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Resumen

01/05/2005

La historia de Miguel

matrix.gifEn ese piso entraba y salía muchísima gente. Miguel no vivía con nosotros, solamente se dejaba caer a cada rato. A veces se quedaba a dormir, cuando se hacía muy tarde. Vivíamos en una Colonia que, irónicamente, se llamaba Héroes de la Independencia. Sí , casí héroes, pero esperábamos que no mártires...
Miguel vivía con una tía suya. Era huérfano, como le dije en mi relato anterior.Sus padres murieron juntos, en un accidente de coche, cuando él tenía como 7 años. Tenía hermanos, que estaban casados. Y era muy pobre. Una vez me contó que, intentando ponerse una bota, se encontró que había un ratoncillo dentro. Y eso lo impresionó tanto que estuvo enfermo varios días. Tenía una salud delicada: tenía una vértebra (la quinta, creo), empotrada en otra, y eso le causaba tremendos dolores y molestias. Era delineante, y trabajaba en diferentes empresas de ingenieros; pero odiaba ese trabajo, y en realidad, todo trabajo. Ya que el trabajo aliena al hombre. Lo deshumaniza. Lo convierte en engranaje del capital. Esa idea aún la tengo. No me importa que la gente odie su trabajo: me parece normal. Después de todo, es algo que nos aleja de lo que de verdad queremos hacer. Nos vuelca en el consumo a través del sueldo, nos doma como seres que deberían revolverse contra la injusticia; nos hace egoístas, ambiciosos...las más de las veces. La prueba de que no es bueno trabajar es que si tuviéramos suficiente para vivir, no trabajaríamos. En una carta de cuando ya tiene 26 años, Miguel me dice, es horrible estar contrarreloj, siempre puntual, corriendo como si persiguiéramos nuestros pasos, nuestra sombra, el reflejo de nuestra vida. Corremos ávidamente arrastrando el honor y la fama, el éxito y el poder: hábitos, palabra de gente que no escucha nunca, que son como mandriles inquietos y mecánicos. Así , Miguel.
A mí, Suso, mii trabajo me interesa, no por la enseñanza que imparto (supuestamente), sino por lo que ellos, esos niños, me enseñan a mí. Me enseñan a ser joven cada día, me cuentan sus peripecias. Les veo buscándose, buscando una identidad, decepcionados del mundo o ilusionados... por eso me gusta mi trabajo, no por el trabajo en sí. Por lo que me da como persona, por lo que me dan las personas con las que trabajo. Esas personitas ya rechazadas por sus propios padres, ya enamoradas, ya orgullosas, ya sufrientes,ya avergonzadas de sí mismas... Es un cosmos que me sujeta al mundo. No me gustaría trabajar con adultos, ya sin perspectivas... Hablo con mucha gente de mi edad que tiene otra profesión, o gente de mi profesión, y no me ilusiona su discurso, los veo cansados, aburridos. Yo no. Yo creo que mi ilusión se debe a ellos, a lo que mis alumnos me dan de sí mismos. Su cariño, su confianza y su lealtad hacia mí. Eso me conforta cada día. Y después, cuando ya se han ido, cuando me encuentran por la calle y me saludan, me besan, me llaman por mi nombre, y yo solamente recuerdo vagamente esas sonrisas, esos ojos, pero ya no recuerdo los nombres... me doy cuenta que en realidad sí me quisieron, sí me aprecian, todavía. Entonces acaricio esas caras, ya no adolescentes, les sonrío. Es muy grato.
Miguel (vuelvo al tema), era poeta. Escribía poemas. Yo también. Nos leíamos. Nos criticábamos o alabábamos. Él fumaba mucha marihuana y eso era para él un problema laboral. Se olvidaba... se liaba el porro en el trabajo...lo echaban, etc. Me acuerdo que una vez, años después de esto, íbamos en su coche y´nos paró una patrulla, y all bajarse del coche, mientras venían ellos, se puso a liar el cigarrito. Yo le hacía señas, gestos y él...¡nada!. Qué risa nos dio después... Miguel estaba generalmente harto del mundo, de la gente, de la horrible gente, de la familia, a la que él llamaba "el monstruo", y amaba la filosofía, que fue finalmente la carrera que estudió después. Y las preguntas... la lectura de Spinoza, Descartes,de Platón, la "Apología de Sócrates", nos las leíamos. Sí hay una cosa que tengan en común las personas que más he amado es ésa: que siempre les he leído y ellos a mí. Creo que la "Apología", nos la recitábamos casi...casi nos la sabíamos de memoria. Leíamos mucho, entonces, a Laurence Durrell, a Kavafis, a Mallarmé... Rimbaud era nuestro héroe y uno de nuestros favoritos, y también la "Anabasis" de Saint John Perse. Leíamos a Ovidio, las "Metamorfosis", y "Las tristes" y nos alimentábamos de eso. Miguel era un as robando libros. Nunca robamos comida en un super. Pero ¿libros? Decnas. Yo pasaba miedo y é se reía. Decía ¿viste el de Carpentier, ese libro gordísimo? ¿se te antojó? y¡ zas! lo sacaba de debajo del jersey. Escapábamos del mundo de la mano de esos autores. Ah, Cortázar...leíamos y entonces ya no éramos pobres, ni estábamos solos en el mundo, sino que el mundo era nuestro, y éramos hermosos y estábamos libres allí, entre las palabras. Las palabras, buscar la poesía, eso hacíamos. Queríamos dominar esas palabras para decir nuestro dolor y nuestro anhelo. Miguel me diceen una carta, lo que quiero hacer con las palabras es artificio pulido, límpido, cristalino, hacer de mi vida una metáfora de amapolas lascivas, una magia placentera que siempre viva y muera, como el fuego de Heráclito. Hacer con las palabras una brújula, una risa, fundirnos en ellas como hierro candente, como lava, como fuego en madera. Los poemas, dice Miguel en otra carta, se van aglutinando en alguna cueva oscura así dice Miguel, Miguel, son sus palabras que transcribo: una cueva oscura, fría e inaccesible de nuestra vida, de la de cada uno; he pensado que no escribo porque no tengo qué escribir, porque los poemas, a veces, tienen vida y muerte instantánea. A veces vuelan más rápido que nuestros dedos y cuando intentamos transmitirlos, no podemos hacerlo como hubiéramos querido.
Dice Gorostiza (sigo citando a Miguel), "Oh inteligencia, soledad en llamas que todo lo concibes sin crearlo". Sí, parece mentira, pero nosotros que queremos escribir, en ocasiones no hacemos más que pensar y pensar y ahí nos quedamos, anclados en la tierra de nuestras miserables vidas, en la riqueza de nuestros pensamientos. Si algo escribo, si un poema viene a mi casa, le daré hospedaje, le hablaré de ti y lo mandaré a Barcelona.
Miguel me amaba y yo lo sabía. Pero su amor fue siempre silencioso, porque él pensó que yo no lo amaría, y estaba en lo cierto. Solamente lo podía amar como a un segundo hermano. Lo amé mucho, Suso, a Miguel. Lo amo todavía. lo tengo dentro de mí, y oigo en mí su voz, vacilante por la marihuana. su voz que era toda una duda... lenta y triste. Miguel me acaricia, en sus cartas, furioso de piel y arena. Me dice flor y viento al oído.
Años después me escribió, es un placer recordarte, imaginarte ligera y activa; oler el perfume de tu piel blanca y tersa y ver, más allá de todas las fronteras, tu cuerpo frágil como un bambú; tus vestidos cálidos rozando mis brazos. Sí, te invento, y te beso y estoy contigo, siempre. He pensado, tú has estado en mí desde hace mucho tiempo, Gabriela. Cuando vivíamos allá nunca tuve ¿valor? de decirte lo que deseaba . Para mí ese deseo o deseos reprimidos llegaron a convertirse en una terrible tortura, Tal vez los dos teníamos deseos de hacer el amor, pero... tantas, tantas cosas, Gaby, tantas. Tú eres mi único consuelo y a quien le puedo confiar absolutamente cualquier sentimiento. Nos complementamos en algo que yo quiero llamar "espíritu", desdichas, sufrimiento, y sobre todo, nos queremos como somos, así, inciertos y enfermos, alegres y eufóricos, locos y racionales.
Así, Miguel años después, me hablaba, y me habla, me habla, Suso. Me dice el secreto que tuvimos, el secreto de nuestro amor. Nos queremos como somos, dice. Sí, es eso. Eso: eufóricos, y tristes, dice, sí. Inciertos y enfermos. Sí. Locos y racionales. Sí. Sí.
Miguel sabía que la nieve de mi foso, como lo llamaba Octavio, no se fundía... Y es curioso, me escribió una vez, esto, tres años después de haber ido: te envío este poema a ti, mujer de nieve, lucero eternamente encendido, te envío este poemita, con algo más que amor.

Si un día cualquiera llegaras a flotar
sobre las vísceras del infortunio
y logras, finalmente, respirar las voces medicinales
del silencio estridente,
entonces no habrá lamentación
no correrá más sangre amarga por tus venas,
no sabrá vencerte la tristeza,
y tus pulmones
como un valle soleado
darán cabida al viento que lleva estas palabras
hasta ti. Sombra en vuelo.

Miguel cuidó de Paulina con mucha ternura. Cuando yo salía a trabajar,
él la cuidaba, jugaba con ella, y le decía , mi princesita y Paulina Obregón tiene cola de ratón y de faisán y de colibrí...siempre le estaba haciendo poemas, y le dibujaba. Tenía muy buena relación con los niños, pues él lo era en cierto sentido. Había una persona muy importante en su vida, era su Maestro. Maestro, le llamaba él. Guiaba sus lecturas, era un amigo-mentor. Enrique, se llamaba, y tenía un hijo al que había puesto Altazor, como el poema de Vicente Huidobro. Miguel y Altazor tenían unas conversaciones, Suso... una cosa que era asombrosa. De veras. Miguel era un ser puro. Eso pienso. En él no había nada de mentira. Era todo él verdad.

Este poema me lo envió desde México, cuando me escribía, me escribía y me escribía y yo le escribía, le escribía y le escribía a él. Y aunque lejos, no estábamos lejos. Nos hablábamos por cartas, nos acompañábamos en nuestras soledades. Es de Li-Po. 618-D.C.

Yo soy como un melocotonero que floreciera en hondo pozo
¿Hacia quién puedo mirar y sonreír?
Tú eres la luna que reluce en el cielo.
Al pasar me miraste durante una hora;
luego, te fuiste para siempre.
La espada con la hoja más fina
no puede cortar el agua del río en dos
para que deje de correr.
Mi pensamiento, como el agua del río,
corre y te sigue siempre.


Así Miguel se hace presente en mí, hoy a través de sus palabras y se lo confío a usted, se lo confío como como cosa mía, sabiendo que usted, al leerlo, también lo amará. Lo querrá . Lo entenderá. ¿No es cierto?

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01/05/2005 16:03 #. Tema: Mis relatos No hay comentarios. Comentar.

Jani

olas.jpgJani se preparaba para ir a la Preparatoria . Le preocupaba solamente una cosa ¿qué me voy a poner? Pero ésta no era una pregunta frívola, como puede parecer a primera vista, porque no era que Jani tuviera una armario tan repleto que no supiera elegir si la falda marrón, si el vestido burdeos, si la camisita a cuadros, si...porque Jani no tenía nada, absolutamente nada que ponerse. Nada que pudiera llamarse ni falda, ni blusa, ni vestido ni pantalón. Todo lo que tenía esa chica alta, morena, fuerte, de cabellos muy rizados, de aspecto casi africano, eran harapos. "Toda su ropa" era expresión hiperbólica, que definía sus magras posesiones. Porque a Jani hacía cuatro años que nadie le compraba nada. No había dinero. Sus zapatos estaban rotos. En las suelas había unos agujeros, y por más que varias veces se habían pegado, las puntas se desprendían inevitablemente cada poco tiempo. Pero a Jani eso no la amedrentó, ya que era una chica decidida. Bajó la escalera de madera que comunicaba su habitación con el resto de la casa, y de un montón de ropa usada y ropa vieja y ropa sucia, extrajo un vestido rojo, un vestido de raso brillante, que había sido de la madre. Un vestido de baile que no estaba roto, solamente muy viejo, y se lo puso. Y con ese vestido rojo se fue a la Prepa 6. Y así, con sus zapatos rotos y su vestido de raso rojo de fiesta de los años 50, la conocí yo a Jani.

Sonia Alejandra, qué nombre tan bonito...parece el nombre de una heroína rusa. Con estas palabras la recibí yo aquella mañana de nuestro ingreso en la Preparatoria. Me acerqué a ella por instinto, como me pasa siempre, que intuyo al gemelo, al hermano, a la hermana...Habíamos tenido una clase de Historia del Arte. Le habían preguntado si sabía qué obra famosa había pintado Leonardo da Vinci. Jani había dicho, Leonardo da Vinci pintó la Piedad. Mi manita de precoz amante del arte debió levantarse, presurosa y muy segura. Cuando la maestra dijo ¿alguien sabe en qué se equivocó aquí su compañera? yo, con mi dulce vocecita, respondí, Leonardo pintó la Última Cena, La Gioconda... La Piedad es una escultura, y es de Miguel Ángel.
Jani pensó ¡ Esta pendeja, hija de la guayaba !...Jani comenzó odiándome. Al poco de terminar la clase, sin embargo, ya éramos amigas. Ella medía 1.75 y era muy , muy, muy brava . Pero como todos, ese primer día de clase se había sentido intimidada al entrar a la Preparatoria de Coyoacán. Sonia entró allí desafiante, con su cuaderno, su lápiz y una goma de borrar. Cientos y cientos de jóvenes en los patios, y ella con su vestidito rojo de raso. Muchos se rieron de ella, pero ella les mentaba la madre, chinga a tu madre... otros, simplemente la miraban. Pero ella continuó caminando hasta llegar al aula del grupo C-106.
Desde ese día, Jani y yo fuimos amigas, aliadas. Aprendimos mutuamente la una de la otra.
Sonia o Jani se había criado en un barrio proletario, bueno, casi lumpen de la Ciudad de México: la Colonia Portales. Colonia de mala fama, de burdeles y cantinas, de atracadores y malvivientes. Cuando la visitaba, y eso lo hacía muy frecuentemente, tenía que ir pasando por encima de chicos desmayados, chicos inconscientes, chicos drogados. En el portal de su casa, ahí tirados, siempre había varios. Los de las pandillas eran amigos de sus hermanos: los famosos "Nazis" de la Portales. Pasaban con sus motos, nos saludaban. Jani vente a una fiesta, te traes a tu amiga, y Sonia, vete a la chingada, pendejo, yo no voy a tus pinches fiestas. Jani era muy suya.
Su madre tenía una tiendecita que era como del tamaño de un armario, en la que vendía hilos, agujas y forraba botones y cinturones. Se llamaba Teresa y se había casado con el papá de Jani, que no hacía nada , aparte de beber y pegarle, porque él había decido enamorarla después de que la hermana de Teresa le despreciara. Y siempre la discusión comenzaba rememorando esa historia, pues si yo ni te quería a ti, la que me gustaba era tu hermana.
Los padres de Jani, entre paliza y paliza, habían tenido muchos hijos: Rubén, Sonia mi amiga, Edison, Griselda, Mauricio, Ludivina. Vivían en ese terreno enorme, que alquilaban como desguazadero de coches, en una chabola de madera.
Yo nunca había visto antes una casa con el suelo de tierra, con las paredes de cartones y de maderas juntadas, con agujeros por todas partes. El "segundo piso", era el cuarto de Jani. Se subía allí con una escalera de mano de madera, como las de los albañiles. Estaba llenos de agujeros, por todas partes.
Una vez que me quedé a dormir, me quedó un ojo totalmente hinchado, porque el agujero de la pared daba justo en mi ojo... y se me resfrió. Fue graciosísimo, y Jani y yo nos reímos mucho cuando ella tuvo que coger las gafas negras de Edison para que yo pudiera ir a la Prepa. Porque con ese ojo hinchado... ya ve ¿cómo iba a ir?
Jani se ocupaba de sus hermanos, porque la madre además hacía títeres y los vendía en los mercados. Cuando cerraba la tiendita, se iba con sus muñecos a vender. Así que Sonia cocinaba, lavaba, planchaba y barría. Y por eso, cuando yo tuve a Paulina, ella de un escobazo lo ponía todo en orden, porque era una experta en labores del hogar hechas a mil por hora. Coser y cantar era arreglar mi casa para ella.
Cuando yo la conocí, la hermanita chiquita, Lidu, era una nenita de cinco años, rubita, preciosa. Sonia la llevaba siempre cargada en la cadera. Íbamos con ella de paseo por la Portales. Era muy chiquita, estaba enferma. Siempre se reía, pero no se sostenía casi sobre sus delgadas piernitas.El cuellito tan blanco le caía sobre el pecho, pero era una niñita feliz, que gorjeaba como un pajarito. No sabe cómo adorábamos a Lidu. Sonia le decía , mi muñequita, mi muñequita linda, mi reinecita, mi vida.
Rubén, el hermano mayor, ya hacía su vida aparte. Casi nunca lo ví. Edison era un pandillero. Se peleaba cada día. Venía sangrando, pero no se drogaba. Solamente fumaba marihuana, pero nada más. Edison tenía un espíritu curioso. Era un chico violento y a la vez hipersensible. Capaz de entusiasmarse por el arte o por la filosofía con un ímpetu que daba hasta miedo. En esos momentos, cuando tenía unos 14 años, se lanzaba como en picado hacia su perdición. Hacia allá iba, como casi todos los muchachos de la Portales, pero no contaba con Sonia, que detuvo su caída a base de encerrarlo, de pegarse con él, de llorarle, de suplicarle y de darle de bofetadas. Finalmente, Sonia consiguió sacar adelante a toda esa tropa. Todos se salvaron del destino que la Colonia Portales parecía tenerles preparado. Y fue Sonia solita quien lo consiguió. Porque ella...uf. Si hay alguien en este mundo fuerte, ésa es Sonia Alejandra Pérez Gómez.
Es la única mujer que he conocido, aparte de mi prima Paloma, a la que he admirado de verdad. La admiro a fondo, no solamente por su inteligencia tan aguda, tan agresiva, tan despierta, tan siempre buscando nuevas cosas que aprender, sino por su fuerza de carácter, porque ha podido con todo, como una mujer bíblica. Y porque una vez subida la cima del éxito, cuando era superjefa en la Subsecretaría de Pesca, se bajó de la montaña, porque no se reconoció. Se fue a Saltillo, compró un huerto y volvió a lo suyo, a los suyos, a aglutinar a su alrededor a los hermanos desperdigados por la República, y a cultivar sus manzanas, a tener sus abejas, a sacar miel. Volvió a su vida de pobre, pero rica en experiencias, en proyectos... Sonia, fue y es mi amiga. Y ella me enseñó que nada es demasiado difícil si se tiene valor en esta vida.
Por mi parte, le enseñé un mundo para ella desconocido. Cuando ella entró en el departamento de la Torre Tollán y vio aquel piano, y la alfombra, los cuadros. Era un piso modesto para mí. Para ella, un palacio. Allí le enseñé a escuchar la música: a Beethoven, a Mozart. Con Octavio fuimos a los conciertos, a los cines, a ver las películas que ella nunca habría visto. Le enseñé la poesía, le leí muchas obras, a Kafka, mientras se las leía a mi abuelita, a Lezama Lima, a Borges. La eduqué y ella me educó. Cuando me casé, ella venía, como le dije, casi diariamente a casa. Una vez le compré unas botas, porque sus zapatos estaban muy gastados. Para mí eso no fue importante y lo olvidé. Y hace unos años, cuando nos vimos, me dijo, ¿te acuerdas de las botas que me compraste? Nunca había tenido unas, todavía las guardo, fuiste para mí como una madre, como una hermana.Esas botas me hicieron feliz, me hicieron sentirme linda...
Cuando mi papá se fue a Acapulco, ella estaba viviendo en aquel piso okupado y me fui con ella. Recuerdo que yo me encerraba en el cuarto con Paulina porque había tanto humo, que sólo con respirarlo, ya te drogabas. El humo de la marihuana produce unos efectos espantosos, unos dolores de cabeza... una sensación muy desagradable. De pronto oí voces y salí, fui a la sala. Todos estaban asustados. Eran como las dos de la mañana. Y allí estaba Sonia, medio inconsciente, que me decía, adiós, Gaby, me voy... mira qué lindas las estrellas, me voy allá. Y me dio miedo, que se fuera a perder de verdad, por allá arriba, en un sueño narcótico. La llamé y la sacudí y bajó hasta mí. Volvió a la realidad. La abracé con tanta dicha como no puede imaginarse. ¡Qué sola me hubiera sentido sin ella!
Sonia estudió Biología y se especializó en Acuacultura. Mucho tiempo después, cuando yo volví a México, después de cinco años en España, iba yo caminando por la Colonia del Valle, iba de espaldas a ella, y ella pasó con el coche y me vio caminar, me vio de espaldas, le digo, y me reconoció. Bajó, nos besamos, nos reencontramos. Nos volvimos a hermanar. Sus aventuras son incontables. Sus negocios, sus proyectos, casi delirantes. Ella sola ha hecho y deshecho plantas de cría de langostinos en el desierto, se ha peleado con las mafias de allá...y les ha ganado, les ha dado miedo Sonia Alejandra. Es usted mucha mujer, le dijo uno de esos mafiosos, haga lo que quiera y váyase a ... Ha montado `plantas de piscifactorías en Michoacán, en Janitzio, en Pátzcuaro...ha cargado ella solita sus cajas de manzanas, ha cultivado su inmenso huerto ella sola, ha desafiado a las autoridades por no querer poner insecticidas del GATT. Ha desviado miles de litros de agua por segundo...En fin, es como un Hércules femenino...Ha tenido imprentas...ha escrito panfletos anarquistas...ha organizado escuelas infantiles para niños sin hogar...ha tenido varios amantes y a todos los ha dejado porque se le quedaban chiquitos, casi enseguida. Tuvo una hija con un español exiliado, y la tuvo ella sola y sola la crió. En fin. Mi amiga Sonia...
Le diré: Rubén es ingeniero agrícola, Edison, actor y escritor, Mauricio, músico y profesor del Conservatorio; Griselda, médico, y la pequeña Liduvina... es bióloga también.Va en su silla de ruedas, allá en la Baja California, se casó. Sigue tan linda con su melena rubia, tan dulce como siempre.
Finalmente, los padres de Sonia se divorciaron. Él comenzó una nueva vida, junto a una nueva esposa. Estudió inglés. Se convirtió en profesor de inglés en Chapingo, una universidad técnica que hay allá, de bastante prestigio... la madre puso un teatro de títeres. Se hizo bastante famosa. Viajó con su espectáculo hasta Europa. Una familia rara. Muy rara. Extraordinaria. Entre el frenesí de la locura y la genialidad. Gente con un entusiasmo casi patológico. Gente maravillosa que me gustaría que pudiera conocer. Porque si se lo cuento parece mentira... tendría que oír a Mauricio tocar... a Edi hablar del arte... haber visto esa chabola...para entender. Pero ellos existen. ¿No es maravilloso?

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01/05/2005 16:11 #. Tema: Mis relatos No hay comentarios. Comentar.

06/05/2005

Luchino Visconti y "Ludwig"

_Ludwig2_Visconti_DVD-D-3.jpgPor Gabriela Zayas

A principios de julio vi, con sorpresa, que habían programado el “Ludwig” de Luchino Visconti en los cines Verdi y fui. Constaté que entendía perfectamente el italiano (lo estudié en la facultad, “illo tempore”). Compré el DVD en Alemania (trae las versiones alemana e italiana) y he vuelto a verla. Trae dos discos, y en uno, un documental sobre Visconti. Me he acordado de mí. De mí como espectadora de esas películas. Cómo es esto de la edad. Uno va haciendo etapas inadvertidamente: va acumulando. Puedo ver hacia atrás, las mías.
Los primeros años, a mis 16. Todavía virgen o casi, en cuanto al cine (y en cuanto a casi todo). La Cineteca de la Universidad. Se llamaba el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), en la zona de Copilco. Octavio y yo solíamos ir los domingos. Después de las proyecciones había debates. A Octavio le encantaba Visconti ( además de Mónica Vitti), así que creo que la primera película que vi en la Cineteca fue “Rocco y sus hermanos”. Luego, con “El Gatopardo”, recuerdo a Octavio anticipándose a aquella hermosa entrada de la cámara de cine en la estancia de la villa del príncipe, cuando todos rezan el rosario. Y el aire que mueve la cortina, y la sobriedad de la familia entre aquella suntuosidad. Lo recuerdo diciendo: “Fíjate qué maravilloso comienzo”. Recuerdo la emoción de los dos (mía y de Octavio) cuando entra en el baile la hermosa Claudia, fresca, toda vestida de blanco: la nueva Italia entra con ella. Es uno de los momentos inolvidables de mi juventud, qué cosas.
Visconti, que es a la vez un comunista y un aristócrata, se convierte una vez más en el narrador de la decadencia, de la soledad y de la permanencia de los hábiles. “Que todo cambie para que todo siga igual”, creo que dice el Príncipe.
Después, vi “La tierra tiembla”, “Obsesión”, “Senso”, y más tarde “La muerte en Venecia”, “La caída de los dioses”, “Los malditos”, y ya en Barcelona, este “Ludwig” y luego, “El inocente”. Pero aquí de nuevo volví a ver “El Gatopardo”. Recuerdo que fui con Paulina. Así que he visto a Visconti en todas mis edades, en todas mis etapas, y en todas me ha hablado. El profesor, en “Confidencias”… qué gran personaje, qué fábula tan magnífica. El elegante, el solitario profesor, que confiesa a la absurda familia, tan corrompida, pero viva, que los ha llegado a ver como si fueran de su propia sangre.
Pienso que en Visconti todo gira alrededor de la soledad y de la solidaridad. Creo que son los ejes de la obra de Visconti. Esos dos polos. El amor por la belleza y la necesidad de lo humano, auque no sea bello, sino turbio, manchado e impuro.
En cuanto a “Ludwig”, estoy de acuerdo con mi amigo Óscar en que a "El Gatopardo" y a "Ludwig" les falta un cierto brío. Sin embargo, lo asocio con una característica que tienen ambas, y es que muestran un conflicto personal dentro de un contexto político y sociológico, y en el caso de "Ludwig", incluso psicológico. Eso implica dejar de lado la acción para mostrar las muchas caras de ese conflicto y todas las implicaciones. Es más un análisis que una descripción y por eso ambas películas transcurren concierta morosidad, perdiendo un poco de fuerza, pero ganando en profundidad.
La primera parte, hasta que se rompe el compromiso con Sophie y termina el "idilio" con Wagner, tiene el encanto de la ascensión, de la belleza y juventud de Ludwig, y no es tan expícita (excepto en las escenas con Sissi en el bosque o en la isla, cuando él le recita partes de Sigfrido o cuando ella le riñe por sus excesivos gastos), encuanto a la contradicción entre los ideales y la realidad que van a marcar la vida del monarca. Lo que me interesa mucho a mí es la aspiración que tiene de un mundo lleno de nobleza, belleza y poesía, y la dura lucha cotidiana contra la mezquindad, el interés económico y
erótico que subyace en los otros y en él, también.
Me resulta interesante cómo busca literaturizar y exaltar la vida ideal, a la vez que cae en brazos de seres anímicamente liliputienses.
Incluso Wagner le utiliza de una manera innoble, se aprovecha de él descaradamente para pagar sus deudas millonarias, para vivir como un pachá, para llevar a cabo sus proyectos megalómanos. Y aunque sea un gran artista, se comporta como un chulo. Yo creo que el gran amor de la vida de Ludwig es Wagner. Y ni siquiera él llega a cumplir
sus expectativas, porque se da cuenta de sus manejos, de sus engaños, de sus traiciones (me encanta la Mangano, qué extraordinaria está como Cosima).
Pienso que los diálogos con Sissi son especialmente lúcidos, por parte de ella. La forma en que analiza el porqué del "amor" de Ludwig hacia ella : porque es un amor imposible, por eso la ama. Así, no hay posibilidad de desilusión. Y cómo ella, aun sintiéndose identificada en cierto modo con él, le recuerda que por egoísmo no puede dejar de lado sus compromisos o gastar esas sumas exorbitantes a su capricho.
Las intervenciones de los ayudantes, del ministro o de los médicos aportan datos sobre cómo el gobierno de Baviera jugó con Ludwig, primero soltándole la rienda y después cómo, cuando le convino, apeló a la "locura" para apartarlo y constituir la nueva Alemania sin ese molesto lastre que constituía el final de la dinastía reinante desde
hacía tantos siglos.
En realidad, la "locura" consiste en buscar la belleza y la perfección formal e inventarse unos escenarios, vacíos de personajes, esps castillos alucinantes y anacrónicos, que por cierto pagaba de su bolsillo. Y planificar su vida imaginaria en medio de la soledad más absoluta. Vivir casi como un espectro y desdeñar el poder, la corte y los compromisos de su cargo. Pero no para vivir como un burgués o como un anacoreta, claro. Su prima hizo algo similar, pero no fue tan extravagante ni reinaba. Al ser solamente la consorte, Aunque fuera la consorte del emperador de Austria-Hungría, no fue tan escandaloso. A ella no la acusaron de loca. Aunque nunca fue buen vista, pero su rechazo de la vida que
le tocó vivir es similar a la de Ludwig, de ahí que él la considerase una especie de alma gemela.
Yo creo que el discurso de Visconti ( como he dicho antes), tanto aquí como en "El Gatopardo" y también en "Confidencias" y en "La muerte en Venecia", es precisamente el de un aristócrata que ama la belleza, el lujo, la poesía y el arte, pero que muestra la necesidad que tenemos todos de "descender" a lo humano, porque nadie puede
privarse de los demás. Y creo que el problema de Ludwig es ése precisamente, que a pesar de sus esfuerzos por desprenderse de la vulgaridad del mundo, no puede dejar de lado lo humano; lo que necesariamente lo enfrenta con la mezquindad, la avaricia, la ambición de todos los que entran en contacto con él. Porque no va a encontrar a
nadie que le ame por sí mismo. Y el amor de él a los demás es un amor ficticio, como le señala Sissi : un amor que en realidad desea no encarnarse, no ser realidad.
Entonces la tragedia radica en la imposibilidad de vivir el sueño de la sublimidad.
Y por eso Ludwig abdica y muere, o se deja morir o se suicida. No se resiste, ni intenta, después de tener a todo su gobierno en sus manos, salvarse. Porque no existe esa salvación. Ir a Munich, ser un gobernante: no es eso lo que quiere. Quiere seguir en sus castillos y que lo dejen solo. Y sabe que ya no es posible.
Es una parábola muy hermosa, y lo es más si consideramos que es histórica. Y también el final del estado de Baviera, la absorción de los estados nacionales alemanes para formar la Gran Alemania. Todo eso es apasionante. El triunfo del pragmatismo sobre el romanticismo. Y los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial.

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06/05/2005 18:57 #. Tema: Cine No hay comentarios. Comentar.

12/05/2005

La quadratura del cercle (Documental)

Cuadratura.jpg

Mostra Internacional de films de dones
SECCIONS
FEMINISMES
La quadratura del cercle
Diumenge dia 12, 20,15 h - Sala B
Dijous dia 16, 18 h - Sala B

2005, Espanya
47 minuts

Combinant imatges d’arxiu i entrevistes, el film és una crònica dels esdeveniments més significatius de les lluites feministes dels anys 70 a Tarragona, i per extensió a Catalunya. A partir de la intersecció dels materials de l’època i del testimoni directe i actual d’algunes de les protagonistes, membres i fundadores del Bloc Feminista de Tarragona, que expliquen i valoren les seves experiències durant aquests anys contrastant-les amb el present, es rescata un fragment de la història del feminisme del nostre país. De forma amena i gens tòpica, aquest documental, fet per un col·lectiu de dones joves, permet comunicar a les noves generacions la potència dels continguts del feminisme emergent i el seu poder de transformació social.

Les filles de Lilith
La col·laboració entre Sara Alcina, Ariadna Costa, Caterina Mas, Anna Mercadé i Joana Zapata comença amb La quadratura del cercle, que constitueix la seva primera incursió en el camp del cinema documental. Les cinc realitzadores catalanes són estudiants de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, on actualment finalitzen els seus estudis de Filologia i Comunicació.

12/05/2005 18:57 #. Tema: Cine documental No hay comentarios. Comentar.

31/05/2005

Isadora Duncan y Sergéi Yesenin

duncan_1.jpg“Isadora Duncan y Sergéi Yesenin”
Carola Stern
Muschnik editores.
Barcelona, 2001

Por Gabriela Zayas.
Fascinante historia de dos artistas revolucionarios: Isadora Duncan, la mítica creadora de la danza moderna (indispensable su autobiografía: “Mi Vida”), y el poeta ruso por excelencia Sergei Yesenin.
Por separado, la vida de Isadora ya es de por sí materia novelesca: su bohemia infancia y juventud, sus danzas semidesnuda y descalza, su sueño de reencarnar la naturaleza en el movimiento, su fe en el amor libre, la muerte de sus pequeños hijos, precipitados dentro de un coche en el Sena. Sus éxitos mundiales. Su extraña muerte en Niza, a bordo de un Bugatti descapotable, estrangulada por el largo y vaporoso “echarpe” que abrazaba su cuello. El mundo mitológico de Duncan es el mundo de Sarah Bernhardt, de Diaghilev, de Bernard Shaw: un mundo desaparecido, donde las “celebridades” eran artistas verdaderos, cuyas aportaciones hacían del arte de su tiempo un campo de experimentación.
Isadora Duncan, ya en su madurez, busca en la Rusia revolucionaria el aliento de su propia lucha: un arte por y para el pueblo, alejado de las convenciones de lo clásico: nuevo, orgánico y libre, como la propia sociedad que (sueña) está naciendo en la nueva Rusia.
Ahí encontrará al ángel rubio, mezcla de campesino rudo de la estepa y de Rimbaud atormentado que era Sergéi Yesenin. Diecisiete años más joven, gamberro, destructivo, borracho y maltratador, pero poseído por las musas. Probablemente bisexual, sus excesos con el alcohol y una posible epilepsia le equiparan con otros creadores como Dostoievski, Edgar Alan Poe, Scott Fitzgerald o Jack London, pero su poesía lo coloca en el olimpo de los grandes poetas rusos como Pushkin, Gogol o Máximo Gorki, quien le admiró profundamente. En él, Isadora encuentra el hijo que perdió y el amante mudo que todas hemos soñado. La pasión entre ellos se produce sin que puedan intercambiar palabra: Yesenin no habla ni francés ni inglés ni alemán. Duncan no conoce la lengua de Tolstoi. Así que, impelidos ambos solamente por la sexualidad o por el instinto, vivirán una pasión llena de altibajos: ternuras y violencias, cuidados y maltratos. Tiranías y dulces retahílas sin sentido. Viajan por Europa: París, Berlín, Venecia son algunos de los escenarios en que Yesenin, torturado, destrozará muebles y cuadros en las lujosas suites de los mejores hoteles como cualquier moderno cantante de rock, mientras Isadora paga las facturas y mece a su niño una vez pasada la turbiedad de la borrachera y del “delirium tremens”
Finalmente, la vuelta a Rusia y las palabras de Duncan “He devuelto el niño a su patria y ya no tengo nada que ver con él”. La renuncia de Duncan acendrará la tortura del poeta que, tras diversas angustias (duda de su importancia como poeta, duda de la importancia de la poesía en un mundo tal), terminará suicidándose, no sin antes escribir con su sangre un último poema:

Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto.
Te llevo, querido mío, en el corazón
Esta separación predestinada
Nos promete un encuentro en algún otro lugar.

Hasta pronto, amigo mío, no sufras, no te lamentes.
Sin estrechar tu mano me voy y sin palabras.
En la vida, morir no es nada nuevo.
Ni es nada nuevo vivir.

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31/05/2005 20:10 #. Tema: Biografías Hay 1 comentario.


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