Hace varios años que comencé a practicar Tai chi y el Qi Kung. Aunque lo dejé, ya se sabe que lo que bien se aprende no se olvida, y este año comienzo mis clases normales de Tai chi el día 12, con la novedad de que voy a aprender la modalidad de espada. El sábado hice el ejercicio con la espada por primera vez y me gustó mucho. Aparte de las clases de entre semana, los sábados por la mañana nos reunimos en el Parc Central de Sant Cugat un grupo de personas. Es precioso hacer este ejercicio con los pies en contacto con la tierra, escuchando el murmullo de las hojas al viento y el canto de los pájaros. Naturalmente, también padecemos algunas incomodidades, como los tristemente famosos mosquitos tigre (este año menos numerosos), o las mosquitas asesinas... Nosotros practicamos la forma Yang de 24 movimientos, tal como se ve aquí:
Estos ejercicios son como meter una pila en tu interior. Mueven tu energía interna, te cargan de una fuerza tranquila, liberan las presiones de tu cuerpo y de tu ánimo y te ayudan a liberar y a reconducir la energía que acumulas y que muchas veces produce malestar o tensión, tanto física como mentalmente. Aquí os dejo un video para que veáis en lo que voy a meterme la semana que viene. Mi espada no será de verdad, sino una de esas espadas extensibles (parecidas a las que se usan en las obras de teatro o de cine). O sea, que no somos peligrosos...
Por ENRIQUE MENDEZ, ROBERTO GARDUÑO Y CIRO PEREZ SILVA (Diario La Jornada, 2 de septiembre, 2006)
Diputados y senadores del PRD ocuparon la tribuna del Palacio Legislativo para exigir el retiro de militares y policías del recinto, acción que impidió al presidente Vicente Fox dirigir su mensaje al Congreso Foto José Carlo González Los grupos parlamentarios de los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y del Trabajo (PT) en las cámaras de Diputados y Senadores evitaron ayer que el presidente Vicente Fox Quesadaleyera su último Informe de gobierno, al tomar la tribuna del Congreso de la Unión con el propósito de exigir el retiro de los elementos del Ejército y la Policía Federal Preventiva (PFP) del recinto parlamentario y de las calles aledañas al Palacio Legislativo de San Lázaro.
Los legisladores bajaron de la tribuna hasta que la Secretaría de Gobernación les informó, por conducto del coordinador de los diputados perredistas, Javier González Garza, que las fuerzas militares y policiacas ya habían levantado el cerco al Congreso. Esto ocurrió más de dos horas y media después de la toma, es decir, a las 21:38 horas.
Ante la ocupación de la tribuna camaral, el presidente de la mesa directiva, el diputado panista Jorge Zermeño, pidió a la secretaría general recibir el Informe escrito del presidente Fox, quien esperó un minuto en el lobby del recinto.
Me retiro de este recinto: Fox
El Presidente, rodeado por centenas de militares del Estado Mayor Presidencial (EMP), entregó el paquete y dijo que acudía a la sesión de apertura de sesiones del Congreso como establece el artículo 69 constitucional. "Ante la actitud de un grupo de legisladores que hace imposible la lectura del mensaje que he preparado para esta ocasión, me retiro de este recinto", dijo.
Sus palabras fueron transmitidas al salón de plenos, pero las bancadas perredistas pitaron los 128 silbatos de árbitro, modelo Fox 40 classic, que compraron en una tienda de deportes, y el ruido fue tal que la voz del mandatario se diluyó.
A las 18:50 horas de ayer, mientras el coordinador de los senadores del PRD, Carlos Navarrete Ruiz, expresaba su rechazo a la ocupación policiaca y militar de la Cámara, que incluyó la presencia de francotiradores en las azoteas de edificios aledaños, los legisladores perredistas y petistas se levantaron de sus curules y caminaron hacia la mesa directiva.
Esta acción de los legisladores -que no contó con el respaldo de la bancada de Convergencia, pues sus integrantes sólo se mantuvieron de pie en sus curules- se llevó a cabo durante la lectura de posiciones de los partidos políticos y cuando recibieron una llamada telefónica que confirmaba que el presidente Fox salía de Los Pinos hacia el Congreso, en un momento de descuido de las filas panistas, que esperaban la toma de la tribuna durante el receso para esperar la entrada del Presidente al recinto.
El Ejecutivo violó la Constitución
En la tribuna, Carlos Navarrete reprochó que, en violación al artículo 29 constitucional, el jefe del Ejecutivo federal ordenó el sitio a la Cámara sin la aprobación del Congreso, como lo estipula dicho precepto: en "casos de invasión, perturbación grave de la paz pública o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto" se podrá "suspender en todo el país o en lugar determinado las garantías que fuesen obstáculo para hacer frente rápida y fácilmente a la situación".
Mientras los panistas permanecían sentados, Navarrete preguntó: "¿en qué momento, ciudadanos legisladores y legisladoras, cuándo este Congreso aprobó la suspensión de garantías contemplada en el artículo 29 constitucional? ¿Por qué a las afueras de este Palacio Legislativo y a varios kilómetros a la redonda se han suspendido de facto las garantías que establece nuestra Constitución?"
Un impresionante e indignante operativo de las fuerzas de seguridad, dijo, tiene cercada la casa del Congreso por tierra y aire, con lo que se agrede a los representantes de la nación y se impide el ejercicio de las libertades.
"Esta violación está a la vista del país", afirmó, y en ese momento un grupo de 12 diputados y senadores, que tenían la encomienda de dirigir cada uno a 10 más, se levantaron de sus curules y comenzaron a avanzar hacia la tribuna.
Zermeño lo interrumpió: "Permítame...", intervino, pero el perredista no se detuvo. "Está a la vista y está implementado por el Estado mexicano y ordenado por el Presidente de la República, que está obligado a guardar y hacer guardar la Constitución de todos los mexicanos. Esta violación a la Constitución no puede ser aceptada por este Congreso de ninguna manera".
Zermeño, atrás de quien ya se habían ubicado los senadores Graco Ramírez, Arturo Núñez y José Guadarrama, y el diputado González Garza, llamó a las bancadas perredista y petista a regresar "a sus asientos".
"Pido que me permita continuar mi discurso, ciudadano presidente", insistió el senador Navarrete. Situado a la izquierda del panista, el presidente de la Cámara de Senadores, Manlio Fabio Beltrones, se levantó de su curul y salió del salón.
"Solicito... señores legisladores, les pido que vuelvan a sus curules para que podamos continuar esta sesión en orden", insistió Zermeño. Pero el coordinador del PRD en el Senado se mantuvo firme: "Por ello, ciudadanos legisladores, no pronunciaré el discurso que expresa la opinión del Partido de la Revolución Democrática, pues no existen las condiciones para que el Congreso sesione y no abandonaré, ni mis compañeros lo harán, esta tribuna, hasta que se reanude la vigencia de las garantías constitucionales que han sido suspendidas de facto en una parte de la ciudad de México, ordenada por el presidente Vicente Fox Quesada".
Detrás de él, el diputado Emilio Ulloa Pérez sostenía un ejemplar de la Constitución, como hizo el resto de sus compañeros, así como banderas de México y cartulinas donde se insistía en que Fox es un traidor a la democracia. "¡Fuera, fuera, fuera...!", gritaron en reclamo a la salida de policías y militares, así como "¡Sufragio efectivo, no imposición!"
Zermeño pasó de la solicitud para que los legisladores permitieran continuar la sesión y "respeten el recinto y la asamblea" a exigir a perredistas y petistas, después de declarar un receso a las siete de la noche, "que pasen a sus asientos".
Mientras, la Presidencia de la República utilizó como señuelos dos helicópteros Super Puma para distraer la atención y hacer creer que el mandatario llegaría por aire. Sin embargo, Vicente Fox arribó en la camioneta presidencial e ingresó a la Cámara por la entrada principal.
En ese instante, Zermeño declaró reanudada la sesión. "Y en virtud de que no existen condiciones -dijo- para el uso de la tribuna, solicito a la secretaría reciba en el recinto de este Palacio Legislativo el Informe por escrito que presenta el presidente de la República, Vicente Fox".
Una vez que éste entregó el documento, el panista declaró que el Ejecutivo federal cumplió con lo establecido en el artículo 69 constitucional, al estar presente en la apertura de sesiones y entregar por escrito su Informe.
Después declaró cerrada la sesión y citó para la ordinaria del martes 5 de septiembre, donde el prianato y sus apéndices de los partidos Verde Ecologista y Nueva Alianza modificarán la Ley Orgánica del Congreso para beneficiar al PRI que, como tercera fuerza, ocupará la Junta de Coordinación Política.
En el salón sólo se mantuvieron los legisladores de PRD, PT y Convergencia, que seguían al margen. Arriba, en el segundo piso de las galerías, los servicios médicos de la Cámara atendían a Víctor Manuel Vázquez Fernández, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Baja California, quien sufrió un infarto.
De salida, el titular de la Secretaría de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, se enfrentó verbalmente con el diputado oaxaqueño de Convergencia, Alberto Esteva, quien le había entregado un ejemplar del diario Noticias para que se enterara, le dijo, de lo que ocurre en Oaxaca. "¿Y así va a ser usted representante popular?", le soltó Abascal mientras arrojaba el periódico a los pies del diputado. "¡Qué vergüenza y qué cobarde es usted!", replicó Esteva.
El senador Gonzalo Yáñez calificó la acción de rechazo a la ocupación militar como un éxito, sobre todo porque permitió, a su vez, que se terminara finalmente con la ceremonia no republicana de que el Ejecutivo hablara ante el Poder Legislativo sin la mínima oportunidad de intercambiar ideas y posiciones.
Después de las nueve de la noche, González Garza reunió a los legisladores, al pie de la presidencia de la mesa directiva, para informarles que Abascal le llamó para asegurarle que, a su vez, Zermeño le había pedido retirar a la fuerza pública.
"Los felicito -les dijo-, porque no se rompió una planta. Acabo de dar una conferencia de prensa donde dije que no podíamos quedarnos sentaditos, sin que nos escuchara, porque él es el ilegal, porque tiene años de confabularse. Y esta acción fue una decisión preventiva porque no pasó nada aquí ni afuera".
Ante la prensa, dijo que "ningún Congreso, en un país democrático, puede laborar sobre la base de la ocupación militar. Nos parece irresponsable". González Garza insistió en que tomar la tribuna fue "un acto preventivo", y que lo que hicieron fue "para que no sucediera nada. Teníamos temor fundado de provocaciones por parte del gobierno federal. Nosotros pedimos a los compañeros del Zócalo que no se acercaran a este Palacio Legislativo con el propósito de no enfrentar una provocación. Nos dimos a la tarea de resolver este asunto sin que hubiese un solo herido... no se rompió una planta". Insistió en que a su partido le correspondía presidir la mesa directiva y así poder escuchar y contestar el Informe, pero hubo una decisión: Héctor Larios, que dijo a la prensa: "yo tenía un mandato para que ustedes no contestaran".
"Y nos quitaron la palabra en el parlamento. Y querían que nos quedásemos callados cuando Fox tiene años en una actitud ilegal tratando de expulsar de las filas contrarias a sus contrincantes; tiene años de confabulación en contra de un candidato presidencial".
Después de las 10 de la noche, los legisladores se retiraron. En el Zócalo los esperaban -por invitación de Andrés Manuel López Obrador- los simpatizantes perredistas.
(Tomado del diario La Jornada, 2 de septimbre, 2006)
Gracias a mi querido Portnoy, que incluye en su último post un descarnado desnudo de Stanley Spencer, me he puesto a buscar más imágenes suyas por internet, para poneros la miel en la boca. Hace tiempo vi algunas de sus obras en la Tate y me impresionaron tanto como las de Freud y Bacon: he aquí lo que he podido recopilar para vosotros. Stanley Spencer (1891-1959), fue considerado miembro de la escuela de Londres junto a Francis Bacon y Lucien Freud, otros dos pintores extraordinarios, y también fue coetáneo de Henry Moore, a quien acabo de dedicar un post. En Spencer se pueden ver las influencias de Otto Dix o de Diego Rivera, pero también le veo muchas cosas en común con Brueghel y con la pintura flamenca, que tanto me entusiasma. Igualmente ligada al surrealismo y al realismo descarnado, su obra tiene tanta magia como realidad. Sus paisajes, sus dibujos, me parecen también extraordinarios. Espero que os gusten.
El recuerdo de este documental surgió de uno de los sugerentes artículos que Gregorio Luri publica en El café de Ocata. Asaltar los cielos fue uno de los primeros documentales que atrajo una gran cantidad de público al cine. El tema no podía ser más atractivo: el asesinato de Trotsky y el enigma de su autor, Ramon Mercader del Río, alias Jacques Mornard, alias Frank Jackson, que ocultó siempre su verdadero nombre y nunca confesó. La identidad de Mercader fue descubierta en 1953. Mercader fue condenado a 20 años de cárcel y salió de la Penitenciaría de Lecumberri en 1960. De ahí pasó a Cuba, a la URSS, a Checoslovaquia y finalmente a La Habana, donde murió en 1978. Asaltar los cielos es una obra estructurada en cuatro partes, que entrelaza los documentos de época con las entrevistas, y que teje así los mimbres de la colosal conspiración. Stalin no estaba dispuesto a dejar vivo a Trotsky y nada lo detendría. El aparato estalinista puso en marcha varias tentativas. Una tuvo éxito, la más simple de todas: la del infiltrado. En la primera parte del documental, se traza la trayectoria de la madre de Mercader, Caridad del Río, una figura central para el estudio del caso Mercader. Fanática conversa (sus orígenes burgueses marcan la violencia de su posterior adhesión al totalitarismo estalinista), es la que empujará a Ramon hacia su crimen. Ulteriores investigaciones mostraron la obediencia ciega del hijo a las expectativas de la madre, e incluso Alfonso Quiroz Cuarón, autor de un estudio sobre la personalidad y el crimen de Mercader, habla de un complejo de Edipo bien arraigado. La actividad política y el lado oscuro que deja entrever la implicación de Caridad en la KGB desvelan en parte las razones que llevan a Mercader hasta México. En la segunda, se hace una larga digresión sobre el tema de los niños de la guerra que se fueron a Rusia, para mi gusto, excesiva. En mi opinión, esta digresión sólo tendría una justificación y es la relación que Ramón podría haber llegado a tener con algunos de estos niños a su llegada a la URSS, pero pienso que la historia de esto niños exiliados (también los hubo en México, en donde para siempre se les llamó Los niños de Morelia, pues a Morelia, Michoacán fueron a parar), conformaría una historia que por sí sola merece un documental, que en 2001 fue filmado, en efecto, por Jaime Camino. En el contexto del tema principal de Asaltar los cielos, no veo justificada esta larga secuencia en la que los niños, ya viejos, cuentan su dramática odisea, sobre todo porque no parece claro que ninguno de ellos mantuviera una relación estrecha con Ramon Mercader durante su estancia en la URSS. Más se hubiera agradecido una incursión en las razones de Stalin y de la KGB para planificar el crimen: el trasfondo político, la creación de la Cuarta Internacional por parte de Trotsky, la difusión de sus teorías sobre la Revolución permanente, internacionalista, su creciente proyección en USA y América Latina, especialmente, y por supuesto, un análisis de la política de Stalin y sus terribles represiones, purgas, y atentados. La tercera parte de Asaltar los cielos narra el periplo seudo-amoroso que llevó a Mercader desde París hasta el estudio de Trotsky en su casa de la calle de Viena, en Coyoacán: la seducción de Sylvia Ageloff, secretaria de Trotsky, en la Ciudad Luz, la extrañeza que esta relación llegó a causar en la propia Sylvia y en las personas de su entorno, la etapa en Nueva York en la que Mercader aparece ya con otro nombre (Frank Jackson), y la paulatina inserción de Jackson en el entorno de Trotsky, ya en México. Mercader se mostró apolítico, y llevó de excursión varias veces al nieto de Trotsky, Esteban Volcoff, en compañía de Natalia, de Sylvia y de los guardaespaldas, ganándose así una cierta confianza en el ámbito familiar. Tras el fracaso de la chapucera tentativa de asesinato que organizó David Alfaro Siqueiros, Mercader supo que le tocaba a él. El momento del asesinato, tantas veces analizado, no pierde un ápice de horror. Uno de los antiguos guardaespaldas de Trotsky narra, vívidamente, la secuencia del crimen. El engañoso pretexto de Mercader (que Trotsky le corrigiera un artículo periodístico), Trostsky, sentado, Mercader a pocos centímetros, de pie, detrás, el golpe del piolet en el cráneo de Trotsky, el grito espantoso, la reacción de este hombre, pequeño de estatura y de 61 años, que muerde la mano de Mercader, que grita hasta alertar a su guardia. Los tres centímetros y medio de piolet que penetran en el cráneo. Y Mercader golpeado, y Trotsky ordenando que no se le mate, para que hable. Luego, la agonía del revolucionario, en el hospital. La muerte. La condena de Mercader a 20 años, su silencio. Su matrimonio. Su negocio en la cárcel, su discreción y su fama. En la cuarta y última parte, Asaltar los cielos muestra la vida que siguió Mercader tras su liberación, a partir de 1960 hasta su muerte. A pesar de que fue condecorado con la Medalla de Héroe de la URSS, nadie nunca pensó que Mercader fuese un héroe. Un hombre que mata de ese modo, a traición, a un viejo revolucionario, con un piolet. Nunca fue apreciado. En su tumba no apareció su verdadero nombre hasta mucho después, pues fue enterrado como Ramón López. Quizá el propio Mercader, que al parecer sintió algunas veces el peso de su crimen y que según dicen, se sentía perseguido por el agudo grito de su víctima, hubiera preferido ese falso nombre, de Ramón López, y ser olvidado. Pero no es así. Ramon Mercader del Río será recordado por la historia como el asesino de León Trotsky.
A pesar de que el documental tiene un inicio vacilante, a medida que se acerca al final va ganando interés, aunque quizá no concisión política, sino suspense De todos modos, es un documental que no hay que perderse.
(Como anécdota curiosa, os diré que la voz que canta El corrido de León Trotsky es la de mi sobrina, Marisa De Lille).
Asaltar los cielos, Directores y guionistas: José Luis López Linares y Javier Rioyo; Fotografía: José Luis López Linares; Música: Alberto Iglesias; Narradora: Charo López.
Uno de mis cineastas favoritos: Tim Burton. Comenzó su irregular y apasionante carrera como director con este corto, Víncent (1982). Os lo pongo en inglés, porque el narrador es el mismo Vincent Price que es el ídolo de nuestro personaje principal (y también de Burton). Pero si queréis verlo en español, pinchad aquí.
Se trata de un cortometraje rodado en stop motion, técnica que Burton ha utilizado también en Pesadilla antes de Navidad (1993) y en La novia cadáver (2005) y el texto rimado es un homenaje al poema más famoso de Edagr Alan Poe, El cuervo.
Hoy que se paralizan vuelos cada dos por tres porque una pasajera lleva una crema sospechosa (y se comprueba después que es una crema limpiadora), que un ataque de claustrofobia de una pasajera hace que los servicios especiales de USA ocupen las pistas y por poco no sacan los tanques; hoy que las madres de bebés hayan de probar en presencia de las autoridades el líquido contenido en los biberones de sus hijos, y hoy que se desvían vuelos por actitudes sospechosas manteniendo un alto nivel de alerta en la mitad de los aeropuertos europeos, he recordado a J.M.Coetzee y su famoso libro Esperando a los bárbaros. Hace ya mucho tiempo que lo leí. Tanto, que ni siquiera conservo el ejemplar y he bajado a mi librería a comprarme otro. Vale la pena recordar que Coetzee escribió esta novela alegórica en una Sudáfrica paranoica y racista, en la que el apartheid era una forma de vida sancionada por la comunidad internacional. En la que los derechos de ciertos humanos (los nativos, por cierto, de ese inmensa tierra), eran sometidos a un régimen de esclavitud, segregación, tortura y crueldad extrema que podría, por sí solo, llenar todas las páginas de una Historia de la infamia no escrita por Borges. La paranoia social, el miedo, la negación del otro a través de su destrucción, constituyen los ejes de esta novela. El otro, que nunca llega a tener rostro ni nombre. Incluso para el protagonista, un hombre bueno, que no aprueba las represiones de los del Tercer Departamento, ellos, los otros, no llegan a encarnarse. Duerme al lado de una chica durante cinco meses, la lava, la masajea, trata de aliviar las secuelas de la tortura a la que ha sido sometida (no por él, sino por los soldados), y sin embargo, no recuerda su cara, no sabe quién es ella.
Parecía haber siempre una neblina diseminándose desde su mirada vacía, una vaguedad que se apoderaba totalmente de ella. Fijo la vista en la oscuridad, esperando que surja una imagen; pero el único recuerdo en que puedo apoyarme completamente es el de mis manos llenas de aceite deslizándose por sus rodillas, sus pantorrillas, sus tobillos.
El protagonista, Administrador de ese territorio de frontera indeterminado, acaba naturalmente, siendo apresado y torturado por los mismos que han apresado y torturado a los bárbaros, acusado de traición.
Y es cierto que traiciona al Imperio, en la medida en que se permite cuestionar y rechazar sus métodos. Obligado por ese deber íntimo, es sometido a la deshumanización constante a través del maltrato y se convierte en una sombra, un ser apenas humano, que sólo está pendiente de comer, de defecar, de caminar por la sombra cuando le es permitido.
Alguien me da un empujón y empiezo a balancearme de un lado a otro describiendo un arco a treinta centímetros del suelo como una vieja y enorme polilla cogida por las alas, gritando, clamando. Prorrumpen en risas.
Pero los civilizados, los occidentales, los europeos invasores, los del Imperio, no se libran del miedo que estos bárbaros les provocan. Su miedo hace que la vida del enclave civilizado transcurra como en una pesadilla. Una pesadilla de rumores, de expectativas aterradoras, de inseguridades profundas:
Los bárbaros salen de noche. Antes de que oscurezca hay que recoger la última cabra, atrancar las puertas y apostar un centinela en cada atalaya para dar las horas. Dicen que los bárbaros merodean por los alrededores durante toda la noche, resueltos a asesinar y saquear. Los niños ven en sueños cómo se abren las contraventanas y cómo los rostros feroces de los bárbaros les dirigen miradas aviesas. ¡Han llegado los bárbaros!, gritan los niños, y no hay quien los tranquilice. Desaparece ropa tendida y comida de las despensas, por muy herméticamente cerradas que estén. Dicen que los bárbaros han excavado un túnel bajo las murallas; que entran y salen a placer y cogen lo que quieren; que nadie está seguro ya. Los campesinos todavía labran sus campos, pero salen en grupo, nunca solos. Trabajan sin ilusión: dicen que los bárbaros aguardan tan solo a que hayan sembrado para volver a anegar los campos.
17 de agosto de 2006: El vuelo 923 de United Airlines que cubría la ruta de Londres a Washington fue ayer desviado a Boston donde tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia. Aunque inicialmente se barajó la existencia de terroristas a bordo, finalmente resultó ser una pasajera que sufrió un ataque de claustrofobia. La ansiedad provocó que la mujer de 60 años mantuviera un altercado con la tripulación. El capitán del avión, que transportaba 82 pasajeros y 12 tripulantes, declaró entonces una emergencia de seguridad. El vuelo aterrizó sin incidentes en el aeropuerto Logan International de Boston después de ser escoltado por aviones de combate, según confirmó Amy von Walter, portavoz de la Administración de Seguridad en el Transporte de EE UU.
18 de agosto de 2006: Una terminal del aeropuerto Tri-State de Virginia Occidental (EEUU) fue evacuada después de que un perro adiestrado reaccionase ante una botella llena de un líquido sospechoso en el bolso de una pasajera, que resultó ser una crema limpiadora del cutis, según informó la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
La mujer propietaria del equipaje de mano en el que se halló el líquido fue detenida por la policía para ser interrogada, informó el director del aeropuerto, Larry Salyers, en declaraciones a la cadena de televisión "CNN".
La mujer, que iba a embarcarse en un vuelo a Charlotte (Carolina del Norte), nació en 1978 y es oriunda de Jackson (Michigan), según Salyers. El servicio de vuelos comerciales fue interrumpido, y unas cien personas tuvieron que ser evacuadas de la terminal.
23 de agosto de 2006: La tripulación informó al piloto del comportamiento extraño de algunos de los 149 pasajeros al advertir que usaban el móvil, según informa la cadena Fox.
El fin de semana pasado quedó en evidencia el sistema de alerta terrorista en Holanda, después de que la oficina del Coordinador Nacional de Lucha contra el Terrorismo fuera informado tarde de la presencia de un sospechoso de portar una bomba en un festival de música, aunque finalmente todo resultó ser una falsa alarma.
24 de agosto de 2006: LONDRES.- Otro de los sospechosos detenidos en relación con una supuesta conspiración para derribar aviones en vuelo desde el Reino Unido a EEUU fue liberado anoche sin cargos, según confirmó Scotland Yard.
Según la nueva legislación antiterrorista británica, en vigor desde este año, las fuerzas del orden disponen de un plazo máximo de 28 días, desde el momento de la detención, para interrogar a los sospechosos.
(Las noticias están tomadas de la edición digital de los periódicos El Mundo y Cinco días)
J. M Coetzee, Esperando a los bárbaros, (Traducción de Concha Manella y Luis Martínez Victorio), Debolsillo, Barcelona, 2004.
Mi primo, el Dr. Ramón De Lille Fuentes, me envió por Internet este fragmento del libro de Salvador Prieto Quimper , El Parral de mis recuerdos (Editorial Jus, 1948, reeditado recientemente por el Gocierno del Estado de Chihuahua), que, como conté antes, yo había tenido y perdido con tanta mudanza. Este libro, en su reedición, le fue facilitado a mi primo por una amabilísima parienta nuestra (por el lado Borja), Mercedes de la Peña, que me ha prometido enviarme uno también a mí. Mientras, transcribo un fragmento donde habla de mi abuelo:
Otro de los preclaros hijos de Parral a quien me refiero en este artículo, Pedro De Lille Borja, nació pocos años después que Norberto Domínguez, por el 1875. Su padre fue don Pedro De Lille, que vino de la amada Francia, en un pequeño grupo de hombres de trabajo, honorables, cultos y emprendedores, que cooperaron en el adelanto y mejoramiento de Parral (…)No existe ya ninguno de esos hijos de la Galia y sólo de ellos vive el grato recuerdo de su vida activa y honesta.Doña Toñita Borja, de antigua y honorable familia de agricultores, excelente y virtuosa, fue la esposa de don Pedro De Lille, que le dio tres hijos, Pedro, José y Carlos. Ninguno vive. José, dueño de extraordinario talento, algo taciturno y romántico, hizo una notable carrera de médico que su temprana muerte truncó en plenitud de sus facultades. Carlos, inteligente también, fue un luchador en el campo del comercio (…)Pedrito De Lille, de constitución fuerte. Mostró desde sus primeros años clara inteligencia y gran precocidad. Hizo la primaria en la escuela de aquel gran educador que fue don Pepe Rentaría Sarvide, con gran éxito, siendo uno de los alumnos más distinguidos y aprovechados de la escuela, aunque no de los consentidos, pues por inquieto – y no por violento- producto de sangre francesa y mexicana, armaba con frecuencia camorra con sus compañeros por cualquier pretexto – como sucede entre muchachos-, terminando muchas veces a bofetadas. El cuento llegaba a oídos del maestro, que celoso de su autoridad, aparentemente sancionada por los papás de los escolares, aplicaba el castigo que creía adecuado y necesario: algunos chicotazos con una vara de membrillo muy resistente o una o dos cachetadas, no tanto dañosas, pero sí bochornosas en plena aula llena de alumnos. Cosas del tiempo. Así era con todos (…)Después de terminar Pedrito sus estudios de primaria, vino a México a seguir sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, que como los de primaria cursó con magnífico éxito. Sobresaliendo en química y en historia en las que era una potencia, y también en lógica y psicología. Terminó la preparatoria y se recibió de químico _ahora ingeniero químico-y bacteriólogo en brillantes exámenes.De Lille era, como Domínguez, un apasionado del estudio, y llegó a formarse una profunda cultura. Era experto en griego y en latín. De carácter expansivo, bromista y alegre, de alma noble y generosa, gozaba de grandes simpatías y estimación entre sus maestros, compañeros y coterráneos. Su conversación era muy interesante, amena y emotiva por su carácter apasionado y vehemente, y como tenía, al igual que su paisano, el don maravilloso de enseñar, las discusiones con sus compañeros sobre cualquier punto resultaban valiosas enseñanzas.Ya recibido regresó a Parral, donde se casó con María Aizpuru Álvarez, excelente y bondadosa criatura, finamente educada, hermosa y elegante, dueña de dos ojos negros de maravilla y de una brillante inteligencia aunada a una sólida cultura que le impartió su padre, el competente y sabio maestro doctor don José María Aizpuru Benítez, nativo también de Parral. Tocaba muy bien el piano, que aprendió de su madre, doña Josefa Álvarez, y cantaba con gusto artístico y gran pasión, con su preciosa voz de soprano que ella, con personal, cuidadoso estudio y con talento, supo cultivar bajo la perspicaz vigilancia de doña Josefina.Poco tiempo duró De Lille en Parral después de su matrimonio, pues poco tiempo después del nacimiento de su primogénito, llamado ahora Pedrito como llamaron siempre a su padre, como él, trabajador y honorable, con grande influencia en la industria radiodifusora y uno de los locutores más competentes de habla española en la América Latina, la pequeña familia se fue a Guanaceví. (1)En aquella ciudad durangueña fue por varios años jefe de laboratorio de ensaye y al mismo tiempo encargado defarmacia de la empresa minera de los Hermanos Lozoya, puestos que desempeñó con gran eficiencia y honradez.De Guanaceví fue a establecerse a Chihuahua, donde permaneció hasta que a causa de los sacudimientos del país, vino a radicarse en la capital (2). Durante le tiempo que vivió en Chihuahua – alrededor de diez años-, fue catedrático titular de química y de historia, dos materias que dominaba, a las que dedicó mucho estudio y cariño. Tenía una memoria excelente, por lo que sus clases, de historia especialmente, se convertían en amenas charlas, salpicadas de citaciones de importantes hechos históricos con lujo de detalles. Sus alumnos tenían por él ese gran respeto y cariño que poco a poco van cristalizando a través de la enseñanza y trato constante a base de talento, afabilidad y cultura, tres atributos esenciales en un verdadero maestro, que siempre conserva ecuanimidad y paciencia iguales para todos sus discípulos.Al poco tiempo de llegar a México, por sus méritos, reconocidos desde que fuera aquí preparatoriano y luego en la profesional, fue nombrado profesor de química en la Universidad Nacional Autónoma, cátedra que desempeñó hasta su muerte con gran competencia. Pero hombre muy dinámico, tenía otros trabajos, entre ellos la dirección de un importante laboratorio de productos químicos.
El matrimonio De Lille Aizpuru tuvo seis hijos: dos mujeres: María, la Chata y Toña, y cuatro hombres: Pedro, Enrique, Mario y Héctor, que heredaron las cualidades morales, físicas e intelectuales de sus progenitores. Pedrito tenía un corazón de oro y carácter jovial, que conquistaba luego la simpatía y el corazón de quien tenía la ocasión de tratarlo. Ingenio sutil. Al trabajo intelectual duro y constante combinaba su gran afición por la música, que le producía verdadero deleite, y no sólo, sino que tocaba el violín al que comunicaba las emociones de su espíritu lleno de fibra y de delicadeza simultáneamente. Cuando recordaba sus tiempos en Parral y Chihuahua lo hacía con gran cariño, con nostalgia, con detalles emocionantes y evocaciones llenas de afecto y de respeto para tanta gente querida de aquel lejano pedazo de tierra mexicana, que ya ha tiempo se habían ido. Pedro De Lille fue un auténtico parralense, que vivió siempre vinculado al pueblo en que nació.
Salvador Prieto Quimper, El Parral de mis recuerdos, Primera ed, México, Editorial Jus, 1948, reed. del Gobierno del Estado de Chihuahua, Chihuahua, 2004?Notas: (1) De hecho, mi tío, Pedro De Lille Aizpuru, ya nació en Guanaceví, Durango, por lo que la familia debió trasladarse antes.(2) Antes de irse a México, D.F. Mis abuelos estuvieron viviendo en Los Ángeles, California, adonde se refugiaron, huyendo de la Revolución. Ahí se quedó mi tío Enrique, enamorado de Elsie, como explico en el post que le he dedicado.
Henry Moore fue uno de los pimeros escultores que admiré. También me gustaba mucho Alexander Calder. A medida que escribo este blog, me doy cuenta de que mis filias se mantienen a lo largo de años, lustros y décadas... La magnífica exposición que comisiona Anita Feldman, de la Fundación Henry Moore de Leeds, en el incomparable marco del edificio modernista de Josep Puig i Cadafalch, sede de CaixaForum, no ha hecho más que afirmarme en la convicción de que estamos muy cerca Moore y yo y desde hace mucho tiempo. Amo su obra, y me gusta tocarla.
La exposición recoge 160 piezas entre esculturas, dibujos y acuarelas, o técnicas mixtas: 90 esculturas y 70 dibujos. Algunas de las piezas más pequeñas son deliciosas. Los materiales de las piezas escultóricas son muy variados: bronce, alabastro, mármol, madera... Las influencias: el surrealismo, la escultura prehispánica (la ya archimencionada del Chaac Mool, la de los "Judas" mexicanos, incluso la de las estelas mayas), el arte africano, Picasso... son evidentes. Pero también Grecia y Roma y los fenicios. En Moore confluyen el clasicismo y la modernidad y su arte está hecho a partes iguales por el lleno y el vacío, por la materia y el aire que la modela y la atraviesa. Moore nos transmite la noción de que naturaleza y arte se funden. El trabajo y la indolencia de sus figuras yacentes. La majestuosidad de las formas y también su erotismo. Su obra, com toda gran bra, armoniza los contrarios, que en realidad no son sino complementarios.
En la muestra podemos recorrer sus etapas tanto cronológica como temáticamente. Sus intereses humanísticos y políticos se muestran en ella, su renuncia a una escultura oficialista y su apuesta por el humanismo. La mirada que recorre su mundo: el mundo de la Segunda Guerra Mundial, el mundo del fascismo al que rechaza. Vemos lo que Moore adopta y lo que Moore desecha. Es un recorrido por su vida de artista y de hombre. En estas obras se lee su biografía.
Recomiendo calurosamente la visita: CaixaForum, Av, Marqués de Comillas 6-8 (Montjuich). De martes a sábado. De 10 a 20 hrs. Entrada gratuita. Lunes cerrado.
Hace más o menos un año pinté este acrílico sobre papel, inspirada por uno de mis poemas favoritos de Catulo: el Carmen V . De los poetas clásicos, él, Propercio y Safo son mis preferidos. Y a ellos vuelvo cíclicamente. No olvidéis los Catulli Carmina de Carl Orff.
Vivamos, Lesbia mía, y amémonos y las habladurías de los viejos más severos nos importen todas un bledo. El sol puede ponerse y salir; tan pronto como se nos haya muerto esta breve luz, tenemos que dormir una noche eterna. Dame mil besos y luego ciento, después otros mil, luego de nuevo cien, después otros mil todavía, luego cien. Después, cuando nos hayamos dado muchos miles, los embrollaremos para no saberlos y para que ningún malvado pueda aojarnos cuando sepa que fueron tantos nuestros besos.
Los chilaquiles son tan ricos y tan fáciles de hacer, que es imposible equivocarse. Se trata de un plato que gusta a todos y que no cuesta casi nada de trabajo.
En México, la base del chilaquil es la tortilla de maíz. Se dejen de un día para otro para que estén duritas y entonces se cortan o se trozan, y luego se fríen en aceite de girasol o de maíz (recordemos que en la cocina mexicana jamás se usa el aceite de oliva, cuyo fuerte sabor es incompatible con el sabor mexicano).
Una vez fritas, las tortillas se ponen a escurrir para eliminar el aceite sobrante, en papel o servilleta, para que no salgan aceitosos.
En Europa es necesario:
a)Hacer lo mismo que en México, sólo que comprando las tortillas en grandes almacenes o supermercados especializados. Sacarlas de la bolsa, dejarlas una noche para que endurezcan (deben estar tiesas).
b)(Y salen ricos también), comprar Doritos o Nachos de bolsa y usarlos como si fueran tortillas ya secas (de hecho, eso es lo que son).
Aparte, se debe hacer una salsa picosa. La salsa puede ser verde (con tomate verde, chile, cilantro, cebollita y sal) o roja (en la que los tomates verdes se sustituyen por tomates rojos o jitomates).
En Europa los tomates verdes no podremos encontrarlos en ningún mercado, aunque sí hay salsas verdes picosas en los grandes almacenes o los supermercados especializados, ya sea en lata o en frasco.
Algunas son algo sosas, por lo que hemos de agregarle un poco de picanteo guindilla al gusto y un poquito de sal.Si elegimos la salsa roja (para mí es la mejor elección), se tienen que asar los tomates y la guindilla al gusto (yo le pongo cayena en rama, que ya he dicho que se vende como especia en todos los supermercados normales). Y sal. Se licúa y se tamiza la salsa, para que quede sin cachitos y bien tersa.
Se prepara el queso, que puede ser manchego rallado, aunque yo prefiero el feta que se vende por pieza, que es el más parecido a nuestro queso añejo, aunque esté fresco, pero es igualmente saladito y su sabor es exquisito. Se deshace el quesito con un tenedor o con los dedos, para que quede en grumos y se pueda rociar encima de los chilaquiles.
Por otro lado, se corta la cebolla en juliana.
Como yo soy casi vegetariana, no le pongo nada a los chilaquiles, sólo esto, pero son ricos también con pechuga de pollo deshebrada, forma en que mucha gente los come: chilaquiles con pollo.
A mano se tiene un cuarto de crema de leche espesa de 22%.
La salsase calienta, y una vez que hierve, se apaga el fuego y se tiran encima las tortillas o los doritos (se apaga el fuego para que el plato no salga amazacotado, sino suelto y para que los chilaquiles no pierdan su textura y se conviertan en una pasta, cosa indeseable, por supuesto). Se cubren con las salsa perfectamente, sin batir. Se echa encima un chorro abundante de crema de leche, y una vez servidos, se les echanel pollo (optativo), la cebolla y el queso (en ese orden).El plato se monta acompañando los chilaquiles con frijoles refritos, cuya receta he escrito ya en otro lugar, y se acompaña con su pancito francés (en México, un bolillo), y su cerveza. Nunca con vino.
Entre más picosos son los chilaquiles, mejor se pueden desayunar tras una noche de juerga. Son un plato único para aliviar la resaca (en México se llama la cruda), acompañados de una fresca cervecita mexicana como la Coronita. ¡Buen provecho!
Como es obvio, en Francia, como en toda Europa, también hay teatro callejero.
Sin embargo, predominarán el teatro de palacio y el teatro burgués.
El teatro palaciego
Durante el reinado de Luis XII, pero, sobre todo, durante el larguísimo de Luis XIV (El Rey Sol), la magnificencia de las representaciones teatrales (incluidas las de danza y teatro musical) fueron in crescendo.
Su edad de Oro se sitúa especialmente entre los años 1660 y 1690. Bajo la influencia de la grandeza clásica de Grecia y Roma, los autores y pensadores franceses, los artistas, los músicos, los escenógrafos, los maquinistas de afanan por mostrar al mundo el poder y la gloria de Francia a través del arte en todas sus manifestaciones.
El rey, que había sido cuestionado gravemente por las Frondas, atrae a sus palacios a todos aquellos nobles levantiscos para vigilarlos, para ofrecerles placeres que duran días y noches, para que a través de su cercanía, de su participación en las funciones reales puedan lucrar con el poder o con el favor obtenido… El teatro se convierte en un escaparate en el que los demás nobles pueden ver hasta dónde llega el poder de tal o cual conde o duque, de cuánto puede valer estar a bien cn ellos, de cuánto, sí, de cuánto. Todo es cuestión de dinero y de poder. Pero, por encima de todo, es un escaparate del poder del Rey.
La tragedia y la comedia se escenifican en nobles versos largos, no hay combates en escena. Todo en ella es armonía, risas: nada de violencia, sobre todo. Hay unidad de acción, no hay subtramas, como en las obras españolas o inglesas. Unidad de tiempo y unidad de lugar (todo debe pasar en un día y en un lugar). El Palacio en suntuosas salas o en teatro específicamente construidos para ello, alojan esas obras. A menudo, los propios nobles actúan o danzan. Es un reflejo de su situación privilegiada. Otras veces, son las compañías de actores del rey o de los nobles quienes ponen en escena las obras.
No importa la hora: los palacios tienen luz artificial: cientos, miles de velas iluminan las escenas. Los más grandes pintores, escenógrafos, dibujantes, músicos, son llamados a Francia para que con su arte dignifiquen el teatro y a sus patronos o mecenas.
El vestuario es suntuoso.
Se utilizan los fuegos de artificio, aun dentro de las salas. Las poleas y las maquinarias (Luis XIV hará construir para este efecto su salón de las máquinas en las Tullerías). Se iluminan también los jardines de Versalles, se llevan a cabo obras al aire libre, fantasías sobre las aguas de los canales creados por Le Nôtre para crear en el palacio del rey la ilusión de una Isla Encantada.
El espectáculo es maravilloso y ha de ser inigualable. El XVII es el siglo de Francia, que se convierte en el país más poderoso e influyente de Europa. Su teatro, su música, su danza deben ser para todos un ejemplo y una advertencia. Corneille y Racine brillan en la tragedia, Molière es el rey de la comedia y de la farsa. Incorpora a su teatro la belleza y la gracia de la Commedia dell’Arte italiana.
Se mete con los enemigos del rey (seguidores de la reina Ana de Austria, madre de Luis XIV, que son los puritanos, los piadosos hipócritas). El rey le protege.
Molière, además, en el teatro del Hotel de Bourgogne o en el Palais Royale, hace teatro burgués. Corneille y Racine, en el teatro del Marais; pero hay o ha habido otros teatros.
Se trata de salas cerradas, con candelabros gigantes que iluminan la escena. Hay palcos, la parte baja está separada del escenario por un pequeño foso donde se coloca la orquesta. Hay varios telones con escenas dibujadas que crean una ilusión de profundidad, de bosque o de biblioteca…
Su público es el público burgués en alza, los soldados del rey, los mosqueteros. Los artesanos…las cortesanas, pero también los nobles, que acuden aquí a ver alguna obra no autorizada para palacio. En 1680, el Rey crea la famosa Comedia Francesa, institución impar en el mundo de ese siglo.
En España también hay teatro de Palacio. Lo hay en el Palacio del Buen Retiro en España, en el que brillan Calderón de la Barca y el escenógrafo italiano Cosme Lotti.
Los fotogramas pertenecen a la película de Gerárd Corbiau, El rey danza (La pasión del rey), reseñada aquí en el blog.
Ramón Gaya, pintor inspirado, pintor ascético, pintor puro. Pensador y escritor (Murcia, 1910-Valencia,2005), vivió en París, México, Roma, Barcelona, Venecia. Amigo de Manolo Hugué, de Soledad Martínez, de Juan Gil-ALbert, de Altolaguirre, Prados, Bargamín, y maestro de Tomás Segovia, Gaya ilumina con su pintura, llena de luz y de transparencia, todo lo que toca.
Escribe:
El arte es Destino, y el día que esto se llegue a comprender dejaremos de oír todo ese estúpido rosario de obligaciones que los diferentes estetas le han echado siempre encima -que el arte debe ser bello, o moral, o expresivo, o imaginativo, o copiador, o bastracto-, y se caerá en la cuenta de que el arte, como destino que es, no lo podemos construir nosotros, ni siquiera hacerlo nosotros, sino escucharlo y cumplirlo.
Ramón Gaya: La hora de la pintura, en la Sala de exposiciones de Fundació Caixa Catalunya La Pedrera. Paseo de Gracia, 92, Barcelona. Entrada gratuita. (hasta el 1 de octubre de 2006).
Como en Crónica de un fracaso precoz, Auster aquí convoca sus propios fantasmas vitales. Esto no debe ser confundido con autobiografía ( o más bien, dos, ya que es un libro que tiene dos partes bien diferenciadas), porque todo lo que pasa por el tamiz de la escritura es literatura y se convierte en ficción.
La primera edición española es de 1994, ésta que tengo en mis manos es la decimocuarta edición, pero el libro, originalmente, es muy anterior (1982). Buscaba desde hace tiempo este libro. La primera parte ( Retrato de un hombre invisible), es una búsqueda del padre escrita en primera persona, y narra desde el momento en el que recibe la llamada que le anuncia su muerte, hasta los recuerdos de su infancia, marcada por ese padre ausente, ajeno a la expresión de los sentimientos, dado al tópico, carente de tantas cosas y sin embargo, poseedor de algunos tesoros, unos ocultos, otros evidentes, como su amor incondicional hacia sus tres hermanos.
La herida que pueden causar los padres en un hijo es inamovible y marca para siempre. En esa herida pone la voz Paul Auster para explicar en primera persona su historia familiar.“Hay una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta”.Como en otros libros suyos, Auster nos adentra con firmeza en su secreto dolorido. La explicación de la ausencia mental y afectiva del padre la encuentra el escritor neoyorkino en su historia familiar: Auster había recibido tres historias distintas sobre la muerte de su abuelo, pero ninguna era la verdad. Su abuelo, desaparecido de las fotos familiares y desterrado del recuerdo de sus familiares más cercanos, había sido asesinado por su esposa, la abuela de Auster, la madre de su padre. Esta tragedia marca entonces (según nuestro autor) el despego casi patológico de su padre hacia todo lazo afectivo, excepto el que mantiene con su propia madre y con sus hermanos. Así, la madre de Auster, los hijos (Auster y su hermana), son habitantes de una especie de limbo inalcanzable, en el que las relaciones auténticas están desterradas.
En la segunda parte del libro se cuenta, en cierto modo, la misma historia, partiendo desde otro momento de la vida de A. El del tiempo que siguió al divorcio de sus esposa, ocurrido des meses después de la muerte de su padre. Se narra con diferente estilo (un estilo fragmentario de recuerdos, de azares, de encuentros y desencuentros, en desorden cronológico y emocional) y en tercera persona: se llama El libro de la memoria, y en él encontramos fragmentos, trozos de la vida del personaje Auster (aquí llamado A.), sus idas y venidas por USA, México, París, su divorcio, su alejamiento del hijo (en cierto modo, la repetición de la historia familiar, de otro manera, con otras condiciones vitales), y sus relaciones con otros miembros de su familia, su esposa (pronto ex esposa), su abuelo, su hijo Daniel (entonces muy pequeño), y otros muchos personajes, amigos, escritores o artistas. Lleno de citas literarias, de Pascal, de Mallarmé, de Liconfrón, de Carlo Collodi...
Con ambos textos sentí profunda afinidad. De nuevo me doy cuenta de que aquellas personas reales y de que aquellos autores que amo, tienen en el fondo de sus almas y de sus historias la misma herida que yo tengo ¿Es una casualidad que yo me haya sentido tan atraída por la narrativa del autor neoyorkino, cuando mi herida surge también de esta carencia? No lo creo, pero constato que algunas de las cosas que Auster cuenta las he vivido yo en carne propia por parte de un padre tan ausente como si estuviera ya muerto, sin estarlo: el desprecio por la cultura, la convicción de que una persona dedicada a la literatura en realidad no trabaja, la falta de comprensión, de gestos amorosos, la indiferencia hacia los nietos, la extrema avaricia…
Se trata de un libro particularmente triste en el contexto de la optimista obra de Paul Auster. No podría ser de otro modo.
Como siempre en Auster, otras historias aparecen. Esta vez, subsidiarias de la propia. Pero siempre estremecen: por su humanidad, por su verdad. De nuevo atrapada en la magia de uno de mis autores favoritos, me quedo con las ganas de leer más, de leer siempre más de todo lo que ha escrito y escribe este judío neoyorkino aparentemente tan lejano, tan distinto de mí, y sin embargo, tan mío.
Paul Auster, La invención de la soledad, Compactos Anagrama, Barcelona, 2006 (decimocuarta edición), Traducción de María Eugenia Ciocchini.
750 muertos, la mayoría civiles. Un millón de desplazados que huyen de su país, ciudades destruidas, bombardeadas, daños ecológicos irreparables para el Mediterráneo. Familias destrozadas. Las antiguas víctimas del holocausto son ahora los verdugos. La comunidad internacional calla como una puta. José Blanco se disculpa ante el embajador de Israel por decir una verdad: que están cargando contra inocentes. Esto somos: miseria y dolor. ¡No al genocidio!
La clasificación implacable de las castas producto del mestizaje, que creó un subgénero de pintura virreinal, muestra el punto de vista de los colonizadores y el racismo imperante. Aún así, siendo ideológicamente rechazables, son muy interesantes desde los puntos de vista histórico y sociológico, así como pictóricamente.
Liliana Felipe es una cantante, pianista y performer argentina, transterrada a México, donde encontró a su media naranja en Jesusa Rodríguez, una de las directoras de teatro mexicanas más interesantes y creativas. En Coyoacán han montado su feudo, el Cabaret El Hábito.
Mi gran amigo Ramon me ha pasado el testigo de este tema, y aunque habría muchos más, cumplo con él y paso el testigo a ese otro buen cinéfilo y amante de Cronenberg que es Licantropunk.
Mis ocho mejores finales del cine son, en desorden, e intentando no repetir las elecciones ya hechas por mi amigo, que suscribo también:
Drácula de Francis F. Coppola, síntesis de horror y amor imposible. Maravillosa historia recreada genialmente.
La mirada de Isabelle Huppert en La dentèlliere, de Claude Goretta. El inconmensurable vacío interior que deja el abandono.
El Sur, de Víctor Erice, que como sabemos, no es un final y que es tan enigmático, tan misterioso y mágico.
M. Butterfly, de David Cronenberg, con Jeremy Irons inmolándose por fin: adoptando el verdadero papel que le correspondia en su historia amorosa: el de Butterfly, la mujer que no puede sobreponerse a la pérdida del amado.
La habitación verde, de FrançoisTruffaut, con Natalie Baye encendiendo la última vela del mausoleo de los recuerdos en memoria de Julien, su creador, el hombre que vivía para recordar a sus muertos.
Aguirre, la cólera de Dios, de Werner Herzog, con Kinski-Aguirre muriendo en medio de ese río milenario, rodeado de monos y de cadáveres, tras un travelling circular mítico y el asesinato de única persona que amaba.
2001, Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, el eterno retorno más hermoso del cine. La historia de la humanidad mejor contada, que sin contar una historia las cuenta todas.
Y finalmente, Retrato de Jenny de William Dieterle, cuando el retrato a todo color que finaliza una película en blanco y negro nos da la medida del paso del amor (extraño y mágico de los protagonistas) al arte, eterno.
El libro de Pascal Quignard que acabo de leer con el placer y la inquietud de siempre, ya había sido editado hace doce años por la Editorial Debate y consta de dos partes. La primera es un cuento, un cuento en el que la palabra que se necesita se escapa una y otra vez, y su falta (la falla, como dice Quignard) amenaza la vida entera y la felicidad de sus protagonistas. La palabra que escapa, la palabra que se tiene en la punta de la lengua, pero que huye, y con ella se lo lleva todo. Como a Fausto llevado por una nube, la palabra llevada por el olvido, amenaza. Es un cuento que me recuerda tanto a Goethe, como a ciertos pasajes de la Eneida o las pinturas negras de Goya. La segunda parte es un breve ensayo fragmentado, muy quignardiano, llamado El pequeño tratado sobre Medusa, sobre el origen del silencio y sobre la espera de la palabra que falta. Esta espera se llena de palabras: se escribe para convocar esta falla, esta ausencia, este vacío que nos puebla. Quignard no puede ser resumido, porque sus reflexiones nos llevan precisamente al punto en que el lenguaje es el que traiciona. Las palabras son buscadas infinitamente porque no pueden decir lo verdadero, lo inicial, lo que nos funda en esta vida y que comparece ante nosotros en forma de enigma, de misterio irresoluble. Eso que nos falta es siempre ausencia, nostalgia de lo que nunca podremos recobrar, de lo imposible que late dentro y fuera de nosotros y que no se deja asir jamás:
Yo era aquel niño a quien apasionó el silencio. Era aquel niño que apostaba la totalidad de su vida en el esfuerzo de mi madre por recuperar un nombre del que tenía memoria mientras estaba privada de él. Me identificaba por completo con el movimiento de pensar de mi madre recorriendo con desamparo los canales y los caminos donde una palabra se había despistado. Más tarde me identifiqué con el padre de mi madre. AL hacerlo, lo único que hacía era justificar una identificación programada por mi madre antes de mi llegada al mundo, ya que los dos nombrecitos asociados a mi nombre propio eran sus nombres: Charles, Edmont. De niño me pareció que había que adquirir la sabiduría filológica, gramatical y romana de mi abuelo para llegar a ser el poeta que mi bisabuelo habría querido ser. Ambos habían enseñado en la Sorbona. Ambos habían coleccionado libros. Así es como habré absurdamente intentado desandar el tiempo. Eso es lo que me ha llevado hasta las orillas de Roma, lo que me ha llevado hasta las ruinas de Ur, llevado, en fin, hasta las más antiguas grutas de paredes silenciosas y cubiertas de inscripciones. Nuestras vidas son súbditas de extrañas tiranías que son errores. Es curioso observar que libros que he escrito han conocido el éxito desenterrando viejos fantasmas muertos desconocidos que llevaban consigo más porvenir que los vivos. Los libros son esas sombras de los campos. Yo era aquel niño precipitado en la forma de ese intercambio silencioso con el lenguaje que falta. Fui ese acecho silencioso. Me convertí en ese silencio, en este niño retenido, castigado sin salir, en la palabra ausente en forma de silencio. Esta depresión de niño tuvo lugar después de que nos mudásemos a LHavre, porque me separaba de una muchacha alemana que me cuidaba mientras mi madre estaba en la cama y enferma, a la que yo llamaba Mutti. Me convertí en mútico. Llegué a sepultarme en ese nombre, más querido aún que el de mi madre, y que por desgracia era una conminación. . Aquel no era un nombre en la punta de mi lengua, sino en la punta de mi cuerpo, y el silencio de mi cuerpo era lo único capaz de hacer presente, en acto, su calor. No escribo por deseo, por costumbre, por voluntad, por oficio. He escrito para sobrevivir. He escrito porque es la única manera de hablar callándose. Hablar mútico, hablar mudo, acechar la palabra que falta, leer, escribir, es lo mismo. Porque el desposeimiento fue el abra. Porque era la única manera de permanecer al abrigo en ese nombre sin exiliarme por completo del lenguaje como los locos, como las piedras, que son desgraciadas como ellas solas, como las bestias, como los muertos.
Me vi de nuevo obligado a callarme cuando tuve la edad de dieciséis años. Me callo el porqué. Este cuento que titulo El nombre en la punta de la lengua es mi secreto.
Pascal Quignard, El nombre en la punta de la lengua, Libros del Último Hombre, Arena Libros, Madrid, 2006, Traducción de Antonia Barreda.