Sobre Internet como herramienta de estudio y de trabajo en el aula (TIC)
Algunos de mis lectores ya sabrán que intento introducir el uso de Internet en el aula como herramienta de estudio, y que Ensenyament me da dos horas semanales para ello. Se aprobaron 50 proyectos, entre los que estaba el mío, para impulsar este uso.
En verano asistí a un curso de 15 horas muy instructivo en la UPC, en el que nos pusieron en contacto con una serie de herramientas útiles. Algunas las había utilizado y las conocía (como la revista web de Centro, el blog, el power point, la web-quest), y otras no, pero sobre todo, me fue muy útil conocer el trabajo de otros colegas, porque en realidad yo he estado en contacto con gente de fuera, precisamente a través de Internet, pero muy poco con la gente que trabaja en Cataluña seguramente porque mi trabajo se ha hecho en el ámbito del español, y no en catalán. De modo que el curso fue muy enriquecedor. El lunes pasado (11 de diciembre) y continuando aquellas Jornadas, asistí a una conferencia de Daniel Cassany, profesor de Teoría del Discurso de la Universitat Pompeu Fabra. Al instante recordé aquel curso que nos vino a dar Anton van Dijk a El Colegio de México que tanta satisfacción me dio y tanto me aportó profesionalmente.Cassany no decepcionó Después, pasamos a exponer los logros y dificultades de nuestros proyectos ya en petit comité.
Como no soy política, yo me centré más en los problemas y en lo didáctico, mientras que mis compañeros, más experimentados en estas lides, se centraron en los logros y las peticiones de maquinaria informática. Soy tan políticamente incorrecta que hasta me molesto conmigo misma (después) y no puedo evitar preguntarme por qué demonios soy como soy. Ésta es una de las razones de mi fracaso en el mundo universitario español: me falta mano izquierda. En fin, a lo que iba: Yo había escrito previamente un informe de las actividades del primer trimestre y pasé a exponerlo. Mis conclusiones son pesimistas. Encuentro una resistencia tremenda ante Internet como herramienta de trabajo y de estudio. Para mi sorpresa, la mayoría de los compañeros que hablaron explicaban que en sus centros todos o casi todos estaban entusiasmados con su uso y lo usaban profusamente en clase. Me dieron envidia, primero, y luego me pregunté si eso sería así, en verdad. Afortunadamente, nos coordina una profesora que ya conocí en las Jornadas de verano, Laia Martín, que creo que tiene mucho entusiasmo y que no es una especialista ni una política, sino como yo, una profesora que se apasiona con su trabajo y trata de mejorar constantemente. Esa fue la impresión que me dio.
Hace tiempo publiqué aquí un artículo, que tuvo cierta difusión, sobre las pobres condiciones de trabajo en mi Instituto con relación a la falta de ordenadores o de cañones de proyección. Hoy, que a causa del proyecto nos han enviado nueve cañones con sus respectivos ordenadores, la situación no ha mejorado en el fondo, porque el profesorado prácticamente no los está utilizando. Ya en aquel artículo, señalé que uno de los problemas acuciantes era esta indiferencia, esta apatía de muchos profesores. Ahora lo he ido comprobando. Las conclusiones de mi trabajo son éstas:
a) Mi impresión es que hay un gran número de profesores reacios a utilizar internet en el aula (alrededor de 45-50); un número regular de profesores ( alrededor de 20), dispuestos a aprender su uso, pero inseguros en cuanto a su capacidad o al tiempo de dedicación que tienen para hacer documentos propios, es decir, inseguros sobre su propia capacidad para utilizar las herramientas de Internet en el aula, y un pequeño número de profesores que poco a poco se van iniciando en este uso ( unos 6 ó 7), y que van progresivamente intentando pequeñas incursiones didácticas y de trabajo colaborativo con los alumnos en sus cursos actuales.
Mi propuesta ha sido que desde los departamentos se estimule a que los profesores lleven a cabo al menos una unidad didáctica para ser utilizada con TIC La poca implicación del profesorado es preocupante. Considero que muchos profesores, no sólo los de mayor edad, tienen una actitud de desinterés, basada, probablemente, en un desinterés más generalizado en su profesión. Desmotivados en términos generales, inmersos en rutinas obsoletas. Cuya aspiración máxima es no trabajar demasiado, hacer las cosas fáciles. Algunas frases como ‘ Yo tengo una familia y no tengo tiempo para esto’ o ‘ Yo soy un profe clásico: de pizarra y tiza’ se repiten en cuanto se ofrece una tutoría sobre TIC.
Considero que esta actitud, bastante generalizada, debería alertar a Ensenyament sobre el descontento interno o la apatía de muchos de los profesores que tienen contratados indefininidamente.
Por otro lado, que profesores interinos o sustitutos no se impliquen con este trabajo, que no nos engañemos, es arduo, es más comprensible. Su situación de inseguridad es absoluta y la perspectiva de las pocas plazas ofrecidas con relación al número de aspirantes los hace concentrarse únicamente en las tareas de preparación de oposiciones, hecho que no se puede reprochar.
b) En cuanto a los medios, creo que desde Ensenyament se debe priorizar el uso de Internet en el aula dotando a cada aula de un proyector y de un ordenador. Y no sólo dar 9 ‘kits’. Es poco, es insuficiente.
Este proyecto durará tres años. Yo espero que en ese tiempo esta impresión mía cambie, y que mis compañeros comprendan la importancia que tiene introducir esta herramienta como algo cotidiano, normal en sus clases. Que se preocupen por hacer sus propios materiales (porque cada uno de nosotros tiene su opinión, su punto de vista sobre las cosas, su prioidades sobre lo que sabe más importante o indispensable en cuanto al tema que enseña), o que acudan a trabajos ya elaborados -porque otra de las ventajas de internet en el aula es que hay mucho material al alcance de todos-, es un arma colaborativa, democrática. Y sobre todo, que se den cuenta de que usar internet no significa simplificar conocimientos, sino que nos ayuda a seleccionar lo mejor, a profundizar en el conocimiento, como antaño lo hizo la imprenta frente al manuscrito...
Europa ¿Civilización y/o barbarie?
Para mi querido Gregorio Luri, con verdadero afecto.
El suplicio de Cuauhtémoc
Hecho así, cuando se hubieron ido los embajadores de los señores de Tlatelolco, luego se presentaron ante (los españoles) los principales de Tenochtitlan. Quieren hacerlos hablar.
Fue cuando le quemaron los pies a Cuauhtemoctzin.
Cuando apenas va amanecer lo fueron a traer, lo ataron a un palo, lo ataron a un palo en casa de Ahuizotzin en Acatliyacapan.
Allí salió la espada, el cañón propiedad de nuestros amos.
Y el oro lo sacaron en Cuitlahuactonco, en casa de Itzpotonqui. Y cuando lo han sacado, de nuevo llevan atados a nuestros príncipes hacia Coyoacan.
Fue en esta ocasión cuando murió el sacerdote que guardaba a Huitzilopochtli. Le habian hecho investigación sobre dónde estaban los atavíos del dios y los del Sumo Sacerdote de Nuestro Señor y los del Incensador máximo.
Entonces fueron hechos sabedores de que los atavíos que estaban en Cuauhchichilco, en Xaltocan; que los tenían guardados unos jefes.
Los fueron a sacar de allí. Cuando ya aparecieron los atavíos, a dos ahorcaron en medio del camino de Mazatlán.
Los últimos días del sitio de Tenochtitlan
Y todo esto pasó con nosotros.
Nosotros lo vimos,
nosotros lo admiramos.
Con esta lamentosa y triste suerte
nos vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo, pero
ni con escudos puede ser sostenida su soledad.
Hemos comido palos de colorín,
hemos masticado grama salitrosa,
piedras de adobe, lagartijas,
ratones, tierra en polvo, gusanos...
Comimos la carne apenas,
sobre el fuego estaba puesta.
Cuando estaba cocida la carne,
de allí la arrebataban,
en el fuego mismo, la comían.
Se nos puso precio.
Precio del joven, del sacerdote,
del niño y de la doncella.
Basta: de un pobre era el precio
sólo dos puñados de maíz,
sólo diez tortas de mosquito;
sólo era nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa.
Oro, jades, mantas ricas,
plumajes de quetzal,
todo eso que es precioso,
en nada fue estimado.
Nos hemos convertido en sombras,
Hemos perdido nuestra tierra, nada somos ya,
Hemos sido vencidos.
Ya nada nuestro tenemos,
Nada somos ya.
(Extraigo estos fragmentos de la Visión de los vencidos, de Miguel León Portilla, México, FCE, 1988, que a su vez los trae a colación: esta crónica es de 1528 y se guarda en la Biblioteca Nacional de París)
Feliz Navidad, amigos
No pude subir la música de las Posadas aquí, pero las tenéis en la barra lateral, en la Stickam. Es una versión un poco ñoña pero ¡qué le vamos a hacer!
Epitafio de Augusto Pinochet
The day is ours; the bloody dog is dead.
(El día nos ha sido propicio. ¡El sanguinario perro ha muerto!)
Shakespeare, Richard III
Balada para un loco de Piazzolla, con Roberto Goyeneche
Y una versión posterior del propio Goyeneche:
Safo de Lesbos
Ahora que mi hija mayor, Paulina, pasa estos días en Londres, me acordé de que allí compré hace mucho tiempo, una preciosa edición de los poemas (fragmentos), que se conservan de Safo. Era una pequeña librería griega. Los poetas griegos me llegan al corazón. Safo, claro está, y también los modernos: Kavafis, Seferis, Elytis.
Safo me atrapa precisamente por el laconismo de sus versos, por su contención; por su elegancia y por su melancolía.
Siempre he pensado que entre lo griego y lo mexicano hay una línea de unión, algo profundo que surge y que se siente, hondo, en el pecho y en la mirada.
*Se han sumergido la luna y las Pléyades, media
noche, pasan las horas y yo duermo sola.
* Sola, en alta rama, enrojece la dulce granada,
alto, en lo más alto, inadvertida a los recolectores.
No, no inadvertida, es que no pudieron alcanzarla.
*De nuevo, Amor me perturba.
Rastrero, incombatible, dulceamargo.
Para ti, Atis, es odioso preocuparte por mí
revoloteas hacia Andrómeda.
Me parece que igual a los dioses
es aquel joven que frente a ti
se sienta y escucha de cerca mientras
amable conversas.
* Sonríes, seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues mi lengua se desmaya: en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida
que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues Amor
es así.
*Amor zarandea mis sentidos, como el viento
en la montaña acomete a las encinas.
Una amiga mía, Raquel Colomer, me ha hecho llegar este poema suyo, cuyo aroma viene de Grecia, y me ha recordado a Safo:
Te amo y sólo encuentro de ti
El rumor infinito de tu silencio.
Aislada en la torre de una agonía
Deslumbrada por la violencia con que golpea el viento
la rama de un árbol de hojas rojas
Sueño contigo y pienso
Solamente en tu boca.
Desnuda, entro en mi cama
Con la certeza de tu ausencia.
De ninguna voz me llega ni un aliento.
Descubro, desolada,
El hueco de la almohada en una trémula
Vacuidad de corales hirsutos.
De nuevo, ansío tu voz.
Tu voz que calla.
El museo de Sorolla de Madrid y la exposición Sargent-Sorolla
Uno de mis museos favoritos se encuentra en Madrid: es la Casa-Museo de Sorolla. Me gusta por su intimidad, porque parece que vas a sorprender a Sorolla pintando, y a sus hijos pasando, veloces, de una habitación a otra. Aunque sean tan diferentes, me recuerda un poco el Museo de Frida Kahlo de la Calle de Londres, en Coyoacán, tan vivo y tan suyo.
Ahora que he polemizado un poco con Gregorio Luri acerca de Anglada Camarasa, y habiendo salido el tema del decorativismo, no puedo menos que pensar qué pensará mi amigo cibernético de mi amor por Sorolla.
Su luz y la belleza de sus cuadros me producen un placer indefinible, un poco proustiano, de cosa que no he probado ni vivido, que sólo he soñado.
Pasear por los jardines de la casa de Sorolla, libro de Verlaine en mano ¡qué cosa tan decadente y tan bonita! Leyendo, por ejemplo:
Comme la voix dun mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline :
Pour toi jai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline.
Je chanterai tes yeux dor et donyx
Purs de toutes ombres,
Puis le Léthé de ton sein, puis le Styx
De tes cheveux sombres.
Comme la voix dun mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Puis je louerai beaucoup, comme il convient,
Cette chair bénie
Dont le parfum opulent me revient
Les nuit dinsomnie.
Et pour finir, je dirai le baiser
De ta lèvre rouge,
Et ta douceur à me martyriser,
- Mon Ange ! - ma Gouge !
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline :
Pour toi jai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline
Imaginar que en la avenida no corren los coches y los autobuses sino las calesas, y que las damas que pasean con sus perritos llevan largos vestidos y vistosos sombreros: sueño decadentista de un pintor que pintó a contracorriente de su tiempo, al margen de las vanguardias, y que sin embargo, triunfó, tal como lo hizo Anglada Camarasa.
También me ha venido a la mente la exposición que se vio en su día en CaixaForum, sobre las coincidencias entre Sorolla y Sargent, pintor decorativista también, y decadentista, esteticista, hoy más conocido porque se ha puesto de moda para ilustrar ediciones de libros decimónicos. La exposición se exhibe ahora en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (de cuya web he tomado las ilustraciones)
A pesar de que puede acusarse a ambos pintores de superficialidad, de esteticismo o de preciosismo, no cabe duda que contemplar sus obras es un placer para nuestro espíritu, ávido de belleza.
Casa-Museo de Sorolla en Madrid
Dirección: General Martínez Campos, 37 28010 - Madrid
Horario:
De martes a sábado: de 9:30 a 15:00 h.
Domingo y festivos: de 10:00 a 15:00 h.
Cerrado: todos los lunes del año, 1 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre, y dos festivos locales.
Horario ininterrumpido durante todos los miércoles del año de 9:30 a 18:00 h.
Precio de la entrada: 2,40
Precio reducido: 1,20 (para titulares de carné joven, carné de estudiante o los correspondientes internacionales; y para grupos vinculados a instituciones de carácter cultural o educativo, constituidos por 20 o más miembros, previa solicitud)
Entrada gratuita: Domingos, 18 de mayo (Día Internacional de los Museos), 12 de octubre (Fiesta Nacional de España), 6 de diciembre (Día de la Constitución Española)
Acceso gratuito: Menores de 18 años, mayores de 65 años y jubilados
Visita en grupo: La visita en grupo se debe concertar con un mínimo de 15 días de antelación. Atendiendo a la seguridad de las colecciones, cada grupo estará compuesto por un número máximo de 20 personas acompañadas de un responsable
Robert Deveraux, conde de Essex: una biografía
Me gusta mucho la historia, y la del Renacimiento europeo aún más. De tanto en tanto, encargo algún libro sobre este tema. Hace algún tiempo me llegó Robert, Earl of Essex, An Elizabethan Icarus, que hoy me propongo reseñar. Después del libro de Elizabeth y Essex, escrito por Lytton Strachey, la de Lacey es sin duda la mejor forma de acercarse a este extraño personaje, lleno de encanto y de ambición. El Renacimiento inglés nos ha dado algunas figuras de cortesanos relevantes como Philip Sydney o Lord Essex y en menor medida, el conde de Southampton, inmortalizado por su protegido, William Shakespeare. El libro que me ocupa hoy nos ofrece una biografía detallada del último favorito de la Reina Elizabeth I: Robert Devereaux , conde de Essex ( 1567, Herefordshire-1601, Londres), que fue un caballero hermoso, culto, pero un poco simple, muy renacentista –entre el refinamiento y la barbarie, entre la cultura y la simplicidad de juicio-, impetuoso, narcisista, equivocado en cuanto a una materia tan delicada como el favor de la reina. Una reina tan compleja como imprevisible, cuya atracción senil por el hijastro de su primer amor, Robert Dudley, conde de Leicester, terminó trágicamente. Francis Bacon, quien fue primero su protegido y después su peor enemigo, le escribió: Siempre lamentaré que su Excelencia volase con alas de cera, poniendo a prueba de nuevo el destino de Ícaro.
Robert Deveraux, Earl (conde) Essex nació de la unión de Lettice Knollys (prima de la reina Isabel) y Walter Deveraux, primer conde de Essex. Los Deveraux no pertenecían a la rancia nobleza inglesa, cien años antes del nacimiento de Essex ni siquieran eran vizcondes. Su familia subió como la espuma, al tiempo que crecía la estrella de los Tudor.


Lettice Knollys fue la segunda esposa de Robert Leicester, el primer amor de Isabel, a quien ella llamaba ‘Mis ojos’. La unión de Leicester y de la reina se hizo imposible desde el momento en que él estaba casado con Amy Robsart. Pero aún más imposible fue cuando enviudó, dado que la muerte de su esposa se dio en extrañas circunstancias. Hubo un juicio, del que Leicester salió indemne, pero la reina de Inglaterra no podía casarse con un hombre que había sido acusado del asesinato de su esposa. Corría el riesgo de que se pensase que ella había sido cómplice y que el juicio había sido una cortina de humo para consumar un matrimonio que, a ojos vistas, ella deseaba.
Viendo que su reina no movía ficha en el tablero, Leicester casó secretamente con Lettice en segundas nupcias, hecho que puso tan furiosa a Elizabeth que le retiró el favor a Leicester durante muchos años. La reina era celosa.
Lettice era la hija mayor de sir Francis Knollys, uno de los principales consejeros de la reina y era nieta de María Bolena, la hermana mayor de Ana, que había sido amante de Enrique VIII antes de que su hermana se casara con el rey, con tan mala fortuna que terminó perdiendo (literalmente) la cabeza por él.


Cuando Leicester llevó a Essex, su hijastro (muchos creían que en realidad era su hijo), a la corte, sabía lo que hacía: su relación con Elizabeth se había convertido en una amistad amorosa, constante, pero ya no imprescindible para ella. Leicester jugó a su peón, el bello Essex, y naturalmente, dio en la diana.

Cuando Isabel lo conoció, Essex tenía pocos años. Ella le dijo que era un hermoso muchacho y siguió llamándolo siempre así, ‘My boy’.
Essex carecía de fortuna. Podríamos decir que era el noble más pobre de Inglaterra. Su padre había perdido enormes sumas de dinero guerreando por Isabel. Guardaba sólo aquellas propiedades imposibles de vender por ley. Lettice había caído en desgracia en la corte isabelina desde su matrimonio (secreto) con Leicester. Ya no tenía influencias ni contactos. Essex se veía así, constreñido por un problema que le acució durante toda su vida: la pobreza. Sólo el favor de la reina le podía dar aquello de lo que carecía: dinero, y con él, poder y gloria.
Leicester, su padrastro, no había sido tan ambicioso porque no había sido tan pobre. Mientras tuvo el favor de la Reina peleó por ella con varia fortuna y obtuvo puestos importantes, pero jamás aspiró a todo, o quizá lo disimuló mejor que su hijastro. Leicester nunca conspiró.
Essex era distinto.
Peleó, con desigual fortuna por su reina en siete expediciones, y en cuatro de ellas como comandante. Reorganizó su servicio secreto, modernizándolo, pues desde los tiempos de Sir FrancisWalsingham (de quien era yerno), las cosas habían cambiado. Fue patrono y protector de Francis Bacon y del poeta Edmund Spencer, uno de los cantores oficiales de Gloriana, y puede que también protegiera a Shakespeare ocasionalmente.
Essex fue también poeta, como todos los de su generación, aunque jamás llegó a tener la fama y la gloria que le tocó disfrutar a Philip Sydney, el príncipe de los poetas ingleses de su tiempo. Sydney se había enamorado locamente de una hermana de Essex, Penélope Deveraux, su musa, quien le inspiró los hermosísimos sonetos seriados recogidos en el volumen Astrophel y Stella. Pero Penélope estaba casada con Lord Rich, de modo que Sydney se contentó con cantar la belleza de ella, su amor y su frustración amorosa en poemas que sólo tienen un parangón en Europa: los sonetos de Garcilaso de la Vega a Elisa. Sydney se casó con Frances Walsingham, hija del consejero de la reina y jefe de su servicio secreto. La bella Francis, al morir Sydney, se casó con Essex.



Hoy día tenemos bastantes razones para pensar que Isabel en realidad no llegó nunca a entregarse físicamente a sus favoritos y que sus relaciones con los hombres eran, inevitablemente, ambiguas. Para ella, celosa de su poder absoluto el único esposo era Inglaterra.
¿Por qué razón iba Isabel, que había ‘sacrificado’ su vida a una nación, a entregársela a Essex?
Elizabeth mantuvo siempre una relación entre afectuosa y distante con sus favoritos. Daba y quitaba, jugaba. Jugaba seriamente, pero amaba. Eso no lo podemos dudar.
Y quizá por su edad, (tenía 66 años cuando Essex tenía 18), lo amó y le consintió demasiado. De modo que él no tuvo en cuenta verdaderamente el peligro que corría, hasta que fue demasiado tarde.
Lacey considera que Elizabeth consintió a Essex porque no tenía nada que perder. Sin embargo, yo no lo creo. Sólo cuando Robert Devereaux, conde de Essex, llegó a ser un peligro para su trono, ella actuó.
Los tiempos en que Londres aclamaba a Gloriana habían pasado hacía ya mucho. El reinado se prolongaba demasiado. Elizabeth envejecía dudando, sin tomar jamás una decisión, sin resolver la cuestión irlandesa. Muchos vitoreaban a Essex y veían en él un candidato mucho más atractivo que el católico rey de Escocia, Jacobo, hijo de la católica María Estuardo, a quien Elizabeth había llevado al patíbulo.
Tras la desastrosa campaña de Irlanda, en la que Essex se había empeñado, la relación entre la reina y el favorito se torció definitivamente. Él quiso meter mano en el Consejo, pero tenía demasiados enemigos. Conspiró, llevado por sus impulsos, contra Elizabeth. Entró en Londres esperando que los súbditos se levantaran con él. Pero nadie se movió en Londres. Essex fue conducido a la Torre. Su destino estaba decidido. El juicio fue justo, él mismo lo admitió, y fue condenado a muerte por traición.
Que él llegara tan lejos fue una consecuencia de la generosidad con que ella le trató durante demasiado tiempo.
En cierto modo, ambos cayeron en una trampa. Se deslizaron, poco a poco, hacia un final que a los dos iba a herir mortalmente.
Robert Lacey, Robert, Earl of Essex, an Elizabethan Icarus, Phoenix Press, London, 2001.
Travels in the Scriptorium (Viajes por el Scriptorium), de Paul Auster
Como ando bastante despistada por el aluvión de exámenes ( y las consecuentes correcciones) de fin de trimestre, había olvidado que encargué a mis libreros Pilar y Ferran Pontón del Celler de Llibres, el último libro de Paul Auster, aún no publicado en español.
Ayer, que pasaba a comprar un regalo de cumpleaños, me lo entregaron. La edición es muy bonita, en tapa dura, con una portada a la par elegante y sobria.
La novela pertenece a esa vertiente austeriana en la que reflexiona metafóricamente sobre la creación propia, sobre su encierro como escritor, A esta primera trama que podríamos llamar metaliteraria, entrelazará Auster la lectura de un manuscrito ajeno: las memorias de un soldado Sigmund Graf, de un estado que es también metáfora de USA: la Confederación. Ambientado en 1830, este relato se irá desarrollando hasta quedar inconcluso, para asombro y disgusto de Mr. Blank, que tendrá que imaginar el desenlace. Se trata de un relato apenas esbozado, en su esqueleto: una nouvelle folletinesca, con cierto saborcillo a western crepuscular, desengañado.
Para empezar, en Travels in the Scriptorium, como en La trilogía de Nueva York , existe un escritor cautivo, un alter ego de Auster. Esta vez se llama El señor Blanco (Mr. Blank). Es viejo, se olvida de todo, está cautivo o cree estarlo (en realidad, no sabemos dónde está, si hay una ventana en la habitación que puede abrirse al exterior o si no la hay, si la puerta está cerrada o está abierta, si puede salir libremente o no, si hay un armario o no lo hay en la habitación), Mr. Blank no recuerda cómo llegó ahí ni qué hace ahí. Tampoco recuerda, más que muy vagamente, a su criaturas, pero ellas lo acompañan. En su habitación todo está rotulado: la pared lleva un nombre inscrito con cello: PARED, la mesa, otro: MESA Las fotos de esas criaturas que él ha creado están sobre su escritorio, pero él no las reconoce, si acaso se acuerda del nombre de pila de una: de Anna Blume , o de la inicial del nombre de Sophie pero ahí están Quinn, Fanshowe, Stillmann, el recuerdo de David Zimmer, de El Palacio de la luna y de El libro de las Ilusiones reprendiéndole por lo que les hizo, pero también queriéndole, pues gracias a él, como dice Anna, han vivido
Este tipo de novelas tienen un indiscutible sabor becketiano, pero también, para un lector español, unamuniano. Es imposible leer esta novela (corta, para lo que venía siendo habitual últimamente), sin acordarse de aquella famosa escena de Augusto Pérez y Unamuno en la Universidad de Salamanca en Niebla ( 1914 ):
Bien, ¿y qué? me interrumpió, volviéndome a la realidad. Y luego has insinuado la idea de matarme. ¿Matarme? , ¿a mí?, ¿tú? ¡Morir yo a manos de una de mis criaturas! No tolero más. y para castigar tu osadía y esas doctrinas disolventes, extravagantes, anárquicas, con que te me has venido, resuelvo y fallo que te mueras. En cuanto llegues a tu casa te morirás. ¡Te morirás, te lo digo, te morirás!
Pero... por Dios...
No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!
¿Conque no, eh? me dijo, ¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá ala nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima...
¿ Víctima ? exclamé.
¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir! ¡Usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues! Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto. Y le empujé a la puerta, por la cual salió cabizbajo. Luego se tanteó, como si dudase ya de su propia existencia. Yo me enjugué una lágrima furtiva.
De manera paralela, aunque sin la acritud de Unamuno y Augusto, en Travels in the Scriptorium, Anna Blumme le dice a Mr. Blank:
Sin usted, yo nunca habría conocido a David (Zimmer). Créame, Mr. Blank, no es su culpa. Usted hace lo que tiene que hacer, y después las cosas pasan. Cosas buenas y cosas malas. Es así. Nosotros podemos ser los que sufran, pero hay una razón para ello, una buena razón, y cualquiera que se queje es que no comprende lo que es estar vivo. (p. 22)
Más adelante, el diálogo continuará de este modo:
Empiezo a recordarte ahora, dice él. No todo, pero pequeños fragmentos, trozos, y piezas aquí y allá. Yo era muy joven la primera vez que te vi ¿ no es cierto?Cerca de los veintiuno, creo, dice Anna.
Pero continué perdiéndote. Estabas ahí por unos días, y después te desvanecías. Pasó un año, pasaron dos años, cuatro, y de repente volviste a aparecer.
Usted no sabía qué hacer conmigo, ésa es la razón. Le tomó mucho tiempo imaginarme.
Y entonces te mandé a tu a tu misión. Recuerdo que temía por ti. Pero eras una auténtica guerrera en esos dias, ¿no es así?... y eso es lo que me dio esperanza. Si no hubieses sido una persona con recursos, no lo habrías conseguido. (p. 24).
El narrador es un omnisciente parcial. Y su relato, objetivo y externo, se puede confrontar con una cámara cenital que toma nota, cada segundo, de la actividad o reposo de Mr. Blank. Para mí, la vertiente más interesante de Auster no es ésta. No son éstas las narraciones suyas que más me atraen.
Pero es una vertiente muy suya. Reflexionar sobre la escritura, sobre las criaturas, sus agonistas (como diría Unamuno), sobre su propia condición de recluso de su obra, de cautivo en una habitación cerrada, es muy propio de Auster.
El porqué de que Auster se convierta en personaje es muy sencillo:
Mr. Blank es uno de nosotros ahora y aunque tenga dificultades para comprender su predicamento, siempre estará perdido. Creo que hablo por todos los cargos que se pueden hacer contra él, cuando digo que tiene lo que merece, no más, no menos. No como un castigo, sino como un acto de suprema justicia y compasión. Sin él, no somos nadie, pero la paradoja es que nosotros, los hilos desprendidos de otra mente, sobreviviremos a la mente que nos creó, porque una vez que fuimos echados al mundo, contonuamos existiendo siempre, y nuestras historias seguirán siendo explicadas, incluso después de nuestra muerte. (p. 129)
Así que, convierténdose en agonista, él sobrevivirá como personaje. No como Auster, condenado, como todos los demás, a la muerte y el olvido. Esa es la razón de que Auster esté, en sus mismas ficciones, ficcionalizado.
Paul Auster, Travels in the Scriptorium, Faber and Faber, London, 2006.
(La traducción de los fragmentos citados es mía)
Nota posterior: Anagrama ya ha editado en español este libro, con traducción de Benito Gómez Ibáñez (2007).
Hermen Anglada Camarasa en CaixaForum
Mi museo favorito en Barcelona fue el de Arte Moderno y Contemporáneo que estaba situado al lado el Parlament de Catalunya, en el Parc de la Ciutadella.
Allí contemplé por primera vez la obra de este gran artista catalán, el primero que traspasó fronteras, como más tarde hicieron Dalí o Miró.
En el Reina Sofía aprecié en su ambigüedad y belleza el Retrato de Sonia de Klamery, condesa de Pradére, y en el de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, el maravilloso lienzo de los Campesinos de Gandía.
Ahora tenemos la oportunidad de ver, reunida, la obra de este artista extraordinario, ya que se exhiben casi 200 obras. Salvo algunos paisajes en tonos pastel de la última época, que me parecen mediocres, todo lo demás merece una vista, aun cuando la exposición carece (una vez más) de una luz adecuada, o de una atmósfera más cálida.
Una virtud de la exposición es que nos permite recorrer, didácticamente, todas las etapas de la obra y del artista. La exposición nos ofrece también algunos cuadros de contemporáneos suyos muy afines (quién podría olvidar las similitudes existentes entre algunos retratos de Camarasa y otros del gran Zuloaga, uno de cuyos cuadros, magnífico, pende en esta exhibición).
La luz, la sombra, la belleza del color, la riqueza de las formas, y una perversa cualidad ambigua que se desprende de algunas de sus obras, bastan para fascinar al visitante.
Están bien representadas todas las etapas: la de Barcelona, que va del 1885 al 1894, en la que es visible la influencia de otro gran pintor catalán, Modest Urgell, y en la que se nota el orientalismo que flotaba sobre toda la pintura europea de la época desde Delacroix.
Las dos épocas de París, en la que vemos la influencia de Lautrec, y también del cartelismo modernista, así como las temáticas de la vida nocturna parisina. En estas etapas, Anglada Camarasa se mueve, fluctuante, entre el realismo y el simbolismo, entre el sueño y la curva, entre el sensualismo y la perversa atracción de las alucinaciones provocadas por esa hada verde que puebla las miradas de sus retratados. Etapas que van de 1894 a1914), antes de la Primera Gran Guerra. Ambas etapara están separadas únicamente por un viaje a Valencia que no será episódico, sino que va a reflejarse quizá en una tendencia barroca y mediterránea que teñirá algunas de sus mejores obras, como las de los Campesinos de Gandía o La novia valenciana, e incluso El ídolo.
A partir de los comienzos del siglo XX, Anglada Camarasa consigue éxito y reconocimiento internacional. Gorki, Diaghiliev, Kandinsky, Picasso, el gran Manolo Hugué se convierten en sus admiradores. Una de sus discípulas más destacadas es Marie Blanchard.
Durante la etapa mallorquina, que va de 1914 a 1936, Anglada Camarasa se refgudia en la isla, huyendo de la devastación de una Europa en Guerra. De aquí surgen esos paisajes que sólo excepcionalmente logran decirme algo: la mayoría son cuadros decorativos, carentes de emoción, en tonos pastel: sin vibración interna.
Anglada se queda anclado atrás de las vanguardias, y su estilo se resiente. Se debilita, se hace blando y ya no es el mismo. O ese mismo que es ha dejado de hablar.
En la última etapa, es la que le sorprende en Barcelona durante la Guerra Civil. Por sus ideas republicanas, es admitido (como protegido) en Montserrat. Ahí lleva a cabo de nuevo unos paisajes, de los que uno al menos, me parece hermoso. De Montserrat pasa a Francia, exiliado, y de nuevo, más tarde, pasa a Mallorca. En 1953 sufre un accidente y abandona, forzosamente, la pintura.
De Anglada Camarasa sorprende la fuerza expresiva, el barroquismo, entre el kitsh y la emoción suprema, la afinidad con Klimt (en algunos, en varios cuadros, le veo superior a éste, tan amanerado en ocasiones) y con el Zuloaga de La condesa de Noailles ( propiedad del Museo de Bellas Artes de Bilbao, del que un día hablaré), o de La morfinómana, que aquí se exhibe tan oportunamente.
En conclusión: Anglada Camarasa es un pintor que vale la pena conocer, ver, disfrutar. Nos recuerda la efímera voluptuosidad de la fama.
Exposición: El mundo de Anglada Camarasa
Lugar: CaixaForum
Horario: De martes a domingo, de 10.00 h a 20.00 h
Precio: Actividad gratuita
Dirección: Av. Marquès de Comillas, 6-8. 08038 BARCELONA
Al pie del MNAC, en Montjuich
Una pregunta pertinente
Hace mucho, mucho tempo que tengo un amigo lejano. Lejano geográficamente, pero cercano, muy cercano. Tan cercano que sin comunicarme con él, lo siento en mí, conmigo.
Hoy me ha enviado un mensaje con esta pregunta ¿Existes?
Los dibujos de Federico García Lorca
En Diciembre, mis alumnos y yo ( de hecho, todos los alumos de Bachillerato, con mis compañeros profesores, Alicia y Gonzalo), iremos al Teatre Auditori de Sant Cugat a ver la obra dirigida por Rubianes, Lorca somos todos, que tanto escándalo suscitó (por razones extra-teatrales) en Madrid hace unos meses. Espero que la experiencia sea muy positiva.
A raíz de esto, les preparé, para nuestro blog de aula, una presentación con los dibujos de Lorca. Espero que os guste:
El otoño en Sant Cugat (amanecer y mediodía)
Bajo el sol de Satán, de Maurice Pialat
Esta reseña contiene datos que revelan el argumento.
Hacía tiempo que no me pasaba por el Fnac y como soy una amante del cine francés y una admiradora del trabajo de Sandrine Bonnaire y de Gérard Depardieu, me decidí a comprar esta película, de la que no había oído hablar. Fui a la tienda a comprar un cuento rodado por Jacques Demy, Piel de asno, para mi curso de Cine y literatura. No me arrepentí del impulso.
La película de Pialat es una historia que tiene mucho que ver con la mítica Ordet, o como la semi-propagandistica y más reciente Padre Pío (con un excelente Sergio Castellito). La obra parte de la adaptación de una novela de Georges Bernanos, del mismo nombre.
Se trata de la historia de un santo, el padre Dossignan (Depardieu). Es, por tanto, una historia provocativa, en la medida que nuestro tiempo es un tiempo de escepticismo e irreligiosidad. Hombre basto y de origen campesino, Dossignan se entrega a la mortificación de la carne y a la oración, pensándose siempre indigno de la gracia de su estado, angustiado por su mediocridad, por su falta de valor como sacerdote. Se encuentra bajo la tutela de un deán: el padre Menois-Segrais (el mismo Pialat), quien trata de llevarlo hacia la templanza con tolerancia y paciencia, pero al mismo tiempo, dándose cuenta de que su protegido, su hijo espiritual, es un santo. Menois-Sagrais conoce la ambigüedad de esta condición. El santo (léase a Shaw, en su Santa Juana, o remitámonos, de nuevo, a Ordet) , es un ser de pie en el filo del abismo, entre los demoniaco y la locura, entre la bondad y el pecado, asediado por todo tipo de pasiones, por todos los excesos, aunque sean excesos píos.
El deán trata por todos los medios de apartar a Dossignon de este camino, sabiendo que fracasará: que a Dossignon le ha sido dado un don, y que ese don es fatídico, en el sentido etimológico de la palabra.
El clímax sobreviene cuando envía a Dossignon a asistir a un cura vecino, y por el camino, que es su particular vía crucis, Dossignon es asediado por el diablo. El diablo, Satán, le concede el don de ver en el interior de las personas. No sabe Dossignon si éste es un don de Dios o un don del Diablo, si Dios es el Diablo o el Diablo es Dios, pero no puede renunciar al don. La ambigüedad es total ¿ Resiste a la tentación o se entrega a ella? En realidad no lo sabemos.
Paralelamente, seguimos la historia de Mouchette (Bonnaire, siempre acertada), una adolescente promiscua, escéptica y cruel como tantas de su edad, que se entrega a varios hombres y comete un asesinato que queda impune. Dossignon mira en el fondo del alma de esta chica, al encontrarla al final de su camino. Le habla, trata de llevarla de nuevo a Dios, a su salvación, pero la chica le demuestra que su don no le sirve para nada: ella no será salvada.
Desesperado, Dossignon vuelve al pueblo, explica a su mentor los encuentros. Mouchette está perdida, completamente. Pero Dossignon no se da por vencido. Lleva el cuerpo de Mouchette ante el altar, como ofrenda. Ensangrentado, como ella, pretende así vencer en el último momento y dar a Dios la oportunidad de salvar a a la suicida. Ante tales excesos, es retirado a una parroquia lejana, donde su fama de santo va extendiéndose.
Finalmente, es llamado de nuevo, para salvar la vida de un niño. El milagro se produce. Se produce quizás, fugazmente. Los ojos del niño se abren. El peso de tal milagro es abrumador. Dossignan yace muerto en el confesionario. Menois-Segrais llega a tiempo para cerrar sus ojos.
El aliento poético de la obra la eleva por encima de la media del cine de calidad. Es una película inspirada, bella, sin trampas ni cartón, tremendamente viva y misteriosa, como su propia esencia: el sentido de la santidad ¿cuál es? ¿la locura? ¿el exceso? ¿la angustia? ¿el miedo? ¿la soberbia? Sea lo que sea, no se la puede apartar o ignorar. Está ahí, en el alma de Dossignan, sin que él lo pretenda, más bien a pesar de él mismo. El milagro ¿de dónde proviene? ¿de Dios? ¿de su oponente? La vida ¿qué es sino una lucha constante entre Dios y Satán en nuestra alma? ¿es el Bien, el Bien? ¿La muerte, puede ser vencida por la Fe?
Todas estas preguntas quedan planteadas, no resueltas.
Con actuaciones memorables de todos los intérpretes (la trinidad formada por Pialat, Depardieu, Bonnaire), con una fotografía y un encuadre clásicos, extraordinarios, bellísimos sin ser amanerados, con una música divina, la película mereció la Palma de Oro de Cannes en 1987, en medio de la polémica por su contenido.
La recomiendo calurosamente, ahora que está en DVD, en un estuche con dos discos y extras, que vale la pena comprar. Espero que la colección Maurice Pialat siga adelante editando toda su obra que, repito, merece ser vista y admirada.
Bajo el Sol de Satán (Sous le soleil de Satan). Director: Maurice Pialat.
Reparto: Gérard Depardieu, Sandrine Bonnaire, Maurice Pialat, Alain Artur, Yann, Dedet, Brigitte Legendre, Jean-Claude Bourlat. Productor: Claude Abeille. Guión:
Georges Bernanos y Sylvie Danton. Fotografía: Willy Kurant. Música: Henri Dutilleux.
93 minutos. (Francia, 1987).
(Adaptación de la novela de Georges Bernanos) y Palma de Oro en el Festival de Cannes.
Aforismos de los Luthiers
* El amor eterno dura aproximadamente 3 meses.
* Todo tiempo pasado fue anterior.
* Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.
* Los honestos son inadaptados sociales.
* La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 horas diarias.
* La droga te buelbe vruto.
* Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
* Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.
* Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe.
* Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto.
* Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse dónde.
* La inteligencia me persigue, pero yo soy mas rápido.
* La verdad absoluta no existe y esto es absolutamente cierto.
* Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado.
* No hay mujer fea, sólo belleza rara.
* La pereza es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla.
* Si un pajarito te dice algo debes estar loco, pues los pájaros no hablan.
* No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.
*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados.
* La confusión esta clarísima. Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.
* Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: Tire y Empuje.
* Dios mío, dame paciencia, ¡¡ Pero dámela YA!!
*Quien escribe aforismos es porque no puede pensar más de dos segundos seguidos.
Hugh Laurie al piano
Este excelente actor también es músico. Aquí en una intervención para reír un rato largo.
Dos sonetos de Carlos Pellicer
Carlos Pellicer es un gran poeta al que he leído intermitentemente desde mis (ya ) lejanos doce años. Poeta y museólogo, fue un gran conocedor del arte y de la arqueología mexicanos.
Nació en Tabasco en 1899 y murió en México en 1977. Sus restos mortales reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Octavio Paz dijo de él: Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin.
Algunas de sus obras: Piedra de sacrificios (1924), Camino (1929), Hora de junio (1937), Ara virginum (1940), Recinto y otras imágenes (1941), Exágonos (1941), Subordinaciones (1948), Sonetos (1950), Práctica de vuelo (1956), Con palabras y fuego (1963). Su obra ha sido reunida por el Fondo de Cultura Económica (1981, ed. a cargo de Luis Mario Schneider).
Poeta luminoso, clásico y sensualista, aquí os dejo dos sonetos suyos.
Amor sin nombre
Amor sin nombre, ámbito destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.
En un alto silencio, un aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.
Por ti cuelgo coronas en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares aligero tus canciones.
Y te llevo en mi ser y has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus palomas al olvido.
Esta barca sin remos es la mía...
Esta barca sin remos es la mía.
Al viento, al viento, al viento solamente
le ha entregado su rumbo, su indolente
desolación de estéril lejanía.
Todo ha perdido ya su jerarquía.
Estoy lleno de nada y bajo el puente
tan sólo el lodazal, la malviviente
ruina del agua y de su platería.
Todos se van o vienen. Yo me quedo
a lo que dé el perder valor y miedo.
¡Al viento, al viento, a lo que el viento quiera!
Un mar sin honra y sin piratería,
excelsitudes de un azul cualquiera
y esta barca sin remos que es la mía.
La violencia estudiantil. La otra cara de la moneda
Ya sé que mi tendencia a ir a contracorriente podría despistaros: no estoy a favor de ninguna violencia, pero sí estoy un poco cansada de que se atribuyan todos los males de la educación a los estudiantes.
Es cierto que hay estudiantes violentos, que se burlan de los profesores, que los atacan física y mentalmente, generalmente en pandilla y no en solitario. Digo que es cierto porque lo creo, no porque lo haya vivido. Del mismo modo, creo que muchos profesores también maltratan a los estudiantes con su arrogancia, con su mal hacer. Eso sí lo he vivido.
Algunos estudiantes me han confiado algo: no los escuchan.
Eso ya me parece una violencia.
Además, muchos profesores llaman subnormales a sus estudiantes. Otros, lo piensan. Hay profesores que sólo se dedican a los estudiantes que saben. ¿Y los otros? ¿No son responsabilidad del profesor? La humillación pública es un arma de los profesores inseguros. Conozco a muchos profesores inseguros. Creen que por la vía de la negación del estudiante afianzan su autoridad. Yo no lo creo. La autoridad se afianza cuando se consigue el mutuo respeto, cuando se cree y se es creído por los otros. Cuando se tiende a la justicia como método, aunque no siempre sea posible alcanzarla. Todos tenemos fallos, eso también lo comprenden ellos. Lo que no comprenden ni es bueno que lo hagan, es que se sea sistemáticamente injusto. Eso no es admisible.
Yo he visto a profesores que se niegan a lo que les piden sus alumnos, aunque sea justo, aunque sea lógico ¿y por qué? Por afianzar una supuesta jerarquía. Vaya porquería de jerarquía, la que se basa en la negación sistemática de la razón. Profesores incapaces de ver que los estudiantes tienen la razón algunas veces no deberían dedicarse a esto.
Muchos no creen en los estudiantes, por sistema. Si el estudiante les dice algo, desconfían ¿por alguna razón? No: por sistema.¿Por qué no hemos de confiar en que nos digan la verdad?
Yo creo que si se confía, los estudiantes son sinceros, incluso son sinceros cuando se equivocan, pero hay que ser legales, hay que tender a la justicia.Yo conozco a muchos profesores que no trabajan: que van a sus clases. No es lo mismo. Profesores que llevan treinta años o cinco años sacando jugo a la misma fotocopia, al mismo apunte de clase. Profesores incapaces de trabajar las 37 horas que nos paga la administración. No están ‘motivados’. No tienen tiempo: ‘Estoy casado/a, tengo una familia’. Como si los que trabajamos fuera de horas no la tuviéramos. Estoy cansada de oír esas excusas. Y si el profesor no está motivado ¿como queréis que motive a los estudiantes? El aburrimiento, la falta de estímulos, los horarios abusivos de una administración que cree que el estudiante es una cosa que se deposita durante 8 horas en un sitio, casualmente llamado Escuela o Instituto, pero que bien podría llamarse aparcamiento de personas menores de edad…¿qué mejor espoleta para la agresión?
Los profesores de Instituto trabajamos 24 horas semanales en los Institutos.Los estudiantes están ahí de 8 y diez de la mañana a cinco y treinta cinco minutos de la tarde (haced la cuenta). Después, los papás los llevan a otras clases, y luego están los deberes. Me gustaría saber quién es el guapo que aguanta eso sin ponerse violento.
Es cierto que muchos padres no educan a sus hijos. Que hay padres que no tienen tiempo para ellos. Conozco a muchos estudiantes cuya única actividad en común con sus padres es ir al hipermercado con ellos. Estos estudiantes son especialmente sensibles al afecto o al respeto que sus profesores puedan expresarles.
No, el problema no está sólo en los estudiantes.
Estoy cansada y harta de que se les culpe de todo. Yo le doy la vuelta a la tortilla.
¿Hay alguien ahí que piense como yo?
La imagen procede de aquí
El cuaderno rojo, de Paul Auster
El cuaderno rojo es un libro sencillo, sin retórica. El armazón, por así decirlo, de historias sin adornos y sin afeites. Un cuaderno de apuntes en el que Auster nos cuenta historias reales (o no ¿a quién le importa la verdad? A mí no, desde luego, como lectora me complace lo mismo una gran mentira que una verdad sagrada, en tanto me interese y me apasione la historia).No es el cuaderno anunciado en La trilogía de Nueva York, el libro de Fanshowe. Es un libro de Auster sobre Auster, sobre cosas que le han sucedido realmente, y la última historia cuenta cuál fue la génesis de la primera novela de la trilogía (Ciudad de Cristal): la llamada equivocada ocurrió, aunque no como en la novela, claro, y eso dio la idea a Auster, la idea de escribir esa historia ficticia en la que Quinn recibe una llamada telefónica para Paul Auster.
Una de estas historias me sucedió a mí. Cuenta Auster que cuando era guardés en Francia se le quemó la última comida que tenía: un pastel de cebollas. A mí me pasó lo mismo. Un día sólo tenía una olla de frijoles para comer (el cambio geográfico modifica las historias sustancialmente, ya lo veis) y se me quemó. Ese día me sentí la persona más desdichada del mundo. Él también. Ahora me río recordando que se me quemó porque hice el amor y olvidé la olla. Él también encuentra la gracia en su porqué: salió a dar unas vueltas a la granja para olvidar el hambre mientras el pastel se cocía: demasiado tarde. Cuando volvió, el pastel era incomible.
Otra cosa más en común ¿eh? La 'última cena' quemada.
Recuerdo que entonces yo vivía en un enorme edificio de la calle de Nueva York.*
¿Eso también será una coincidencia?
*En ese edificio han vivido generaciones de mexicanos. Es enorme, es elefantiásico, está en la Colonia Nápoles, cerca del Poliforum Siqueiros.
Paul Auster, El cuaderno rojo (Trad. y prólogo de Justo Navarro), Compactos Anagrama, Barcelona, 2006, 8ª edición).









