Blogia

arteyliteratura

La trilogía de Nueva York, de Paul Auster

La trilogía de Nueva York, de Paul Auster

Había conseguido dejar a Paul Auster un poco de lado, a favor de otros escritores como Beckett o Maurice Blanchot, pero mi hija mayor, Paulina, con la que comparto indudablemente muchas cosas –entre ellas el amor por ciertos pintores, escritores, y por los viajes a Grecia--. Me regaló esta trilogía que fue la que dio la voz sobre la calidad literaria del recién estrenado Príncipe de las Letras 2006, allá por los años 85-87.

Las tres historias fueron publicadas por separado. Se trata de cuentos largos o novelas cortas con un trasfondo policiaco. (En nuestra lengua no existe una palabra que defina este tipo de historias, como si la hay en francés –nouvelle- o italiano –novella o novellino-. En francés e italiano se usan las palabras roman y romanzo para designar lo que nosotros llamamos, inadecuadamente, novela. El español se quedó sin palabra para decir cuento largo).

El caso es que estas tres historias nos dan ya desde el comienzo su trazo identitario cuando se menciona a William Wilson ( ese personaje de doble que aparece en uno de los relatos más emblemáticos de Edgar Alan Poe), pues la trilogía trata fundamentalmente de eso: de dobles, de vidas intercambiables, o lo que es lo mismo, de vidas que se asoman al espejo y se abisman tanto en la otra vida que acaban por perderse (o encontrarse), en ella. Alicia del otro lado del espejo.Como referencias, podemos recordar, aparte del William Wilson de Poe,  aquel soberbio relato de Julio Cortázar, Axolotl, en el que el observador del misterioso animal, un día se transforma y mira a su observador desde el otro lado interior del cristal, en el Jardin des Plantes. Otra referencia que me ha saltado a la mente es la de la Niebla de Unamuno (¡1914!), esa nivola que cada vez que releo me asombra y me fascina. Cuando Qunn descuelga un teléfono y alguien pregunta por el detective Paul Auster; cuando Quinn, llevado por la curiosidad, va a buscar a Auster, y Auster, ese hombre alto y delgado, le abre la puerta, le presenta luego a su mujer, Siri, y a su hijo David…no puedo sino acordarme de Augusto Pérez, ese agonista, ese ser perdido en la niebla de una vida que sólo alcanza a vislumbrar confusamente, que se entrevista con Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca sólo para descubrir que es un simple personaje de ficción…Tanto Quinn en Ciudad de Cristal como Azul en Fantasmas, ven cómo su vida, a través de la observación, se va transformando en la del otro. También hay un plano superior no escrito : es el blanco que llena el lector. Yo, como lectora, reflexiono: el autor vive el mismo fenómeno; su vida se transforma en aquella de los seres que describe ¿ Qué otra cosa hace un autor de ficciones sino vivir de cerca, observar y describir, de manera obsesiva, las vidas de otros? ¿Y no es cierto que esos personajes, en realidad, acaban por ser él mismo? ¿No es verdad que al autor deja de vivir para que ellos vivan? ¿No es cierto que toda creación fagocita la vida de quien escribe las historias hasta dejarlo convertido en un hombre que día tras días, se sienta ante un escritorio, ausente de todo lo que no sea la historia que cuenta? En la habitación vacía, Azul y Negro escriben la misma historia. Sentados frente a frente, en edificios gemelos, una a cada lado del espejo que es la calle que los separa, no hacen otra cosa que observar al otro, y escribir. Y aquello que escriben es idéntico.Ciudad de cristal ha sido, además,.publicada como novela gráfica, como podéis leer en la web de mi amigo Ferre, que ha reseñado esta obra tan peculiar.

La tercera historia, por fin, es la que me hace sentirme de nuevo en el universo Auster. Autobiografiándose (no cabe ninguna duda de que Fanshowe es él, su yo literaturizado) y al mismo tiempo, creando esa atmósfera ominosa y a la vez transparente que le caracteriza. La imagen del doble, imagen que en toda la obra ha estado presente en cada relato, aquí se hace aun más evidente. Quinn, el detective de la primera obra, reaparece, fugazmente (el mundo de Auster es un mundo de interconexiones). En La habitación cerrada, Auster habla por primera vez de su hermana, aquejada de esquizofrenia, que es aquí la hermana de Fanshawe. Sophie, esposa de ambos, tan parecida a Siri y el narrador empiezan su historia de amor, historia que repite la de Fanshowe y Sophie, historia que, por tanto, ocurre dos veces. Una vez desaparecido el doble, el narrador se adueña de su vida, de su obra, de su amor, de su hijo, con la aquiescencia del ‘difunto’ (más bien, del ‘falso difunto’). Pero esta carga, la de vivir la vida de otro, es demasiado grande, demasiado pesada, es destructiva. Corroe al narrador hasta la médula. La mezcla de envidia y de amor es tan explosiva, tan real, que le lleva a dedicarle la vida entera. Así, adueñándose de la vida de Fanshowe, Fanshowe se adueña de su vida. Al terminar de leer La habitación cerrada medito sobre la afinidad. Sobre esos mundos que se cruzan, incesantes, en la obra de Auster. Y el por qué esa obra me dice tanto. He encontrado aquí referencias a los casos de Victor de Aveyron y de Gaspar Hauser, temas que a mí también me han apasionado. En cierto modo, el secuestro de la infancia en el silencio (tema que también comparte Pascal Quignard) es un leit motif en mi vida. Referencias al silencio, al apartamiento del mundo ¿es esto lo que me une a la narrativa de Auster? No lo sé. Seguiré descubriéndolo a medida que lo siga leyendo.  

Creo que había cierto placer en aquello –experimentar el lenguaje como una colección de sonidos, verse empujado a la superficie de las palabras, donde los significados se desvanecen-, pero también era muy cansado y tenía el efecto de encerrarme en mis pensamientos. 

La trilogía se cierra abriéndose, abriéndose hacia dentro, hacia las otras dos obras que la conforman, y también hacia fuera, al Cuaderno Rojo, otra obra de Auster (pero también es la obra de Fanshowe), que aún no he leído. Y que será la próxima.      

Impasse

Ha habido un silencio. La verdad, no creí que fuese percibido. No porque no crea en esos lectores amigos que vienen aquí por afecto platónico, sino porque en términos generales, el número de lectores no varía. Se mantiene estable, escriba o no escriba. Misterios de la red.

Soy una persona con ciclos, y suelo dejar abandonadas las cosas, las actividades y las gentes. No existe una razón: es una limitación debida probablemente a que mi apatía es superior a cualquier otra carácterística de mi personalidad. Esa apatía no tiene que ver con el pesimismo. No soy Antonio Azorín. Si me pongo a analizar este silencio es porque los amigos me han hecho reflexionar. Hay veces que no tengo nada que decir. Nada. Y entonces, no me siento con ganas de poblar con palabras los vacíos. Wittgenstein escribió: Si no tienes nada que decir, cállate. Me ha parecido siempre una sentencia a tomar en cuenta. Hablar por hablar, escribir por escribir, aunque haya una costumbre: no.

Aunque lo que diga, cuando hablo, sea superficial o prescindible, lo digo porque siento una necesidad de decirlo, porque creo que hay algo dentro: algo, aunque sea pequeño ínfimo incluso. Pero si no siento esa necesidad, o si no tengo nada que decir ¿para qué? Sin embargo, hay cosas. Cosas que quiero decir todavía. Sobre otros, sobre mí. Hay un espacio en el que sé positivamente que estoy. De algún modo.Y quizá este pequeño texto sea mi escalera. Mi modo de subir hasta la superficie otra vez. El lugar del silencio es acuático. Y hay que salir de ahí, subiendo.

El silencio es un tema que no me abandona nunca. Pasé mi infancia callándome. Llenándome de palabras no dichas. Pasé mi infancia leyendo y viendo películas de Hollywood. Ese lugar del silencio me conforta. Pero no indefinidamente. En estas semanas, no he hecho nada productivo en el sentido de creativo. Sólo he trabajado, he hablado con los demás, he vivido. He pensado mucho, pero no he escrito, no he ido al cine, no he leído, no he pintado. Dejé que la apatía llenara mi tiempo. No hacer nada contra la apatía es una forma cómoda de vivir. Abandonarse al propio defecto sin cuestionarlo. Nadie conoce mejor que yo esa parte mía en la que no soy nadie.    

Felicitamos a Paul Auster por su premio Príncipe de Asturias de las Letras

Felicitamos a Paul Auster por su premio Príncipe de Asturias de las Letras

Paul Auster, uno de los escritores consentidos de este blog, ha recibido hoy su merecido premio Príncipe de Asturias de las Letras. Ha venido acompañado de su esposa, la también escritora Siri Hustvedt y de su hija Sophie (que ha sido protagonista en este espacio a pesar de su juventud), Auster ha estado tres días en Oviedo, cerca de todos: ha dado conferencias, ha concedido entrevistas, ha fraternizado con todos. El gran creador, el gran narrador Paul Auster, un hombre que sabe escribir, y que sabe escuchar. Y que hoy ha dicho, en su discurso,  algo que me ha gustado mucho: ¿Qué es lo que lleva a un hombre a sentarse solo, con una pluma en la mano, en un cuarto cerrado, día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año? No lo sé. Sólo sé que no podría hacer otra cosa, y que quiero seguir haciéndolo hasta mi último aliento.

Tus lectores, Paul, te lo agradecemos.

Y esperamos que en esa habitación cerrada sigas esgrimiendo tu pluma día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, hasta tu último aliento.   

 

Podéis consultar el discurso completo aquí.

Problemas con blogia

Problemas con blogia

Algunos habréis notado que no podíais entrar en mi blog. A todos os agradezco que vengáis, ya sea esporádicamente o con fidelidad. No sé qué está pasando en blogia, pero esta vez no voy a migrar porque después la cosa se complica, así que os pido paciencia y os agradezco vuestra visita, como siempre.

Antonio Gasset

Antonio Gasset

Raramente remito a otro blog directamente, pero esta vez, gracias a mi hija mayor, he caído en este artículo, cuyo contenido me parece antológico (y nunca mejor dicho).
Si sois fans de Gasset, no os lo podéis perder.
Asimismo, en You Tube hay multitud de videos suyos, con sus intervenciones más sobresalientes.

Todo un crack.

Vislumbrando Jaca

La Prepa 6 de Coyoacán

Get Your Own! | View Slideshow

Hace tiempo que quería mostraros mi "Instituto". En México, la educación de Bachillerato está separada de las de Primaria y Secundaria y los "Instituto" reciben el nombre de "Escuelas Preparatorias" (preparatorias para la Universidad). El Bachillerato consta de tres años de estudio. Había 9 especialidades (hoy hay cuatro), y yo cursé la de Ciencias Químicas y Biológicas (sí, yo quería ser científica y me encantaba la Química Orgánica). El ingreso a la Universidad es automático si has aprobado tus estudios en cualquiera de las Preparatorias de la UNAM. Si estudias en un colegio privado sí debes hacer un examen de admisión a las universidades públicas (en México D. F. hay siete universidades públicas).


Mi Prepa es la Prepa 6 de Coyoacán. El logo es el Coyote, porque Cooacán era conocido como un lugar de coyotes, eso es lo que quiere decir el nombre. Lugar donde vivieron Frida Y Diego Rivera, Octavio Paz, León Trotsky: barrio hermoso y colonial. Mis recuerdos de la Prepa son muy felices. Hay 16 grupos de cada curso y cada nivel tiene su patio. Además, están la piscina, el gimnasio, el campo de futbol, la cafetería, la biblioteca, que tiene más de 40 mil volúmenes.

Os adjunto un plano de la Prepa aquí.

La Prepa 6 fue fundada en 1964. Yo estoy orgullosa de haber estudiado en ella.

El cine, en octubre

A pesar de que el cine es una de mis pasiones inconfesables, por perversa, por pertinaz, por lasciva, no he ido al cine en varios meses. En primer lugar, en verano tuve un brote de agorafobia (he tenido varias fobias, pero ésta la estrené este verano, qué le vamos a hacer), que me impidió salir fuera de Sant Cugat, territorio, al parecer (y quién lo diría) seguro.
En septiembre, ya curada de la mini-fobia veraniega, he tenido mucho trabajo, con la preparación del curso y después con su inicio. Siempre hay cosas que hacer y no tuve tiempo ni tal vez suficiente motivación para ir a ver Alatriste o Salvador.
Así que octubre va a ser el mes del cine. Lo será, porque espero con ansia el estreno de tres películas de autor mexicano, el día 13, el de El Laberinto del Fauno, de mi bien amado compatriota Guillermo del Toro (1964). El hombre que, recreando el mito de Drácula en Cronos, lo convirtió en vampiro metafísico, ocupado en salvar de sí mismo a quien él más ama: su nieta, sacrificándose por ella. La actuación de Federico Luppi, otro de mis ídolos, encarnando a Juan Gris, es una de las mejores de la historia del cine en español. Gris lucha contra ese tandem letal de los Ángeles de la Guardia (maravillosos Claudio Brook y Ron Perlman) en una escena (la de la lucha en la fábrica de los De la Guardia), que no le pide nada (y perdón si suena blasfemo), a aquella mítica del Nexus recitando aquello de ‘ Yo he visto cosas que vosotros no creeríais”, etc.
Después, del Toro ha hecho otras cosas que también me han gustado, aunque menos:
Mimic (1997), una concesión a Hollywood, parcialmente fallida pero con valores interesantes, siempre rallando alto en el nivel visual y literario, Hellboy, que me parece una rara obra de poesía visual y un alegato un poco ingenuo, pero siempre culto de raíz humanista que se deja ver con sumo placer de principio a fin, o El espinazo del diablo, un intento de hacer un cine español a lo Agustí Villaronga (Tras el cristal) , pero más comercial, que tampoco cuajó del todo.
Resumiendo, espero que El laberinto del Fauno me devuelva a ese Guillermo del Toro de Cronos, potente poeta de la imagen, sin concesiones comerciales, con buen pulso en la dirección y con un sentido del humor negro muy mexicano. Del Toro es un gran dibujante y un espléndido escritor, así que me preparo para este estreno con entusiasmo.

Alfonso Cuarón (1961) estrena también su película en octubre. Presentada en el Festival de San Sebastián, parece que promete. Yo conocí a Cuarón con su segunda película, una adaptación preciosista y muy sensible de una novela victoriana, La princesita (1995), que había sido una de mis historias favoritas de chica. La primera versión había servido como vehículo de lucimiento de Shirley Temple, aquella niñita de rizos imposibles que fue estrella en los años 40-50 y que bailaba como dios. Pero la historia, como todas las novelas victorianas, tenía un lado oscuro. Y Cuarón lo reflejó. La historia de una niña rica que se convierte en pobre y sufre por ello todo tipo de humillaciones y desprecios le quedó de rechupete, pero que no trascendió demasiado. Después, adaptó al cine otra de las novelas inglesas que ya habían sido llevadas muchas veces a la pantalla: Grandes Esperanzas (1998), de Dickens, esta vez, trasladándola al mundo actual. La carrera de Cuarón comenzó a despegar en Hollywood. Y tu mamá también ( 2001 ), no sólo tuvo repercusión internacional, sino que lanzó a la fama a dos actores mexicanos, hoy internacionales: Gael García Bernal y Diego Luna, y cuenta con una raa actuación, sensible y coherente, de esa hermosa mujer y pésima actriz que es Maribel Verdú, que aquí está (casi) tan bien como en La buena estrella (sin que eso pueda servir de precedente).
Pero no cabe duda de que fue su magnífica y oscura versión de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004) la que le dio la autoridad para emprender esta película que ahora tendremos oportunidad de ver y juzgar: Hijos de los Hombres, con Clive Owen, ese actor con cara de palo que tan bien encarnó al personaje central de la última historia de la grandiosa peli de Robert Rodríguez, Sin City.
La película de Cuarón promete reflexión y belleza oscura. (Ya no aspiramos a la clara belleza renacentista, ya no somos capaces de crearla).
Hijos de los hombres plantea una realidad de 2027: los hombres ya no pueden procrear. La película comienza con una muerte: la del ser humano más joven: un chico de 18 años. Owen se verá implicado en la protección de la única joven embarazada que existe en el mundo. Ella lleva en su vientre la esperanza de la vida. Cuarón advierte: no se trata de una cinta de ciencia ficción, sino de una reflexión sobre el mundo actual llevado a sus límites. No me la pienso perder.

La tercera de mi lista es la última película de Alejandro González Iñárritu (1963), Babel, largamente ovacionada en Cannes y según se dice, injustamente privada de la Palma de Oro.
Cómo no sentirme cerca de su propuesta. Tan cerca como me sentí de sus Amores Perros (2000), a pesar de la nefasta actuación de la canaria Goya Toledo, y de 21 gramos (2003), una de las mejores películas de la última década.
González Iñárritu, junto con su guionista Guillermo Arriaga, entrecuza cuatro historias con la habilidad y la inteligencia de un Robert Altman, pero con un discurso más humanista que ácido. Y con una solvencia técnica y estructural que sólo él posee en estos momentos. Cuatro historias, cuatro lenguas, una sola película que marca un paso adelante en la trayectoria de este excelente cineasta.


When you are old and gray, de William Butler Yeats

When you are old and gray, de William Butler Yeats

Me estreno como ciber-rapsoda con este podscast y este poema de Yeats que solía recitarle a mi abuelita cuando yo era una niña de 14 años y ella una anciana gris y soñolienta.



When You are Old

When you are old and gray and full of sleep
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true;
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face.

And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how love fled
And paced upon the mountains overhead,
And hid his face amid a crowd of stars.

La traducción es:

CUANDO ESTÉS VIEJA

Cuando estés vieja y gris y soñolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas que antes tenían tus ojos.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia
y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,
pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
y amó los sufrimientos de tu cambiante cara.

E inclinada ante las relumbrantes brasas
murmulla, un poco triste, cómo escapó el amor
y anduvo en las cimas de las altas montañas
y entre un montón de estrellas ocultó su rostro.

Versión de Nicolás Suescún, que procede de aquí..

¿Cuál es el sentido de la enseñanza?

¿Cuál es el sentido de la enseñanza?

 

 

 

Rejas. Cámaras. Máquinas lectoras de tarjetas. Miedo a la libertad.
Las escuelas se convierten en búnkers. Los profesores en policías y guardianes.
No importa, a nadie parece importar si el estudiante estudia o aprende. Lo que importa es dónde está en este momento ¿Está controlado? Todo va bien, entonces.
¿Quién se pregunta por el conocimiento? Acabarán surgiendo sectas secretas de iniciados. Ahora la pregunta es ¿Cuál será la sanción si…? O ¿Cuándo prescribe la falta?
La calidad de la enseñanza es un concepto al que se ha extraído todo el significado. Entre los países de la UE, España ocupa el furgón de cola ¿Por qué? Yo lo sé. Porque no se piensa en lo importante. Se piensa, sobre todo, en lo accesorio, en lo que no tiene nada que ver con la Enseñanza. Se piensa en horarios, se piensa en cómo seguir dando las mismas clases 30 años después, con los mismos medios, los mismos recursos: es más cómodo. Se piensa en las listas de asistencia, se piensa en los castigos, se piensa en cómo vigilar mejor. Se gasta el (poco) dinero en “seguridad”.
Se habla del bien de la comunidad. De hecho, el único bien sólo puede extraerse pensando y actuando como individuo. Sólo el individuo estudiante puede, pese a todo, decidir que estudia, que aprende, que saca provecho de su estancia vigilada en el nuevo penal, en el penal moderno en que se ha convertido la escuela.
Y sólo el profesor como individuo, decide, pese a todo, dedicar todas las horas posibles a enseñar y a aprender para enseñar mejor. Sólo el individuo decide que dedicará tiempo a eso que, dentro de la comunidad “educativa” (en realidad, “comunidad represiva”), no interesa: conocer, transmitir conocimiento, amor al estudio, curiosidad por el mundo y por los hechos, creaciones y conceptos del hombre.

 

 

 

 

Maximiliano y Carlota o los falsos emperadores de México. Iconografía

Get Your Own! | View Slideshow

Quiméricos ¿Bienintencionados? Absurdos. Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, su mujer, emprendieron un viaje sin retorno. Él fue fusilado por el Presidente de la República Mexicana, Benito Juárez. Ella vagó por Europa, perdida la razón, hasta que fue confinada en su palacio de Miramar, en donde murió en 1927.
Resulta irónico recordar que lo único perdurable que dejó su reinado fue la construcción del Paseo de la Reforma.

Librofobia, por Évora Igual Alenya

Librofobia,                                         por Évora Igual Alenya

Mis jovencísimos estudiantes escriben. Antes, yo me hacía cargo de la Revista del Centro. Ahora que ya no lo hago, porque me dedico a la introducción de las nuevas tecnologías, extraño publicar sus textos.
Este texto debe ser leído con humor, y está escrito por una joven alumna de 13 años de 2º de ESO.

¿Qué haría yo si no hubiera?

Yo, si no hubiera internet, es que no sé ni lo que haría; seguramente me
quedaría en casa pensando por qué no han inventado todavía algo útil
de verdad, con lo que no tengas que pagar para hablar con tus amigos
o con lo que puedas buscar información sin tener que abrir un libro.

Imagino que como no soy yo la que paga, me apoderaría del teléfono y lo
usaría también para hablar con mis amistades. Posiblemente, como mis
padres verían la factura, me lo confiscarían. Entonces sería mi fín y
me tendría que trasladar al comedor a mirar la caja. Eso tampoco
estaría mal, pero en cuanto mis padres vieran que soy una teleadicta,
tembién me lo prohibirían. Lo cual crearía un caos total, con el que
yo me encontraría sola en mi habitación, y lo único que se me ocurriría
sería leer un libro: para eso tendría que abrirlo, y eso es lo que
menos quiero. Entonces me encontraría otra vez pensando por qué no han
inventado todavía algo que...


Conmemoración de Gould

Leo a emejota, que me recuerda que el 25 de septiembre Glenn Gould cumplía 75 años. Coincidentemente, ese día estuve viendo y escuchando las Goldberg en el film de Bruno Monsaigeon (1981), aunque no recordaba el aniversario. La metamorfosis de Gould mientras toca, su inmersión en el mundo de los sonidos concretizados en sus manos, pero que le envuelven y le alimentan, es un espectáculo de fundición del ser con el todo que le alimenta como espíritu. La música se hace concreta y visible. Las notas adquieren colores y formas. Gould en una burbuja íntima, en una matriz sin líquido amniótico, puro feto flotante y nosotros, desde fuera, observando, sintiendo de refilón, la caricia.

Perdida ya la belleza física de sus inicios juveniles, Gould se convierte en una especie de fauno encorvado y extático, cuyas manos y rostro y ser están poseídos por la música de Bach. Sin él, siento que Bach habría muerto hace mucho.

La sillita que le hizo su padre le acerca al teclado como a un ara.

Los sonidos con que acompaña la música son el eco inexcusable de su estancia en parajes no terrenales. Para mí, la música de Gould es la música que toca más sus sonidos guturales y sus ta-ta-ta. Combinados, estos sonidos son otra cosa, que atañe a las entrañas de la música, al lleno sonoro absoluto y a su ausencia, a la habitación donde se comulga.

Oír y ver tocar a Gould es volver a estar sumergido en un medio acuático y espeso en el que la nada y el todo son olas de sonido y olas de silencio.      

Foucault: Vigilar y Castigar. Los vicios del poder

Como os he comentado, comencé mi curso de 2º de Bachillerato hablando del ensayo y de Montaigne. Al hilo, mencioné a dos escritores franceses del siglo XX: Pascal Quignard, por quien sabéis que siento una atracción irresistible, algo lujuriosa, y Michel Foucault, autor que comencé a leer antes de cumplir los veinte, cuando cayó en mis manos su Yo, Pierre Rivière... junto con La reclusa de Poitiers de André Gide. Ambas lecturas me dejaron una impresión imborrable. Después, Las palabras y las cosas, la inconclusa Historia de la sexualidad o Vigilar y Castigar han sido algunas de mis lecturas de cabecera.
En este video vemos un fragmento de diálogo entre Noam Chomsky ( a quien como pensador cuestiono, si bien reconozco que como lingüista es fundamental), y Foucault. Oyendo a éste último, pienso que su pensamiento sigue vigente, especialmente por lo que toca al significado de "educar"desde el Poder: vigilar y castigar, reprimir y condicionar... y por tanto, incidir sobre el problema de la Libertad y de la Justicia.

Habemus gato

Habemus gato

Ya que mis hijos no me han dado nietos, anuncio a bombo y platillo no sólo que mi hija menor me ha dado gato, sino que lo ha confiado a mis cuidados mientras encuentra un hogar mejor para tenerlo.
De modo que estreno nietgato. Su nombre es Ometa y tiene unos 4 meses. Ya le hice un canguro de fin de semana y nos entendimos bien.
Mi hija me riñó por malcriarlo al darle jamón de Can Grau (el mejor de Sant Cugat), pero ¿para qué están los gatabuelos sino para eso?
Ahora le tengo muy formalito observando el lugar.
Que dios me coja confesada.

Roger van der Weyden

LLuvias torrenciales

LLuvias torrenciales

La interminable, espectacular lluvia de estos días en Catalunya, me ha recordado un poema de uno de los grandes poetas mexicanos, Rubén Bonifaz Nuño, también traductor, y durante muchos años, director de la Bibliotheca Graecorum et Romanorum Mexicana, magnífica colección de textos clásicos editada por la UNAM, en la que Bonifaz ha sido profesor e investigador.

FUEGO DE POBRES

Nadie sale. Parece

que cuando llueve en México, lo único

posible es encerrarse

desajustadamente en guerra mínima,

a pensar los ochenta minutos de la hora

en que es hora de lágrimas.

En que es el tiempo de ponerse,

encenizado de colillas fúnebres,

a velar con cerillos

algún recuerdo ya cadáver;

tiempo de aclimatarse al ejercicio

de perder las mañanas

por no saber qué hacerse por las tardes.

Y tampoco es el caso de olvidarse

de que la vida está, de que los perros

como gente se anublan en las calles,

y cornudos cabestros

llevan a su merced tan buenos toros.

No es cosa de olvidarse

de la muela incendiada, o del diamante

engarzado al talón por el camino,

o del aburrimiento.

A la verdad, parece.

Pero sin olvidar, pero acordándose,

pero con lluvia y todo, tan humanas

son las cosas de afuera, tan de filo,

que quisiera que alguna me llamara

sólo por darme el regocijo

de contestar que estoy aquí,

o gritar el quién vive

nada más por ver si me responden.

Pienso: si tú me contestaras:

Si pudiera hablar en calma con mi viuda.

Si algo valiera lo que estoy pensando.

Llueve en México; llueve

como para salir a enchubascarse

y a descubrir, como un borracho auténtico,

el secreto más íntimo y humilde

de la fraternidad; poder decirte

hermano mío si te encuentro.

Porque tú eres mi hermano. Yo te quiero.

Acaso sea punto de lenguaje;

de ponerse de acuerdo con el tipo

de cambio de las voces,

y en la señal para soltar la marcha.

Y repetir ardiendo hasta el descanso

que no es para llorar, que no es decente.

Y porque a la verdad, no es para tanto.


Rubén Bonifaz Nuño, Fuego de pobres, en De otro modo lo mismo, México, FCE, 1992.

Releyendo a Montaigne

Releyendo a Montaigne

He vuelto a clases y a las lecturas pertinentes. El primer tema de mi programario de Bachillerato es el ensayo, y he vuelto a Montaigne. Cuando leo a Quignard o a Foucault, me olvido de que mi primer contacto con el pensamiento francés fueron los Ensayos de Montaigne; su clara prosa, su pensamiento siempre conciliador y amable, a veces crítico, siempre analítico, en el mejor sentido de la palabra, fueron los faros que me llevaron después hacia esa prosa francesa límpida y racionalista que tanto amo.
Una de las cosas que debo agradecer a mi profesión es que hace surgir en mí la necesidad de volver a las fuentes y refresca mis más emotivos recuerdos literarios.

"Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, por eso yo lo ejercito en toda ocasión en estos ensayos. Si se trata de una materia que no entiendo, con mayor razón me sirvo de él, sondeando el vado desde lejos; y luego, si lo encuentro demasiado profundo para mi estatura, me detengo en la orilla. El convencimiento de no poder ir más allá es un signo del valor del juicio, y de los de mayor consideración. A veces imagino dar cuerpo a un asunto baladí e insignificante, buscando en qué apoyarlo y consolidarlo; otras, mis reflexiones pasan a un asunto noble y discutido en el que nada nuevo puede hallarse, puesto que el camino está tan trillado que no hay más recurso que seguir la pista que otros recorrieron. En los primeros el juicio se encuentra como a sus anchas, escoge el camino que mejor se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado. Me atrevería a tratar a fondo alguna materia si me conociera menos y me engañara sobre mi impotencia. Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mí que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia".

Las grandes alamedas...

Las grandes alamedas...


Ayer se conmemoraban tres aniversarios. El famoso 11 de septiembre en que Nueva York amaneció sufriendo como si fuera Vietnam, Corea, Irak o Líbano.
El 11 de septiembre, Diada de Catalunya.
Y el 11 de septiembre de la muerte, del asesinato de Salvador Allende.
Este último aniversario lo llevo en el corazón.
Aquí os dejo el discurso que pronunció el Presidente Allende ese día, antes de morir acribillado por los traidores.

9:10 A.M.

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

(Os he puesto el archivo de audio del discurso final de Allende en Stickam, en la barra lateral del blog).

Algunos libros leídos y no reseñados


Este verano he leído mucho, pero no todo lo he podido reseñar aquí. Os dejo la referencia de lecturas que me han gustado mucho.

Adolphe, de Benjamin Constant, ed. Acantilado, 2002, Traducción de Marta Hernández. Benjamin Constant es un ensayista, pensador, político liberal y hombre de mundo, que mantuvo una historia de amor prolongada con otra gran escritora francesa de su época, Madame de Staël. Su trayectoria es muy amplia y su legado, inmenso, pero curiosamente, ha pasado a la historia de las letras por dos novelas breves, publicadas con ánimo pedagógico: Adolphe (1816), que ahora nos ocupa, y Cécile, que no he leído. Amor, desengaño, aburrimiento, manipulación. Una novela moralizante, nada complaciente. Tzvetan Todorov le dedicó un estudio: Benjamin Constant. La passion démocratique, París, 1997. Un clásico.

Trastorno, de Thomas Bernhard, ed. Alfaguara, Madrid, 1995, Traducción de Miguel Sáenz. Leer a Bernhard siempre es una experiencia inquietante. ESta novela me ha recordado mucho El Castillo de Kafka, una de mis obras favoritas, pero el estilo inconfundible, obsesivo, maniaco de Bernhard, a la vez que me exaspera, me fascina. Es un autor imprescindible.

Thomas el oscuro, de Maurice Blanchot, ed. Pre-Textos, 2002, Traducción de Manuel Arranz. Una obra, la primera novela del gran Blanchot, oscura y turbia, pura y bella; escrita desde un punto de vista imposible. Maravillosa, terrible, romántica, racional...perfecta para todos los amantes de Bataille y similares.

Encuentros con Samuel Beckett, de Charles Juliet, Biblioteca de ensayo Siruela, 2006, Traducción de Julia Escobar. El autor refleja en este pequeño gran libro, las conversaciones qu emantuvo con Beckett en 1968. 1973, 1975 y 1978. Indispensable para los amantes de ese escritor único, el autor de Malone muere, de Esperando a Godot, de Fin de partida, de Molloy. Con él, el lenguaje parece recién nacido, recién salido del magma originario. En este libro, Beckett nos descubre muchas cosas, y todas valen la pena.