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Annie Lennox ( con Hugh Laurie y John Malkovich)

José Antonio Labordeta lee a Miguel Labordeta

José Antonio Labordeta lee a Miguel Labordeta


 

(Poema leído en el Congreso de los Diputados por Jose Antonio Labordeta con motivo de la comparecencia de Aznar sobre la posición del Gobierno ante el ataque a Irak).

Pleno, 5 de febrero de 2003

Mataos,
Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
Invadid con vuestro traqueteo los talleres, los navíos, las universidades,
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece.
Triturad toda rosa, hollad al noble pensativo.
Preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte…
Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas,
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
Asesinaos si así lo deseáis,
Exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
Que jamás asireís un fusil de bravura.
Asesinaos pero vosotros los inquisitoriales azuzadores de la matanza…

Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna,
Al campesino que nos suda la harina y el aceite,
Al joven estudiante con su llave de oro,
Al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo
Y al hombre gris que coge los tranvías
Con su gabán roído a las seis de la tarde.
Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos
Y entre todos aspiran a vivir : tan sólo esto.
Y de ellos ha de crecer
Si surge una raza de hombres y mujeres con puñales de amor inverosímil hacia
otras aventuras más hermosas.

José Antonio Labordeta , icono de mi juventud. Poeta, cantante, caminante, diputado de la Chunta hasta hace poco. Su voz grave en conciertos semiclandestinos que se hacían en parroquias (qué paradoja), me sigue sonando en los oídos. No por casualidad cantaba Labordeta a la Libertad (véase Stickam) en aquellos años aciagos. En este poema, su hermano Miguel , extraordinario poeta, desaparecido en el 69, había escrito lo que muchos sentimos en esos momentos dramáticos de 2003: ni más ni menos.

Suelo Virgen, de Iván Turguénev

Suelo Virgen, de Iván Turguénev

Suelo Virgen es la última novela que escribió Iván S. Turguénev. Como supongo que sabéis, en Rusia había dos bandos: los occidentalistas y los eslavófilos. A ninguno gustó el tratamiento que otorga Turguénev aquí a la cuestión política previa que se planteó antes del advenimiento de la Revolución Rusa.  La causa que abrazan los protagonistas es la de los llamados Populistas, socialistas utópicos que precedieron a los revolucionarios en el último tercio del siglo XIX. Naturalmente, para leer Suelo Virgen no es necesario conocer los acontecimientos históricos. La novela por sí sola los explica. Turguénev no se casa con nadie, y de ahí que su novela explique muy bien las contradicciones inherentes a todos los implicados.La novela tiene como protagonistas a dos personajes: Nezdhánov, estudiante de 27 años, soñador, poeta (que reniega de sus raptos líricos por considerarlos superfluos y banales dado el momento histórico que le toca vivir), abocado a una causa que tampoco llega a ser para él central. Amargado por su origen (es el bastardo de un noble: ésa su herida incurable), huye de sus amigos populistas para ejercer de profesor para el hijo de un terrateniente liberal. Liberal entre comillas, ya que Sipiaguin, como todos los de su clase es, a pesar de sus convicciones pseudoliberales, un enemigo.El otro protagonista es Solomin. Solomin es el tecnócrata educado en el extranjero, el hombre de acción, el que sin teorías (incomprensibles, por otra parte, para el pueblo), hace: dirige una fábrica, crea una escuela para los hijos de los obreros, trabaja por el cambio progresista, que para Turguénev es la industrialización, la modernización de Rusia.Los Populistas (Markélov, Ostrodúmov, Mashúrina, Paklin, o el propio Nezdhánov), a pesar de luchar por el pueblo, están muy lejos de él. El pueblo, para ellos sigue siendo impenetrable, incomprensible: son los téoricos, los que deben aprender a relacionarse con su sujeto histórico, pero no lo consiguen. En cambio, Solomin es considerado por sus obreros como uno de ellos. Los Populistas son extraños para el pueblo al que intentan liberar (tanto, que incluso son aprehendidos por los propios mujiks), peroSolomin consigue comprender y ser comprendido. La paradoja no es nueva ni está en desuso. Recuerdo que una cosa muy similar le pasó al Comandante Marcos, que describe con sorna cómo los indígenas que él deseaba salvar del capitalismo se mostraban completamente ajenos a su discurso, cómo su vocabulario estaba lejos de reflejar las inquietudes de sus oyentes, cómo, a través de sus muchos años en la selva, tuvo que reeducarse él: que para poder ser comprendido tuvo que comprender, que cambiar. Esa misma incomprensión entre oprimidos y presuntos liberadores se muestra en Selva Virgen. Nezdhánov es un personaje semi-trágico. Lo es porque nunca alcanza a comprender realmente cuál es su finalidad en la vida, para qué está aquí. Incapaz de entregarse al amor o a la lucha, se aparta de todo. Acaba renunciando. Se ilusiona con Marianna, la sobrina de Sipiaguin, que hace esfuerzos increíbles para convertirse en una mujer del pueblo (esfuerzos que oscilan entre la comicidad y el patetismo, ante la mirada incrédula de Tatiana, la verdadera mujer del pueblo que la instruye (en la deseada e improbable metamorfosis : de baríshina a proletaria), pero Marianna sí cree, aunque sea una revolucionaria de salón. Ella también cree amar a Nezdhánov, pero pronto se siente desilusionada, y al mismo tiempo, atraída por Solomin. Como es habitual en Turguénev (quiero referirme a su propia vida sentimental para explicar esta característica de su narrativa), las escenas de amor son inexistentes. Nezdhánov ama a Marianna como Turguénev debió amar a Paulina Viardot: platónicamente, sin fuerzas o sin ánimos o sin valor para entregarse a sus pasiones y por tanto, incapaz de alimentar o de satisfacer las expectativas de Marianna. Ella, sin embargo, leal y pura como es, no dudaría en seguir al lado de Nezdhánov, cerrando los ojos a la atracción que siente por Solomin (y que es correspondida por éste),  sacrificando su vida al lado del imperfecto, mutilado anímicamente, Nezdhánov. Nezdhánov, sin embargo, es puro, es honesto, es bueno. Lejos de todos: de Solomin, de Markélov (el revolucionario convencido), de Mashúrina, que le ama secretamente, y lejos incluso de su mejor amigo, con quien se comunica sólo epistolarmente, se apartará de la vida.     La novela de Turguénev no hace concesiones ni a la paradoja política-social que se plantea a los pre-revolucionarios populistas, ni a las contradicciones anímicas de Nezdhánov. Una galería de personajes secundarios bien complejos y representativos, cuya descripción no cae jamás en el arquetipo mecánico completa la narración, en la que no sabemos qué plano es más importante: si el íntimo o el histórico, porque ambos se complementan perfectamente y se entrelazan con la maestría de la que sólo son capaces los grandes, los de la talla de Tolstoi, de Stendhal o de Thomas Mann.Como siempre, Turguénev hace gala de su elegante prosa, de su penetración psicológica, de su conocimiento profundo de la patria (o matria) Rusia, pero no se queda ahí. Es un texto perfectamente actual. Y puede suceder hoy, en cualquier sitio.Una gran novela y un placer para cualquier lector.  

Iván S. Turguénev, Suelo Virgen, Cátedra (Letras Universales), Madrid, 1992. Traducción y Edición de Manuel de Seabra.      

Monjas coronadas (Siglo XVIII)

Es un género de retrato femenino colonial. Se retrataba a las monjas cuando tenía lugar su "matrimonio" sagrado: vestidas como novias, con sus coronas de flores y su ramo. Poco después, dejarían los fastos del mundo, la vanidad de los atavíos, para entregarse a una vida de contemplación, de rezos o de estudio. A su muerte, se las volvía a ataviar como novias para el encuentro final con el Amado. Los retratos de monjas coronadas vivas y muertas son el testimonio de un mundo fenecido, no por hermoso menos tremendista. Misterioso. El erotismo del Cantar de los Cantares o el misticismo sanjuaniano son sugerencias inevitables cuando contemplamos estos cuadros.

Benjamín Domínguez, un pintor mexicano

Benjamín Domínguez nació en 1942 en Jiménez, Chihuahua. En 1962 ingresó en la Academia de San Carlos, estudió con los maestros Capdevilla, en Grabado; y Roberto Garibay, Héctor Cruz, Nicolás Moreno y Antonio Rodríguez Luna, en pintura. A lo largo de 10 años se dedicó a grabar y dar conferencias de apreciación estética. En 1970 ingresó al equipo de museografía del Museo del Virreynato en Tepotzotlán, a cargo de Jorge Guadarrama; durante su estancia en este museo aprendió el amor por el objeto y el virtuosismo técnico, dejando una huella tan profunda que cinco años más tarde definirían su estilo personal, reflejado en las “Monjas coronadas” y “Alacenas”. Trabajó diseñando ropa y joyería en plata, tiñendo telas, estambres e hilo mercerizado y serigrafía para estampado en tela y piel. Además dio clases para niños en el Museo de Antropología.
Una de sus series más conocidas es la del Matrimonio Arnolfini.

La fascinación que en mí ejerce su pintura proviene de la visión presente que proyecta sobre el pasado colonial o atávico. A mí también me fascinan las monjas coronadas y los ángeles coloniales, la pintura flamenca y las alacenas. Hay algo de equilibrado y algo de perverso en su pintura. Algo estético y algo monstruoso. Todo ello me atrae.

El Colegio de México

Pasé tres años de mi vida en este lugar propicio, como becaria del programa de doctorado en Literatura y Lingüística (CELL). El Colegio de México, alejado del mundanal ruido, camino del Ajusco. Tres años que no he olvidado nunca. Ni a aquellos que me acompañaron: Margit Frenk, Antonio Alatorre, Teun van Dijk, Tzvetan Todorov, Iris M. Zavala, Clara E. Lida, Carlos Blanco Aguinaga, Carlos Pereda, Andrés Lira, Ulises Moulines, fueron, entre otros, mis maestros. Mis compañeros y amigos: Bárbara Amunátegui, José Luis Melgar, Águeda Méndez, Ysla Campbell, Víctor Díaz Arciniega. Recuerdo el reencuentro: Tomás Segovia. La Biblioteca. A mi marido esperándome en la cafetería con Arturo en una sillita de bebé... Uno de mis lugares. (El arquitecto: Abraham Zabludovsky, uno de los mejores de México).

Carlos Saura: Tango (fragmento: Julio Bocca)


(Fragmento: Bocca-Rivarola danzan Piazzola).
Carlos Saura, Tango, Dirección: Carlos Saura. Guión: Carlos Saura. Fotografía: Vittorio Storaro. Montaje: Beatriz di Benedetto. Música: Lalo Schifrin. Producción: José María Calleja de la Fuente, Alejandro Bellaba. Dirección artística: Emilio Baldasúa.Vestuario: Milena Cañonero y Beatriz de Benedetto. Sonido: Jorge Stavropoulos. Reparto:Mario Suárez: Ángel Solá, Cecilia Narova, Mía Maestro, Carlos Rivarola, Juan Luis Galiardo, Julio Bocca. (España-Argentina, 1998).

P.D.: Leo a Balcius.No se puede decir mejor.

Lecturas

Lecturas

Como habréis notado, llevo más de una semana sin escribir. He tenido mucho trabajo: he estado haciendo un curso de Innovación en TIC-E (Tecologías de la Información y Comunicación en la Enseñanza), en la UPC, gracias a que el Departament d'Ensenyament nos ha admitido, a mi compañero Carles Ferrer y a mí, un proyecto de Innovación e Integración Curricular en el IES donde trabajamos. Después, cosas de organización, reuniones en el Instituto, proyectos atrasados en pdf de mis alumnos que tengo inacabados...

Esto no me ha mantenido lejos de la lectura, aunque sí de la escritura. He releído Veinticuatro horas en la vida de una mujer de Stefan Zweig (Acantilado), que os recomiendo. Se trata de un breve relato (una nouvelle), digno de la precisa perspicacia psicológica y de la maestría descriptiva del escritor austriaco. Está llena de sutileza y de fuerza, a la vez.

Releí también a Blas de Otero en una Antología: Expresión y reunión (Alianza Editorial), porque será una de las lecturas obligatorias del Curso de Segundo de Bachillerato que daré el próximo 2006-2007. Sin que se trate de un poeta al que yo leería por gusto, no dejo de reconocer su maestría, aunque su universo me resulta ajeno y sobre todo, su dramatismo, su tono recitativo o grandilocuente, me aleja de él. Aún así, he disfrutado de la lectura. Hay poetas a los que uno reconoce su calidad desde fuera, objetivamente, sin que por ello uno se sienta implicado en su discurso: éste es uno de ellos. Jamás me emocionará profundamente. Pero es probable que este tipo de poesía sea más adecuada para dar a leer a adolescentes, aunque yo prefiera a José Ángel Valente, a Cernuda o a Pedro Salinas...

Ahora estoy en medio del Suelo virgen de Ivan Turguénev ( o Turguéniev -con estos nombres rusos siempre oscila la ortografía española-, en Cátedra Universales). Me gusta mucho este hombre. Su sutileza, su prosa, elegante y profunda, tras de la que siempre hay una reticencia. Reticencia que es pudor y que es elocuencia al mismo tiempo. Me gustan los escritores que no lo dicen todo, que no son explícitos o expresionistas.  Y lo estoy disfrutando. La novela transcurre en la época pre-revolucionaria en Rusia, con los Populistas intentando insuflar rebeldía en las clases esclavizadas del campo y de la ciudad. El personaje central, Nezhdánov, es todo un logro. Pero también quienes lo acompañan en su periplo: Valentina Mijáilovna, Sipiaguin, Ostrodúmov, Paklin, Mashúrina... Como mi amigo Óscar, yo también tengo el alma un poco rusa.

Pasé por la librería a recoger un libro de texto y me traje una versión original y traducción de Who is me/Poeta de las cenizas de Pier Paolo Pasolini (DVD Poesía), de quien ya he escrito algunas veces y a quien siempre vuelvo con renovado placer interés. Me traje también En el trineo de Schopenhauer de Yasmina Reza (Anagrama), autora que me gustó mucho cuando vi en teatro (con Flotats, Carlos Hipólito y el gran - en todos sentidos- Josep Maria Pou), su obra Arte, tan inteligente como divertida, y  tan real y al mismo tiempo tan bien construida como artefacto teatral.

Finalmente, me compré a mi inevitable Pascal Quignard, en un pequeño opúsculo cuyo título me sedujo totalmente: El nombre en la punta de la lengua (Arena Libros).

De todas estas lecturas presentes y futuras ya os daré referencia en cuanto pueda.

 

   

Un gran pintor americano: Andrew Wyeth

Andrew Newell Wyeth ( Julio 12, 1917) es un pintor del realismo americano y uno de los mejor conocidos en su país. Sus temas preferidos: la gente y los paisajes de Pennsylvania y Maine.Su obra más conocida (y la que me impactó de niña y nunca ha dejado de fascinarme) es El mundo de Cristina (1948), en la que se ve a una joven inválida en una colina (Museo de Arte Moderno de Nueva York).

La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón,  de Stefan Zweig

De niña, en la biblioteca de mi abuelo, se encontraban algunas obras de Zweig: Veinticuatro horas en la vida de una mujer, y las biografías de María Antonieta y de María Estuardo. Antes de los doce años ya las había leído, porque ya he comentado antes que yo, en cuestión de libros, he sido siempre omnívora. No sé si a mi abuela, a mi abuelo o a mi madre les gustaba el género biográfico, el caso es que, aparte de las de Zweig, había muchas biografías, por ejemplo, las de André Maurois (especialmente, recuerdo la de Ariel, o la vida de Shelley). Cuando mi madre me pescó con esta última, me dijo que no era apropiada para mi edad. De modo que tuve que leerla a escondidas, escudada tras el inmenso Atlas del National Geographic, debilidad que también me ha durado hasta hoy: amo los Atlas casi tanto como las enciclopedias… De ahí que los post viajeros de Ferre en retroklang me atraigan como la miel al osito Winnie the Pooh.

A lo que iba: mi otra gran afición era sentarme por las tardes a ver las películas americanas de los años cuarenta y cincuenta que pasaban por el canal 4 de la televisión mexicana. Y los domingos, a las ocho, el Teatro. Fue en esa hora teatral en que Emilia Carranza y Lorenzo de Rodas presentaban obras (me imagino que con inusual modestia y toneladas de cartón piedra), donde vi esta obra de Zweig, La impaciencia del corazón. Me conmovió. Cuando a los doce años, mi tío Mario me llevó por fin a conocer el mar, quiso la casualidad que en una playa (quizá la de Caleta o la de Caletilla), conociera a Emilia Carranza. Fue muy amable. Le dije que me había gustado mucho una obra que le había visto; yo no recordaba el nombre, pero sí el argumento. La impaciencia del corazón, me dijo. También me dio un autógrafo, que vete a saber dónde y cuando se perdió. Hace unas semanas, cuando buscaba un libro para mi ex, vi que Acantilado la había reeditado y me la traje. He tardado un poco en leerla. Nunca la había leído y el estilo absorbente, hermoso, implacable e impecable  de Zweig se me había quedado olvidado entre los pliegues de la memoria de mi infancia devoradora de libros.

 

La obra es un excelente melodrama. El tema que la recorre es la crueldad inesperada, agazapada detrás de la compasión. Los movimientos contradictorios de un alma que desea hacer el bien, pero que no acaba de aceptar que para hacerlo debe inmolarse en aras de ese bien. En esas vacilaciones, en esas idas y venidas desde los buenos propósitos hasta la realidad no deseada del sacrificio se mueve esta historia, magníficamente contada.

 

Zweig penetra con la precisión de un cirujano en la interioridad de sus personajes. Cuántas veces hemos leído historias bien contadas, argumentos bien planteados, en los que los personajes no acaban nunca de tener una entidad verdaderamente humana, no acaban de encarnarse. En Zweig, en cambio, los personajes laten, viven, piensan, aman y sufren desde el primer momento. Los lectores asistimos a su drama como si estuviéramos en su interior, torturados, como ellos, por la duda o por la angustia del ¿qué hacer? Buscamos el camino con ellos, pero el camino se va cerrando. Comprendemos que el desenlace se acerca, ineluctable, pero no podemos hacer otra cosa. La vida es injusta y el drama se perfila.

El teniente Hofmiller es un buen hombre, un hombre de 25 años, sensible, compasivo. Sin embargo, esa misma capacidad de conmoción, esa misma sensibilidad exacerbada, le llevan a ejecutar actos de piedad impulsivos que en el fondo no puede sostener, porque van en contra de sí mismo. Llevado y traído en un vaivén angustioso, su piedad por la inválida Edith von Kekesfalva lo impele a dejarse embaucar en esa trampa mortal, de la que, lo sabemos, va a huir en un momento o en otro, echando abajo el edificio todo que con trabajos había ido construyendo: el de la fe y la esperanza de un futuro normal que habita en el corazón de la pobre niña.

Zweig traza con precisión los desvaríos, las vacilaciones, las dudas y los tormentos de Anton Hofmiller. Y también la manipulación (bienintencionada, pero implacable) del padre de la criatura, el judío disfrazado de noble húngaro, Lajos von Kekesfalva (en realidad llamado Leopold Kanitz), cuya historia es también extraordinaria y conmovedora, por contradictoria e imprevisible.

Edith, con sus ataques de ira, sus intentos de suicidio, su desesperación, su amor imposible por el bello teniente, es el epítome del enfermo crónico, aquel que con la piedad que despierta con sus sufrimiento lo obtiene todo de los demás; aquel que no tolera la más mínima rebelión, aquel que empuña su enfermedad como un arma para erigirse en tirano. Los demás, Ilona -la bella prima de la muchacha-, los criados, el padre, el teniente, son muñecos en sus manos. Pero hay una cosa en la que ella no puede imponerse: el alma, los sentimientos del teniente, que no son más que de lástima, de piedad y no de amor, como ella desearía, necesitaría. Hofmiller se horroriza en el fondo, al pensar en ese compromiso que le ha sido arrancado de forma tan alevosa. Piensa en las risas de sus compañeros del regimiento, en las burlas inacabables de todos al verle ligado de por vida a una tullida, a una inválida contrahecha, como él la llama para sus adentros. La figura del padre se le representa como la del Djin, un duende malévolo que convence a un viajero compasivo de que le lleve a cuestas, y una vez subido en su espalda lo ahoga con las piernas, lo destruye. El sonido de las muletas de Edith lo persigue en sus sueños pesadillescos: ¡Toc, toc, toc!

--Tiene que ayudarla...sólo usted puede ayudarla, sólo usted...También Condor lo dice: ¡Usted y nadie más! Se lo suplico, tenga compasión...no puede seguir así..., de lo contrario, cometerá algún desatino, se perderá.

A pesar de que las manos me tiemblan, obligo al anciano a levantarse, pero él sigue aferrándose a los brazos que intentan ayudarle; siento en mi carne sus dedos desesperadamente atenzados como garfios...es el djin, el djin de mis sueños, que abusa del compasivo.

El terror casi alucinatorio que la perspectiva de esa unión despierta en Hofmiller es la parte mejor trazada del relato de Zweig.

Todos los personajes se mueven enajenados en el círculo de la enfermedad de Edith menos el médico, Condor, hombre que sí conoce la verdad del sacrificio de su vida en aras de la piedad, pues se ha casado con una paciente ciega para no abandonarla y ha sido premiado con el amor incondicional de su esposa y ha encontrado en ella la verdadera felicidad. Condor explica a Hofmiller, impávido, que:

Hay dos clases de piedad. Una, débil y sentimental, que en realidad sólo es impaciencia del corazón para liberarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena, es una compasión que no es exactamente compasión, sino una defensa instintiva del alma frente al dolor ajeno. Y la otra, la única que cuenta, es la compasión desprovista de lo sentimental, pero creativa, que sabe lo que quiere y está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación hasta sus últimas fuerzas e incluso más allá.

Esta última, Hofmiller no puede sentirla sino fugazmente. Pero al momento siguiente, se arrepiente, da marcha atrás, termina huyendo. Tres veces huyó de esa casa maldita, tres veces,  hasta la definitiva.

El drama se cierra. El estallido de la Primera Guerra Mundial da al teniente la posibilidad de buscar la muerte, que no llega. La apreciación de valentía que sugieren sus actos heroicos durante la contienda son una losa más que añadir a su cruz.

Gran novela, extraordinario estilo, penetración psicológica y humanidad: son mis conclusiones al cerrar la novela que, según veo, se sigue representando como obra de teatro en nuestros días.

  

Stefan Zweig, La impaciencia del corazón, Barcelona, Acantilado, 2006.


Henryk Szeryng, Brahms, Danza Húngara 17

Dibujos y caligrafías

1. Cartas de Wilde a Alfred Douglas- 2. Nada de quejas:Nahui Olin- 3. Palabras, palabras, palabras- 4. Poblado de palabras

Colores del papel o de la elocuencia del color

Colores del papel o de la elocuencia del color

Mi ex me regaló por mi cumpleaños dos libros. De uno de ellos, extraigo este fragmento:

Aparte del papel blanco, color ordinario, se encuentra el papel de color púrpura (violeta claro o amatista); el emperador romano de Constantinopla, Constantino VII Porfirogéneto, envió en 949 al Califa de España ’Abd-ar-Rahman una carta escrita con tinta de oro sobre pergamino violeta.
El azul es color de luto. En Egipto y Siria las órdenes de ejecución estaban escritas sobre papel azul.
El rojo se consideraba como un color de felicidad y de fiesta. El rojo claro y, sobre todo, el rosa eran muy estimados. El empleo de papel rojo en la correspondencia oficial era una prerrogativa de los altos rangos y una señal especial de favor; en Siria, el virrey de Damasco y el gobernador de la fortaleza de Karak eran los únicos que tenían derecho a escribirse en papel rojo con su soberano del Cairo. Era también el color de la humanidad; se vestían de rojo para reclamar justicia.
El papel amarillo gozaba también de una particular estima. El historiador de la conquista musulmana, Bélâd-hurî, menciona, antes de 892, papeles amarilleados con azafrán.

Clément Huart, Los calígrafos del Oriente musulmán, José J. de Olañeta Editor, Barcelona, 2004, 2º ed., (Trad. de Vitoria Argimón)

Una cita

Una cita

Falta de amor y compañía desde la infancia, los libros me lo dieron todo.

Marie Ellis, Burst into tears, Random House, Londres, 1989.

Paul Auster, Brooklyn Follies (2006)

Paul Auster, Brooklyn Follies (2006)

Mi compañero (y sin embargo, amigo), Jordi Redon, me ha prestado el último libro de Paul Auster, Brooklyn Follies. El dato no es insignificante, por cuanto que Jordi es para mí una de esas personas indispensables y cálidas, que hacen que la vida de uno se detenga por un momento, para sonreír.

 

Nathan Glass es el narrador del libro, un narrador que, como otros personajes de Auster, detiene su vida cotidiana (un divorcio, una jubilación) y comienza otra. Como siempre en Auster, la soledad es la causa del nuevo movimiento. La interiorización de la vivencia lleva al sujeto a salir de sí, a pensar en los demás, a acercarse a los otros. Como el azar no puede estar ausente, en esa nueva vida aparecerá Tom, el sobrino perdido, hijo de la hermana pequeña de Nathan. Ex estudiante prodigioso, Tom conducirá  a Nathan hacia los otros personajes de la novela: Harry el oscuro y el claro, Rufus, Nancy, Joyce, Lucy, Rory…todos ellos con sus historias, en una ramificación típicamente austeriana de las vidas sin fin…unas llevan a otras. Todas son únicas, en todas hay una pérdida, pero en todas, también, hay una redención.

Si hay un motivo narrativo que creo que lastra la narrativa de Auster es la persistencia de las herencias inesperadas. Es un punto consistente en su narrativa, y para mí, un punto flaco. Sin embargo, Auster siempre plantea esa posibilidad como un pilar de los hechos narrados. Hay que tener autonomía económica para hacer cosas. Las cosas entonces ocurren, pueden ocurrir, cuando existe una liberación insospechada.

Los proyectos (en este caso, la creación del Hotel Existencia), pueden ser delirantes, pero en el fondo, son ese proyecto que todos hemos enunciado en nuestro fuero interno. La primera parte de libro, la parte de Tom, fluye con seguridad y tersura narrativas. Los acontecimientos concatenados se suceden, una cosa lleva a la otra, un personaje a otro, una historia a otras historias. Todas, es cierto, como el título indica, muestran ese punto de locura necesario para crear la chispa narrativa. La literatura de Auster no es realista. Afortunadamente, sus personajes sobrevuelan el mundo real, pero no pertenecen a él: lo encarnan casi con total verosimilitud, pero son personajes románticos, no en vano ahí detrás laten los universos de Poe o Dickinson.

Como en la infancia, la repetición de los recursos narrativos es una delicia agregada para el lector de Auster. El estilo, la forma de narrar esas historias cruzadas, ese camino de Auster que conocemos y transitamos nos ofrece un gran placer, un placer ya conocido.  Estamos familiarizados con esos personajes, sabemos que están dolidos, heridos, casi muertos de dolor, por la vida, pero también sabemos que van a renacer, que serán capaces de hacer cosas inusuales, que su mundo es un mundo de dolor y soledad, de fracaso y decepciones, pero que van a remontar, van a salir de ésa. Los libros vuelven también a estar en el centro de la narración, son libros que pueblan las estanterías del Attic, libros que lee Tom, libros que lee Nathan;  libros que escribe Nathan (para empezar, The Brooklyn Follies: el Libro del desvarío humano)), libros que, al final de la historia, piensa escribir sobre los muertos, para que no se pierda su recuerdo (la idea de Nathan es similar a la del Julien Davenne de La Chambre verte, de Truffaut, esa película gótica y sombría que cuento entre mis preferidas). La importancia de lo escrito, la importancia de las historias en nuestras vidas, la importancia de la imaginación por encima de la realidad, como en esa preciosa historia de la Niña que perdió a su muñeca y Kafka:

 

(...)Para entonces, la niña ya no echa de menos la muñeca, Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

 

La belleza del  mundo imaginario, la perfección que se crea a partir de las palabras, la felicidad que convocan las palabras. El placer de vivir, de respirar, de sentir (incluso sufriendo estamos vivos), el triunfo del recuerdo por encima del olvido, de la vida por encima de la muerte, eso son las historias. Dice Nathan Glass:

 

En general, las vidas se esfuman. Una persona muere y poco a poco todo rastro de su vida desaparece. Un inventor sobrevive en sus invenciones, un arquitecto está presente en sus edificios, pero la mayoría de la gente no deja tras de sí un monumento alguno ni logros duraderos (…) Unos cuantos objetos, algunos documentos, y unas cuantas impresiones causadas a otras personas. Estas últimas siempre tienen historias que contar sobre el muerto, pero las más de las veces se mezclan fechas, se suprimen hechos, se distorsiona cada vez más la verdad, y cuando a esas personas les llega su turno de morir, la mayoría de las historias desaparece con ellas.

Mi idea era la siguiente: crear una empresa que publicara libros sobre los olvidados, rescatar historias, hechos y documentos antes de que desaparecieran para luego darles forma y construir una narración continua, el relato de una vida.

 

No otra cosa ha hecho el señor Paul Auster, desde que comenzó a publicar. Su empresa nos pertenece a todos.   

  

 Paul Auster, Brooklyn Follies, Barcelona, Editorial Anagrama, 2006 (Traducción de Benito Gómez Ibáñez).

La Seconda Volta, cine y terrorismo

La Seconda Volta, cine y terrorismo

Aunque el cine italiano no pasa por su mejor momento, algunas de sus películas son dignas de ser vistas, reseñadas e incluso recordadas. Los actores italianos más conocidos hoy en día son Mauricio Bentivoglio (La balia -1999-); Sergio Castellito (Deliciosa Marta- 2001-), Roberto Benigni (La vida es bella – 1997-) y Nanni Moretti (La habitación del hijo -2001-, Caro Diario -1994). De ellos, ninguno me es particularmente simpático, aunque haya disfrutado con alguna de sus películas (Deliciosa Marta me parece una excelente comedia romántica, La habitación del hijo un drama preciso y eficiente, La Balia, también con Bruni-Tedeschi, un melodrama de clase muy bien contado). Pero hay un par de películas que me parecen sobresalientes, una, ésta que reseño hoy, La seconda volta. La otra, Che ora è (Ettore Scola, 1989), que se me quedará, por ahora, en el tintero, con los ya desaparecidos Marcello Mastroianni y Massimo Troisi (a quien seguramente recordaréis por El cartero de Neruda, con el gran Philip Noiret).
Desaparecida la gran generación de actores italianos como Mastroianni, Gassman, Sordi, Tognazzi(y Volonté y Giannini en plena vejez), desaparecidos también los Monicelli, Visconti, Pasolini, de Sica… En decadencia los Bellochio, Bertolucci, los Taviani y Scola mismo, el testigo, en los últimos quince años, ha caído en manos que podríamos adelantar que no están a la altura del cine anterior y que no son otras que las de Moretti, Benigni o la propia Bruni-Tedeschi.
De todos, el más regular y prolífico es Moretti. Su trayectoria política -es comunista, trotskista, para ser exactos-, está íntimamente ligada a su actividad como cineasta, que está enmarcada claramente dentro del cine político que tan importante ha sido siempre en Italia, país que ha vivido, tanto en su cine como en su literatura, en una larga reflexión sobre los problemas que plantea el capitalismo, sobre todo por lo que toca a la lucha de clases y a la industrialización; los temas de fábrica-industria-proletariado-ciudad, son centrales para la intelectualidad italiana progresista. En anteriores reseñas (Véanse las entradas sobre Volponi o Pasolini), ya he hablado de este contexto discursivo que debemos tomar en cuenta cuando hablamos de la cultura italiana desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy.
La seconda volta va más allá y plantea, desde una perspectiva humanista, el tema de las secuelas que dejó en la sociedad italiana la irrupción del terrorismo de las Brigadas Rojas en la Italia de los años setenta y ochenta. La acción transcurre en la década de los noventa y está centrada en Alberto Sajevo – víctima de un atentado- y Lisa Venturi – la terrorista que le dejó una bala alojada en el cerebro-. La película trata de la persistencia, en uno y otra, de las consecuencias de unos actos que en Italia ya son pasado, pero que aún se manifiestan como vivas y presentes a través de las víctimas sobrevivientes de los atentados, de sus familiares y de los presos que aún están cumpliendo condenas, muchos de ellos ya en un tercer grado, como la propia Lisa Venturi de la película.
La acción tiene lugar en Turín (sede de la fábrica de las fábricas italianas: la Fiat). Alberto Sajevo (Moretti), es un profesor universitario. Un hombre solitario, triste, marcado por un atentado contra su vida que le dejó un recuerdo que persiste: la bala que le dispararon no fue extraída en su momento, por razones médicas. Vive con ella. La bala se ha movido y hay que operar. Su vida entra en un angustioso momento de espera, cuando casualmente, mientras viaja en un tranvía, ve pasar a su ejecutora, Lisa Venturi (Valeria Bruni-Tedeschi). No es extraño que la siga, perplejo: la ve circular libremente por las calles con su abrigo rojo. La sigue, la observa, la ve reír, charlar, comer. Tampoco es extraño que ella no le reconozca. Han pasado doce años y ella está fuera durante el día: ya sólo vuelve a la cárcel por la noche, después del trabajo. Le ha olvidado o más bien, ha olvidado su cara: él no fue, en el momento del atentado, una persona para ella, él era sólo un objetivo. Por eso le disparó.
Venturi le dirá luego, cuando se entere de su identidad, que lo hizo convencida de que las ideas que defendía eran correctas. Ella no puede admitir, no admitirá nunca, que los fines no justifican ciertos medios. No lo hará porque es su tabla de salvación en esa vida suya, ya rota para siempre a causa de su crimen. Distantes, los dos han coincidido un momento. Él desea saber la razón ¿Por qué alguien decide disparar a la cabeza de un hombre, de un profesor universitario, de un empresario, de un concejal? Por qué alguien puede apretar un gatillo fríamente sobre otro ser? ¿qué razón puede impulsar a una persona para hacer eso? No hay respuesta posible. Lo cierto es que las dos vidas se truncan. No hay una víctima, hay dos. De distinto modo, ambos han muerto en ese acto. El terrorista, al matar a otro, se mata también a sí mismo. La vida de Venturi está tan rota como la de Sajevo. Tan destruida la una como el otro. ¿Con qué fin, por qué sucedió esto? La gran pregunta queda sin respuesta.
Lejos del pensamiento vengativo, Sajevo; lejos del arrepentimiento, Venturi: los dos personajes solos, desgajados de los demás y de sí mismos.
Las actuaciones son contenidas, expresivas y eficaces. El guión, duro y concreto, nada melodramático: realista. La puesta en escena, sobria. Una película para no olvidar.

Nota al margen: España está todavía en un tramo lleno de dificultades en el tema del terrorismo y debatiendo encarnizadamente sobre sus víctimas o sobre un posible diálogo para el fin del terrorismo. España está lejos todavía de poder reflexionar, como Italia, sobre estos hechos terribles con cierta distancia o con pretensiones de objetividad. Al ver ayer la chulería y el desprecio, la actitud inhumana de dos etarras en el juicio – entre otros crímenes- por el asesinato a sangre fría del concejal del PP, José Luis Blanco, pensé qué lejos estamos todavía, qué lejos de la paz.

La seconda volta, Dirección Mimmo Calopresti; Reparto: Nanni Moretti, Valeria Bruni-Tedeschi, Valeria Milillo, Simona Caramelli, Roberto de Francesco, Francesca Antonelli, Paola de Vita, Antonio Petrocelli; Guión: Heidrun Schleff, Mimmo Calopresti, Francesco Bruni; Productores: Nella Banfi, Angelo Barbagallo, Nanni Moretti; Música: Franco Piersanti; Fotografía: Alessandro Pesci; Edición: Claudio Cormio; Dirección artística: Guiseppe M. Gaudino (Italia, 1995).

La lección de música, de Pascal Quignard

La lección de música, de Pascal Quignard

Este libro de Quignard está compuesto por tres historias, o quizá por tres pretextos narrativos entrelazados por muchos pensamientos, por ricas, complejas reflexiones, por disquisiciones para mí, esenciales. Se compone de Un episodio extraido de la vida de Marin Marais, Un joven macedonio desembarca en el puerto del Pireo y La última lección de música de Chang Lien.
Como casi todos sabéis, en ese primer relato se encuentra el germen de la película Tous les matins du monde, pero en él se cuentan otras historias, aparte de la que sirve de base a la película. Es un libro sobre el aprendizaje. Sobre el dolor, sobre el silencio, sobre el arte comprendido como devoción silenciosa. Como búsqueda de algo irreparablemente perdido, y por eso mismo, anhelado, como una vuelta al vientre materno: como un renacimiento imposible, como la constatación de una nostalgia vívida y doliente de una pérdida que jamás volverá a ser nosotros...Un libro en el que se muestra la crueldad que a menudo se ejerce para enseñar lo esencial: la interioridad sangrante que habla desde el mismo centro del dolor y que hace posible el verdadero arte. Cito un fragmento del episodio final, La última lección de música de Chang Lien, en el que el maestro rompe los valiosos y antiguos instrumentos del alumno Pu Ya y le exige un sacrificio máximo, hasta que éste encuentra la verdadera música, la música interior:
No puedo enseñaros nada más -dijo-. Vuestros sentimientos no están lo bastante concentrados. No disponéis de lo que os conmueve, como la ola del lago lo hace con la barca azul del pescador.(…).
***
Cada vez que leo a Quignard me doy cuenta de que lo que busco es el silencio que se esconde tras sus palabras. El mismo que yo también escucho tras las mías ¿Qué tenemos que temer del silencio o de la nada? No podemos llegar ahí, es el territorio para siempre perdido. Solamente deseado, añorado, jamás posible ya, después del nacimiento. Sonido, música, palabra, la luz de una candela. Aproximaciones, no soluciones. Para soñar ese silencio es preciso decir, y al decir, rompemos el silencio, y esto dice Pascal Quignard en otro fragmento de La lección de música:


En Occidente, han abundado las mujeres virtuosas. A las mujeres les ha gustado mucho la música. Las mujeres que han compuesto mucho han sido, sin embargo, escasas. Escapan a la muda. No se les exige ningún esfuerzo para recobrar la voz de su infancia, les basta con hablar, les basta con abrir la boca. Dominan su voz, de un extremo a otro de su voz. Son preeminencia en el tiempo y todopoderío tonal, y hegemonía en la duración, y el más absoluto imperio en la impronta sonora ejercida sobre los más pequeños, sobre los que nacen. Los hombres están condenados, a partir de los trece o catorce años, a la pérdida de la compañía del propio canto de sus emociones, de la emoción innata, del afetto. La muda se añade a la separación del primer cuerpo. Igual que la presencia del sexo entre sus piernas, la voz grave, falible y agravada que sale de sus labios, la nuez de Adán, en mitad del cuello, sellan la pérdida del Edén. La muda es la impronta física que materializa la nostalgia, pero que la vuelve inolvidable, se recuerda sin cesar en su misma expresión. Toda voz baja, toda voz grave es una voz caída. A poco que los hombres despeguen sus labios, en seguida –como un nimbo sonoro alrededor de su cuerpo- el sonido de su voz les dice que no recobrarán jamás la voz. El tiempo está en ellos. No volverán jamás sobre sus pasos. Componen con la pérdida de la voz y se las componen con el tiempo, son compositores. La metamorfosis del grave al agudo no es posible o al menos no es corporalmente posible. Sólo es instrumentalmente posible. Lleva por nombre, música.

(Marin Marais) Murió en septiembre de 1728. Aún era septiembre. No había nada que hubiera amado tanto como el verano, los últimos días del estío, la espesa y suave textura de su luz.

***

La lección de música parece un libro pequeño. No lo es.


Pascal Quignard, La lección de música, Editorial Funambulista, Madrid, 2005
(Trad. de Ascensión Cuesta).

El 18 de junio, un dilema: Sí o No al Estatut de Catalunya

Nos hemos metido en un buen dilema. Votar o No a un Estatut empobrecido y manipulado. No ha sido posible conservar el texto aprobado por el Parlament de Catalunya. El dilema consiste en votar a ese Estatut posibilista y todavía renqueante, con mucha menor entidad que el que tiene Euskadi, o votar No apoyando ese extraño matriimonio espúreo de ERC y PP, en este asunto turbiamente unidos por el No, aunque por diversas razones, claro.
El dilema es difícil ¿qué haremos?
Yo contribuyo a la encuesta recordando las famosas palabras que Pau Casals pronunció en la sede de las Naciones Unidas hace ya una pila de años. Para los que no entiendan inglés, lo transcribo más abajo.
Sobre el dilema del Estatut, se aceptan argumentos en pro y en contra.

Casals dice:
"Dejadme decir una cosa: Soy catalán, hoy una provincia de España. Pero ¿qué ha sido Catalunya? Catalunya ha sido la nación más grande del mundo, os diré por qué. Catalunya tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Catalunya tuvo las primeras Naciones Unidas. Todas las autoridades de Catalunya, en el siglo XI, se encontraron en una ciudad de Francia (en ese tiempo, de Catalunya), para hablar de paz ¡En el siglo XI! Paz en el mundo y en contra, en contra, en contra de las guerras, en contra de la inhumanidad de las guerras ¡Oh! Estoy tan feliz, tan emocionado de estar aquí..."

¡Ahí queda eso!

arteyliteratura

Mi amigo Ramon me ha hecho esta presentación en video de mi blog ¡Gracias, Ramon!

Garcilaso de la Vega, Soneto III, La mar en medio y tierras he dejado Por Arnau Marimon

Garcilaso de la Vega, Soneto III,  La mar en medio y tierras he dejado              Por Arnau Marimon

Métrica:
La/ mar/ en/ me/dio_y/ tier/ras/ he/ de/ja/do 11 A || 2º, 4º, 6º, 10º
de/ cuan/to/ bien/, cui/ta/do/, yo/ te/ní/a; 11 B || 2º, 6º, 10º
y/ yén/do/me_a/le/jan/do/ ca/da/ dí/a, 11 B || 2º, 6º, 8º, 10º
gen/tes/, cos/tum/bres/, len/guas/ he/ pa/sa/do. 11 A || 4º,6º, 10º

Ya/ de/ vol/ver/ es/toy/ des/con/fi/a/do; 11 A || 4º, 6º, 10º
pien/so/ re/me/dios/ en/ mi/ fan/ta/sí/a, 11 B || 4º, 10º
y_el/ que/ más/ cier/to_es/pe/ro_es/ a/quel/ dí/a 11 B || 4º, 6º, 10º
que_a/ca/ba/rá/ la/ vi/da_y el cui/da/do. 11 A || 4º, 6º, 10º

De/ cual/quier/ mal/ pu/die/ra/ so/cor/rer/me 11 C || 3º, 6º, 10º
con/ ve/ros/ yo/, se/ño/ra_o/ es/pe/ra/llo, 11 D || 2º, 4º, 6º, 10º
si_es/pe/ra/llo/ pu/die/ra/ sin/ per/de/llo; 11 D || 3º, 6º, 10º

mas/ de/ no/ ve/ros/ ya/ pa/ra/ va/ler/me, 11 C || 4º, 7º, 10º
si/ no_es/ mo/rir/, nin/gún/ re/me/dio/ ha/llo, 11 D || 4º, 6º, 8º, 10º
y/ si_és/te/ lo_es/, tam/po/co/ po/dré_ha/be/llo. 11 D || 2º, 4º, 6º, 10º

Como su nombre indica, el poema es un soneto. Podemos deducirlo de su métrica, pues se compone de endecasílabos estructurados en forma de dos cuartetos y dos tercetos con rima consonante. Aún siendo un soneto, vemos una pequeña irregularidad en los tercetos, ya que normalmente tienen rima CDC DCD, y en este soneto nos encontramos con la rima CDD CDD.
En lo que se refiere a la acentuación vemos nuevamente (igual que en otros sonetos de Garcilaso) su afán por acentuar las sílabas pares (2º, 4º, 6º, 8º y 10º) aunque con algunas irregularidades. La musicalidad de la rima consonante viene apoyada por esta magnífica acentuación, que te guía por el poema de una forma regular y rítmica.


Estructura:
Podemos dividir el soneto en tres partes fundamentales:
En la primera nos encontramos al primer cuarteto en el que Garcilaso nos presenta la acción: alguien que lo ha dejado todo atrás y no deja de alejarse. Es una estrofa con mucho movimiento y bastante triste que se utiliza a modo de introducción.
La sigue el segundo cuarteto, y en éste, el autor ya nos cuenta los pensamientos del protagonista. En esta estrofa se muestra un protagonista muy pesimista, sin razón aparente para seguir viviendo.
Finalmente llega la conclusión del poema, repartida en los dos tercetos. En el primero el protagonista nos muestra la fuente real de su desgracia: una dama; y en el último finaliza con una sentencia catastrofista, diciendo que aun siendo la muerte su único remedio, no podrá encontrarlo.


Tema:
Este soneto es un poema claramente de temática amorosa. Ésta la podríamos definir cómo “El estado de frustración que causa un amor imposible”, ya que todo el poema es en un tono pesimista, que no plantea ningún tipo de salida, y si las plantea, las descarta rápidamente. Desde el principio, dónde Garcilaso muestra la huída del protagonista hasta el final, en el que muestra sus preocupaciones y demuestra que se encuentra en un callejón sin salida, se nota en el poema la sensación de pesadez, de tristeza y pesimismo que sufre el hombre por su amada.


Opinión personal:
Me ha gustado este soneto por su sencillez. Encuentro que no es un poema rebuscado en los dobles sentidos ni en un vocabulario arcaico, su comprensión es sencilla y rápida. Esto no quita méritos a Garcilaso, lo que pienso es que en este soneto ha querido esforzarse en otro campo. Para empezar me ha llamado la atención el primer cuarteto, que cuenta con un movimiento muy amplio y que dice muchas cosas con pocas palabras, es muy conciso y preciso. También me gustaría destacar la ya citada atmósfera que crea Garcilaso durante todo el poema de pesimismo y de no encontrar un sentido a la vida sin la amada, que en ningún momento vacila y se mantiene a flote durante todo el poema.
También citar la perfección tanto en la métrica como en temas de acentuación que son habituales en poemas de Garcilaso.

El soneto VII de Garcilaso de la Vega : No pierda más quien ha tanto perdido... Por Carles Cadenas

El soneto VII de Garcilaso de la Vega :  No pierda más quien ha tanto perdido...   Por Carles Cadenas

Carles Cadenas, de mi grupo de Primero de Bachillerato Tecnológico, ha escrito este análisis, que espero que os guste tanto como a mí.

No pierda más quien ha tanto perdido;   11 A
bástate, amor, lo que ha por mí pasado; 11 B
válgame ora jamás haber probado          11 B
a defenderme de lo que has querido       11 A

Tu templo y sus paredes he vestido      11 A
de mis mojadas ropas y adornado,        11 B
como acontece a quien ha ya escapado 11 B
libre de la tormenta en que se vido.      11 A

Yo habia jurado nunca más meterme, 11 C
a poder mio y a mi consentimiento,    11 D
en otro tal peligro como vano;            11 E

mas del que viene no podré valerme,      11 C
y en esto no voy contra el juramento,      11 D
que ni es como los otros ni en mi mano. 11 E

 

Vocabulario: Buscar las palabras o expresiones que no conocéis para aclarar el contenido del soneto

Bástate: Que te sea suficiente.                                                                                              

Ora: Ahora.                                                                                                           

Acontece: Como pasa o sucede.

Vido: Vio.

Tu templo: El templo del dios Amor.

A poder mío: Si de mí depende, por propia voluntad.

Como vano: Como una persona presuntuosa, vacía,  que no tiene nada dentro de sí  y que se cree superior a sus fuerzas. Se puede decir que es predicativo de yo.

Valerme: Tener  suficientes fuerzas para hacer frente  a un nuevo amor.Ni en mi mano: Que no depende de sí mismo, ni de su propia voluntad, el poder evitar  el nuevo amor, porque no es como los otros amores. 

Analiza el soneto : métrica, tipo de acentuación, estructura, tema (s).

El soneto tiene rima  consonante. La  acentuación es enfática, es decir, con acento en la primera sílaba del verso. El ritmo es muy marcado e intenso. Se cree que  Garcilaso compuso este poema aproximadamente  hacia 1535, época en la que el poeta tuvo un nuevo amor en Nápoles y se le relaciona con este  nuevo amor. En el soneto se distinguen dos partes muy diferenciadas. En el primer cuarteto, el poeta, que, tal como explica más adelante en los tercetos, se ha enamorado nuevamente, pide al amor, como si de  un dios se tratara,  que sea benevolente con él, ya que siempre ha acatado su voluntad, y le ruega que no le haga sufrir más porque ya es mucho lo que ha sufrido. El  segundo cuarteto es un recordatorio al amor- dios de los  sufrimientos que ha padecido en las tempestades del amor de las que ha podido salvarse y de cómo sus ropas mojadas, colgadas  cual exvotos en las paredes del templo, son una prueba de las promesas y juramento de no volver a enamorarse. En la segunda parte del poema, se excusa de romper este juramento de no volver a enamorarse: El peligro al que tiene que enfrentarse es tan grande y diferente a los padecidos anteriormente que no tiene suficientes fuerzas para luchar, a la vez que por su magnitud  supera  su capacidad para poder dominarlo. En eso basa su justificación  de no cumplir su juramento, ya que no está en su mano el poder hacer frente y controlar el nuevo y diferente peligro que se avecina. 3. Comentario personal.El poema, inicialmente,  me ha resultado difícil de entender y  de comprender. Casi he tenido que reescribirlo en prosa y ordenarlo sintácticamente para poder captar el sentido de sus frases. El uso de licencias poéticas de trasponer palabras y frases  –“ha tanto perdido, ha por mí pasado, peligro como vano”. . . – ha sido también para mí   una dificultad añadida. El libro  “Poesía Completa de Garcilaso de la Vega”, de Juan Francisco Alcina, me ha sido de gran ayuda para lograr comprenderlo. Los comentarios que este autor hace de los versos 5-8,  han sido claves para que pudiera descifrar el sentido global del soneto. La fuerza rítmica,  intensa y marcada por el acento en la primera sílaba de cada verso, me gustó desde el primer momento. Me ha impresionado la  afirmación contundente que me parece adivinar está en el fondo del poema: ¡Ni experiencias pasadas, ni sufrimientos vividos, ni recuerdos dolorosos, ni promesas y juramentos de cambio mil veces repetidos, serán  obstáculo para que la fuerza avasalladora de un nuevo amor irrumpa , desborde y supere las débiles barreras que los pobres humanos levantemos para evitar que nos arrolle!