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Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

Por el blog de mi querido Portnoy me enteré de la iniciativa de postear sobre dos películas de un director. Y hacer referencia a los blogs que están en el ajo. Comoquiera que uno de mis directores favoritos es este maravilloso señor, me he apuntado. Las bases y las normas son éstas:

Invito a todos (¡a todos, qué pretenciosa!), a que se animen a ver una o dos de estas pelis, y que se animen también a postear sus comentarios. Nos lo vamos a pasar la mar de bien.

Comenzamos este nuevo y apasionante proyecto en el que proponemos a nuestros lectores a que vean dos películas de un determinado director para luego comentarlas, tal y como se explica en las instrucciones. En esta ocasión comenzaremos con Wong Kar-Wai, un director nacido en Shangai pero criado en Hong Kong, con numerosos premios y reconocimientos a sus espaldas, entre ellos el de mejor director en Cannes en 1997 por ‘Happy Together’.

Las películas seleccionadas de este director son las siguientes:

Título: ‘2046′
Título original: ‘2046′
Año: 2004
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Ziyi Zhang, Chang Chen, Faye Wong, Maggie Cheung

Título: ‘Deseando amar’
Título original: ‘Fa yeung nin wa’ / ‘In the mood for love’
Año: 2000
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu


Fechas de visionado: Del 30 de Marzo al 15 de Abril
Fechas de comentarios: Del 16 al 20 de Abril

Blogs que participan:

Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fabrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, Sesión Doble, Ekilore, Rulemanes para Telémaco, Arteyliteratura, La linterna mágica, Rod@ndo, The Observer.

 

 

Van Cliburn toca a Liszt

El otro día mencioné que había abandonado al ortodoxo Van Cliburn por el ecléctico, extravagante Gould. Aqui es dejo un ’cachito’ de Van Cliburn, un pianista excepcional.

Gerard Vergés, Tretze biografies.

Gerard Vergés, Tretze biografies.

He estado leyendo un libro de Gerard Vergés, Tretze biografies imperfectes, (Premi Josep Pla 1985), publicada por Destino un año después. He encontrado algunas muy interesantes, no porque el libro sea erudito o muy profundo, sino porque ofrece sugerencias, pensamientos del autor que me han enriquecido. Por ejemplo, me ha recordado a un pintor en el que hace mucho que no pienso: Gustave Moreau, a quien califica de decorativo (y es muy cierto), aunque no es menos cierto que también lo es Klimt, por ejemplo, y su fama ha sobrevivido. No así la de Moreau, ya muy olvidado. Me ha sorprendido saber que hay un Museo Moreau en París (yo me las daba de conocer todos los pequeños museos parisinos y he aquí uno que se me había escapado).

Vergés  me habla también de aquella pintura, vista en el Musée d’Orsay, el Desayuno en la hierba, de  Edouard Manet, y de su protagonista femenina, Victorine Meurent, musa de Monet hasta la aparición de Berthe Morisot (a quien pinta en El balcón), la pintora impresionista de la que acabaría enamorándose locamente y que se casó con su hermano Eugène. Una forma –dice Vergès- como cualquier otra de convertirse en Madame Manet.

Me recuerda el autor que Victorine fue la protagonista no sólo del famoso –y escandaloso- Desayuno, sino de la también famosa Olimpia, y de La dama del papagayo. Como es posible que en mayo vaya un fin de semana a París, puede que busque el museo Moreau y que mire, con más interés y conocimiento de causa esos retratos de Victorine pintados por Manet.

 

Samuel Beckett, algunas poesías

Samuel Beckett, algunas poesías

Mi amor por Beckett nació hace décadas, al amparo de su obra para teatro. Más tarde leí sus novelas: siempre me deslumbró. Beckett escribe la escritura. Las palabras aparentemente caóticas entran en el orden universal para decir su propio sonido, para ser ellas mismas y nada más. Me gusta la desnudez anti-retórica de su lenguaje, me gustan sus palabras y sus silencios, es como una música: tan abstracto y sin embargo, tan comunicativo. Finalmente, llegué a su poesía. Como con tantos otros artistas que me hablan, Beckett me habló, no al oído, sino al corazón y a la cabeza, hiriéndome doblemente con el fulgor de su silencio hablado. Y como soy leal y fiel a mis amores, he sido fiel a Beckett y aquí os lo traigo en estos pequeños poemas, llenos de nocturno clamor.

 

  • noche que tanto haces

que imploremos el alba

por favor noche

cae

 

  • viejo ir

viejas paradas

 

ir

ausente

ausente

detenerse

 

 

* locos que decíais

Nunca más

Deprisa

Repetidlo

 

  • sueño

sin fin

ni tregua

en nada

 

  • de dónde

la voz que dice

vive

 

      de otra vida

 

  • palabras

supervivientes de la vida

un poco más aún

hacedle compañía

 

  • con paso firme

sin esperar ya nada

yendo sin norte

a sí mismo adelanta

 

  • al oírse decir

que ya no falta mucho

la vida al fin a sonreír

abiertamente se le puso

 

  • no más

recuerdos que a la edad

de abril un día

de un día

 

  • una noche su sombra

se le reapareció

alargose y ya pálida

se disolvió

 

Samuel Beckett, Mirtlitonnades (1976-1978) y Letanías (1978),, Ediciones Hiperión, Madrid, Ed, trad., estudio y notas de Jenaro Talens (ed. Trilingüe).

 

Arte y vida de Glenn Gould, de Kevin Bazzana

Arte y vida de Glenn Gould, de Kevin Bazzana

Tras algunas confusiones con la distribuidora, por fin, hace una semana y media, mis libreros, Ferran y Pilar, del Celler de Llibres, me pudieron entregar el flamante ejemplar de Vida y arte de Glenn Gould, de Kevin Bazzana y publicado por Turner.

Se trata de un libro de casi 600 páginas, con una tipografía menuda y algunas fotografías de Gould en blanco y negro.

No es una hagiografía, y Bazzana, musicólogo canadiense y profesor de la prestigiosa Universidad de Berkeley, traza en ella, sin ambages, las contradicciones, las flaquezas y las excentricidades del famoso pianista, así como sus inmensas cualidades como persona, como intérprete-compositor y como documentalista de radio y creador de arriesgados experimentos de radio-arte.

No puedo recordar cuándo ni cómo escuché por primera vez a Gould, ni cuándo lo vi en alguna de las grabaciones de la CBS, pero sé que fue en mi adolescencia. En aquellos tiempos, otro gran pianista me encantaba: Van Cliburn. Que yo era ‘rara’ ya lo he comentado antes aquí, por boca de mis hijas. La verdad es que me gustaban también Elvis Presley y Enrique Guzmán. Tanto Gould como Van Cilburn estaban en mi pequeño Olimpo particular. Con el tiempo volví a Gould, dejando por el camino a Van Cliburn, quizás injustamente, y hoy tengo de él casi toda su discografía y muchas de las grabaciones documentales que hizo para la cadena canadiense en dvd. También me compré hace tiempo esa pequeña obra maestra que es “32 pequeños films sobre Gould” de Francois Girard (1993)  y las dos películas de Bruno Monsaingeon.

 

A pesar de todo ello, mi ignorancia sobre Gould es oceánica, como me pasa con tantas otras cosas, de modo que la lectura del libro de Bazzana viene a cubrir un hueco: no sabía, por ejemplo, que su infancia en Toronto había sido tan especial, ni que sus padres habían sido convencidos puritanos protestantes y que por esa razón le habían apartado cuidadosamente de ser considerado un ‘niño prodigio’, a la vez que habían hecho todo lo posible porque su formación fuese la mejor en un medio todavía muy provinciano, en una ciudad muy cerrada, primitiva en muchos aspectos, pacata en todas sus manifestaciones. El padre de Gould, Bert, además de comerciante con una buena posición, había sido un impulsor de actividades musicales dentro de la comunidad religiosa a la que pertenecían, así como la madre, Florence, que tocaba el piano y que fue quien enseñó a Gould desde pequeñito a pulsar las teclas, siendo uno de los amores más intensos de Gould, a quien no pocas se veces se tildó de padecer un complejo de Edipo (vivió con sus padres hasta los 30 años y no parecía dispuesto a cambiar esta situación hasta que se hizo evidente que debía ‘independizarse’). Su madre tenía 40 años cuando Glenn nació y fue hijo único y mimado.

Gracias al libro de Bazzana, me imagino perfectamente a un pequeño Gould, tocando himnos religiosos, con una intuición o con un don que quién sabe de dónde provenía…

Gould sufrió el acoso y la agresión en la escuela a causa de su radical diferencia de personalidad. Odiaba la escuela y al mismo tiempo, su entrega a la música era ya absoluta. Su pedantería partía de la seguridad absoluta que tuvo desde pequeño acerca de su talento y de su indiferencia por todo lo que no fuese el lenguaje musical.

Antes de leer el libro llegué a creer a pie juntillas que Gould padeció algún trastorno de la personalidad (se ha hablado tanto del síndrome de Asperger al respecto), pero después, me he dado cuenta de que Gould no era un autista, porque no sólo se dedicó a su faceta interpretativa (yo siempre creí que se aislaba del mundo en una burbuja de sonidos), sino que llevó a cabo numerosos y persistentes esfuerzos en otros campos como el de la escritura, las conferencias, los programas radiofónicos y televisivos, la composición, y en todas esas actividades entró en contacto con muchas personas a las que trató durante años cariñosamente, aunque después, súbitamente, pudiera abandonarlas. Yo también lo hago. Así que, cualquiera que fuese el trastorno que padeció Gould, no le impidió disfrutar de su vida, tal como él concebía la felicidad.

Me gustó saber que Gould nunca fue de prima donna por el mundo, que era un hombre cortés, amable y sencillo. Independiente, pero no aislado de los demás: al menos, no totalmente aislado.

El mito de sus extravagancias acompaña a Gould, pero estas extravagancias están fundamentadas en la obsesión por la música y en la obsesión por su propio cuerpo, que él deseaba que fuera un instrumento perfecto (su salud lo obsesionaba a un punto tal que tomaba decenas de pastillas cada día y veía al médico cada dos o como mucho, cada tres semanas, con síntomas que anotaba cuidadosamente). Su obsesión por buscar el piano perfecto es paralela a su hipocondría, a su manía por tomarse la presión cada 5 minutos, por zamparse decenas de pastillas al día; se cubría con infinidad de prendas de abrigo, bufandas, guantes, en pleno verano; abandonó las salas de conciertos a los 32 años, tras un sinfín de cancelaciones y de quejas; trajinaba por todas partes la ruinosa y chirriante sillita que le había construido su padre, sin la cual jamás tocó ninguna pieza; inventó el ‘clavipiano’, una mezcla de piano y clavecín de su invención que al parecer torturaba con su metálico sonido a no pocas audiencias azoradas… Bazzana pasa revista, asimismo, a los incesantes canturreos, los movimientos incontrolados de sus piernas, la mano que cada vez que no tocaba una tecla se alzaba en una especie de auto-dirección musical y todos esos manierismos que ponían los pelos de punta a muchas audiencias severas.

Su ansiedad era permanente y su necesidad de soledad, también.  La falta de relaciones amorosas de Gould ha hecho correr ríos de tinta. Sin embargo, nada permite suponer, según el autor,  que fuese homosexual: es posible que el sexo o el amor no hayan tenido cabida en su vida o que hayan sido para él una cosa secundaria, esporádica, oculta a los ojos de los demás. Su compromiso era solamente con la música. Probablemente su narcisismo impidió que se volcara con alguien que no fuera él mismo, pero es evidente que había muchas personas que le importaban. En primer lugar, sus padres, en segundo lugar, sus amigos, en tercer lugar, sus colaboradores. Hay una frase suya que merece ser citada, en este contexto: “Preguntado por cuál sería su consejo a algún joven músico, respondió: que abandone todo lo demás”.

Sin embargo, su necesidad de llamar la atención y de proclamarse original en medio de la general mediocridad le hizo desdeñar injustamente la influencia que tuvo en su carrera su maestro Alberto Guerrero, un musicólogo e intérprete chileno que lo marcó para todo (especialmente en su extraña técnica pianística, tan cerca su cara del teclado, en esa posición casi fetal tan bien conocida por todos sus admiradores). También lo marcó con sus filias: Bach y la música dodecafónica en general, y en particular a Shönberg, a quien Gould veneraba siguiendo a Guerrero, que había sido siempre un innovador, un hombre de vanguardia.. Y más todavía, según Bazzana, alguna grabación privada de Guerrero muestra las similitudes entre su estilo de interpretación y el de su discípulo más conocido.

La actitud de Gould para con el chileno fue de ingratitud. Sin embargo, el mismo Guerrero enseñaba que nada era peor que el servilismo, de modo que Bazzana insiste que lo que hizo Gould con Guerrero debe entenderse como un éxito de la propuesta pedagógica del chileno: nada de nostalgias ni de respeto por la autoridad o la tradición. Por encima de todo, la visión del pianista debe ser autónoma, original, audaz y sincera.

El tardo-romanticismo de  Gould queda patente a lo largo del libro: su amor por Strauss o Scriabin, o incluso por Orlando Gibbons, por ejemplo, es significativo. También la estructura de sus propias composiciones, que en general se quedaron como mero proyecto, a pesar de que desde los 16 años declaró que él era, por encima de todo, un compositor. Bazzana confirma que a Gould le faltaba una preparación académica para dedicarse a la composición, al tiempo que parecía incapaz de pedir consejo o de admitir que como compositor tenía los fallos de un principiante.

En esta obra quedan patentes las poderosas fobias: Mozart. Scarlatti, Debussy o Mussorsky entre otros: todo lo que Gould consideraba superfluo, innecesario, antiético en la música. Porque sobretodo, en esta obra de Bazzana queda muy claro que Gould no sólo consideraba a la música estéticamente, sino que la consideraba desde una perspectiva profundamente ética y moral y  que esa perspectiva dominaba a todas las demás aproximaciones que hizo a la música.

Bazzana explica perfectamente el porqué abandonó los conciertos, su entrega al mundo de las grabaciones, la perspectiva moderna y democrática que tenía Gould de la música en el siglo XX, su fe en las nuevas tecnologías: el anhelo de perfección que lo embargaba al editar sus interpretaciones en un estudio de grabación, si interés, casi maniaco en su obra de documentalista radiofónico con obras como La idea del norte y otros, todos basados en el contrapunto de las voces.

 

En ciertos momentos, el libro de Bazzana es excesivamente técnico, pero siempre es interesante e informa de todo lo que tiene relevancia para entender a este músico excelso, cuyo legado, para mí y para muchos,  sigue siendo inestimable.

 

 

Kevin Bazzana, Arte y vida de Glenn Gould, ed. Turner, Madrid, 2007. Trad. de Eugenia Vázquez Vacarino y Miguel Martínez-Lage.  

http://www.turnerlibros.com

 

Razones religiosas de la castellanización de indios en Nueva España ( 6 )

Razones religiosas de la castellanización de indios en Nueva España ( 6 )


 

En la Pastoral, Lorenzana invoca dos razones de tipo religioso para castellanizar a los indios de la Nueva España: la primera, la imposibilidad de que las lenguas indígenas puedan expresar las verdades teológicas del catolicismo. La segunda, que los párrocos, expresándose en lenguas ajenas a la suya, pueden cometer (involuntariamente) graves errores en los dogmas y aun herejías. Ambos puntos están íntimamente ligados.

Después de escribir que el náhuatl es una lengua pobre y bárbara*, Lorenzana agrega que “A el (idioma) mexicano le hicieron más abundante los castellanos, que le aprendieron inventando varias composiciones de vocablos para adornarle. Los indios en su lengua no tenían términos para los Santos Sacramentos de la iglesia, ni para los misterios de nuestra Santa Fe, y aún hoy no se hallan para su explicación los propios y que den cabal idea”.

Y en efecto, para explicar a los indios el misterio de la Trinidad, se tenía que hacer uso de una palabra que en realidad significa “un dios con tres nombres”. Por otra parte, para la mentalidad indígena, el universo de los santos no podía ser entendido ni asumido como propio más que como un elenco de dioses menores que estaban subordinados a un dios mayor.

En el siglo XVIII, por poco que se escarbara en la cultura cristiana de los indios, se podía advertir de inmediato que habían asimilado las explicaciones de los párrocos a su propios sistema religioso y cultural. Incluso el culto a Jesucristo estaba relacionado, en muchos parajes con el antiguo sacrificio humano a los dioses. En esa figura sangrante y martirizada, ellos veían la repetición metafórica de sus antiguos ritos. Por ejemplo, en el santuario de Chalma se había adorado, antes que la figura del famoso “Santo Señor de Chalma”, una “figura de palo grande” (es decir, un dios indígena).

Como es sabido, el culto a la Virgen de Guadalupe, surgido a finales del siglo XVI, se confundía, en la imaginación de los indígenas, con el culto a la diosa Tonantzin, cuyo santuario se hallaba, originalmente, en el mismo lugar que luego ocupó el de la Virgen morena.

En el pueblo de Huitzilopochco (hoy Chrurubusco), un cura del siglo XVII, “tomó piedras de una plataforma de un templo en ruinas del norte del pueblo para hacer reparaciones en la iglesia: la comunidad indígena protestó contra ese acto por considerarlo una profanación. La comunidad informó audazmente al cura que ‘en ese lugar reside toda la fuerza del pueblo’”.

El sincretismo religioso fue un fenómeno palpable y extendido desde los albores de la evangelización. Lo que varió sustancialmente fue la reacción de los españoles frente a ese hecho. A principios del siglo XVII, el arzobispo de México, fray García Guerra, asistía con complacencia a las ceremonias indígenas, que en cambio, Lorenzana, en el XVIII, encontraba absolutamente intolerables. Los bailes del Volador y los “mitotes” organizados en los atrios de las iglesias o en sus inmediaciones habían existido siempre, pero fue a mediados del siglo XVIII cuando comenzaron a irritar profundamente a la jerarquía clerical, precisamente por la razón que hemos expuesto más arriba: por la creciente conciencia del fracaso colonizador.

Castellanizando al indio se pensaba que se podría evitar el sincretismo religioso; pero en el fondo lo que se deseaba era la destrucción global de su cultura para sustituirla por la castellana. Tampoco este razonamiento de Lorenzana era nuevo: si los indios son bárbaros y así también su lengua, al darles una nueva lengua se les civiliza y castellaniza a un tiempo. Con ello se pretende “desculturizarlos” y asimilarlos a la ideología y al sistema político, económico e ideológico de España, convirtiendo a la Colonia en una simple provincia sin rasgos de identidad propios. Pero esta idea, que todos los imperialismos han acariciado, jamás se ha hecho carne, pues los pueblos sometidos siempre han conseguido mantener su cultura diferenciada y esencial.

 

* Lorenzana se contradice sobre este punto, pues en su prólogo a la edición de las Cartas de relación de Hernán Cortés, el prelado dice exactamente lo contrario: “(El idioma náhuatl) es muy elegante, dulce y muy abundante en frases y composiciones, y en esto no se puede dudar, por confesarlo todos cuantos le han aprendido y penetran su significación” (Prólogo, p. 5). Como se ve,. El arzobispo daba opiniones distintas sobre la lengua náhuatl, según se tratara de denostarla por razones políticas en su Pastoral o de dignificarla para enaltecer la “gran nación” conquistada por el “esclarecido Hernán Cortés” (Pastoral, p. 148).

Elisabeth Vigée-Lebrun

En memoria tuya, pequeña amiga mía:


La vida de Elisabeth Vigée Le Brun ( 1755-1842), me ha intrigado desde hace tiempo. Una querida amiga mía, recientemente desaparecida, utilizaba ese nombre por internet y hace unas semanas compré por amazon una biografía suya. Elisabeth Vigée Le Brun, The Odissey of an artist in an Age of Revolution, de Gita May.
Lo primero que me llamó la atención de las pinturas de Vigée que pude admirar en París es su trazo delicado, y también su fuerza expresiva. Como pintora, destacan la maestría y la soltura de su enfoque, aunque se le pueda reprochar que cultivó el halago y se convirtió, a través de esa mirada esteticista y favorecedora, en la principal retratista de su época, que fue de transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo. Rubens y Van Dyck fueron sus modelos (Van Dyck, junto con Antonio Moro, Sánchez Coello y Sofonisba Anguissola están también entre mis retratistas preferidos). Vigée se mueve en esos parámetros, quizá añadiendo algo de la gracia y de la superficialidad de un Fragonard o de Boucher.
Aunque a veces dolida porque el subgénero del retrato no estaba entre los mejor valorados en su tiempo, Vigée llegó a ganar más dinero por sus retratos que Sir Joshua Reynolds, y fue apreciada por las aristocracias, las casas reinantes y las elites en toda Europa, incluida la Rusia de Catalina la Grande, donde llegó a pintar unos 50 retratos.
Fue la retratista oficial de María Antonieta y de sus hijos, el primer Delfín, Madame Royale y el que después sería el segundo Delfín de Francia, llamado más tarde Luis XVII, que murió trágicamente tras años de cruel cautiverio, pero su larga vida le permitió retratar a personajes de generaciones muy diversas tanto en Francia como en el extranjero.
En el libro que nos ocupa, Gita May señala acertadamente que la visión que Elisabeth dio sobre la reina María Antonieta forma parte de una estrategia publicitaria para contrarrestar la mala fama que ésta ya tenía entre sus súbditos y tratar de presentarla como una mujer similar a las otras mujeres, madre y esposa amante.
Sin embargo, sus intentos (por ejemplo en el retrato en camisa de campesina), fueron recibidos como escandalosos e irritantes e incluso como una afrenta contra la majestad de los reyes. Fuerzas encontradas estaban en juego entonces en Francia, y muchos no se dieron cuenta de que esta visión simplificada de María Antonieta como mujer era un argumento a favor de la austriaca en un país en el que era rechazada (y pronto se vería cuánto). No cabe duda que la fama de Vigée se asentó sobre esta relación, que le permitió despegar de un modo fulgurante cuando tenía sólo 20 años.
Pero Vigée no sólo retrató a la reina, también a muchos cortesanos, como la duquesa de Polignac, Madame du Barry, la condesa Bocquoi, y , ya en su exilio, la famosa Lady Hamilton o las nietas de Catalina la Grande.
Vigée se había hecho un nombre en Francia, pero la Revolución Francesa y su estrecha relación con María Antonieta la obligaron a partir (aunque su marido, el marchante de arte, Jean Baptiste Pierre Le Brun permaneció en Francia y defendió su recuerdo en épocas aciagas para ella, a pesar de que tuvieron que divorciarse por razones políticas).
Este periplo, que inició en Italia y prosiguió en Suiza, Italia, Inglaterra, Polonia y Rusia, paradójicamente engrandeció su fama, extendiéndola a toda Europa, y también sus horizontes y sus contactos con los grandes pintores europeos. Asimismo, pudo contemplar y estudiar a los grandes maestros, y aunque menos conocidos, sus paisajes y sus cuadros históricos y mitológicos ganaron con ello.
Los autorretratos de Vigée, a la par que muestran su narcisismo, complacido ante su propia belleza, son deliciosos. Y también sus "maternidades" en donde se pintaba al lado de su hija Julie, tal vez para demostrar que aunque era una pintora famosa y ampliamente conocida, no por ello descuidaba su papel de mujer y de madre.
A su vuelta a Francia, Vigée apenas había perdido un poco de reconocimiento, y pintó a la hermana de Napoleón, Carolina Murat y a Madame de Staël, entre otras nuevas celebridades.
A base de talento y de dedicación, Vigée ocupó un lugar preeminente en su época, y sólo la Historia del Arte posterior le ha jugado una mala pasada: no así sus coetáneos, que la celebraron como una de las grandes artistas de su siglo.

Gita May, Elisabeth Vigée Le Brun, The Odyssey of an artist in an Age of Revolution, Yale University Press, Michigan, 2005.

Villa Amalia de Pascal Quignard

Villa Amalia de Pascal Quignard


La última novela de Pascal Quignard, Villa Amalia, es una novela con varios estilos y varios narradores: escueta y detallista, casi objetiva como un informe en algunas de sus partes; poética y reflexiva en otras. Narrada desde fuera y desde dentro por diversos narradores cuya implicación en la trama varía de la primera a la tercera persona.

Es una historia de muerte, renacimiento y muerte otra vez: la de una mujer (Anne Hidden: Ana Escondida, Ana Oculta), que por una razón aparentemente banal abandona su vida, toda su vida. Qué curioso es encontrar en dos escritores tan distantes como Auster y Quignard ese mismo motivo: el abandono de todo, la renuncia a todo: el cataclismo de una vida que en un momento dado no puede seguir siendo. Hay una vida que debe terminar bruscamente, alguien debe buscar otros lugares, despojarse de todo, terminar una biografía (un pasado), para fraguarse un futuro, quizá todavía más doloroso.
La metamorfosis que plantea la huida es cuidadosa y puede darse sólo a partir de un azar: el encuentro entre Anne y un antiguo compañero de la escuela, un paisano bretón. Un ser al que había olvidado completamente y que aparece en el lugar justo y en el momento necesario para que Anne pueda desaparecer de su vida y resurja en otro sitio, sin ataduras, aunque no sin dolor.
Anne es minimalista, como lo es el propio Quignard, y también es música, como él. Su aislamiento debe ser parecido al del autor francés, capaz de publicar seis libros en un año. Volviendo a Auster, que se define como un hombre que escribe, encerrado en una habitación, yo imagino a Quignard del mismo modo: atado a su escritura como al aire que respira. Igualmente, Anne vive atada a su soledad y silenciosa, buscando hogar y encontrándolo; buscando despojar a su música de todo adorno y buscando también despojar su vida de todo lo accesorio, de todo lo que es fútil, transitorio.
Pero la futilidad estará enraizada en la misma vida, que fluye, y que la coloca de nuevo en una situación imposible: la de la pérdida de un ser querido: una niña, un ser con el que Anne se regocija y renace, se comunica, Una niña que media entre Anne y la realidad del sentimiento humano al que nadie puede resistirse. Anne media también entre la niña y el mundo: el mundo de la música, el mundo de las tormentas, el mundo de los cataclismos, hasta que el cataclismo la recoge y se la lleva.
Villa Amalia es una historia de abandonos perennes, el de la muerte, por supuesto, pero también el de los seres que, sabiéndose extraños a casi todo, tienen el valor de abandonar el bullicio y el valor de elegir el silencio y la soledad.


Citas:


* Los que no son dignos de nosotros no nos son fieles. Eso es lo que estaba pensando en el sueño que estaba soñando.
Observamos sentados en nuestros sillones, tumbados en nuestras bañeras, acostados en nuestras camas, a unos seres embotados o ausentes para los que ya no existimos.
No es a ellos a quienes traicionamos al abandonarlos.
Su inercia o sus quejas nos han abandonado antes de que pensáramos en separarnos de ellos.
Cruzó la tercera frontera sin dificultad alguna.

* Zapatos cada vez más manchados de barro, sucios, cenagosos,
llenos de hierbas,
de tanto andar por doquier en la isla. Andaba infatigablemente. Surcaba, se hundía en todos los caminos, bajaba todas las cuestas del volcán cada día.

* Pues la vida entre hombres y mujeres es una perpetua tormenta.
El aire entre sus rostros es más intenso - más hostil y más fulgurante- que entre los árboles o las piedras.
A veces, escasas veces, hermosas veces, el rayo cae de verdad, mata de verdad. Es el amor.
Tal hombre, tal mujer.
Caían hacia atrás. Caían de espaldas.

* En el mundo en que viven las abejas, las obreras cambian de funciones al envejecer. Limpiadoras en los primeros días, luego nodrizas, luego ceríferas durante lo que sería la segunda década de su vida, al final libadoras hasta su muerte. Al envejecer, yo me he vuelto libadora.

* Algo de lo incomunicable se le ha comunicado a esta mujer e ilumina mi vida.

* A final aceptó. Al final se dio cuenta de que en parte él tenía razón. El deseo que el otro tiene de sí mismo inventó un reino cuya desaparición lo llena de dolor.

Pascal Quignard, Villa Amalia, Espasa, Madrid, 2006 (Traducción de Ascensión Cuesta).

O Solitude de Henry Purcell

O Solitude de Henry Purcell

Me encanta  Henry Purcell. Ahora que un amigo mío sufre, quiero enviarle, dejarle aquí, esta hermosa canción llena de esperanza, este elogio de la soledad:

 

O! Solitude, my sweetest choice

Places devoted to the night,

Remote from tumult, and from noise,

How you my restless thoughts delight!

O Heavens! what content is mine,

To see those trees which have appear’d

From the nativity of Time,

And which hall ages have rever’d,

To look to-day as fresh and green,

As when their beauties first were seen!

 


Letra: Katherine Philips, poeta renacentista inglesa.


Música: Henry Purcell
Canta: Alfred Deller


No te salves, de Mario Benedetti

No me gusta Mario Benedetti como poeta, pero este poema de Benedetti, me gusta.

También me gusta esta película de Eliseo Subiela donde Benedetti recita en alemán, y donde Darío Grandinetti recita a Benedetti ( El lado oscuro del corazón, algún día hablaré de ella).

 

 

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

 

La resistencia indígena a la castellanización ( 5 )

La resistencia indígena a la castellanización ( 5 )

Además de que tanto el clero regular como el secular se resistieron a extender el castellano entre los indios de Nueva España, los indios también rehusaron aprenderlo en muchos casos, cuando tuvieron ocasión de hacerlo. A partir del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, este fenómeno se agudizó.

 Dice el arzobispo Lorenzana: ‘Y siendo uno de los decretos más repetidos santa y justamente en las leyes de estos reynos, y encargado a las dos potestades el que los indios aprendan el castellano y lengua propia de Nuestro Soberano, en lugar de haberse adelantado, cada día parece que se debilita más la execución’, y agrega: ‘Pues si los indios envían a sus hijos a la escuela, es más por temor al castigo que por deseo de su enseñanza y buena educación’.

En su Pastoral, Lorenzana parece dar por hecho que en todas las escuelas de los conventos se impartía el castellano, lo cual es incierto si tomamos en cuenta un dato histórico: en 1778 se ordenó la reapertura de los Colegios de Santiago Tlatelolco y de San Juan, y se especificó que en ellos se enseñaría el castellano, lo mismo que en las escuelas de los conventos y en las escuelas para indios de los pueblos. Todas ellas deberían también enseñar a escribir y leer (punto que hasta entonces no venía aclarado en ningún documento). Pero el Virrey ordenó el cumplimiento de esta ley en 1782, y aun debemos agregar que la promulgación de la ley en fecha tan tardía no necesariamente supuso su cumplimiento.

Como vemos, hasta finales del siglo XVIII y con excepción de los primeros años de la colonización, el castellano no se enseñó habitualmente en las escuelas ni fue asignatura obligatoria o generalizada en los colegios de indios, que por otra parte no siempre estuvieron abiertos.

Es evidente que tampoco había interés por parte de los indios en este estudio. En 1822, ya concluida la Independencia,  el Colegio de Santiago Tlatelolco contaba solamente con 19 niños y 4 niñas indígenas.

Si recordamos que en el siglo XVIII hubo unas treinta rebeliones indígenas, podemos comprender el creciente sentimiento de inseguridad que atenazaba a las autoridades coloniales de la época de Lorenzana.

Este aspecto claramente político de la cuestión de la lengua como ‘compañera del Imperio’ es expresado por Lorenzana en lo siguientes términos: ‘ El hablarse un mismo idioma en una nación propio de su Soberano y único monarca engendra cierto amor e inclinación de unas personas a otras, una familiaridad que no cabe entre los que no se entienden, y una sociedad, hermandad, civilidad y policía que conduce mucho para el gobierno espiritual, para el trato doméstico, para el comercio y política, como también ir olvidando los conquistados insensiblemente sus enemistades, sus divisiones, sus parcialidades y su aversión a los que mandan’.

Con esta conciencia, los españoles publicaron cédulas en las que se ordenaba imponer la lengua castellana en 1770, 1771, 1774, 1782, 1786, 1788, 1791…Al mismo tiempo, esta proliferación de órdenes demuestra que el proyecto castellanizador de Lorenzana no se llevó a cabo ni siquiera a finales del siglo XVIII.

Los indígenas se mostraron reacios a aprender el castellano porque se percataron de que para conservar su identidad cultural, debían preservar sus lenguas. Dadas las circunstancias, tampoco se vieron en la necesidad de resistirse demasiado, puesto que clero y autoridades administrativas vacilaban tan frecuentemente en la política lingüística.

Todavía hoy, en el México actual, se hablan docenas de lenguas prehispánicas con sus respectivos dialectos, y los gobiernos de la república siguen impulsando campañas de castellanización con moderados, tibios resultados. A la civilización occidental que se les presenta como cebo, ellos responden defendiendo su propia cultura y su propia lengua y valores.

 

La Bella y la Bestia de Jean Cocteau

En 1946, el cineasta, poeta y pintor Jean Cocteau estrenó una de las películas más hermosas jamás filmadas: La Bella y la Bestia. Jean Marais, a la sazón amante suyo, llena la pantalla con su magnetismo, su belleza y sus enormes ojos claros. Dota a la Bestia de la majestad y de la melancolía que requiere esta historia de amor aparentemente imposible.
Bella, que no sólo es bella sino buena, es fotografiada por Cocteau con reminiscencias de La joven de la perla, de Vermeer.
Ella es Diana, la virgen pagana, y Bestia es el sol, con su enorme melena dorada de león hirsuto, ardiendo (literalmente) de deseo.
El castillo donde habita ese ser solitario, pasional, intuitivo y desdichado está lleno de presencias: brazos sin cuerpo que sostienen los candelabros, puertas que hablan, espejos que muestran la imagen deseada. Bella se desliza por los pasillos como una aparición (efecto que Coppola plagió en su estimable Drácula), y ambos consiguen enamorarse del otro en esa convivencia forzada y un poco cruel.
A pesar de que Cocteau contaba con un presupuesto modesto y utilizó deshechos de la guerra para crear ese maravilloso escenario y ese vestuario deslumbrante, la película brilla en todas sus partes y constituye toda ella un poema. Decadentista y esteticista aun siendo vanguardia pura, su estilo me fascina, tanto en El águila de dos cabezas, como en El testamento de Orfeo (en donde deslumbran Marais y la actriz española María Casares), o en el díptico de Los padres terribles, que por cierto se dice que estaba basada en la vida de los de Balthus (el mundo es un pañuelo).
Hoy que vuelvo a ver La bella y la Bestia me vuelve a maravillar su romanticismo surreal. Plagada de erotismo y de pureza, es una obra que permanecerá, porque hay películas que no envejecen y ésta es una de ellas.


La bella y la bestia, (Francia, 1946). Director y guionista(sobre le cuento dieciochesco de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont: Jean Cocteau; Reparto: Josette Day, Jean Marais (en el triple papel de Avenant, Bestia y Príncipe), Marcel André, Mila Parely, Nane Germon, Michel Auclair;Productor: André Paulvé; Fotografía:Henri Alekan;Música: Georges Auric; Escenografía: Christian Bérard y René Moulaert; Vestuario: Christian Bérard.

José Tomás reaparecerá en Barcelona el 17 de junio

José Tomás reaparecerá en Barcelona el 17 de junio

José, tu afición te espera.
Nos has dado las tardes más puras de un arte milenario. Sólo tú posees el secreto. Valor, temple, belleza viva, irrepetible.
Verte torear fue como ver pintar a Velázquez sus Meninas.
Creímos que nunca volveríamos a vibrar con esa fiesta que si no es arte supremo es sólo carnicería y barbarie.
Tú elevas.
Serás muy bienvenido en esa Plaza Monumental de Barcelona que te ha visto bordar las más bellas secuencias de movimiento grácil o de inmovilidad escueta y verdadera. Frente a frente, poder contra poder, lucha hermosa de hombre y bestia cuya hondura no puede ser descrita porque se resuelve en belleza oscura y escalofrío. Única muerte hermosa. Rito. Inteligencia y valor armonizados con el poderío del bicho y con su nobleza.
Único torero vivo que merece llamarse Artista (con mayúscula), nos dejaste el sabor de aquellas tardes en las que tu aspiración y la nuestra se veía cumplida.
Ni antes ni después pudimos ver y vivir nada que lo igualase.
Torero del silencio, de la verdad más honda. Quién podría olvidar tus naturales imposibles, donde hombre y bestia se superponían en un espacio que parecía el mismo espacio, desafiando las leyes de la física de los cuerpos. Tus volapiés, tus gaoneras, tus escalofriantes chicuelinas. Torero majestuoso, has encontrado la cuadratura del círculo en silencioso diálogo contigo mismo.Torero ensimismado y reflexivo, torero metafísico y filósofo.


Ya queremos que sea 17 de junio en Barcelona.

Balthus, Memorias y pintura

Balthus se ha introducido en mi vida esta semana, tras algún tiempo relegado al baúl de los recuerdos.  Mi librero, Ferran Pontón, me señaló el apetecible ejemplar de Mitsou, historia de un gato, seguido de Cartas a un joven pintor que contiene dos textos de Rilke ( segundo marido de su madre), acompañados de los dibujos con tinta china que Balthus hizo cuando sólo tenía 6 años y en la que narraba la historia de su gatito perdido.Instigada por este hallazgo y persiguiendo mis obsesiones que, como señala mi hija Paulina, son innegables (lo dijo porque yo niego ser obsesiva en mis pasiones ya que creo que soy una persona superficial, atenta a demasiadas cosas a un tiempo), volví a leer las Memorias de Balthazar Klossowski de Roda, conocido en el mundo del arte con el nombre de Balthus.
En mi juventud pasé mucho tiempo ‘cerca’ de Gide, de Rilke, de Pierre Klossowski (el hermano ‘perverso’ de Balthus), de Bataille, de Michaux y por supuesto de Balthus, al que durante una etapa de mi vida tuve en un altar al lado de Lucien Freud. Ahora, una vez más, compruebo cómo no me equivoqué del todo en el sentido de que lo que amé intuitivamente ha pasado a ser algo que puedo seguir amando, algo con lo que puedo identificarme sin dudar un solo instante. La recurrencia de los conceptos sobre el silencio y el apartamiento del mundo que me son tan caros son el leit-motif de estas excelentes, poéticas Memorias.

Balthus señala sus filias: Poussin, Cèzanne, Giacometti, Picasso, Tàpies, Miró en lo moderno; abunda sobre el amor que siente por los italianos Piero Della Francesca, Giotto, Masaccio, Simone Martino, Fra Angelico; subraya la indiferencia que siente ante la obra de Vasarely, Rouault o Piet Mondrian.
También manifiesta su disidencia con la obra de su hermano Pierre, o su distanciamiento de Francis Bacon o de Chagall, porque no comparte con ellos su visión sobre la finalidad del arte, a pesar de que reconoce en ellos a pintores de gran importancia.
Las Memorias hablan sobre todo de su pintura, de la pintura, del pintor como sacerdote de la belleza. Fragmentariamente, rememora episodios de su vida, de su infancia, de su juventud, de sus amores, de su época, pero todo gira alrededor de la pintura, centro y sol de la existencia de Balthus.
 
Reivindica sobre todo la concentración, la entrega absoluta a la obra, la búsqueda de la belleza y de la perfección a través del silencio para encontrar la luz.
 

 
Dejadme que comparta con vosotros estos fragmentos:
 

  • Pintar no es representar, sino penetrar. Ir al fondo del secreto. Ser capaz de sacar la imagen interior. De modo que el pintor también es un espejo. Refleja el espíritu, el rasgo de luz interior.

  • Un retrato es un fragmento del alma que se atrapa.

  • Yo veía lo que había que pintar a través de Bonnard y de Cèzanne, y también de lo que escribía Rilke, era el mundo invisible y visible a la vez, el lugar donde lo real y el sueño llegan a tocarse y nos llevan muy lejos.

  • No se puede pintar en la algarabía del mundo, con sus facilidades y seguir su mismo compás. Por el contrario, debemos conseguir cada vez más soledad y silencio, mezclarnos con los maestros de antaño para volver a inventar el mundo y no dejarse enredar por las falsas sirenas, el dinero, las galerías, la vida mundana...

  • El pintor no sabe nada de eso. Pinta, eso es todo, no intenta traducir nada. Lo que se debe buscar por todos los medios es el silencio. Por eso me parece ridículo y superfluo tratar de explicar la pintura con la palabra ¿Qué palabras, qué frases podrían expresar los espacios de silencio, secretos y oscuros, a los que todos queremos encontrar un sentido, del que todos queremos tomar algo?
 
  • Hay que esforzarse por recuperar el alma, que ha sido mermada, borrada, trabajar para volver a hechizar el mundo. Es la tarea de los artistas. Creo en esa misión sublime. Creo en ese intento sublime. En ese intento obstinado de armonía, esa aparición de la belleza que debería buscar siempre la pintura.
 
  • Creer que en mis niñas hay un erotismo perverso es quedarse en el nivel  de las cosas materiales. Es no entender nada de las languideces adolescentes, de su inocencia, es ignorar la verdad de la infancia,
 
  • La turbación adolescente de los cuerpos de mis niñas revela esa ambigüedad: luz de las tinieblas y luz de los cielos. No obstante, creo que el camino que puede despejar mi pintura no va en la dirección del cínico Don Juan, como tampoco en la de una piedad angelical. Como Byron, o como el protagonista violento y entero de Cumbres Borrascosas, he buscado en la sombra y la luz el rastro de la naturaleza pura.

       

Balthus y Rilke, Mitsou, historia de un gato, seguido de cartas a un joven pintor, Artemisa Ediciones, Tenerife. 2006 (Prólogo y traducción de Juan Andrés García Román).       

Balthus, Memorias, ed. Debolsillo, Barcelona 2002 (trad. Juan Vivanco). 

        

arteyliteratura:segundo cumpleaños

arteyliteratura:segundo cumpleaños

Con sus más y sus menos, este blog cumplió dos años hace pocos días. Creo que he conseguido poco a poco reflejar aquí mis intereses. Me doy cuenta de que este blog es una radiografía de mi alma (de la parte racional de mi alma, de la parte pasional, también), una radiografía acaso pudorosa, pero exacta.

Sin lectores, silenciosos o elocuentes, agradecidos o indignados, pacientes o inquietos, no habría seguido escribiendo aquí.

Así que: ¡gracias a todos!

Los invito a una rebanadita de pastel.

La Nueva España , la religión y la castellanización de los indios ( 4 ): Desaparición de los indios de la organización colonial

La Nueva España , la religión y la castellanización de los indios ( 4 ): Desaparición de los indios de la organización colonial

Es evidente que a causa de la disminución de la población indígena, los indios dejaron de ser vitales para la economía del virreinato desde finales del siglo XVI. Por lo tanto, el moderado interés que hasta entonces habían despertado los caciques indígenas en las autoridades se desplazó a los hijos de los españoles , clase que por el contrario, crecía rápidamente. Así, escuelas creadas para los hijos de los caciques como la de Santiago Tlatelolco o cargos administrativos dentro de los grupos indígenas fueron desapareciendo aceleradamente. Durante algunos lustros se creyó que la nobleza indígena serviría como una ‘clase bisagra’ que podría funcionar como enlace entre conquistadores y conquistados, pero muy pronto se vio que, diezmada la población indígena, la clase que podría servir como puente entre los conquistadores y los funcionarios recién llegados de España, las autoridades españolas, los comerciantes y los clérigos serían los criollos.Podemos decir que a finales del XVI, la sociedad indígena en su totalidad pasó a constituirse en clase subalterna, borrándose, a causa de la colonización, toda la organización social estamentaria del mundo prehispánico. El mundo indígena organizado socialmente desapareció.Por ello la enseñanza básica, la media o la universitaria, el acceso a la iglesia y a la administración se enfocaron desde muy pronto prescindiendo totalmente de los indígenas novohispanos. El sistema se centró en captar a criollos que, nacidos de padres españoles aunque nacidos en la Nueva España, pasarían a formar parte principal de la organización colonial como interlocutores entre unos y otros. Los criollos notaron muy pronto las diferencias sociales existentes entre ellos y los españoles venidos de la península, por un lado, y con los indígenas, por el otro.Así, los indígenas pasaron de ser el epicentro de polémicas ético-políticas y destinatarios de amplias campañas de enseñanza doctrinal a ser considerados únicamente como mano de obra barata o esclava. Siervos sin voz, alejados de la instrucción, sin dominio de la lengua castellana, estuvieron y permanecieron arrinconados en su propia tierra y tuvieron por destino una existencia casi fantasmal. Algunos indios instruidos expresaron así su tragedia al rey Felipe II: 

 

(…) Porque los animales vemos que son tratados mejor que nosotros, y son trabajados con templanza y aun regalados, y nosotros estamos vejados peor que los caballos y bueyes (…) y esto pensamos que lo hacen los dichos españoles a fin de que todos nosotros acabemos y perezcamos y no haya más memoria de nosotros, y las poquitas tierras que nos quedaron se las tomen y hagan de ellas lo que quisieren…

 

 

Hammershøi i Dreyer en el CCCB


La exposición del CCCB se titula Hammershøi i Dreyer, pero yo, ’pasé’ de comparar la estética de los dos artistas daneses y al visitarla me centré en la observación de la pintura del primero. No hace falta decir que no fue porque yo desprecie la extraordinaria obra cinematográfica del autor de la milagrosa Ordet, sino porque, a pesar de desconocer totalmente a Hammershøi, me sentí, sin embargo, cercana a sus premisas estéticas: a esta altura del partido ya sabéis que me gusta el silencio y el estatismo reflexivo tanto en literatura como en artes plásticas: amo la imagen sobria y callada. La pintura de Hammershøi es más que una pintura de la luz y del silencio.
También nos ofrece una referencia o un desarrollo personal de la obra de Vermeer en la que creo que encuentra inspiración: mujeres ante una ventana o ante un mueble, de perfil o de espaldas, silenciosas, solitarias, abstraídas, caseras, ensimismadas; los interiores burgueses, senequistas, iluminados por una luz que casi siempre viene de la izquierda, la carencia de ornato, la desnudez del espacio, la carencia de símbolos en el entorno plasmado, la apreciación del detalle, la perfección de una pincelada leve, casi tan aérea como la niebla de los escasos paisajes. También veo a Vermeer o a la escuela de Delft en el perspectivismo ’en cajas’ de las habitaciones y de las puertas: puertas y habitaciones que adivinamos como interrogaciones sobre una vida que desconocemos pero que allí ocurre. Hay una irrupción del espectador como ’voyeur’ en estas casas, en esta cercanía con las mujeres que habitan y se mueven en estas habitaciones donde nosotros también ’estamos’. Hemos entrado en su intimidad sin que parezcan notar nuestra presencia.
La paleta de Hammershøi es muy distinta de la de Vermeer, en grises, blancos y amarillos, pero corren ahí venas silenciosas y secretas que nos remiten al legado del artista de Delft.
Hammershøi también me recordó, por supuesto, la obra de Caspar David Friedrich, tan misteriosa como invitadora, tan narrativa como ecónomica, en el sentido de que te ahorra todo para que todo lo adivines...Por otro lado, esas figuras de espaldas son toda una interrogación sobre el sujeto. Una interrogación sobre la realidad, la soledad y el mundo. Incluso recordé una imagen de Friedrich en que una mujer se asoma a una ventana, dándonos la espalda. Hammershøi pinta una casi idéntica y no puede ser casual.


Detrás de la pintura de Hammershøi, igual que en el cine de Dreyer, late el protestantismo. La simplicidad de los gestos, la disposición desnuda de los muebles, la sobriedad de las actitudes, el recogimiento ascético, lejos de lujo y del barroquismo, los interiores interiorizables, interiorizados, tanto del alma como del habitáculo. Filosofía y/o biografía de la paz interior, y por eso mismo, inquietante para el espectador, porque detrás de eso ¿qué hay? Pintura que nos interroga.

Os recomiendo la visita.

CCCB, Hammershøi i Dreyer
Del 25 de enero al 1 de mayo de 2007.
C/ Montalegre 5, 08001 Barcelona
Tel. 93 306 41 00 Fax. 93 306 41 01

Mujeres de Goya

No soy persona que se emocione hasta llorar ante ningún cuadro, aunque muchos me han conmovido o movido interrogándome, inquietándome, haciéndome reflexionar. Pero cuando me paré frente la Maja vestida de Goya se me saltaron las lágrimas ante ese rostro arrebolado, tan incitante, tan puro y tan vivo.
Después, he podido ver otros muchos retratos femeninos de Goya en diversos museos. Sus mujeres son personas seguras de sí mismas. concientes de su lugar en el mundo. Dignas (independientemente de que sean nobles, burguesas o trabajadoras). Sus mradas son fijas, directas y hondas, y sus cuerpos se erigen ante nosotos concientes de su poder hipnótico, de su belleza, de su rotunda femeneidad. Femeneidad que no se entiende como ornamento, sino como sustancia pura. En estas figuras femeninas hay sensualidad y poder, seguridad e inteligencia. Y solamente en el retrato de la reina María Luisa se puede ver algo así como un esperpento en el fondo de la pintura, en su subtexto. Todas las demás resultan un homenaje, producto del conocimiento de sus almas. Son retratos físicos y psicológicos, y nos dicen mucho de Goya y de las mujeres de su tiempo.

La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes, un cuestionario resuelto.

La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes, un cuestionario resuelto.

Este es un control de lectura que hicimos el curso pasado. Mikel Borràs contestó bien y creo que sus respuestas pueden orientar a otros estudiantes con un nivel de Primero de Bachillerato.

Mikel Borràs:


1) ¿Por qué razón llega el narrador como interno a la casa – academia del Sr. Lesmes? ¿Cuál es su situación familiar?

 Porque Pedro queda huérfano de padres y sólo le queda un tío como familia, el cual no quiere ocuparse de él y de su educación. Por tanto, lo envía a esta academia a completar sus estudios.

2) Describe a la familia del Sr. Lesmes , a Fany y la casa – academia.

En la familia están Don Mateo, Doña Gregoria y Martina, su hija. También está Estefanía, media parienta media criada, y Fany, la mascota de la casa. Don Mateo y Doña Gregoria son personas pesimistas en frente a la vida y contrarias a tener muchas relaciones por el temor de perderlas y el sentimiento posterior de desasimiento. Martina es una chiquilla pequeña y la única que da un poco de felicidad a la casa junto con Fany. Todos viven en una casa atrapada en la Historia, antigua, donde parece que los años no transcurren.

3) ¿Qué relación une al narrador y a Alfredo a lo largo del primer libro de la novela?

Pedro evidentemente se siente solo en esa casa pero un día llega un chico, albino, que se llama Alfredo. Éste llega en las mismas condiciones en que Pedro llegó (incluso más graves ya que tiene una madre pero ésta prefiere no ocuparse de él), y entablan rápidamente una fuerte amistad. Se conocen muy bien mutuamente y se explican todo, incluso sus problemas más íntimos.

4) La noche que los dos amigos se escapan para ver la luna sobre Ávila ocurre un hecho que hace que el narrador piense incesantemente en la muerte. Describe el episodio.

Después de escaparse ya de la casa y salir de las murallas de Ávila se dirigen a la colina de los Cuatro Postes. Al subirla, Pedro contempla la ciudad nevada bañada con la luz de la luna llena y queda maravillado pero, al girarse, ve a Alfredo completamente agotado y con la cara muy cambiada. Él dice que está cansado, pero que no es nada, y deciden volver. Se dirigen a las murallas y empiezan a subirlas como tantas veces habían hecho pero esta vez, Alfredo se detiene y admite que se siente muy agotado y que puede que esté enfermo. Entonces, Pedro lo agarra y caminan juntos hacia casa. Una vez allí, Don y Doña Lesmes (que ya estaban despiertos ya que habían descubierto su fuga) lo estiran en la cama y Alfredo empieza a vomitar sangre, que contrasta increíblemente con el ahora más que nunca blanco de su cara. Días después, Alfredo muere, de tuberculosis supuestamente, y Pedro experimenta ese sentimiento de desasimiento que Don Mateo tanto le había contado, y sintiéndose ahora de acuerdo con el pensamiento de éste, adapta su forma de ser pesimista frente a la vida, para no tener que volver a sentir nada igual nunca.

5) ¿Qué motivos tiene Pedro para abandonar Ávila? ¿Adónde se dirige y para qué?

Después de acabar los estudios decide irse ya que piensa que no puede aguantar más en esa casa, tan callada y cerrada, y siempre con el recuerdo de la muerte de Alfredo. Así, decide irse a estudiar Marina Mercante en la escuela de Náutica, contra los consejos de Don Mateo y su tío. Decide estudiar esta carrera porque, después de la muerte de Alfredo, Pedro adopta completamente la conducta de Don Mateo frente a la vida y piensa que, para no volver a perder a un ser querido, no tiene que entablar otra relación de este tipo. Por eso, se quiere hacer marino, oficio que le moverá mucho por el mundo y no le dejará mucho tiempo en cada sitio para conocer a gente.

6) ¿Dónde y en qué circunstancias conoce Pedro a Jane? ¿Qué nuevas sensaciones tiene?

La primera vez que la conoce es a bordo del Antracita, barco con el cuál rescata a otro pequeño barco que se iba a la deriva y en el que van Jane y tres personas más. Pero conocer a Jane de verdad, lo hace esa misma noche en que se encuentran en la cubierta y mantienen un abstracto diálogo, mirando las estrellas. Pedro se siente extraño ya que hablar con Jane le hace sentir bien, tranquilo, cosa que va contra sus principios anteriores. Pedro, aunque no lo crea, empieza a enamorarse.

7) ¿Por qué se separan? ¿Crees que él tiene razones?

Al final, se separan porque él se da cuenta de que está actuando demasiado en contra de sus principios, que le dicen que no entable una relación regular con alguien, y menos enamorarse. Yo creo que no tiene razón ya que el hecho de enamorarse es un impulso natural, humano y, aunque con cerebro, se tiene que dejar llevar por el corazón.

8) Al reencontrar a Martina en Bilbao, ésta le cuenta su historia: cuéntamela tú.

A Martina le pasa lo mismo que a Pedro, se siente ahogada por la atmósfera de su casa y la actitud de sus padres. Entonces, conoce a un chico, completamente antagonista a sus padres, liberal y optimista, el cual le gusta mucho. Entonces, un buen día el chico le dice para irse a Bilbao para casarse inmediatamente. Le promete cosas, como que vivirá felizmente ya que él es rico, y juntos se van a Bilbao. Pero ahí, él desaparece como todas sus promesas, y su relación no se formaliza. Además de esto, Martina se siente más culpable y tonta aún por el hecho de haberse despedido de sus padres con una nota, como si fuera una fugitiva.

9) La continuación de la historia de Jane y el final.

Después de hablar con la suegra de Luis Bolea, la actitud de Pedro cambia un poco y después, volviendo para Providencia, se da cuenta de las sensaciones que se desatan en su interior a medida que va aproximándose a Jane. Una vez allí, no espera encontrarla, pero lo hace en un teatro. Entonces, después la llama para quedar y vuelven a reanudar la relación. Al final, se dicen lo cuánto se aman y se casan. Aún así, Pedro tiene que volver a España a hacer el papeleo y comprar una casa, y es ahí donde recibe la carta de su mujer que está embarazada. Él se pone muy feliz pero, al volver a Providencia, Jane lo va a buscar con coche y,desgraciadamente, tiene un accidente y se mata. Pedro vuelve a Ávila y entrega el anillo que había cogido de la mando de Jane a la tumba de Alfredo y entonces, obtiene el equilibrio interior.

10) ¿Qué opinas de la historia, del estilo, del vocabulario? Opinión personal razonada.

En cuanto al estilo y al vocabulario, no tengo ningún tipo de queja, pienso que está perfectamente escrito. La historia en general, pienso que está bien aunque no estoy nada de acuerdo con la actitud de Pedro frente a la vida y a las necesidades impulsivas humanas como la necesidad de conocer a gente. Hay cosas que tampoco me han gustado mucho, como las reflexiones con fondo católico y las críticas a otras religiones y acciones humanas desde este punto de vista, aunque también es normal por la época. Sin embargo, hay apartados que me han gustado muchísimo, como la profundidad de las reflexiones de Pedro después de la muerte de Alfredo. En definitiva, la novela me ha gustado pero prefiero una literatura más alegre y optimista.


Miguel Delibes, La sombra del ciprés es alargada, Barcelona, ed. Destino, col. Áncora y Delfín, 2004. (Primera ed. 1947, Premio Nadal)

Cooper o las soledades elementales de Patrick Lapeyre

Cooper o las soledades elementales de Patrick Lapeyre

La última novela de Patrick Lapeyre, publicada con mucho mimo por Funambulista, me ha decepcionado. Es una trama monotemática: la obsesión que un hombre de 40 años siente por su hermana y su perpetua espera: ella está en Canadá y él agoniza entretanto, incapaz de pensar en otra cosa que no sea ella.  A pesar de estar escrita con toques de humor, la narración se hace tediosa; la repetición y la poca altura literaria que hay en el texto se me hicieron muy difíciles de soportar; sobre todo acostumbrada al lirismo de Auster cuando sus personajes llegan a ese punto de no retorno, cuando carecen ya de todo, cuando están a un minuto de morirse de pena.

El libro que nos ocupa ganó el premio Livre Inter 2004 en Francia y al parecer, fue éxito de ventas. No me explico por qué… A ver si alguno de mis lectores me ilumina al respecto, porque, por lo que veo, ya va por la segunda edición en España.

Patrick Lapeyre, Cooper o las soledades elementales ( L'Homme-soeur), ed. Funambulista, Madrid, 2006. (Traducción de Ninca L. Bassols, e ilustraciones de Aifos Álvarez).