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05/05/2008

¿Quién no ama a Johhny Depp?

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No puedo imaginar un actor más amable que Johnny Depp. Desde sus comienzos como Eduardo Manostijeras hasta hoy, me parece un actor coherente. Su apariencia no es extraordinaria y no la necesita: le basta con su mirada, tan expresiva, y con su voz y movimentos, tan adecuados siempre a lo que podemos llamar ’el hombre romántico’. Porque Depp encarna a ese hombre: contestatario, extraño, original, anticonvencional: es el pirata (Piratas del Caribe), el robot no terminado (Manostijeras) , el hombre justo enfrentado al más allá (Sleepy Hallow), el gitano errante ( The man who cried) , el poeta cínico y autodestructivo (El Libertino), el cineasta pobretón y fracasado (Ed Wood), el desperado que por salvar a su familia es capaz de todo (The Brave).

Aunque el concepto de hombre romántico da vida a todas estas actuaciones, no vamos a confundirlo con un héroe romántico. Una de las características de Depp es que humaniza a sus personajes. Ninguno está por encima de la realidad, ni siquiera los más fantasiosos. Todos tienen una humanidad que podemos ver y tocar y sentir.

Y todos son amables.

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05/05/2008 14:30 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 6 comentarios.

23/04/2008

Herida (Damage), de Louis Malle



Hoy es día de Sant Jordi y quiero celebrarlo recordando esta hermosa, oscura película de Louis Malle, con un Jeremy Irons en el apogeo de su masculina belleza ( bordando uno de sus torturados personajes) y Juliette Binoche que, cuando está bien dirigida, hace verosímil cualquier personaje, por más extraordinario que sea. Basta recordarla como mendiga en la fabulosa Los amantes del Pont Neuf, de Leos Carax.
Hay muchos tipos de amor. Uno lleva a la muerte. Es el amor- pasión, el que no puede aguardar a llegar a la cama, el que comienza a desabrochar botones antes de que se abran las puertas del ascensor, o el que rompe la tela del vestido rojo para tocar antes la piel deseada. El amor que es una borrachera de deseo. Desbocado, absurdo, amor loco y destructor. Amor que te lleva al límite del dolor cuando, solo en una cama vacía, no puedes hacer otra cosa que doblar las rodillas y aguantar, en posición fetal, a que pase el remolino de emociones y el deseo de morir ahí mismo.
Amor que no conoce a nadie, amor que puede asesinar al hijo, al esposo, al padre con tal de cumplir su deseo. Amor que dio sentido a tu vida, a mi vida, en un momento que siempre vuelve a ser: eterno retorno. Rosa incorrupta, rosa abierta de sangre. Rosa herida.



Louis Malle, Herida (Damage, basada en la novela de Josephine Hart), Reparto: Jeremy Irons, Juliette Binoche, Miranda Richardson, Rupert Graves; Guión: David Hare; Dirección artística: Richard Earl; Diseño de Producción: Brian Morris; Fotografía: Peter Biziou; Montaje: John Bloom; Música: Zbigniew Preisner; Productores: Louis Malle, Simon Relph, Vincent Malle; Vestuario: Milena Canonero (Francia, Reino Unido, Alemania, 1992).







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23/04/2008 15:23 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 8 comentarios.

06/04/2008

Algunos actores favoritos

Todo el mundo sabe que tengo gustos raros. Por gustos raros entiendo que me gustan los libros y las pelis que poca gente ha leído o visto, y que me fijo en autores o actores o actrices o directores que no son precisamente ’populares’. Algunas veces esto me resulta simpático, sentirme así, tan exótica para los demás (incluidas mis hijas o mis mejores amigos). Y para que consta una vez más de ello, aquí os va una lista ’rara’, como yo misma: la de actores no muy conocidos o no muy populares que a mí me encantan y que han actuado en películas que considero relevantes:


* Tim Robbins en Código 46 de Michael Wintherbottom (2003) y La vida secreta de las palabras de Isabel Coixet (2005). Un actor larguilucho y desgarbado, con una sensibilidad a flor de piel.

* Ciaran Hinds, un actor irlandés, en Persuasión (1995) y El alcalde de Casterbridge . Por cierto que para que se vea que todo es inescrutable, Wintherbottom filmó majestuosamente una versión adaptada de El mayor... con Sarah Polley, co-protagonista de Robbins en la peli de Coixet, con el nombre de The Claim. Tal vez Ciaran os suene porque ha sido el Julio César de la serie Roma.

* Alan Rickman en Sentido y sensibilidad de Ang Lee ( 1995) y en Tierra de armarios, con Madeleine Stowe , de Rahda Bharawdaj (1991). Aparte de sus actuaciones, me encanta su voz.

* Miguel Ángel Solá en Fausto 5.0 (2001) y La playa de los galgos, de Mario Camus ( 2002). Me gusta su sobriedad y su talante concentrado.

* Pascal Greggory en Gabrielle y en La reina Margot, ambas de Patrice Chéreau. A pesar de que ha tenido una época de crisis, lo encuentro un actor eficaz, con una gran presencia escénica y un carisma especial.

* Romain Duris en Arsène Lupin, Molière, o De latir, mi corazón se ha parado (2005). Es un actor cuya energía voraz traspasa la pantalla. Tiene una gran personalidad, que pone al servicio de su oficio.

* André Dussollier en La fortuna de vivir de Jean Becker, una de mis películas favoritas y Un corazón en invierno,de Claude Sautet, con el gran Daniel Auteuil. Ganó un César con On connaît la chanson, de Resnais. De él me gusta su ductilidad: todos los papeles que hace están bien hechos. Un actor sólido.

* Benôit Magimel en La pasión del rey y La dama de honor de Chabrol. Como Greggory, ha tenido el mérito de sobresalir al lado de ese monstruo de la pantalla que es Isabelle Huppert (Greggory en Gabrielle, Magimel en La pianista, ese Chabrol inolvidable...) Además, Magimel es hermoso como un dios griego.

* Klaus Maria Brandauer, en la trilogía centroeuropea de István Szabó: Mephisto, Coronel Redl y El Adivino.

* Bruno Ganz en Nosferatu de Werner Herzog y La marquesa de O de Eric Rohmer. Ambos actores frecuentan poco la pantalla: son actores de teatro. Pero ambos, cada vez que incursionan en el cine, dejan actuaciones memorables.

* Daniel Brühl en Salvador y Ladies in Lavender, con dos de las grandes damas del cine británico, Judi Dench y Maggie Smith, ahí es nada o Good bye Lenin. Una carita joven, un actor fresco y con gran capacidad, como ha demostrado encarnando a Puig Antich.

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06/04/2008 20:40 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine No hay comentarios. Comentar.

13/01/2008

Jane Eyre: sobre el personaje de Edward Rochester: Orson Welles y Toby Stephens


En 2006, y tras una cantidad ingente de mediocres versiones de la gran novela romántica de Charlotte Brönte, la BBC llevó a cabo esta miniserie.
De todas las versiones anteriores, la única que se sostiene por sus méritos es la que se filmó en 1944, con Orson Welles como Edward Rochester y Joan Fontaine como Jane. La firmaba Robert Stevens, pero en su oscuridad, goticismo y tenebrosa belleza neoexpresionista se adivina la mano prodigiosa de Welles.

Desde entonces, todos los Edward Rochester de la pantalla han estado por debajo de ese gran personaje masculino, entre otros, George C. Scott, demasiado estólido y cuadrado, Timothy Dalton, mediocre en sí mismo, incapaz de dotar a Rochester de su fiereza y ternura o William Hurt, completamente desangelado, frío y fuera del personaje...

Pero en este miniserie de 2006 encontramos a un Toby Stephens en Rochester (de casta le viene al galgo, pues es hijo de Maggie Smith).

Todas las obras literarias necesitan revisarse, y en cierto modo, actualizarse de tanto en tanto. Su lectura es múltiple y va de acuerdo con los tiempos.

La versión (excelente) de 1944, fruto de nada menos que de Aldous Huxley en el guión, pecaba quizá de una cierta timidez en cuanto a la pasión que unía a Rochester y a Jane, no haciéndola visible ante los espectadores excepto en momentos clave, y se personificaba ante nosotros en unos pocos besos apasionados, miradas ardientes y manos entrelazadas compulsivamente. En la versión de la BBC se nos muestra de mejor manera la pasión que une a estas dos almas solitarias, heridas: su unión no es sólo espiritual, es también física, y es por eso que el sacrificio que se impone Jane ( y que le impone al desdichado Rochester), es tan insoportable.

Que Jane se enamore perdidamente de Rochester parece bastante comprensible. Es un ser torturado por misteriosas y tremendas desdichas, un viajero impenitente, un cascarrabias capaz de la más sutil ternura. Un ser poderoso, que trata a la joven mujer como a su igual, que en cuestiones morales la sabe superior a sí mismo, y que confía en ella (y sólo en ella), ciegamente.

Rochester ve en la pequeña Jane la fuerza ética, la incorruptibilidad, la pureza. Como expresó muy bien Toby Stephens en una entrevista, Jane es prístina. Carece de la carga de oscuro pecado que él lleva sobre sus hombros. Y sin embargo, Jane es también oscura como él puesto que ha sufrido. Ha sido una niña huérfana de padre y madre, rechazada, reprimida por su tía Reed y por el internado; Jane ha sufrido la pérdida de su única amiga y por todo ello, Jane puede comprender a Rochester y Rochester a Jane, como si ’un hilo invisible atara su corazón al mío’.

El carácter, la personalidad de Rochester, qué reto para un actor. Ciclotímico y sereno, violento, rudo y también exquisito y tierno, anegado por la angustia de su pasado y a la vez capaz de enfrentarse ’ a la ira de Dios’ en su búsqueda de la felicidad con Jane. Sufriente y capaz de inocentes alegrías, como cuando sale con Jane a comprar vestidos para su luna de miel. Herido de muerte, vulnerable cuando se siente solo, cuando le pide a Jane ’No te vayas ¿quién me ayudará si tú no estás?’, y al mismo tiempo fuerte, viril, potente y decidido. Rochester, se nos dice, no es guapo, pero qué personaje más atractivo.

Para mí, el primero en encarnarlo después de Welles es Stephens, incluso cuando físicamente carece de esa estatura que hacía que Welles llenara toda la pantalla con su inmensa presencia. Stephens es pequeño, y sin embargo, su Rochester está lleno de grandeza. Todos los matices del dolor han sido interiorizados; transmite todo ese sarcasmo profundo de Rochester (que hace que se permita burlarse de su adorada Jane, cuando le indica, perversamente, que puede llegar a casarse con la vanidosa Blanche Ingram), pero sin hacerlo caer en la maldad. Le da una fuerza sexual que Welles transmitía también: Rochester es sexy, muy sexy. Y Welles y Stephens demuestran esa pulsión abismal, esa necesidad de hembra, pero también de alma, que se une en Jane para encarnar, como indica Rochester ’la otra parte de mi alma, la compañera de mi vida’.

Rochester es sin duda un icono de la masculinidad bien entendida. El hombre fuerte y débil, todopoderoso y vulnerable, rudo y tierno, distante y complaciente que todas desearíamos tener o por lo menos, haber amado alguna vez. Porque además, Rochester posee una cualidad : la fidelidad. Jamás veremos a Rochester gustar verdaderamente de la presencia de la hermosa y ambiciosa Blanche. Él sabe de quién es su corazón, y lo mantiene alejado de tentaciones mientras ama a Jane, es decir, desde ese primer encuentro, en medio de la niebla, en medio del páramo. Cuando ella ’se le aparece’ como una hechicera, haciéndolo caer del caballo.

Veo muy poco la televisión y no sé si en España se ha visto esta serie. Os recomiendo las dos: La indispensable Jane Eyre de 1944 y la Jane Eyre de la BBC de 2006.
Una y otra se complementan y nos invitan a la lectura de una de las grandes obras de la literatura universal, la Jane Eyre de Charlotte Brönte, esa extraña mujer que imaginó esa gran historia de amor que nunca vivió. Y que lo hizo magistralmente.

No me es posible enlazar directamente este fragmento con Welles, pero podéis seguir el enlace y verlo. Vale la pena.


Jane Eyre (USA 1944), Director: Robert Stevens, Guión: Aldous Huxley y John Houseman sobre la novela homónima de Charlotte Brönte. Música: Bernard Hermann, Fotografía: George Barnes.Reparto: Orson Welles, Joan Fontaine, Margaret O’Brien, Agnes Moorehead, Peggy Ann Gardner y Elizabeth Taylor (en el pequeño papel de Helen).

Jane Eyre (BBC, UK, 2006, miniserie en 4 capítulos), Directora: Sussanah White, guión: Sandy Welch, M´suca: Rob Lane, Fotografía: Mike Eley. Reparto: Toby Stephens, Ruth Wilson, Tara Fitzgerald, Francesca Annis, Claudia Colter.


Charlotte Brönte: Jane Eyre, Alianza Editorial, Madrid, 2006.

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13/01/2008 11:27 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 4 comentarios.

14/11/2007

Sesiones Dobles. Segunda sesión: El séptimo sello, de Ingmar Bergman

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El Séptimo sello es probablemente la película más vista y comentada de Bergman, la que ha calado más hondo en la memoria colectiva. La idea estética y metafísica que le sirve de aliento (la de la Muerte jugando al ajedrez con el caballero), le vino a Bergman cuando, acompañando a su padre por las iglesias del lugar, vio un fresco que documenta ese encuentro. El mismo fresco que Anton Block ha visto también. Cuando la Muerte le pregunta que cómo sabe que juega al ajedrez, Block le responde: "Porque lo he visto en algunas pinturas".  

La película hermana de ésta es El manantial de la Doncella en la que también se mezclan en un solo plano la realidad y el mito o la leyenda.

Yo creo que si hay una película que explique qué fue la Edad Media, ésa es El séptimo sello, cuando lo maravilloso formaba parte de la vida cotidiana (esa bellísima escena, llena de candor, en la que el juglar ve a la Virgen María enseñando a andar al niño Jesús), y en la que la fe y la duda formaban parte integrante de la mentalidad colectiva. Cuando la muerte era una presencia, una acompañante de la vida.

Block y su escudero, un poco cínico y un mucho lúcido y descreído, vuelven de la Cruzada a cumplir su destino, que no es otro que morir. 

En su camino hacia y con la Muerte, encuentran cadáveres, un pintor de iglesias, una joven martirizada como bruja, una muchacha que va a ser violada, una compañía de juglares (que protagonizan una pequeña historia picante), y una esposa que espera el regreso de su marido, Penélope medieval.

Durante ese largo trayecto, avanzan con la Muerte. El juglar, que ve a la Virgen, curiosamente no percibe la presencia de la Muerte excepto cuando va huyendo de ella en medio de una tormenta casi sobrenatural.    

El juglar, José, y su esposa, María, con su hermoso bebé son los verdaderos vencedores. Ellos no morirán (por el momento). El caballero los salva. Es ese pequeño gesto el que lo eleva y redime y no su participación en la Cruzada. A pesar de que no tiene fe, y quiere tenerla, como el San Miguel Bueno de Unamuno, Anton lleva a cabo esta pequeña acción de amistad: distrae a la muerte para que los tres huyan y se salven. Anton sabe que lleva a la muerte consigo y que su juego de ajedrez no es más que una triquiñuela inútil. Pero salvar a esos tres seres llenos de pureza es su acción particular, la que le salvará a él, finalmente. La que le hará sentir que su vida ha tenido un propósito, lejos de la muerte y de la destrucción de su Cruzada, lejos de la frialdad y soledad de su alejamiento del hogar. 

Su reencuentro con la paciente esposa es frío, distante: ya no es de este mundo. El momento más bello es el de la amistad, cuando en el campo come las fresas y bebe la leche que les ofrece María, en compañía de los otros.

El caballero es un ser descreído que necesita creer, el escudero es su conciencia crítica. La Muerte existe, pero no sabe nada. Ella no sabe siquiera si Dios existe ni dónde está. La Muerte lo ignora todo, igual que él. Sólo cumple con su trabajo. 

Como le dice Oliverio a una Muerte más seductora que ésta en El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela : "¡Vaya laburo de mierda que tenés! ¡Muerte puta, puta Muerte!"



El séptimo sello, Dirección y guión: Ingmar Bergman. Producción: Allan Ekelund. Música: Erik Nordgren. Fotografía: Gunnar Fischer. Reparto: Max von Sydow, Bibi Andersson, Gunnar Björnstrand, Bengkt Ekerot, Nils Poppe (Suecia, 1957).

 

Club de Sesiones Dobles:  Sesiones Dobles (Organizador), Books & Films, El diario de Mr. MacGuffin, Sesión doble, Cineahora, El espejo de los sueños, Arte y literatura, El trono de Hatti, La mujer justa, Ojo de buey, Himnem, El lamento de Portnoy, Otros clásicos, La linterna mágica, Mitte, El dia del cazador, Marcovelez.net, Corten!!!, Rulemanes para Telémaco, Cinefilo-Compulsivo, Intramuros, Arricom.


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14/11/2007 06:24 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 4 comentarios.

05/11/2007

Sesiones dobles. Primera sesión: Fresas salvajes, de Ingmar Bergman

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Aun cuando me había retirado del blog, acepté el reto lanzado desde Sesiones Dobles para hacer una revisión de estas dos obras del Bergman temprano.
Han pasado los días y no conseguía sentarme a ver las películas. Debo aclarar que cuando yo comencé a ver Bergmans en el cineclub de la Ciudad Universitaria de México (corrían los años de 1966 y 1967), no vi estas películas. Yo comencé por Persona, por Pasión, por Vergüenza, para luego ver El rostro o La noche del Lobo. En otras palabras, comencé por el postre.
Fue ya en Barcelona cuando me topé con el Bergman de El séptimo sello, y su fastuoso blanco y negro me era bien conocido, junto con su mezcla de onirismo y neoexpresionismo que todavía hoy me siguen asombrando.

 Hasta hace poco, no había visto Fresas salvajes. Creo que fue a raíz de un post de Portnoy que me picó la curiosidad por esta obra, que en principio no me había apetecido.

Es una obra oscura, misteriosa, deshilvanada. Creada a partir de la intersección del recuerdo y la realidad, y con el añadido de los sueños. Los sueños que muestran, elocuentemente, la realidad que el profesor nos va detallando pocos segundos antes, cuando, tomando la voz narrativa, nos habla de su misantropía, de su egoísmo, de su carencia de verdaderos afectos.


El profesor Isak Bjork inicia su viaje hacia Lundt para recibir una distinción por su jubileo como médico. Antes, tiene un sueño, o mejor dicho, una pesadilla: el sueño de los relojes me recuerda la leyenda de Félix de Montemar, variante de la de don Juan, cuando el personaje principal contempla su propio entierro. El trasfondo es el mismo: el tiempo vuela, y cuando se detiene (ya no hay manecillas que corren para marcar las horas), ¿qué queda? Tal vez sólo el amargo sabor de la soledad y de la nada.


Y sin embargo, la vida corre pararela a esta convicción pesimista (o tal vez sólo realista de la existencia), y al mismo tiempo que el profesor constata que ha vivido -tal vez equivocadamente-, volcado en su profesión, sin atender a los cariños, aparecen nuevos personajes en su vida, y con ellos, nuevos florecimientos, nuevos amores. Al mismo tiempo que de su memoria emerge el primer amor, Sara, que luego casó con su hermano Siegfried, aparece otra Sara, viva, palpitante, cariñosa, aventurera, que viaja hacia Italia (hacia la luz), con sus dos compañeros, Viktor y Anders. Como la antigua Sara, escoltada por los dos pretendientes, Isak y Siegfried, esta Sara irrumpe en la vida de Isak y se siente ’orgullosa’ de él.


También su nuera, Marianne, antes lejana, a raíz del viaje se encuentra con él. Los resabios de un viejo rencor entre el profesor y su hijo desaparecen, Marianne y el profesor ven nacer o renacer el tímido sentimiento paterno-filial. Marianne y el profesor se ven reflejados en un matrimonio con el tienen un accidente, aunque Marianne apostilla: ’Pero nosotros nos queremos’, refiriéndose a ella y al hijo del profesor, Evald. El profesor evoca también a su esposa, a quien, como Evald a Marianne, trató ’glacialmente’.

De todo toma nota el viejo, mientras se acerca el momento de recibir los honores de la universidad. Y así, la extraña película llega a un dulce final, con el profesor que sonríe desde su cama, quizá deseando ser otro ser después del viaje, un ser más humano, más cariñoso, menos solitario.


Algunos críticos piensan que estos sueños o estos recuerdos aparecen en la obra de Bergman para decirnos que el profesor ya no tiene vida. Yo no lo creo. Creo que los recuerdos, los sueños forman parte de nuestro presente, somos lo que fuimos, no dejamos de ser o de tener un presente por recordar nuestro primer amor, nuestra infancia...

Quizá el profesor, que hace un examen de conciencia que dura lo que su viaje, refleje la mirada protestante de ese Bergman moralista que tanto molesta a algunos; pero creo que todos, llegados a la vejez, vamos trazando ese camino que nos lleva hacia atrás, hacemos balance, vemos con claridad nuestros defectos, nuestras carencias, nuestros errores. Como el profesor, creemos que todavía, quizá...tenemos tiempo...

 

Título español: Fresas Salvajes (Smultronstället). Director y guionista: Ingmar Bergman. Fotografía :Gunnar Fischer. Música: Erik Nordgren. Montaje: Oscar Rosander. Producción: Svensk Filmindustri. Reparto:Victor Sjöstrom, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand, Max von Sydow.

Club de Sesiones Dobles:  Sesiones Dobles (Organizador), Books & Films, El diario de Mr. MacGuffin, Sesión doble, Cineahora, El espejo de los sueños, Arte y literatura, El trono de Hatti, La mujer justa, Ojo de buey, Himnem, El lamento de Portnoy, Otros clásicos, La linterna mágica, Mitte, El dia del cazador, Marcovelez.net, Corten!!!, Rulemanes para Telémaco, Cinefilo-Compulsivo, Intramuros, Arricom.

 

 

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05/11/2007 18:59 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 4 comentarios.

02/11/2007

La donna scimmia, de Marco Ferreri

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Hace varios años vi por la tele esta pelicula de Ferreri, autor que trabajó en España en tandem con el gran Rafael Azcona, con quien también firma el guión de esta singular película italo-francesa.

La película desarrolla un tema extraído de la realidad y guarda muchas coincidencias con la historia de la mexicana Julia Pastrana, mujer que padecía una enfermedad que unos llaman hirsutismo.

La película de Ferreri, en tono neorrealista y  con una música jaranera, nos muestra el esperpento: un cara-dura, un pobre diablo que no tiene de qué vivir, conoce a María, huérfana que reside en un orfanato religioso. 

Al ver su rostro, brazos y manos cubiertos de pelo, a Antonio se le ocurre vivir de ella, explotando el morbo de todos, exhibiéndola en un espectáculo que no era infrecuente en el mundo occidental de los años 30 y 40: las ferias de fenómenos.

Si Lynch en El hombre elefante (1980), nos obsequia con un melodrama memorable; Ferreri, unos años antes, nos había dado un esperpento engañoso, porque a ratos puede parecer que Antonio trata a la mujer simia con ternura, cuando en realidad no hace sino explotarla.  

Antonio la exhibe en un galpón, inventando una historia mítica de coyunda zoofílica (sé que esto le gustará a Luri ). Tras de un intento por vender la  virginidad de la extraña criatura a un exótico 'patricio' napolitano y tras el regreso de la joven al orfanato, se ve obligado a casarse con ella para asegurarse la explotación de 'su' monstruo.

María, inocente siempre, siempre dulce y buena, agradece a la vida la oportunidad de ser una mujer casada, de ser 'libre'. Jamás llega a sospechar los verdaderos sentimientos de su 'dueño', ni siquiera cuando éste se resiste a cumplir con el 'débito' conyugal.

La vida parece transcurrir para ella con felicidad y armonía. La actuación pasa por teatruchos napolitanos y parisinos hasta que la joven se queda embarazada. 

Cuando ella muere y muere el bebé, que también heredará la condición pilosa de la madre, cede los cuerpos a un museo para su embalsamamiento y finalmente los exhibe en un teatrillo.


El tono de la obra es escrupuloso y neutro. Ferreri no toma partido ni juzga: eso nos lo deja a nosotros, que asistimos a este drama pensando aquello que un par de veces dice María (cuando el médico le aconseja abortar, por ejemplo): "¡Sois unos monstruos!" Es la misma sensación que tenemos con la película de Lynch. Los monstruos son los otros (¿nosotros?).


La donna scimmia (Italia-Francia, 1964), Dirección:Marco Ferreri. Productor: Carlo Ponti. Guión: Marco Ferreri y Rafael Azcona. Intérpretes: Ugo Tognazzi, Annie Girardot, Achille Majeroni, Elvira Paolini. Fotografía: Aldo Tonti; Montaje: Mario Serandrei: Música: Teo Usuelli.





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02/11/2007 20:35 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 6 comentarios.

29/09/2007

Sesiones dobles. Fresas salvajes y El séptimo sello, de Ingmar Bergman

 

Tras el éxito que tuvo la propuesta de escribir sobre las dos pelis de oro de Won Kar-Wai, desde  Sesiones Dobles (Organizador) se pasó a la propuesta de proseguir esa buena práctica con el maestro de los maestros: el inigualable señor Ingmar Bergman.

A pesar de que ya había anunciado mi retirada de la blogósfera, acepté el reto, o más bien dicho me apunté al reto. Por tres razones: porque me interesa interactuar desde aquí, porque la propuesta era bonita y porque me gusta revisar mis grandes favoritos.

Aunque, como veréis, he llegado tarde a la promo del asunto, me he propuesto cumplir con los plazos y hoy he visto ya Fresas salvajes. Naturalmente, la reseña queda para más adelante, cumpliendo el calendario dado por el organizador.

El post original es éste:


Sesión Doble I: Ingmar Bergman


Título español: El septimo sello
Título inglés: The seventh seal
Título original: Sjunde Inseglet, Det
Director: Ingmar Bergman
Guionista: Ingmar Bergman
Año: 1957
País: Suecia
Idioma orginal: Sueco





Título español: Fresas Salvajes
Título inglés: Wild strawberries
Título original: Smultronstället
Director: Ingmar Bergman
Guionista: Ingmar Bergman
Año: 1957
País: Suecia
Idioma original: Sueco


Fechas de visionado: 17 de Septiembre al 31 de Octubre de 2.007
Fechas de publicación posts: 1 al 15 de Noviembre de 2.007
Blogs participantes:
  • Books & Films
  • El diario de Mr. MacGuffin
  • Sesión doble
  • Cineahora
  • Fabrica de ilusiones
  • El espejo de los sueños
  • Arte y literatura
  • El trono de Hatti
  • La mujer justa
  • Ojo de buey
  • Himnem
  • El lamento de Portnoy
  • Otros clásicos
  • La linterna mágica
  • Mitte
  • El dia del cazador
  • Marcovelez.net
  • Corten!!!
  • Rulemanes para Telémaco
  • Cinefilo-Compulsivo
  • Así, pues, hasta pronto.

     

     

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    29/09/2007 20:53 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 1 comentario.

    30/07/2007

    Un adiós a Ingmar Bergman

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    Yo tenía 16 años. Iba cada domingo al cineclub del CUC, en la UNAM. Con Bergman (Persona, Pasión, Vergüenza) y con Truffaut, especialmente, comencé a ver cine, a ver cine de verdad.
    Persona ha sido para mí, junto con El séptimo sello, una de sus mejores películas. En Persona, Bergman nos habla del silencio, silencio necesario, autoimpuesto, porque llega un momento en que ya no se tolera la impostura, el teatro, la representación de algo que no somos nosotros y hace falta callar. Los otros querrán romper ese silencio, interpretarán ese silencio según su propio discurso interior, como si ese silencio no pudiera, no debiera ser vacío puro, silencio verdadero, como si hubiera que poblarlo de palabras o buscarle un sentido, cuando lo que se manifiesta en él es precisamente la nada. Como en muchas de sus películas, hay un proceso de vampirización, hay una destructividad que se manifiesta a través del amor, amor que en verdad no es más que narcisimo, egoísmo, en fin: mentira.
    Después, ya en el Festival de cine, El rostro, El rito, La noche del lobo, y más tarde, Secretos de un matrimonio, Gritos y susurros y ya en España, Fanny y Alexander y las obras anteriores, que antes no había conocido, entre otras, El manantial de la doncella o Fresas salvajes. Toda mi vida ha estado marcada con sus obras. Esas obras duras, severas, pensativas, a veces incluso terroríficas, con un terror profundo, como el que nos hizo salir de la proyección de La noche del lobo casi precipitándonos, al final de la película, atacados todos por un miedo irracional ¿ a qué? ¿a nosotros mismos? El horror de El huevo de la serpiente, lectura implacable del nazismo y de la maldad...
    Rara en su obra es la alegría y la frescura de La flauta mágica, o ciertos pasajes de Fanny y Alexander, antes de que esta película se torne sombría y estremecedora.
    Bergman llenó mis tardes de domingo de preguntas a las que todavía no he respondido, de inquietudes que todavía me asaltan. En las tertulias posteriores al cineclub y ya por la noche en animada tertulia ante los pambazos de mole de El Convento de Coyoacán, o delante de la fondue de carne de El Coyote Flaco, en la calle de Francisco Sosa, palabras, preguntas, debates y mucho tabaco nos llevaban de regreso, una y otra vez, al cine del maestro sueco durante horas. Recuerdos de una felicidad intelectual que le debo a Ingmar Bergman. El hombre ha muerto, pero la obra queda.

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    30/07/2007 21:41 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 4 comentarios.

    21/04/2007

    Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

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    No he tenido tiempo para escribir la crítica de 'In the mood for love', pero os adelanto la de '2046'.
    Mañana pago mi deuda...
    Los otros blogs del proyecto ya han posteado: los podéis leer: 
    Director: Wong Kar-Wai, con Tony Leung, Gong Li, Takuya Kimura,Faye Wong, Zhang Ziyi, Carina Lau, Chang Chen, Wang Sum, Siu Ping Lam, Maggie Cheung.
    Año de producción: 2003 Duración: Dos horas, 9 minutos. Hong-Kong-Francia

    Hong Kong, 1966. En su pequeña habitación de hotel, Chow Mo Wan, escritor en crisis de inspiración, trata de terminar un libro de ciencia ficción situado en 2046. A través de la escritura, Chow recuerda a las mujeres que han atravesado su vida solitaria.Apasionadas, intelectuales o románticas, todas ellas han dejado una huella imborrable en su memoria y en su imaginario personal. Son sus recuerdos, y el libro es ese tronco al que se le susurran las palabras que nos llevan a lo más secreto de nuestro corazón, para que él los guarde. Su Li Zhen, que sin duda ha sido su amada, se aloja en la habitación 2046...
    El nuevo trabajo de este autor irreemplazable, de talento intuitivo y meticulosidad enfermiza, puede ser entendido como una continuación, temporal y evolutiva, de su anterior film, la excepcional “In the mood for love" ("Deseando amar"), cuya filmación discurrió en paralelo a ésta; en realidad, dos manos cuyos dedos se entrelazan para complementarse hasta la disolución de las fronteras, por lo que no resulta recomendable acercarse a la más reciente sin conocer sus precedentes. Pero el presente largometraje es también el espacio interior en el que se dan cita las obsesiones que pueblan ese universo personal, hipnótico, perturbador, al que uno se asoma con el pudor de pisar en existencias ajenas y la convicción de contemplar su propio retrato.

    Persecución estéril de lo huidizo, de aquello ya superado en cronología pero no en cuanto a equilibrio interior, “2046” trata de los demonios que habitan ese territorio compartido por el amor y la memoria, de una realidad sentimental que, como notas musicales, precisa de un tiempo concreto para distribuirse y hacerse oír, fuera del cual alteraría la melodía completa y carecería de sentido. El tímido, prudente y delicado Chow Mo Wan (Tony Leung) de “In the mood for love (Deseando amar)”, visiblemente tocado por su frustrada relación con Su Li Zhen (Maggie Cheung), se ha convertido con el paso de los años en un mujeriego cínico y descarado que, entregado a la bebida y al juego, busca compañía femenina pero, según sus propias palabras, sólo está dispuesto a comprarla al por menor, sin compromisos ni implicaciones emocionales que repitan su sufrimiento. Chow no ha abandonado su anodino trabajo en el periódico, aunque también en las ficciones que escribía se ha producido un cambio simultáneo: ya no son las novelas de artes marciales las que lo ocupan, sino historias de sexo bien pagadas y de dudosa calidad. Y es que a la contención y sobriedad erótica que presidían “In the mood for love (Deseando amar)”, ha venido a substituirlas una carnalidad mucho más explícita de placeres desatados en lugares nocturnos.

    El título de la película hace referencia a la habitación del hotel donde, en el pasado, acordaron encontrarse Su Li Zhen y Chow; cuatro paredes, ahora contiguas a la suya, por las que desfilarán diferentes mujeres, sustitutas parciales de aquélla. Porque en esa búsqueda infructuosa de la mujer que reemplace los recuerdos del amor de su vida, Chow halla a Su Li dividida en tres: el cuerpo Bai Ling (Zhang Ziyi, habitual en los films del director chino Zhang Yimou), una joven impulsiva, dispuesta a cobrarse, que se enamora irremediablemente de él, la mente Wang Jing Wen (Faye Wong), la sensible hija del dueño del hotel, y escritora aficionada, a la que Chow ayuda en su relación con un novio japonés que cuenta con la oposición del padre, como si con ello expiara culpas y saldara cuentas pendientes y el nombre otra Su Li Zhen (Gong Li, la antigua musa y compañera de Yimou), tahúr profesional apodada “La araña negra”, -quizás la más consciente de su ingrato papel en la función— , todas ellas marcadas por la fatali-dad y ninguna de las cuales logrará satisfacer lo imposible: que Chow recupere aquello que quedó tan atrás. Tres capítulos —al que cabe agregar el estelarizado por la madura bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau)— pautados por la Nochebuena de años consecutivos, fechas éstas de las Navidades que, como bien sabe Charles Dickens, se prestan mejor que ninguna otra a la visita de fantasmas pretéritos que ahuyenten la soledad.

    Asimismo, “2046” es el título del relato futurista que Chow está escribiendo, cuya acción transcurre, precisamente, en ese mismo año. En esta segunda ficción, trasunto de la primera, los protagonistas viajan sin retorno, a bordo de un tren ultramoderno, hacia un tiempo que promete haber conservado intacta la memoria, caso de ese joven nipón (Takuya Kimura) que persigue en una androide de reacciones retardadas lo mismo que anhela Chow, con idénticos resultados.

    De este modo paralelo, va cobrando forma la paradoja que empuja a los personajes a huir hacia el futuro para reencontrar un pasado idealizado que nunca volverá. Amor y tiempo como dos coordenadas invisibles que marcan el destino —uno, determinado e irrepetible— y se cruzan en ese número mágico —estancia de hotel, emplazamiento en la ficción literaria, morada de recuerdos—.

    Toda esta maraña de episodios vitales y tormentas sentimentales, llevados con parejo tacto y expresión por los actores principales, se transforma, a efectos prácticos, en un puzzle argumental de círculo cerrado, conducido por la voz en off de su protagonista masculino, que a menudo se desliza atrás y adelante en el tiempo, y donde el plano real convive con la fabulación. Pero a pesar de su aparente complejidad conceptual, “2046” discurre con la misma solidez y cla-rividencia que el material del que se nutre, el idioma de las emociones. La película exhibe la solución estilística que ya empleara en “In the mood for love (Deseando amar)”, de un preciosismo estético fascinante. Y es esa caligrafía de Wong Kar-Wai, intrínseca y tan reconocible, la más apropiada para desmigajar los pormenores del amor y sacar a la luz las dobleces del corazón. Su narración, con el falso aspecto de una improvisación musical, de borrador de un proyecto inacabado, tan pronto ahonda en el detalle tangencial como se recrea en lo pasajero, consciente como es de que lo importante no tiene por qué ser obvio y de que lo parcial es tan válido como el conjunto. Esto se traduce en sus acostumbrados e insinuantes fuera de campo, en los encuadres donde los personajes aparecen solitariamente descentrados o en esas escenas ralentizadas que pretenden congelar inútilmente el tiempo, siendo su dominio del ritmo y la composición, una lección magistral de las posibilidades que esconde el lenguaje cinematográfico.

    Al de Hong Kong le gustan los pasillos estrechos llenos de puertas de las casas de huéspedes, que propician el cruce de desconocidos; los espejos y marcos que ejercen de guillotina; las escaleras en las que los encuentros se hacen fugaces; los callejones nocturnos con esquinas de paredes desconchadas que invitan a apoyar la espalda; la lluvia que parece precipitarse desde las farolas; las volutas de humo ascendiendo hasta perderse contra el techo; los pies femeninos que danzan como si tuvieran vida propia.... Gestos, roces, retales; coreografías y espacios con los que levanta una arquitectura de lo efímero, caricia sobre la herida cotidiana con guantes de seda.

    Así, a esa primera piel hecha con las manifestaciones del alma, se suma una segunda capa, sucesión de imágenes exquisitas que la fotografía de Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung arropa de nuevo, en ese tapiz con sello propio donde el rojo, el verde y el ámbar tienen adjudicado un puesto de honor. Y a este envoltorio visual, se añade una tercera textura, compuesta por el terciopelo de cuerdas, vocales o instrumentales, que conforman su banda sonora —otro tema principal y magstral de Shigeru Umebayashi rotundo e imborrable-, y un puñado de canciones tan atemporales como la historia misma, entre las que destacan “Siboney” de Xavier Cugat, “Perfidia” de Alberto Domínguez, “Sway” de Dean Martin, “The Christmas Song” de Nat King Cole, o el “Casta Diva” de la “Norma” de Vinenzo Bellini—. Diferentes pelajes indisolubles que constituyen una única epidermis.

    El resultado, engañosamente casual pero preciso en su construcción, es un sublime revulsivo para el espíritu, extraordinario en su belleza, elegante en sus maneras y agitador por su exótica proximidad. En “2046”, sentido y sensibilidad se abrazan para dar cobijo a una visión descarnada, pesimista, extenuante de nuestra naturaleza romántica, es decir, espantosamente real. Resaca, íntima e intimista, de ideas y vivencias, revisitación propia y ajena donde la sombra de lo perecedero es más alargada que nunca, a lo que hace Wong Kar-Wai la etiqueta de película se le queda corta. Sus trabajos son siempre experiencias demoledoras, porque acarician sentidos y muerden sentimientos. Si su cine gusta, no se aprecia, se adora. Salir con lágrimas en los ojos y transidos de emoción del cine es casi una declaración de amor."

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    21/04/2007 09:53 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 6 comentarios.

    07/04/2007

    Proyecto Sesiones Dobles. Won Kar Wai: In the mood for love y 2046

    20070407220712-proyectosesionesdobles.jpg

    Por el blog de mi querido Portnoy me enteré de la iniciativa de postear sobre dos películas de un director. Y hacer referencia a los blogs que están en el ajo. Comoquiera que uno de mis directores favoritos es este maravilloso señor, me he apuntado. Las bases y las normas son éstas:

    Invito a todos (¡a todos, qué pretenciosa!), a que se animen a ver una o dos de estas pelis, y que se animen también a postear sus comentarios. Nos lo vamos a pasar la mar de bien.

    Comenzamos este nuevo y apasionante proyecto en el que proponemos a nuestros lectores a que vean dos películas de un determinado director para luego comentarlas, tal y como se explica en las instrucciones. En esta ocasión comenzaremos con Wong Kar-Wai, un director nacido en Shangai pero criado en Hong Kong, con numerosos premios y reconocimientos a sus espaldas, entre ellos el de mejor director en Cannes en 1997 por ‘Happy Together’.

    Las películas seleccionadas de este director son las siguientes:

    Título: ‘2046′
    Título original: ‘2046′
    Año: 2004
    Director: Wong Kar-Wai
    Guión: Wong Kar-Wai
    Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Ziyi Zhang, Chang Chen, Faye Wong, Maggie Cheung

    Título: ‘Deseando amar’
    Título original: ‘Fa yeung nin wa’ / ‘In the mood for love’
    Año: 2000
    Director: Wong Kar-Wai
    Guión: Wong Kar-Wai
    Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu


    Fechas de visionado: Del 30 de Marzo al 15 de Abril
    Fechas de comentarios: Del 16 al 20 de Abril

    Blogs que participan:

    Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fabrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, Sesión Doble, Ekilore, Rulemanes para Telémaco, Arteyliteratura, La linterna mágica, Rod@ndo, The Observer.

     

     

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    07/04/2007 22:10 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 3 comentarios.

    02/03/2007

    La Bella y la Bestia de Jean Cocteau

    En 1946, el cineasta, poeta y pintor Jean Cocteau estrenó una de las películas más hermosas jamás filmadas: La Bella y la Bestia. Jean Marais, a la sazón amante suyo, llena la pantalla con su magnetismo, su belleza y sus enormes ojos claros. Dota a la Bestia de la majestad y de la melancolía que requiere esta historia de amor aparentemente imposible.
    Bella, que no sólo es bella sino buena, es fotografiada por Cocteau con reminiscencias de La joven de la perla, de Vermeer.
    Ella es Diana, la virgen pagana, y Bestia es el sol, con su enorme melena dorada de león hirsuto, ardiendo (literalmente) de deseo.
    El castillo donde habita ese ser solitario, pasional, intuitivo y desdichado está lleno de presencias: brazos sin cuerpo que sostienen los candelabros, puertas que hablan, espejos que muestran la imagen deseada. Bella se desliza por los pasillos como una aparición (efecto que Coppola plagió en su estimable Drácula), y ambos consiguen enamorarse del otro en esa convivencia forzada y un poco cruel.
    A pesar de que Cocteau contaba con un presupuesto modesto y utilizó deshechos de la guerra para crear ese maravilloso escenario y ese vestuario deslumbrante, la película brilla en todas sus partes y constituye toda ella un poema. Decadentista y esteticista aun siendo vanguardia pura, su estilo me fascina, tanto en El águila de dos cabezas, como en El testamento de Orfeo (en donde deslumbran Marais y la actriz española María Casares), o en el díptico de Los padres terribles, que por cierto se dice que estaba basada en la vida de los de Balthus (el mundo es un pañuelo).
    Hoy que vuelvo a ver La bella y la Bestia me vuelve a maravillar su romanticismo surreal. Plagada de erotismo y de pureza, es una obra que permanecerá, porque hay películas que no envejecen y ésta es una de ellas.


    La bella y la bestia, (Francia, 1946). Director y guionista(sobre le cuento dieciochesco de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont: Jean Cocteau; Reparto: Josette Day, Jean Marais (en el triple papel de Avenant, Bestia y Príncipe), Marcel André, Mila Parely, Nane Germon, Michel Auclair;Productor: André Paulvé; Fotografía:Henri Alekan;Música: Georges Auric; Escenografía: Christian Bérard y René Moulaert; Vestuario: Christian Bérard.

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    02/03/2007 21:05 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 5 comentarios.

    02/01/2007

    Mis tres películas favoritas de 2006


    1. Babel, de Alejandro González Iñárritu.


    Durante mucho tiempo permanecerá en la retina ese suntuoso travelling inverso horizontal que marca el final de las cuatro historias entrelazadas con tanta solvencia como sensibilidad por el que es hoy, sin duda ninguna, el mejor director en activo (con permiso de David Lynch, naturalmente), Alejandro González Iñárritu.
    Extraordinario viaje por el dolor y el amor, por la injusticia y la solidaridad, por la herida personal y colectiva; por las fronteras que separan y por la hermandad entre los hombres. Con la belleza de un tratamiento cinematográfico que en todo momento es soberbio (y especialmente las escenas filmadas en Tokio) y que elevan la película a una categoría sublime, con actuaciones que quitan el aliento (de los actores profesionales y de los improvisados), con una fotografía impecable, caliente y fría, alternativamente roja, ocre y azul, muy personal, muy expresionista, y con una música absolutamente perfecta, Babel se erige como la película de 2006. Honda, viva, poética y realista.

    Babel, Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Guillermo Arriaga.
    Reparto: Cate Blanchett, Brad Pitt, Gael García Bernal, Adriana Barraza, Mahima Chaudhry, Jamie McBride, Kôji Yakusho, Rindo Kikushi, Shilpa Shetty, Lynsey Beauchamp, Paul Terrell Clayton, Fernández Mattos Dulce, Nathan Gamble. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Gustavo Santaolalla. Producción: Raúl Olvera Ferrer, Steve Golin, Jon Kilik, Tita Lombardo. USA, 2006.


    2. El Nuevo Mundo, de Terrence Malick.


    La mirada de Malick profundizando en una herida abierta, pero tocando únicamente lo que podríamos llamar la metáfora del Paraíso Terrenal hollado. Naturaleza y guerra, amor y odio. La épica del mundo virginal en el rostro de la bellísima Pocahontas. Toda la primera parte de esta película es un ejercicio que pocos pueden igualar: poesía pura.
    En la última parte, la que transcurre en Inglaterra, el drama ocurre ya en un ámbito más político que íntimo, más aparencial que auténtico, más convencional, y la película baja su tono lírico y diría, sinfónico, para hacerse melodía de cámara.
    Aunque irregular, una de las grandes películas de este año.

    El Nuevo Mundo, Dirección: Terrence Malick. Producción: Sarah Green, Terrence Malick . Guión: Terrence Malick. Música: James Horner . Fotografía: Emmanuel Lubezki. Vestuario: Jacqueline West . Reparto: Q’Orianka Kilcher, Colin Farrell, Christian Bale, Christopher Plummer, August Schellenberg, Wes Studi, David Thewlis, Yorick Van Wageningen. USA, 2005.


    3. El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro.


    Fábula e historia entrelazadas en una película sobre la muerte y el terror, sobre el fascismo y la intolerancia, sobre el miedo y el dolor, sobre la soledad y la inocencia.
    Abriendo brecha, la fábula nos interna en el mundo de la guerra y de la destrucción con una sutileza incontestable, con una delicadeza de cuento de terror gótico y a la vez con una dulzura lúcida, que interfiere con el horror de lo contado sólo para resaltarlo.
    La gran actuación de Sergi López ha pasado en cierto modo desapercibida entre las excelencias de los efectos especiales, la originalidad del acercamiento al tema de la postguerra española y la potencia de un guión prácticamente perfecto.


    El laberinto del Fauno, Guión y Dirección: Guillermo del Toro. Productores: Berta Navarro, Alfonso Cuarón, Frida Torresblanco, Álvaro Agustín, Guillermo del Toro. Productor ejecutivo: Edmundo Gil. Fotografía: Guillermo Navarro. Música: Javier Navarrete. Montaje: Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Efectos especiales: David Martí (maquillajes), Reyes Abades. Reparto: Sergi López, Maribel Verdú, Ivana Baquero, Doug Jones, Álex Angulo, Ariadna Gil, Roger Casamajor, César Bea, Manuel Solo, Federico Luppi, Sebastián Haro, Mina Lira, Iván Massagué, Chema Ruiz, Milo Taboada. España-México-USA, 2006.



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    02/01/2007 11:43 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 10 comentarios.

    27/12/2006

    Profundo Carmesí, de Arturo Ripstein

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    En realidad, me había propuesto hablar de Pialat nuevamente (quería escribir sobre L’enfance nue), pero la reseña sobre la novela de Carlos Fuentes me llevó inesperadamente a revisar la que para mí es la mejor película de Arturo Ripstein, Profundo Carmesí por una asociación de ideas muy lógica. Al hablar de Carlos Fuentes hablé de Rita Macedo, y al hacerlo, cité su magnífica actuación en una obra juvenil de Ripstein: El Castillo de la Pureza; de ahí salté a reflexionar sobre la poética del cine ripsteniano, tomando como ejemplo esta película descarnada e intensa, cuyas virtudes son paradigmáticas dentro del universo de este autor.

    De nuevo en tandem con su esposa y guionista, Paz Alicia Garciadiego, Ripstein reelabora aquí una historia real ocurrida en los Estados Unidos que ya había sido filmada por Leonard Kastele en The Honeymoon Killers en 1970. Curiosamente, François Truffaut la cita como su película americana favorita. Salma Hayek se metió también en el papel de la verdadera protagonista de esta historia, Martha Beck, en Lonely Hearts, dirigida en este 2006 por Todd Robinson.

    Los verdaderos protagonistas murieron en la silla eléctrica en la prisión de Sing-Sing, en 1951: habían sido acusados de 17 asesinatos, aunque sus víctimas llegaban al centenar.
    Aquí, el desenlace se mexicaniza y los asesinos son ajusticiados con la famosa ‘ley fuga’ en medio del desierto sonorense, en un plano secuencia largo y esperpético, en el que Coral murmura a su amado Nico : ‘Hoy es el día más feliz de mi vida’ antes de caer fulminada por los disparos.
    A medio camino entre el esperpento y el melodrama, el cine de Ripstein se nutre de estos temas: crimen, miseria, amor desesperado. La muerte ronda siempre a sus protagonistas: es un personaje más. La historia de Coral y Nico (de Raymond y de Martha) le viene como anillo al dedo. El bolero que podría haber sido leit-motif de esta película se convierte en vals en esta obra, gracias a un tema hermoso de David Mansfield (la música del film ganó también en Venecia, donde Profundo Carmesí consiguió tres galardones).

    La interpretación es ejemplar. No es novedad en cuanto a Daniel Jiménez Cacho (Cronos, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, Celos), uno de los grandes actores mexicanos, ni por lo que toca a Marisa Paredes, excelente como la viuda beata que sucumbe a los encantos del engañador; aparece brevemente la gran Patricia Reyes Spíndola, actriz fetiche de Ripstein (La reina de la noche, Así es la vida, La virgen de la lujuria, El coronel no tiene quien le escriba, El Evangelio de las maravillas, para sólo citar las obras de Ripstein en las que aparece); sobresale también Rosa Furman, en un breve pero contundente papel, y sobre todo Regina Orozco, (cantante de ópera y vodevil mexicano), estupenda como la enfermera Coral (verdadero ángel de la muerte), a quien dota de humanidad, locura y pasión verosímiles: decidida y sangrante en su amor incondicional.

    Los largos plano-secuencias característicos de Ripstein dan a la obra su ritmo ceremonial. El rito del amor convertido en sangre, en crimen, en huida y en redención. Es un tema vampírico: la sangre que alimenta el amor y la necesidad mutua de dependencia, de complicidad más allá de toda regla humana.

    Desgraciadamente no está disponible en DVD.


    Profundo carmesí (México-España-Francia, 1996):Dirección: Arturo Ripstein, Asistentes de Dirección: Iván Ávila y Edmundo Díaz, Producción: Pablo Barbachano y Miguel Necoechea [México]; José María Morales [España]; Marin Karmitz [Francia]; productora ejecutiva: Tita Lombardo; administrador de la producción: Puy Oria. Guión: Paz Alicia Garciadiego, Fotografía: Guillermo Granillo, Diseño de Producción: Mónica Chirinos, Marisa Pecanins, Macarena Folache y Patricia Nava; decorados: Antonio Muño-Hierro, Vestuario: Mónica Neumaier, Edición: Rafael Castanedo, Sonido: Antonio Betancourt, Gabriel Romo, Carlos Faruelo y Eduardo Valverde ,Música: David Mansfield ,Reparto: Daniel Giménez Cacho, Regina Orozco, Marisa Paredes,Verónica Merchant, Julieta Egurrola, Patricia Reyes Spíndola, Rosa Furman.

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    27/12/2006 14:07 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine No hay comentarios. Comentar.

    20/12/2006

    Nosotros no envejeceremos juntos, de Maurice Pialat

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    Este segundo largometraje de Pialat (1972) es una obra autobiográfica. Merlène Jobert cuenta, en una entrevista que aparece en los extras, que Pialat deseaba que ella usase un bikini exactamente igual que el que tenía ‘su’ Catherine y que lo que Pialat contaba en la película era la crónica desgarrada de la desintegración de su pareja. Así pues, el personaje de Jean, que con el acierto de siempre encarna el gran actor francés Jean Yanne, es un alter ego de Pialat.

    Jean es un cineasta, casado con Françoise, con quien mantiene una relación fraternal y átipica, pues en los momentos en que ella no viaja por Rusia comparten piso, si bien no cama.

    Su relación con Catherine dura ya seis años. Y con ella, Jean se comporta de manera dictatorial y caprichosa, cruel, a menudo violenta, alternando estos momentos de odio con otros de cierta ternura, de leves arrepentimientos,  y sobre todo, de dependencia.

    Catherine, por su parte, acepta con pasmosa naturalidad este errático comportamiento, hasta que finalmente su amor comienza a desaparecer.

    La poética de esta obra de Pialat se basa en dos recursos: la reiteración de los episodios de violencia y rechazo, por un lado, y la repetición de los episodios de reconciliación y el realismo y la naturalidad con el que se contemplan y transmiten. La película es una película en carne viva, que relata la peripecia amorosa de un hombre que no se gusta a sí mismo, que se condena al desamor por no saber cómo amar.

    Es una película desgarrada y extraña cuya fascinación radica precisamente en la aversión que el personaje de Jean nos provoca, y en la incredulidad que la actitud de Catherine nos despierta.

    Sin ser una película excepcional, sí es un obra reveladora y franca sobre esos momentos de destrucción de la pareja que todos hemos vivido alguna vez: una crónica veraz sobre la lenta, desesperante, interminable agonía de un amor.   

    Nosotros no envejeceremos juntos (1972) Dirección, producción, guión y diálogos a partir de su novela homónima (éditions Galliéra): Maurice Pialat ·  Productor asociado: Jacques Dorfmann · Fotografía: Luciano Tovoli · Sonido: Claude Jauvert · Montaje: Arlette Langmann · Reparto: Marlène Jobert, Jean Yanne, Patricia Pierangeli, Christine Fabréga, Jacques Galland, Harry-Max, Maurice Risch, Muse Dalbray y Macha Méril.

     

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    20/12/2006 05:34 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 2 comentarios.

    21/11/2006

    Bajo el sol de Satán, de Maurice Pialat

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    Esta reseña contiene datos que revelan el argumento.

      

    Hacía tiempo que no me pasaba por el Fnac y como soy una amante del cine francés y una admiradora del trabajo de Sandrine Bonnaire y de Gérard Depardieu, me decidí a comprar esta película, de la que no había oído hablar. Fui a la tienda a comprar un cuento rodado por Jacques Demy, Piel de asno, para mi curso de Cine y literatura. No me arrepentí del impulso.

    La película de Pialat es una historia que tiene mucho que ver con la mítica Ordet, o como la semi-propagandistica y más reciente Padre Pío (con un excelente Sergio Castellito). La obra parte de la adaptación de una novela de Georges Bernanos, del mismo nombre.

    Se trata de la historia de un santo, el padre Dossignan (Depardieu). Es, por tanto, una historia provocativa, en la medida que nuestro tiempo es un tiempo de escepticismo e irreligiosidad. Hombre basto y de origen campesino, Dossignan se entrega a la mortificación de la carne y a la oración, pensándose siempre indigno de la gracia de su estado, angustiado por su mediocridad, por su falta de valor como sacerdote. Se encuentra bajo la tutela de un deán: el padre Menois-Segrais (el mismo Pialat), quien trata de llevarlo hacia la templanza con tolerancia y paciencia, pero al mismo tiempo, dándose cuenta de que su protegido, su hijo espiritual, es un santo. Menois-Sagrais conoce la ambigüedad de esta condición. El santo (léase a Shaw, en su Santa Juana, o remitámonos, de nuevo,  a Ordet) , es un ser de pie en el filo del abismo, entre los demoniaco y la locura, entre la bondad y el pecado, asediado por todo tipo de pasiones, por todos los excesos, aunque sean excesos píos.

    El deán trata por todos los medios de apartar a Dossignon de este camino, sabiendo que fracasará: que a Dossignon le ha sido dado un don, y que ese don es fatídico, en el sentido etimológico de la palabra.

    El clímax sobreviene cuando envía a Dossignon a asistir a un cura vecino, y por el camino, que es su particular vía crucis, Dossignon es asediado por el diablo. El diablo, Satán, le concede el don de ver en el interior de las personas. No sabe Dossignon si éste es un don de Dios o un don del Diablo, si Dios es el Diablo o el Diablo es Dios, pero no puede renunciar al don. La ambigüedad es total ¿ Resiste a la tentación o se entrega a ella? En realidad no lo sabemos.

    Paralelamente, seguimos la historia de Mouchette (Bonnaire, siempre acertada), una adolescente promiscua, escéptica y cruel como tantas de su edad, que se entrega a varios hombres y comete un asesinato que queda impune. Dossignon mira en el fondo del alma de esta chica, al encontrarla al final de su camino. Le habla, trata de llevarla de nuevo a Dios, a su salvación, pero la chica le demuestra que su don no le sirve para nada: ella no será salvada.

    Desesperado, Dossignon vuelve al pueblo, explica a su mentor los encuentros. Mouchette está perdida, completamente. Pero Dossignon no se da por vencido. Lleva el cuerpo de Mouchette ante el altar, como ofrenda. Ensangrentado, como ella, pretende así vencer en el último momento y dar a Dios la oportunidad de salvar a a la suicida. Ante tales excesos, es retirado a una parroquia lejana, donde su fama de santo va extendiéndose.

    Finalmente, es llamado de nuevo, para salvar la vida de un niño. El milagro se produce. Se produce quizás, fugazmente. Los ojos del niño se abren. El peso de tal milagro es abrumador. Dossignan yace muerto en el confesionario. Menois-Segrais llega a tiempo para cerrar sus ojos.

     

     El aliento poético de la obra la eleva por encima de la media del cine de calidad. Es una película inspirada, bella, sin trampas ni cartón, tremendamente viva y misteriosa, como su propia esencia: el sentido de la santidad ¿cuál es? ¿la locura? ¿el exceso? ¿la angustia? ¿el miedo? ¿la soberbia? Sea lo que sea, no se la puede apartar o ignorar. Está ahí, en el alma de Dossignan, sin que él lo pretenda, más bien a pesar de él mismo. El milagro ¿de dónde proviene? ¿de Dios? ¿de su oponente? La vida ¿qué es sino una lucha constante entre Dios y Satán en nuestra alma? ¿es el Bien, el Bien? ¿La muerte, puede ser vencida por la Fe?

    Todas estas preguntas quedan planteadas, no resueltas.

    Con actuaciones memorables de todos los intérpretes (la trinidad formada por Pialat, Depardieu, Bonnaire), con una fotografía y un encuadre clásicos, extraordinarios, bellísimos sin ser amanerados, con una música divina, la película mereció la Palma de Oro de Cannes en 1987, en medio de la polémica por su contenido.

    La recomiendo calurosamente, ahora que está en DVD, en un estuche con dos discos y extras, que vale la pena comprar. Espero que la colección Maurice Pialat siga adelante editando toda su obra que, repito, merece ser vista y admirada.

      

    Bajo el Sol de Satán (Sous le soleil de Satan). Director: Maurice Pialat.

    Reparto: Gérard Depardieu, Sandrine Bonnaire, Maurice Pialat, Alain Artur, Yann, Dedet,  Brigitte Legendre, Jean-Claude Bourlat. Productor: Claude Abeille. Guión:

    Georges Bernanos y Sylvie Danton. Fotografía: Willy Kurant. Música: Henri Dutilleux.

    93 minutos. (Francia, 1987).

    (Adaptación de la novela de Georges Bernanos) y Palma de Oro en el Festival de Cannes.

     

     

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    21/11/2006 09:33 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 3 comentarios.

    01/10/2006

    El cine, en octubre

    A pesar de que el cine es una de mis pasiones inconfesables, por perversa, por pertinaz, por lasciva, no he ido al cine en varios meses. En primer lugar, en verano tuve un brote de agorafobia (he tenido varias fobias, pero ésta la estrené este verano, qué le vamos a hacer), que me impidió salir fuera de Sant Cugat, territorio, al parecer (y quién lo diría) seguro.
    En septiembre, ya curada de la mini-fobia veraniega, he tenido mucho trabajo, con la preparación del curso y después con su inicio. Siempre hay cosas que hacer y no tuve tiempo ni tal vez suficiente motivación para ir a ver Alatriste o Salvador.
    Así que octubre va a ser el mes del cine. Lo será, porque espero con ansia el estreno de tres películas de autor mexicano, el día 13, el de El Laberinto del Fauno, de mi bien amado compatriota Guillermo del Toro (1964). El hombre que, recreando el mito de Drácula en Cronos, lo convirtió en vampiro metafísico, ocupado en salvar de sí mismo a quien él más ama: su nieta, sacrificándose por ella. La actuación de Federico Luppi, otro de mis ídolos, encarnando a Juan Gris, es una de las mejores de la historia del cine en español. Gris lucha contra ese tandem letal de los Ángeles de la Guardia (maravillosos Claudio Brook y Ron Perlman) en una escena (la de la lucha en la fábrica de los De la Guardia), que no le pide nada (y perdón si suena blasfemo), a aquella mítica del Nexus recitando aquello de ‘ Yo he visto cosas que vosotros no creeríais”, etc.
    Después, del Toro ha hecho otras cosas que también me han gustado, aunque menos:
    Mimic (1997), una concesión a Hollywood, parcialmente fallida pero con valores interesantes, siempre rallando alto en el nivel visual y literario, Hellboy, que me parece una rara obra de poesía visual y un alegato un poco ingenuo, pero siempre culto de raíz humanista que se deja ver con sumo placer de principio a fin, o El espinazo del diablo, un intento de hacer un cine español a lo Agustí Villaronga (Tras el cristal) , pero más comercial, que tampoco cuajó del todo.
    Resumiendo, espero que El laberinto del Fauno me devuelva a ese Guillermo del Toro de Cronos, potente poeta de la imagen, sin concesiones comerciales, con buen pulso en la dirección y con un sentido del humor negro muy mexicano. Del Toro es un gran dibujante y un espléndido escritor, así que me preparo para este estreno con entusiasmo.

    Alfonso Cuarón (1961) estrena también su película en octubre. Presentada en el Festival de San Sebastián, parece que promete. Yo conocí a Cuarón con su segunda película, una adaptación preciosista y muy sensible de una novela victoriana, La princesita (1995), que había sido una de mis historias favoritas de chica. La primera versión había servido como vehículo de lucimiento de Shirley Temple, aquella niñita de rizos imposibles que fue estrella en los años 40-50 y que bailaba como dios. Pero la historia, como todas las novelas victorianas, tenía un lado oscuro. Y Cuarón lo reflejó. La historia de una niña rica que se convierte en pobre y sufre por ello todo tipo de humillaciones y desprecios le quedó de rechupete, pero que no trascendió demasiado. Después, adaptó al cine otra de las novelas inglesas que ya habían sido llevadas muchas veces a la pantalla: Grandes Esperanzas (1998), de Dickens, esta vez, trasladándola al mundo actual. La carrera de Cuarón comenzó a despegar en Hollywood. Y tu mamá también ( 2001 ), no sólo tuvo repercusión internacional, sino que lanzó a la fama a dos actores mexicanos, hoy internacionales: Gael García Bernal y Diego Luna, y cuenta con una raa actuación, sensible y coherente, de esa hermosa mujer y pésima actriz que es Maribel Verdú, que aquí está (casi) tan bien como en La buena estrella (sin que eso pueda servir de precedente).
    Pero no cabe duda de que fue su magnífica y oscura versión de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004) la que le dio la autoridad para emprender esta película que ahora tendremos oportunidad de ver y juzgar: Hijos de los Hombres, con Clive Owen, ese actor con cara de palo que tan bien encarnó al personaje central de la última historia de la grandiosa peli de Robert Rodríguez, Sin City.
    La película de Cuarón promete reflexión y belleza oscura. (Ya no aspiramos a la clara belleza renacentista, ya no somos capaces de crearla).
    Hijos de los hombres plantea una realidad de 2027: los hombres ya no pueden procrear. La película comienza con una muerte: la del ser humano más joven: un chico de 18 años. Owen se verá implicado en la protección de la única joven embarazada que existe en el mundo. Ella lleva en su vientre la esperanza de la vida. Cuarón advierte: no se trata de una cinta de ciencia ficción, sino de una reflexión sobre el mundo actual llevado a sus límites. No me la pienso perder.

    La tercera de mi lista es la última película de Alejandro González Iñárritu (1963), Babel, largamente ovacionada en Cannes y según se dice, injustamente privada de la Palma de Oro.
    Cómo no sentirme cerca de su propuesta. Tan cerca como me sentí de sus Amores Perros (2000), a pesar de la nefasta actuación de la canaria Goya Toledo, y de 21 gramos (2003), una de las mejores películas de la última década.
    González Iñárritu, junto con su guionista Guillermo Arriaga, entrecuza cuatro historias con la habilidad y la inteligencia de un Robert Altman, pero con un discurso más humanista que ácido. Y con una solvencia técnica y estructural que sólo él posee en estos momentos. Cuatro historias, cuatro lenguas, una sola película que marca un paso adelante en la trayectoria de este excelente cineasta.


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    01/10/2006 14:36 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 8 comentarios.

    25/08/2006

    El primer corto de Tim Burton: Vincent


    Uno de mis cineastas favoritos: Tim Burton. Comenzó su irregular y apasionante carrera como director con este corto, Víncent (1982). Os lo pongo en inglés, porque el narrador es el mismo Vincent Price que es el ídolo de nuestro personaje principal (y también de Burton). Pero si queréis verlo en español, pinchad aquí.

    Se trata de un cortometraje rodado en stop motion, técnica que Burton ha utilizado también en Pesadilla antes de Navidad (1993) y en La novia cadáver (2005) y el texto rimado es un homenaje al poema más famoso de Edagr Alan Poe, El cuervo.

    Disfrutadlo.

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    25/08/2006 15:31 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 14 comentarios.

    28/07/2006

    Mis ocho finales de cine favoritos

    Mi gran amigo Ramon me ha pasado el testigo de este tema, y aunque habría muchos más, cumplo con él y paso el testigo a ese otro buen cinéfilo y amante de Cronenberg que es Licantropunk.

    Mis ocho mejores finales del cine son, en desorden, e intentando no repetir las elecciones ya hechas por mi amigo, que suscribo también:

    Drácula de Francis F. Coppola, síntesis de horror y amor imposible. Maravillosa historia recreada genialmente.

    La mirada de Isabelle Huppert en La dentèlliere, de Claude Goretta. El inconmensurable vacío interior que deja el abandono.

    El Sur, de Víctor Erice, que como sabemos, no es un final y que es tan enigmático, tan misterioso y mágico.

    M. Butterfly, de David Cronenberg, con Jeremy Irons inmolándose por fin: adoptando el verdadero papel que le correspondia en su historia amorosa: el de Butterfly, la mujer que no puede sobreponerse a la pérdida del amado.

    La habitación verde, de FrançoisTruffaut, con Natalie Baye encendiendo la última vela del mausoleo de los recuerdos en memoria de Julien, su creador, el hombre que vivía para recordar a sus muertos.

    Aguirre, la cólera de Dios, de Werner Herzog, con Kinski-Aguirre muriendo en medio de ese río milenario, rodeado de monos y de cadáveres, tras un travelling circular mítico y el asesinato de única persona que amaba.

    2001, Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, el eterno retorno más hermoso del cine. La historia de la humanidad mejor contada, que sin contar una historia las cuenta todas.


    Y finalmente, Retrato de Jenny de William Dieterle, cuando el retrato a todo color que finaliza una película en blanco y negro nos da la medida del paso del amor (extraño y mágico de los protagonistas) al arte, eterno.


    28/07/2006 14:00 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine Hay 9 comentarios.

    15/06/2006

    La Seconda Volta, cine y terrorismo

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    Aunque el cine italiano no pasa por su mejor momento, algunas de sus películas son dignas de ser vistas, reseñadas e incluso recordadas. Los actores italianos más conocidos hoy en día son Mauricio Bentivoglio (La balia -1999-); Sergio Castellito (Deliciosa Marta- 2001-), Roberto Benigni (La vida es bella – 1997-) y Nanni Moretti (La habitación del hijo -2001-, Caro Diario -1994). De ellos, ninguno me es particularmente simpático, aunque haya disfrutado con alguna de sus películas (Deliciosa Marta me parece una excelente comedia romántica, La habitación del hijo un drama preciso y eficiente, La Balia, también con Bruni-Tedeschi, un melodrama de clase muy bien contado). Pero hay un par de películas que me parecen sobresalientes, una, ésta que reseño hoy, La seconda volta. La otra, Che ora è (Ettore Scola, 1989), que se me quedará, por ahora, en el tintero, con los ya desaparecidos Marcello Mastroianni y Massimo Troisi (a quien seguramente recordaréis por El cartero de Neruda, con el gran Philip Noiret).
    Desaparecida la gran generación de actores italianos como Mastroianni, Gassman, Sordi, Tognazzi(y Volonté y Giannini en plena vejez), desaparecidos también los Monicelli, Visconti, Pasolini, de Sica… En decadencia los Bellochio, Bertolucci, los Taviani y Scola mismo, el testigo, en los últimos quince años, ha caído en manos que podríamos adelantar que no están a la altura del cine anterior y que no son otras que las de Moretti, Benigni o la propia Bruni-Tedeschi.
    De todos, el más regular y prolífico es Moretti. Su trayectoria política -es comunista, trotskista, para ser exactos-, está íntimamente ligada a su actividad como cineasta, que está enmarcada claramente dentro del cine político que tan importante ha sido siempre en Italia, país que ha vivido, tanto en su cine como en su literatura, en una larga reflexión sobre los problemas que plantea el capitalismo, sobre todo por lo que toca a la lucha de clases y a la industrialización; los temas de fábrica-industria-proletariado-ciudad, son centrales para la intelectualidad italiana progresista. En anteriores reseñas (Véanse las entradas sobre