Blogia

arteyliteratura

Contratenores: Andreas Scholl

Poco a poco os iré presentando las bellas voces de contratenores ( o altos) como Deller, Scholl, Daniels, Bowman, Jaroussky o Asawa. Me encanta la ópera barroca y he ido coleccionando poco a poco las grabaciones de estos cantantes, verdaderos artífices actuales de la música que va desde finales del XVI al XVIII.
Aquí os dejo con Andreas Scholl, cantando el aria Che farò senza Euridice de la ópera de Gluck Orfeo y Eurídice (1762).
De Scholl os recomiendo repasar su discografía

Dos palabras para Condoleezza en su visita a España

Dos palabras para Condoleezza en su visita a España


¿Irak?

¿Guantánamo?


Prolegómenos: La grandeza del Arte o de José Tomás en Barcelona

Prolegómenos: La grandeza del Arte o de José Tomás en Barcelona

Leía yo un artículo de Almudena Grandes para El País esta mañana, mientras me preparaba para irme al trabajo. El 17 de junio, como sabéis, vuelve a los ruedos José Tomás tras cinco años de retiro. Cito: "En los últimos días de su vida, Rafael Gómez, El Gallo, se atrevió a definir el arte de torear con una sentencia hermosa y honda, poética casi. "Maestro, ¿cuándo diría usted que un torero es artista, y que torea con arte?", le preguntó alguien. "Cuando tiene un misterio que decir, y lo dice", respondió él.

Mis recuerdos me llevan a aquellas tardes en que salías de la plaza sintiendo que ese misterio se había encarnado ante tus ojos. Misterio del Valor y de la Belleza. misterio del silencio y de la hondura del alma. Igual que cuando lees a San Juan de la Cruz en La noche oscura del alma o como si hubieras visto pintar Las Meninas a Velázquez. Misterio del Arte, revelado en un silencio en que la música no hacía falta para resaltar el pase, sino que estorbaba, o tal vez, en vez del sonido de la banda y el pasodoble, la música habría debido ser de Haendel.
No sabemos si ese misterio se va a encarnar de nuevo el 17 de junio en Barcelona, pero ahí estaremos, como si fuésemos a comulgar y creyésemos que en ese redondel va a aparecerse el Arte, en carne y sangre.

"La corrida a inspiré les plus grands artistes et nombre de théoriciens. Mais nul, à ce jour, ne s’était aventuré à philosopher sur elle. C’est le défi qu’a relevé Francis Wolff. A le lire, on comprend que la corrida, parce qu’elle touche aux valeurs éthiques et qu’elle redéfinit l’essence même de l’art, est un magnifique objet de pensée. La corrida est une lutte à mort entre un homme et un taureau, mais sa morale n’est pas celle qu’on croit. Car aucune espèce animale liée à l’homme n’a de sort plus enviable que celui du taureau qui vit en toute liberté et meurt en combattant. La corrida est également une école de sagesse : être torero, c’est une certaine manière de styliser sa vie, d’afficher son détachement par rapport aux aléas de l’existence, de promettre une victoire sur l’imprévisible. La corrida est aussi un art. Elle donne forme à une matière brute, la charge du taureaa ; elle crée du beau avec son contraire, la peur de mourir ; elle exhibe un réel dont les autres arts ne font que rêver".

Francis Wolff, Philosophie de la corrida, Fayard, París, 2007. (Directeur du département de philosophie de l’École normale supérieure, Francis Wolff est auteur de plusieurs ouvrages, notamment Aristote et la politique (PUF, 1997), Socrate (PUF, 2000) et Dire le monde (PUF, 2004).

Tous les matins du monde, de Pascal Quignard

Tous les matins du monde, de Pascal Quignard

Cuando escribí la reseña de la película de Alain Corneau, adaptación de la ’nouvelle’ de Pascal Quignard, ignoraba si la película se basaba en uno de los relatos de La lección de música (ed. Funambulista, 2005), concretamente, del primero, donde se cuenta la anécdota de un Marin Marais escondido debajo de la cabaña de Monsieur de Sainte Colombe para aprender de él los secretos de su arte.
Hoy, en la Biblioteca del Mil.lenari de Sant Cugat, encontré la novelita original (cuento largo o novela corta), que da origen a la película.
Publicada en la colección Folio de Gallimard ( e impresa en Barcelona, paradojas de la globalización), me he apresurado a leerla. He amenizado la lectura con los Concerts a deux violes egales du Monsieur de Sainte Colombe (tomo II), en la interpretación de Jordi Savall y de Wieland Kuijken (Astrée,1992).

La remembranza de la muerte, he aquí el tema. La música existe para rememorar a los muertos y para consolarlos. No para los vivos: para los ausentes. Sainte Colombe toca y compone para su esposa muerta.
Alejado de todos, en su pequeña cabaña hecha con madera de morera, el músico, iluminado sólo por el débil resplandor de una bujía, bebiendo de vez en cuando un sorbo de vino, rememora los momentos felices. Inevitablemente idos. Sólo una vez, explica a sus hijas:

" J’ai le regret de votre mère. Chacun des souvenirs que j’ai gardés de mon épouse est un morceau de joie que je ne retrouverai jamais".*

El verdadero arte no nace del ansia de la gloria, de la ambición de la fama, ni nace de la idea de la inmortalidad del artista. Nace del dolor, nace de la necesidad de vivir este dolor, una vez y otra vez. No de negarlo, no de apartarlo; de incorporarlo a nuestra alma, de vivir con él. Hora tras hora y día tras día, en silencio, porque no puede ’decirse’ el dolor, no puede compartirse. Del mismo modo, la música es un arte indecible. Este lenguaje ’sin palabras’ de la música es el que permite a Sainte Colombe ponerse en contacto con su esposa muerta.

"Il poussa la porte qui donnait sur la balaustrade et le jardin de derrière et il vit soudain l’ombre de sa femme morte qui se tenait à ses côtés. Ils marcheèrent sur la pelouse. Il se print de noveau à pleurer doucement. Ils allèrent juasqu’à la barque. L’ombre de Madame de Sainte Colombe monta dans la barque blanche tandis qu’il en retenait le bord et la mantainaint près de la rive. Elle avait retroussé sa robe pour poser le pied sur le plancher
humide de la barque. Il se redressa. Les larmes glossaient sur ses joues. Il murmura: -- Je ne sais comment dire: Douze ans ont passé mais les draps de notre lit ne sont pas encore froids"**.

Por eso Sainte Colombe se aparta de todo y de todos. Para crear en silencio su doloroso silencio metamorfoseado en música. Sólo así, apartado, Sainte Colombe es capaz de llegar a la cima de su arte:

"Le Blanc le père, disait qu’il arrivait à imiter toutes les inflexions de la voix humaine: du soupir d’une jeune femme au sanglot d’un homme qui est àgé, du crit de guerre de Henri de Navarre à la douceur d’un souffle d’enfant qui s’applique et dessine, du ràle désordonné auquel incite quelquefois le plaisir à la gravité presque muette, avec très peu d’accords, et peu fournis, d’un homme qui est concentré dans sa prière".***

En la nouvelle se cuenta también la historia de Marais, su juvenil deseo de éxito, la seducción de una de las hijas de Sainte-Colombe, Madeleine, la muerte de ésta, su maravillosa técnica musical, que hace
decir a su maestro en su primer encuentro: "Vous faites de la musique, Monsieur. Vous n’ètes pas musicien."

Tras muchos años de haberse alejado de su maestro, famoso, rico, reconocido como el mejor músico de la corte de Lusi XIV, por fin Marais encuentra el secreto.
Por fin puede contestar a su maestro cuando éste le pregunta:

"--Que cherchez vous Monsieur, dans la musique?
--Je cherche les regrets et les pleurs".****

Entonces, ambos hombres tocan, a dos violas, "Les pleurs".

Pascal Quignard, Tous les matins du monde, Folio, Gallimard, 1991.


Os dejo con la versión para una viola de Les pleurs con Jordi Savall.

* "Llevo un pesar por vuestra madre. Cada una de las memorias que guardé de mi esposa es un pedazo de alegría que jamás encontraré de nuevo ".

**"Empujó la puerta que daba a la balaustrada y al jardín posterior y vio de repente la sombra de su mujer muerta que se ponía a su lado. Caminó sobre el césped. Se puso a llorar despacio. Fueron hasta la barca. La sombra de la señora de Sainte Colombe subió en la barca blanca mientras que él cogía el borde y mantenía la barca cerca de la orilla. Ella se había remangado el vestido para poner el pie sobre el suelo húmedo de la barca. Él se incorporó. Las lágrimas resbalaron sobre sus mejillas. Murmuró: - No sé cómo decirlo: han pasado doce años, pero las sábanas de nuestra cama no están frías todavía."

***" Le Blanche padre decía que lograba imitar todas las inflexiones de la voz humana: del suspiro de una joven mujer al sollozo de un hombre viejo, del grito de guerra de Enrique de Navarra a la dulzura de la respiración de un niño que se aplica y dibuja, del estertor desordenado al cual incita algunas veces el placer, a la gravedad casi muda, con pocos acordes, sin variaciones, de un hombre que está concentrado en su oración ".

****"--¿Qué busca, usted, señor, en la música?
--Busco los pesares y las lágrimas."

(Perdonad la mala traducción: es mi asignatura pendiente)

Fragmento de una crítica del momento en que apareció la nouvelle:

"Quignard no ha querido escribir la biografía de Sainte Colombe, porque nada o casi nada se sabe de él. Se ignora hasta su primer nombre, la fecha exacta de su nacimiento y la de su muerte. Fue intérprete reputado y compositor de viola durante la segunda mitad del XVII y conocemos sus relaciones con el más célebre de sus alumnos, Marin Marais (1656-1728), que conoció la gloria después de Lully, mientras que su maestro renunció a todos los honores de la corte. Quignard aprovecha la oscuridad que envuelve a Sainte Colombe, la extrema parvedad del número de sus obras, para construir un personaje inolvidable, una especie de quintaesencia del músico, del creador por excelencia. Sainte Colombre vive sólo para su música, no existe más para este diálogo extenso, apasionado, exclusivo con la muerte"(…)
(Pierre Le Pape, Le Monde, 13 Diciembre, 1991)

Minimas, de Bardamu


ImageChef.com - Create custom images

Acabo de enterarme de que el cibercolega (de blogs, que de talento me lleva mucha ventaja), Bardamu, ha abierto nuevo chiringuito. Visitadle.

Microcuento: Troya

Microcuento: Troya




Me pasé toda la vida buscando la ciudad de Troya. Cuando la encontré, no supe reconocerla. Y la destruí.






El corazón devorado, de Isabel de Riquer

El corazón devorado, de Isabel de Riquer

Hace muchos años leí un libro de Néstor Luján sobre Margot, la reina de Navarra, y creo que fue entonces (aunque no recuerdo si en el libro
que cito se habla de ello), cuando supe de la leyenda del 'corazón comido'. O tal vez relacioné las dos cosas, pues se decía que Margot llevaba siempre un cinturón del que colgaban los corazones de sus numerosos amantes y la morbosidad de esta leyenda parisina quizá se entrecruzó en mi mente con la crueldad y el morbo del relato del corazón comido.
Cuando hice la reseña de la película francesa Margot, mencioné este hecho. Más tarde compré, en edición de bolsillo, La leyenda del castellano de Coucy, de Isabel de Riquer, pero algún tiempo después lo regalé a mi ex-marido, que se ocupa de temas medievales.
Ahora ha aparecido en Siruela una reedición ( y a un precio módico para esa editorial), ampliada y puesta al día, de ese mismo texto.

En el libro que hoy me ocupa, se narra primero la leyenda (culta, no de origen folklórico), que explica la historia de los amores adulterinos entre un poeta (en muchas versiones, ese poeta es el trovador Gillem de Cabestany) y la castellana de Coucy. Enterado el marido, hace matar al poeta y exige a su cocinero que prepare su corazón. (Por cierto que este hecho da lugar a un peculiar 'recetario' de corazones humanos).
Luego, el airado marido da a comer a su esposa el despojo del amado y ella, ignorante de todo, lo come con delectación. Enterada después por su marido, de la verdadera naturaleza del manjar comido, decide dejarse morir de hambre (en algunas variantes, en otras se suicida o se aleja para siempre, perdiéndose en la nada), expresando su deseo de no probar más manjar, pues ninguno puede superar la delicia del corazón comido.
La creación de la leyenda se sitúa en el siglo XII y nace en Francia, pero da muchas vueltas por toda Europa y llega hasta Oriente y las Américas, en donde con diferentes variantes, se va expandiendo y metamorfoseando en los detalles, aunque conserve su esencia narrativa.
El libro de Isabel de Riquer compila 22 textos que van desde los primeros textos del siglo XII hasta los de Mújica Laínez o Pere Gimferrer, pasando por los de Dante, Petrarca y otros autores. Y debería interesar a lectores curiosos y amantes de las historias extrañas.

Os dejo con el poema de Gimferrer:

Amb tanta la dolor les arracades
al penjoll de la vinya de la nit
no es mouen perquè el cor ara s'esquinci:
els enamoradisssos de l'ocell,
amb la testa de mort enllumenada,
ens migpartim al crit del cel del vespre
com el cor de Guillem de Cabestany
i l'ocell fa el revolt a la tortaxa
tres cops potser; l'ocell de jovenesa,
la mà parada de la nit als núvols,
l'ocell que és tot ferida quan vivim.

Y con tanto dolor las arracadas
de la vid de la noche en su racimo
no se mueven porque ahora el corazón
se desgarre: los enamoradizos
del pájaro, alumbrada de muerte la cabeza,
nos partimos por la mitad al grito
del cielo del crepúsculo como el
corazón de Guillem de Cabestany
gira en la torre el pájaro tres veces
quizás, el pájaro de la juventud,
la mano de la noche que se alarga en las nubes,
el pájaro que es sólo llaga cuando vivimos.

(Versión de Justo Navarro). p. 282.



Néstor Luján, Margot, la reina de los corazones, Barcelona : Planeta, 1994.
Isabel de Riquer, El corazón devorado, Una leyenda desde el siglo XII
hasta nuestros días
, Madrid, Siruela, 2007.

 

 

 

Leer y aprender, fragmento de Pascal Quignard

Leer y aprender, fragmento de Pascal Quignard

Aprender era un placer intenso. Aprender equivalía a nacer. Se tenga la edad que se tenga, el cuerpo experimenta entonces una especie de expansión.

De repente la sangre fluye mejor en el cerebro, detrás de los ojos, en las yemas de los dedos, en la parte superior del torso, en la parte baja del vientre, en todas partes.

El universo se dilata: de pronto se abre una puerta donde no había puerta alguna y el cuerpo se abre con esa misma puerta.

El cuerpo antiguo se convierte en otro cuerpo. Un país desconocido se extiende o avanza a toda velocidad y crecemos con lo que crece. Todo lo conocido cobra un nuevo sentido, atrae una nueva luz, y todo lo que hemos abandonado regresa de repente a la nueva tierra con un nuevo relieve todavía inexpresable, porque no era posible preverlo.

Esta metamorfosis se describe en todos los héores de todos los cuentos antiguos, y quizá sea eso lo que suscita cada tres o cuatro noches la irresistible atracción que la lectura de esos pequeños mitos tiene para mí: tanto en la lectura del cuento como en el propio cuento se liberan ciertas fuerzas. Unas pocas palabras susurradas por hadas o animales se convierten en poderosos gestos o miradas semánticos. Esas palabras casi se convierten en manos que inventan realmente a su presa, inventando a su vez una aprehensión completamente nueva: un bastón, un arco, un ladrillo, una fronda, una barca, un caballo.

Las nuevas armas, inventando sus nuevas presas, engendran nuevas astucias, dan lugar a nuevos cazadores.

Desafíos que no conciernen a nadie se descubren de pronto en el azar de una consecuencia que no habíamos buscado. Eso es aprender. Caen las barreras y, al caer, desaparecen las distancias. Eso es aprender. La oscuridad del bosque se desvanece. Aumenta el recorrido del viaje.

No hay que enseñar a quien no siente alegría al aprender.

Apasionarse por lo que es otro, amar, aprender, es lo mismo.

Pascal Quignard en Vida Secreta, Espasa, 2000, p. 18.

Dos relatos de Jan Freixa Espasa ( 2º de ESO)

Dos relatos de Jan Freixa Espasa       ( 2º de ESO)

Orígenes 

 

En un valle con lago y un bosque con conejitos y animalitos pequeños que era el paraíso, de las profundidades del lago surgió el hombre. En una cruel explosión de lava, el lago se hizo de lava ardiente y de allí salió un hombre que al tocar las flores las convirtió en cenizas. El hombre fue invocado por el diablo. Desde que el hombre y su familia estuvieron ahí, los árboles, las flores, los animales y ríos se destruyeron y así el hombre cruel acabó con el mundo entero destruyendo la fauna y la flora con sólo unos objetivos: comodidad y dinero.

 

Historia de la bacteria Mary

                         Bacterias

En el infinito mundo de los microbios, bacterias, parásitos, células, etc…se encontraba una joven bacteria llamada Mary.

Ella vivía en un oso, si, en un oso, en la pata trasera izquierda, en la pezuña número tres, empezando a contar por la derecha. Para ella, el oso era como el universo para los ojos del hombre. Era tan enorme y fascinante el mundo que le rodeaba que se sentía atraída por él, con ganas de explorarlo todo. Mary pensaba que no solo existía el oso, sino que había un mundo misterioso para explorar y que podría encontrar diferentes y nuevas fuentes de vida.

Los filósofos famosos que habitaban en el oso lo llamaron "Heros IX " en honor al último rey que tuvieron, muerto hace ya cuatro años. Esos mismos filósofos creían que Heros era lo único que existía. Mataban a cualquiera que lo negara.

Mary vivía en un barrio muy pobre. Vivía con su madre y sus dos hermanos. Ellos eran muy pobres, pero eran felices.

Mary era la mayor de los hermanos. Su madre ya era muy mayor y su padre… Su padre los traicionó, se llevó toda la fortuna de la familia y los abandonó.

Era muy difícil vivir en la pezuña porque la sangre ni el agua les llegaba, solo se podían alimentar de calcio. Así que tenían que ir a buscar agua cada mes fuera de la pezuña, a una zona donde pasaban varios vasos sanguíneos. Solo podían comprar agua porque la sangre rica en nutrientes era demasiado cara.

Mary y sus hermanos iban a una escuela cerca de la dermis, tenían muchos amigos: parásitos, células, protozoos… Todos los habitantes de Heros eran felices, hasta que llegó un día: 6 de julio de 1993.

Un ruido abrasador perturbó a todos los habitantes de Heros. Después dos explosiones más que hicieron temblar como un terremoto todo Heros. De golpe la sangre que circulaba por los ríos de Heros incansablemente se pararon. Todo eran voces de alarma, sino corría la sangre todo estaba perdido, billones de células empezaron a morir, también los parásitos y las bacterias, pero Mary actuó bien.

Cogió todas las reservas que tenía y junto a sus hermanos decidieron que era mucho mejor arriesgarse a salir de Heros e ir a lo no conocido que la muerte asegurada de quedarse. Así que hicieron las maletas y emprendieron su largo camino a lo misterioso que supuestamente nadie había visto nunca.

En unas horas empezaron a entrar en Heros una especie de parásitos nunca vistos. Esos parásitos venían del exterior de Heros. En unos instantes más, una nube de desagradables monstruos que se comían a todo lo que encontraban. Mary y su familia se fueron escondiendo mientras contemplaban como una plaga de monstruos mataba, destruía y descuartizaba a todo lo que se les cruzaba. Muchos amigos de Mary fueron devorados por esos malditos invasores. No se sabía muy bien de dónde venían esos bichos, pero se podía deducir así que fuera de Heros habrían muchísimas criaturas como esas. Pero a Mary le daba igual, ella quería ver, tocar, oler y escuchar con todos sus sentidos el fascinante mundo que se encontraba al final del horizonte.

Heros estaba en fase de descomposición. Mary dirigía a toda su familia, su madre ya no podía correr más y dijo que se quedaba, no valía la pena, era demasiado mayor.

La madre de Mary notaba que no le quedaban muchos días más de vida, así que entre lloriqueos y abrazos, su madre se despidió de ellos. En cuanto salió del escondite (en este caso debajo de un puente) caminando por la orilla del río uno de los hermanitos de Mary corrió tras ella para que no se marchara. Mary intentó impedir que su hermano se fuera del escondite pero no pudo retenerlo.

Él saltó y se quedó abrazado a su madre y le dijo que no se marchara. Mientras lloraba y le suplicaba que no se fuese, un bicho volador cogió con sus garras a la madre de Mary y a su hermanito. Mary y sus hermanos, Pedro, Carlos y Oscar lloraban desesperadamente mientras El depredador se perdía en el infinito. Ellos pensaron que era el fin, pero Mary los motivó y les subió la moral con unas pocas palabras.

De repente se oyó un zumbido ensordecedor, una borrosa mancha negra en el cielo despertó la curiosidad de todos. La mancha negra se hacía cada vez mas grande y aterrizó sobre sus cabezas.

El cielo se volvió negro, Mary y sus tres hermanos se vieron pegados a uno de los pelos negros de la criatura. En un momento, esa criatura tan enorme y gigante, levantó el vuelo. La ciudad y el barrio en ruinas se iban haciendo más y más pequeños. Finalmente vieron la pezuña del oso entera. El ojo de un bacteria no es capaz de ver una longitud tan larga, así que después de ver la pezuña entera, el cielo se volvió blanco. Solo veían el negro del pelo al cual estaban pegados.

En unos instantes, la criatura negra aterrizó en tierra firme. Mary y sus hermanos bajaron y cayeron en medio de una especie de desierto. Ellos se quedaron mudos, no tenían palabras para confirmar que hay mucho más mundo para descubrir.

Además de Heros. En ese momento no se les ocurrió nada por hacer, porque encontraban a su alrededor una inmensidad de células fotosintetizadoras muertas y nada más, era un auténtico desierto. Empezaron a caminar, y al cabo de un tiempo encontraron una inmensa cantidad de ciudades con muchísimos tipos unicelulares. Se fijó que no eran tan distintos a los que ella había conocido en Heros.

Iban preguntando a la gente, pero todos les giraban la cara y les daban la espalda ¡Todos estaban serios y no hablaban! Finalmente, entraron en una especie de tienda. Había una célula muy vieja y ella sí que les habló. Preguntaron que dónde estaban y les contestó que estaban en un lugar perdido donde no había ni agua ni nutrientes, sólo en casos especiales, cuando un animal o insecto se moría, todos se lanzaban como carroñeros y entre todos se lo comían.

Ya hacía mucho tiempo que no había comida y se estaban muriendo todos.

La familia de Mary empezará una nueva y misteriosa aventura por el nuevo mundo.

Microcuento: Eros y Psique

Microcuento: Eros y Psique




Él le juró amor eterno, pero cuando ella murió, tardó menos de dos meses en jurarle amor eterno a otra.








Felix Nussbaum (Alemania, 1904-1944)

Cuando fui a Madrid a ver la exposición de Tintoretto, me pasé también a ver la exposición (magnífica) del Museo Thyssen, El retrato del siglo XX. Me llamaron la atención dos retratos de un pintor que no conocía: era Felix Nussbaum. Al volver, busqué información y aquí os dejo con la maravilla de sus cuadros.

Felix Nussbaum nació en Osnabrueck, Alemania y estudió en Hambugo, Berlín y Roma. Él y su pareja, Felka Platek, se instalaron en Bélgica en 1935. En 1940, fueron arrestados y enviados a los campos de concentración de Saint Cyprien y de Gurs, al sur de Francia. Nussbaum escapó, y vivió oculto en Bruselas hasta que fue capturado de nuevo en 1944 y enviado a Auschwitz, donde murió.

La información biográfica procede de aquí

Castellanización de los indios en Nueva España (7) Denegar el acceso a los estudios y al sacerdocio

Castellanización de los indios en Nueva España (7) Denegar el acceso a los estudios y al sacerdocio

Nadie aceptó, ni en las jerarquías coloniales ni en la Madre Patria, que con la política que se aplicaba en Nueva España a los indios lo que se deseaba era despersonalizarlos, aunque con un método distinto al que se había empleado en los dos siglos y medio anteriores. En el siglo XVI se había discutido mucho si los indios deberían tener o no acceso a los noveles medio y alto de la educación, pero la polémica se cerró cuando se les excluyó de la Universidad (en 1553) y del sacerdocio (en 1555). Contra la opinión del arzobispo Zumárraga y del Virrey Mendoza, Felipe II expidió una Real Cédula excluyendo a los indios de la enseñanza media y superior. Pero aún más importante que esta orden fue la decisión de excluirlos del sacerdocio. En la misma España y hasta el siglo XVIII, la puerta de entrada más natural (y más barata) a la cultura era la de la iglesia, sobre todo para las clases no privilegiadas y para los segundones de las casas acomodadas o nobles. En Nueva España, ésta hubiera sido posiblemente la salvación de la clase noble indígena, aunque la castellanización de amplios sectores de la sociedad indígena habría avanzando de manera impredecible. Cerrando sus puertas a los naturales del virreinato, la iglesia los condenó conscientemente a la perpetua condición de subalternos. Y lo hizo, como apunta Gallegos Rocafull, no porque dudase de su capacidad de aprendizaje, sino porque darles educación formal "era según ellos acelerar inevitablemente el momento de la emancipación". De manera que, dentro de la iglesia, los indígenas ocuparon puestos de intérpretes (traductores) o de cooperantes.

Puede parecer incoherente que prelados y gobernantes acusen a los indios de barbarie al mismo tiempo que les cierran las puertas de la instrucción en todos los niveles, pero para ellos, ni la lengua ni la civilización castellanas significaban un medio de elevar a los indios de su condición de subalternos o de vasallos feudales, sino que lengua y cultura eran un simple instrumento de dominación. Por ello, la instrucción y la castellanización se llevaban a cabo con tan poco entusiasmo y sólo en niveles muy elementales, sin traspasar jamás la frontera del conocimiento más superficial, casi parece que 'por quedar bien' con el mundo.

Así pues, podemos concluir que e renovado interés por castellanizar a los indios en Nueva España que comenzó con la Pastoral V del arzobispo Lorenzana en las postrimerías del siglo XVIII se debe a una nueva conciencia ilustrada que vio el fracaso de la colonización y que intentó por este medio unificar el Virreinato según la política absolutista de Carlos III.

Después de dos siglos y medio de estar razonablemente satisfechos de la conquista y colonización, los españoles (al menos algunos de ellos), se dieron cuenta de que la colonia se les escapaba de las manos, de que los criollos estaban usurpando el poder que ellos deberían detentar sobre los indios; de que estos, después de tanto tiempo, conservaban el uso de sus lenguas prehispánicas y de que la religión católica que les habían querido imponer estaba conviviendo con la pagana en un fenómeno sincrético de gran extensión y profundidad. Los beneficios de las colonias, el oro, la plata y otros minerales, pasaban por la península sin detenerse en ella, sólo para engrosar las arcas de los banqueros europeos, pero no contribuían a la modernización de España y, en fin, estos españoles veían cómo el sueño del poder y del éxito se desvanecía lastimosamente y se convertía en una dolorosa certeza de fracaso y en el anuncio de la decadencia imperial.

Tomasa Cuevas, Presas . Mujeres en las cárceles franquistas

Tomasa Cuevas, Presas . Mujeres en las cárceles franquistas

Hace unas semanas saqué el libro de Tomasa Cuevas de la Biblioteca de Sant Cugat. Lo leí esa misma tarde. No dejo de sentir como una doble injusticia la represión de la era de Franco y el olvido de nuestros contemporáneos. Presas es una crónica, ni lacrimógena ni efectista, sobre la represión sufrida por mujeres que se involucraron en la defensa de la República española  y que por ello sufrieron unas condiciones de vida atroces en las cárceles franquistas. Muertes por inanición, por hambre. Torturas, condiciones infrahumanas, frío, sed, insalubridad, hacinamiento, el encarcelamiento de sus propios maridos, hermanos o hijos (incluso los bebés eran mantenidos en esas condiciones insoportables hasta la edad de tres años, junto con sus madres), las muertes...todo queda explicado aquí, narrado con sencillez, diría que sin rencor, por estas mujeres a las que desde 1974 fue a buscar Tomasa Cuevas y cuyos testimonios coinciden en casi todo. Nieves Waldemer Santiesteban, Ángeles Mora, Pascuala, de Brihuega, Blasa y María Rojo, María Blazquez del Pozo, Pilar Pascual y otras muchas mujeres socialistas, antifascistas, comunistas, anarquistas o simplemente demócratas pasaron años de sus vidas sumergidas en ese horror: sólo algunas lograron escapar o sobrevivir a ello. Después, con la llegada de la democracia, sus voces fueron silenciadas de nuevo en aras de la convivencia. En sus testimonios, los recuerdos reviven aquellos años negros, y también los nombres, los sufrimientos y la solidaridad de todas aquellas que no pudieron vivir para contarlo, aquellas que fueron ejecutadas o que sucumbieron en las infernales condiciones descritas en el libro. 


" Julia, la católica:

(...) Me llevaron al Gobierno (de Guadalajara) y allí estuve durante dos o tres días sin que nadie me dijera nada. Me pusieron la denuncia con una tal Juliana que ni hablaba con ella, ni muchísimo menos, y nos metieron a las dos juntas y como yo tenía que dar el pecho a mi hijo, me lo traían y lo subían y lo bajaban. No recuerdo si fue a los quince días cuando nos llevaron al Amparo (DGS), donde permanecimos durante tres o cuatro días y de ahí nos llevaron a la prisión donde pasamos muchas calamidades, muchas. De entrada nos llevaron en verano, con todo el calor que hacía no veíamos el agua ni para fregar un plato, mi niño lloraba porque tenia sed y no le podía dar agua, incluso algunas veces me pasaban un botijo de la calle y me lo daban vacío. No teníamos agua ni para lavarnos ni nada.(...)


Ángeles Mora:

De nuestro grupo todas estábamos condenadas a muerte pero la única que fue fusilada fue Elena Tortajada, miembro del Partido y una gran oradora (...) Elena Tortajada fue denunciada y detenida con su niño de dos meses. Fue condenada a muerte. Como la ley no permitia matar a la madre mientras amamantaba al niño, es decir, hasta que el niño tuviera nueve meses, al día siguiente de que su bebé los cumpliera la ejecutaron. De madrugada la pasaron por nuestra sala, al pasar ante nosotras nos entregó a su niño diciendo delante de los guardias y soldados con voz clara y firme: 'Aquí os lo confío y os pido que le eduquéis y le inculquéis mis ideales y que nunca olvide por qué murió su madre'. Supimos después que hacía dos días que había llegado su indulto".


Pocos días después de esta lectura (el 25 de abril/2007), me enteré por el periódico de la muerte de su autora, Tomasa Cuevas. Nacida en Brihuega, trabajó desde niña. A los 14 años ingresó en las Juventudes Comunistas y se incorporó al PCE. Con la guerra es encarcelada, torturada y desterrada a Barcelona, con una condena de 30 años de prisión. Recorrió las cárceles españolas hasta 1951, año en que logra fugarse de la prisión de Santander y pasar a Francia. En el 69 volvió a España clandestinamente para trabajar por la libertad y en contra de la dictadura. Una vez restaurada la democracia, Tomasa recorrió España nuevamente para transcribir las experiencias de todas aquellas compañeras de prisión que habían sobrevivido. Finalmente, Tomasa recibió la Cruz de Sant Jordi y la medalla del trabajo. Una luchadora por la libertad cuyo nombre quiero destacar aquí como pequeño testimonio de admiración y de agradecimiento. 

Tomasa Cuevas, Presas. Mujeres en las cárceles franquistas, Barcelona, Icaria- Antrazit, 2005.

Confesión

Confesión

El sentimiento que me invade cuando quiero conocer algo es la impaciencia. La impaciencia me ha llevado a comprar por internet las películas que sé positivamente que se editarán en español en un año, en seis meses: pero yo las quiero ver ya. La impaciencia me lleva a no poder aguardar la traducción de un libro y a comprar ediciones en lenguas que no domino. Me sirvo del diccionario (tengo muchos diccionarios de idiomas), o leo sin comprender del todo, deslizando con prisa los ojos sobre las palabras, intuyendo lo que dicen. A veces pienso que lo que quiero saber, esa impaciencia de saber es un sentimiento que acompaña no un deseo, sino un conocimiento previo. Lo que quiero saber ya lo sé. Sólo quiero comprobar. Sé lo que van a decirme mis escritores o lo que me van a contar mis cineastas. Lo sé y por eso quiero saberlo. Siento sed de algún líquido que ya he apurado antes. A veces, leer o ver sin comprender del todo no es más que una constatación: la de la cosa táctil, sensorial, física que siento cuando al leer o ver algo vengo a reconocerlo casi como un ciego reconocería la proximidad de un ser amado sin que éste haya hecho un ruido o haya pronunciado una palabra. 


Terraza en Roma, de Pascal Quignard

Terraza en Roma, de Pascal Quignard

A pesar de que no he escrito últimamente, no he estado ociosa. He leído varios libros, entre los cuales destacaría éste de mi querido Pascal Quignard. Llevaba tiempo intentando localizar un ejemplar de Terraza en Roma. La edición de Espasa (2002) era inencontrable: al parecer, el libro está en reimpresión (según informan algunas librerías en sus webs), y por fin, el otro día, en Laie de Via Layetana, encontré la edición francesa (col. Folio, Gallimard) y la compré.

La primera cosa que pensé al adquirir la obrita es ¿Por qué un libro francés en Barcelona me cuesta 3,80 euros, mientras que la edición española cuesta 14,80? ¿Es ésta una de las razones por la que en España se lee menos? Es evidente que es mucho más cómodo leer en español para mí, y que la escritura de Quignard no es especialmente fácil, pero quizá me tire en brazos de las ediciones francesas, dado que Quignard es un autor prolífico, con más de 70 títulos, y aunque no creo poder leerlo completo (lo que me llevaría demasiado lejos), sí me apetece hacer un esfuerzo, no sólo para ahorrarme el dinero (que también), sino para leer la obra original. Quignard es un autor que publica en varias editoriales: en Gallimard, en Galilée( mucho más cara, aunque muy bellamente editada), y en otras editoriales. En español,  su producción también ha sido publicada por varias editoriales: Espasa, Debate y ahora Cuenco de Plata (en Argentina), de manera bastante caótica y sin un orden, y por ejemplo, su Darnier Royaume, que ya va por el quinto tomo en Francia, aún no ha sido traducida al español. 
La novela que hoy me ocupa trata de la vida de el grabador Meume, cuya relación amorosa con Nanni Veet Jakobsz termina trágicamente cuando su rostro queda deesfigurado a causa del ataque, con ácido, del prometido de la joven. La melancolía, nunca la desesperación, son el tema de este libro. Sólo en el tramo final del libro intuimos que la rabia también ha presidido su existencia.
Nada resulta más interesante que tomar el pulso a la prosa de Quignard, a ratos lacónica, escueta, precisa, casi fría en su perfecta prudencia expresiva y a ratos desatada, nerviosa, altiva, arrolladora en su elocuencia. La prosa de Quignard es musical. La historia nos remite a la sutileza y al mismo tiempo a la pervivencia de un sentimiento avasallador que llena la vida del personaje, que le aísla, pero que no le impide surmegirse en su obra, la verdadera vida de Meume. La autobiografía está presente en la obra de Meume, así como los sueños, que se convierten en sueños imposibles una vez que Nani decide que ya no lo ama a causa de su horrible rostro.
Hay un encuentro que es un reencuentro, y hay un hijo. Y ese hijo vuelve para herir a Meume. De modo que todas las heridas proceden de su amor por Nanni, la bella joven de cuello largo y finas manos. La musa. 
Quignard describe con precisión las obras que Meume va diseñando y plasmando en sus grabados a punta seca, o en sus aguafuertes. La precisión descriptiva no sólo consigue mostrar la obra ante los ojos del lector, sino también el alma del artista. Todo lo que hacemos es lo que somos, seamos conscientes o no. 
La vida y la obra de Meume no pueden sustraerse nunca del hechizo inicial de Nanni, de esa primera mirada, de esos abrazos. Y en sus periplos por Salerno, Brujas, el Milanesado, España, y en su terraza en Roma, Meume sigue aferrado a ese recuerdo y a esa imagen de Nanni. Itinerante, como todos los artistas de su época (Meume nace en 1617), no se separa jamás de sus recuerdos: "También dibujé toda mi vida el mismo cuerpo, en los gritos del abrazo con los que soñaba siempre".
Su vida puede ser resumida en éxtasis, sueños, unos cuantos objetos que siempre le acompañan y una imagen que queda en su retina: la de la bella Nanni. 
El hecho de que Meume viva de un arte sin color, sólo trazado a base de la luz y de la sombra que otorga a las figuras y al paisaje, tiene que ver con la forma de la novela, también sombría, luminosa a ratos, siempre misteriosa. Una novela en claroscuro. Meume muere en Utrecht en 1667.
Alguien ha dicho que Quignard es el menos contemporáneo de los escritores. Y es cierto. Quignard es un autor neojansenista, racionalista y apasionado a un tiempo, perfeccionista de la sencillez, es profundamente complejo. Su literatura está hecha de contrastes, de luces y de sombras, de vacío y de abundancia, de silencio y de torrentes de palabras, de soledad y de silencios que de pronto estallan como luces lejanas que iluminan un rostro: nuestro rostro interior. No retórico, sino íntimo: verdadero.

"Cada día, aun bajo la lluvia marítima, aun cuando las brumas de la calor se elevaban bajo el río y se agarraban a los muros y a los árboles, iba a algunos metros de ahí, hasta el puente Fabricius. Descendía hasta el río, cerca de las ruinas y cerca del torrente. Apoyada la espalda contra la corteza de un árbol o al amparo de la enramada o  bajo el desplome de una vieja piedra, entre los patos y los gansos que chapotean en el lodo, bajo la mirada de las corzas grises, miraba el Tíber, sus remolinos, su precipitación, sus chorros de espuma blanca que se revolvían sobre las rocas. Se enterraba en su ruido sordo". 


Pascal Quignard, Terrasse à Rome, París, Gallimard (Col. Folio), 2000.
Terraza en Roma, Madrid, Espasa, 2002 (en reimpresión). 

Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

No he tenido tiempo para escribir la crítica de 'In the mood for love', pero os adelanto la de '2046'.
Mañana pago mi deuda...
Los otros blogs del proyecto ya han posteado: los podéis leer: 
Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora,Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fabrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, Sesión Doble, Ekilore, Rulemanes para Telémaco, La linterna mágica, Rod@ndo, El trono de Hatti, Palabras ocultas, Mitte, The Observer...
Director: Wong Kar-Wai, con Tony Leung, Gong Li, Takuya Kimura,Faye Wong, Zhang Ziyi, Carina Lau, Chang Chen, Wang Sum, Siu Ping Lam, Maggie Cheung.
Año de producción: 2003 Duración: Dos horas, 9 minutos. Hong-Kong-Francia
Enlace al trailer de la película

Hong Kong, 1966. En su pequeña habitación de hotel, Chow Mo Wan, escritor en crisis de inspiración, trata de terminar un libro de ciencia ficción situado en 2046. A través de la escritura, Chow recuerda a las mujeres que han atravesado su vida solitaria.Apasionadas, intelectuales o románticas, todas ellas han dejado una huella imborrable en su memoria y en su imaginario personal. Son sus recuerdos, y el libro es ese tronco al que se le susurran las palabras que nos llevan a lo más secreto de nuestro corazón, para que él los guarde. Su Li Zhen, que sin duda ha sido su amada, se aloja en la habitación 2046...
El nuevo trabajo de este autor irreemplazable, de talento intuitivo y meticulosidad enfermiza, puede ser entendido como una continuación, temporal y evolutiva, de su anterior film, la excepcional “In the mood for love" ("Deseando amar"), cuya filmación discurrió en paralelo a ésta; en realidad, dos manos cuyos dedos se entrelazan para complementarse hasta la disolución de las fronteras, por lo que no resulta recomendable acercarse a la más reciente sin conocer sus precedentes. Pero el presente largometraje es también el espacio interior en el que se dan cita las obsesiones que pueblan ese universo personal, hipnótico, perturbador, al que uno se asoma con el pudor de pisar en existencias ajenas y la convicción de contemplar su propio retrato.

Persecución estéril de lo huidizo, de aquello ya superado en cronología pero no en cuanto a equilibrio interior, “2046” trata de los demonios que habitan ese territorio compartido por el amor y la memoria, de una realidad sentimental que, como notas musicales, precisa de un tiempo concreto para distribuirse y hacerse oír, fuera del cual alteraría la melodía completa y carecería de sentido. El tímido, prudente y delicado Chow Mo Wan (Tony Leung) de “In the mood for love (Deseando amar)”, visiblemente tocado por su frustrada relación con Su Li Zhen (Maggie Cheung), se ha convertido con el paso de los años en un mujeriego cínico y descarado que, entregado a la bebida y al juego, busca compañía femenina pero, según sus propias palabras, sólo está dispuesto a comprarla al por menor, sin compromisos ni implicaciones emocionales que repitan su sufrimiento. Chow no ha abandonado su anodino trabajo en el periódico, aunque también en las ficciones que escribía se ha producido un cambio simultáneo: ya no son las novelas de artes marciales las que lo ocupan, sino historias de sexo bien pagadas y de dudosa calidad. Y es que a la contención y sobriedad erótica que presidían “In the mood for love (Deseando amar)”, ha venido a substituirlas una carnalidad mucho más explícita de placeres desatados en lugares nocturnos.

El título de la película hace referencia a la habitación del hotel donde, en el pasado, acordaron encontrarse Su Li Zhen y Chow; cuatro paredes, ahora contiguas a la suya, por las que desfilarán diferentes mujeres, sustitutas parciales de aquélla. Porque en esa búsqueda infructuosa de la mujer que reemplace los recuerdos del amor de su vida, Chow halla a Su Li dividida en tres: el cuerpo Bai Ling (Zhang Ziyi, habitual en los films del director chino Zhang Yimou), una joven impulsiva, dispuesta a cobrarse, que se enamora irremediablemente de él, la mente Wang Jing Wen (Faye Wong), la sensible hija del dueño del hotel, y escritora aficionada, a la que Chow ayuda en su relación con un novio japonés que cuenta con la oposición del padre, como si con ello expiara culpas y saldara cuentas pendientes y el nombre otra Su Li Zhen (Gong Li, la antigua musa y compañera de Yimou), tahúr profesional apodada “La araña negra”, -quizás la más consciente de su ingrato papel en la función— , todas ellas marcadas por la fatali-dad y ninguna de las cuales logrará satisfacer lo imposible: que Chow recupere aquello que quedó tan atrás. Tres capítulos —al que cabe agregar el estelarizado por la madura bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau)— pautados por la Nochebuena de años consecutivos, fechas éstas de las Navidades que, como bien sabe Charles Dickens, se prestan mejor que ninguna otra a la visita de fantasmas pretéritos que ahuyenten la soledad.

Asimismo, “2046” es el título del relato futurista que Chow está escribiendo, cuya acción transcurre, precisamente, en ese mismo año. En esta segunda ficción, trasunto de la primera, los protagonistas viajan sin retorno, a bordo de un tren ultramoderno, hacia un tiempo que promete haber conservado intacta la memoria, caso de ese joven nipón (Takuya Kimura) que persigue en una androide de reacciones retardadas lo mismo que anhela Chow, con idénticos resultados.

De este modo paralelo, va cobrando forma la paradoja que empuja a los personajes a huir hacia el futuro para reencontrar un pasado idealizado que nunca volverá. Amor y tiempo como dos coordenadas invisibles que marcan el destino —uno, determinado e irrepetible— y se cruzan en ese número mágico —estancia de hotel, emplazamiento en la ficción literaria, morada de recuerdos—.

Toda esta maraña de episodios vitales y tormentas sentimentales, llevados con parejo tacto y expresión por los actores principales, se transforma, a efectos prácticos, en un puzzle argumental de círculo cerrado, conducido por la voz en off de su protagonista masculino, que a menudo se desliza atrás y adelante en el tiempo, y donde el plano real convive con la fabulación. Pero a pesar de su aparente complejidad conceptual, “2046” discurre con la misma solidez y cla-rividencia que el material del que se nutre, el idioma de las emociones. La película exhibe la solución estilística que ya empleara en “In the mood for love (Deseando amar)”, de un preciosismo estético fascinante. Y es esa caligrafía de Wong Kar-Wai, intrínseca y tan reconocible, la más apropiada para desmigajar los pormenores del amor y sacar a la luz las dobleces del corazón. Su narración, con el falso aspecto de una improvisación musical, de borrador de un proyecto inacabado, tan pronto ahonda en el detalle tangencial como se recrea en lo pasajero, consciente como es de que lo importante no tiene por qué ser obvio y de que lo parcial es tan válido como el conjunto. Esto se traduce en sus acostumbrados e insinuantes fuera de campo, en los encuadres donde los personajes aparecen solitariamente descentrados o en esas escenas ralentizadas que pretenden congelar inútilmente el tiempo, siendo su dominio del ritmo y la composición, una lección magistral de las posibilidades que esconde el lenguaje cinematográfico.

Al de Hong Kong le gustan los pasillos estrechos llenos de puertas de las casas de huéspedes, que propician el cruce de desconocidos; los espejos y marcos que ejercen de guillotina; las escaleras en las que los encuentros se hacen fugaces; los callejones nocturnos con esquinas de paredes desconchadas que invitan a apoyar la espalda; la lluvia que parece precipitarse desde las farolas; las volutas de humo ascendiendo hasta perderse contra el techo; los pies femeninos que danzan como si tuvieran vida propia.... Gestos, roces, retales; coreografías y espacios con los que levanta una arquitectura de lo efímero, caricia sobre la herida cotidiana con guantes de seda.

Así, a esa primera piel hecha con las manifestaciones del alma, se suma una segunda capa, sucesión de imágenes exquisitas que la fotografía de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung arropa de nuevo, en ese tapiz con sello propio donde el rojo, el verde y el ámbar tienen adjudicado un puesto de honor. Y a este envoltorio visual, se añade una tercera textura, compuesta por el terciopelo de cuerdas, vocales o instrumentales, que conforman su banda sonora —otro tema principal y magstral de Shigeru Umebayashi rotundo e imborrable-, y un puñado de canciones tan atemporales como la historia misma, entre las que destacan “Siboney” de Xavier Cugat, “Perfidia” de Alberto Domínguez, “Sway” de Dean Martin, “The Christmas Song” de Nat King Cole, o el “Casta Diva” de la “Norma” de Vinenzo Bellini—. Diferentes pelajes indisolubles que constituyen una única epidermis.

El resultado, engañosamente casual pero preciso en su construcción, es un sublime revulsivo para el espíritu, extraordinario en su belleza, elegante en sus maneras y agitador por su exótica proximidad. En “2046”, sentido y sensibilidad se abrazan para dar cobijo a una visión descarnada, pesimista, extenuante de nuestra naturaleza romántica, es decir, espantosamente real. Resaca, íntima e intimista, de ideas y vivencias, revisitación propia y ajena donde la sombra de lo perecedero es más alargada que nunca, a lo que hace Wong Kar-Wai la etiqueta de película se le queda corta. Sus trabajos son siempre experiencias demoledoras, porque acarician sentidos y muerden sentimientos. Si su cine gusta, no se aprecia, se adora. Salir con lágrimas en los ojos y transidos de emoción del cine es casi una declaración de amor."

La película que me gustaría ver este fin de semana...Molière!


¿Razones? Me gusta el persaonaje de Molière; una ficción cómica sobre esos años en que ’desapareció’ de la vida pública me parece estimulante; me gusta cómo actúan Fabrice Luchini, Laura Morante y Romain Duris, y adoro las pelis de época (francesas).
La película se estrenó en enero. No sé cuándo llegará acá.

 

 

Pequeña trilogía: La mujer, por Mario De Lille Fuentes

Pequeña trilogía: La mujer, por Mario De Lille Fuentes

Mi primo Mario * es escritor y arquitecto ha publicado varios libros (novelas, cuentos, poesía), dirige la Escuela de Escritores de Tabasco (vive, desde hace décadas, en Villahermosa, Tabasco), y le he pedido que me cediera un texto para publicar en esta página. Ha accedido y me ha enviado estos tres mini relatos. Gracias, querido Mario.


MUJER DE PIEDRA


Le dijo que lo esperara. Que iba a probar suerte al otro lado.
Que era un hombre de palabra y eso vale en cualquier parte
del mundo. Que le fuera fiel porque las mujeres tienen la
paciencia de las hormigas. Que pensara en todos esos días y
esas noches cuando el amor no les cabía en el cuerpo y
menos cuando ella sentía que la cama se poblaba de
ángeles. Que no en balde después de tanto polvo de tantos
caminos, no era como para decir el surco es un animal
estéril. Sin embargo, la mujer permanecía callada como
piedra.
-Espérame mujer, con las uñas prendidas en la colcha de los
cien cuadros que nos regaló tu madre en la noche de bodas
–le dijo.
Le recordó que el no tener hijos no significa nada porque al
fin y al cabo, ahí estaban sus ahijados: desobligados,
incrédulos, holgazanes, maloshijos. Que la cosa del dinero
siempre tiene compostura pero la salud, no. Que a eso iba y
no a otra cosa. Que vería cómo iban a arreglar la casita y que
entonces vamos a salir de vacaciones a muchos lados. Que
le tuviera fe, pues, casi como al Cristo de las cuatro llagas,
porque ¿qué otro remedio les queda a los pobres que creer
en los santos y sus santos sufrimientos? Sin embargo la
mujer permanecía callada como piedra.
En fin, se pasó toda la madrugada y parte del amanecer con
la palabra en la boca. A veces como orando y otras como
haciéndose el enojado; porque está bien que sea callada y
sumisa con su marido pero no con esa sarta de parentela,
sobre todo los compadres, exigente y hasta grosera. Incluso
se le rodaron las lágrimas porque sabía que a pesar de
tantos ruegos la mujer no iba a cambiar.
Fuerte su mujer, de ahí sus esperanzas. Sin embargo la
mujer permanecía callada como piedra.
Se fue. Nunca escribió ni mandó un quinto partido por la
mitad.
Pero la mujer de veras es aguantadora y paciente. No se
movió ni un pedacito de esa piedra pesada y gris que su
hombre le había mandado hacer con tanto esmero y
sacrificio.


EL CUENTO DE NUNCA ACABAR



¿Qué te pasa criatura amada? ¿Por qué tanto temor a la luz?
Si aquí está mamá para que no pases miedos ni fríos. Anda,
corazón mío, estate tranquilo un momento que no me dejas
terminar este trabajo. A ver chiquito: ¿tienes hambre? Abra
esa boquita preciosa. ¡Caramba! ¿por qué tanta inquietud?
¿por qué tanto ruido? Duérmase mi niño y duérmase ya, que
si no se duerme va a venir el coco y se lo comerá. No papito,
claro que no: esas son cosas de mi abuela que le cantaba a
mi mamá y mi mamá a mí,  pero no es cierto, el coco no
existe. Lo que sí existen son los malos hombres que de
grandes juran y perjuran que madre sólo hay una, pero no la
de sus hijos. Pero tú no vas a ser así ¿verdad precioso?
Tienes que tomar conciencia que la mujer es muy sensible –
mucho más que el hombre– y esas cosas ya pasaron a la
historia. Por lo menos eso dicen en Civismo y en los
periódicos. Créemelo hijito, créemelo. Y ya estate quieto,
por Dios. Deja un rato tranquila a tu madre que tiene tantas
cosas que hacer. Así, así angelito, si tú siempre has sido tan
entendido y tan bueno. Por eso te adoro, hermosura mía. Te
juro que no tienes idea de cómo hemos sufrido las mujeres
a través de los siglos. Cuánta razón tiene el curita nuevo, las
cosas tienen que ser parejas, aunque yo no veo tan claro
cómo hacerle. La vida es dura, pero nuestra esperanza está
puesta en ustedes, estos muchachitos en esta nueva era. ¡Ay
nene! ¿Qué acaso no te gusta que mamita te cuente sus
cosas? Tranquilo, tranquilo.
Porque oye, no se te vaya a ocurrir que seas una bebita y
toda la ropa que te he hecho es azul. Por favor Diosito
santo, una sola cosa te pido: no quiero traer al mundo a otra
mujer para que sufra como yo.
Con una basta, porque todo lo que dije me suena al cuento
de nunca acabar.

¿NATALIA-JULIANA?


Cuentan los biógrafos de Pedro Pablo Rubens (entre ellos el
joven Marcello, el pintor tuerto, hijo de la fiel Juliana) que
ese día el excelso pintor se levantó con un humor de
placenta  negra.
La noche anterior se había excedido en beber “la leche de la
mujer amada”. Y a pesar que era un estupendo bebedor –
sobre todo de los vinos de Alemania–, mostraba a todas
luces los estragos del desaforo reciente; aunque nunca como
el adolescente pintor preferido. Pero el lienzo más reciente
lo estaba esperando, y el maestro, acompañado de sus
alumnos, se dirigió a grandes zancadas al estudio.
       La bella Natalia, ansiosa, se bajó el camisón más allá
del recato impuesto por su amante, el duque de Mantua.
Rubens entrecerró los ojos y con un furor realmente
desconocido, le mordió el seno izquierdo, brotando un
chorro, mitad leche, mitad sangre (que sirvió después para
otro tema universal). Por cierto que Natalia había dado a luz
hacía unas cuantas semanas y sus pechos reventaban por los
ilustres gemelos; por eso el chorro no se hizo esperar.
Como toda mujer de la corte, Natalia se escandalizó y
montando en cólera rompió el retrato, no sin antes
amenazar al ilustre pintor con la ira y venganza del duque.
Rubens renegó de su suerte y del genio terrible de la
cortesana. Salió dando un portazo que hizo temblar el ala
norte del castillo y juró no volver a pintar a ninguna dama de
la corte.
Ofreció sus disculpas al duque –mismas que fueron
aceptadas para no hacer más grande la cosa y por tratarse
de quien se trataba–, trató de rehacer el cuadro, tomando
como modelo a la nodriza; se volvió a emborrachar y repitió
la historia de la mordida. Dicen sus alumnos, sobre todo
Marcello, que la buena mujer se mordió los labios hasta
sangrar, no emitió ningún grito y por supuesto no tomó
represalia alguna en contra del amado, tierno y eminente
pintor. Al contrario, ascendió unas cuartas del suelo y lívida
como la asunción de la Virgen, quedó plasmada por el pincel
maravilloso del ilustre flamenco.

Gracias a esta curiosa anécdota, “La virgen y el niño” pasó a
la posteridad como un claro ejemplo de cómo las soberbias
mujeres plebeyas son mejores modelos que las sofisticadas
mujeres de la corte; repitiéndose el tema por muchísimos
pintores barrocos.
Lo que nunca supo Rubens ni tampoco sus discípulos, y
mucho menos Marcello, es que la nodriza –dentro del área
del castillo– se ganaba el diez por ciento del descorche de
cada botella de “la leche de la mujer amada”.


* (Noticia biobibliográfica)

Mario De Lille Fuentes

 

Nació en México, D. F. el 6 de noviembre de 1936. Profesión: arquitecto. Renace en Tabasco desde 1961.

 

Participó como tallerista en los dos primeros talleres literarios de la localidad: Fernando Nieto Cadena y Andrés González Pagés. Coordinador de once talleres literarios en el estado y actualmente Director de la Escuela de Escritores “José Gorostiza” SET-SOGEM.

 

Obtuvo el premio “Justo Sierra O’Reilly” en 1986 y ha sido editado en diez obras, en los géneros de narrativa (novela, cuento y cuento infantil), poesía y dramaturgia.

 

Fue presidente fundador de la Sociedad de Escritores Tabasqueños “Letras y Voces de Tabasco” A. C. y actualmente es Director de la Escuela de Escritores “José Gorostiza”, (filial de dicha asociación) en Villahermosa.

 

En sus veintiséis años como escritor, ha producido poco, pero malo: Solamente yo quedo, Novela, 1986; Advertencias amorales al lector y cierto tipo de cuentos sumamente inocentes, 1988; Dios te salve Maria, non sancta, 1990), poemario. Un poema largo: Somos por la danza de tus manos (1998), incluido en el poemario: Semilla a punto de vuelo, 1999;  así como una pequeña obra trágico-narrativa: Dino a las drogas (1999, de la nueva narraturgia tabasqueña). También ha participado en varias colecciones colectivas: de la Sociedad de Escritores Tabasqueños: Antología de narrativa contemporánea de Tabasco, (1994); Primero a voz, (1995) y en ese mismo año: Antología de poesía. Además participa también en Eroticom plus, 2000; en la plaqueta En un ambiente sin hombre, 2001; y en el libro de cuentos infantiles y juveniles Casa llena, 2001 (en prensa). Lo más reciente publicado es un cuentario también de título corto, pero sugerente: Breve y verídica historia de como los lunáticos poblamos la Tierra. Y sus consecuencias, 2001. ¡Ah!: un libro de cuentos (Los cuentos del PaloMario), en extremo interesante, que está  revisando al haber terminado al alimón con su hermana (quien radica en el DF.), así como una recolección de ponencias con temática diversa. Como becario del FECAT, en  2004 terminó una antinovela o varia invención: Tropicalia. Su libro más reciente es de literatura para niños: Nuestro mundo con Clau-dia (coeditado por la SECURED, la UJAT y la SET). En este año de 2007 está trabajando en unos textos narrativos para niños: Minianimalismos del Trópico.



Jakob von Gunten de Robert Walser

Jakob von Gunten de Robert Walser

Jakob von Gunten fue la primera novela de Robert Walser que alcanzó una fama envidiable.

Leerla me ha recordado mucho a Thomas Bernhard, escritor austriaco que también hace un repaso demoledor de los fines de la enseñanza en uno de los volúmenes de su famosa pentalogía: la enseñanza destruye la iniciativa, la creatividad del individuo y le convierte en una oveja del rebaño social.

Éste es el tema de la novela de Walser. En Bernhard, este hecho incontestable se vive como una frustración, como una herida. En Jakob von  Gunten es una bendición, un bien precioso. No ser nadie, no tener opiniones propias, no hacer nada, no aprender nada, no cuestionar: obedecer, callarse, Aceptar la mediocridad. ¿Por qué? No lo sabemos. Jakob se sumerge en el mundo de la Academia Benjamenta y se enamora de la señorita y del director: son sus maestros. A su lado, los compañeros ( Fuchs, Schilinski, Schacht, Kraus  y otros), unos más torpes que otros, alguno con grandes cualidades. Jakob -voz narrativa-,  resalta siempre en ellos lo positivo, sin dejar de mencionar, de pasada, sus defectos. Von Gunten asume la realidad, la acepta, sólo a veces duda, se contradice muchas veces, medita, decide no ser. No ser importante, no ser encantador, no ser elegante, no resaltar, no llamar la atención: ser una persona invisible, prescindible para todos menos para los Benjamenta.

Lo extraordinario del enfoque y la escritura, una escritura distante, y sin embargo activa, emocional por ese mismo distanciamiento que es el del personaje con relación a la vida, nos involucra en la trama. Una trama de extraño realismo, a la vez que onírica por su transparencia metafórica, que se proyecta como una radiografía de la realidad de nuestras sociedades-castradoras.

En el conformismo puede encontrarse la felicidad, nos viene a decir Jakob. En la ausencia de ambiciones, en la aceptación de una realidad mísera es en donde podemos ser. Sin pensamiento crítico, podemos vivir, plenamente imbuidos de esa nada. Marchar por la vida como si estuviéramos en un inmenso páramo blanco, nevado, frío, ausente de vida o de floración en ausencia de ilusiones que, de existir,  sin duda alguna se evaporarían dejando dolor. 

Jakob siente. Pero siente como en segunda potencia, lejos, a la vez que multiplicado. No quiere ser otro von Gunten. Quiere ser un Bejamenta. Su entrada en la casa de los hermanos es su iniciación en ese mundo hiperrealista y lleno de misterios para el joven estudiante. 

Hay algo de perverso en todos esos libros que hablan de internados. Lo hay tanto en Jane Eyre de Charlotte Brönte como en  la primera parte de La sombra del ciprés es alargada de Delibes, aunque los mundos de sus narradores estén tan lejos, en el tiempo y en el espacio. El interregno del internado (también pienso en Cero en conducta de Jean Vigo), es ese purgatorio de soledades y de lejanías y de descubrimientos personales que no están lejos del dolor, pero que son sólo preparatorios, aunque en sí mismos constituyan un mundo. Un mundo en que se vive absolutamente, como si el mañana no existiese.

Jakob von Gunten es una gran novela. Misteriosa, evocadora, triste, con una melancolía tenue, casi imperceptible, tan evanescente como los sueños que tiene el adolescente narrador sobre la señorita Benjamenta.

Walser es como Lucien Freud, como Stanley Spencer, un creador de miradas.



Robert Walser, Jakob von Gunten, Ed. Siruela, Madrid, 2003. Trad, de Juan José del Solar.  

Gustave Moreau

Como el otro día escribí aquí (a propósito de mi lectura del libro de Gerard Vergés, Tretze biografies), sobre Moreau, me puse a navegar por la red y encontré algunas muestras de su maestría. Arte y maestría no son sinónimos. Para mí, Moreau es un maestro de la acuarela, un amante y un creador de la belleza, pero no es un artista tal como yo veo el arte. Es una decorador. Un hombre que domina su técnica. Qué alejado está de los que me emocionan (como Goya o como Vermeer). Sin embargo, contemplar sus obras es mirar la belleza, decadente y lujuriosa, del mundo mitológico y del mundo oriental y bíblico: Moreau es un preciosista. Por supuesto, no pienso dejar de visitar su Casa-Museo en París, si finalmente voy para allá en mayo. Os dejo aquí una considerable muestra de sus bellísimas acuarelas y de algún que otro óleo. Espero que os gusten.