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Resumen
- 03/04/2007 12:29 - Arte y vida de Glenn Gould, de Kevin Bazzana
- 04/04/2007 09:05 - Samuel Beckett, algunas poesías
- 05/04/2007 07:12 - Gerard Vergés, Tretze biografies.
- 07/04/2007 13:20 - Van Cliburn toca a Liszt
- 07/04/2007 22:10 - Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046
- 09/04/2007 12:46 - Gustave Moreau
- 10/04/2007 08:19 - Jakob von Gunten de Robert Walser
- 12/04/2007 07:35 - Pequeña trilogía: La mujer, por Mario De Lille Fuentes
- 14/04/2007 14:08 - La película que me gustaría ver este fin de semana...Molière!
- 21/04/2007 09:53 - Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046
03/04/2007
Arte y vida de Glenn Gould, de Kevin Bazzana

Tras algunas confusiones con la distribuidora, por fin, hace una semana y media, mis libreros, Ferran y Pilar, del Celler de Llibres, me pudieron entregar el flamante ejemplar de Vida y arte de Glenn Gould, de Kevin Bazzana y publicado por Turner.
Se trata de un libro de casi 600 páginas, con una tipografía menuda y algunas fotografías de Gould en blanco y negro.
No es una hagiografía, y Bazzana, musicólogo canadiense y profesor de la prestigiosa Universidad de Berkeley, traza en ella, sin ambages, las contradicciones, las flaquezas y las excentricidades del famoso pianista, así como sus inmensas cualidades como persona, como intérprete-compositor y como documentalista de radio y creador de arriesgados experimentos de radio-arte.
No puedo recordar cuándo ni cómo escuché por primera vez a Gould, ni cuándo lo vi en alguna de las grabaciones de la CBS, pero sé que fue en mi adolescencia. En aquellos tiempos, otro gran pianista me encantaba: Van Cliburn. Que yo era ‘rara’ ya lo he comentado antes aquí, por boca de mis hijas. La verdad es que me gustaban también Elvis Presley y Enrique Guzmán. Tanto Gould como Van Cilburn estaban en mi pequeño Olimpo particular. Con el tiempo volví a Gould, dejando por el camino a Van Cliburn, quizás injustamente, y hoy tengo de él casi toda su discografía y muchas de las grabaciones documentales que hizo para la cadena canadiense en dvd. También me compré hace tiempo esa pequeña obra maestra que es “32 pequeños films sobre Gould” de Francois Girard (1993) y las dos películas de Bruno Monsaingeon.
A pesar de todo ello, mi ignorancia sobre Gould es oceánica, como me pasa con tantas otras cosas, de modo que la lectura del libro de Bazzana viene a cubrir un hueco: no sabía, por ejemplo, que su infancia en Toronto había sido tan especial, ni que sus padres habían sido convencidos puritanos protestantes y que por esa razón le habían apartado cuidadosamente de ser considerado un ‘niño prodigio’, a la vez que habían hecho todo lo posible porque su formación fuese la mejor en un medio todavía muy provinciano, en una ciudad muy cerrada, primitiva en muchos aspectos, pacata en todas sus manifestaciones. El padre de Gould, Bert, además de comerciante con una buena posición, había sido un impulsor de actividades musicales dentro de la comunidad religiosa a la que pertenecían, así como la madre, Florence, que tocaba el piano y que fue quien enseñó a Gould desde pequeñito a pulsar las teclas, siendo uno de los amores más intensos de Gould, a quien no pocas se veces se tildó de padecer un complejo de Edipo (vivió con sus padres hasta los 30 años y no parecía dispuesto a cambiar esta situación hasta que se hizo evidente que debía ‘independizarse’). Su madre tenía 40 años cuando Glenn nació y fue hijo único y mimado.
Gracias al libro de Bazzana, me imagino perfectamente a un pequeño Gould, tocando himnos religiosos, con una intuición o con un don que quién sabe de dónde provenía…
Gould sufrió el acoso y la agresión en la escuela a causa de su radical diferencia de personalidad. Odiaba la escuela y al mismo tiempo, su entrega a la música era ya absoluta. Su pedantería partía de la seguridad absoluta que tuvo desde pequeño acerca de su talento y de su indiferencia por todo lo que no fuese el lenguaje musical.
Antes de leer el libro llegué a creer a pie juntillas que Gould padeció algún trastorno de la personalidad (se ha hablado tanto del síndrome de Asperger al respecto), pero después, me he dado cuenta de que Gould no era un autista, porque no sólo se dedicó a su faceta interpretativa (yo siempre creí que se aislaba del mundo en una burbuja de sonidos), sino que llevó a cabo numerosos y persistentes esfuerzos en otros campos como el de la escritura, las conferencias, los programas radiofónicos y televisivos, la composición, y en todas esas actividades entró en contacto con muchas personas a las que trató durante años cariñosamente, aunque después, súbitamente, pudiera abandonarlas. Yo también lo hago. Así que, cualquiera que fuese el trastorno que padeció Gould, no le impidió disfrutar de su vida, tal como él concebía la felicidad.
Me gustó saber que Gould nunca fue de prima donna por el mundo, que era un hombre cortés, amable y sencillo. Independiente, pero no aislado de los demás: al menos, no totalmente aislado.
El mito de sus extravagancias acompaña a Gould, pero estas extravagancias están fundamentadas en la obsesión por la música y en la obsesión por su propio cuerpo, que él deseaba que fuera un instrumento perfecto (su salud lo obsesionaba a un punto tal que tomaba decenas de pastillas cada día y veía al médico cada dos o como mucho, cada tres semanas, con síntomas que anotaba cuidadosamente). Su obsesión por buscar el piano perfecto es paralela a su hipocondría, a su manía por tomarse la presión cada 5 minutos, por zamparse decenas de pastillas al día; se cubría con infinidad de prendas de abrigo, bufandas, guantes, en pleno verano; abandonó las salas de conciertos a los 32 años, tras un sinfín de cancelaciones y de quejas; trajinaba por todas partes la ruinosa y chirriante sillita que le había construido su padre, sin la cual jamás tocó ninguna pieza; inventó el ‘clavipiano’, una mezcla de piano y clavecín de su invención que al parecer torturaba con su metálico sonido a no pocas audiencias azoradas… Bazzana pasa revista, asimismo, a los incesantes canturreos, los movimientos incontrolados de sus piernas, la mano que cada vez que no tocaba una tecla se alzaba en una especie de auto-dirección musical y todos esos manierismos que ponían los pelos de punta a muchas audiencias severas.
Su ansiedad era permanente y su necesidad de soledad, también. La falta de relaciones amorosas de Gould ha hecho correr ríos de tinta. Sin embargo, nada permite suponer, según el autor, que fuese homosexual: es posible que el sexo o el amor no hayan tenido cabida en su vida o que hayan sido para él una cosa secundaria, esporádica, oculta a los ojos de los demás. Su compromiso era solamente con la música. Probablemente su narcisismo impidió que se volcara con alguien que no fuera él mismo, pero es evidente que había muchas personas que le importaban. En primer lugar, sus padres, en segundo lugar, sus amigos, en tercer lugar, sus colaboradores. Hay una frase suya que merece ser citada, en este contexto: “Preguntado por cuál sería su consejo a algún joven músico, respondió: que abandone todo lo demás”.
Sin embargo, su necesidad de llamar la atención y de proclamarse original en medio de la general mediocridad le hizo desdeñar injustamente la influencia que tuvo en su carrera su maestro Alberto Guerrero, un musicólogo e intérprete chileno que lo marcó para todo (especialmente en su extraña técnica pianística, tan cerca su cara del teclado, en esa posición casi fetal tan bien conocida por todos sus admiradores). También lo marcó con sus filias: Bach y la música dodecafónica en general, y en particular a Shönberg, a quien Gould veneraba siguiendo a Guerrero, que había sido siempre un innovador, un hombre de vanguardia.. Y más todavía, según Bazzana, alguna grabación privada de Guerrero muestra las similitudes entre su estilo de interpretación y el de su discípulo más conocido.
La actitud de Gould para con el chileno fue de ingratitud. Sin embargo, el mismo Guerrero enseñaba que nada era peor que el servilismo, de modo que Bazzana insiste que lo que hizo Gould con Guerrero debe entenderse como un éxito de la propuesta pedagógica del chileno: nada de nostalgias ni de respeto por la autoridad o la tradición. Por encima de todo, la visión del pianista debe ser autónoma, original, audaz y sincera.
El tardo-romanticismo de Gould queda patente a lo largo del libro: su amor por Strauss o Scriabin, o incluso por Orlando Gibbons, por ejemplo, es significativo. También la estructura de sus propias composiciones, que en general se quedaron como mero proyecto, a pesar de que desde los 16 años declaró que él era, por encima de todo, un compositor. Bazzana confirma que a Gould le faltaba una preparación académica para dedicarse a la composición, al tiempo que parecía incapaz de pedir consejo o de admitir que como compositor tenía los fallos de un principiante.
En esta obra quedan patentes las poderosas fobias: Mozart. Scarlatti, Debussy o Mussorsky entre otros: todo lo que Gould consideraba superfluo, innecesario, antiético en la música. Porque sobretodo, en esta obra de Bazzana queda muy claro que Gould no sólo consideraba a la música estéticamente, sino que la consideraba desde una perspectiva profundamente ética y moral y que esa perspectiva dominaba a todas las demás aproximaciones que hizo a la música.
Bazzana explica perfectamente el porqué abandonó los conciertos, su entrega al mundo de las grabaciones, la perspectiva moderna y democrática que tenía Gould de la música en el siglo XX, su fe en las nuevas tecnologías: el anhelo de perfección que lo embargaba al editar sus interpretaciones en un estudio de grabación, si interés, casi maniaco en su obra de documentalista radiofónico con obras como La idea del norte y otros, todos basados en el contrapunto de las voces.
En ciertos momentos, el libro de Bazzana es excesivamente técnico, pero siempre es interesante e informa de todo lo que tiene relevancia para entender a este músico excelso, cuyo legado, para mí y para muchos, sigue siendo inestimable.
Kevin Bazzana, Arte y vida de Glenn Gould, ed. Turner, Madrid, 2007. Trad. de Eugenia Vázquez Vacarino y Miguel Martínez-Lage.
http://www.turnerlibros.com
04/04/2007
Samuel Beckett, algunas poesías

Mi amor por Beckett nació hace décadas, al amparo de su obra para teatro. Más tarde leí sus novelas: siempre me deslumbró. Beckett escribe la escritura. Las palabras aparentemente caóticas entran en el orden universal para decir su propio sonido, para ser ellas mismas y nada más. Me gusta la desnudez anti-retórica de su lenguaje, me gustan sus palabras y sus silencios, es como una música: tan abstracto y sin embargo, tan comunicativo. Finalmente, llegué a su poesía. Como con tantos otros artistas que me hablan, Beckett me habló, no al oído, sino al corazón y a la cabeza, hiriéndome doblemente con el fulgor de su silencio hablado. Y como soy leal y fiel a mis amores, he sido fiel a Beckett y aquí os lo traigo en estos pequeños poemas, llenos de nocturno clamor.
- noche que tanto haces
que imploremos el alba
por favor noche
cae
- viejo ir
viejas paradas
ir
ausente
ausente
detenerse
* locos que decíais
Nunca más
Deprisa
Repetidlo
- sueño
sin fin
ni tregua
en nada
- de dónde
la voz que dice
vive
de otra vida
- palabras
supervivientes de la vida
un poco más aún
hacedle compañía
- con paso firme
sin esperar ya nada
yendo sin norte
a sí mismo adelanta
- al oírse decir
que ya no falta mucho
la vida al fin a sonreír
abiertamente se le puso
- no más
recuerdos que a la edad
de abril un día
de un día
- una noche su sombra
se le reapareció
alargose y ya pálida
se disolvió
Samuel Beckett, Mirtlitonnades (1976-1978) y Letanías (1978),, Ediciones Hiperión, Madrid, Ed, trad., estudio y notas de Jenaro Talens (ed. Trilingüe).
05/04/2007
Gerard Vergés, Tretze biografies.

He estado leyendo un libro de Gerard Vergés, Tretze biografies imperfectes, (Premi Josep Pla 1985), publicada por Destino un año después. He encontrado algunas muy interesantes, no porque el libro sea erudito o muy profundo, sino porque ofrece sugerencias, pensamientos del autor que me han enriquecido. Por ejemplo, me ha recordado a un pintor en el que hace mucho que no pienso: Gustave Moreau, a quien califica de decorativo (y es muy cierto), aunque no es menos cierto que también lo es Klimt, por ejemplo, y su fama ha sobrevivido. No así la de Moreau, ya muy olvidado. Me ha sorprendido saber que hay un Museo Moreau en París (yo me las daba de conocer todos los pequeños museos parisinos y he aquí uno que se me había escapado).
Vergés me habla también de aquella pintura, vista en el Musée d’Orsay, el Desayuno en la hierba, de Edouard Manet, y de su protagonista femenina, Victorine Meurent, musa de Monet hasta la aparición de Berthe Morisot (a quien pinta en El balcón), la pintora impresionista de la que acabaría enamorándose locamente y que se casó con su hermano Eugène. Una forma –dice Vergès- como cualquier otra de convertirse en Madame Manet.
Me recuerda el autor que Victorine fue la protagonista no sólo del famoso –y escandaloso- Desayuno, sino de la también famosa Olimpia, y de La dama del papagayo. Como es posible que en mayo vaya un fin de semana a París, puede que busque el museo Moreau y que mire, con más interés y conocimiento de causa esos retratos de Victorine pintados por Manet.
07/04/2007
Van Cliburn toca a Liszt
El otro día mencioné que había abandonado al ortodoxo Van Cliburn por el ecléctico, extravagante Gould. Aqui es dejo un ’cachito’ de Van Cliburn, un pianista excepcional.
Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

Por el blog de mi querido Portnoy me enteré de la iniciativa de postear sobre dos películas de un director. Y hacer referencia a los blogs que están en el ajo. Comoquiera que uno de mis directores favoritos es este maravilloso señor, me he apuntado. Las bases y las normas son éstas:
Invito a todos (¡a todos, qué pretenciosa!), a que se animen a ver una o dos de estas pelis, y que se animen también a postear sus comentarios. Nos lo vamos a pasar la mar de bien.
Comenzamos este nuevo y apasionante proyecto en el que proponemos a nuestros lectores a que vean dos películas de un determinado director para luego comentarlas, tal y como se explica en las instrucciones. En esta ocasión comenzaremos con Wong Kar-Wai, un director nacido en Shangai pero criado en Hong Kong, con numerosos premios y reconocimientos a sus espaldas, entre ellos el de mejor director en Cannes en 1997 por ‘Happy Together’.
Las películas seleccionadas de este director son las siguientes:
Título: ‘2046′
Título original: ‘2046′
Año: 2004
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Ziyi Zhang, Chang Chen, Faye Wong, Maggie Cheung
Título: ‘Deseando amar’
Título original: ‘Fa yeung nin wa’ / ‘In the mood for love’
Año: 2000
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu
Fechas de visionado: Del 30 de Marzo al 15 de Abril
Fechas de comentarios: Del 16 al 20 de Abril
Blogs que participan:
Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fabrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, Sesión Doble, Ekilore, Rulemanes para Telémaco, Arteyliteratura, La linterna mágica, Rod@ndo, The Observer.
09/04/2007
Gustave Moreau
Como el otro día escribí aquí (a propósito de mi lectura del libro de Gerard Vergés, Tretze biografies), sobre Moreau, me puse a navegar por la red y encontré algunas muestras de su maestría. Arte y maestría no son sinónimos. Para mí, Moreau es un maestro de la acuarela, un amante y un creador de la belleza, pero no es un artista tal como yo veo el arte. Es una decorador. Un hombre que domina su técnica. Qué alejado está de los que me emocionan (como Goya o como Vermeer). Sin embargo, contemplar sus obras es mirar la belleza, decadente y lujuriosa, del mundo mitológico y del mundo oriental y bíblico: Moreau es un preciosista. Por supuesto, no pienso dejar de visitar su Casa-Museo en París, si finalmente voy para allá en mayo. Os dejo aquí una considerable muestra de sus bellísimas acuarelas y de algún que otro óleo. Espero que os gusten.
10/04/2007
Jakob von Gunten de Robert Walser

Jakob von Gunten fue la primera novela de Robert Walser que alcanzó una fama envidiable.
Leerla me ha recordado mucho a Thomas Bernhard, escritor austriaco que también hace un repaso demoledor de los fines de la enseñanza en uno de los volúmenes de su famosa pentalogía: la enseñanza destruye la iniciativa, la creatividad del individuo y le convierte en una oveja del rebaño social.
Éste es el tema de la novela de Walser. En Bernhard, este hecho incontestable se vive como una frustración, como una herida. En Jakob von Gunten es una bendición, un bien precioso. No ser nadie, no tener opiniones propias, no hacer nada, no aprender nada, no cuestionar: obedecer, callarse, Aceptar la mediocridad. ¿Por qué? No lo sabemos. Jakob se sumerge en el mundo de la Academia Benjamenta y se enamora de la señorita y del director: son sus maestros. A su lado, los compañeros ( Fuchs, Schilinski, Schacht, Kraus y otros), unos más torpes que otros, alguno con grandes cualidades. Jakob -voz narrativa-, resalta siempre en ellos lo positivo, sin dejar de mencionar, de pasada, sus defectos. Von Gunten asume la realidad, la acepta, sólo a veces duda, se contradice muchas veces, medita, decide no ser. No ser importante, no ser encantador, no ser elegante, no resaltar, no llamar la atención: ser una persona invisible, prescindible para todos menos para los Benjamenta.
Lo extraordinario del enfoque y la escritura, una escritura distante, y sin embargo activa, emocional por ese mismo distanciamiento que es el del personaje con relación a la vida, nos involucra en la trama. Una trama de extraño realismo, a la vez que onírica por su transparencia metafórica, que se proyecta como una radiografía de la realidad de nuestras sociedades-castradoras.
En el conformismo puede encontrarse la felicidad, nos viene a decir Jakob. En la ausencia de ambiciones, en la aceptación de una realidad mísera es en donde podemos ser. Sin pensamiento crítico, podemos vivir, plenamente imbuidos de esa nada. Marchar por la vida como si estuviéramos en un inmenso páramo blanco, nevado, frío, ausente de vida o de floración en ausencia de ilusiones que, de existir, sin duda alguna se evaporarían dejando dolor.
Jakob siente. Pero siente como en segunda potencia, lejos, a la vez que multiplicado. No quiere ser otro von Gunten. Quiere ser un Bejamenta. Su entrada en la casa de los hermanos es su iniciación en ese mundo hiperrealista y lleno de misterios para el joven estudiante.
Hay algo de perverso en todos esos libros que hablan de internados. Lo hay tanto en Jane Eyre de Charlotte Brönte como en la primera parte de La sombra del ciprés es alargada de Delibes, aunque los mundos de sus narradores estén tan lejos, en el tiempo y en el espacio. El interregno del internado (también pienso en Cero en conducta de Jean Vigo), es ese purgatorio de soledades y de lejanías y de descubrimientos personales que no están lejos del dolor, pero que son sólo preparatorios, aunque en sí mismos constituyan un mundo. Un mundo en que se vive absolutamente, como si el mañana no existiese.
Jakob von Gunten es una gran novela. Misteriosa, evocadora, triste, con una melancolía tenue, casi imperceptible, tan evanescente como los sueños que tiene el adolescente narrador sobre la señorita Benjamenta.
Walser es como Lucien Freud, como Stanley Spencer, un creador de miradas.
Robert Walser, Jakob von Gunten, Ed. Siruela, Madrid, 2003. Trad, de Juan José del Solar.
12/04/2007
Pequeña trilogía: La mujer, por Mario De Lille Fuentes

Le dijo que lo esperara. Que iba a probar suerte al otro lado.
Que era un hombre de palabra y eso vale en cualquier parte
del mundo. Que le fuera fiel porque las mujeres tienen la
paciencia de las hormigas. Que pensara en todos esos días y
esas noches cuando el amor no les cabía en el cuerpo y
menos cuando ella sentía que la cama se poblaba de
ángeles. Que no en balde después de tanto polvo de tantos
caminos, no era como para decir el surco es un animal
estéril. Sin embargo, la mujer permanecía callada como
piedra.
-Espérame mujer, con las uñas prendidas en la colcha de los
cien cuadros que nos regaló tu madre en la noche de bodas
–le dijo.
Le recordó que el no tener hijos no significa nada porque al
fin y al cabo, ahí estaban sus ahijados: desobligados,
incrédulos, holgazanes, maloshijos. Que la cosa del dinero
siempre tiene compostura pero la salud, no. Que a eso iba y
no a otra cosa. Que vería cómo iban a arreglar la casita y que
entonces vamos a salir de vacaciones a muchos lados. Que
le tuviera fe, pues, casi como al Cristo de las cuatro llagas,
porque ¿qué otro remedio les queda a los pobres que creer
en los santos y sus santos sufrimientos? Sin embargo la
mujer permanecía callada como piedra.
En fin, se pasó toda la madrugada y parte del amanecer con
la palabra en la boca. A veces como orando y otras como
haciéndose el enojado; porque está bien que sea callada y
sumisa con su marido pero no con esa sarta de parentela,
sobre todo los compadres, exigente y hasta grosera. Incluso
se le rodaron las lágrimas porque sabía que a pesar de
tantos ruegos la mujer no iba a cambiar.
Fuerte su mujer, de ahí sus esperanzas. Sin embargo la
mujer permanecía callada como piedra.
Se fue. Nunca escribió ni mandó un quinto partido por la
mitad.
Pero la mujer de veras es aguantadora y paciente. No se
movió ni un pedacito de esa piedra pesada y gris que su
hombre le había mandado hacer con tanto esmero y
sacrificio.
EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
¿Qué te pasa criatura amada? ¿Por qué tanto temor a la luz?
Si aquí está mamá para que no pases miedos ni fríos. Anda,
corazón mío, estate tranquilo un momento que no me dejas
terminar este trabajo. A ver chiquito: ¿tienes hambre? Abra
esa boquita preciosa. ¡Caramba! ¿por qué tanta inquietud?
¿por qué tanto ruido? Duérmase mi niño y duérmase ya, que
si no se duerme va a venir el coco y se lo comerá. No papito,
claro que no: esas son cosas de mi abuela que le cantaba a
mi mamá y mi mamá a mí, pero no es cierto, el coco no
existe. Lo que sí existen son los malos hombres que de
grandes juran y perjuran que madre sólo hay una, pero no la
de sus hijos. Pero tú no vas a ser así ¿verdad precioso?
Tienes que tomar conciencia que la mujer es muy sensible –
mucho más que el hombre– y esas cosas ya pasaron a la
historia. Por lo menos eso dicen en Civismo y en los
periódicos. Créemelo hijito, créemelo. Y ya estate quieto,
por Dios. Deja un rato tranquila a tu madre que tiene tantas
cosas que hacer. Así, así angelito, si tú siempre has sido tan
entendido y tan bueno. Por eso te adoro, hermosura mía. Te
juro que no tienes idea de cómo hemos sufrido las mujeres
a través de los siglos. Cuánta razón tiene el curita nuevo, las
cosas tienen que ser parejas, aunque yo no veo tan claro
cómo hacerle. La vida es dura, pero nuestra esperanza está
puesta en ustedes, estos muchachitos en esta nueva era. ¡Ay
nene! ¿Qué acaso no te gusta que mamita te cuente sus
cosas? Tranquilo, tranquilo.
Porque oye, no se te vaya a ocurrir que seas una bebita y
toda la ropa que te he hecho es azul. Por favor Diosito
santo, una sola cosa te pido: no quiero traer al mundo a otra
mujer para que sufra como yo.
Con una basta, porque todo lo que dije me suena al cuento
de nunca acabar.
¿NATALIA-JULIANA?
Cuentan los biógrafos de Pedro Pablo Rubens (entre ellos el
joven Marcello, el pintor tuerto, hijo de la fiel Juliana) que
ese día el excelso pintor se levantó con un humor de
placenta negra.
La noche anterior se había excedido en beber “la leche de la
mujer amada”. Y a pesar que era un estupendo bebedor –
sobre todo de los vinos de Alemania–, mostraba a todas
luces los estragos del desaforo reciente; aunque nunca como
el adolescente pintor preferido. Pero el lienzo más reciente
lo estaba esperando, y el maestro, acompañado de sus
alumnos, se dirigió a grandes zancadas al estudio.
La bella Natalia, ansiosa, se bajó el camisón más allá
del recato impuesto por su amante, el duque de Mantua.
Rubens entrecerró los ojos y con un furor realmente
desconocido, le mordió el seno izquierdo, brotando un
chorro, mitad leche, mitad sangre (que sirvió después para
otro tema universal). Por cierto que Natalia había dado a luz
hacía unas cuantas semanas y sus pechos reventaban por los
ilustres gemelos; por eso el chorro no se hizo esperar.
Como toda mujer de la corte, Natalia se escandalizó y
montando en cólera rompió el retrato, no sin antes
amenazar al ilustre pintor con la ira y venganza del duque.
Rubens renegó de su suerte y del genio terrible de la
cortesana. Salió dando un portazo que hizo temblar el ala
norte del castillo y juró no volver a pintar a ninguna dama de
la corte.
Ofreció sus disculpas al duque –mismas que fueron
aceptadas para no hacer más grande la cosa y por tratarse
de quien se trataba–, trató de rehacer el cuadro, tomando
como modelo a la nodriza; se volvió a emborrachar y repitió
la historia de la mordida. Dicen sus alumnos, sobre todo
Marcello, que la buena mujer se mordió los labios hasta
sangrar, no emitió ningún grito y por supuesto no tomó
represalia alguna en contra del amado, tierno y eminente
pintor. Al contrario, ascendió unas cuartas del suelo y lívida
como la asunción de la Virgen, quedó plasmada por el pincel
maravilloso del ilustre flamenco.
Gracias a esta curiosa anécdota, “La virgen y el niño” pasó a
la posteridad como un claro ejemplo de cómo las soberbias
mujeres plebeyas son mejores modelos que las sofisticadas
mujeres de la corte; repitiéndose el tema por muchísimos
pintores barrocos.
Lo que nunca supo Rubens ni tampoco sus discípulos, y
mucho menos Marcello, es que la nodriza –dentro del área
del castillo– se ganaba el diez por ciento del descorche de
cada botella de “la leche de la mujer amada”.
Mario De Lille Fuentes
Nació en México, D. F. el 6 de noviembre de 1936. Profesión: arquitecto. Renace en Tabasco desde 1961.
Participó como tallerista en los dos primeros talleres literarios de la localidad: Fernando Nieto Cadena y Andrés González Pagés. Coordinador de once talleres literarios en el estado y actualmente Director de la Escuela de Escritores “José Gorostiza” SET-SOGEM.
Obtuvo el premio “Justo Sierra O’Reilly” en 1986 y ha sido editado en diez obras, en los géneros de narrativa (novela, cuento y cuento infantil), poesía y dramaturgia.
Fue presidente fundador de la Sociedad de Escritores Tabasqueños “Letras y Voces de Tabasco” A. C. y actualmente es Director de la Escuela de Escritores “José Gorostiza”, (filial de dicha asociación) en Villahermosa.
En sus veintiséis años como escritor, ha producido poco, pero malo: Solamente yo quedo, Novela, 1986; Advertencias amorales al lector y cierto tipo de cuentos sumamente inocentes, 1988; Dios te salve Maria, non sancta, 1990), poemario. Un poema largo: Somos por la danza de tus manos (1998), incluido en el poemario: Semilla a punto de vuelo, 1999; así como una pequeña obra trágico-narrativa: Dino a las drogas (1999, de la nueva narraturgia tabasqueña). También ha participado en varias colecciones colectivas: de la Sociedad de Escritores Tabasqueños: Antología de narrativa contemporánea de Tabasco, (1994); Primero a voz, (1995) y en ese mismo año: Antología de poesía. Además participa también en Eroticom plus, 2000; en la plaqueta En un ambiente sin hombre, 2001; y en el libro de cuentos infantiles y juveniles Casa llena, 2001 (en prensa). Lo más reciente publicado es un cuentario también de título corto, pero sugerente: Breve y verídica historia de como los lunáticos poblamos la Tierra. Y sus consecuencias, 2001. ¡Ah!: un libro de cuentos (Los cuentos del PaloMario), en extremo interesante, que está revisando al haber terminado al alimón con su hermana (quien radica en el DF.), así como una recolección de ponencias con temática diversa. Como becario del FECAT, en 2004 terminó una antinovela o varia invención: Tropicalia. Su libro más reciente es de literatura para niños: Nuestro mundo con Clau-dia (coeditado por la SECURED, la UJAT y la SET). En este año de 2007 está trabajando en unos textos narrativos para niños: Minianimalismos del Trópico.
14/04/2007
La película que me gustaría ver este fin de semana...Molière!
¿Razones? Me gusta el persaonaje de Molière; una ficción cómica sobre esos años en que ’desapareció’ de la vida pública me parece estimulante; me gusta cómo actúan Fabrice Luchini, Laura Morante y Romain Duris, y adoro las pelis de época (francesas).
La película se estrenó en enero. No sé cuándo llegará acá.
21/04/2007
Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046




















































































