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Resumen

05/10/2005

Mi abuelo, Pedro De Lille Borja


Mi abuelo, mi tía Celia Sáenz, esposa de mi tío Pedro, mi abuela María Aizpuru y mi tió Pedro De Lille Aizpuru

No conocí a mi abuelo: había muerto hacia 1942. A través de mi madre y de mis tíos se me transmitió el cariño. Ya se sabe que uno no muere mientras haya alguien que lo recuerde. Ya os conté que mi abuela no volvió a tocar el piano cuando él murió, a pesar de que para ella era una profesión muy amada, o por eso mismo. Hoy parece casi suicida. Sin embargo, creo que en ese tiempo, ese tipo de cosas solían hacerse. Una especie de tributo a la memoria del ser amado. No sé si romántico o tenebroso. El caso es que el piano desapareció, y mi madre también fue sacrificada con ello. Mi madre después prosiguió su vida profesional por otros cauces bien distintos, aunque, como creo haber dicho, terminó las carreras de piano y de organista.
Al parecer mi bisabuelo (o mi tatarabuelo), vino de Burdeos, Francia ¿Sería un socialista utópico? Esa idea me gusta, aunque no lo sé. El caso es que fue dueño de una escuela en Parral. Murió prematuramente, y mi abuelo se hizo el cabeza de su pequeña familia: tuvo dos hermanos, José, médico, y Carlos, que murió muy joven y sin descendencia.
Mi abuelo estudió Química y Farmacología, y fue uno de los introductores de la Bacteriología en México. Además de sus farmacias y sus investigaciones, estuvo siempre ligado a la enseñanza y fue profesor de la Preparatoria y de la Facultad de Química, y también fundador de la Institución que dio germen más tarde al Instituto Politécnico Nacional. En Parral había sido Director del Instituto Científico y Literario en 1911 y diputado por la circunscripción de Meoqui durante una legislatura.
Mi abuelo era un hombre interesado por la literatura clásica, y en su biblioteca fue donde yo leí a Dante, a Plutarco, a Homero o a Platón. Pedro De Lille Borja amaba también la música y tocaba el violín. En aquellos tiempos, las familias hacían música por las noches, porque no había televisión. Había que entretenerse, así que mi abuela o mi madre tocaban el piano, mi abuelo el violín y mis tíos y tía cantaban fragmentos operísticos, de zarzuela o canciones de Manuel M. Ponce o de Granados. Mi madre recordaba esas veladas con mucho cariño, y después nosotros proseguimos con ellas en casa de mi tía Leonor, que tocaba el piano de oído excelentemente. En mi familia ha seguido siendo muy importante la música: mi primo Pedro De Lille Sáenz también fue un excelente pianista. Mis primos Ramón y Enrique tocaban la guitarra y la armónica (y Ramón, interminablemente y de oído “El claro de luna”, para irritación nuestra), y mis sobrinos Marisa, Gabriel, Luis y Alejandro son músicos o cantantes o ambas cosas. Mi hijo Arturo se ha dedicado al violoncello, aunque no profesionalmente, pero sí con continuado amor. De modo que parece que hay algunas redondas, blancas y negras, fusas y semifusas en nuestro ADN.
Bueno, a lo que iba. Mi abuelo, como sabéis, se casó con doña María y tuvo con ella 6 hijos, de los cuales sólo uno se dedicó a la ciencia: Enrique, que siguió sus pasos. Todos ellos recordaban que mi abuela llevaba la casa y a la familia y que mi abuelo era el sabio que leía y estudiaba todas las noches varias horas: sus libros estaban en alemán, en latín, en inglés o en francés. En ese tiempo las traducciones escaseaban y había que conocer varias lenguas para estar al día. Mi abuelo también era el tierno de la familia. Mi madre me contó que cuando le bajó la regla estaba subida en un árbol. Al ver la sangre, creyó que se moría y fue a hablar con mi abuelo, quien con mucha ternura y tacto le explicó la transformación que estaba por llegar. El amable y cariñoso era él. Y el tolerante, pues en aquel tiempo no era frecuente un matrimonio como el suyo, en el que la mujer trabajase y tuviese mucho carácter y lo pudiese exhibir sin avergonzarse de ello. Mi abuelo nunca fue machista. Sospecho que a él le venía muy bien el carácter de María Aizpuru. Mi abuelo era un buen hombre distraído y pacífico, cuyo interés por aprender nunca se sació.
Por temporadas vivieron en Guanaceví, Durango, en Eagle Pass o en Los Ángeles,Califronia, huyendo de la Revolución.
Pancho Villa era para mi abuelo el ejemplo del cuatrero sinvergüenza, del hombre inculto y salvaje. Mi abuelo era un afrancesado y un europeísta. Y no veía más que destrucción y barbarie en aquellos hombres. Una vez, un hombre entró en su farmacia de Parral, exigiendo que fuese a curar a Villa. Mi abuelo se resistió, respondiendo: “Yo no curo cuatreros ni ladrones”, pero fue llevado por la fuerza de las armas hasta el campamento. Villa tenía una herida en la pierna, que mi abuelo curó. Una vez hecho esto, Villa le dijo: “Pídame usted lo que quiera”. Y mi abuelo le dijo: “No entre usted en Parral”. Los saqueos, las violaciones y las muertes eran cosa normal cuando entraban los villistas. Y Villa no entró en Parral. Parral fue la única ciudad que no sufrió el saqueo de las tropas villistas. Durante años, pensamos que esta historia era falsa. Hasta que Enrique Krauze la recogió en su libro Caudillos de la Revolución Mexicana.
Después de su estancia en USA, mi abuelo volvió a México. Él nunca tuvo deseos de progresar económicamente. En USA les iba muy bien, mucho mejor que en México, por la situación tan irregular que había en esos años en nuestro país. Pero él extrañaba su tierra. Se dejó allá un hijo: mi tío Enrique, de quien ya os he hablado. Y se trasladaron a la capital. Mi tío Pedro comenzó a trabajar en la XEW y a hacerse muy famoso. Y mi abuelo se dedicó entonces casi completamente a la enseñanza, primero en la Preparatoria (la famosa Prepa 1 del Centro de la Ciudad, pintada por Diego Rivera con esos hermosísimos murales), y después en la Facultad de Química. Más tarde, con otros preclaros científicos como Diodoro Antúnez, Enrique Suárez del Real, Marcelino García Junco, Leopoldo Ancona, Demetrio Socolov y Antonio Ramírez Laguna, concibieron la idea de fundar una nueva escuela profesional de Bacteriología en 1933, un año después de ser proclamada la autonomía de la Universidad Nacional de México. Fue escaso el número de alumnos, pues aún no se le concedía personalidad propia a la bacteriología, dado que esta actividad la cubrían médicos. En 1934, Lombardo Toledano y Alejandro Carrillo crearon la Universidad Obrera, germen del actual Instituto Politécnico Nacional, donde al final quedó inscrita la carrera de Químico Bacteriólogo.
Mi abuelo llevó a cabo muchas investigaciones diversas, creó sueros contra mordeduras de serpientes, investigó sobre las enfermedades infecciosas o sobre la diabetes. Él mismo se curó la suya, pero la vida no le alcanzó para culminar esta investigación, que habría sido decisiva, pues murió antes de cumplir los 60 años.
Mi madre contaba que su féretro fue llevado a hombros de sus muchos alumnos desde la casa de San Ángel hasta el Panteón Francés, donde descansa, al lado de su esposa. Su herencia no fue material: fue el cariño y la ternura que dejó en sus hijos, y que éstos nos transmitieron a nosotros, con los valores del esfuerzo y del amor por el conocimiento.

05/10/2005 19:55 #. Tema: Mi familia Hay 1 comentario.

07/10/2005

La noche y el día: la condesa de Noailles y Natasha Gelman

La primera vez que fui a Bilbao aún no conocía a mi buen amigo Óscar. Soy un poco rara y me gusta viajar sola. Me gusta el silencio o dialogar con las obras de pintura, de música o de cine que por ahí me aguardan. Parezco una persona abierta y sociable y en realidad soy un poco solitaria. Fui a Bilbao un mes de enero a ver el Guggenheim de Frank Gehry, que bien vale una misa. Pero su contenido no me entusiasmó. Así que esa misma mañana me fui al Museo de Bellas Artes de Bilbao

Todo amante del arte deja en cada museo uno o dos amores, como los marineros literaturizados dejan uno o dos amores en cada puerto. Yo en el de Bilbao tengo a la Condesa Mathieu de Noailles de Ignacio Zuloaga y un hermosísimo Francis Bacon ante el que he pasado muchos momentos de emoción.

La condesa Mathieu de Noailles



Intelectual, escritora, mecenas, amiga de otro de mis amores, Jean Cocteau, la condesa me miró desafiante. Morena de blancas lunas, su pie asoma, fetiche erótico. Vestida de rosa y rodeada de rosas en las cortinas y en la mesilla, emerge del verde del tercipelo de su canapé como flor tenebrosa, baudeleriana. En sus ojeras se adivinan la poesía y la droga. A su lado, una sutil Vanitas con joya, libros, flores, nos recuerda el tiempo, que huye. Con él, la belleza y el esplendor. Ella, melancólica, parece esperar que le aguantemos la mirada y nos dejemos seducir, mientras escuchamos, devotos, una pieza de Satie. La condesa nos inquieta.

Natasha Gelman



Diego Rivera no me entusiasma. Sé que compone como nadie murales multitudinarios, que tiene un color muy personal, que su capacidad pictórica es extraordinaria, pero me parece excesivamente comercial en sus cuadros de caballete y demasiado maniqueo en sus murales nacionalistas. Como cubista, no me convence. Pero hay algunas obras suyas que me parecen insuperables. Por ejemplo, su retrato de Lupe Marin, rara muestra de vasallaje admirativo del "Señor sapo" a la fuerza desbocada y libre de su primera esposa. Ese cuadro por sí solo pone en cuestión el tópico del machismo mexicano (que yo no digo que no exista pero no más que en otros sitios). Ningún pintor europeo ha pintado así a su pareja.

El retrato que Diego pintó de su mecenas Natasha Gelman es el día, frente al nocturno de Zuloaga.



La bella Natasha posa en primer plano ante los alcatraces de Rivera. Flores eróticas y a la vez elevadas a la categoría de emblema por el pintor mexicano en muchos de sus cuadros. También ella reposa en un sofá de terciopelo verde, como la condesa pintada por Zuloaga, pero lo hace decorativamente, mostrando su belleza y evidenciando la analogía 'mujer/flor' que en Zuloaga sólo se ha insinuado por la fuerza evocadora del color (los rosas del vestido y el verde del canapé/las rosas de las cortinas y del búcaro). Natasha es flor. La condesa es comparación y Natasha es metáfora. Su níveo traje se abre como el pétalo del alcatraz y sus piernas son el largo pistilo erótico. Rubia y hermosa, no va más allá de su belleza. No produce inquietud en quien la mira. Hay placer. Se oye la música de Gershwin.
07/10/2005 13:24 #. Tema: Pintura y pintores Hay 4 comentarios.

09/10/2005

El erotismo de los caracoles

Para Lety, que me ilumina los días.

Estaba yo apenas comenzando a aprender a pintar en la Escola Municipal d'Art de Sant Cugat, cuando nuestro profesor, Pere, nos pidió hacer una acuarela. La acuarela a todos parece difícil. Pero su naturaleza, que es impusiva y atarantada, que te exige pintar en unos minutos, mientras está húmeda la hoja, que no te permite elaborar demasiado y que te da el resultado bueno o malo de inmediato, se lleva bien con mi carácter impaciente. Yo abandono las tareas más pesadas. Desde chica me ha gustado llegar y besar el santo. Y si no me sale algo, pues lo dejo, pero ¿yo trabajar?. Así que la acuarela se me entregó: somos iguales. Echadas a perder o válidas, pero luego, luego. Me salió bonita.



A Pere le gustó mucho. Me salió en dos patadas. Luego me puse a pensar. El caracol es como un oído. Un oído femenino o si queréis, sensible. Un oído en el que se esconden los sonidos del mar, de donde venimos. Es una cosa húmeda que guarda secretos insondables, secretos de profundidades y de oscuros silencios, pero oscuros no por perversos, sino por antiguos. El caracol es femenino y musical. En él se esconde la vida que no se ve, pero que existe, como en nuestro cuerpo de mujeres. Late ahí un ser. Estamos, tantas veces, ocultas incluso para nosotras mismas... ¿Y en qué reside el erotismo del caracol? en su misterio. En la tibieza interior, que aguarda un oído que escuche. Sobre todo, queremos ser oídas, descubiertas en nuestro ser interior. Más allá de la belleza del envoltorio, que no todas tuvimos, dentro hay algo precioso: el alma, la música.

Poco después hice un par de acuarelas con ese mismo tema. La siguiente no me gustó tanto, aunque si lo veis bien, es más evidente la característica sexual. Creo que es una acuarela más física que la anterior, que es más alma que carne y en ésta se invierten los términos:



Para mi sorpresa, la que vendí fue la tercera de la serie, que a mí no me gustó y que me hizo abandonar el tema. Ni siquiera la escaneé: ahora la incorporo:



No he buscado fuentes literarias para esta reflexión. No sé si el caracol ha sido en algún momento emblema de lo más hondo de nuestras almas de mujeres. Para mí lo es. Por eso al leerte, Lety, sentí que, aunque distantes, navegamos por las mismas aguas.
09/10/2005 15:03 #. Tema: Pintura y pintores Hay 4 comentarios.

13/10/2005

María Izquierdo



Lope de Vega, con su talento desbordante, eclipsó la obra teatral de Cervantes. Lo mismo le pasó a María Izquierdo, que el azar hizo contemporánea de Frida Kahlo.

Nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, en 1902. Se casó muy jovencita, a los 14 años, y se divorció, ates de entrar, a los 26 años, en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Duró solamente un año ahí, porque su carácter no se adecuaba al academicismo que imperaba entonces en aquella escuela. A los 28 años expuso por primera vez, y fue la primera mujer mexicana que expuso en los Estados Unidos, París y Tokio.
Vivió una estrecha relación tanto pictórica como sentimental con Rufino Tamayo de 1929 a 1933. Dicen que él marcó la obra de María: yo no lo veo. Su mundo es femenino, íntimo, secreto, telúrico. Hay en ella algo de niña, sobre todo en sus alacenas o sus naturalezas vivas, o en sus escenas de circo, que me recuerdan tanto al circo de Calder como a algunas pinturas de Seurat.



En sus retratos, ella pinta la apariencia, no el interior secreto de los retratados: ni siquiera sus autoretratos son explícitos. Siempre hay un vínculo entre el concepto persona-máscara. El hieratismo no es fruto de la ignorancia técnica, sino de la convicción de que todo rostro es un enigma.



A Frida la elogió Breton, a Izquierdo la admiró Artaud. Su relación con Tamayo no enturbió las relaciones con otros intelectuales y pintores de la época, como Diego Rivera o Siqueiros.

María tiene una paleta telúrica e indigenista, hecha de verdes, marrones y amarillos.

A veces el rosa irrumpe en sus cuadros como breve metáfora de dulzura o alegría.

Mi preferido es esta naturaleza muerta con huachinangos por su decidida originalidad, por la desolación que muestra el contraste del azul prusia con los sepias y marrones, y por el estremecido tratamiento de los peces.



María Izquierdo murió en 1955, después de haber padecido una hemiplejia que le paralizó el brazo derecho. Aún así, siguió pintando. De momento, la posteridad no le ha dado el reconocimiento que merece. Esperemos que éste llegue algún día.
13/10/2005 16:33 #. Tema: Pintura y pintores Hay 9 comentarios.

16/10/2005

Una encuesta importante

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Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck (?) Nooo, es la versión de este cuadro de Benjamín Domínguez, pintor mexicano.

Hoy tengo ganas de que escribáis vosotros y de haceros una encuesta que espero respondáis tanto los habituales como los lectores "silenciosos":

¿Dónde, cómo y cuándo conocisteis a la persona amada?

Gracias anticipadas por vuestras respuestas. Espero que escribáis con ganas y sin reservas.
16/10/2005 14:40 #. Tema: Encuestas Hay 9 comentarios.

17/10/2005

Rulfo como fotógrafo

La interpretación de la realidad mexicana de Rulfo coincide tanto en sus textos del Llano en llamas o Pedro Páramo como en sus fotografías.

Rulfo tiene una visión del mundo senequista y ascética.  El estilo de Rulfo es poético por antiretórico. Y así son sus fotos. El México que retrata, para mí, está tan lejano como la ominosa Cartago de la Salambó de Flaubert. Generalmente retrata el campo, el ámbito de lo rural, pero también en la ciudad sus espacios están callados. Lo orgánico parece humano, y lo inanimado parece dotado de una vitalidad sin duda misteriosa.

                                                  

                                                       

En su obra literaria como en sus fotografías, el mundo parece tener sólo dos círculos: el del Purgatorio y el del Infierno y carecer de Cielo. No hay lugar aquí para la felicidad, aunque sí para la belleza. Esta belleza no es sensual o tentadora: es austera y grave. Pesa. Así debía ser la habitación antigua de Medea. Así es, porque lo he visto, la antigua Micenas.  

Los fantasmas conviven con los vivos, en un tiempo-no-tiempo en el que la distancia no se mide, sino que se recorre internamente. Significativamente, las fotos de Rulfo están hechas en blanco y negro. México es el país del color para  los fotógrafos internacionales que inmortalizan los hermosos azulejos, las telas policromas, la exuberancia de los mercados, la lujuriosa humedad de los jardines y las albercas; Rulfo, conciso, saca su Leica. Aquí el muro que separa sinuoso y habla como serpiente azteca. Ahí, el otro muro, orgánico, de cactus erguidos, antropomórficos. Rulfo va a la fiesta mestiza y hace brillar sus matices soberbios en el momento del silencio. La mirada de Rulfo nos hace escuchar la música callada. La música en su ausencia.

Muchos antropólogos han pensado la fiesta como el lugar del individuo en la masa: encuentro del imaginario colectivo. Regeneración de lo colectivo como existencia. Para Rulfo ese ser colectivo no existe.  Quizá la causa de que el  mundo de Rulfo sea un aislamiento que lo puebla (valga la contradicción) pueda encontrarse en su solitaria infancia. El caso es que su mundo está atomizado, lleno de elementos que existen por sí solos, sin relación entre sí, o sin diálogo, como monologando siempre, o siempre existiendo como si estuvieran en la nada.

 

La fotografía de Rulfo no se parece a la más arquitectónica y narrativa de Manuel Álvarez Bravo. Tampoco a la de Tina Modotti, repoteril o esteticista, según retrataba espléndidamente a sus amigos o buscaba esquinas de iglesias o flores entrecruzadas. Tampoco le debe nada a la visión que transforma el mundo indigenista de Gabriel Figueroa en un espacio estilizado, que busca la belleza metamorfoseando la realidad en mito.

Yo creo que Rulfo retrata la soledad. La soledad nuestra. Soledad que no es solamente mexicana pero que es muy mexicana. Reservados, sabemos que aún en compañía no estamos del todo con los otros. Ya Octavio Paz escribió aquel ultracitado ensayo El laberinto de la soledad, y este México que fotografía y escribe Rulfo está así, solo, silencioso, perdido en un no tiempo eterno. Sin posible redención, pero sereno. Si Rulfo hubiera sido griego... 

El único momento en el que el Rulfo fotógrafo se suelta, se vuelve festivo, alegre y sensualista es cuando retrata la belleza auroral de Clara Aparicio, la novia encontrada cuando ella tenía sólo 13 años y no podía corresponderle. Imposible encontrar una mujer con un  nombre más simbólico de lo que ella va a significar en la vida del taciturno tapatío. Rulfo, enamorado, deja a su cámara libremente feliz para retratar la inocente, bellísima mirada. Ella sí es real.

                                                             

 

(México, Juan Rulfo: fotógrafo, ed. Lunwerg, Barcelona 2001. Y Juan Rulfo, Aire de las Colinas. Cartas a Clara, ed. Debate, Madrid, 2000)

Si queréis ver más fotos de Rulfo pinchad aquí o en los enlaces que me ha enviado gentilmente Loriana:

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/rulfofotografo.htm

http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=997&page=0#8684

17/10/2005 23:19 #. Tema: Juan Rulfo Hay 10 comentarios.

19/10/2005

Esto ya no es Anticatalanismo, sino Anticataluñismo*

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Vista la reacción de esa España que ya decía Machado que "ha de helarte el corazón" ante la legítima presentación de un nuevo Estatuto Catalán para su discusión en el Congreso, yo me pregunto a qué obedece este Anticataluñismo visceral.

Y me lo pregunto, atónita, ante una grey que es "fans" por no decir servidora de dos estados, uno federal (USA) y otro, coalición de naciones (Reino Unido) que no parecen haberse "acabado" como estados ni mucho menos, como proclaman muchos españoles cerriles que pasaría con España, de aprobarse el Estatuto.

Como persona que vive y trabaja en Cataluña desde hace mucho tiempo, me declaro incapaz de comprender lo que está pasando. Me da vergüenza ajena. Y me siento mucho más catalanista que ayer y quizá menos que mañana.

* Acuño el neologismo conscientemente, pues creo que aquí ya no se trata de una reacción en contra del nacionalismo catalán, sino de un ataque frontal a Cataluña y  a lo que representa.

Sábado 22 de octubre: El PP inicia una campaña (¡Medio millón de euros!), contra el Estatut de Cataluña, que incluye a los medios de comunicación masiva, internet, y movilizaciones.  

Os dejo un enlace a un comentario muy completo y en clave de humor de los argumentos y contra-argumentos del anticataluñismo-antiestatutario (ya me parece que escribo en alemán con tanto guión; ya sólo me falta empezar a declinar: lo dejo).

:-)

19/10/2005 14:44 #. Hay 20 comentarios.

20/10/2005

Edipo Rey, de Pasolini

Yo sabía que ese muro de adobe de Rulfo me llevaba a Micenas. He estado dos veces ahí y he sentido el peso de lo sagrado al cruzar la puerta de los leones o al penetrar en las tumbas de los reyes. El aliento homérico aún se respira ahí, en la fortaleza que domina aquel paisaje árido. Los héroes, los reyes,  los mitos de la antigua Grecia respiran por las piedras y los arbustos de la ciudadela de Micenas, que por cierto no es vista al acercarse uno: todo es visible desde sus muros de antigua roca, mientras que ella permanece oculta a los ojos de todos los que se acercan a ella. Es una imagen del destino: para el destino somos tan visibles, mientras que nosotros, hasta que no lo alcanzamos no lo conocemos, no sabemos nada de él. Y esa idea me ha llevado a su vez al Edipo Rey  de Pasolini, que he visto tantas veces y que tanto me recuerda aquella Grecia antigua que está representada en mi mente por Micenas.

                                                    

Micenas y Edipo Rey son conceptos que llevan a pensar en el mito, común a civilizaciones antiguas, ya sean prehispánicas o griegas. El mito es una realidad intraducible, una verdad poética. 

Cuando Pasolini filma Edipo Rey en 1967, todos leíamos a Mircea Eliade, en  El mito del eterno retorno. Creo que de ahí parte la lectura que Pasolini hizo de Edipo y que filmó en Turquía, con música búlgara. Su aproximación no proviene de Freud, sino de la antropología de la religión y de su preocupación social y es por eso que el prólogo sitúa el nacimiento de Edipo en una villa lombarda de la Italia presfascista, y el épílogo lo sitúa, ya ciego y errante, en la Bolonia de los años sesenta.

Pasolini coloca a su Edipo en cuatro coordenadas de calado ético y social: ceguera y destino, caos y destrucción social.

Injustamente, Edipo es maldecido por el destino antes de su nacimiento: será esposo e hijo de su madre, padre y hermano de sus hijos, asesino de su padre. Y por ello es abandonado en medio del desierto  para que muera. Sin embargo, ese mismo destino decide que no ha de ser así, y Edipo es recogido y adoptado por los reyes de Corinto. Ciego ante esta verdad, que desconoce, Edipo crece feliz y orgulloso de sí mismo por ser el hijo de los reyes, con la ceguera inconsciente de la juventud alevosa, pero, enfrentado al misterio insondable del oráculo, éste le desvelará su terrible destino.

Edipo, horroizado, confundido acerca de sus orígenes, ciego ante la verdad que no conoce, decide abandonar a quienes cree sus padres para eludir ese destino: esto no hará sino acercarlo a él. Como en el cuento persa, el destino le aguarda al final de la huida.

                                                   

Pasolini sitúa a su Edipo con los ojos cubiertos en cada cruce de caminos. Gira sobre sí mismo, inconsciente, cegado y el destino lo lleva, lo va llevando insensiblemente hasta el crimen de Layo. Por una minucia y un mal entendido orgullo, Edipo encuentra a su verdadero padre y le da muerte, ignorando su verdadera identidad: es decir, lo mata ciegamente. Envalentonado, mata también a la Esfinge que aterroriza a los tebanos y recibe el premio-castigo prometido: casarse con la reina Yocasta, su madre. A Yocasta, Edipo la ama fogosamente, furiosamente. Sin saber que es su madre, en ella encuentra todo lo que desea. Y ella en él. Pero el desorden ético, moral y social se hace presente cuando aparece la peste y mueren animales, hombres, niños en toda la ciudad. ¿Quién, dice Edipo es responsable de todo esto? Edipo sigue ciego e inconsciente, ignorando que él es el origen del caos y de la destrucción.

Cuando aparece Tiresias y le previene sobre la cruel verdad, Edipo no cree que va a incriminarle, y provoca al viejo: le exige que hable. Y cuando habla el ciego profecta, el único que ve lo que no es aparente, el que puede por ello conocer la verdad, Edipo ya no puede seguir estando ciego.

Yocasta, horrorizada por el crimen, se ahorca y Edipo, que ahora ve la realidad, se ciega. Es la paradoja del mito. Coge el alfiler del vestido de su madre-amante y se arranca los ojos.

                                                  

Desde el momento en el que conoce la verdad, Edipo debe errar por el mundo. Pero el Edipo de Pasolini acabará en las calles de la Bolonia de los años sesenta. Porque su Edipo es un hombre contemporáneo, que se ve arrastrado, inerme, por un destino que desconoce, ante el que está ciego. Y ese hombre nunca llega a saber que él mismo es el causante del caos que se desata en el mundo, y cuya destrucción él ha originado. El hombre moderno es un hombre ciego, que desoye las voces del destino; un hombre  que, vendado, gira sobre sí mismo y toma a ciegas un camino sin saber hacia dónde es llevado: siempre ciego, y siempre inconsciente de lo que vendrá. Hasta que el caos y la destrucción se asientan en su vida, rompiéndola. Entonces ve. Y empieza a recorrer el mundo, ya olvidado de sí mismo

Un enlace interesante: http://www.pasolini.net/cinema_edipore.htm

20/10/2005 16:25 #. Tema: Cine Hay 13 comentarios.

21/10/2005

La ocultación de la persona en internet

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Hoy mi querido emejota me ha dicho que ha percibido que soy impulsiva y que tengo mucho genio. Yo sé por qué lo dice. No está equivocado, eso vaya por delante. Su observación nació un día en que en su blog una anónima comentarista le pedía un nombre para ser bautizada por él. Admito que el caso me irritó. Y contesté, metiéndome en donde nadie me llamaba, que para qué inventarse un nombre si ya tenía uno desde chiquita.

Fue un exabrupto, del cual luego me arrepentí un poquito. Sólo un poquito.

Nunca he entendido por qué la gente tiene que enmascararse en internet. Es como si en la calle nos preguntaran nuestro nombre tras una conversación y dijésemos: " Ponme tú uno, el que te parezca" ¿Qué es eso? ¿A qué obedece ese miedo?

Siempre he ido por la red con mi nombre, o no he ocultado que mi nick (reinadegrillos) soy yo misma.

¿Tal vez he tenido suerte porque no he temido nada? ¿La inocencia puede ser un escudo? ¿Ha sido simple suerte?

Yo creo que la ocultación es tramposa y atrae la trampa, pero no lo sé.

¿Qué opináis?

21/10/2005 14:35 #. Tema: Encuestas Hay 25 comentarios.

22/10/2005

Sally Potter: La lección de Tango

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Me gusta mucho el cine de Sally Potter y me siento identificada con su feminismo humanista que no abronca a los hombres. Yo también creo, como ella, que no sólo las mujeres hemos sido despojadas de parte de nuestra historia, sino que también a los hombres les ha sido arrancada una parte de su ser, la más sensible y vulnerable, ésa que todos tenemos derecho a tener.

Y por eso me gusta La lección de Tango. Y también porque hace ya muchos años, en un Festival de Tango en México, escuché hipnotizada e incrédula a Astor Piazzolla. Hasta entonces, esa música no me decía nada. A partir de ese momento ha pasado a formar parte de la banda sonora de mi vida. 

La película de Sally Potter se inicia con el momento crucial de la creación: la guionista y directora frente al horror de la hoja en blanco. Algunas ideas se materializan en color: algunas imágenes van apareciendo. Un pequeño percance, un incidente sin ninguna importancia impide la continuación de la escritura. Finalmente, ese pequeño percance se convierte en un obstáculo de tal magnitud que hace huir a Sally Potter a París.

Casualmente o por destino, esto le llevará a conocer a Pablo Verón, a quien solicitará una Lección de tango. Y Pablo va a enseñarle el tango solamente si ella está dispuesta a no pensar, si acepta seguirlo ciegamente. La tiranía se justifica porque sólo él es el maestro, sólo él sabe por dónde, cómo y cuándo deben moverse los cuerpos en conjunción perfecta, en sincronía con la música. Cómo me gusta esa idea del abandono total en los brazos del otro. Es condición indispensable para la creación común. El tango -dice Borges- es un sentimiento que se baila.

Pero en París él es el maestro y ella se siente insegura, sola. Vuelve a Londres y piensa en una película (la película que hace rato que estamos viendo), con ella y con Pablo y con el tango. Y se lo propone. Le dice: Pero si aceptas protagonizar mi película, debes segurime en todo, ciegamente, sin pensar. Y así, él debe a su vez abandonarse al conocimiento de ella, totalmente. Obedecer de la misma manera que ha sido obedecido: sin reservas.

Me parece una idea tan hermosa, y tan perfecta. Por supuesto, esto crea muchas tensiones. Son dos personas muy seguras de sí mismas, independientes, difíciles de dominar.

Pablo acepta, y van a buscar la raíz de todo en Buenos Aires. La raíz de esa música, de la danza, de la camaradería, del amor.

No sin problemas, la danza final se lleva a cabo en un galpón vacío, con el cello maravilloso de Yo Yo Ma y la música del Libertango de Piazzolla, sublime.

Ponerse de acuerdo, aceptarse, entregarse, crear, darse: amar, AMAR.

 

Sally Potter, The Tango Lesson (1997), UK-Francia-Argentina-Alemania. Sony. 

Y más información sobre esta interesante mujer aquí mismito.

22/10/2005 18:26 #. Tema: Cine y mujeres Hay 5 comentarios.

29/10/2005

Los sopes mexicanos a la catalana

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Hoy tengo varias cosas en mente. Por un lado, mi amigo Ferre ha vuelto a postear sobre cocina, con una riquísima receta de pasta que no os podéis perder. Y eso me ha hecho pensar en el tiempo que hace que no cocino rico. La última vez fue cuando vino la bella Sarita a verme desde Bolonia y la agasajé con unos riquísimos sopes a la catalana.

¿Es impropio acaso decir que me quedaron riquísimos? No lo creo: odio la falsa modestia. Estos sopes inevitablemente NO SON los sopes que yo haría si estuviera en México. Es más, si estuviera allá ni siquiera los haría, porque todo mexicano sabe que la mugrita callejera tiene un sabor inimitable que ningún guiso o plato hecho en casa puede igualar. Si no, que se lo digan a los de los tacos de canasta.

Pero obligada por las circunstancias me voy a El Corte Inglés y me compro un saquito de Maseca. Esta  harina de maíz -me duele decirlo-, está hecha en Gringolandia, pero es buena y por eso paso de juzgarla como harina imperialista. Así somos los exiliados: acomodaticios y muy inmorales.

                                                                                    

A la harina se le añade un puñadito de sal y agua tibia hasta conseguir una masa uniforme y elástica como nalguita de bebé. Se hacen bolitas del tamaño de un huevo de perdiz. Se coge una bolsa de plástico, se corta y se hace una gordita apretando la bolita de masa entre el plástico, con un plato o con un rodillo, de modo que quede del tamaño de un platito de café. Ni gordota ni muy fina. Esta mini pizza se cuece en un comal. Más por un lado que por otro. Por el lado más tierno se le pellizca para que se forme una orla alrededor del borde. Esto se debe hacer quemándose las yemas de los dedos (es decir, mientras la gordita está caliente), si no, no se consigue el dichoso borde.

Previamente se ha hecho la salsa de chile: tomates asados, chile  (Cayena en rama: la hay en todos los supermercados en la sección de especias, en frascos como los de pimienta u orégano), y un poquito de sal. Esto se licúa y se aparta. También se le puede poner la salsa verde ya hecha que se vende enlatada. Ésa no se puede hacer en Europa porque no hay tomates verdes de los nuestros.

                                                                                          

Se cuecen patatas y se dejan enfriar. Una vez frías se parten en dados pequeños y se fríen con pedacitos de chorizo de cocinar y una cebolla también picada, y sal.

Se coge media lechuga y se corta en juliana.

Se coge queso Feta (el fresco, no el que viene en frascos con aceite) y se deshace en grumitos. (El queso Feta es el que mejor se parece al queso Cotija nuestro: es igual de saladito y de sabroso).

Y entonces se fríen los sopes en aceite de cártamo o de maíz: ¡jamás de oliva!

Se les pone la salsa de chile y sobre ella, la patata con el chorizo, encima la lechuguita cortada fina y el quesito. Se tienen que comer calientes. Hay que calcular entre 6 y 8 sopes por persona porque son tan ricos que...son muy viciosos...

Entre más picosos, más ricos.

Estoy pensando que...como hay puente, me voy a hacer unos sopecitos mañana. Y me los voy a comer a la salud de todos mis cuates de acá y de allá. 

29/10/2005 18:40 #. Tema: Cocina mexicana Hay 5 comentarios.

30/10/2005

Cuando vinieron los cantantes

                                                                                             

Para Lety Ricardez, que quería saber esta historia que yo no conocía (y me la tuve que inventar).

Usted quiere saber la historia de Patricia y yo se la voy a contar. Debo comenzar cuando los cantantes llegaron a la ciudad ¿Usted sabe que en esta ciudad no había teatro? Parece mentira ¿verdad? Pero es rigurosamente cierto. Los cantantes llegaron de la ciudad de Ponte  y lo hicieron en una carretita color chicle masticado llena de cosas, de triques y con sus colchones, sus vestidos, sus instrumentos para la orquesta y sus estampitas. No eran estampitas de vírgenes o de santocristos, sino que eran fotografías de ellos mismos en sus distintos papeles y que vendían a la salida de la función para redondear la ganancia. No me olvidé de eso con los años, porque mi prima Pachita se entusiasmó con el negro que cantaba el Otelo de Verdi y que en realidad no era negro, como usted comprenderá, sino sólo se pintaba la cara hasta el cuello y le llamo "estampita" porque cuando se fueron los cantantes, Pachi puso la estampa en un marquito de plata en un altarcito, con su vela, sus flores, sus conchitas de mar y su jarrito con tequila que se tomaba todas las noches antes de irse a acostar.

Patricia andaba por la calle de la Reforma de la Patria muy quitada de la pena, cuando el barítono de la compañía, que estaba paseando al perro (no le conté que en el intermedio había un número de perro amaestrado que tenía mucho éxito), la vio. Desde el otro lado de la avenida, el barítono la saludó, haciendo una profunda reverencia, cual si estuviese enfrente de una reina. Con la gracia aprendida en miles de reverencias repetidas delante de  los públicos más diversos, el barítono acertó a caerle en gracia a Patricia, por aquel tiempo una mujer que tenía un pecho abundante y unas caderas amplias, así como unos pómulos salientes y unos ojos tremendos, como de loba o de pantera negra. No era exactamente hermosa, pero parecía una mujer romana y su nombre le quedaba que ni pintado.

La avenida de la Reforma de la Patria en ese momento quedó paralizada por ambos lados de la vía. Los coches y caballos que subían y los coches y caballos que bajaban no se movieron. Un segundo y siguieron su camino para arriba y para abajo con gran prisa, pero no se movieron durante ese segundo que tardó el barítono en ver a su ya desde instante amada Patricia hasta que los ojos de ella le devolvieron la mirada y le sonrieron.

No hizo falta más para que se encendiera en ambos la llama de la pasión.

Durante tres días y tres noches el barítono y Patricia no hicieron más que fornicar. Cuando llegaba la hora de la función, y ya vestido él con su traje  de Gianni Schicchi, ya se sentía  deseoso de terminar lo más pronto posible, desde antes de empezar a cantar, aunque no descuidaba sus actuaciones para que la obrita no perdiera el interés: no quería que la compañía pudiera resentirse de un fracaso.

El lugar elegido para la representación era la plaza de toros, por lo que el esfuerzo de los cantantes se veía multiplicado, intentando llegar, sin ayuda de acústica alguna, hasta el último rincón.

Sin embargo, Patricia y el barítono estaban felices porque al menos la ópera sólo constaba de un acto. En cuanto finalizaba éste, el barítono ejecutaba unas cuantas reverencias rápidas, después de recitar alegremente la última frase de su papel: Por esta travesura me han arrojado al infierno.

Las reverencias las hacía ya sin la gracia de su gran reverencia de la Avenida de la Reforma de la Patria, para volver volando a los brazos de su amada.

La desaparición de Patricia, entretanto, me angustió. Por aquel entonces se hallaba viviendo conmigo y al no recibir noticias suyas, me asusté. Usted ya sabe que confío poco en la buena suerte y más en la mala suerte y creí o soñé que Patricia estaba delicadamente tirada debajo de un puente de las afueras de la ciudad, con el cuello cortado y el vestido en desorden.

Afortunadamente, recibí una carta. Patricia me explicaba lacónicamente que había encontrado al hombre de su vida y que se iba con él.Para entonces, cada una de las obras del Tríptico de Puccini ya había sido escuchada por todos los que en el pueblo acudían a esos acontecimientos, de modo que no quedaba otra que despedirse de su amado cantante o partir en calidad de acompañante.  Por supuesto, Patricia decidió irse con él. Apresuradamente la ayudé a juntar sus cosas; nos besamos, lloramos un poco -yo más que ella-, y se fue. Aunque yo tuve mis temores, le deseé buena suerte y me desentendí. Estaba -no se lo niego,- un poquito enojada con ella.

¿Usted conoce la obra de Puccini? Acababa de ser estrenada la obra y aquí ya se cantaba. Es la historia de un pícaro. Un pícaro plebeyo que aprovecha la oportunidad para que su hija y el noble Rinuccio, su novio, se queden con la herencia que no ha querido dejarles un tío lejano del muchacho. Para ello, se sirve de una suplantación. La anécdota es recogida por Dante Alighieri, quien la relata en el Canto XXX de su Inferno. Yo pensaba que el tal barítono era también un pícaro, llevándose a mi amiga con él sin el santo matrimonio. Pero quien quiera que no haya pecado, que tire la primera piedra. Me aguanté. No les deseaba un mal, pero quise dejar de pensar en ellos.

No quisiera describirle al barítono, sólo diré que se llamaba Arturo,  que era muy alto y que en su cara resplandecían unos ojos verdes que podrían incendiar la iglesia de San Felipe con una sola mirada, aunque ya no era tan joven.  Y nada diré de su voz, tan poderosa y clara que cualquier inflexión inundaba el pueblo con una capa de rocío improcedente y súbita.

Pasó el tiempo. Nada se volvió a saber de la huida. Casi la  había olvidado yo, cuando poco después de mi matrimonio, vi llegar a una mujer con sus dos niños. Uno de ellos era alto y rubio como un ángel, mientras que el otro era moreno y pequeño y tenía una expresión amarga en la cara. Era ella. Patricia, transformada en un triste fantasma de sí misma.

El barítono había perdido la voz una noche  que había cantado desde la plaza del pueblo a Patricia, oculta en su habitación por causa de una trastada de su amado con una mujer cuyo nombre era Laura y que le había robado el corazón, aunque ya se hallaba arrepentido. A base de romanzas, Rigolettos, Papagenos y Don Giovannis se quería hacer perdonar la infidelidad. Estaba tan borracho que ni siquiera se dio cuenta de que hacía un viento atroz y de que nadie le escuchaba. Todos los habitantes de la ciudad habían cerrado las ventanas y habían huido a los rincones más profundos de sus casas, espantados por el aire sibilante. Patricia también estaba en lo más profundo de la casa entonces compartida con su amante, llorando, indignada y perdida. Por la mañana había recibido un regalo: un bebé pequeño, delgaducho y moreno, que llevaba una nota ensartada en el babero: Soy el hijo de Gianni Schicchi y me llamo Pablo. Si tú no me cuidas me voy a morir sin más.

No se sabe si fue la aparición del hijo, el viento helado de la noche o la tristeza porque Patricia no le volvió a franquear la puerta de la alcoba, pero el barítono perdió la voz: se quedó completamente mudo. Completamente. Para evitar la ruina, decidió dedicarse entonces a la escritura y a la composición. Solía, me contó luego Patricia, escribir libretos con sus correpondientes partituras, que nunca llegaba a terminar. Sus ideas salían por la ventana en busca de aquel viento que le había arrebatado la voz. Como no podía comunicarse, su humor se agrió hasta tal punto que acabó bebiendo, hasta el fondo, todos los vasos de vino que pudo llenar.

Al principio y sólo por orgullo, Patricia no le buscaba para darle consuelo o para decirle cuánto le amaba aún;  pero poco a poco el amor se fue también por la ventana, se hizo más hondo el rencor, y el amor acabó huyendo como todo lo que habían tenido, tras aquel viento atroz.

Volvió pues al pueblo con sus dos hijos. Nunca sintió otra cosa que amor por aquel pequeño regalado que había sido el causante de su desdicha. Lo quiso tanto como a su propio hijo. Volvió a mi casa, ahora mía, de mi marido y de mis hijos. No pude dejarla sola y sin amparo. De vez en cuando recibía una carta. Una carta que no tenía nada escrito: una carta en blanco. Patricia la guardaba en un cajón. Los niños crecían, ella iba envejeciendo. Nunca más volvió a amar.

Aquellas cartas sin palabras se iban amontonando, ya sin abrir. Patricia había perdido la esperanza. Antes de morir, me pidió que las diera a sus hijos. Me señaló el cajón donde las guardaba. Me dijo: Así, mudo y en blanco se quedó mi corazón.

Al poco de morir ella, reuní fuerzas, escribí a sus hijos, que ya vivían lejos del pueblo, que estaban ya casados, que ya no se acordaban casi de su madre. Vinieron a recoger su pobre herencia. Cuando vieron las cartas se indignaron, se fueron gritando improperios. Nunca más volví a ver al alto, rubio, hermoso Felipe, ni al moreno y delgado Pablo. Recogí las cartas. Por un extraño presentimiento las abrí, una por una.

Todas decían lo mismo: Vuelve conmigo, y seguían las partituras.

Cuando las había abierto Patricia – y yo estaba con ella, yo soy testigo-, no había nada escrito ¿Por qué ahora aparecían esas pocas palabras seguidas de ese torrente de notas escritas? Claramente se veían el Vuelve conmigo y los pentagramas, las claves, las notas, los compases: eran canciones de amor.

Llorando, me acerqué a la ventana y escuché en silencio: un viento helado se desató y rugió toda la noche.

30/10/2005 02:33 #. Tema: Mis relatos Hay 6 comentarios.

Capturing the Friedmans de Andrew Jarecki

20051030165755-friedmans-arteylite-jpgAyer me fui a ver La novia cadáver de mi admirado Tim Burton, pero no voy a escribir sobre ello porque ya lo ha hecho muy bien  Golosina caníbal. Después de verla, me pasé por Fnac y compré  Capturing the Friedmans. Como le acabo de comentar a Óscar, que creo que se decantará por la de Cronenberg, cada vez me gustan más los documentales, por lo que acabo de abrir esta subsección de Cine.

El documental nos habla de eso que todos sabemos y callamos:

a) Que todos somos un enigma para los otros, incluidos nuestros más íntimos y cercanos. Que tenemos una vida externa que no refleja los conflictos, los problemas o los pecados que  cometemos.

b) Que no hay nada más temible que la justicia cuando es ciega y parcial y es totalitaria y corrompe todo lo que pretende limpiar y

c) Que es posible documentar  y grabar lo más íntimo y dar con ello testimonio de lo que ocurre desde dentro, para no tener que recordarlo, como dice Danny Friedman. 

Los Friedman son una familia externamente normal, como puede ser cualquier familia americana de clase media-alta. De origen judío, el padre ha estudiado en Columbia University y la madre, como tantas otras, se ha dedicado a su familia y a sus tres hijos. La vida sexual de la pareja, según cuenta ella, es pobre y aburrida, pero la armonía parece presidir la relación. Los hijos van creciendo, documentados por la cámara de super 8 que el padre utiliza y a la que sus hijos también se aficionan. De modo que Jarecki encuentra una cantidad de material que da testimonio de esa armonía que fluye solamente hacia afuera, pero que pronto veremos que es sólo una fachada.

Es curioso ver los cuatro estratos de filmación: las grabaciones antiguas (de los años 50), hechas por el padre de Arnold Friedman sobre él y su fallecida hermana, y el hermano con el que que Arnold luego confesará también haber mantenido relaciones incestuosas (y el hermano no lo recuerda: es fascinante). Las grabaciones que Arnold Friedman hace a su familia desde los años 70:  la perfecta familia americana, las fiestas, los disfraces, las vacaciones. Él, su mujer, su tres hijos varones. La seguridad económica, el coche con las placas exclusivas COMPUTER...esa apariencia que se demoronará ante nosotros. Las grabaciones, ya en los 80, que hace Danny Friedman, el hijo de Arnold y el primogénito, cuando ya el padre está acusado, para documentar esa nueva familia que se irrita, se odia, discute crudamente, se divide ante nuestros ojos: se deshace... y la filmación del propio director del documental, Jarecki, entrevistando, repasando la historia, haciéndonos ver las innumerables contradicciones. 

Arnold Friedman, respetado informático, profesor y padre de familia, compra en el extranjero una revista con contenido pedófilo. Pillado, la policía le tiende una trampa y él cae. Un policía disfrazado de cartero le hace entrega de una segunda revista, y esto sirve para que se presenten a detenerlo y a registrar la casa: ese hogar aparentemente modélico. Es como abrir la caja de Pandora, comienzan a fluir todos los horrores. No sólo es inculpado Arnold Friedman, el padre, por el delito de comprar pornografía infantil, sino que se descubre que tanto él como su hijo mediano han cometido abusos y violaciones a un gran número de niños, tanto en las vacaciones familiares en un pueblito con lago y barquitas, idílico, como en su propia casa, a alumnos que acudían a la academia de informática que Arnold Friedman tenía en el sótano de su propio hogar.

Al principio parece que la evidencia es irrefutable, pero a medida que avanza el documental se nos comienzan a plantear ciertas dudas, no sobre el delito en sí, sino sobre su alcance real. Arnold era un pedófilo. Eso parece probado, pero ¿hubo realmente violaciones masivas? Parece que no, que la policía de algún modo ‘infló’y manipuló a los testigos y presuntas víctimas y orilló sistemáticamente a todos y cada uno de los alumnos de Arnold Friedman para que declararan abusos sexuales. De modo que la histeria fue tomando cuerpo, exactamente igual que en la obra de Arthur Miller, Las brujas de Salem: por contagio. Y lo que comenzó siendo un delito menor por leer pornografía infantil, terminó siendo una condena con cientos y cientos de cargos por violación y abuso sexual a menores. De Dr. Jekyll a Mr. Hyde. De padre, marido y miembro ejemplar de una comunidad respetable a monstruo y violador de menores. Finalmente, Friedman acabará suicidándose en la cárcel.

Más todavía, a Arnold Friedman se le hizo creer  que si aceptaba los cargos y se declaraba culpable beneficiaría a su hijo en su juicio paralelo. Esto no fue así, de modo que el hijo también fue acusado, tras la declaración de su padre, con cientos de cargos del mismo jaez, por lo que al final terminó declarando que había sido violado por su propio padre y se había visto envuelto en las violaciones  coaccionado por él. A pesar de ello, la juez le condenó a la pena máxima para un joven de 19 años: 18 años de cárcel.
De modo que además del destrozo familiar que vemos literalmente grabado por la cámara que el hijo mayor, Danny, utilizó para filmar las discusiones, los odios y los reproches que surgen después del juicio, vemos también en este documental la acción destructiva de la ley que, para probar sus tesis, corrompe a los personajes de este drama hasta hacerlos perder la noción de verdad y mentira, de tal modo que no creo que ellos supieran, al final de todo, si eran culpables o no lo eran, si había habido o no violaciones, si Arnold había violado realmente a su hijo o si éste había sido cómplice del padre. Para no hablar de los testigos y presuntas víctimas, a las cuales se intenta por todos los medios convencer de que esto ha sucedido, incluso a través de sesiones de hipnosis (cuando no recordaban ningún abuso). De todos es sabido que a través de tales sesiones se pueden ‘implantar’ en los individuos recuerdos ‘falsos’.
 

Por todo lo cual, Capturing the Friedmans (en una doble acepción intraducible: captando a los Friedman con las cámaras de video (del padre de Arnold, del propio Arnold, del hijo de Arnold y de Jarecki) y capturándolos -la Justicia-, es un trabajo profundamente inquietante que nos permite deducir los mecanismos del poder represivo (igual da la Inquisición, o cualquier régimen policial a lo largo de la historia), además de que, indudablemente, la primera conclusión es que no conocemos ni siquiera a nuestros más íntimos familiares. La frase de la madre: Cuando detuvieron a Arnold yo ni siquiera sabía que existiera la pornografía infantil es desarmante, después de 33 años de ‘feliz y pacífico’ matrimonio.

Capturing The Friedmans de Andrew Jarecki, Producción, Andrew Jarecki y Marc Smerling, Montaje de Richard Hankin, Fotografía de Adolfo Loring, Música de Andrea Morricone, HBO, 2003, 108\\'. Nominada a los Óscar 2004 como Mejor Documental, Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance 2003.

30/10/2005 16:59 #. Tema: Cine documental Hay 10 comentarios.


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