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Leviatán, de Paul Auster

Leviatán, de Paul Auster

 

El hecho de que el leviatán esté presente en aguas dulces y saladas hace pensar que, tal vez sean dos seres distintos, pero con el mismo nombre. O tal vez exista un leviatán de río y otro de mar.

Por Gabriela Zayas

Peter Aaron, traductor y escritor (como el propio Auster), escribe a contrarreloj la historia de un hombre que ha estallado en pedacitos junto a la bomba que manipulaba: su gran amigo Ben Sachs, autor de “El nuevo coloso”. Ese final tormentoso, dramático, había sido presentido por Aaron, porque él “había dicho lo suficiente como para convencerme de que tenía graves problemas, de que se estaba precipitando hacia un oscuro e innombrable desastre”. Esta novela cuenta la historia de los 15 años de amistad de Aaron y de Sachs y también la historia bifurcada y coincidente a trozos, de cada uno de ellos y de las mujeres que cruzan sus vidas dejando una huella. Pero también la historia de dos formas de enfrentarse a la literatura, formas antagónicas. La lenta, dura, trabajosa de Aaron, en lucha contra las palabras que se resisten a seguir un camino recto entre sus pensamientos y su pluma y la fácil, directa, asombrosamente productiva de Sachs, dotado para escribir con la misma facilidad que habla. Capaz de encontrar extraordinarias coincidencias (azares) que conforman la historia o las historias que narra. Aaron y Sachs son las dos caras de una misma historia. La cara y la cruz en casi todos los hechos de su vida.
Aaron fracasa en su primer matrimonio con Delia, mientras Sachs y Fanny se quieren, complementan y conviven con total armonía. Pero Aaron había conocido, se habia cruzado con Fanny muchos años atrás, y está también enamorado de ella. Su belleza, su gracia tranquila, su silenciosa presencia (siempre unida a la de Sachs) se convierten en un faro mientras su vida, su matrimonio, su divorcio, su precaria situación económica hacen crisis. Ante ella, Aron es otro, se hace otro, ocultando su amor a todos, menos, por supuesto, a Fanny. De modo que ambos, Aaron y Sachs, aman a la misma mujer. Al mismo tiempo, Aaron mantiene una relación con uno de esos personajes típicamente de Auster: Maria Turner, mujer artista que investiga con fotografías, textos, entrevistas, y que inventa proyectos indagatorios sobre la condición humana no sin cierto peligro. Personaje al que le une una relación fundamente sexual y de ternura, pero no amorosa, mientras Sachs, en California por esos días, la mantiene con una chica llamada Cynthia.
Luciana Armanini describe algunas de las claves de este movimiento de Auster entre sí mismo y su ficción: “Un escritor real (Paul Auster) escribe una novela sobre un escritor (Peter Aaron) que cuenta sobre la vida de otro escritor (Benjamín Sachs). Encontré aquí un juego de espejos y anagramas, donde los nombres y las situaciones se reflejan. En esta ficción, Peter Aaron, que las mismas iniciales que Auster tiene una esposa llamada Iris y la de Paul Auster se llama Siri. Ambos tienen un hijo de un matrimonio anterior, el de Auster se llama Daniel, y el de Aarón, David.” Primera página:Paul Auster:Vida y obra (literalmente)
Aparte de estas observaciones, que son interesantes, hay que decir que mientras Auster escribe la historia que escribe Aaron sobre la historia de Sachs y la suya propia, los agentes del FBI, que visitan a Peter Aaron al principio de la novela, también escriben la historia del hombre que murió junto a una carretera de Wisconsin mientras manipulaba una bomba, y la historia del hombre (Peter Aaron) cuyas iniciales y teléfono encontraron en uno de los bolsillos de ese hombre. Ellos también escriben las dos historias que se bifurcan y se unen, meticulosamente como hace Aaron, todos con la finalidad de buscar la “verdad” sobre el personaje de Sachs o. para los del FBI, del hombre que murió manipulando una bomba.
De este modo, una vez más, las historias se multiplican y el azar vuelve, insistente, pero nunca monótono, a ser el centro neurálgico de las ¿ficciones? de Auster. La aparición en la vida de Peter Aaron de Maria Turner, introducirá, en la vida de Sachs, a un personaje decisivo para el tremendo final de la histria de Sachs: Lillian Sterne. Lillian, antigua amiga del alma de Maria, prostituta encontrada por azar (claro) por ésta y casada posteriormente, vive en California con su marido, un catedrático al que conoció también por azar, cuando sustituía la vida de Maria Turner (cumpliendo uno de los proyectos artísticos de ésta).
Publicada en 1992, esta obra de Auster se sitúa entre “La Música del azar”(1990) y “Mr Vértigo” (1994), “Leviatán” sigue la pauta bien conocida de Auster como autor, con sus mismas hermosas reflexiones sobre las palabras, los libros, la literatura. Sentencioso a ratos, y otras pletórico de historias, Auster no abre ni cierra sus ficciones, como dice Armanini, sino que abre puertas y más puertas en ese laberinto inacabable que es su imaginación. Esa inagotable capacidad de fabular que encanta e hipnotiza a sus lectores.

Méliès, pintor y dibujante

Méliès, pintor y dibujante

Motivada por el muy acertado artículo que Óscar ha dedicado al cine de Méliès en su página web El Parnasillo, compré el DVD del pionero francés. Hay muchísimas cosas del cine que ignoro, y mi amistad con Óscar afortunadamente me da este tipo de sorpresas, aunque me dé otras también, menos encantadoras.
Al ver la obra de Méliès con detenimiento, (claro que había visto fragmentos antes, como todos, pero sin prestar demasiada atención), me he dado cuenta de la tremenda carga de industriosidad y de trabajo en sus obras. Todo el proceso de hacer cine artesanalmente es asombroso. La cantidad de trabajo que se tomó Méliès, las horas que invirtió y el talento...
Méliès debió sentirse poseído por ese espíritu mortal de la pasión compulsiva, que hace que uno se dedique exclusivamente a algo a todos horas, poseído del espíritu de la creación: espíritu mordaz y cruel la mayoría de las veces, que pide siempre más, y más, y que termina consumiéndonos. En su caso, ese algo era un montón de cosas cuya finalidad era conseguir unos cuantos metros de película. Para ello, Méliès dibujaba, diseñaba, cortaba y pintaba unos decorados absolutamente impresionantes, tomando en cuenta la perspectiva y las dimensiones del estudio donde grababa, el diseño del vestuario y su manufactura, la utilería y la tramoya (sacados, no me cabe duda, de los hallazgos del Versalles de Luis XIV, tan revolucionarios en su tiempo), la elaboración del guión, la actuación, la edición, y finalmente, el coloreado de los fotogramas.
No sólo resulta un trabajo hercúleo por su diversidad y por su extensión, sino también por la belleza conseguida.
Como pintor, Méliès me ha alucinado por su destreza, su creatividad y su imaginación. Toda en blanco y negro, usando todos los matices de grises, la obra pictórica de Méliès resulta importante por sí sola. Y supera, con mucho, lo que podríamos llamar una excelente escenografía. Sucede en menor medida con los dibujos de Bécquer: resultan asombrosos porque no se trata de un talento aislado, sino porque viene envuelto en otro u otros talentos igualmente sobresalientes.
Ese trabajo de Méliès, cuya finalidad era únicamente formar parte de la película, un trabajo que como pintura era fugaz, aunque como escenario estuviese destinado a perdurar, me conmueve. Ese espacio lleno, esas palmeras, esos riscos, esos edificios, hasta esas mesas y sillas cuasi surrealistas de puro poéticas: esa otra verdad del arte, no fotográfica sino evocadora, apabullan por su cantidad y por su poder metafórico. No me extraña que para sus creaciones, que eran pura imaginación, pura creación emocional, Méliès desdeñase casi siempre los decorados realistas. La realidad nunca puede sustitir la sugerencia que da el arte, Y arte son sus pinturas y dibujos, sus escenarios y sus fondos.
Os recomiendo revistar Méliès, ese genio de la pintura y del movimiento. Precisión y poesía son sus características principales.

Banda sonora y otros detalles de

Banda sonora y otros detalles de

YES es la historia del amor apasionado entre una mujer americana (Joan Allen) y un hombre del Oriente Medio (Simon Abkarian) en la que se confrontan los principales pilares de nuestras civilizaciones: los temas religiosos, políticos y sexuales.
Sam Neill encarna el papel del traicionado y traicionero marido de la protagonista que se dedica a la politica; Sheila Hancock es la querida tía que comparte la vida con la familia americana, mientras que Shirley Henderson encarna a la criada filósofa que es principal testigo de la suciedad y destrucción que los amantes van dejando tras de sí, desde Londres y Belfast hasta Beirut y La Habana.
Aunque la última película de Sally Potter,“Yes,” apenas se ha estrenado en el Reino Unido y Estados Unidos a finales de junio, he conseguido la banda sonora.
De todos es sabido que la música en los films de la multifacética artista inglesa es uno de los elementos más cuidados. Ésta no es la excepción. Potter incluye también temas suyos, como suele ser habitual, esta vez “Pink shoes” y “Run” en versión de Fred Firth.
Sobre la música de “Yes”, Potter ha escrito lo siguiente:
“Cuando escribo un guión de cine me encuentro escuchando una y otra vez alguna pieza de música. Algo en esa pieza me guía hacia donde estoy tratando de llegar o se hace eco de alguna cualidad que posee la materia que me ocupa a medida que va emergiendo. En el caso de “Yes” esta pieza fue “Paru River” (Río Paru) compuesta por Philip Glass y tocada por el grupo brasileño Uatki. Ya que este guión está escrito en verso, deben haber sido inspiradores los insistentes ritmos de “Paru River”, que resonaban tan fuertemente, o tal vez la razón reside en su nombre, porque el lenguaje del film está construido para fluir, como un torrente de conciencia cinematográfico.
No sabía qué cantidad de música iba a soportar este film una vez terminado, aparte de la “música” del verso. Me llevó algún tiempo encontrar el equilibrio necesario en la etapa de post-producción. Pero al final, las piezas elegidas (o más bien, encontradas, por el método del ensayo y el error: un proceso intuitivo) parecieron establecer un diálogo con la imagen: algunas veces entrando con energía en la escena, otras, en contra de ella. Aún así, el eclecticismo aparente de la elección, que va de Chopin a Satie –reinterpretado por Claude Chalhoub, o Café Tacaba con el Cuarteto Kronos (y el “Paru River” intercalado varias veces), tiene su propia lógica interna.
Algunas de las piezas reflejan los diferentes mundos habitados por los personajes (de los interiores ingleses a las calles de Beirut y de La Habana) o su sueños secretos (Sam Neill tocando un guitarra imaginaria ante B.B. King y Eric Clapton. Hay una mezcla, un mestizaje entre las claves de Oriente y Occidente que inciden en los temas clave de la película. Por ejemplo, el arreglo dinámico que Gonzalo Grau ha hecho de “El Carretero”(un son cubano) tocado con un “duduk”, un instrumento de madera de origen armenio que tiene una historia de más de mil quinientos años. Y en todos los temas hay una sensación de fluidez acuática, una especie de anhelo.
Osvaldo Golijov se interesó generosamente por la música elegida por mí una nevada Navidad, en Boston, y me sugirió la adición de la preciosa música de Gustavo Santolalla. Tom Waits y Kathleen Brennan me dieron amablemente su permiso para introducir un nuevo arreglo de su exquisita “Fawn” para la última escena del film. Para las piezas que iban a ser grabadas especialmente para la película colaboré (por cuarta vez) con el inimitable Fred Firth.
A todos los músicos y compositores que aperecen en esta banda sonora agradezco su musicalidad, su generosidad y su ayuda”.
(traducido por Gabriela Zayas de la solapa de “YES” Edgemusic/Deustche Grammophon) 2005

Pedro De Lille Aizpuru y el "El corrido de Chihuahua"

Pedro De Lille Aizpuru y el "El corrido de Chihuahua"

Mi tío Pedro De Lille, locutor pionero de la radio y de la televisión en México, tuvo una vida fascinante; le tocó descubrir y "bautizar" a muchos famosos mexicanos, como Agustín Lara "El músico poeta", Emilio Tuero " El barítono de Argel", Pedro Vargas "El samurai de la canción"...era su especialidad, inventarse un epíteto original, poético y a veces disparatado (por ejemplo, Tuero no era barítono...ni por supuesto, de Argel. Por su parte, mi tío era conocido con el apodo de "El príncipe azul", en parte por su programa, "La hora azul", y porque llamaba a sus oyentes "mis princesitas azules". De niña yo me hartaba de explicar a toda mujer que se me cruzaba, que sí, que yo era sobrina del guapo "príncipe" que las había seducido(platónicamente, se entiende), en sus juventudes ya lejanas, con su tersa y seductora voz (mi tío también era conocido como "El caballero del micrófono").Entre las anécdotas más curiosas de su vida, me gusta resaltar que es el autor de la letra del famosísimo "Corrido de Chihuahua", a pesar de que él nació en Guanaceví, Durango, pero toda la familia era del "mineral del Parral", como bien dice la canción. Mi tía, su esposa, asimismo era chihuahuense (que no "chihuahueña").
Aquí pongo la letra, muy bonita. La música es de Felipe Bermejo.

Yo soy del mero Chihuahua
del mineral de Parral
y escuchen este corrido
que alegre vengo a cantar.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Eres mi tierra norteña
india vestida de sol,
brava como un león herido
dulce como una canción.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Lindas las noches de luna
alegradas con sotol
que por allá por "La Junta"
me paseaba con mi amor.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Las fiestas de Santa Rita
del noble y viejo real
que tienen sabor añejo
y alegría tradicional.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

La cascada Basaseachi
es como lluvia de plata,
donde me iba por las tardes
a pasearme con mi chata.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Para valientes mi tierra,
para manzanas el Valle,
asaderos Villa Ahumada
y de la sierra la carne.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Esas liebres orejeras
y los pinos de Majalca
y el gran ganado llamado
"Caras blancas" de Chihuahua.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Papigochi, pico largo
oro y plata del Parral,
las grullas y los venados
ésa es mi tierra natal.
¡Qué Bonito es Chihuahua!

Ya me voy, ya me despido
no se les vaya a olvidar,
pa' gente buena Chihuahua
que es valiente, noble, y leal

Las siete cabritas, de Elena Poniatowska

Las siete cabritas, de Elena Poniatowska

Se trata de un libro en el que la periodista y escritora mexicana expone, con su vitalista y coloquial estilo, la vida y milagros de siete mujeres mexicanas del siglo XX. Mujeres que fueron independientes, creadoras, rompedoras. Pintoras (Frida Kahlo, María Izquierdo, Nahui Olln), Escritoras (Pita Amor, Nahui,de nuevo, Rosario Castellanos, Elena Garro), y la bailarina y coreógrafa Nelly Campobello.
Probablemente, desde Europa sea difícil comprender cómo un país considerado el paraíso del machismo pudo permitirse a estas mujeres, que no son las únicas, ni mucho menos. Las mujeres mexicanas han sido grandes. México es revolucionario y dio paso a estas privilegiadas mentes y a estos corazones femeninos. Como los hombres, se llenaron de vida y murieron, como tantos artistas, devoradas por sus propios fantasmas, por la incomprensión del mundo ante su talento, o por la ancianidad, la muerte o la locura.
El libro, editado en España por la editorial vasca Txalaparta, es indispensable para conocer un poco de la historia (cultural y social) de México en el siglo XX.

De Pita Amor:

Dios, invención admirable
hecha de ansiedad humana
y de esencia tan arcana
que se vuelve impenetrable
¿por qué no eres tú palpable
para el soberbio que vio?
¿por qué me dices que no
cuando te pido que vengas?
Dios mío, no te detengas,
¿o quieres que vaya yo?

Pita Amor, que no amó a nadie más que a sí misma...

"Porque yo que he sido joven, soy joven porque tengo la edad que quiero tener. Soy bonita cuando quiero y fea cuando debo. Yo, que he sido la mujer más mundana y frívola del mundo, no creo en el tiempo que marca el reloj ni el calendario. Creo en el tiempo de mis glándulas y de mis arterias. La angustia hace mucho que la abolí. La abolí por haberla consumido".

Nahui Olin escribe a los 10 años:

"Soy un ser incomprendido que se ahoga por el volcán de pasiones, de ideas, de sensaciones, de pensamientos, de creaciones que no pueden contenerse en mi seno y por eso estoy destinada...
No soy feliz porque la vida no ha sido hecha para mí, porque soy una llama devorada por sí misma, que no se puede apagar. Protesto, a pesar de mi edad, por estar bajo la tutela de mis padres".

¿Sorprendente?
Maravilloso.

Elena Garro:

"Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga".

Leyendo este libro no puedo evitar pensar en mi abuela, María Aizpuru Álvarez, profesora de canto y de piano, mujer extraordinaria, a la que México ( y mi abuelito, Pedro De Lille Borja), dejaron ser y desarrollarse. Así,leyendo este libro, me encuentro memorizando, de nuevo, mi país.

Harry Potter y el príncipe mestizo, la última novela de la serie

Harry Potter y el príncipe mestizo, la última novela de la serie

Harry Potter and the Half-Blood Prince
J.K. Rowling
ed. Bloomsbury,
UK, 2005

Por Paulina Obregón Zayas

Aún no publicada en castellano, la última novela de la mundialmente famosa serie de J.K. Rowling ya está a la venta en España; se trata de Harry Potter and the Half-Blood Prince en su versión inglesa.
En esta penúltima entrega de Harry Potter se acentúan rasgos que ya ha desarrollado la autora anteriormente; Harry es leal, valiente y un poco imprudente, aunque menos bocazas que antes. Como saben todos los que conocen la saga, en este libro muere una persona cercana a Harry, lo que acentúa su soledad. Al parecer está destinado a perder a aquellas personas adultas en quienes pueda confiar. Y no voy a decir quién es el que muere...
Sus amigos le siguen demostrando su lealtad y son su apoyo y ayuda constante. Tras el fiasco sentimental que sufrió con Cho Chong, Harry se vuelve a enamorar, lo que le provoca los habituales problemas inherentes a esa situación: dudas, nervios y miedo. Aparentemente, Harry encuentra a una persona realmente especial y capacitada para compartir su situación, pero... a Ron y a Hermione les sucede lo mismo, al parecer.
Su enfrentamiento con Draco Malfoy se recrudece, porque éste le culpa por el encarcelamiento de su padre; a lo largo del relato observamos que Draco está realizando alguna tarea para Lord Valdemort dentro de Hogwarts, que desconocemos en qué consiste. Por lo que se refiere a Snape, la duda persiste en lo tocante a quién obedece: en este aspecto, el misterio se mantiene, aunque al poco de comenzar el libro se nos explica algo que nos hace dudar sobre la total confianza de Dubledore en él.
Dubledore está en este libro mucho más cercano a Harry y comparte con él sus conocimientos sobre Lord Valdemort. De esta manera, se nos explica una teoría sobre por qué sobrevivió el Señor Oscuro cuando la maldición asesina rebotó en Harry y le dio a él.
Y en cuanto a la identidad del príncipe mestizo, o sea el Half-Blood Prince...¡Realmente Rowling consigue sorprendernos!
La novela va cerrando las claves que ha venido abriendo...se acerca el final de la obra y comenzamos a ver la el final del túnel.
Os la recomiendo calurosamente.

José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco

Algunas veces, me gusta repasar aquellos poemas que me inflamaron el alma con ciertas emociones que podríamos llamar "atávicas", tales como el amor a la patria. Aunque ya sé que en España esta palabra tiene connotaciones de índole fascista, para un mexicano, "Patria" es una palabra sagrada y llena de emoción. Evoca luchas por la justicia que no por fracasadas dejan por ello de ser inmortales. Tierra, desde la cordillera hasta los mares. Árboles, desde el papayo hasta la jacaranda. Olores, el dulce olor de la panadería, como decia López Velarde y humedades de la selva tabasqueña.
En fin, hoy me apetece poner unos breves poemas de José Emilo Pacheco sobre estos temas:

ACELERACIÓN DE LA HISTORIA

Escribo unas palabras
y al mismo tiempo
ya dicen otra cosa
significan
una intención distinta
son ya dóciles
al Carbono 14
Criptogramas
de un pueblo remotísimo
que busca
la escritura en tinieblas.

ALTA TRAICIÓN

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

ÉXODO

En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.

FIN DE SIGLO

«La sangre derramada clama venganza».
Y la venganza no puede engendrar
sino más sangre derramada
¿Quién soy:
el guarda de mi hermano o aquel
a quien adiestraron
para aceptar la muerte de los demás,
no la propia muerte?
¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
a otros por lo que son o piensan?
Pero ¿cómo dejar impunes
la tortura o el genocidio o el matar de hambre?
No quiero nada para mí:
sólo anhelo
lo posible imposible:
un mundo sin víctimas.

Cómo lograrlo no está en mi poder;
escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento
de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo

con el cuenco trémulo de la mano
Mientras escribo llega el crepúsculo
cerca de mí los gritos que no han cesado
no me dejan cerrar los ojos.

INDESEABLE

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

José Emilio Pacheco (México, D.F., 1939) es poeta, periodista ensayista y narrador. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y allí inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la revista Estaciones, fue secretario de redacción de la Revista de la Universidad de México y de México en la Cultura, suplemento de Novedades, así como jefe de redacción de La Cultura en México, suplemento de Siempre.

Asimismo, dirigió la Biblioteca del Estudiante Universitario. Ha sido profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Se le han otorgado los premios Magda Donato, Nacional de Poesía, Nacional de Periodismo Literario, el Xavier Villaurrutia, el Malcolm Lowry para trayectoria en el campo del ensayo, Nacional de Lingüística y Literatura, 1992; y en 1996 el Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.

En Tarde o temprano recopila sus primeros seis libros de poemas: Los elementos de la noche, El reposo del fuego, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Islas a la deriva, Desde entonces, a los que han seguido; Los trabajos del mar, Miro la tierra, Ciudad de la memoria, así como un volumen de versiones poéticas, Aproximaciones.

Es autor de dos novelas, Morirás lejos y Las batallas en el desierto y tres libros de cuentos: La sangre de Medusa, El viento distante y El principio del placer.
Ha editado numerosas antologías como la Antología del modernismo y obras de muchos autores como Federico Gamboa y Salvador Novo. Entre sus traducciones figuran Cómo es de Samuel Beckett, De profundis de Oscar Wilde. Un tranvía llamado deseo de Tennesse Williams, a las que se han sumado en años recientes Cuatro cuartetos de T.S. Eliot y Vidas imaginarias de Marcel Schwob.

Historia de la Crítica Literaria de David Viñas

Historia de la Crítica Literaria de David Viñas

Por Sara Alcina Zayas

Ariel, Barcelona, 2002, (Literatura y Crítica).

Nos encontramos ante un manual de historia de la crítica literaria. El hecho de titularlo "Historia de la Crítica literaria" nos indica ya que nos hayamos ante un manual que se sirve de un ordenamiento cronológico de los datos y diversos contenidos, como el mismo autor advierte en su breve nota preliminar:"Esta obra se propone como objetivo primordial ofrecer una panorámica bastante completa de lo que ha sido la Historia de la Crítica Literaria en Occidente".En estas primeras palabras que abren la introducción encontramos la adscripción a una tradición literaria y cultural muy concreta: la Occidental, (que parece ser la única merecedora de aparecer en letras mayúsculas...)No es peraremos pues de la citada obra ninguna incursión, ni tan siquiera mención a la tradición oriental, pese a su importancia. A mi modo de ver Viñas sigue con la línea etnocéntrica adoptada por la mayoría de manuales que, como éste, presumen de tener un carácter universitario.
A continuación el autor justifica el punto de vista diacrónico aduciendo que este enfoque facilita un prisma multidisciplinar: "Una visión diacrónica permite advertir, cómo, efectivamente, las aproximaciones a la literatura se han hecho a menudo desde posiciones pertenecientes a otras esferas: a la Filosofía, a la Estética, a la Retórica, a la Ética, a la Política, a la Sociología, a la Lingüística, al Psicoanálisis. Y, por supuesto, también desde disciplinas propias del ámbito literario: desde la Historia Literaria, desde la Crítica Textual, desde la Teoría de la literatura, desde la Crítica Literaria, desde la Literatura Comparada."
Prosigue la nota citando a dos críticos literarios de prestigio que adoptaron a su vez este mismo criterio: René Wellek y el también poeta T.S Eliot.
La perspectiva diácronica, la mención a las distintas disciplinas en mayúsculas -y digo esto, literalmente-y en general el carácter marcadamente etnocéntrico del manual-aunque este rasgo cultural sea compartido por la inmensa mayoría de la producción manualística universitaria-, son grises frutos nacidos de la herencia decimonónica del más rancio positivismo.
En el índice, muy pormenorizado y bastante extenso (siete caras), se puede observar esa "multiplicidad" a la que alude el autor, tanto de autores como de escuelas y corrientes. Esto le sirve a Viñas también para seguir explicando el porqué de la diacronia: "Sólo la adopción de un sentido considerablemente amplio de la actividad crítica como el que aquí se postula permite englobar en una misma obra material tan heterogéneo..."
Respecto a los materiales y fuentes utilizados y el factor subjetivo que toda obra de estas características puede contener, obras en la que el estudioso en cuestión debe seleccionar los autores y fenómenos que considera más importantes para excluir otros, el profesor explica: "...ha tratado de atenuarse la inevitable subjetividad confrontando algunos de los más prestigiosos estudios y antologías de Estética y de Crítica Literaria en busca de coincidencias, en busca de aquellos textos unanimámente considerados esenciales en la historia de los estudios literarios."Todos ellos se hayan citados detalladamente en la bibliografía.
Formalmente, el manual está dividido en seis grandes capítulos que van desde la Antigüedad Clásica hasta la Crítica Literaria del siglo XX, pasando por la Edad Media, el Humanismo-ciclo clasicista, el Romanticismo y las tendencias de la crítica de la segunda mitad del XIX. Según el tratamiento de cada capítulo puede dividirse a su vez el manual en dos grandes bloques separados por la frontera artificial que marca el siglo XX, que ocupa una tercera parte de lo que es el grueso de la obra.
Los capítulos del primer bloque contienen una introducción más o menos general sobre la época, el contexto histórico, político, económico y en muy menor medida: social (atrás deja Viñas Piquer las historias marxistas de la literatura y el arte, que, aunque ya superadas, tanto han aportado a la Estética y a la Crítica en general). También nos habla del papel de la literatura en esas esferas y cita otros datos de interés contextual. A continuación se dedica una entrada orientativa acerca de la adscripción del autor que se comentará seguidamente.Y finalmente, en toda una serie de subcapítulos se desarrollan las ideas básicas contenidas en la obra del autor. En la trilla de esas ideas se consideran a lo sumo una o dos obras críticas de cada autor, sin profundizar en la producción menor de cada uno, si no es para mencionarla muy brevemente.
En el segundo bloque cronológico del manual se sigue la misma dinámica, pero en vez de tratar de autores individualizados como en la anterior, se profundiza en corrientes y escuelas donde se inscribe una mayor o menor variedad de autores, que se citarán o no según sus respectivos papeles en dicho movimiento.
La totalidad de los capítulos y subcapítulos están salpicados de citas o referencias a textos clave de la historia de la crítica; referencias que se pueden completar y en las que se puede ahondar con la ayuda del índice bibliográfico.
El manual es, en términos de estructuración de contenidos y de selección de autores y corrientes, absolutamente clásico. Maneja un lenguaje neutro, con un léxico estándar y poco especializado, lo que lo posibilita como lectura óptima para primeros cursos universitarios e incluso para un público menos específico. Aún así, en ocasiones, se extiende innecesariamente en adulaciones sobre la repercusión, prestigio e importancia de los autores tratados. Quizás sería más interesante entretejer con más firmeza las redes y el sistema de influencias entre los distintos temas y autores, trabajo que aportaría al manual la unidad y cohesión de la que en ocasiones carece.

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Obviamente, los niños salvajes, alejados de la sociedad o confinados por sus padres, nunca aprenden a hablar, pues en los años formativos no tienen quién les enseñe y el lenguaje no es una adquisición espontánea. Una vez descubiertos, los niños salvajes han corrido varia suerte, dependiendo de la profundidad de la carencia afectiva, social y/o lingüística que han sufrido.
El Dr. Itard escribió sobre Víctor:”Finalmente, viendo que la continuación de mis esfuerzos y el paso del tiempo no traían cambio alguno, renuncié a la necesidad de seguir intentando que Víctor produjera discurso, y abandoné a mi discípulo a su incurable imbecilidad”.

El experimento prohibido.

Consiste en no poder situar a un individuo en situación de aislamiento, para determinar cuáles son las características de aprendizaje o pérdida de lenguaje que experimenta en esta situación carencial, Y, en todo caso, deja abierta la hipótesis de que la no adquisición de lenguaje lleva al individuo a un estado de disminución mental.
Al principio, muchos de los estudios relacionados con estos niños se basaban en el deseo de los investigadores por encontrar “el verdadero lenguaje del hombre” (que sería el lenguaje conocido por estos niños o seres aislados del mundo), o sea, el lenguaje que Dios imprimió en los humanos en los tiempos de la Creación. Ésta era una hipótesis, por así decirlo, filosófica o de índole ontológica. Ahora se sabe que los seres aislados, simplemente, no tienen lenguaje. Itard al principio, cuando observa a Víctor, no solamente le ve como a un ser puro y natural (a la manera roussoniana), sino que piensa que en él podrá observar las características de la naturaleza del hombre según debía ser en el origen de los tiempos. La Francia de Itard, enciclopedista, cree que el hombre como especie tiende naturalmente al bien y a la “armonia mundi”. Hipótesis que naturalmente también tuvieron (aunque no tan abiertamente), quienes estudiaron el caso de Kaspar Hauser.
Lo que a la mayoría de los niños aislados aprenden es la mímica y los ruidos de sus familias, ya sean salvajes o “normales”. Aquellos que han vivido con lobos o con perros se comportan como lobos y perros, aullando, ladrando, corriendo a cuatro patas. Así ocurrió con el niño salvaje hindú cuya historia narró Rudyard Kipling, o con Oxana, abandonada por sus padres en compañía de perros.

La hipótesis del “Período Crítico”

Las razones por las que estos niños no aprenden discurso han intrigado a los investigadores. Y tienen que ver con los años de formación del cerebro infantil y no solamente con el trauma del aislamiento y la soledad, sino con el agotamiento de las funciones cerebrales asociadas al discurso. Se ha hablado de un período crítico que equivale a los 6 ó 7 años de edad. A partir de esta edad, la posibilidad de que un ser humano que ha estado aislado pueda emitir discurso se desvanece. Lo más interesante de todo es que, aunque alguno de ellos ha conseguido aprender algunas palabras, casi siempre breves, sencillas y de sonido onomatopéyico, como los “Lait”y “Oh mon dieu” de Víctor, ninguno, excepto Kaspar Hauser (ya veremos por qué), aprendió jamás a enlazar esas palabras y formar frases. Es decir, están incapacitados para la sintaxis ¿lo que quiere decir que lo están para el pensamiento?

El lenguaje de los signos
Desde el principio, el lenguaje de los signos estuvo ligado al problema de lenguaje de los niños salvajes.. Ya Víctor de Aveyron (encontrado en 1797) fue recluido en una Institución modélica para sordomudos. Y una vez cruzada la frontera del período crítico, se ha intentado paliar la inmensa dificultad articulatoria de estos sujetos por medio de la enseñanza del lenguaje de los signos. La chica de Kranenburg (encontrada en 1717), aprendió algunos; se hizo el intento también con Genie, tratando de evitar los errores cometidos con Víctor: pero sin éxito. Porque el lenguaje de signos es “otro lenguaje” y requiere el mismo desarrollo neurológico que el lenguaje hablado, y los niños salvajes han perdido una capacidad cerebral involucrada con “el lenguaje”: no solamente con “un lenguaje”. Los perros, los animales amaestrados, comprenden también los significados de palabras sueltas, tal como Víctor hacía, y actúan en consecuencia, lo mismo que los niños salvajes.
Cuando se socializó a Kamala(1920), sus salvadores notaron que copiaba el sonido "Hu Hu Hu" emitido por los otros huérfanos cuando hacía frío y querían una manta. Kamala emitía este sonido, pero sin darle su significado preciso. Aprendió a mover la cabeza de arriba a abajo para decir “sí” y de un lado a otro para decir “no”, pero nunca pronunció estas palabras.
Victor de Aveyron, como hemos dicho, podia actuar siguiendo instrucciones, no siempre mecánicamente; pero solamente aprendió a decir, como ya hemos dicho “lait” (/lé/) y “Oh mon Dieu” (/omondí/), expresión favorita de Madame Guérin, la mujer que le cuidaba. Ignoramos si comprendía verdaderamente las palabras cuando obedecía las instrucciones de Itard. El caso es que nunca pasó de aquí. El inglés “Wild Peter” llamaba al “King George” /Ki/ y a la reina (“Queen Caroline”) /Ka/, siendo estos dos sonidos los únicos reconocibles que emitió.

El extraordinario caso de Kaspar Hauser

Kaspar Hauser fue reconocido por el mundialmente famoso lingüista Feuerbach en julio de 1828, quien escribió sus impresiones sobre las habilidades lingüísticas de Hauser. Notó que las conjunciones, los participios y los adverbios no existían en su discurso y su sintaxis era muy deficiente. Su lenguaje se parecía al de los niños en edad muy temprana -2 ó 3 años- . Cuando hablaba, decía “Kaspar quiere…” y tenía una extraña lógica. Pensaba que un hombre gordo era un hombre con una montaña dentro, o que las habitaciones crecían alrededor de las personas y que los edificios los construían gigantes. Es decir, su idea del mundo era una idea no ordenada según nuestra lógica. Sin embargo, cuando pasó a vivir en casa del Sr. Daumer, en medio de una familia normal, hizo considerables progresos y aprendió a leer y escribir, aunque de una manera muy primitiva y a veces indescifrable. Sin embargo, esta extraordinaria habilidad probablemente fue la causa de su asesinato. Inmediatamente se pensó que le habría acuchillado aquel mismo hombre que le había mantenido confinado durante años, para evitar que algún día Kaspar pudiese recordar algo lo suficientemente preciso para inculparle de tan horrenda retención.
Hauser tenía habilidades que los otros "Niños salvajes" no poseían, probablemente porque fue aislado en aquel galpón oscuro después de los tres años, cuando ya había adquirido algún lenguaje, por lo que su “aprendizaje”, una vez liberado, consistió en realidad, en “recordar” aquello que una vez aprendió y había olvidado. Pero naturalmente, nunca consiguió dominar el lenguaje.

Kamala
Después de ser encontrada viviendo en la selva con otra niña que murió poco después, Kamala fue internada en el orfanato donde se intentó enseñarle las costumbres humanas y el lenguaje. Aprendió unas 30 palabras, todas onomatopéyicas y aprendió a salir vestida (rechazaba ya la desnudez). Podía nombrar cosas si se le pedía que lo hiciera, pero nunca espontáneamente.

Genie

Descubierta en 1970, cuando tenía 13 años, su caso conmovió a USA: fue aislada por sus padres en una habitación de la populosa ciudad de Los Ángeles. Confinada en una silla alta, atada, Genie no articulaba ni sabía hacer otra cosa que callar, pues si gritaba o lloraba, su padre le pegaba y ladraba para asustarla.
Después de muchos estudios, excesivo entrenamiento, muchos “hogares”, Genie permanece en una institución para enfermos mentales. No fue capaz de adquirir discurso (aunque aprendió un vocabulario de unas 100 palabras), ni de socializar normalmente, excepto en ciertas ocasiones, ni pudo desarrollar su afectividad. Fue un caso muy estudiado, torpemente gestionado y que terminó en fracaso, como todos los demás (excepto Hauser).

Oxana

Criada entre perros salvajes, abandonada por sus alcohólicos padres, fue encontrada en 1990 en Ucrania, aunque había nacido en 1983. Su caso es idéntico a los anteriores: ladraba, olía la comida antes de comerla, andaba a cuatro patas y enseñaba los dientes al sentirse cercada.

 

29/12/2005

Aunque ha pasado el tiempo desde que publiqué este artículo, mi estimado Portnoy me ha dado esta referencia, que es muy interesante y aparece en Ciudad de Cristal de Paul Auster.

Un soneto amoroso de Elizabeth Barrett Browning

Un soneto amoroso de Elizabeth Barrett Browning

De niña, leí un artículo sobre Elizabeth Barrett-Browning, cima de la poesía victoriana inglesa. En él, leí por primera vez este soneto, uno de los más bellos de la literatura amorosa de todos los tiempos. Me lo aprendí y todavía, a veces, me gusta recordarlo.
Víctima de un padre tiránico, respaldado por la represiva sociedad victoriana, Elizabeth se convirtió en una inválida que vivía encerrada en su aposento. Su actividad única era la escritura. Publicó varios libros en verso, como "Aurora Leigh" y era muy reconocida como escritora. A los 40 años -edad para la época ya avanzada-, conoció a otro poeta importante: Robert Browning, diez años más joven. El suyo fue un "amor fou" que dio alas a una relación epistolar ardiente y apasionada, insólita para la época: las cartas se cruzaban entre ambos varias veces por día. Finalmente, se llevó a cabo la fuga, pues el padre jamás habría aceptado el matrimonio de su hija mayor. Con su cocker-spaniel "Flush", la Barrett abandonó Londres primero, e Inglaterra después, rumbo a la soleada Florencia. Rehabilitada de su invalidez por una vida normal y un amor muy grande, tuvo tiempo para vivir junto a su amado Robert durante 10 años y le dio un hijo. Sus "Sonetos del portugués" están considerados los más bellos de la lengua inglesa después o al lado de los de William Shakespeare. Virginia Woolf recreó esta historia ultra-romántica en su novelita "Flush", narrada desde la perspectiva del más fiel amigo de la autora inglesa: su perrito. Se trata de una novela sin pretensiones, pero muy grata de leer. En Florencia visité la casa donde vivieron los poetas ingleses: fue un placer emocionante.

"Sonnets from the Portuguese"
XLIII. "How do I love thee? Let me count the ways..."
Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)

How do I love thee? Let me count the ways.
I love thee to the depth and breadth and height
My soul can reach, when feeling out of sight
For the ends of Being and ideal Grace.
I love thee to the level of everyday's
Most quiet need, by sun and candle-light.
I love thee freely, as men strive for Right;
I love thee purely, as they turn from Praise.
I love thee with a passion put to use
In my old griefs, and with my childhood's faith.
I love thee with a love I seemed to lose
With my lost saints, --- I love thee with the breath,
Smiles, tears, of all my life! --- and, if God choose,
I shall but love thee better after death.

2046 de Wong Kar_Wai

2046  de Wong Kar_Wai

Director: Wong Kar-Wai, con Tony Leung, Gong Li, Takuya Kimura,Faye Wong, Zhang Ziyi, Carina Lau, Chang Chen, Wang Sum, Siu Ping Lam, Maggie Cheung.
Año de producción: 2003 Duración: Dos horas, 9 minutos. Hong-Kong-Francia
Web internacional de la película
Enlace al trailer de la película

Hong Kong, 1966. En su pequeña habitación de hotel, Chow Mo Wan, escritor en crisis de inspiración, trata de terminar un libro de ciencia ficción situado en 2046. A través de la escritura, Chow recuerda a las mujeres que han atravesado su vida solitaria.Apasionadas, intelectuales o románticas, todas ellas han dejado una huella imborrable en su memoria y en su imaginario personal. Son sus recuerdos, y el libro es ese tronco al que se le susurran las palabras que nos llevan a lo más secreto de nuestro corazón, para que él los guarde. Su Li Zhen, que sin duda ha sido su amada, se aloja en la habitación 2046...
El nuevo trabajo de este autor irreemplazable, de talento intuitivo y meticulosidad enfermiza, puede ser entendido como una continuación, temporal y evolutiva, de su anterior film, la excepcional “In the mood for love" ("Deseando amar"), cuya filmación discurrió en paralelo a ésta; en realidad, dos manos cuyos dedos se entrelazan para complementarse hasta la disolución de las fronteras, por lo que no resulta recomendable acercarse a la más reciente sin conocer sus precedentes. Pero el presente largometraje es también el espacio interior en el que se dan cita las obsesiones que pueblan ese universo personal, hipnótico, perturbador, al que uno se asoma con el pudor de pisar en existencias ajenas y la convicción de contemplar su propio retrato.

Persecución estéril de lo huidizo, de aquello ya superado en cronología pero no en cuanto a equilibrio interior, “2046” trata de los demonios que habitan ese territorio compartido por el amor y la memoria, de una realidad sentimental que, como notas musicales, precisa de un tiempo concreto para distribuirse y hacerse oír, fuera del cual alteraría la melodía completa y carecería de sentido. El tímido, prudente y delicado Chow Mo Wan (Tony Leung) de “In the mood for love (Deseando amar)”, visiblemente tocado por su frustrada relación con Su Li Zhen (Maggie Cheung), se ha convertido con el paso de los años en un mujeriego cínico y descarado que, entregado a la bebida y al juego, busca compañía femenina pero, según sus propias palabras, sólo está dispuesto a comprarla al por menor, sin compromisos ni implicaciones emocionales que repitan su sufrimiento. Chow no ha abandonado su anodino trabajo en el periódico, aunque también en las ficciones que escribía se ha producido un cambio simultáneo: ya no son las novelas de artes marciales las que lo ocupan, sino historias de sexo bien pagadas y de dudosa calidad. Y es que a la contención y sobriedad erótica que presidían “In the mood for love (Deseando amar)”, ha venido a substituirlas una carnalidad mucho más explícita de placeres desatados en lugares nocturnos.

El título de la película hace referencia a la habitación del hotel donde, en el pasado, acordaron encontrarse Su Li Zhen y Chow; cuatro paredes, ahora contiguas a la suya, por las que desfilarán diferentes mujeres, sustitutas parciales de aquélla. Porque en esa búsqueda infructuosa de la mujer que reemplace los recuerdos del amor de su vida, Chow halla a Su Li dividida en tres: el cuerpo Bai Ling (Zhang Ziyi, habitual en los films del director chino Zhang Yimou), una joven impulsiva, dispuesta a cobrarse, que se enamora irremediablemente de él, la mente Wang Jing Wen (Faye Wong), la sensible hija del dueño del hotel, y escritora aficionada, a la que Chow ayuda en su relación con un novio japonés que cuenta con la oposición del padre, como si con ello expiara culpas y saldara cuentas pendientes y el nombre otra Su Li Zhen (Gong Li, la antigua musa y compañera de Yimou), tahúr profesional apodada “La araña negra”, -quizás la más consciente de su ingrato papel en la función— , todas ellas marcadas por la fatali-dad y ninguna de las cuales logrará satisfacer lo imposible: que Chow recupere aquello que quedó tan atrás. Tres capítulos —al que cabe agregar el estelarizado por la madura bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau)— pautados por la Nochebuena de años consecutivos, fechas éstas de las Navidades que, como bien sabe Charles Dickens, se prestan mejor que ninguna otra a la visita de fantasmas pretéritos que ahuyenten la soledad.

Asimismo, “2046” es el título del relato futurista que Chow está escribiendo, cuya acción transcurre, precisamente, en ese mismo año. En esta segunda ficción, trasunto de la primera, los protagonistas viajan sin retorno, a bordo de un tren ultramoderno, hacia un tiempo que promete haber conservado intacta la memoria, caso de ese joven nipón (Takuya Kimura) que persigue en una androide de reacciones retardadas lo mismo que anhela Chow, con idénticos resultados.

De este modo paralelo, va cobrando forma la paradoja que empuja a los personajes a huir hacia el futuro para reencontrar un pasado idealizado que nunca volverá. Amor y tiempo como dos coordenadas invisibles que marcan el destino —uno, determinado e irrepetible— y se cruzan en ese número mágico —estancia de hotel, emplazamiento en la ficción literaria, morada de recuerdos—.

Toda esta maraña de episodios vitales y tormentas sentimentales, llevados con parejo tacto y expresión por los actores principales, se transforma, a efectos prácticos, en un puzzle argumental de círculo cerrado, conducido por la voz en off de su protagonista masculino, que a menudo se desliza atrás y adelante en el tiempo, y donde el plano real convive con la fabulación. Pero a pesar de su aparente complejidad conceptual, “2046” discurre con la misma solidez y cla-rividencia que el material del que se nutre, el idioma de las emociones. La película exhibe la solución estilística que ya empleara en “In the mood for love (Deseando amar)”, de un preciosismo estético fascinante. Y es esa caligrafía de Wong Kar-Wai, intrínseca y tan reconocible, la más apropiada para desmigajar los pormenores del amor y sacar a la luz las dobleces del corazón. Su narración, con el falso aspecto de una improvisación musical, de borrador de un proyecto inacabado, tan pronto ahonda en el detalle tangencial como se recrea en lo pasajero, consciente como es de que lo importante no tiene por qué ser obvio y de que lo parcial es tan válido como el conjunto. Esto se traduce en sus acostumbrados e insinuantes fuera de campo, en los encuadres donde los personajes aparecen solitariamente descentrados o en esas escenas ralentizadas que pretenden congelar inútilmente el tiempo, siendo su dominio del ritmo y la composición, una lección magistral de las posibilidades que esconde el lenguaje cinematográfico.

Al de Hong Kong le gustan los pasillos estrechos llenos de puertas de las casas de huéspedes, que propician el cruce de desconocidos; los espejos y marcos que ejercen de guillotina; las escaleras en las que los encuentros se hacen fugaces; los callejones nocturnos con esquinas de paredes desconchadas que invitan a apoyar la espalda; la lluvia que parece precipitarse desde las farolas; las volutas de humo ascendiendo hasta perderse contra el techo; los pies femeninos que danzan como si tuvieran vida propia.... Gestos, roces, retales; coreografías y espacios con los que levanta una arquitectura de lo efímero, caricia sobre la herida cotidiana con guantes de seda.

Así, a esa primera piel hecha con las manifestaciones del alma, se suma una segunda capa, sucesión de imágenes exquisitas que la fotografía de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung arropa de nuevo, en ese tapiz con sello propio donde el rojo, el verde y el ámbar tienen adjudicado un puesto de honor. Y a este envoltorio visual, se añade una tercera textura, compuesta por el terciopelo de cuerdas, vocales o instrumentales, que conforman su banda sonora —otro tema principal y magstral de Shigeru Umebayashi rotundo e imborrable-, y un puñado de canciones tan atemporales como la historia misma, entre las que destacan “Siboney” de Xavier Cugat, “Perfidia” de Alberto Domínguez, “Sway” de Dean Martin, “The Christmas Song” de Nat King Cole, o el “Casta Diva” de la “Norma” de Vinenzo Bellini—. Diferentes pelajes indisolubles que constituyen una única epidermis.

El resultado, engañosamente casual pero preciso en su construcción, es un sublime revulsivo para el espíritu, extraordinario en su belleza, elegante en sus maneras y agitador por su exótica proximidad. En “2046”, sentido y sensibilidad se abrazan para dar cobijo a una visión descarnada, pesimista, extenuante de nuestra naturaleza romántica, es decir, espantosamente real. Resaca, íntima e intimista, de ideas y vivencias, revisitación propia y ajena donde la sombra de lo perecedero es más alargada que nunca, a lo que hace Wong Kar-Wai la etiqueta de película se le queda corta. Sus trabajos son siempre experiencias demoledoras, porque acarician sentidos y muerden sentimientos. Si su cine gusta, no se aprecia, se adora. Salir con lágrimas en los ojos y transidos de emoción del cine es casi una declaración de amor."

Carlos Monsiváis y Amor Perdido

Carlos Monsiváis y <strong>Amor Perdido</strong>

En estos días en que he estado ociosa me pasé por La Central, la bonita y estupenda librería de la calle Elisabetes, cerca del CCCB. Andaba en busca de Los Recuerdos del Porvenir de Elena Garro, y lo encontré, y también un libro, ya viejo, de Carlos Monsiváis, Amor Perdido (Era Ensayo, 1977, reed. 2002), en el que , con su estilo peculiar, abarca, analiza y desmonta, pieza a pieza, el México posterior a la Revolución Mexicana, ya glosando figuras míticas de la cultura popular mexicana como Agustín Lara o José Alfredo Jiménez, ya analizando a la juventud del 68, con sus diversas variantes (los jipitecas, los fresas, los chavos de la onda, los sesentayochistas), y las clases sociales: los de la jet set mexicana, los nuevos ricos, la clase media, los sindicalistas, los políticos, etc.
El estilo de Monsiváis es un estilo rápido, sardónico y con ese toque de coloquialismo que le da carta de naturaleza a su propia generación (la misma de Poniatowska). No por ello pierde profundidad, sin ser un ensayista “sesudo”, claro.
Monsiváis se sitúa como un sociólogo divulgador, que puede ser leído por cualquiera.
Quizás los mejores artículos de este libro sean los dedicados a los intelectuales como Revueltas o Salvador Novo, al menos para mí.

Una muestra de su prosa:
Sucede a veces que sólo percibimos las calidades secretas o entrañables de una ciudad por el amor (necesariamente público) que alguno, que algunos le profesan o le han profesado. Por medio de ese interés, de ese trato vigilante, nos allegamos determinados estímulos psicológicos, ciertas compensaciones visuales o sociales que, de pronto, revelan trasfondos o apariencias de la ciudad, le añaden logros o le señalan disminuciones, le ratifican o le informan de zonas sacras, le otorgan disfraces y recubrimientos de clase o de secta, le procuran una posibilidad antropomórfica, la vuelven ella, la ciudad como lazo personal devastador o recompensante, la preservan o liquidan – en última instancia- dentro del esplendor o la estrechez del mito. Como en el melodrama, la ciudad ese concepto cada vez más arbitrario y agónico, vive y se sobrevive en sus amantes. Así, en el caso de la capital de República Mexicana, la relación profunda con los escritores que fueron también en este siglo sus Cronistas oficiales: Luis González Obregón, Artemio de Valle Arizpe y Salvador Novo.
(De Salvador Novo. Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen).

Monsiváis nació en México, D. F. en 1938 y es periodista, cronista, ensayista y narrador. Ha colaborado desde su juventud en los más importantes suplementos culturales y revistas del país. Estudió Economía y Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su amplísima cultura, su curiosidad universal, su eficaz escritura y su capacidad de síntesis le han permitido desentrañar los aspectos fundamentales de la vida cultural y política mexicana tanto históricos como contemporáneos y se han recogido posteriormente en libros como Principios y potestades(1969); Días de guardar(1971), sobre los sucesos de Tlatelolco; Amor Perdido (1976), sobre algunas figuras míticas del cine, la canción popular, el sindicalismo, la militancia de izquierda, los políticos o la burguesía; De qué se ríe el licenciado(1984); Entrada libre, crónicas de la sociedad que se organiza (1987); Escenas de pudor y liviandad (1988), sobre la sociedad del espectáculo; y Los rituales del caos (1995), ceremonias de la debacle ciudadana y política. También ha escrito biografías, Frida Kahlo. Una vida, una obra (1992); ensayos, Características de la cultura nacional (1969) y antologías, La poesía mexicana del siglo XX (1966), La poesía mexicana II, 1914-1979 (1979) o La poesía mexicana III (1985). Fue Premio Nacional de Periodismo, en 1988 y recibió el Premio Mazatlán, en 1988, el Premio Xavier Villaurrutia, en 1995, y el Premio Anagrama de Ensayo por Aires de familia en 2000. En 2002 publicó el ensayo Yo te bendigo, vida, sobre la vida y la obra de Amado Nervo(ver el post sobre Nervo en mi sección “Poemas preferidos”.

Amado Nervo

Amado Nervo

Amado Nervo nació en Tepic, Nayarit en 1870.
En su juventud quiso ordenarse sacerdote, y aunque lo religioso como tema y vivencia estuvo muy presente en su vida y en su obra, muy pronto se sintió atraído por los variados estímulos de la vida mundana y se dedicó al periodismo, las relaciones diplomáticas, los viajes, los amores y la poesía. Su iniciación estética fue marcada por la influencia ineludible de Manuel Gutiérrez Nájera y de los grupos de poetas que se congregaban alrededor de «La Revista Azul» y la «Revista moderna», en cuyas páginas se desbordaba todo el ímpetu del Modernismo americano, del cual Nervo fue destacado representante. Poeta en verso y prosa, hoy puede parecer cursi y probablemente lo sea, pero la música de sus poemas continúa encantando un corazón sensible de lector.
Entre el conjunto de su creación, se destacan sus libros «Serenidad», «Elevación», «Plenitud» y «La amada inmóvil».
Falleció en Montevideo, Uruguay, en 1919, y su cadáver fue recibido en México con una apoteósico fervor, sólo comparable al de los franceses a la muerte de Hugo.
De pequeña me aprendí sus poemas tanto en verso como en prosa. Y au puedo recitar algunos, como estos que selecciono aquí, homenajeando en ellos mi propia infancia literaria:

GRATIA PLENA

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era "llena de gracia", como el Avemaría;
¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía...
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía:
era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar,
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

!Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
¡Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar!

EN PAZ

Artifex vitae, artifex sui

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Atentados en Londres, ahora

Atentados en Londres, ahora

Oponer la democracia y la cultura occidental a la barbarie, como han hecho Blair y Bush, cuyas manos están tan manchadas de sangre inocente como la de los terroristas islámicos, es una ofensa a la inteligencia pública.
Sembrar la muerte y el terror por el mundo, sea como sea, es un crimen incalificable.
Al Qaeda y sus organizaciones han demostrado de sobra su ciega violencia.
Pero Bush, Blair, no pueden acusar de bárbaros a los terroristas, pues ellos han sembrado la muerte y el terror en Irak, e incluso han matado periodistas españoles (sin siquiera dar una disculpa.
¿Cuántos muertos inocentes ha habido en Irak?
¿Es que los muertos valen más en un sitio que en otro?
¿Hay formas legítimas e ilegítimas de matar inocentes?
¿Unos asesinos son "buenos" y otros "malos"?
Me hago estas preguntas en este triste día.

Bodas homosexuales

Bodas homosexuales

Decía Ernesto Sábato que la humanidad no había progresado. Lo decía porque en verdad el arte actual no está más desarrollado hoy que en la época helenística, la tecnología mata más personas ¿Es eso “progreso”? Hoy se tortura con electroshocks ¿Es eso progreso? ¿Se ama mejor hoy? ¿Somos mejores personas? Su respuesta es negativa.
Pero existen ciertas cosas que sí han mejorado. Nuestra perspectiva es hoy más clara respecto a los derechos humanos, aunque se sigan violando, o incluso se violen más, porque hay más tecnología, más instrumentos represivos, más “herramientas del Mal”.
Yo, que soy optimista, me quiero referir hoy a un progreso. La nueva ley del matrimonio homosexual aprobada en España hace unos días, en medio de grandes polémicas.
Amar como amaron Ovidio. Alejandro Magno, César, Safo, y más recientemente García Lorca o Cernuda… Hoy ese amor “que no osa decir su nombre” como decía Lord Alfred Douglas en su famoso soneto, por fin puede decir su nombre en España.
El amor no conoce límites ni tampoco es más o menos perecedero si el objeto es un ser humano de otro sexo o del propio. El amor: esa cosa sutil, evanescente y dura, dolorosa, feliz. El amor, esa contradicción que hace que combatamos contra nosotros mismos…no tiene sexo, no tiene raza, no tiene lenguaje o los habla todos…
Me alegra mucho que por fin el amor homosexual adquiera la misma categoría social y de derecho que tiene el otro amor. Porque los homosexuales son personas, personas como los heterosexuales, se enamoran, se casan, desean tener hijos, formar familias. Y como los heterosexuales tienen también derecho a equivocarse, a separarse, a divorciarse, a discutir la custodia de los hijos… Ellos y ellas son tan personas, tan ciudadanos como nosotros. Pagan sus impuestos, leen, viajan, sufren, lloran, su sangre es roja (me recuerdo a Shylock) y sus heridas sangran como las nuestras.
Injustamente, desde los tiempos en que amor era palabra dedicada a las relaciones entre hombres, en la época griega… el nombre amor dejó de estar relacionado con ellos. Y se habló de pecado, de enfermedad o de lujuria.
Por eso, hoy creo que hemos “progresado” un poquito, señor Sábato. Hemos dado un pasito a favor de la igualdad, de la fraternidad y de la libertad de los hombres y de las mujeres: de todos.
Y me felicito, me alegro y me siento mejor.

Pierre de Ronsard

Pierre de Ronsard

Pierre de Ronsard,
Poesía
Trad. de Carles Pujol, ed. Pre-Textos (col. La Cruz del Sur), Valencia, 2000.

Ayudada por la magnífica traducción de Carles Pujol, leo este hermoso libro. Hermoso por la tipografía, por el papel, por la elegante portada, y por la belleza inmarcesible de la poesía de Ronsard.
Como apunta Pujol en el prólogo, Ronsard ha quedado marcado por el tópico Colligoo, virgo, rosas de su soneto más famoso:

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
Assise aupres du feu, devidant et filant,
Direz, chantant mes vers, en vous esmerveillant :
Ronsard me celebroit du temps que j'estois belle.

Lors, vous n'aurez servante oyant telle nouvelle,
Desja sous le labeur à demy sommeillant,
Qui au bruit de mon nom ne s'aille resveillant,
Benissant vostre nom de louange immortelle.

Je seray sous la terre et fantaume sans os :
Par les ombres myrteux je prendray mon repos:
Vous serez au fouyer une vieille accroupie,

Regrettant mon amour et vostre fier desdain.
Vivez, si m'en croyez, n'attendez à demain :
Cueillez dés aujourd'huy les roses de la vie.

Pero como apunta el traductor, Ronsard es mucho más que ese prestidigitador de tópicos clásicos y es solamente la pereza o la ignorancia la que nos hace estar ciegos ante la variedad de su obra. Aparte petrarquismos innegables, como en este soneto tan caracteristico:

Je veux mourir pour tes beautés, Maîtresse,
Pour ce bel oeil, qui me prit à son hain,
Pour ce doux ris, pour ce baiser tout plein
D'ambre et de musc, baiser d'une Déesse.

Je veux mourir pour cette blonde tresse,
Pour l'embonpoint de ce trop chaste sein,
Pour la rigueur de cette douce main,
Qui tout d'un coup me guérit et me blesse.

Je veux mourir pour le brun de ce teint,
Pour cette voix, dont le beau chant m'étreint
Si fort le coeur que seul il en dispose.

Je veux mourir ès amoureux combats,
Soûlant l'amour, qu'au sang je porte enclose,
Toute une nuit au milieu de tes, bras.

y mitologías, Ronsard ha sido no sólo el cantor amoroso que todos presuponen, sino también el amargo gustador de las hieles de la vejez, de la decadencia y del horror vacui. Ronsard es también el cronista poético de la realidad de su tiempo, cosa que no puede decirse de Garcilaso, por ejemplo, con quien tantas cosas comparte. Garcilaso solamente se tornó “realista” en su famosa epístola a Boscán, cuando deliciosamente (a mi juicio), le cuenta los pesares del camino, las malas ventas, los pésimos yantares…
Por otro lado, Ronsard posee la inspiración erótica que en la literatura española sólo llegará a través de Aldana, muchos años después. El erotismo cariñoso de sus poemas dota de un hálito de frescura muchas de sus composiciones:

Marie, que je sers en trop cruel destin,
Quand d'un baiser d'amour votre bouche me baise,
Je suis tout éperdu, tant le coeur me bat d'aise.
Entre vos doux baisers puissé-je prendre fin !

Il sort de votre bouche un doux flair, qui le thym,
Le jasmin et l'oeillet, la framboise et la fraise
Surpasse de douceur, tant une douce braise
Vient de la bouche au coeur par un nouveau chemin.

Il sort de votre sein une odoreuse haleine
(Je meurs en y pensant) de parfum toute pleine,
Digne d'aller au ciel embaumer Jupiter.

Mais quand toute mon âme en plaisir se consomme
Mourant dessus vos yeux, lors pour me dépiter
Vous fuyez de mon col, pour baiser un jeune homme.

O así:

Une fille d’Anjou me detiene en servage,
Ores baisant sa main et ores son tetin,
Et ores ses beaux yeux, asters de mon destin…

Una joven de Anjou avasalla mi pecho,
Ya besando su mano, ya besando el pezón,
Ora sus bellos ojos, astros de mi destino…

A la muerte de uno de sus amores, Marie, Ronsard nos emociona con las elucubraciones fúnebres de su alma enamorada. No con la profundidad de un Quevedo, pero casi…

Así, Ronsard, que se halla, cronológicamente, entre Garcilaso y Shakespeare, se adelanta a Quevedo, a Aldana, a Lope también (en aquel famoso Desmayarse, atreverse, estar furioso…) cuando declara,

Marie, baisez-moi ; non, ne me baisez pas,
Mais tirez-moi le coeur de votre douce haleine ;
Non, ne le tirez pas, mais hors de chaque veine
Sucez-moi toute l'âme éparse entre vos bras ;

Non, ne la sucez pas ; car après le trépas
Que serais-je sinon une semblance vaine,
Sans corps, dessus la rive, où l'amour ne démène
(Pardonne-moi, Pluton) qu'en feintes ses ébats ?

Pendant que nous vivons, entr'aimons-nous, Marie,
Amour ne règne pas sur la troupe blêmie
Des morts, qui sont sillés d'un long somme de fer.

C'est abus que Pluton ait aimé Proserpine ;
Si doux soin n'entre point en si dure poitrine :
Amour règne en la terre et non point en enfer.

Nacido en Blois en 1524, hijo de una familia noble y destinado a las armas, fue enviado por su padre a la corte de Francia a los 12 años, después de una infancia vivida en medio de la naturaleza, que dejará en su alma una huella imborrable de belleza.
Aquejado de una mala salud, padece sordera antes de los 20 años. Por lo que se ve obligado a renunciar a las carreras militar o diplomática. Así, recibe la tonsura y una serie de beneficios eclesiásticos que le van a permitir dedicarse a la poesía. Se acerca a Du Bellay y es discípulo del gran helenista y humanista Jean Dorat, creador de la “Brigada poética”, antecesora del grupo literario de la Pléiade, que reúne, entre otros a Ronsard, Joachim du Bellay y Jean Antoine de Baïf.
En 1549, Ronsard da a la luz el manifiesto poético del grupo en defensa de la lengua francesa: propone enriquecer el vocabulario y componer obras inspiradas en la época clásica utilizando sus formas: la oda, la elegía, la epopeya o la tragedia ¿Los autores? Desde Homero hasta Píndaro, más Virgilio, Horacio, Ovidio…
Ronsard equilibra su vida cortesana, frívola y mundana con estancias dedicadas a la meditación, la lectura, el estudio y la escritura en sus posesiones de Vendômois y de Touraine. Su carrera poética, que va del 1550 al 1585, año de su muerte, le permitirá practicar una enorme variedad de estilos y de formas poéticas. Pocos poetas escribirán mayor número de poemas: se calculan unos 50 mil, y ninguno conseguirá la variedad ronsardiana. Él solo encarna el espíritu de la Pléiade (el Siglo de Oro francés) e impregna con su voz a un centenar de imitadores.
“Es más grande que Virgilio y que Goethe” dirá Flaubert, quizás exagerando un poco; su obra, como señala Pujol, es extraordinariamente compleja y es fascinante, hecha para tirar por tierra las simplificaciones escolares, los tópicos que se acumulan sobre la base de leerle por encima. Es una obra que transita entre el Renacimiento y el Barroco. Una obra que requiere un lector aventurero, con afán de explorador.

Celoso de su propia posteridad, Ronsard consagró los últimos años de su vida a preparar la edición de sus Obras Completas. Pero ha padecido injustamente más de dos siglos de olvido. Muerto en 1585, siguió siendo venerado hasta principios del siglo XVII. La última edición importante de su obra se hizo en 1623, La siguiente, en 1857. Entre esas dos fechas fue duramente criticado e incomprendido. Fueron por fin los escritores de la segunda mitad del XIX quienes le sacaron del olvido: Sainte-Beuve, Flaubert y Maupassant. En el siglo XX se convierte en inspirador de obras musicales para Debussy, Saint-Saëns, Ravel, Poulenc y Milhaud. En 1949, André Gide, en su Antología de la Poesía Francesa le rinde homenaje:

¡Poeta de poetas, Príncipe de la poesía francesa, epítetos que quedan huecos y sin sentido si no hacemos el agradable esfuerzo de leerlo!

Las "Quimeras" de Nerval

Las &quot;Quimeras&quot; de Nerval

Nerval es un poeta que amé a los 19 años. Me lo descubrió Tomás Segovia, poeta español exiliado en México, que tenía el don o la maestría de traducir (del italiano, del francés), no sólo la poesía (la letra, sino también el ritmo, que es el espíritu del poema. Así, me recitó muchas veces estos hermosos versos, etéreos, misteriosos. Acaba de publicarse en Galaxia Gutemberg su traducción de la Obra Completa de Nerval.
Su verdadero nombre fue Gérard Labrunie (1808-1855), y se le considera dentro del grupo de los poetas simbolistas franceses. Su universo son los sueños y las alucinaciones, el mundo mitológico y el mundo de la leyenda y el mito. Los surrealistas le veneraron. En sus escritos refleja sus propias experiencias y sueños, revelando las visiones y fantasías que amenazaban constantemente su cordura, como en Aurelia (1853), que aborda los temas del amor perdido y la salvación religiosa. Los relatos incluidos en "Las hijas del fuego" (1854), entre los que destaca Silvia, son extrañas reminiscencias de la juventud y la belleza perdidas. Los sonetos, en alejandrinos franceses de "Las quimeras" (1854) están dominados por la desesperación. Como toda alma sensible no soportaba la vida. Se suicidó un año después de publicar esos poemas. Es uno de los grandes. Uno de los indispensables.

El Desdichado
Je suis le Ténébreux, - le Veuf, - l'Inconsolé,
Le Prince d'Aquitaine à la Tour abolie :
Ma seule Étoile est morte, - et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie.

Dans la nuit du Tombeau, Toi qui m'as consolé,
Rends-moi le Pausilippe et la mer d'Italie,
La fleur qui plaisait tant à mon coeur désolé,
Et la treille où le Pampre à la Rose s'allie.

Suis-je Amour ou Phoebus ?... Lusignan ou Biron ?
Mon front est rouge encor du baiser de la Reine;
J'ai rêvé dans la Grotte où nage la Sirène...

Et j'ai deux fois vainqueur traversé l'Achéron:
Modulant tour à tour sur la lyre d'Orphée
Les soupirs de la Sainte et les cris de la Fée.

Myrtho
Je pense à toi, Myrtho, divine enchanteresse,
Au Pausilippe altier, de mille feux brillant,
À ton front inondé des clartés de l'Orient,
Aux raisins noirs mêlés avec l'or de ta tresse.

C'est dans ta coupe aussi que j'avais bu l'ivresse,
Et dans l'éclair furtif de ton oeil souriant,
Quand aux pieds d'lacchus on me voyait priant,
Car la Muse m'a fait l'un des fils de la Grèce.

Je sais pourquoi là-bas le volcan s'est rouvert...
C'est qu'hier tu l'avais touché d'un pied agile,
Et de cendres soudain l'horizon s'est couvert.

Depuis qu'un duc normand brisa tes dieux d'argile,
Toujours, sous les rameaux du laurier de Virgile,
Le pâle hortensia s'unit au myrte vert!

Isabel I de Inglaterra y Essex

Isabel I de Inglaterra y Essex

Por Raquel Colomer

Lytton Strachey, miembro destacado del grupo de Bloomsbury, escribió, entre otros, un hermoso librito llamado “Elisabeth y Essex”, sobre el amor de Isabel I de Inglaterra, ya vieja, y el joven Robert Devereux, conde de Essex. Publicado en 1928, se ha venido reeditando en Inglaterra y también en España(ed. Lumen)pues la prosa de Strachey es una prosa delicada, irónica y llena de finura que permanece clásica y fresca, apetecible para cualquiera que ame la literatura.
El tema es jugoso.
Se han escrito muchos libros, pero mi favorito es el de Strachey, agudo observador, que quiso dejar constancia un tanto irónica de quien fuera “el último de los nobles feudalistas de Inglaterra”, paradigma de la conjunción entre sensibilidad y fuerza bruta que marcó el ideal del caballero renacentista. Pero los tiempos habían cambiado, el siglo XVII no era el XV, no era el XVI, y su oponente era una mujer. Elizabeth, marcada por su azarosa ascensión al trono inglés, por la decapitación de su madre y de su primer amor, el almirante de Inglaterra, Thomas Seymour, y por la situación siempre conflictiva de Irlanda. Aunque temblando, Elizabeth también consintió ejecutar a su prima, María de Escocia, reina consagrada que tenía derechos sucesorios al trono de Inglaterra.
La mano de Elizabeth es una mano firme y la reina tiene la sabiduría de rodearse de esa flor y nata de hombres ilustres que no provienen de la nobleza y que son los que edificarán el mito de su reinado: William Cecil y su hijo Robert, el filósofo Francis Bacon, Walsingham; éstos son los hombres verdaderamente importantes en la vida de Isabel, mientras que sir Walter Raleigh, Robert Dudley, conde de Leicester o incluso D’Alençon, hijo de Catalina de Médicis, son sus muñecos: su diversión. Puede que haya amado a Dudley, a quien llamaba “Mis ojos”, pero jamás se le ocurrió desposarse con él y entregarle su reino. Guardó su última carta en el joyero, pero no olvidó que la había traicionado casándose en secreto con su prima Lettice Knollys.
Robert Devereux, conde de Essex era hijastro de Dudley, hijo del primer matrimonio de Lettice y tenía 20 años (Elizabeth 60), cuando se amaron y comenzaron a enfrentarse. El choque de dos planetas no habría sido menos rudo e intenso. Él no podía admitir la supremacía de la mujer y ella no podía tolerar que él pusiera en peligro su autoridad como reina. El poder ejercido por la mujer la transforma. Elizabeth es “Gloriana”, es “Astrea”. La reina dijo a su pueblo en Tilbury, ante la amenaza de la Armada Española: “Tengo el frágil cuerpo de una mujer, pero el arrojo de un hombre”. Y con ese mismo espíritu indomable se enfrentó a Essex cuando éste puso en peligro su trono y lo envió a la muerte aún amándolo con locura. La versión de Strachey es freudiana: la madre que ama al padre (Dudley) y se enamora del hijastro en una doble relación materno-sexual intensamente afectiva. Essex se comportaba como un niño caprichoso unas veces y otras como un hombre profundamente orgulloso, como un verdadero señor. Y a ella eso le divertía y le irritaba por igual y unas veces le consentía y otras le enviaba al exilio o le castigaba duramente.
La condición tranformadora del poder es visible en la iconografía de Elizabeth: en los famosos retratos de la Armada, en el retrato del Armiño, en la deificación de su imagen. Más allá de la femineidad, ella establece su condición omnipotente. Y el hombre es el vasallo, es el servidor de esta diosa. No puede equiparársele, no puede discutir con ella, no puede replicar. El objeto, por una vez, es un “él” y no una “ella”.
Essex es un hermoso ejemplar de hombre: alto, pelirrojo, apuesto, culto y también turbulento, viril. Capaz de guerrear valerosamente o de retirarse, melancólico, a leer a Virgilio. Para él, Elizabeth es una Gorgona: un ser a la vez fascinante y repulsivo, deseable y despreciable. Su orgullo le impide obedecerla. Y el orgullo de ella le impide ser desobedecida. Así, el torneo queda inaugurado. El amor se convierte en un campo de batalla. Y el desenlace es a muerte.

¿Qué elementos hacen que Essex ame a esa mujer vieja, calva, imperiosa? ¿Su talento, su habilidad para la danza, su ingenio, su energía, su poder? ¿Y qué le repele? Su propia inferioridad ante ella. Ser más joven, más bello, más valiente, dotado para todas las artes, incluida la de la guerra, y tener que obedecer y doblegarse. Ante la humillación que ella le inflinge un día, cuando se niega a concederle el mando de la expedición a Irlanda, Essex le grita con violencia y hace ademán de sacar la espada ¿Sería capaz de matar a su reina? Ella piensa que sí. Él escribe: “Debo a mi reina el mejor servicio, pero no puedo servirla como villano o como esclavo ¿No pueden los príncipes errar? ¿Es el suyo un poder terrenal o su autoridad infinita?”
Finalmente, consigue hacerse con el mando de la expedición, que resulta desastrosa. Él se queja, llora, implora, pero esencialmente, no hace nada de provecho. Ignora las órdenes de atacar a Tyrone ( el general irlandés), y en su lugar, se reúne con él en el lecho de un río y pacta una tregua que a los ojos de Inglaterra tiene los tintes de una traición. Un cuarto de millón de libras había sido gastado en esa “contienda” en la que apenas hubo enfrentamientos y sí muchas bajas por agotamiento y hambruna.
Asustado, Essex embarca para Inglaterra e irrumpe por sorpresa en la cámara de la reina. La sorprende en traje de dormir, sin maquillar y sin peluca. La respuesta es el exilio. Él, roto, deprimido, enfermo, la asaetea con misivas desesperadas. Ella le quita el monopolio del vino y él entonces intenta destronarla. Prepara un levantamiento y se siente el Henry Tudor de “Ricardo III”, quien consigue destronar a un rey injusto y tiránico.
Aunque aparentemente haya perdonado sus arrebatos, Elizabeth ahora teme la entrada de Essex en la ciudad de Londres. Él es un ídolo popular, es un héroe hermoso. A ella su violencia y su ira la han excitado y la han atraído en el pasado, pues como toda mujer desea ser conquistada, si es preciso, a sangre y fuego. La rebeldía de él es un acicate para una mujer como ella, a cuyos pies se rinden todos servilmente.
Pero el juego se ha vuelto demasiado peligroso y ha llegado el momento de terminarlo. Y cuanto más se empeña él en desafiarla, más peligroso se vuelve para él. Sus contactos con Escocia son un intento de golpe muy claro. Jacobo, el hijo de María de Escocia, es el siguiente en el orden dinástico inglés (y será el rey, en efecto, a la muerte de Elizabeth). El juego de Essex es ya mortal. Londres no se alza cuando él lo cruza. Londres no sigue sus consignas de levantamiento. Hundido e incrédulo, Essex aún espera clemencia. Establecer su poderío de macho en el terreno de ella: el político. Fracasa. La Cámara de la Estrella, el consejo de Su Majestad, le condena a muerte. Essex espera en vano un indulto, que no llega.
En palabras de Strachey “Era un hombre extraño. Amaba y odiaba; era un adicto servidor y un hosco rebelde, todo a la par”.
Ella podría, afirma Strachey, haber acallado los detalles más sórdidos de la conspiración. Eran confidenciales. Habría podido conmutar la pena y exiliar a Essex, embargar sus bienes y al cabo de un tiempo prudente, volver a él. Volver a los días de la dicha y las risas, de los bailes y los juegos, pero “veía claramente que nunca podría confiar en él, que el futuro repetiría incansable el pasado, que cualesquiera fuesen los sentimientos de ella, los de él permanecerían escindidos, peligrosos, profundamente huraños… entonces ¿toda la historia de sus relaciones no había sido más que un prolongado e infame engaño?”
Porque lo debió creer así, Elizabeth actuó como actuó, enviando a Essex al cadalso. Vestido de negro, se quitó el sombrero, saludó a los presentes y habló larga y gravemente. Perdonó a su verdugo y soportó tres golpes antes que el hacha consiguiera desgajar la cabeza del cuerpo. Sus últimas palabras fueron “Dios salve a la reina”.

Mis otros poetas italianos: Pavese, Ungaretti, Pasolini

Mis otros poetas italianos: Pavese, Ungaretti, Pasolini

Pavese , Ungaretti y Pasolini llenaron mi juventud de versos. Cesare, además, con la prosa inigualable de su “Vita di un uomo”(traducida como El Oficio de Vivir”, en una edición preciosa, encuadernada en tela, me dio la iluminación de su tristeza y de su exilio interior lleno de claroscuros.
“Vendrá la muerte y cerrará mis ojos”, cuando solamente de muerte estaba yo rodeada, vino a ser la transposición de mi vida, narrada por un tercero. Trabajar cansa comletó el delirio de la anagnórisis de mi alma y la suya. Luego vino Ungaretti, alejandrino como Kavafis, llegó con su verso puro, desnudo, terso. El italiano devino el cantor de “La alegría” y “Del dolor”, “El sentimiento del tiempo” o “La tierra prometida”, que puntúan todas las vidas humanas, pero que sólo los poetas pueden enaltecer y hacer perennes. Un verso de Ungaretti vale por todo un tratado de filosofía: “M’illumino d’immenso”… Su versos cortos, su economía expresiva están en relación inversa al tremendo contenido de sus letras. Menos es más, y de qué manera.
Pasolini cerró mi personal Trinidad italiana con sus versos largos, su marxismo cristiano, sus imágenes duras, sucias a veces, dolorosas, realistas. Yo también fui lectora de Gramsci…
A veces olvido, perdida entre mis Celan y mis Rilke con su melancolía teutona, la belleza pura y límpida de los poetas herederos del Dante y Sannazaro. Pureza, transparencia de la lengua italiana. Vocales que suenan en mi oído como música de tarantella. Tonos y ritmos de la antigua Roma, arenas y mareas de las playas de Ostia que absorbieron, sedientas, la sangre de Pier Paolo. Canciones populares de las colinas de Capri o de las calles de Nápoles. Las palabras, las luces del Mediodía, que incluyen una tristeza egea tan parecida a la de mi Kavafis, pero con otras vocales. Con otro alfabeto. De otra manera.

De Pavese (1908-1950) recojo este poema:

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo. "

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Cosi li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.

Per tutti la morte ha uno sguardo
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.

De Ungaretti (1888-1970)
La piedad
1
Soy un hombre herido.
Y yo quisiera irme
y llegar finalmente,
piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.

No tengo más que soberbia y bondad.

Y me siento exilado en medio de los hombres.

Mas por ellos estoy en pena.

¿No sería digno de volver a mí?

He poblado de nombres el silencio.

¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.

Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...,

No, odio el viento y su voz
de bestia inmemorable.

Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?

Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?

Quizá el hombre también es indigno de esperanza.

¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?

El pecado, qué importa
si ya no conduce a la pureza.

La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.

Loca y gastada está el alma.

Dios mira nuestra debilidad.

Queremos una certeza.

¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?

Compadécenos entonces, crueldad.

No puedo seguir amurallado
en el deseo sin amor .

Muéstranos una huella de justicia.

Tu ley, ¿cuál es?

Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.

La pietà

Sono un uomo ferito.

E me ne vorrei andare
E finalmente giungere,
Pietà, dove si ascolta
L'uomo che è dolo con sé.

Non ho che superbia e bontà.

E mi sento esiliato in mezzo agli uomini.

Ma per essi sto in pena.
Non sarei degno di tornare in me?

Ho popolato di nomi il silenzio.

Ho fatto a pezzi cuore e mente
Per cadere in servitù di parole?

Regno sopra fantasmi.

O figlie secche,
Anima portata qua e là...

No, odio il vento e la sua voce
Di bestia immemorabile.

Dio, coloro che t'implorano
Non ti conoscono più che di nome?

M'hai discacciato dalla vita.

Mi discaccerai dalla morte?

Forse l'uomo è anche indegno di sperare.

Anche la fonte del rimorso è secca?

Il peccato che importa,
Se alla purezza non conduce più.

La carne si ricorda appena
che una volta fu forte.

E' folle e usata, l'anima.

Dio, guarda la nostra debolezza.

Vorremmo una certezza.

Di noi nemmeno più ridi?

E compiangici dunque, crudeltà.

Non ne posso più di stare murato
Nel desiderio senza amore.

Una traccia mostraci di giustizia.

La tua legge qual è?

Fulmina le mie povere emozioni,
Liberami dall'inquietudine.

Sono stanco di urlare senza voce.

" En esta oscuridad
con las manos heladas
distingo mi cara.
Me veo abandonado en el infinito. "

o

Pasolini (1922-1975):

Me voy, te dejo en el atardecer
que aunque triste, tan dulcemente desciende
para nosostros los vivos, con la luz de vela

que al barrio en penumbra descubre.
Y lo desordena. Lo hace aún más grande, vacío
más amplio y lejano, lo enciende

de una vida inquieta, y del ronco
rodar del tranvía, de los gritos humanos
dialectales, conjuga un concierto sordo

y absoluto. Y sientes cómo en aquellos lejanos
seres que en la vida gritan, ríen,
en aquellos sus vehículos, en aquellos tristes

caseríos donde se consume el infiel
y expansivo don de la existencia-
esa vida no es más que un temblor,

corpóreo, colectiva presencia;
sientes la ausencia de toda religión
verdadera, no vida sino sobrevivencia

-quizás más dulce que la vida- como
de un pueblo de animales, en el que el misterioso
orgasmo no tenga otra pasión

que la del actuar cotidiano:
humilde fervor a la que da sentido festivo
la humilde corrupción. Cuanto más vano es

en este vacío de la historia, en esta
ronroneante pausa en la que la vida calla-
todo ideal, mejor se manifiesta

la estupenda, adusta sensualidad
casi alejandrina, que todo lima
e impúdicamente enciende, cuando acá

en el mundo algo se derrumba, y se arrastra
el mundo, en la penumbra al volver
a plazas vacías, a talleres sin entusiasmo...

Ya se encienden las luces, ribeteando
vía Zabaglia, vía Franklin, todo el
Teataccio, despojado de su gran

escuálido monte, los caminos a lo largo del Tíber, la negra
profundidad, más allá del río, que Monteverde
amasa o esfuma invisible sobre el cielo.

Diademas de luces que se pierden
brillantes y frías de tristeza
casi marina...Falta poco para la cena;

brillan los pocos ómnibus del barrio
con racimos de obreros en las puertas
y grupos de militares van, sin apuro

hacia el monte que cobija en medio de montones
sucios y muchos cestos de basura
a la sombra, subrepticias mujerzuelas

que esperan ansiosas sobre la basura
afrodisíaca; y no lejos, entre casillas
abusivas a los costados del monte, o en medio

de las casonas, como mundos, muchachones
livianos como jirones juegan en el aire
no ya frío, primaveral; ardientes

de desenfado juvenil su romana
tarde de mayo, oscuros adolescentes
silban por la calle, en la fiesta

vespertina; y suenan las persianas
de los garages de golpe, alegremente
si la oscuridad vuelve sereno el atardecer,

y en medio de los plátanos de la plaza Testaccio
el viento que cae en lenguas de tempestad
es muy dulce, aunque afeite los sombreros

y los olores del matarife, se impregnan
con sangre putrefacta, y por doquier
sacuda rechazos y olor de miseria.

Es un murmullo la vida, y estos perdidos
en ella, la pierden serenamente
si el corazón tienen colmo de ella: a gozar

he los miserables, el atardecer; y potente
en ellos, inerme para ellos, el mito
renace...Pero yo con el corazón consciente

de quien solamente en la historia tiene vida
podré alguna vez por pura pasión actuar
si sé que nuestra historia ha concluido?

Me ne vado, ti lascio nella sera
che, benchè triste, così dolce scende
per noi viventi, con la luce cerea

che al quartiere in penombra si rapprende.
E lo sommuove.Lo fa più grande,. vuoto,
intorno, e più lontano, lo riaccende

di una vita smaniosa che del roco
rotolio dei tram, dei gridi umani,
dialettali, fa un concerto fioco

e assoluto.E senti come in quei lontani
esseri che, in vita, gridano,ridono,
in quei loro veicoli, in quei grami

caseggiati dove si consuma l´infido
ed espansivo dono dell´esistenza
quella vita non è che un brivido;

corporea, collettiva presenza;
senti il mancare di ogni religione
vera; non vita; ma sopravvivenza

forse più lieta della vita-come
d´un popolo di animali, nel cui arcano
orgasmo non ci sia altra passione

che per l´operare quotidiano:
umile fervore cui dà un senso di festa
l´umile corruzione.Quanto più è vano

-in questo vuoto della storia, in questa
ronzante pausa in cui la vita tace-
ogni ideale, meglio è manifesta

la stupensa, adusta sensualità
quasi alessandrina, che tutto minia
e impuramente accende, quando qua

nel mondo, qualcosa crolla, e si trascina
il mondo, nella penombra, rientrando
in vuote piazze, in scorate officine...

Già si accendono i lumi, costellando
Via Zabaglia,Via Franklin, l´intero
Testaccio, disadorno tra il suo grande

lurido monte, i lungoteveri, il nero
fondale, oltre il fiume, che Monteverde
ammassa o sfuma invisibile sul cielo.

Diademi di lumi che si perdono,
smaglianti e freddi di tristezza
quasi marina...Manca poco alla cena;

brillano i rari autobus del quartiere,
con grappoli d´operai agli sportelli,
e gruppi di militari vanno, senza fretta,

verso il monte che cela in mezzo a sterri
fradici e mucchi secchi d´immondizia
nell´ombra, rintannate zoccolette

che aspettano irose sopra la sporcizia
afrodisiaca; e, non lontano, tra casette
abusive ai margini del monte, o in mezzo

a palazzi, quasi a mondi, dei ragazzi
leggeri come stracci giocano alla brezza
non più fredda, primaverile; ardenti

di sventatezza giovanile la romanesca
loro sera di maggio scuri adolescenti
fischiano pei marciapiedi, nella festa

vespertina; e scrosciano le saracinesche
dei garages di schianto, gioiosamente
se il buio ha resa serena la sera,

e in mezzo ai platani di Piazza Testaccio
il vento che cade in tremiti di bufera,
è ben dolce, benchè radendo i capellacci

e i tufi del Macello vi si imbeva
di sangue marcio, e per ogni dove
agiti rifiuti e odore di miseria.

È un brusio la vita, e questi persi
in essa, la perdono serenamente,
se il cuore ne hanno pieno; a godersi

eccoli miseri, la sera: e potente
in essi, inermi, per essi, il mito
rinasce...Ma io, con il cuore cosciente

di chi soltanto nella storia ha vita,
potrò mai più con pura passione, operare
se so che la nostra storia è finita?

Pier Paolo Pasolini a 30 años de su muerte

Pier Paolo Pasolini a 30 años de su muerte

Amé primero su cine: "Teorema" me descubrió a la fascinante Mangano, entonces en la plenitud de su elegante madurez, y a Terence Stamp, ángel diabólico, moderna representación de Eros que corrompe con su inocencia y su seductora mirada a todos los miembros de la familia burguesa. Padre, madre, hijo, hija. Todo lo aparente se desmorona ante el deseo. El cuerpo, viene a decir Pasolini, pasa por encima de todo para imponer su terrible tiranía.
Luego "Edipo Re". Todavía me escuece la mirada de ese desierto flameante. Esas vestiduras rudas, ese broche con el que Edipo se saca los ojos. Y la casa en la campiña italiana, la nueva morada del niño eterno. Tiresias, la maldición, el destino. Qué gran película y qué sobriamente nos enseña: nada se puede hacer para desviar el camino o para salir de él a tiempo. De nuevo, la Mangano, deslumbrante.
Para mí son las dos grandes obras de Pasolini.
Luego, amé su poesía, "LAs cenizas de Gramsci","Poesía en forma de rosa", "Una vida violenta" o "Mi juventud"
Y lloré su muerte (como la de Cortázar o la de Allende: forman parte de mis muertos).
Un fragmento de su poema, "Testamento", un recuerdo emocionado a los 30 años de su desaparición.

Versos del Testamento de Pier Paolo Pasolini

La soledad; hay que ser muy fuertes
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo normal: no hay que exponerse
a resfriados, gripe o dolor de garganta: no hay que temer
a atracadores ni a asesinos; si es preciso caminar
toda la tarde o, tal vez, toda la noche
es preciso saberlo hacer sin darse cuenta; no hay dónde sentarse;
especialmente en invierno, con el viento que sopla sobre la hierba mojada,
y con las rocas entre la basura, húmedas y fangosas;
no hay ningún consuelo, de eso no hay duda,
además del de tener por delante todo un día y una noche
sin deberes ni límites de ningún tipo.
El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-hasta en invierno, por las calles abandonadas al viento,
entre los montones de basuras contra los edificios lejanos,
son muchos- no son más que momentos de la soledad;
cuanto más cálido y vivo es el cuerpo gentil
que mancha de semen y se va,
más frío y mortal es en derredor el amado desierto;
es él el que llena de alegría, como un viento milagroso,
no la sonrisa inocente ni la turbia prepotencia
del que luego se va; él se lleva consigo una juventud
enormemente joven; y en esto es inhumano,
porque no deja huellas o, mejor dicho, deja una sola huella
que siempre es la misma en todas las estaciones.
Un muchacho en sus primeros amores
no es más que la fecundidad del mundo.
Es el mundo que así llega con él; aparece y desaparece,
como una forma que cambia. Quedan intactas todas las cosas,
y tú podrás recorrer media ciudad y no lo volverás a encontrar;
el acto está cumplido, su repetición es un rito. Así pues,
la soledad es aún mayor si toda una muchedumbre
espera su turno: en efecto, crece el número de las desapariciones-
irse es huir- y lo que sigue se cierne sobre el presente
como un deber, un sacrificio que hacer al deseo de muerte.
Pero al envejecer el cansancio empieza a hacerse notar,
especialmente en el momento en que acaba de pasar la hora de la cena,
y para ti nada ha cambiado; entonces, por poco no gritas ni lloras;
y eso sería enorme si no fuera, precisamente, nada más que cansancio,
y, si acaso, algo de hambre. Enorme porque querría decir
que tu deseo de soledad ya no podría satisfacerse,
y entonces, ¿qué te queda, si lo que no se considera soledad
es la soledad auténtica, la que no puedes aceptar?
No hay cena ni almuerzo ni satisfacción del mundo
que valga una caminata sin fin por las calles pobres,
donde es preciso ser desgraciados y fuertes, hermanos de los perros.