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Posteridad

Posteridad

Para Bardamu, del Doke.

 


Non omnis moriar

¡No moriré del todo, amiga mía! 
de mi ondulante espíritu disperso, 
algo en la urna diáfana del verso, 
piadosa guardará la poesía.  
¡No moriré del todo! Cuando herido 
caiga a los golpes del dolor humano, 
ligera tú, del campo entenebrido 
levantarás al moribundo hermano.  
¡Tal vez entonces por la boca inerme 
que muda aspira la infinita calma, 
oigas la voz de todo lo que duerme 
con los ojos abiertos de mi alma!  
Hondos recuerdos de fugaces días, 
ternezas tristes que suspiran solas; 
pálidas, enfermizas alegrías 
sollozando al compás de las violas...  
Todo lo que medroso oculta el hombre 
se escapará vibrante del poeta, 
en áureo ritmo de oración secreta 
que invoque en cada cláusula tu nombre.  
Y acaso adviertas que de modo extraño 
suenan mis versos en tu oído atento, 
y en el cristal, que con mi soplo empaño, 
mires aparecer mi pensamiento.  
Al ver entonces lo que yo soñaba, 
dirás de mi errabunda poesía: 
era triste, vulgar lo que cantaba... 
mas, ¡qué canción tan bella la que oía!  
Y porque alzo en tu recuerdo 
notas del coro universal, vívido y almo; 
y porque brillan lágrimas ignotas 
en el amargo cáliz de mi salmo;  
porque existe la Santa Poesía 
y en ella irradias tú, mientras disperso 
átomo de mi ser esconda el verso, 
¡no moriré del todo, amiga mía!

Manuel Gutiérrez Nájera (México, 1859-1895), Periodista y poeta modernista o romántico, según se quiera ver, fue uno de los poetas que leí de pequeña, junto con Luis G. Urbina o Salvador Díaz Mirón o incluso, Enrique González Martínez. Creo que nunca me he librado de la visión romántica que me imbuyeron esas lecturas (¡ay, Shelley!), a las que vuelvo periódicamente, sin sentirme nunca extraña en ellas.

Un meme: La imagen de escritorio

 

Hola a todos. Felipe Zayas me pone en el intríngulis de mostraros la imagen que tengo en mi escritorio, por un meme surgido desde el blog de Isidro (Hola, mucho gusto). Paso el testigo al pobre Ramon, que ya ha sido mi víctima anteriormente, a Lety Ricardez, para que nos ponga su imagen de escritorio en cualquiera de sus blogs, a Orfa y  a Fernando.

Se trata de una acuarela de Paul Klee: Jardines de Túnez. Klee es uno de mis acuarelistas favoritos. Tan leve y tan escueto, tan poético y tan puro que es difícil describir lo que me sugiere.

Poiesis

Poiesis

Los ríos se adentran eternamente en el mar. Mi vida en el silencio (Pascal Quignard, Vida Secreta) 

 

 Yo intuí una tarde de otoño, cuando cumplía mis trece años y no me equivoqué, que el daimon del poeta debe ser cultivado; que no crece en su espíritu ni puede formarse como se forma el hielo sobre el agua de un lago en el invierno: por orden de la naturaleza. Supuse, y no me equivoqué, que la santa locura, la santa profecía de la poesía verdadera ha de nacer del dolor y de la soledad, del estudio y de las muchas horas pasadas ante los libros que guardan la sabiduría, teniendo como centinela la luz de los candiles. Fatigada la vista y vacilantes las manos que sostienen los libros. Hambriento el cuerpo, adoloridas las articulaciones por la inmovilidad. Rota el alma, si es preciso, por la deseada comunidad con los hombres. Sedienta la pupila de la luz del día, el oído anheloso de escuchar el bullicio de las calles o el ruido de las tabernas. La locura y la verdad de la palabra poética sólo pueden provenir de esta lucha entre el mundo y el yo. Para obtener la poesía hay que velar, sufrir, callar, meditar, resistir.

Para llegar al conocimiento no se puede traicionar el silencio por el bullicio ni la soledad por la compañía de los otros hombres. No se puede dejar la incomodidad por el descanso. Para encontrar la palabra verdadera hay que resistir las distracciones. Ser fuerte. Olvidar toda otra necesidad del cuerpo para elevar el alma y ver lo que otros no ven: aquello que yace oculto para todos, menos para los iniciados. Para ser poeta divino hace falta estar en absoluto silencio, pues de otro modo no se escucha esa voz más callada que la nuestra, que es el latido del mundo, y que se oculta en el interior de los hombres sabios.  Esa voz que es percibida por las sibilas o que hablaba por boca de los profetas bíblicos. Esa voz que entre enigmas y callados susurros dice la mayor verdad y proclama en sílabas apenas pronunciadas los secretos del universo. Lo perenne. Nada debe perturbar el silencio de las almas si quieren escucharla: ni se debe agotar esa voz en los placeres ni se puede ocultar entre los velos, más sensuales, de lo superfluo. 

La frontera, de Pascal Quignard

La frontera, de Pascal Quignard

El señor de Oeiras replicó que no había sido su intención herirlo, pero que desde hacía algún tiempo, le había parecido que su vida no era tan diferente de la vida de las tinieblas y que los rasgos de su rostro revelaban penas que se asemejaban a aquellas que, es de suponer, se padecen en los infiernos.

Como soy un poco obsesiva, hago ciclos. Tuve mi ciclo de música para clavecín, mi ciclo de música isabelina, mi ciclo operístico ( y dentro de éste, mi ciclos Wagner, mi ciclo Puccini), mi ciclo Paul Celan, mi ciclo Rilke, mi ciclo Thomas Bernhard, Mi ciclo Balzac, mi ciclo Paul Auster (un poco como Portnoy), que ahora está en su ciclo Faulkner, lo único que él es más organizado)...No sigo para no cansaros en exceso: ahora estoy en mi ciclo Pascal Quignard.

Así que después de leer su Georges de La Tour y de postear sobre ello (sazonándolo con mis propias ideotas), me apetece hablaros de esta leyenda recogida en La Frontera, que no sé si es cierta o inventada (no he podido situarla en el omnisapiente Google), y que paso a comentar.

En cuanto comencé la lectura supe que andaba en los dominios de las leyendas del tipo Corazón comido -ésa que habla de una mujer castigada por su marido a comer el corazón asado de su amante tras conocer sus traición-, tan amadas por la tradición francesa.

                                  

                                                         El libro del Castellano de Coucy 

Leyenda que luego resurgió en versión light cuando se rumoreaba que Margot de Valois llevaba siempre encima un cinturón del que colgaban los corazones disecados de sus amantes muertos y que contribuyó a su fama europea como mujer extraordinariamente hermosa: la más hermosa de su tiempo, cosa que no confirman sus retratos.

                                  

 

                                                  Margarita de Valois

 

Aparte del Corazón comido, encuentro referencia literaria a la leyenda narrada en La Frontera en la verdadera historia, narrada por el propio protagonista, de la Historia Calamitatum ( o sea, la de Pedro Abelardo), ya que el tema se anuncia o se propone desde el comienzo: se trata de una castración.

La joven de Alcobaça había tenido también un compañero de juegos del que ser había encariñado; se llamaba Afonso  y era el hijo del intendente de la Casa de Colares. Cuando Luisa cumplió trece años a Afonso, en una capea, le había aplastado las glándulas de los genitales un toro que le había pisado salvajemente el vientre (...) Luisa de Alcobaça se precipitó, fue corriendo hasta una carreta que había ahí y en la que habían tendido el cuerpo de Afonso, quien todavía daba alaridos. Hacía tanto calor en la carreta que la habían cubierto con un cañizo.  La joven estrechó contra su pecho a su amigo mientras el barbero le hacía una incisión en uno de los testículos y extraía la glándula (p. 14). 

Pero en la narración de Qugnard este castigo infamante, no sólo físico sino moral, viene envuelto en una historia con caracteres vodevilescos y escatológicos.

La primera visión que el protagonista tiene de los encantos íntimos de la dama se da mientras ella hace sus necesidades en el jardín de Palacio. Después viene el despecho por la elección de un joven marido más atractivo que él, la cuidadosa puesta en escena de un engaño que Molière habría aprobado, la ingenuidad de los jóvenes esposos, opuesta a la fría plasmación de la venganza del amante despechado; la escena de caza, el jabalí ( el toro ha estado presente en la primera historia, la que nos da la pista de lo que vendrá), y el asesinato del  marido, crimen perfecto, con la consiguiente seducción de la joven viuda, la confesión: él mismo, el señor de Jaume, confiando demasiado en sí mismo, se delata y ello propicia la venganza de ella. Truculencia pura. Nouvelle renacentista, Chaucer más Petronio más Bandello: accidentes, camas que se convierten en trampas, engaños. Apariencia en contra de realidad. Conclusión: dolor y muerte. Traición. La perpetuación de la venganza o de la historia legendaria a través de los azules azulejos del paraíso residencial del mejor amigo del señor de Jaume, Mascarenhas, a pesar de la prohibición del  rey de recordar la terrible historia.

La materia, siempre lo he dicho, es lo de menos. Lo importante es el lenguaje. Sobre qué mediocres novelitas italianas arma el señor Shakespeare su Romeo y Julieta o su Otelo (o Cervantes sus Novelas Ejemplares ).

Lo que importa en Quignard es lo que no nos dice. Y el cómo no lo dice. El tatuaje del pubis de la dama: la cifra de todo su misterio. 

La brutalidad al lado de lo sublime. Salvajismo y refinamiento. Sangre, excrementos y libaciones y amores que nacen, viven y no mueren. Toros y jabalíes, Hombres y mujeres apasionados o distraidos. Jardines de sueño, donde se reúne el universo todo o toda la belleza del mundo y donde todo puede ocurrir, especialmente lo más espantoso. O un pequeño tratado del amor en la Europa del siglo XVII.

 Pascal Quignard, La Frontera, trad.  y postfacio de Ascensión Cuesta, Editorial Funambulista, 2005.

La leyenda del castellano de Coucy (ed. de Isabel de Riquer),  Alianza Editorial, 2002.

Víctor Erice: El sol del membrillo

Víctor Erice: El sol del membrillo

Hay ciertas cosas que la realidad no te entrega si no sabes esperar. Víctor Erice.

Erice es uno de los creadores más importantes del cine español. Que tenga una obra escasa no desmerece su valor (ahí tenemos a un Juan Rulfo, que con sólo dos obras ha pasado a la historia de la literatura). Ignoro las razones por las que Erice no se prodiga. Pero cada vez que coge una cámara, nos regala una sensibilidad, un meta-discurso sobre el cine y sobre la mirada, sobre la realidad y sobre la creación.

Y sobre la mirada y sobre la creación va este documental con Antonio López. Y no digo sobre Antonio López porque no es un biopic documental, no es una obra que trate de la obra de...Es un fragmento, una hoja desprendida de un diario que recoge los meses que dedica Antonio López a la transcripción de un árbol de membrillo. Primero como óleo, después como dibujo.

Lety, con sus pinturas, me ha hecho pensar en esta película, y a ella le dedico este post. Pintar no siempre es transcribir la realidad. Incluso diría que en el siglo XX y en lo poco que llevamos del XXI, pintar no es transcribir. A contracorriente,  Antonio López ha construido su magnífica obra. Para mí, López es el otro gran pintor español del siglo XX.  Pero para valorarlo, hay que ver la obra: verla. No valen posters o ilustraciones (ése es el gran obstáculo que tiene su obra para ser apreciada en nuestros siglos).

Antonio López transcribe la realidad para darle eternidad, como se sugiere en el que podríamos llamar el epílogo de la  película de Erice. La realidad no se trasciende a sí misma. Es fugaz, fútil, pasajera, incluso diría que es banal, y no tiene vida después de la vida. Es el arte o el pensamiento escrito quien dota a la realidad de trascendencia. Tanto el cine, que recoge las imágenes de una realidad siempre pasado, como la pìntura, que recoge con mayor o menor precisión la corporeidad que ha dejado de existir: jarras de leche de Vermeer, jarrones y manzanas, jugadores de naipes de Cézanne, frutas de Caravaggio... todo ello vivo y presente gracias al arte. Amores de poetas, dolores, angustias, magdalenas que metaforizan una infancia, retratos de artistas adolescentes...Sólo el arte. Sólo él. El único arte no realista es la música. Quizá el único sublime por sí mismo.

Cuando se acaba el cuadro del membrillo, Erice nos muestra la futilidad del membrillo: membrillo que sirve para ser convertido en mermelada de la abuela, en objeto de curiosidad para los trabajadores (polacos) de la casa, que lo comen y que no quedan convencidos por su sabor. Es como una pera dura, insípida, dice uno de ellos, desdeñando el membrillo sobre la mesa.

Para mí Antonio López merece un sustantivo, no un adjetivo, y el sustantivo es deslumbramiento. Porque su pintura es sustantiva y no adjetiva. El mundo de Antonio López es la pintura misma, más el tiempo. Su pintura tiene la cualidad de referirnos o remitirnos al tiempo que huye, modificándolo todo. Más que luz, más que formas, López captura ese tiempo mientras huye de o por encima de las cosas: cuerpos (esto es evidente en sus magníficas esculturas desnudas de hombre y de mujer, porque López, aparte de pintor es escultor dotado), lavabos, calles o terrazas.

Su modestia y su sencillez humanas lo definen como el artista consciente de la limitación de sus posibilidades frente al objeto. Desde esa conciencia, López emprende las obras o las deja, si las circunstancias son imposibles de superar. Así, deja inconcluso su óleo del membrillero. Y lo hace sin amargura por el tiempo que ha pasado dedicándole su atención, sus precisas mediciones. Hay una frase casi zen en su diálogo con dos chinos que le inquieren sobre sus propósitos, sus técnicas y su modo de hacer. Les dice: Para mí lo más importante es estar junto al árbol, no la tela que pinto.

López planta el árbol de membrillo. Cuatro años después, traza las líneas cardinales en su lienzo. Antes, ha puesto sus hilitos: ha colocado sus coordenadas espaciales y su plomada en el centro. Ha dibujado en la barda de su casa la línea del horizonte. Ha clavado dos señales en la tierra para saber desde dónde, exactamente, va a pintar (fijando así el punto de vista). Y ha preparado la tela. Comienza a pintar directamente, sin bocetar. Poco a poco, desde el centro, va surgiendo el membrillero, y poco a poco, López va tocando con su pincel y su blanco los puntos de referencia: porque el membrillo no permanece inmutable: al pasar de los días y de las semanas, el arbolito va creciendo, va produciendo y sus ramas van descendiendo por el peso de los frutos. López va bajando también los trazos de su pintura, acompañando al membrillero, pintando más abajo, desplazando también lo que ha ido pintando más arriba: sus membrillos, sus ramas, sus hojas en el lienzo también descienden. centímetro a centímetro; López pinta al mismo tiempo el membrillo y el tiempo, el esplendor frutal del delgado arbolito, su capacidad fecunda de crear.

Erice, mientras, filma a Antonio López, filma también a los obreros que trabajan en la casa. Ellos también acuden a su trabajo cada día. Lo contemplan de lejos, para apreciar mejor, como Antonio va pintando el membrillero. Buscan, con sus martillos, su cemento, su igualador, la perfección de la obra. Ellos también saben que su obra va a perdurar: es una casa. Esta narración paralela es puro didactismo refinado: el artista es un obrero del arte. El obrero es un artista si se afana por hacer las cosas bien. Ambos trabajan la materia. Las manos y la cabeza en armonía con la idea: el objetivo final: la obra.

                                          El óleo del membrillo y la bso 

Destaco la espléndida banda sonora de esta película, a cargo de Pascal Gaigne ¡Ese violoncello que sale de las entrañas!

Víctor Erice, El sol del membrillo. Antonio López en una película de Víctor Erice, 1992, Edición de coleccionista. 2 discos. Rosebud, 2004.

Para ver imágenes elocuentes de la película pinchad aquí (Y además encontraréis mucha información interesante).

Georges de La Tour

Georges de La Tour

Cuando yo tenía 23 años, el Louvre no tenía el aspecto que tiene actualmente. No existía la famosa pirámide, ni el gran vestíbulo...Se accedía por la puerta del Carrousel y se atravesaba una gran galería subterránea con las esculturas griegas, romanas y etruscas hasta llegar a la gran escalinata principal que coronaban la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo. Era una visión de ésas que quitan el hipo, pero decimonónica.

En la Gran Galería de pintura, un cuadro llamó poderosamente mi atención. Qué rarita he sido siempre: no se trataba de la Gioconda, ni de ninguna obra de Rafael, ni siquiera de Frans Hals, aunque su pequeño retrato sonriente también me daba la bienvenida a la Gran Galería: era un cuadro de Georges de La Tour. Un enigma. Ese cuadro me ha llamado siempre. Por su expresividad, por la historia que se adivina detrás de las caras, por su composición, por su colorido, por la relación que se adivina entre los personajes, por el sentido del humor, y (last but not least), por la luz cambiante que ilumina o ensombrece los rostros y las figuras del cuadro. Las miradas establecen la dirección de la mirada del espectador y van desde el centro ocupado por la dama que mira de reojo al jugador tramposo, a la criada que escancia el vino y mira, también de reojo, al jugador absorto de la derecha y sólo después, al final de las miradas,  nos detenemos en el detalle del jugador que nos da la espalda y que oculta el as de diamantes. La intención es didáctica, el color, lúdico, como el tema: la partida de cartas, mil veces representada. El fondo es oscuro pero una misteriosa luz les ilumina a todos, sólo la cara del tramposo queda en penumbra, como su gesto, para los demás jugadores. Sin embargo, dos de esas personas saben  ¡Cómo lucen los pechos femeninos, los hombros, los tocados las plumas, la manga del joven absorto. Hay un engaño y hay una complicidad. Hay una zona de luz y otra de sombra. Rojos, naranjas, bermellones y ocres sobre esa oscuridad uniforme de la escena que no está en ningún lugar, como dice Racine. Y seguramente, son las ocho de la tarde. 

Me compré en Laie -esa buena librería barcelonesa de la Via Layetana-, un ensayo de Pascal Quignard sobre él. Quizá su nombre no os diga nada, pero si os digo que es el autor de la novela (que en realidad no es una novela) en que se basó la película de Alain Corneau Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo) lo recordaréis.

                                       

He comentado a veces mi devoción por la prosa francesa que bebe en las fuentes de la sobriedad neoclásica. Mi fascinación por el jansenismo se reflejó en mi tesis doctoral. El jansenismo es una doctrina cristiana que busca volver a las fuentes de la religiosidad y si me permitís, de la ética cristiana. El jansenismo quiere volver a la sobriedad y a la austeridad fundacionales, a la autenticidad de los tiempos carentes de pompa y circustancias, ajenos todavía al boato ceremonial e iconográfico, al estallido del lujo del espectáculo eclesial. Su filiación es problemática, pues muchos lo confundieron con el protestantismo. Fue considerado peligroso, cercano a la herejía, cuando no era más que una vuelta a la raíz. Por supuesto, esa fidelidad a la raíz era una traición a la Iglesia. Y más todavía a la iglesia del Barroco, pura plasticidad, puro lujo, puro oro y puro espectáculo. Quignard, que escribe en los siglos XX y XXI es uno de sus estudiosos más lúcidos y uno de sus penúltimos amantes. Él describe a Georges de La Tour como el pintor del barroco jansenista, opuesto a la eclosión suntuosa de un Poussin o de un Le Nain. Acierta, por supuesto. Ninguna pintura es más sobria que la de La Tour, está despojada la escena del no-lugar; es el instante del silencio, la búsqueda de lo interior, sea abandono del mundo y de los placeres, como en sus Magdalenas, sea en el momento de la trampa, como en El as de diamantes o en el de La adivinación de la fortuna

            La lección de lectura

Su breve ensayo sobre de La Tour comienza con una referencia a Racine, que traduzco libremente: Racine dice que la escena es un lugar inexistente, en un tiempo ignoto, a las ocho de la tarde, iluminado por la luz de las velas y que nunca se encuentra al alba, por mucho que uno se esfuerce en buscar el más lejano rincón de las calles de la ciudad donde uno vive.

En 1600, en Vic, dice Quignard, un nene i( de La Tour) ignora que pasará la vida buscándose a sí mismo a la luz de una vela...Sus cuadros son la expresión del instante detenido, en medio del silencio, a la luz de esa vela. La luz de la vela ilumina la noche, la oscuridad y el silencio, pero se trata de una luz íntima, no de una luz cegadora. En la luz que ilumina esa sombra, uno se pregunta por el sueño, por la realidad, por la verdad. Todos los personajes de La Tour buscan su propia historia. La Magdalena dice adiós a los fantasmas de su voluptuosidad. No es rubia, no es perceptible (sólo se adivina) su belleza. Su largo cabello negro es ya una renuncia. Se despide de todos los placeres de su cuerpo a la luz de esa vela.

            La adivinación de la fortuna

El jansenismo, dice Quignard, va en busca de un destino que llega más allá de su tiempo, escapando de la doctrina clásica. Su fundamento es el estupor ante la muerte (Sobre el jansenismo, ningún libro mejor que el de Lucien Goldmann, Le dieu caché - El dios oculto-). El tiempo, el abandono, el terror, la sexualidad forman parte de esa familia del nuevo hombre, que  está solo ante ellas, no acompañado por Dios. El mundo sólo puede ser asido a través de la nada. La negación es la llave de la vida. La muerte abre, por fin el misterio de la vida; la vida sólo existe si se niega. Dice San Juan de la Cruz: La completa oscuridad de la noche oscura es el único amanecer que puede conocer el alma.

            San José Carpintero

La Magdalena que no contempla la vela o la calavera, sino su propia reverberación interior duplicada por esa llama que incendia en el espejo, para oscurecer mejor el mundo... La lección de lectura, en que una niña se asoma al misterio de la letra a la luz de la candela...El San José, preguntándose también si esa luz es la que iluminará el camino de ese niño que prometerá a otros la vida eterna, mientras pierde la suya, crucificado. La ternura en la mirada del padre carpintero se posa en la carita de ese niño para, entre las sombras, iluminar su triste calvario con su amor. La mirada lo dice todo. La luz, también. Y en el instante del misterioso nacimiento de ese mismo niño salvador nada perturba nuestra vista que no sea lo esencial. Las pinturas de Georges de La Tour son enigmas. Misterios interiores, silenciosos.

Amo el silencio, amo la pintura silenciosa de Georges de La Tour, amo la literatura callada de Pascal Quignard, que dice: Ante La Tour, el Verbo mismo se queda en silencio. El silencio se convierte en la verdadera Pasión. Es el último silencio.

Pascal Quignard, Georges de La Tour, ed. Galaxie, Paris, 2004.

Las cartas de amor de Emilia Pardo Bazán a Galdós

Las cartas de amor de Emilia Pardo Bazán a Galdós

Ahora que he tenido a mi pequeña filóloga conmigo, he sacado de uno de mis estantes una deliciosa recopilación de cartas amorosas escritas por Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós, descubiertas y publicadas en 1976 por Carmen Bravo Villasante.

En su momento, mi amiga Pilar Alegret y yo disfrutamos con ellas,  poniendo a la carta la voz, intentando buscar los matices del humor, de la inquietud amorosa, de la pena o de la culpa, que todo ello se reúne en esas extraordinarias muestras de la personalidad de la gran escritora gallega.  Una de mis pasiones en aquellos años fue leerla. Hace algún tiempo, cuando pude conocer la ciudad de A Coruña (para mí, la más bella de España), sentí una gran emoción al acercarme a su casa, visitar su pequeño museo, caminar por las habitaciones curioseando, como una invitada, las cosas de doña Emilia, sus retratos, sus muebles, sus manuscritos. La amabilidad de la gente que lleva el museo  me hizo sentir muy a gusto y al final de la visita me senté  en un lucernario que para ello han adecuado, a leer unos pasajes de su extraordinaria obra. Yo de niña ya conocí a esta señora. Mi mamá me había comprado una antología de Carlos González Peña: Florilegio de cuentos; el nombre me encantó, aunque no sabía qué significaba esa palabra. Ahí encontré varios de la Pardo. No olvido el de La cabellera de Laura, leído muchas veces y mi preferido junto con ¡Adiós, cordera!, de Clarín y El patio azul, de Santiago Rusiñol

En los años de facultad, Pilar y yo disfrutamos como locas de la lectura de sus novelas, desde Un viaje de novios hasta La madre Naturaleza y también de  La cuestión palpitante, porque no hay que olvidar que además de su talento como escritora, la Pardo introdujo el tema del naturalismo francés en plan teórico y práctico en España, y también fue pionera en su interés por los escritores rusos que hoy todos admiramos. Entonces, allá por el 1976, estas Cartas a Galdós nos ayudaron a entrar un poquito en la intimidad de esta mujer, grande por su extraordinario talento, su humor y su valor como persona.

De modo que, al llegar mi pequeña Sarita, ninguna otra propuesta me pareció más idónea que la lectura en voz alta de estas cartas, que ella desconocía. Francamente, disfrutamos. Hace poco, Sara había leído a Galdós en dos de sus obras más interesantes: Fortunata y Jacinta, y La Desheredada, novela injustamente relegada, cuando es tan interesante y enjundiosa como La Regenta de Clarín. Algún día os hablaré de ese personaje quijotesco y complejo que es Isidorita Rufete y de toda la gente que puebla su universo y que la acompaña en su imparable descenso a los infiernos.

 

                                                                      

A lo que iba. No se puede decir que Emilia fuese una mujer hermosa. Era alta, robusta (luego sería algo más que robusta), ligeramente estrábica. Sin embargo, todos sus compañeros de generación (menos Juan Valera, que era misógino y antifeminista), la adoraron. Fue educada por un padre generoso y progresista, que jamás le prohibió leer ningún libro, consciente de que como heredera absoluta de sus bienes, que no eran pocos, y por su inmenso talento, su hija podía hacerlo todo: todo lo que quisiera. Ella se formó en la biblioteca paterna, aprendió idiomas, viajó. Se casó muy joven como era costumbre y estuvo siempre unida a su madre y a sus numerosos hijos. La relativa facilidad con la que entró en el mundo literario no es ajena a su posición social y económica. Otro gallo le hubiera cantado de no haber sido quien era, pero lo que llegó a ser...eso se lo ganó a pulso ella solita, trabajando y escribiendo incansablemente.

Bravo Villasante encontró estas 32 cartas inéditas datadas en 1889-1890 (la correspondencia de todos los miembros de esta generación del 68 es muy abundante), aunque la amistad entre doña Emilia y Galdós data probablemente de 1881, año de publicación de La Desheredada y de La cuestión palpitante y de la separación conyugal (muy discreta y de común acuerdo), de la autora gallega.

El amor y la pasión de doña Emilia aparecen aquí teñidos con los tonos del humor, de la ternura y de la clandestinidad a que estaban obligados. También de la sinceridad.  Comienzan amablemente, asépticamente; son los inicios y la escritora encabeza: Mi querido amigo y maestro... y firma, muy seria, Su amiga, E., pero pronto cambia el signo: en la tercera carta, que le escribe desde París, dice:

Triste, muy triste...como diría un orador de la mayoría, me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña...¿quién reemplazará condignamente nuestras expansiones a la mesa y el el execrable puesto, nuestras dulces y disparatadas causeries, nuestra charlas, ora guasonas, ora serias y literarias, nuestra ternura que era la salsa secreta de todo el compagnage y de toda el alma amistad que nos veníamos mintiendo? Ahora es cuando la p...ícara imaginación representa con lindos colores toda la poesía de este viaje feliz...Hemos realizado un sueño, miquiño adorado, un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible. Le hemos hecho la mamola al mundo necio que prohibe estas cosas; a Moisés que las prohibe también con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos el cielo, que se creen los únicos felices porque están en el Empireo con cara de bobos tocando el violín... Felices, nosotros ¡Ay, cuándo volveré a estrecharte en mis brazos, mono, felicidad mía, cuándo será!

Y esta vez se despìde de modo muy distinto:

...Que sueñes en renovar horas tan venturosas, que vayas tramando el modo de realizarlo en compañía de tu

Peinetita,

que te besa un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo.

La dificultad de encontrarse se manifiesta en muchas de las cartas. Los encuentros debían ser secretos, a horas muy bien estudiadas, porque la Pardo viaja con frecuencia con su madre y con los niños:

Le escribe desde Lourdes: Mi vida, en este momento acabo de perder el tren que debía llevarnos a España...Lo que me consterna es pensar que tal vez no me esperes ya, con tantas dilaciones...Soy tu rata, que te ama y está rabiando con este contratiempo...

Y un lunes: Mi propósito es plantarme el jueves de 6 a 7 de la tarde near Maravillas Church (Palma Strasse), pero voy con mamá...Iré al loco citato, si no me es absolutamente imposible, el jueves; y si no, el viernes, all' ora stessa. Te abrazo con toda la fuerza de mis brazos y de mi corazón, diletto, vita ed anima mia. Ti bacia caldamente, tu Porcia. 

(La Pardo y Galdós solían reunirse en un discreto apartamento de la calle de La Palma, cerca de la iglesia de Maravillas, que ella llama, con su humor habitual, Palma Street o Palma Strasse y Maravillas Church).

Un domingo, le escribe:

Minino: Ayer nos convidaron al Real: mamá en casos tales se pone como una niña: quiere ver subir el telón...Al ver esto, y ver que en el fatídico reloj sonaba la media, y transcurría tiempo, y las siete se apropincuaban, huí del impuro nido. El martes ahí tendrás a tu Suriña. Se me hace el tiempo largo; la metá de mis deseos, cual huye ante mis asombradas pupilas ¡Ah! ¡Oh! ¡Seductor, no me fascines con tu serpentina lengua! Adiós mono, hasta el martes -loco citato, all’ora stessa: En cuantique te vea, te como.  

No todo son mieles en la relación. Ella tiene un affaire con Lázaro Galdiano en Barcelona. Narcís Oller, que los ha presentado, se siente celoso y se lo cuenta a Galdós. En una carta que desconocemos (las cartas de él no han llegado hasta nosotros), se lo reprocha. Doña Emilia, sorprendentemente, confiesa:

...Mi infidelidad material no data de Oporto, sino de Barcelona...Perdona mi brutal franqueza. La hace más brutal el llegar tarde. Y no tener color de lealtad. Nada diré para excusarme y sólo a título de explicación te diré que no me resolví a perder tu cariño confesando un error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas. Eras mi felicidad y tuve miedo a quedarme sin ella. Creía yo que aquello sería para los dos culpables igualmente transitorio y accidental. Me equivoqué: me encontré seguida, apasionadamente querida y contagiada. Sólo entonces me pareció que existía problema: sólo entonces empecé a dejarme llevar hacia donde -al parecer- me solicitaban fuerzas mayores, creyendo que ahí llenaba yo mayor vacío y hacía mayor felicidad. Perdóname el agravio y el error, porque he visto que te hice mucho daño, a ti, que sólo mereces rosas y bienes, y que eres digno del amor de la misma Santa Teresa que resucitase...

La relación prosiguió, pese al obstáculo. Y Emilia sigue desplegando su humor sano y contagioso:

Cariño, caro (acabo de recibir una carta muy apasionada de un siciliano y por ende me dan ganas de seguir requebrándote en la lengua de Petrarca) no emprenderé il mio viaggio hasta domani, ossia martedí alle cinque e mezzo...y ahora recobro el idioma natal para decirte que es preciso, en esta ocasión tan excepcional, que te revistas de alguna indulgencia para la cuestión de las citas...Ratonciño, adiós, hasta mañana.

De nuevo, desde París, adonde acude a ver la Exposición Universal, le invita:

Por ahora la Exposición para mí sólo se traduce en gasto, polvo, sudor, mareo y traqueteo de tren. Veremos si mañana, ante la Torre Eiffel, mudo de pauta y canto un himno al progreso. De todas suertes se me figura que prefiero ya a Steinkopfenkerken o como se llama esa ignorada aldea en que...

Y Tras los viajes a París, Suiza y Alemania, le escribe:

Mi vida, al abrir los baúles fueron saliendo objetos que eran otras tantas reminiscencias de nuestra feliz escapatoria... Pero sobre todo lo que yo tengo presente es la (escena) de Francfort, que pertenece al número de las que por rebasar de los límites del amor nefando y el deleite vil, se graban en el espíritu con imborrable huella... Haz por venir pronto, cielo, feo, monigote...¡Cuán grande va a ser mi orgullo si me dices que tus saudades corren parejas con las mías, y que tú también has encontrado en mí la compañera que se sueña y se desea para ciertas escapatorias en que burlamos a la sociedad impía y a sus mamarrachos de representantes!...Imposible parece que después de lo muchísimo que charlamos, ya en los fementidos y angostos lechos germánicos, ya en los lujosos vagones, al amparo de los feld-mariscales que nos abrían las portezuelas y nos llamaban príncipes, quede todavía una comezón tan grande de charlar más, y un deseo tal de verte otra vez en cualquier misterioso asilo, apretaditos el uno contra el otro, embozados en tu capa o en la mía los dos a la vez, o tumbados en el impuro lecho, que nuestra amistad tiernísima hace puro en tantas ocasiones. Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria...porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro. 

Sé que debo dejar de transcribir este delicioso diálogo, del que conservamos sólo una parte, la de doña Emilia. Debemos dejar al Miquiño y a Porcia. Antes sólo permitidme deciros que si algún día en alguna librería de viejo encontráis estas cartas, las llevéis con vosotros. Las vais a disfrutar. Ternura, humor, amor.

Carmen Bravo Villasante, ed., Emilia Pardo Bazán, Cartas a Benito Pérez Galdós (1889-1890), Ediciones Turner, Madrid, 1975. 

 

 

Estos días, la pintura.

Estos días, la pintura.

Hola a todos mis lectores, silenciosos o elocuentes, fieles e infieles.

Estos días he estado ausente del blog, pero he procurado ir a visitar a los otros blogueros, a Portnoy,  emejota, retroklang, Apostillas, a mi amiga Lety; a Fernando, Bardamu, Orfa, Laura, Indianguman, Felipe, Ramon, Diana...

Me ha faltado tiempo para escribir, porque he estado pintando. Para pintar en casa (otra cosa son las clases, ahí se impone la disciplina y pintas porque pintas: no hay otra), necesito atmósfera, silencio y un poco de orden. Como ha venido mi pequeña filóloga de Bolonia...como ha habido cierto jaleo de fiestas con mis otros hijos, Paulina y Arturo y Teresita...como he visto a mi querido güerito... se me ha complicado la cosa del tiempo.

Tenía un encargo y acabo de cumplirlo. Ha sido placentero y peligroso. Complacer a alguien que quieres mucho es arriesgado: puede que no lo consigas. No sé si él se ha sentido contento con los intentos. Gracias a Picasso, tengo mis defensas preparadas: Cuando Gertude Stein le encargó su retrato y Picasso se lo llevó, ella le dijo, disgustada: ¡No me parezco en nada! ¡No me reconozco! Y él le dijo: No te preocupes, Gertrude, ya te parecerás...  Gracias a esa frase, mi conciencia queda un poquitín más tranquila. También recuerdo un hermoso retrato de una dama, pintado por ese otro ser maravilloso que es Henri Matisse. La dama del encargo no se lo quiso comprar por la misma razón arguyendo que ella no tenía la cara verde. Y es un cuadro hermosísimo...Pero no piensen que me creo Picasso o Matisse: es sólo una disculpa que me doy a mí misma por mi torpeza.

                                                                                               

Ya saben: quien no se consuela es porque no quiere.

He hecho lo que he podido, aunque sé muy bien que en estas cosas el esfuerzo y la buena voluntad no sólo no bastan. Es que no tienen importancia.

El parecido es algo que los pintores artesanos del pasado dominaban: su técnica les permitía todo tipo de expresiones. Cuando estudiaban en los talleres de los maestros, éstos les encargaban pares de ojos: ojos risueños, ojos melancólicos, ojos redondos, ojos rasgados...y así, bocas, manos, posturas, expresiones.

                                                                                              

Yo no tengo técnica y lo lamento. No es una cosa que me enorgullezca, pero sé que tengo estilo. Algo es algo y menos da una piedra.

Así que vuelvo por acá otra vez, deseando a todos un Feliz 2006. Y mucha vida. 

Prohibido fumar (Encuesta)

Prohibido fumar (Encuesta)

En esta encuesta os pregunto qué opináis de la ley que entrará en vigor el 1 de enero de 2006 en España.

 

CONSUMO

Prohibición de fumar

 

  • Instalaciones sanitarias (menos psiquiátricos)
  • Instalaciones educativas
  • Instalaciones deportivas cerradas
  • Organismos del Estado
  • Oficinas y puestos de trabajo en espacios cerrados
  • Centros culturales, bibliotecas y museos
  • Cabinas telefónicas
  • Recintos de cajeros automáticos
  • Ascensores
  • Todos los espacios del transporte metropolitano menos en los andenes al aire libre
  • Lugares de manipulación o venta de alimentos
  • Autobuses
  • Taxis
  • Trenes
  • Vuelos interiores
  • Vuelos internacionales

 

Sólo en zonas habilitadas

 

  • Restaurantes, pubs y bares de superficie mayor a 100 m2. La zona para fumadores no podrá ser superior al 30% del espacio del local.
  • Teatros y cines
  • Centros de atención social
  • Hoteles y hostales hasta un máximo del 30% de las habitaciones
  • Aeropuertos
  • Transporte marítimo doméstico e internacional, sólo en cubierta

 

Permitido

 

  • Restaurantes, pubs y bares de superficie menor de 100 m2 cuyo propietario haya optado por permitirlo. Se debe anunciar en la entrada y en la publicidad.

 

PUBLICIDAD SOBRE EL TABACO

Prohibida

 

  • Televisiones
  • Radios
  • Revistas y periódicos
  • Vallas exteriores y carteles
  • Cines
  • Patrocinio de actividades de ocio y deportivas salvo circuitos de automovilismo o motociclismo

 

Permitida

 

  • Puntos de venta

 

PRINCIPALES INFRACCIONES

Leves

 

  • Fumar en los lugares prohibidos: hasta 30 euros. Si hay reincidencia, de 30 a 600 euros.
  • No informar en los establecimientos de la prohibición o no de fumar, así como de la existencia de zonas habilitadas: de 30 a 600 euros.

 

Graves

 

  • Permitir fumar en centros o lugares en los que exista prohibición de fumar o fuera de las zonas habilitadas para fumar: de 601 a 10.000 euros.
  • Habilitar zonas para fumar en establecimientos y lugares donde no esté permitida su habilitación o no reunir los requisitos de separación de otras zonas, ventilación y superficie legalmente exigidas: de 601 a 10.000 euros.
  • La venta, cesión o suministro de productos de tabaco incumpliendo las demás prohibiciones o limitaciones establecidas en esta ley: de 601 a 10.000 euros

 

Muy graves

 

  • La publicidad, promoción y patrocinio de los productos del tabaco en todos los medios, incluidos los servicios de la sociedad de la información: de 10.001 a 600.000 euros.

     

(Información tomada del diario El País)

Mis diez películas favoritas

Mis diez películas favoritas

Ferre, de Retroklang, me ha pasado la consigna de dar los títulos de mi personal ’Top Ten’. Así que, puesta a elegir, ahí voy, no sin antes pasarle a Magda, de Apostillas, y a Ramon Balcells el testigo... Pero cualquiera puede participar haciendo su propia lista...

1. Blade Runner. de Ridley Scott (1982).  Por su atmósfera oscura y desasosegante, por el discurso de Nexus, por el amor surgido entre las sombras, las dudas y el temor de no ser o de ser lo que no se quiere ser...Por la importancia de los recuerdos, sean falsos o verdaderos.

  

2. 2046 de Won Kar Wai (2004). Porque la belleza de sus imágenes y la música nos llevan por ese tren de olvido, de recuerdos y de sueños hasta las profundidades de nuestro ser. Por ese secreto que se guarda en el tronco del árbol; porque forma y fondo son una sola cosa que se funde...por el éxtasis que me proporcionó la contemplación de su belleza y de su verdad profundas.

3. Mulholland Drive de David Lynch (2001). Porque en esta película se plantea la esencia del cine ( y de la vida) en esa doble historia gemelar y de espejo en la que dos mujeres son una o no son ninguna (puesto que son ficción), y lo que vemos y creemos cierto no existe (’Porque ese cielo azul que todos vemos, no es cielo ni es azul/Lástima grande que no sea verdad tanta belleza’ dice Lupercio Leonardo de Argensola). Sin embargo, la música existe, suena. La ilusión perdura y es una ilusión real.

 

4. El retrato de Jennie de William Dieterle (1948). Porque el amor lo puede todo. Puede tranformar la realidad y convertir el sueño en certeza. Atravesar los parámetros de la lógica. Amar en todas las etapas, de la infancia a la madurez. Buscar el amor, luchar por él, salvarlo, si es preciso en medio de la tormenta. Gritar su nombre. Esperar que responda y se materialice. Y porque uno de mis actores favoritos es el señor Joseph Cotten y porque Jennifer Jones nunca estuvo más encantadora que con ese vestidito de blancos olanes.

5. La muerte en Venecia de Luchino Visconti (1971). Porque no hay deterioro capaz de quitarnos el deseo. Porque la belleza siempre lleva el veneno de lo imposible y de lo inasible. Porque todos nos morimos solos, frente al mar, tratando de ver, de no perder de vista al joven dios, el Eros.

6. El séptimo sello de Ingmar Bergman (1956). Porque en esa travesía hacia la muerte, el caballero juega con ella al ajedrez, como jugamos todos: eludiéndola, sabiendo que al final va a vencer, pero avanzando. ’Soy un fue y un será y un es cansado’...etc. Y aunque lleve la muerte consigo, el caballero vive, hasta llegar a su destino.

 7. La mujer de al lado de François Truffaut (1981). Por la belleza y fatalismo de esa historia de ’amor fou’, por las actuaciones de Depardieu y de la maravillosa Fanny Ardant, y porque Truffaut es uno de mis directores. Uno de los míos.

8. Brigadoon de Vincent Minelli (1954). Porque me encantan Gene Kelly, los musicales y éste en particular, tan ’verde era mi valle’, y con Cyd Charisse. Y ese color que sólo Minelli sabía crear en pantalla.

9. Enamorada de Emilio, ’Indio’ Fernández (1946). Porque María Félix nunca estuvo tan divertida ni tan honda. Porque es una comedia dramática en el contexto de la Revolución Mexicana, pero no lleva pancarta alguna. Porque la mujer, en la película,  es un ser pensante, actuante y libre ( y sin necesidad de incluir a Kate Hepburn en el reparto), porque el personaje de Pedro Armendáriz está lleno de humana flaqueza y porque el blanco y negro de Gabriel Figueroa es un verdadero deleite sensorial.

10 Eduardo Manostijeras de Tim Burton( 1990). Porque fue mi primera incursión en el universo Burton que ya forma parte de mi vida de cinéfila. Porque es un cuento tierno, romantico, un poco amargo. Y porque Depp está más Depp de lo que nunca ha vuelto a estar, y porque adoro a esa actriz maravillosa que es Diane Wiest.

¡Ay Dios! Se me han quedado fuera mi Rohmer, mis Amantes del Pont Neuf, mi Patrice Leconte y su Yvonne, mi Tavernier y su Sabine Azéma, Ordet, Ripstein y su Profundo Carmesí, Jane Eyre con Orson Welles y Joan Fontaine y...Bueno, ahí queda.

**Ramon Balcells ha publicado su lista aquí

(Y la de Magda está en los Comentarios a este artículo)

Chiles rellenos de picadillo o de queso

Chiles rellenos de picadillo o de queso

Después de la cena navideña, voy a agasajar a mis hijas con unos ricos chiles rellenos, que nos encantan. Como todos los platos mexicanos, son latosos de hacer, pero vale la pena el esfuerzo.

En México se utilizan los chiles poblanos que no son muy picosos y deben ser los hermanos mayores de los pimientos de Padrón, pero en España o Europa hay que adaptarse y usaremos pimientos verdes. No deben ser ni muy grandes ni estar retorcidos, porque los tenemos que rellenar.

Antes que nada hay que hacer el relleno:

Necesitaremos 125 grs de cane picada de ternera y otro tanto de carne picada de cerdo. Las freímos con poquito aceite de girasol y le agregamos cebollita picada muy finita y zanahorias también cortadas en finos daditos de pequeño tamaño. Una vez frito todo, le ponemos sal al gusto y le agregamos el tomate triturado en poca cantidad, sólo para ligarlo, pero no debe quedar caldoso.

Rallamos queso de cabra curado, en cantidad suficiente para rellenar los otros chiles.

Ahora tenemos que quitarles la piel a los pimientos y para ello los vamos a asar. Yo lo hago directamente en el fuego. Otras personas los untan con un poco de aciete y los meten al horno para que se desprenda el pellejito, pero ¡ojo! no deben cocerse, sólo asarse lo suficiente para poder dejarlos limpios. Luego, cortaremos lateralmente,  los desvenaremos y les quitaremos las semillas con facilidad. Una vez hecho esto ntroducimos el relleno de carne en unos y en otros, el queso. Se cierran con un palillo. Si los demás no han comido antes este plato, hay que advertirles que hay que sacarlo. No vaya a ser que el banquete acabe en Urgencias.

Los chiles, ya cerrados, se enharinan y se capean: es decir, se cubren con huevo batido a punto de merengue. Primero se baten las claras y cuando están al punto, se agregan las yemas y los chiles, ya rellenos y enharinados, se cubren con el huevo y se fríen. La cantidad de harina es mínima, la de huevo debe ser uniforme, pero no excesiva. Luego se ponen sobre un papel absorbetnte para elimninar el exceso de aceite. No deben salir aceitosos.

Se vierten en la cazuela (preferentemente de barro) dos latas de tomate triturado, un vaso de agua y una cebolla en rodajas no muy finas; se le pone sal al gusto. Aquí los mexicanos tenemos la oportunidad de ponerle un poco de picante (porque los pimientos no pican). Los demás, abstenerse: yo le pongo un poco de cayena en rama, que allá llamamos chile piquín y que se vende junto con las especias en todos los hipermercados. Se van metiendo los pimientos, ya capeados y fritos, en esta salsa. Se dejan hervir unos 10-15 minutos. Después, se les cubre con una generosa cantidad de crema de leche espesa (22% de grasa). Y ¡voilà!

Estos chiles (pimientos) rellenos se pueden acompañar con arroz blanco o con frijoles refritos o cocidos ( para que me entiendan, con judías negras o pintas fritas o caldosas, que se venden ya cocidas y en frascos en los mercados o en los hipermercados, como las lentejas o las alubias blancas).

23 de diciembre

23 de diciembre

En Arráncame la vida, la escritora mexicana Ángeles Mastretta dice que las mujeres inteligentes, si no se enamoran como idiotas, nomás no se enamoran.



La intuición de Claire se confirmó al pasar de los días. Octavio era. Era él. Por su parte, él también tuvo la certeza de que Claire era su ella.
No fue un amor fácil. Ambos eran difíciles, especialmente Claire, que era caprichosa a veces, salvaje otras, pero que nunca tuvo que reivindicar nada. Ninguno de sus sacrosantos derechos. Porque él siempre se los respetó todos.
Las dificultades eran logísticas. Claire vivía muy lejos. Más adelante , él le dijo, con su sorna habitual, si me caso contigo es nada más por no seguir viniendo tan lejos a buscarte... Desde ese quinto piso, ella buscaba el pequeño Fiat rojo de él subiendo por la curva, ya pasa el Deportivo, ya sube la cuesta, ya busca estacionamiento, ya baja, ahí viene, ya sube por el ascensor, ya toca, ya llega, ya soy, ya te beso, ya soy, ya soy, ya existo.
Él no tenía teléfono en su casa. Ella tampoco, allá en la Torre Tollán, en el departamento 22, en el quinto piso. Eso los obligaba a verse sin fecha fija, sin horas fijas. A ver si te encuentro, a ver si no. Tal vez por eso, nunca entendieron la felicidad sino como sorpresa.
Llegó Diciembre. La tía y Patsy se iban a pasar la Navidad a Nueva York. ¿Qué hacemos con Claire? Me quedo con Iliana. Iliana es mi prima, es pintora, vive sola en una casita con chimenea y sus dos preciosas hijas en Copilco, muy cerca de la Universidad. A esta altura del partido, el papá de Claire ya se había inhibido casi completamente. Claire se va con Iliana. Iliana, a su vez, se va a pasar la Navidad a Valle de Bravo. ¿Te quedas sola aquí? Ay,Claire, no me vayas a meter en un lío. Que Octavio se vaya antes de las tres de la mañana. ¿Me lo prometes? Te lo prometo.
Iliana sí tiene teléfono. Quedan. Suena el timbre de la puerta. Ella abre, allí en la puerta todavía, él le dice, por un momento pensé ¿ y si no existe? ¿y si toco a la puerta y me dicen, aquí no hay ninguna Claire? Pero sí existes. Menos mal. Vámonos.
Es el 23 de Diciembre y Claire pasea con él por esos terrenos baldíos llenos de piedra volcánica que rodean la casa de Iliana. Por fin, el primer beso. Y es lo que ella esperaba. Él no le pide, sé mi novia: no es tan convencional. Los dos saben. Antes de las tres de la mañana, él se va. Han estado abrazados allí, frente a la chimenea. Después, él le escribe, "Claire sabes, el resto te lo diré día a día, al desgarrarse el tul, mientras se derriten las nieves de tu foso".
La Prepa 6, él, Claire se despierta de pronto en una realidad por un lado anhelante de cariño, por otra, una realidad social. Ya antes ella ha tenido ciertas inquietudes políticas, ciertos contactos. Claire sabe que esa sociedad está enferma de hipocresía y de injusticia. Y en ese momento, cree, quiere creer, eso se puede cambiar. La tía se enfrenta cada día a Claire y entre ellas se pierde el antiguo lazo ¿Por qué él me tiene que traer a las diez de la noche?¿Qué pasa después de esa hora que no pueda pasar antes? Son puras pendejadas ¿no te das cuenta? Puras convenciones estúpidas. Él le escribe, "La costumbre magisterial de ejemplificar mis pensamientos te define entre tus compañeros de la Prepa 6, como una aceituna en un vaso con leche".
Por qué Claire se enamoró de él está muy claro. Pero ¿por qué él se enamoró de Claire?... tal vez porque él también estuvo siempre solo. Y estaba, creo, resignado a su soledad. Había tenido un amor. Un amor sólo...Y ella llegó cuando no la esperaba. Él también la reconoció. La relación suscitó sorpresa. Él tan guapo, con 30 años. Abogado. Ella tan joven, con cara y cuerpo de niña, estudiando en la Prepa. Paloma se lo preguntó una vez a él. Él le dijo, no lo comprenderías, prima. Claire y yo somos una pareja aparte. Sí, aparte, de otro sexo que todos. "Tú, semi recostada en el sofá, la cabeza arrebujada en mi pecho. Yo, sintiendo en la Osa Mayor la cálida humedad de tu aliento. Ambos en el acto equilibrista de prolongar una vivencia única en el tiempo".
Hacia Octubre, ya llevaban muchas tardes de cine en el cineclub de la Universidad, muchos cafés y pastelitos de mole en el ex-convento de Santo Domingo o en El Coyote Flaco, de Coyoacán; muchos conciertos, muchas noches platicando en el sofá de la casa de Claire, con la tía vigilante; muchas idas y venidas en el coche desde Chapultepec hasta la Torre Tollán; muchos primeros besos, segundos besos, terceros besos y besos de despedida a las diez de la noche. Por fin, un día, ella mintió a su tía
y se fue a pasar la noche con él. Ahora sonrío y supongo que la tía pensaría que lo que pasó esa noche ya había tenido lugar mucho antes, pero no fue así. Ambos se tomaron su tiempo y lo que ha de pasar, pasa: un día u otro día, pasa.
En Noviembre, él se fue a Guadalajara en un viaje de siete días que a Claire le pareció eterno. Cuando volvió, le explicó a Claire que ya tenía fecha para la boda, que sería el 23 de diciembre, que el cura sería muy guapo para que ella estuviera entretenida, que...y ella le dijo, entre molesta y emocionada ¿Pero no vas a preguntarme si quiero casarme contigo? Y él, no, ya sé que sí. ¿Para qué iba a preguntar?
"Claire, a la serie de voces que me niegan el derecho a volcarme en tu estanque, impongo mi devoción a tu proximidad y el amparo que me ofrece tu ( a veces), caritativa mirada. Y comenzamos el peligroso juego en el vértice de la Y griega, en el filo del delta y próximos al mar".
Por fin se iban a acabar los besos de despedida...

¿Cómo se aprende a vivir con los otros? : Ser y tener de Nicolás Philibert

¿Cómo se aprende a vivir con los otros? : Ser y tener de Nicolás Philibert

Después de ver unas cien escuelas rurales en el centro de Francia, Nicolas Philibert eligió una en la región de Auvernia, la del maestro Georges López, hijo de un emigrante andaluz que trabajó en la construcción hasta que consiguió su pedazo de tierra en el Rosellón francés. López, según cuenta en la película, siempre se sintió atraído hacia la enseñanza. En sus alumnos vuelca todos sus esfuerzos. Él es el centro del film, con esos pequeños cuyas edades van de los 4 a los 12 años y que comparten un aula única en esa escuela apartada del mundo y que al mismo tiempo, es el mundo.

La película comienza con dos secuencias que muestran el mundo: en la primera escena, un rebaño de vacas, en medio de una tormenta de nieve y de viento, se agrupan, se apiñan, se mueven con un sólo propósito, salir indemnes, encontrar el camino a casa. En la segunda escena, dos tortugas avanzan por el suelo del aula que pronto se va a llenar con los niños: avanzan lentamente, como el propio aprendizaje, pero se saben seguras, resguardadas de la tormenta exterior. Afuera, el frïo, la nieve, el viento; dentro, la lentitud y la paciencia.

El maestro enseña a sus alumnos en un espacio común, pero no juntos. Los divide en dos grupos y dos mesas: los pequeños aprenden trabajosamente a leer, a escribir, a contar. Aprenden también a respetar al maestro, que sólo responde cuando el pequeño Jojo le llama "Señor". El maestro enseña responsabilidad y que los compromisos y las promesas deben ser cumplidas. Estimula, pero no concede. Es severo, pero no hiriente. Exige y da. POne paz entre los pequeños que se pelean y consuela, pero sobriamente, sin dramatizar jamás.

El mundo de los mayores es más complicado: la timidez extrema de Nathalie, las masculinidades en choque de Olivier y Julien, que se enfrentan por ver qién es el más fuerte. Los conceptos de injusticia que ya deben tener, cuando uno de ellos, ciego de ira, se abalanza sobre los pequeños,que no tienen culpa de su caída. Y el diálogo, siempre constante, entre maestro y alumnos.

De la docena larga de pequeños que aparecen, el cineasta se fija especialmente en la gracia y el desparpajo de Jojo, (cuyas manitas y carita sucia sirven de cartel a la película), en la inteligencia de la pequeña Marie, en la inocencia angelical de Alizé, que se pierde entre unos trigales durante la excursión de fin de curso y en Nathalie, cuya timidez exagerada le impide la comunicación, y que se sienta al lado del maestro y llora al saber que debe ir al colegio de la ciudad y debe dejar atrás su protección y crecer. Finalmente, conocemos con más detalle la vida de los dos chicos mayores: Olivier, cuyo padre está enfermo de cáncer de garganta y Julien, que trabaja en la granja de sus padres, da de comer a las vacas, conduce el tractor, pero no sabe multiplicar...

Las familias son el tercer núcleo de interés en la película. Una de sus escenas más bonitas es aquella en la que Julien debe resolver sus deberes. Su madre se sienta al lado, para indicarle que siga, para vigilarle, inlcuso para pegarle un cachete cuando se equivoca. Se levanta uno de sus tíos y se acerca, ante la dificultad inesperada de la multiplicación; luego se agrega el padre, y después el hermano mayor. Niños rurales, niños que cuentan con una familia que trabaja de sol a sol pero que no se desentiende de ellos, familias que comprenden la importancia de la educación en la vida de sus hijos.

El cuarto núcleo significativo (pero no menos importante) es el tiempo que pasa. El tiempo natural, el tiempo de las estaciones. invierno, como dice Jojo en su poesía, primavera, verano...tiempo que marca el avance de los niños en su aprendizaje. Axel lee con dificultades en el invierno, pero en el verano ya, qué hermosa entonación consigue en su lectura. Los mayores marcharán al Instituto, dejarán su pequeña aula, deberán afrontar el reto de una educación en la gran aula, con otros 25 muchachos y muchachas. Ahora ellos, que son los mayores de su pequeña aula, serán los pequeños, y los pueblerinos. Ellos, que han luchado entre sí para ver quién es el más fuerte, deberán unirse ahora, como el rebaño del principio, para salir indemnes. Sus conocimientos deberán ser mayores: ’Ya no tendréis un profesor que os atienda personalmente’, les advierte el maestro. Nathalie también ha de marchar. Su timidez patológica conmueve. El maestro le ofrece la posibilidad de seguir visitándole los sabados, en que ella ya no tiene clase y él sí.

El estilo del maestro es el que yo creo que debería tener todo enseñante: mesurado, firme y respetuoso. Exigente y serio, el maestro no juega. No es uno de esos nuevos ’postprogres’ salidos de los clubes excursionistas que se creen que el maestro es un colega más que debe aceptar que sus alumnos le hablen groseramente o que salten sobre las sillas en su presencia; de ésos que cuando por alguna razón pasas por el pasillo al que dan sus aulas, crees que no hay profe dentro, del ruido que oyes. No. El maestro Georges López tiene muy claro que hay que esforzarse para enseñar y hay que esforzarse para aprender. Que es una proceso que requiere silencio y paz. Tranqulilidad y concentración. Y que eso no excluye el placer del aprendizaje sino que lo acrecienta, como cuando Jojo descubre que se ’puede contar más’, llegar más allá del cien, del mil, del dos mil, del tres mil...del un millón, del dos millones, del tres millones, y así hasta el infinito.

Al final, el curso termina. Los niños besan y se despiden de su maestro y éste los ve salir del aula, emocionado. Otros vendrán.

 

Ser y tener (Être et avoir), Dirección, guión, montaje, cinematografía, Nicolas Philibert; Fotografia, Katell Djian; Música, Phillippe Hersant. Intérpretes: Georges Lopez, Laura, Guillaume, Julien, Jonathan, Nathalie, Olivier, Alizé, Johann, Jessie, Jojo, Marie, Létitia, Axel. (Francia, 2002).

 

Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier. Una gran película sobre la educación.

Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier. Una gran película sobre la educación.

El cine francés nos ha regalado en los últimos años dos de las películas más sensibles, más hermosas y más verdaderas sobre la educación que yo haya podido ver y que aún pueden encontrarse en catálogo o en videoclubs: Hoy empieza todo (Ca commence aujourd’hui), de Bertrand Tavernier (1998) y Ser y tener, de Nicolas Philibert. Hoy os hablaré de la primera.

Tavernier, con un estilo seudo-documental, nos narra una de esas historias inolvidables por su autenticidad y por su denuncia. Sin maniqueísmo, sin pancarta. Con la colaboración inapreciable de guionistas, actores (magnífico Torreton), y el propio pueblo minero que le sirve de escenario.

Daniel Lefevbre es la voz narrativa, profesor y director de un parvulario en una ciudad depauperada del norte de Francia. Lefrevbre lucha denodadamente, acompañado de sus maestras y con la solidaridad de su pareja, contra una burocracia fría e incompetente que ve a sus alumnos y sus familias solamente como números y estadísticas. Los problemas que padece la periferia francesa descrita en el film de Tavernier son los mismos que podemos encontrar en ciudades españolas, italianas o en la ciudades industriales inglesas: el paro, el desánimo, el alcoholismo, el maltrato, la falta de un tejido social sólido o mejor dicho, solidario; las dificultades económicas que no permiten llegar a fin de mes, la falta de calor o de comida en sectores muy amplios del llamado Primer mundo. Y las víctimas de este falso estado de bienestar que son los niños y esas familias.

Lefrevbre es consciente de que los problemas del parvulario no provienen sólo de la falta de medios, de la incompetencia de las consejerías de educación y asuntos sociales.  La problemática de sus alumnos se extiende más allá, a las privaciones y las miserias que tienen que soportar, y aun así, él debe cobrar los recibos de comedor escolar a padres que tienen que comer galletas para llegar a fin de mes, debe hacerse cargo de dos niños cuando su madre, borracha, los abandona en el patio del colegio, debe intentar enseñar a sus niños en un clima de alegría y de comprensión, debe extremar las precauciones cuando descubre un caso de malos tratos y debe afrontar la ira de la familia del pequeño, furiosa por haberle sido arrebatada la custodia.

Al mismo tiempo, Lefevbre no puede eludir sus propios problemas personales: el infarto de su padre, que le hace cuestionarse de nuevo la (mala) relación que mantiene con ese hombre que solía pegale sin piedad cuando era pequeño, la resignación de una madre sacrificada en un matrimonio sin perspectivas, pero que ama la lectura y con la que se siente muy unido; la crisis adolescente que lleva al hijo de su pareja a cometer (precisamente en su parvulario), un delito de gamberrismo y de destrucción del poco material que tiene el centro escolar. A Lefrevbre le pesan cada vez más las constantes llamadas que debe hacer a Servicios Sociales para paliar las pérdidas, las presiones desde la inspección por su comportamiento poco ortodoxo, pero sobre todo, le pesará la muerte de la pequeña Laetitia y de su familia, vencida ante la desesperación. Todo esto le lleva a la crisis personal y a la idea de abandonarlo todo. Sin embargo, se imponen su fuerza y su energía, la necesidad de seguir luchando. Lefevbre asume que pertenece a una larga cadena de hombres y mujeres que han luchado durante siglos por sobrevivir en esa lejana y dura región minera. Y decide  que no puede hacer otra cosa que seguir esa lucha.

                                                                                                         

Cine necesario. Cine que nos narra las cosas de la vida y que nos hace reflexionar, tras la emoción. Cine de esperanza en medio de la desesperanza, de lucha y supervivencia que se erigen por encima de las terribles circunstancias que existen en una sociedad falsamente llamada del bienestar y que oculta, tras una fachada, estas verdades que Tavernier tiene la valentía y la sensibilidad de mostrarnos.

Dirección, Bertrand Tavernier; Intérpretes: Philippe Torreton, Maria Pitarresi, Nadia Kaci, Véronique Ataly, Francoise Bette; Guión, Dominique Sampiero,  Tiffany Tavernier, Bertrand Tavernier; Fotografía Alain Choquart;  Música Louis Sclavis; Montaje Sophie Brunet (Francia, 1998).

 

La fascinación de la locura: El rey Ludwig de Baviera

La fascinación de la locura: El rey Ludwig de Baviera

Desde pequeña me han gustado mucho las biografías. En la biblioteca de mis abuelitos había muchas, y especialmente las de André Maurois captaron mi interés (algún día no lejano os hablaré de su Ariel o la Vida de Shelley). Hoy por casualidad estaban pasando las imágenes que tengo por mi pantalla. He estado escribiendo un informe del trimestre en el Instituto y me he detenido demasiado a buscar unos papeles. He visto pasar la de Ludwig de Baviera y he pensado que, aunque no hace mucho tiempo que hablé de la película que Visconti le dedicó, podría hablar hablar también de los libros que tratan de su vida. Uno de ellos me lo regaló mi hija mayor, Paulina, sabedora de que me interesaba por su vida. Su figura está enmarcada en el contexto del panorama histórico de aquellos momentos previos a la primera unificación ’alemana’ y previos también a la Primera Guerra Mundial, pero su poderosa y extraordinaria personalidad acaba siempre centrando el interés biográfico.

Las obras comienzan por el final, cuando Holnstein, Törring, Dursheim y otros escoltan el cadáver del Rey Ludwig II para conducirlo a su última morada. Detenido el 11 de junio en su castillo de Neuschwanstein, Luis II había sido conducido al día siguiente al castillo de Berg, a orillas del lago Starnberg. El 13 de junio, cuando paseaba en compañía del Dr. Von Gudden que tenía asignado como alienista de cabecera, se ahogó (se ahogaron) misteriosamente. Baviera entera hablaba de suicidio o de asesinato. Cualquiera de las dos posibilidades manchaba la honra real y hacía imposible un entierro católico. Al otro lado del lago, en Possenhofen, esa otra alma romántica y excéntrica que era Elisabeth de Baviera, emperatriz de Austria-Hungría, velaba la muerte de su primo más afín, quizá envidiándole. De él, escribirá: Lo amaba porque como yo, despreciaba a la multitud y no vivía sino para sus ensueños; más valiosa que su vida era su tristeza.

La sucesión recae sólo nominalmente en el hermano menor del monarca, Otto, quien hace más de diez años está internado, a causa de una demencia profunda, en el castillo de Furstenried, a las afueras de Munich. La sucesión directa queda extinguida, ya que ni Luis ni Otto tuvieron descendencia.

La locura asoma por todas partes al recorrer la historia de estas familias: se encuentra en los Hanover (Jorge III de Inglaterra), en Luis de Hesse, aterrorizado por su sombra; en la parte prusiana, Federico-Guillermo la padecerá también. Alejandra de Baviera cree haberse tragado un piano de vidrio...Parte de la excentricidad de la familia consistirá en su acendrada sensibilidad artística y en su desprecio por la politica. El escándalo que suscita la pasión de Ludwig por Wagner en la sociedad muniquesa ha sido precedido por la pasión, igualmente devoradora y pública, que sintió su abuelo por Lola Montez. Tanto Lola como Wagner tuvieron que salir por pies de la capital bávara.

Desde pequeño, Ludwig se siente atraído por el arte. Y este amor, especialmente concretado en la música (de Wagner) y en la arquitectura serán los dos pilares sobre los que los cortesanos y las intrigas internacionales van a edificar su tumba. La megalomanía y el sentimiento de superioridad sobre los otros crecen con él desde pequeño. Manifestaciones extremas que entonces hacen gracia y que después serían esgrimidas como síntomas de enajenación, como cuando ata, amordaza y golpea a Otto (dos años menor que él) a los 8 años, y se justifica ante todos diciendo, con gran dignidad: Es mi vasallo y me faltó al respeto.

Ludwig se encontrará a sí mismo en la figura del cisne, en Lohengrin, en la mitología y en la leyenda de los pueblos germánicos. Vivirá en un mundo mitológico, imaginario, en el que sólo lo bello y lo ideal conviven. Sin embargo, agitado por oscuras pasiones que él mismo rechaza y no comprende, yacerá en los refugios alpinos muchas veces, entre caballerizos borrachos y mozos analfabetos.

El destino de Baviera no le será indiferente, pero como gobernante se limitará a firmar los acuerdos tomados por sus sucesivos gobiernos, sin implicarse nunca en la tarea, ni tampoco en la representación del Estado. Al igual que su prima Elisabeth en Viena, eludirá tercamente, todas las ceremonias oficiales. Como ella. huirá por lo caminos, escondiéndose, Elisabeth tras un abanico, Ludwig en el interior de sus castillos.

Inmerso a su pesar, en una guerra fratricida, no tendrá más remedio que rendirse a la unión que se le propone. Pero él sabe que su patria, Baviera, ha dejado de existir como nación, al menos políticamente.

Todos sus amores (Pablo de Thurn y Taxis, Wagner, Alberto Niemann, Emilio Rohde, Varicourt, Hornig, Josef Kainz y un largo etcétera), le decepcionaron, menos uno: el imposible, pero cierto amor que sintió por Elisabeth, su Paloma. Amor narcisista, pues amaba en ella lo que ella tenía de parecido con él: el elitismo, la fácil huida del mundo, la incapacidad de amar realmente, la poesía, el ideal siempre inalcanzado, la melancolía morbosa, la búsqueda compulsiva de la soledad...

A los 25 años, Luis ha perdido ya su legendaria belleza. El kronprinz Federico, futuro emperador de Alemania, lo describe: El rey Luis ha cambiado de una manera que me ha sorpendido: ha perdido mucho de su hermosura. Le faltan varios dientes del frente. Pálido, nervioso, su palabra es inquieta, tiene tendencia a engordar. En cuanto a sus dientes, una enojosa inclinación por los dulces se los ha estragado definitivamente.

Ocupado en la construcción de sus castillos, elude la posibilidad de reunirse con los otros príncipes alemanes tras la victoria contra Francia y por tanto, nadie se ocupa de los asuntos de Baviera en esos cónclaves sobre la unificación de los pueblos alemanes en una gran Confederación. A Luis le duelen las muelas, desea abdicar. Huir. Pero no es posible la abdicación. A su fiel aya Meulhais le escribe: ¡Es muy doloroso y desconsolador ver sufrir así al pobre Otto! cada día, su estado se agrava. A veces se queda dos días sin acostarse. No puede dormir. Durante ocho semanas no se ha quitado ni un momento su calzado o su ropa. Diríamos que ya es un loco. Hace gestos espantoso, ladra como un perro y llega a veces a decir las peores groserías. Se queda así varios días hasta que, agotado, vuelve a la normalidad.

Bismarck le obliga a traspasar todos sus poderes reales a la Confederación. Consciente de lo que esto significa, Ludwig se niega a firmar, pero no puede ni siquiera negarse. El 18 de enero de 1871, el rey Guillermo de Prusia se proclama Emperador de Alemania en el salón de los Espejos del palacio de Versalles. En julio se firma la paz con Francia y días después, el kronprinz Federico hace su entrada triunfal en Munich. Al bajar del caballo, Ludwig exclama :Creo que he cumplido con mi primera cabalgata como vasallo.

A partir de ahí, Ludwig se dedica a sí mismo, a su mitología, a sus castillos, a sus caballerizos borrachos. Hasta su muerte.

El misterio de Ludwig es el de un hombre sensible, irrealista y romántico al que le tocó un papel equivocado en una obra en la que no quería actuar.

Greg King, El Rey Loco, Luis II de Baviera (1835-1886), Javier Vergara ed., 1997.
Pierre Combescot, Luis II de Baviera, Fondo de Cultura Económica, México, 1989. (Breviarios,504)

El Memorial de Paolo Volponi

El Memorial de Paolo Volponi

Como he escrito atrás, mi hija pequeña está haciendo su último curso de Filología Hispánica en la Universidad de Bolonia gracias a una beca Erasmus. Como sabéis, me gusta compartir lecturas con mis hijos, y también discutir o dialogar sobre ellas. Es una costumbre que tenemos desde que eran pequeños. Como mis lecturas de literatura italiana han sido recurrentes pero no uniformes, y como soy ecléctica por naturaleza, no tengo un verdadero conocimiento de esa literatura. En suma, no se podría hablar de mis lagunas, sino de los mares de mis desconocimientos.

Y aquí entra Volponi, a quien ahora leemos las dos: escritor contemporáneo (y amigo) de Pasolini, quien lo inlcuyó como actor en Mamma Roma (1962). Nació en la bella ciudad de Urbino en 1924, y compaginó sus escritos con trabajos en la industria italiana (en la FIAT y en la Olivetti). De estas experiencias laborales nació sin duda la obra que nos ocupa, el Memoriale (1962), una de sus novelas más conocidas. Volponi pereteneció durante muchos años al Partido Comunista Italiano (PCI) y fue elegido senador de la República en 1983. Volponi es poeta: El lagarto-1948-, Las puertas de los Apeninos -1960- o Testo a fronte -1986-, y publicó una Antología poética que recogía su obra desde 1946 hasta 1966, (1980). Como narrador, Volponi escribió cuentos y novelas : el ya citado Memoriale (1962), La máquina mundial (1965), Corporal (1974), El planeta irritable (1978) o La mosca del capital y El camino hacie Roma (1991). El escritor italiano murió en 1994.

Al principio, como no encontré la traducción, temí que mi italiano estuviese demasiado olvidado como para poderlo leer. Pero no fue así. El ritmo de la prosa me ha ido llevando adelante sin demasiados escollos. No soy una lectora preocupada por no entender exactamente alguna que otra palabra, y no me he visto en la necesidad de usar el diccionario con exceso.

El Memoriale es el diario o recuento de un hombre enfermo que ha vuelto de la guerra y de la prisión sufrida al final de ésta en Alemania; padece tuberculosis y progresivamente, paranoia. Su mísero estado le conduce a la casa materna y a la oficina de colocación. Al principio, Albino confía que su salvación llegará a través del trabajo en la nueva fábrica, pero poco a poco la fábrica se transformará en el monstruo que va a devorarle. El protagonista está en manos de un sistema médico surgido del capital y que no se ocupa de su salud verdaderamente y de un sistema de trabajo que en su conjunto le rodea de normas, reglas, avisos e imposiciones que le colocan cada vez más en una situación desesperada, completamente incomprensible para él: asfixiante. 

La obra transcurre entre los años 1946-1956, periodo en el que Italia desarrolla su neocapitalismo. En esos años, su paisaje urbano se hace radicalmente distinto y los italianos cambian la azada por el martillo o el destornillador en un proceso paralelo entre el despegue económico y la despersonalización del individuo.

Albino Saluggia es en la obra el epítome de la destrucción del ser originario, rural,  que no puede convertirse en engranaje en medio de una Italia que trata de salir de la postguerra a base de  industrialización y que no repara en la depauperización y polución del campo o en la alienación del individuo. La fábrica (cuyo nombre y funciones concretas no llegamos a conocer), es la idea, convertida en realidad, de la opresión y de la industria deshumanizadora. La fábrica es totalitaria, abstracta, inhumana, inmensa. La fábrica no siente ni protege, no estimula ni ayuda al hombre: es un factor alienante y duro, ajeno a su naturaleza.

La enfermedad (o mejor, las enfermedades) de Albino Saluggia son un síntoma de su desaveniencia con ese mundo incomprensible de la modernidad, en el que él no puede integrarse; de modo que paulatinamente sus delirios persecutorios pasan de los médicos de la compañía a los jefes, a la policía y a su propia madre, que no sólo no comprenden el profundo malestar que esa nueva vida le produce, sino que son vistos por él como cómplices y aliados de su destrucción.

La obra entra de lleno en el discurso que otros hombres de su generación (de los que aquí he tratado superficialmente), como Pavese, Pasolini o Italo Calvino, elaboran sobre el dificultoso paso de la ntigua Italia rural, humanísima, quizá un punto perezosa, a la Italia industrializada de la postguerra.

El estilo es rítmico, hipnótico y hermoso. El vocabulario asequible, coloquial y sin artificio y está al alcance de cualquiera que tenga alguna noción del italiano. Lo recomiendo.

Dice Pasolini de Volponi: Yo pienso que ninguna voz de novelista, en estos últimos años, había encontrado la propia fisonomía con tanta precisión, con tanta pureza, con tanto poder revelador".

(Paolo Volponi, Memoriale, Ed. Einaudi, Turín, 2004) 

Educación y crianza

Educación y crianza

-- Lao Jin ¿De verdad quieres pasar el resto de tu vida criando caballos? ¿Es eso lo único que quieres hacer en la vida?

--Ellos también me crían a mí.

Xiu Xiu , Directora: Joan Chen; Intérpretes: Lu Lu, Qian Zheng, Gao Jie, Lopsang, Li Zhizheng; Guión, Yan Geling y Joan Chen; Fotografía, Lu Yue; Productor, Ruby Yang; Música, Johnny Chen. China (2002).

Leonora Carrington

Leonora Carrington

Leonora Carrington (Lancanshire, Inglaterra, 1917) es, con Remedios Varo (a quien debo el logo de mi blog), y Leonor Fini, una de las tres representantes más importantes del surrealismo femenino ¿Surrealismo? A veces las palabras llaman a engaño. Pintura imaginativa, onírica, profunda. Quizá no sean sinónimos.

Carrington nació en Inglaterra, en el seno de una familia aristocrática de ascendencia irlandesa que muy pronto la envió a diversos conventos a seguir su (católica) educación y pronto comenzaron a manifestarse en ella las dos características más importantes de su carácter: la rebeldía y la imaginación. Para entender a Carrington resulta indispensable tomar en cuenta los mitos celtas y los elementos fantásticos que acompañaron su niñez, marcando para siempre su estilo, llenándolo de animales que en la mitología celta tienen un significado especial: caballos, hienas, halcones y lechuzas. Todos pueblan sus cuadros y dialogan con sus personajes, establecen con ellos una dialéctica vitalista y especial.

Carrington se enamoró primero de Max Ernst, en Londres, para luego pasar con él a Francia hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial. En París, Carrington intimó con Breton, Miró, Péret o Arp. Ernst fue encarcelado varias veces por los nazis, y Carrington, después de intentar salvarlo en dos ocasiones, emprende una larga huida hacia España y Portugal, donde casualmente encuentra a Ernst en compañía de su nueva amante, Peggy Guggenheim. Entonces viaja de Lisboa a Nueva York y finalmente, a México, cuando acepta el matrimonio que le ofrece el cónsul mexicano y periodista Renato Leduc, en 1942.

En México transcurrirá el resto de su vida y crecerán sus hijos Pablo y Gabriel (nacidos de su matrimonio con el fotógrafo húngaro Imre Weisz). Consolida su amistad con Remedios Varo, y con su marido Benjamin Péret, al mismo tiempo que año tras año se hace mayor su peso como artista y se acrecienta su presencia en galerías y museos de América Latina y Europa. Carrington coincide pues con esa inmensa diáspora europea que puebla México y lo enriquece con su aportación artística y humana. Tras algunas breves estancias neoyorkinas, en los años ochenta, vuelve a México.

Carrington no sólo pinta, también escribe cuentos (La dama oval o La debutante), novelas (La casa del miedo, La puerta de piedra) y obras teatrales (como La camisa de franela y Penélope), y su aportación al arte mexicano no puede resumirse en unas cuantas líneas. Sin embargo, le dedico este breve articulito para picar vuestra curiosidad y que vayáis en su busca.

Sus colores y formas son vívidos y oníricos al mismo tiempo. Sugerentes y fantasiosos, los cuadros sugieren historias no explicadas. Su ascendencia inglesa e irlandesa dotan a su obra de un sentido del humor muy especial. Amiga de lo oculto y lo esotérico, ha incursionado en el budismo, en la filosofía china y en el espiritualismo tibetano. Como otras mujeres de su tiempo, fue internada por trastornos emocionales. Ella ha declarado después que sintió el rechazo y la represión social por causa de su sexo y su rebeldía. Pero como artista que es, supo volcar en narraciones y pinturas su angustia vital, transformándola de destructora en generadora de trascendencia a través de su arte.

Italia, nuevamente

Italia, nuevamente

Hoy iré a buscar para mi hija un libro, editado póstumamente, de Pier Paolo Pasolini: Petróleo. Al comentarlo a Óscar, me ha dicho que ignoraba que Pasolini fuese escritor. Es curioso. Pasolini, es sobretodo, escritor. Poeta y novelista, pero también ensayista y autor teatral. Y vuelvo a él periódicamente, o él vuelve a mí, como hoy, en que debo ir a buscarlo entre los estantes de La Central, junto con el Memorial de Paolo Volponi, otro autor comunista cuya obra ella está a punto de conocer.

Buscando entre mis recuerdos, creo que Pasolini, Gramsci, Pavese, Ungaretti, son los grandes compañeros de mi juventud.  Y de Pavese recupero hoy estos versos, que dedico a mi muchacho:

Estas colinas duras que han formado mi cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
de aquella que no sabe que la vivo y no llego a entenderla.

Me la encontré una noche: una mancha más clara
bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del verano.
Percibíase en torno la fragancia de estas colinas
más profunda que la sombra y de repente sonó
como si saliera de estas colinas, una voz más limpia
y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, y se pone ante mí
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca he podido asirla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva más lejos.
Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
me sorprende, al imaginarla, un lejano recuerdo
de mi infancia vivida entre estas colinas,
tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.
Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia
que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas
que me son más queridas, y no llego a entenderla.

(De Trabajar cansa, Florencia 1936, edición definitiva, 1946).

Pavese (1908-1950) escribe en piamontés, porque quiere reivindicar el italiano de la provincia frente al habla burguesa y citadina, pero no lo hace por diletantismo dialectal, sino por conciencia de nobleza. Pavese, que es un poeta antifascista que se unirá a la resistencia, que probará la cárcel y la lejanía de todo lo que ama (tierra, mujer amada), intenta, como él mismo dice, nutrirse de lo propio para nutrir universalmente. Licenciado en Filología Inglesa y traductor de Steinbeck, de Hemingway y de Gertrude Stein, Pavese no puede estar más distante del provincianismo. Alcanzará lo universal desde lo cotidiano, desde lo contemporáneo, desde el propio yo transido de melancolía. Melancolía por la conciencia de lo perdido. Todo eso surge de la obra del poeta y novelista, editor y fundador de la editorial Einaudi, que una noche se suicidó en un hotel de Turín, después de haber recibido un premio literario, pero que nos dejó entre otras muchas obras eternas, el poema: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951) y ese Oficio de vivir (1952) inolvidable.

 

Asociación de ideas

Asociación de ideas

 

Cuando oigo tocar el piano a Ernesto Lecuona, me parece que estoy oyendo tocar a mi tía Leonor.

Mi tía Leonor no era una concertista, sino una mujer con sentido de la música. Tocaba de oído y lo hacía con un estilo que no sé cómo definir ¿Popular? Expresando mucho, sobre todo en el acompañamiento. Era capaz de ’sacar’ cualquier melodía en menos de dos minutos.

En las fiestas familiares siempre tocaba el piano y nosotros cantábamos y/o bailábamos. Mis primos también tocan: Enrique (el que está en sus brazos, bebito), y Ramón, que después estudió medicina. Los dos tocan bien la guitarra y la armónica. Qué bien nos la pasábamos en esas ocasiones.

Ahora que viene la Navidad, me acuerdo de esas reuniones familiares. Mi tía era una mujer alegre (aunque en esta foto está triste porque se le había muerto una amiga y se la ve melancólica), optimista y cariñosa. A los postres, después de la exquisita cena (Leonor cocinaba muy bien, otra de sus gracias), se brindaba por los ausentes. Ausentes que siempre están presentes. Como Leonor en mis pensamientos. La costumbre se ha extendido a mi hogar. Y cuando brindamos por los ausentes-siempre-presentes, su linda carita se me aparece en la memoria entre las primeras.