Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
Resumen
- 01/08/2007 11:17 - Lola Álvarez Bravo, la primera fotógrafa profesional mexicana
- 04/08/2007 12:58 - Realismo
- 07/08/2007 15:31 - Las constantes averías de Renfe en Cataluña
- 08/08/2007 15:05 - Tala, de Thomas Bernhard
- 10/08/2007 10:48 - Las golondrinas de Kabul, de Yasmina Khadra
- 11/08/2007 10:39 - Blogs y blogs
- 14/08/2007 20:41 - La colección Découvertes de Gallimard
- 18/08/2007 11:05 - Apuntes del viaje a Albi
- 28/08/2007 23:54 - Duda
01/08/2007
Lola Álvarez Bravo, la primera fotógrafa profesional mexicana
"Busco la esencia de los seres y de las cosas".
El libro de Poniatowska que reseñé hace poco me llevó de la mano hasta la revisión de la obra de esta mujer extraordinaria que fue Lola Álvarez Bravo; en sus inicios, discípula de Edward Weston (por delegación, ya que no llegó a conocerlo durante su estancia en México), y de Tina Modotti, junto a la que creció su amor por ese nuevo arte del siglo XX que es la fotografía. Entre Weston, Modotti, Cartier-Bresson y Manuel Álvarez Bravo, la obra de Lola se mantiene en igualdad de categoría y de calidad plástica y expresiva.
La editorial Turner publica, en colaboración con el Fondo de Cultura Económica, este cuidado libro sobre la vida y la obra de la primera fotógrafa profesional mexicana. Las fotografías a toda página, editadas con primor y gran calidad gráfica. El libro cuenta con un estudio muy interesante sobra la vida y la obra de esta mujer.
Lola Álvarez Bravo había nacido en una familia de la burguesía jaliciense, en Lagos de Moreno, allá por el año de 1907. Fue la primera mujer de otro gran fotógrafo: Manuel Álvarez Bravo, cuya obra también puede ser encontrada en España (Könemann, en edición trilingüe -inglés, francés y alemán-, Nueva York, 1997). Primero en colaboración estrecha con su marido y luego sola, Lola se forjó un nombre y una vida propia; creó y vivió intensamente.
La fotografía de Lola tiene un carácter específico, un estilo personal. Es una fotografía que no descuida el encuadre ni la composición, pero que está abierta a todas las posibilidades de la realidad. Realidad ante la que la fotógrafa reacciona de dos maneras: reflejándola y recreándola con el uso del collage. Lola es una fotógrafa osada, carnal, emotiva.
Me encantan sus desnudos, su autorretrato, así como sus retratos indígenas, como el que aparece en la portada del libro, en la que se aprecia esa capacidad para reflejar la sutileza de la piel y la impasibilidad del gesto misterioso del sujeto.
Lola no se pierde con el psicologismo, sino que muestra al sujeto en contemplación. La mirada no es invasiva sino cómplice. No hay voyeurismo sino participación, espacio común de mirada y mirado.
Lola no es una fotógrafa rural, como lo es Rulfo, testigo de un mundo atávico, extraño, onírico, pasado en su intemporalidad, mitificado, estático, detenido en el tiempo por su Leica. El mundo de Lola es un mundo que ya es contemporáneo, un mundo dentro del tiempo que le tocó vivir, un mundo reconocible, cercano.
En la efervescencia cultural del México de los años veinte, posteriores a la Revolución Mexicana y hasta su muerte en 1993, Lola evoluciona, crece, siempre atenta. En medio de esa clase intelectual internacional e internacionalista que se refugia en México o que pasa por México, su obra sigue siendo un referente no ya de mexicanidad, sino de contemporaneidad. Apartada de la lucha feminista, ella esgrime su profesión y su femeneidad sin sobresaltos: naturalmente. Como ha de ser.
Más allá del estetiicismo que se puede achacar a otros fotógrafos (Weston, Manuel), las fotografías de Lola interrogan a la vida en todas sus manifestaciones privadas y públicas. La vida, multiforme, queda en su cámara, ante nuestros ojos, no sin intervención de la belleza, pero no buscándola frenéticamente, sino encontrándola, haciéndola suya a través de la lente. La fotografía de Lola se reconoce como suya en todas sus etapas.
En nuestro tiempo ya es imposible entender el arte sin la fotografía.
Elizabeth Ferrer, Lola Álvarez Bravo, Fondo de Cultura Económica-Ed. Turner (Presentación de Douglas R. Nickel, traducción española de Pedro Serrano), México-Madrid, 2006.
04/08/2007
Realismo

Creyó que se iba a comer el mundo y el mundo se lo comió a él; aun armado con su arrogancia, llegó un día en que comprendió que todo él era nada.
07/08/2007
Las constantes averías de Renfe en Cataluña
Ya que no dimiten la ministra de Fomento ni los encargados del pésimo funcionamiento de RENFE en Cataluña ¿por qué no organizan un cursillo para que los de Ferrocarrils de Catalunya les enseñen cómo se lleva una red viaria de cercanías como Dios manda?
08/08/2007
Tala, de Thomas Bernhard

Thomas Bernhard es otro de mis escritores favoritos. Un hombre con un discurso en espiral, con un estilo repetitivo y obsesivo, amargo y profundamente irónico.
Después de un largo periodo de tiempo (mi última referencia sobre un libro suyo es de hace más de un año), escojo, de entre los libros que tengo, Tala, monólogo sobre la falsedad o la representación, sobre el tiempo y sus estragos, sobre la ausencia y sobre la soledad, también sobre la farsa social.
La voz narrativa es siempre, en todas las obras de Bernhard, omnipresente y exclusiva y corre acelerada y sin descanso hacia su propia extinción, hasta el final de la obra. No podemos juzgar los hechos ni las sensaciones si no es a través de esta voz, que fácilmente puede confundirse con ese personaje, también llamado Thomas Bernhard, que se inventó Thomas Bernhard, ése que estudió música en el Mozartorum, que cantó con una voz de barítono-bajo y que despreció olímpicamente todo lo relacionado con Austria y especialmente con Viena.
En Tala ese narrador, nacido en Salzburgo, habitó varios años en Londres, huyendo de la odiada Viena, pero una vez vuelto a la capital austriaca paseó una y otra vez por aquellos sitios por donde necesariamente tenía que encontrar alguna vez a algunos antiguos amigos a quienes de ningún modo quisiera volver a ver.
La obra comienza el mismo día que recibe la noticia de que una gran amiga suya se ha ahorcado en su casa paterna y encuentra, mientras pasea, a los Auersberger , que no solamente le vuelven a dar la triste noticia (que ya conocía a través de la mejor amiga de la difunta), sino que lo invitan a una de sus cenas artísticas, y él acepta. Todo lo que sigue es lo que pasó y no debería haber pasado, pues el haber aceptado esa invitación iba en contra de su voluntad y de su deseo.
Sobre esta base, el discurso del narrador se establece desde un sillón de orejas en la casa de los Auersberger, mientras espera la cena y durante la cena artística.
En el monólogo primero -y después en la transcripción del monólogo de un actor del teatro de Viena que ha tenido gran éxito en el papel central de El pato salvaje de Ibsen, al que tienen que esperar hasta las doce y media de la noche-. el narrador nos expresa el asco y la visceral repugnancia que le despierta la sociedad artística vienesa, su desprecio por los snobs que la conforman, su rechazo a ese mundo que vivió intensamente en su juventud, idea que repetirá de nuevo, cada vez profundizando o extendiéndola más, y que complementa la descarnada descripción de ese matrimonio formado por un músico "seguidor de Webern" y su esposa de la baja nobleza rural de Estiria, y el ridículo intento de ambos de actuar como aristócratas verdaderos y como verdaderos artistas, cuando no son ni una cosa ni la otra.
El mal gusto y la presencia de una antigua amiga (la versión vienesa de Virginia Woolf según se califica ella misma), aumentan el asco y el rechazo del narrador.
"Tenemos una intimidad tan grande con las personas que creemos que se trata de un vínculo para toda la vida, y de la noche a la mañana las perdemos de nuestra vista y de nuestra memoria, ésa es la verdad, pensaba en mi sillón de orejas de los Auersberger" (p. 45).
Con su estilo característico, abunda sobre esto una página más adelante:
" Tenemos una amistad de la forma más intima con unas personas, y creemos realmente que es para toda la vida, y un día nos vemos decepcionados por esas personas que estimamos más que a cualquier otra, incluso admiramos, en definitiva hasta amamos, y las aborrecemos y las odiamos y no queremos tener que ver nada más con ellas, pensaba en mi sillón de orejas" (p.46).
Cuando la obra fue publicada en Austria, fue retirada de las librerías durante unas semanas debido a una demanda presentada por un prócer vienés que se vio reflejado en la narración. En realidad, la narración refleja ese mundo artificioso, opuesto al natural, expresado en el titulo y en una frase que hacia el final de la cena repite el actor: "bosque, monte alto, tala". Mundo al que no escapa el propio narrador, quien se recrimina a sí mismo los mismos defectos de los que acusa a los de la cena artística, La obra concluye con la descripción de este conflicto de amor-odio, atracción-rechazo que bascula siempre en la obra de Bernhard:
"(...) Hubiera sido mejor leer mi Gogol o mi Pascal o mi Montaigne y pensaba, mientras corría, que escapaba de la pesadilla auersbergiana, y corría realmente y con energía cada vez mayor huyendo de aquella pesadilla auersbergiana hacia el centro de la ciudad y pensaba mientras corría que aquella ciudad por la que corría, por espantosa que la encuentre siempre, es para mí, sin embargo, la mejor de las ciudades, esa Viena odiada, siempre odiada por mi, era otra vez de repente para mí querida, mi querida Viena, y que aquellas gentes que siempre he odiado y que odio y que siempre odiaré son sin embargo las las mejores gentes, que las odio, pero son conmovedoras, que odio a Viena y, sin embargo, es conmovedora, que maldigo a esas gentes y, sin embargo, tengo que quererlas y que odio a esa Viena y, sin embargo, tengo que quererla y pensaba, mientras corría ya por el centro de la ciudad, que esa ciudad es sin embargo, mi ciudad y siempre será mi ciudad y que esas gentes son mis gentes y siempre serán mis gentes y corría y corría y pensaba (...)". (p. 187).
Como pasa con otros grandes autores o quizá en mayor grado, la escritura de Bernhard es amada u odiada. Yo la amo, a pesar de que reconozco que no siempre puedo con ella: no siempre tengo la fuerza para soportar su discurso sin pausa, acelerado, crispado, neurótico, y tan verdadero.
Thomas Bernhard, Tala, Alianza Editorial, Madrid, 2002 (Versión española de Miguel Sáenz)
10/08/2007
Las golondrinas de Kabul, de Yasmina Khadra

Ya escribí hace un tiempo sobre Yasmina Khadra. Hoy vuelvo a hacerlo a propósito de Las golondrinas de Kabul, novela en la que Khadra nos revela lo que es vivir bajo un estado totalitario y ciegamente fanático. Fanatismo y ceguera, (perdón por el pleonasmo) que destruyen una ciudad antaño viva, hoy destruida por la guerra y el miedo, en la que las mujeres son tratadas peor que los animales, obligadas a llevar un burka que las despersonaliza y las anula, lapidadas por causas inversímiles o sometidas en todos sus actos. Lugar donde los hombres son despojados de su vida, de su libertad para actuar, para creer, para sentir. Lugar donde hay sólo dos salidas: la locura o la muerte. El régimen talibán es descrito en todo su horror. Las ejecuciones sumarias, las lapidaciones, la anulación de la voluntad individual, la prohibición de la felicidad: todo eso ocurre en la novela de Khadra.
Dos parejas, la de un carcelero y su mujer, enferma terminal, y la de un antiguo intelectual y su mujer ex-abogada, que prefiere ocultarse en su casa antes que ser denigrada con el uso público del burka, confluyen en la historia. Historia que sólo puede tener un final, el de la aniquilación.
Novela bella, sobre todo en sus primeras páginas, novela terrible. La poética del horror: la verdad escrita en estas páginas cuya melopea puede ser escuchada en todos los lugares donde haya un régimen totalitario. Sin llegar a ser metafórica, como El informe sobre ciegos de Sabato, y sin el moralismo de Saramago, es una novela imprescindible.
Yasmina Khadra, Las golondrinas de Kabul, Alianza Editorial, Madrid, 2003 (Traducción de María Teresa Gallego Urrutia).
11/08/2007
Blogs y blogs

No suelo fijarme en quién me visita ( a menos que me deje un comentario), porque ya he tenido algún encontronazo con gente que no sólo vigilaba si yo entraba a su blog, sino que me ’regañaba’ si no comentaba, y tuve que coger las de Villadiego: no es plan que te pasen lista cuando no te has inscrito en la clase. Consecuentemente, yo no ’paso lista’ de mis visitas. En cambio, sí me fijo en cuántos enlaces tengo vía Technorati. De pronto, vi que de 87 blogs que me enlazaban he bajado a 76. De modo que comencé a recelar que algo no iba bien y me puse a visitar uno a uno los blogs que, normalmente, visito desordenadamente. En efecto, muchos habían desaparecido del mapa y otros no habían sido actualizados desde hacía tiempo. Me dispuse a hacer una ’limpieza’ de vínculos. Borré aquellos que ya no se editaban. El que más me dolió fue el de Bardamu, el Doke Libertario, aunque Bardamu ahora escriba sus Mínimas, en el Doke yo encontraba su magnífica prosa y sus relatos, y aunque casi nunca le comentaba, me hizo pasar momentos llenos de emoción estética y de admiración por su capacidad literaria.
Por otro lado y un poco en compensación, he conocido nuevos blogs, que he enlazado (aunque no todos me enlazan, ésa es la verdad), por ejemplo, La página de Tomás Segovia, la de Alejandro Aura, ahora en Worpress tras un ataque estúpido (o más bien de unos estúpidos) en su sitio de Blogger, el de Scaramouche, El toro de barro, Repaso de lengua, La guía de lengua o Libro Abierto (todos los tenéis a la derecha, en la barra lateral, con sus flamantes minibaners). Con lo que mi pequeño universo blogueril se ha visto ampliado o renovado.
¿Mis clásicos? Desde luego, los dos blogs de Fernando, Clara y Oloop, en los que nos asombra con su poesía, tanto narrativa como lírica, y con la poesía de otros, finamente escogida. El café de Ocata, de Gregorio Luri, blog tan variado y tan vivo que nunca pillo el último post sino el penúltimo, y siempre estimulante; Poéticas, de Paco, con poemas en que se expone precisamente la poética de sus autores y con una selección de imágenes llena de sensibilidad; Retroklang, de Ferre, erudito, y gran divulgador de conocimientos tanto musicales como de otro tipo. Con posts que son una maravilla de profundidad y de explicación. Mujeres de Roma, de Isabel, blog de creación, con narraciones propias llenas de elegancia, belleza y estilo y El lamento de Portnoy, con sus impecables artículos sobre literatura y cine.
Por supuesto, no son los únicos blogs que visito. Todos los blogs que enlazo me gustan por una razón o por otra.
No leo todos estos blogs cada día, pero cuando los visito no cabe duda de que me ofrecen nuevas perspectivas y conocimientos, diversión o entretenimiento y por ello les estoy agradecida.
Me gustaría preguntaros cuáles son vuestros blogs preferidos, sin límite de número ni de razones...
14/08/2007
La colección Découvertes de Gallimard

Últimamente me he aficionado a la colección Découvertes de Gallimard. Son libros de divulgación y están muy bien ilustrados. Los autores son conocidos especialistas de los temas que tratan y su precio es muy asequible.
Hay en ella libros de arte, biografías de artistas, incluidos los literatos, Historia y en general, Humanidades. Los libros son pequeños, pero incluyen de 200 a 300 ilustraciones perfectamente explicadas, así como textos muy útiles y una última parte de Apéndices (con trascripción de documentos, muy acertada, en mi opinión).
De los que he leído últimamente, recomiendo:
* Les miroires du Soleil, de Christian Biet, que habla de los artistas que poblaron la corte de Luis XIV. No sólo habla de los autores teatrales (Molière, Recine, Corneille), o de los músicos Jean-Baptiste Lully, Charpentier (sobre quien, por cierto, he comprado un DVD espléndido), sino también de los arquitectos e ingenieros que hicieron de Versalles el lugar de ensueño que fue durante aquel Gran Siglo. También habla del contexto cultural y social que hizo posible que el gran sueño de Versalles se hiciera realidad.
* Henri IV Le règne de la tolérance, de Jean-Paul Desprat y Jacques Thibau, en el que se nos describe el reinado del hugonote que terminó por ser el mejor rey que tuvo Francia y fue el fundador de la dinastía borbónica. Desde su nacimiento en el reino de Navarra hasta su asesinato, pasando por la terrible noche de San Bartolomé, su matrimonio con Margot de Valois, la muerte de sus parientes Valois (Catalina de Médicis y sus tres hijos, los reyes Francisco II, Carlos IX, Enrique III y el duque D’Alençon, que no llegó a reinar), y el asesinato de Enrique de Guisa, quizá su más potente enemigo y lider de la Liga Católica. Sus leyes, sus tratados, que devolvieron a Francia la paz que parecía perdida después de esas guerras civiles y religiosas cuya crueldad no ha sido superada.
* Georges de La Tour. Histoire d’une redécouverte, de Jean Pierre Cuzin y Dimitri Salmon, En el pequeño y muy bien ilustrado volumen se nos explica cómo, después de haber sido en su tiempo un pintor muy famoso, Georges de la Tour fue completamente olvidado por la historia del arte, hasta tal punto que su nombre era desconocido a finales del siglo XIX, y algunas de sus obras se habían atribuido a Le Nain o a algún pintor holandés o flamenco, aun cuando el estilo y el sujeto pictórico levantaba olas de admiración. (Hablo, entre otros, del caso de El recién nacido del museo de Rennes, admirado desde 1794, pero cuyo autor era ignorado hasta que llegó Hermann Voss que comenzó a investigar hacia 1915 y dio con el nombre y las referencias de Georges de la Tour). El libro narra lo que a partir de ahí fue sucediendo: los hallazgos y las atribuciones, el redescubrimiento de la obra hasta llegar a la gran exposición que el Louvre dedicó al gran pintor en 1997. Como sabéis, de la Tour es uno de mis pintores favoritos, con Vermeer y Gaugin o Lucien Freud.
18/08/2007
Apuntes del viaje a Albi

Me escribió Gregorio: No olvides la Itaca de Kavafis. Emprendemos un viaje, buscamos algo. Algo dentro que necesita salir. Nosotros, en el viaje, escucharemos una voz que en nuestra vida cotidiana no oímos. Salimos, pues, a buscarla.

















































































