Perder la ilusión o el poder de la política
Siempre tuve ilusión por mejorar en mi trabajo y por ofrecer a mis alumn@s lo mejor de mí misma: mis conocimientos, mi forma de conectar unas cosas con otras. Ir de la literatura a la historia y a las otras artes, explicar las costumbres, dinamizar con mis propios documentos, presentaciones, antologías... Auxiliada por la tecnología, en estos años he publicado en el campus virtual de mi Instituto y en otros lugares, decenas de presentaciones y bastantes documentos.
Mis tres hijos estudiaron en escuelas públicas, y de ellos, dos han merecido su premio extraordinario de carrera en la Universidad, también pública. Aprendieron inglés perfectamente (nunca los tuve que enviar a una academia, aunque sí leíamos y traducíamos en casa, que para eso su madre sabe inglés), y una de mis hijas aprendió italiano (ahora es traductora) durante su año de Erasmus en la Universidad de Bolonia.
Hoy, debo decir, he perdido la ilusión y he dejado de creer en la educación pública. Hoy, si tuviera hijos en edad escolar, los mandaría a la privada. Hoy, si pudiera dedicarme a otra cosa, elegiría cualquier otra profesión: sería informática, o guionista de cine, o periodista, pero no profesora.
Esta desilusión se la debo a los sucesivos consellers, a los sucesivos gobiernos, a los sucesivos governs.
Es la nefasta influencia de la política: no deja lugar para el ideal.
Parece que todo el mundo tiene título de CSI (pero no de un CSI cualquiera: del CSI Las Vegas). Todos tienen una teoría, una hipótesis, unas certidumbres. La única certidumbre es que una niña desapareció en el Algarve portugués, lo mismo que Yeremi Vargas y que otros muchos niños, en España y en el mundo ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué Maddie centra la atención de todos los medios y hay gente 'enganchada' al caso Maddie?
jose_tomas
Hace unas semanas saqué el libro de Tomasa Cuevas de la Biblioteca de Sant Cugat. Lo leí esa misma tarde. No dejo de sentir como una doble injusticia la represión de la era de Franco y el olvido de nuestros contemporáneos. Presas es una crónica, ni lacrimógena ni efectista, sobre la represión sufrida por mujeres que se involucraron en la defensa de la República española y que por ello sufrieron unas condiciones de vida atroces en las cárceles franquistas. Muertes por inanición, por hambre. Torturas, condiciones infrahumanas, frío, sed, insalubridad, hacinamiento, el encarcelamiento de sus propios maridos, hermanos o hijos (incluso los bebés eran mantenidos en esas condiciones insoportables hasta la edad de tres años, junto con sus madres), las muertes...todo queda explicado aquí, narrado con sencillez, diría que sin rencor, por estas mujeres a las que desde 1974 fue a buscar Tomasa Cuevas y cuyos testimonios coinciden en casi todo. Nieves Waldemer Santiesteban, Ángeles Mora, Pascuala, de Brihuega, Blasa y María Rojo, María Blazquez del Pozo, Pilar Pascual y otras muchas mujeres socialistas, antifascistas, comunistas, anarquistas o simplemente demócratas pasaron años de sus vidas sumergidas en ese horror: sólo algunas lograron escapar o sobrevivir a ello. Después, con la llegada de la democracia, sus voces fueron silenciadas de nuevo en aras de la convivencia. En sus testimonios, los recuerdos reviven aquellos años negros, y también los nombres, los sufrimientos y la solidaridad de todas aquellas que no pudieron vivir para contarlo, aquellas que fueron ejecutadas o que sucumbieron en las infernales condiciones descritas en el libro. 
