siente por su hermana y su perpetua espera: ella está en Canadá y él agoniza entretanto, incapaz de pensar en otra cosa que no sea ella. A pesar de estar escrita con toques de humor, la narración se hace tediosa; la repetición y la poca altura literaria que hay en el texto se me hicieron muy difíciles de soportar; sobre todo acostumbrada al lirismo de Auster cuando sus personajes llegan a ese punto de no retorno, cuando carecen ya de todo, cuando están a un minuto de morirse de pena. El libro que nos ocupa ganó el premio Livre Inter 2004 en Francia y al parecer, fue éxito de ventas. No me explico por qué… A ver si alguno de mis lectores me ilumina al respecto, porque, por lo que veo, ya va por la segunda edición en España.
Patrick Lapeyre, Cooper o las soledades elementales ( L'Homme-soeur), ed. Funambulista, Madrid, 2006. (Traducción de Ninca L. Bassols, e ilustraciones de Aifos Álvarez).























































































