Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
Resumen
- 05/11/2006 12:19 - Impasse
- 06/11/2006 07:38 - La trilogía de Nueva York, de Paul Auster
- 11/11/2006 19:52 - El cuaderno rojo, de Paul Auster
- 12/11/2006 10:25 - La violencia estudiantil. La otra cara de la moneda
- 13/11/2006 16:52 - Dos sonetos de Carlos Pellicer
- 17/11/2006 21:25 - Hugh Laurie al piano
- 19/11/2006 18:04 - Aforismos de los Luthiers
- 21/11/2006 09:33 - Bajo el sol de Satán, de Maurice Pialat
- 24/11/2006 11:26 - El otoño en Sant Cugat (amanecer y mediodía)
- 26/11/2006 10:16 - Los dibujos de Federico García Lorca
- 29/11/2006 20:25 - Una pregunta pertinente
05/11/2006
Impasse
Ha habido un silencio. La verdad, no creí que fuese percibido. No porque no crea en esos lectores amigos que vienen aquí por afecto platónico, sino porque en términos generales, el número de lectores no varía. Se mantiene estable, escriba o no escriba. Misterios de la red.
Soy una persona con ciclos, y suelo dejar abandonadas las cosas, las actividades y las gentes. No existe una razón: es una limitación debida probablemente a que mi apatía es superior a cualquier otra carácterística de mi personalidad. Esa apatía no tiene que ver con el pesimismo. No soy Antonio Azorín. Si me pongo a analizar este silencio es porque los amigos me han hecho reflexionar. Hay veces que no tengo nada que decir. Nada. Y entonces, no me siento con ganas de poblar con palabras los vacíos. Wittgenstein escribió: Si no tienes nada que decir, cállate. Me ha parecido siempre una sentencia a tomar en cuenta. Hablar por hablar, escribir por escribir, aunque haya una costumbre: no.
Aunque lo que diga, cuando hablo, sea superficial o prescindible, lo digo porque siento una necesidad de decirlo, porque creo que hay algo dentro: algo, aunque sea pequeño ínfimo incluso. Pero si no siento esa necesidad, o si no tengo nada que decir ¿para qué? Sin embargo, hay cosas. Cosas que quiero decir todavía. Sobre otros, sobre mí. Hay un espacio en el que sé positivamente que estoy. De algún modo.Y quizá este pequeño texto sea mi escalera. Mi modo de subir hasta la superficie otra vez. El lugar del silencio es acuático. Y hay que salir de ahí, subiendo.
El silencio es un tema que no me abandona nunca. Pasé mi infancia callándome. Llenándome de palabras no dichas. Pasé mi infancia leyendo y viendo películas de Hollywood. Ese lugar del silencio me conforta. Pero no indefinidamente. En estas semanas, no he hecho nada productivo en el sentido de creativo. Sólo he trabajado, he hablado con los demás, he vivido. He pensado mucho, pero no he escrito, no he ido al cine, no he leído, no he pintado. Dejé que la apatía llenara mi tiempo. No hacer nada contra la apatía es una forma cómoda de vivir. Abandonarse al propio defecto sin cuestionarlo. Nadie conoce mejor que yo esa parte mía en la que no soy nadie.
06/11/2006
La trilogía de Nueva York, de Paul Auster

Había conseguido dejar a Paul Auster un poco de lado, a favor de otros escritores como Beckett o Maurice Blanchot, pero mi hija mayor, Paulina, con la que comparto indudablemente muchas cosas –entre ellas el amor por ciertos pintores, escritores, y por los viajes a Grecia--. Me regaló esta trilogía que fue la que dio la voz sobre la calidad literaria del recién estrenado Príncipe de las Letras 2006, allá por los años 85-87.
Las tres historias fueron publicadas por separado. Se trata de cuentos largos o novelas cortas con un trasfondo policiaco. (En nuestra lengua no existe una palabra que defina este tipo de historias, como si la hay en francés –nouvelle- o italiano –novella o novellino-. En francés e italiano se usan las palabras roman y romanzo para designar lo que nosotros llamamos, inadecuadamente, novela. El español se quedó sin palabra para decir cuento largo).
El caso es que estas tres historias nos dan ya desde el comienzo su trazo identitario cuando se menciona a William Wilson ( ese personaje de doble que aparece en uno de los relatos más emblemáticos de Edgar Alan Poe), pues la trilogía trata fundamentalmente de eso: de dobles, de vidas intercambiables, o lo que es lo mismo, de vidas que se asoman al espejo y se abisman tanto en la otra vida que acaban por perderse (o encontrarse), en ella. Alicia del otro lado del espejo.Como referencias, podemos recordar, aparte del William Wilson de Poe, aquel soberbio relato de Julio Cortázar, Axolotl, en el que el observador del misterioso animal, un día se transforma y mira a su observador desde el otro lado interior del cristal, en el Jardin des Plantes. Otra referencia que me ha saltado a la mente es la de la Niebla de Unamuno (¡1914!), esa nivola que cada vez que releo me asombra y me fascina. Cuando Qunn descuelga un teléfono y alguien pregunta por el detective Paul Auster; cuando Quinn, llevado por la curiosidad, va a buscar a Auster, y Auster, ese hombre alto y delgado, le abre la puerta, le presenta luego a su mujer, Siri, y a su hijo David…no puedo sino acordarme de Augusto Pérez, ese agonista, ese ser perdido en la niebla de una vida que sólo alcanza a vislumbrar confusamente, que se entrevista con Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca sólo para descubrir que es un simple personaje de ficción…Tanto Quinn en Ciudad de Cristal como Azul en Fantasmas, ven cómo su vida, a través de la observación, se va transformando en la del otro. También hay un plano superior no escrito : es el blanco que llena el lector. Yo, como lectora, reflexiono: el autor vive el mismo fenómeno; su vida se transforma en aquella de los seres que describe ¿ Qué otra cosa hace un autor de ficciones sino vivir de cerca, observar y describir, de manera obsesiva, las vidas de otros? ¿Y no es cierto que esos personajes, en realidad, acaban por ser él mismo? ¿No es verdad que al autor deja de vivir para que ellos vivan? ¿No es cierto que toda creación fagocita la vida de quien escribe las historias hasta dejarlo convertido en un hombre que día tras días, se sienta ante un escritorio, ausente de todo lo que no sea la historia que cuenta? En la habitación vacía, Azul y Negro escriben la misma historia. Sentados frente a frente, en edificios gemelos, una a cada lado del espejo que es la calle que los separa, no hacen otra cosa que observar al otro, y escribir. Y aquello que escriben es idéntico.Ciudad de cristal ha sido, además,.publicada como novela gráfica, como podéis leer en la web de mi amigo Ferre, que ha reseñado esta obra tan peculiar.
La tercera historia, por fin, es la que me hace sentirme de nuevo en el universo Auster. Autobiografiándose (no cabe ninguna duda de que Fanshowe es él, su yo literaturizado) y al mismo tiempo, creando esa atmósfera ominosa y a la vez transparente que le caracteriza. La imagen del doble, imagen que en toda la obra ha estado presente en cada relato, aquí se hace aun más evidente. Quinn, el detective de la primera obra, reaparece, fugazmente (el mundo de Auster es un mundo de interconexiones). En La habitación cerrada, Auster habla por primera vez de su hermana, aquejada de esquizofrenia, que es aquí la hermana de Fanshawe. Sophie, esposa de ambos, tan parecida a Siri y el narrador empiezan su historia de amor, historia que repite la de Fanshowe y Sophie, historia que, por tanto, ocurre dos veces. Una vez desaparecido el doble, el narrador se adueña de su vida, de su obra, de su amor, de su hijo, con la aquiescencia del ‘difunto’ (más bien, del ‘falso difunto’). Pero esta carga, la de vivir la vida de otro, es demasiado grande, demasiado pesada, es destructiva. Corroe al narrador hasta la médula. La mezcla de envidia y de amor es tan explosiva, tan real, que le lleva a dedicarle la vida entera. Así, adueñándose de la vida de Fanshowe, Fanshowe se adueña de su vida. Al terminar de leer La habitación cerrada medito sobre la afinidad. Sobre esos mundos que se cruzan, incesantes, en la obra de Auster. Y el por qué esa obra me dice tanto. He encontrado aquí referencias a los casos de Victor de Aveyron y de Gaspar Hauser, temas que a mí también me han apasionado. En cierto modo, el secuestro de la infancia en el silencio (tema que también comparte Pascal Quignard) es un leit motif en mi vida. Referencias al silencio, al apartamiento del mundo ¿es esto lo que me une a la narrativa de Auster? No lo sé. Seguiré descubriéndolo a medida que lo siga leyendo.
Creo que había cierto placer en aquello –experimentar el lenguaje como una colección de sonidos, verse empujado a la superficie de las palabras, donde los significados se desvanecen-, pero también era muy cansado y tenía el efecto de encerrarme en mis pensamientos.
La trilogía se cierra abriéndose, abriéndose hacia dentro, hacia las otras dos obras que la conforman, y también hacia fuera, al Cuaderno Rojo, otra obra de Auster (pero también es la obra de Fanshowe), que aún no he leído. Y que será la próxima.
11/11/2006
El cuaderno rojo, de Paul Auster

El cuaderno rojo es un libro sencillo, sin retórica. El armazón, por así decirlo, de historias sin adornos y sin afeites. Un cuaderno de apuntes en el que Auster nos cuenta historias reales (o no ¿a quién le importa la verdad? A mí no, desde luego, como lectora me complace lo mismo una gran mentira que una verdad sagrada, en tanto me interese y me apasione la historia).No es el cuaderno anunciado en La trilogía de Nueva York, el libro de Fanshowe. Es un libro de Auster sobre Auster, sobre cosas que le han sucedido realmente, y la última historia cuenta cuál fue la génesis de la primera novela de la trilogía (Ciudad de Cristal): la llamada equivocada ocurrió, aunque no como en la novela, claro, y eso dio la idea a Auster, la idea de escribir esa historia ficticia en la que Quinn recibe una llamada telefónica para Paul Auster.
Una de estas historias me sucedió a mí. Cuenta Auster que cuando era guardés en Francia se le quemó la última comida que tenía: un pastel de cebollas. A mí me pasó lo mismo. Un día sólo tenía una olla de frijoles para comer (el cambio geográfico modifica las historias sustancialmente, ya lo veis) y se me quemó. Ese día me sentí la persona más desdichada del mundo. Él también. Ahora me río recordando que se me quemó porque hice el amor y olvidé la olla. Él también encuentra la gracia en su porqué: salió a dar unas vueltas a la granja para olvidar el hambre mientras el pastel se cocía: demasiado tarde. Cuando volvió, el pastel era incomible.
Otra cosa más en común ¿eh? La 'última cena' quemada.
Recuerdo que entonces yo vivía en un enorme edificio de la calle de Nueva York.*
¿Eso también será una coincidencia?
*En ese edificio han vivido generaciones de mexicanos. Es enorme, es elefantiásico, está en la Colonia Nápoles, cerca del Poliforum Siqueiros.
Paul Auster, El cuaderno rojo (Trad. y prólogo de Justo Navarro), Compactos Anagrama, Barcelona, 2006, 8ª edición).
12/11/2006
La violencia estudiantil. La otra cara de la moneda

Ya sé que mi tendencia a ir a contracorriente podría despistaros: no estoy a favor de ninguna violencia, pero sí estoy un poco cansada de que se atribuyan todos los males de la educación a los estudiantes.
Es cierto que hay estudiantes violentos, que se burlan de los profesores, que los atacan física y mentalmente, generalmente en pandilla y no en solitario. Digo que es cierto porque lo creo, no porque lo haya vivido. Del mismo modo, creo que muchos profesores también maltratan a los estudiantes con su arrogancia, con su mal hacer. Eso sí lo he vivido.
Algunos estudiantes me han confiado algo: no los escuchan.
Eso ya me parece una violencia.
Además, muchos profesores llaman subnormales a sus estudiantes. Otros, lo piensan. Hay profesores que sólo se dedican a los estudiantes que saben. ¿Y los otros? ¿No son responsabilidad del profesor? La humillación pública es un arma de los profesores inseguros. Conozco a muchos profesores inseguros. Creen que por la vía de la negación del estudiante afianzan su autoridad. Yo no lo creo. La autoridad se afianza cuando se consigue el mutuo respeto, cuando se cree y se es creído por los otros. Cuando se tiende a la justicia como método, aunque no siempre sea posible alcanzarla. Todos tenemos fallos, eso también lo comprenden ellos. Lo que no comprenden ni es bueno que lo hagan, es que se sea sistemáticamente injusto. Eso no es admisible.
Yo he visto a profesores que se niegan a lo que les piden sus alumnos, aunque sea justo, aunque sea lógico ¿y por qué? Por afianzar una supuesta jerarquía. Vaya porquería de jerarquía, la que se basa en la negación sistemática de la razón. Profesores incapaces de ver que los estudiantes tienen la razón algunas veces no deberían dedicarse a esto.
Muchos no creen en los estudiantes, por sistema. Si el estudiante les dice algo, desconfían ¿por alguna razón? No: por sistema.¿Por qué no hemos de confiar en que nos digan la verdad?
Yo creo que si se confía, los estudiantes son sinceros, incluso son sinceros cuando se equivocan, pero hay que ser legales, hay que tender a la justicia.Yo conozco a muchos profesores que no trabajan: que van a sus clases. No es lo mismo. Profesores que llevan treinta años o cinco años sacando jugo a la misma fotocopia, al mismo apunte de clase. Profesores incapaces de trabajar las 37 horas que nos paga la administración. No están ‘motivados’. No tienen tiempo: ‘Estoy casado/a, tengo una familia’. Como si los que trabajamos fuera de horas no la tuviéramos. Estoy cansada de oír esas excusas. Y si el profesor no está motivado ¿como queréis que motive a los estudiantes? El aburrimiento, la falta de estímulos, los horarios abusivos de una administración que cree que el estudiante es una cosa que se deposita durante 8 horas en un sitio, casualmente llamado Escuela o Instituto, pero que bien podría llamarse aparcamiento de personas menores de edad…¿qué mejor espoleta para la agresión?
Los profesores de Instituto trabajamos 24 horas semanales en los Institutos.Los estudiantes están ahí de 8 y diez de la mañana a cinco y treinta cinco minutos de la tarde (haced la cuenta). Después, los papás los llevan a otras clases, y luego están los deberes. Me gustaría saber quién es el guapo que aguanta eso sin ponerse violento.
Es cierto que muchos padres no educan a sus hijos. Que hay padres que no tienen tiempo para ellos. Conozco a muchos estudiantes cuya única actividad en común con sus padres es ir al hipermercado con ellos. Estos estudiantes son especialmente sensibles al afecto o al respeto que sus profesores puedan expresarles.
No, el problema no está sólo en los estudiantes.
Estoy cansada y harta de que se les culpe de todo. Yo le doy la vuelta a la tortilla.
¿Hay alguien ahí que piense como yo?
La imagen procede de aquí
13/11/2006
Dos sonetos de Carlos Pellicer

Carlos Pellicer es un gran poeta al que he leído intermitentemente desde mis (ya ) lejanos doce años. Poeta y museólogo, fue un gran conocedor del arte y de la arqueología mexicanos.
Nació en Tabasco en 1899 y murió en México en 1977. Sus restos mortales reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Octavio Paz dijo de él: Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin.
Algunas de sus obras: Piedra de sacrificios (1924), Camino (1929), Hora de junio (1937), Ara virginum (1940), Recinto y otras imágenes (1941), Exágonos (1941), Subordinaciones (1948), Sonetos (1950), Práctica de vuelo (1956), Con palabras y fuego (1963). Su obra ha sido reunida por el Fondo de Cultura Económica (1981, ed. a cargo de Luis Mario Schneider).
Poeta luminoso, clásico y sensualista, aquí os dejo dos sonetos suyos.
Amor sin nombre
Amor sin nombre, ámbito destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.
En un alto silencio, un aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.
Por ti cuelgo coronas en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares aligero tus canciones.
Y te llevo en mi ser y has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus palomas al olvido.
Esta barca sin remos es la mía...
Esta barca sin remos es la mía.
Al viento, al viento, al viento solamente
le ha entregado su rumbo, su indolente
desolación de estéril lejanía.
Todo ha perdido ya su jerarquía.
Estoy lleno de nada y bajo el puente
tan sólo el lodazal, la malviviente
ruina del agua y de su platería.
Todos se van o vienen. Yo me quedo
a lo que dé el perder valor y miedo.
¡Al viento, al viento, a lo que el viento quiera!
Un mar sin honra y sin piratería,
excelsitudes de un azul cualquiera
y esta barca sin remos que es la mía.
17/11/2006
Hugh Laurie al piano
Este excelente actor también es músico. Aquí en una intervención para reír un rato largo.
19/11/2006
Aforismos de los Luthiers

* El amor eterno dura aproximadamente 3 meses.
* Todo tiempo pasado fue anterior.
* Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.
* Los honestos son inadaptados sociales.
* La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 horas diarias.
* La droga te buelbe vruto.
* Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
* Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.
* Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe.
* Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto.
* Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse dónde.
* La inteligencia me persigue, pero yo soy mas rápido.
* La verdad absoluta no existe y esto es absolutamente cierto.
* Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado.
* No hay mujer fea, sólo belleza rara.
* La pereza es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla.
* Si un pajarito te dice algo debes estar loco, pues los pájaros no hablan.
* No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.
*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados.
* La confusión esta clarísima. Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.
* Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: Tire y Empuje.
* Dios mío, dame paciencia, ¡¡ Pero dámela YA!!
*Quien escribe aforismos es porque no puede pensar más de dos segundos seguidos.
21/11/2006
Bajo el sol de Satán, de Maurice Pialat

Esta reseña contiene datos que revelan el argumento.
Hacía tiempo que no me pasaba por el Fnac y como soy una amante del cine francés y una admiradora del trabajo de Sandrine Bonnaire y de Gérard Depardieu, me decidí a comprar esta película, de la que no había oído hablar. Fui a la tienda a comprar un cuento rodado por Jacques Demy, Piel de asno, para mi curso de Cine y literatura. No me arrepentí del impulso.
La película de Pialat es una historia que tiene mucho que ver con la mítica Ordet, o como la semi-propagandistica y más reciente Padre Pío (con un excelente Sergio Castellito). La obra parte de la adaptación de una novela de Georges Bernanos, del mismo nombre.
Se trata de la historia de un santo, el padre Dossignan (Depardieu). Es, por tanto, una historia provocativa, en la medida que nuestro tiempo es un tiempo de escepticismo e irreligiosidad. Hombre basto y de origen campesino, Dossignan se entrega a la mortificación de la carne y a la oración, pensándose siempre indigno de la gracia de su estado, angustiado por su mediocridad, por su falta de valor como sacerdote. Se encuentra bajo la tutela de un deán: el padre Menois-Segrais (el mismo Pialat), quien trata de llevarlo hacia la templanza con tolerancia y paciencia, pero al mismo tiempo, dándose cuenta de que su protegido, su hijo espiritual, es un santo. Menois-Sagrais conoce la ambigüedad de esta condición. El santo (léase a Shaw, en su Santa Juana, o remitámonos, de nuevo, a Ordet) , es un ser de pie en el filo del abismo, entre los demoniaco y la locura, entre la bondad y el pecado, asediado por todo tipo de pasiones, por todos los excesos, aunque sean excesos píos.
El deán trata por todos los medios de apartar a Dossignon de este camino, sabiendo que fracasará: que a Dossignon le ha sido dado un don, y que ese don es fatídico, en el sentido etimológico de la palabra.
El clímax sobreviene cuando envía a Dossignon a asistir a un cura vecino, y por el camino, que es su particular vía crucis, Dossignon es asediado por el diablo. El diablo, Satán, le concede el don de ver en el interior de las personas. No sabe Dossignon si éste es un don de Dios o un don del Diablo, si Dios es el Diablo o el Diablo es Dios, pero no puede renunciar al don. La ambigüedad es total ¿ Resiste a la tentación o se entrega a ella? En realidad no lo sabemos.
Paralelamente, seguimos la historia de Mouchette (Bonnaire, siempre acertada), una adolescente promiscua, escéptica y cruel como tantas de su edad, que se entrega a varios hombres y comete un asesinato que queda impune. Dossignon mira en el fondo del alma de esta chica, al encontrarla al final de su camino. Le habla, trata de llevarla de nuevo a Dios, a su salvación, pero la chica le demuestra que su don no le sirve para nada: ella no será salvada.
Desesperado, Dossignon vuelve al pueblo, explica a su mentor los encuentros. Mouchette está perdida, completamente. Pero Dossignon no se da por vencido. Lleva el cuerpo de Mouchette ante el altar, como ofrenda. Ensangrentado, como ella, pretende así vencer en el último momento y dar a Dios la oportunidad de salvar a a la suicida. Ante tales excesos, es retirado a una parroquia lejana, donde su fama de santo va extendiéndose.
Finalmente, es llamado de nuevo, para salvar la vida de un niño. El milagro se produce. Se produce quizás, fugazmente. Los ojos del niño se abren. El peso de tal milagro es abrumador. Dossignan yace muerto en el confesionario. Menois-Segrais llega a tiempo para cerrar sus ojos.
El aliento poético de la obra la eleva por encima de la media del cine de calidad. Es una película inspirada, bella, sin trampas ni cartón, tremendamente viva y misteriosa, como su propia esencia: el sentido de la santidad ¿cuál es? ¿la locura? ¿el exceso? ¿la angustia? ¿el miedo? ¿la soberbia? Sea lo que sea, no se la puede apartar o ignorar. Está ahí, en el alma de Dossignan, sin que él lo pretenda, más bien a pesar de él mismo. El milagro ¿de dónde proviene? ¿de Dios? ¿de su oponente? La vida ¿qué es sino una lucha constante entre Dios y Satán en nuestra alma? ¿es el Bien, el Bien? ¿La muerte, puede ser vencida por la Fe?
Todas estas preguntas quedan planteadas, no resueltas.
Con actuaciones memorables de todos los intérpretes (la trinidad formada por Pialat, Depardieu, Bonnaire), con una fotografía y un encuadre clásicos, extraordinarios, bellísimos sin ser amanerados, con una música divina, la película mereció la Palma de Oro de Cannes en 1987, en medio de la polémica por su contenido.
La recomiendo calurosamente, ahora que está en DVD, en un estuche con dos discos y extras, que vale la pena comprar. Espero que la colección Maurice Pialat siga adelante editando toda su obra que, repito, merece ser vista y admirada.
Bajo el Sol de Satán (Sous le soleil de Satan). Director: Maurice Pialat.
Reparto: Gérard Depardieu, Sandrine Bonnaire, Maurice Pialat, Alain Artur, Yann, Dedet, Brigitte Legendre, Jean-Claude Bourlat. Productor: Claude Abeille. Guión:
Georges Bernanos y Sylvie Danton. Fotografía: Willy Kurant. Música: Henri Dutilleux.
93 minutos. (Francia, 1987).
(Adaptación de la novela de Georges Bernanos) y Palma de Oro en el Festival de Cannes.
24/11/2006
El otoño en Sant Cugat (amanecer y mediodía)
26/11/2006
Los dibujos de Federico García Lorca
En Diciembre, mis alumnos y yo ( de hecho, todos los alumos de Bachillerato, con mis compañeros profesores, Alicia y Gonzalo), iremos al Teatre Auditori de Sant Cugat a ver la obra dirigida por Rubianes, Lorca somos todos, que tanto escándalo suscitó (por razones extra-teatrales) en Madrid hace unos meses. Espero que la experiencia sea muy positiva.
A raíz de esto, les preparé, para nuestro blog de aula, una presentación con los dibujos de Lorca. Espero que os guste:
29/11/2006
Una pregunta pertinente

Hace mucho, mucho tempo que tengo un amigo lejano. Lejano geográficamente, pero cercano, muy cercano. Tan cercano que sin comunicarme con él, lo siento en mí, conmigo.
Hoy me ha enviado un mensaje con esta pregunta ¿Existes?





















































































