05/05/2008

¿Quién no ama a Johhny Depp?

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No puedo imaginar un actor más amable que Johnny Depp. Desde sus comienzos como Eduardo Manostijeras hasta hoy, me parece un actor coherente. Su apariencia no es extraordinaria y no la necesita: le basta con su mirada, tan expresiva, y con su voz y movimentos, tan adecuados siempre a lo que podemos llamar ’el hombre romántico’. Porque Depp encarna a ese hombre: contestatario, extraño, original, anticonvencional: es el pirata (Piratas del Caribe), el robot no terminado (Manostijeras) , el hombre justo enfrentado al más allá (Sleepy Hallow), el gitano errante ( The man who cried) , el poeta cínico y autodestructivo (El Libertino), el cineasta pobretón y fracasado (Ed Wood), el desperado que por salvar a su familia es capaz de todo (The Brave).

Aunque el concepto de hombre romántico da vida a todas estas actuaciones, no vamos a confundirlo con un héroe romántico. Una de las características de Depp es que humaniza a sus personajes. Ninguno está por encima de la realidad, ni siquiera los más fantasiosos. Todos tienen una humanidad que podemos ver y tocar y sentir.

Y todos son amables.

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05/05/2008 14:30 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine. Hay 6 comentarios.

23/04/2008

Herida (Damage), de Louis Malle



Hoy es día de Sant Jordi y quiero celebrarlo recordando esta hermosa, oscura película de Louis Malle, con un Jeremy Irons en el apogeo de su masculina belleza ( bordando uno de sus torturados personajes) y Juliette Binoche que, cuando está bien dirigida, hace verosímil cualquier personaje, por más extraordinario que sea. Basta recordarla como mendiga en la fabulosa Los amantes del Pont Neuf, de Leos Carax.
Hay muchos tipos de amor. Uno lleva a la muerte. Es el amor- pasión, el que no puede aguardar a llegar a la cama, el que comienza a desabrochar botones antes de que se abran las puertas del ascensor, o el que rompe la tela del vestido rojo para tocar antes la piel deseada. El amor que es una borrachera de deseo. Desbocado, absurdo, amor loco y destructor. Amor que te lleva al límite del dolor cuando, solo en una cama vacía, no puedes hacer otra cosa que doblar las rodillas y aguantar, en posición fetal, a que pase el remolino de emociones y el deseo de morir ahí mismo.
Amor que no conoce a nadie, amor que puede asesinar al hijo, al esposo, al padre con tal de cumplir su deseo. Amor que dio sentido a tu vida, a mi vida, en un momento que siempre vuelve a ser: eterno retorno. Rosa incorrupta, rosa abierta de sangre. Rosa herida.



Louis Malle, Herida (Damage, basada en la novela de Josephine Hart), Reparto: Jeremy Irons, Juliette Binoche, Miranda Richardson, Rupert Graves; Guión: David Hare; Dirección artística: Richard Earl; Diseño de Producción: Brian Morris; Fotografía: Peter Biziou; Montaje: John Bloom; Música: Zbigniew Preisner; Productores: Louis Malle, Simon Relph, Vincent Malle; Vestuario: Milena Canonero (Francia, Reino Unido, Alemania, 1992).







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23/04/2008 15:23 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine. Hay 5 comentarios.

20/04/2008

El lector, de Pascal Quignard

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Hace poco escribí un comentario sobre la bellísima obra de Quignard, Le lecteur, editada por Gallimard en el 76. Ha aparecido la traducción castellana. Por una vez, debo decir que la edición española no sólo es tan bonita y elegante como la de Gallimard, sino que, mejor todavía, es más barata (13,50 €).
La edición consta además de un prólogo (Pascal Quignard, riesgo, trance y feracidad de la lectura), y notas a cargo del traductor, Julián Mateo Ballorca, así como de una cronología biobibliográfica de Quignard, todo lo cual se agradece.
Por otro lado, y para seguir con el Plan, encontramos una reproducción de Hammershøi y dos más de Rembrandt.
Lo único que quisiera, como lectora del gran escritor francés, es que las traducciones de sus libros no estuvieran dispersas en una docena y media de editoriales distintas y que no fueran tan tardías...

Pascal Quignard, El lector (prólogo, traducción y notas de Julián Mateo Ballorca), cuatroediciones, Valladolid, 2008.


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20/04/2008 19:13 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Pascal Quignard. Hay 8 comentarios.

12/04/2008

Leyendo a Pascal Quignard...

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Hace tiempo que no encuentro interlocutores. Cada vez me resulta más difícil relacionarme con la sociedad de los hombres, con la humanidad. Mis únicos instrumentos para hacerlo son los libros. Y los libros de Quignard son mi ventana, mi ventana interior.

Dentro de la casa silenciosa, la página ilumina y dialoga.

Por casualidad encontré la semana pasada, en La Central, el primer tomo de los Petits traités, editados (en su primera edición de 1990), por Maeght Éditeur. Es una edición preciosa. Sólo el primero de los ocho tomos. Aún así, lo compré, a riesgo de no poder encontrar los siete restantes.

La condición de este amor es el aislamiento.


" Quand le silence paraît, tout perd face, ce qui disparaît survient. Les livres sont cette face perdue, pertes de sens, visages morts. De bois. Obscurs. Silencieux." (p. 109).


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12/04/2008 11:02 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Pascal Quignard. Hay 4 comentarios.

06/04/2008

Algunos actores favoritos

Todo el mundo sabe que tengo gustos raros. Por gustos raros entiendo que me gustan los libros y las pelis que poca gente ha leído o visto, y que me fijo en autores o actores o actrices o directores que no son precisamente ’populares’. Algunas veces esto me resulta simpático, sentirme así, tan exótica para los demás (incluidas mis hijas o mis mejores amigos). Y para que consta una vez más de ello, aquí os va una lista ’rara’, como yo misma: la de actores no muy conocidos o no muy populares que a mí me encantan y que han actuado en películas que considero relevantes:


* Tim Robbins en Código 46 de Michael Wintherbottom (2003) y La vida secreta de las palabras de Isabel Coixet (2005). Un actor larguilucho y desgarbado, con una sensibilidad a flor de piel.

* Ciaran Hinds, un actor irlandés, en Persuasión (1995) y El alcalde de Casterbridge . Por cierto que para que se vea que todo es inescrutable, Wintherbottom filmó majestuosamente una versión adaptada de El mayor... con Sarah Polley, co-protagonista de Robbins en la peli de Coixet, con el nombre de The Claim. Tal vez Ciaran os suene porque ha sido el Julio César de la serie Roma.

* Alan Rickman en Sentido y sensibilidad de Ang Lee ( 1995) y en Tierra de armarios, con Madeleine Stowe , de Rahda Bharawdaj (1991). Aparte de sus actuaciones, me encanta su voz.

* Miguel Ángel Solá en Fausto 5.0 (2001) y La playa de los galgos, de Mario Camus ( 2002). Me gusta su sobriedad y su talante concentrado.

* Pascal Greggory en Gabrielle y en La reina Margot, ambas de Patrice Chéreau. A pesar de que ha tenido una época de crisis, lo encuentro un actor eficaz, con una gran presencia escénica y un carisma especial.

* Romain Duris en Arsène Lupin, Molière, o De latir, mi corazón se ha parado (2005). Es un actor cuya energía voraz traspasa la pantalla. Tiene una gran personalidad, que pone al servicio de su oficio.

* André Dussollier en La fortuna de vivir de Jean Becker, una de mis películas favoritas y Un corazón en invierno,de Claude Sautet, con el gran Daniel Auteuil. Ganó un César con On connaît la chanson, de Resnais. De él me gusta su ductilidad: todos los papeles que hace están bien hechos. Un actor sólido.

* Benôit Magimel en La pasión del rey y La dama de honor de Chabrol. Como Greggory, ha tenido el mérito de sobresalir al lado de ese monstruo de la pantalla que es Isabelle Huppert (Greggory en Gabrielle, Magimel en La pianista, ese Chabrol inolvidable...) Además, Magimel es hermoso como un dios griego.

* Klaus Maria Brandauer, en la trilogía centroeuropea de István Szabó: Mephisto, Coronel Redl y El Adivino.

* Bruno Ganz en Nosferatu de Werner Herzog y La marquesa de O de Eric Rohmer. Ambos actores frecuentan poco la pantalla: son actores de teatro. Pero ambos, cada vez que incursionan en el cine, dejan actuaciones memorables.

* Daniel Brühl en Salvador y Ladies in Lavender, con dos de las grandes damas del cine británico, Judi Dench y Maggie Smith, ahí es nada o Good bye Lenin. Una carita joven, un actor fresco y con gran capacidad, como ha demostrado encarnando a Puig Antich.

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06/04/2008 20:40 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Cine. No hay comentarios. Comentar.

05/04/2008

Fragmento de Sonata del claro de luna, de Yannis Ritsos

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Acabo de encontrarme con este hombre y con este poema. He aquí un fragmento, que lanzo a la blogósfera como quien lanza un mensaje en una botella :

Nos sentaremos un momento arriba, en lo alto,
y con el soplo de la primavera
podremos incluso imaginar que volamos,
porque muchas veces, y aún ahora, confundo
el susurro de mi vestido
con el de dos fuertes alas que se agitan,
y envuelta en ese sonido de vuelo
siento prieto el cuello, las costillas, la carne,
y así, hecha un ovillo, entre los músculos del
cielo azul,
entre los vigorosos nervios de la altura,
ya no importa si voy o si vuelvo,
ni tiene importancia que haya encanecido mi
cabello
(no es eso lo que me apena -lo que me apena
es que no encanezca también mi corazón).
Deja que vaya yo contigo.

Ya sé que cada uno anda solo en el amor,
solo en la gloria y en la muerte - solo.
Lo sé, lo he probado. No sirve de nada.
Deja que vaya yo contigo.

Yannis Ritsos, Sonata del claro de luna, Barcelona, Acantilado, 2008.P. 11.

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05/04/2008 10:15 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Poemas preferidos. Hay 4 comentarios.

23/03/2008

Bertold Brecht en Poemas y canciones

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Fue un día del azul septiembre cuando,
bajo la sombra de un ciruelo joven,
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.
Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.

Cuando volví a mirarla, ya no estaba.

Pasaron, desde entonces, muchas lunas
navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor?»
Debo decirte que ya no lo recuerdo,
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sólo sé que, un día, la besé.

Y hasta el beso lo habría ya olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
era muy blanca y alta, y descendía.

Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.


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23/03/2008 18:17 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Poemas preferidos. Hay 8 comentarios.

22/03/2008

El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez

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Releer la novela que a Gabriel García Márquez y a mí nos parece su mejor obra, al anochecer, mientras que por las mañanas me dedico a la narrativa femenina del XIX inglés, puede sonar esquizofrénico pero ¿a quién le importa? El mundo de los lectores es así de contradictorio y conflictivo.

¡Cómo he disfrutado! He pasado las mañanas en los páramos de Yorkshire, escuchando a Catherine Earnshow llamar a Heatchcliff con desesperación, mientras que por las noches he paseado por esa ciudad colombiana agobiante de calor, en la que el río resulta ser el mejor camino para un amor eterno, un amor que sobrevivió a su propia hecatombe con la singular obsesión de Florentino Ariza por la esquiva. cambiante, extraordinaria Fermina Deza. Todas las tardes, desde que volvió de Europa, he acompañado al doctor Juvenal Urbino en sus visitas médicas, y me he rendido por fin a los encantos de la señorita Lynch anhelando que Fermina no oliera las ropas del doctor y no descubriera su secreto. He jugado al ajedrez con Jeremiah de Saint-Amour y he ido y venido con las ciento cuarenta y tres cartas que Florentino Ariza escribió durante un año a Fermina tras la muerte de su marido. He temido que ella quemase las cartas sin leerlas. Me he alegrado de que no lo hubiese hecho, y de que, tras cierto tiempo, esas cartas obtuvieran una respuesta. He visitado con ella la hacienda de Hildebranda Sánchez, me he escondido en los lavabos con las primas a fumar los cigarrillos prohibidos, y he buscando con la vista los extintos manatíes en esa travesía que acabaría siendo perpetua, una travesía de toda la vida, de todo el tiempo que nos queda en este mundo. hasta encontrar al último de todos, abrazado a la madre en aquel rincón del río que también lleva los cadáveres de los muertos del cólera.

No sin un guiño del Plan, he descubierto que Florentino llegó a tener negocios con Joseph Conrad casi cuando (en otro momento), revisaba la obra de Patrice Chéreau, Gabrielle (2005), basada en un relato de Conrad (El retorno) con Isabelle Huppert y Pascal Greggory. Y he encontrado en la película francesa un matrimonio que pudo ser similar al del doctor y Fermina, pero por supuesto sin el incidente adúltero.

Con cuánto amor, con cuánta exacerbada enajenación vive el lector en unos cuantos días ese relato que abarca más de medio siglo de obsesión y de locura, y con cuánta curiosidad vemos a Florentino en brazos de todas esas amantes que no pudieron sustituir el perfume evanescente de Fermina en su alma. Qué pena nos da Escolástica, qué lágrimas vertemos por el inocente y turbio amor de la niña América Vicuña, verdadero antecedente de la niña adorada de Memoria de mis putas tristes . Todo libro nace mucho antes de ser escrito y América está aquí prefigurando aquella adolescente dormida de la nouvelle de 2004*.


Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera. Mi edición es de La Casa de las Américas, Cuba, 1986, pero naturalmente, hay otras mucho más recientes, como Barcelona, Mondadori, 2008.

* Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, Barcelona, Mondadori, 2004.


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22/03/2008 12:04 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Literatura y Libros. Hay 6 comentarios.

21/03/2008

Dinero y amor: Catherine Earnshow y Jane Eyre

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Algunos especialistas opinan que el otro yo de Jane Eyre, aquel que está al otro lado de su espejo, es Bertha Mason, la esposa escondida en el tercer piso de Thornfield Hall. Incluso algunos, haciendo uso de estudios psicoanalíticos claramente anacrónicos con la novela de Charlotte Brontë, han señalado que Bertha es la sensualidad que Jane no se atreve a dejar salir y que encarna su violencia y su rabia (ocultas) ante la sociedad patriarcal de la época. Bertha, según estos investigadores, lleva a cabo todas sus acciones en reacción directa a los temores y a las fobias sexuales y pasionales de Jane. Estas elucubraciones siempre me han parecido absurdas. En cambio, Catherine Earnshaw sí puede ser considerada la anti-Jane. Doy por supuesto que ambas hermanas, Emily y Charlotte, guardaron para sí la creación de estos extraordinarios personajes femeninos mientras los escribían en la vicaría de su padre, Patrick Brontë. En primer lugar, el escribir es siempre una cosa demasiado íntima para ser considerada como tópico en una conversación familiar, y más todavía cuando sabemos que Emily era extraordinariamente reservada, casi de una manera autista y Charlotte sin duda lo fue también. Por ejemplo, en sus cartas a su mejor amiga, Charlotte jamás mencionó la creación de Jane Eyre. Es como si no la estuviese escribiendo: queda al margen de sus confidencias.

Para mí, la anti Jane Eyre es Catherine Earnshow, de Cumbres Borrascosas. Cathy es inmisericorde, es ambiciosa, es egoísta, es monstruosamente manipuladora, es coqueta y tiene un corazón desgarrado que vacila entre Edgar Linton y Heathcliff, y que a los dos daña, dañándose antes (y en primer lugar), a sí misma. Cuando está a punto de morir, y ante los reproches de Heatchcliff, Cathy reconoce que ella misma ha sido ’el ministro de su mal’ (como dijera Francisco de Aldana), pero no permite que ninguno de los dos amantes se quede sin su buena ración de insuperable sufrimiento. Hay un ingrediente tremendamente destructivo en Catherine, al margen de su ambición: " ¡Entre tú y Edgar habéis destrozado mi corazón, Heathcliff, y los dos venís a mí para lamentaros de lo sucedido, como si fuerais dignos de compasión. Pues no pienso compadeceros, ya lo creo que no, Me habéis matado...".

Jane Eyre, en cambio, desde el momento en que se enamora ( contra su propia voluntad), de Edward Rochester, se entrega exclusivamente a este amor sin pensar jamás en otra cosa que no sea él. Y aunque, en el último tercio del libro, se ve tentada por St. John Rivers para entregarse a la labor misionera en el ’papel’ de su esposa, ella sabe que no puede hacerse amar por este hombre frío y duro, que sólo quiere entregarse al amor de Dios. Jane reconoce ante Diana que quizá, debido a las cualidades de St. John, podría en algún momento llegar a amarlo, pero sabe que ese amor se asfixiaría en sí mismo, pues él jamás podría corresponderla como lo había hecho Rochester. Y entonces Jane sería víctima de un sufrimiento insoportable. Por ello ofrece a St. John el único sacrificio que podría hacer por él: acompañarlo en su misión a la India, pero como una igual, no como una esposa. Es curioso que ella se plantee esto como un dilema con relación a Rivers y no con relación a Rochester, porque en general, la esposa decimonónica es, por definición, inferior al marido. Deja de tener autonomía económica (ya que él será el dueño de todo lo que posea), será su esposa obediente, su propiedad. Por ello, Jane no puede casarse con St. John y en cambio desearía haber podido hacerlo con Rochester, puesto que Rochester la ha amado precisamente como a una igual, mientras que St. John la ve siempre como una subordinada. Desde la segunda conversación, Edward le deja claro ’que no desea tratarla como a una inferior’ . Así lo reafirma en la escena de la declaración amorosa: " Así es: somos iguales (...) Aquí está la que es igual a mí, la que será mi segundo ser, mi mejor compañera en la tierra. (...) Te ofrezco mi mano, mi amor y todas mis posesiones"...

De modo que Rochester, al revés que los personajes de Cumbres Borrascosas, no contempla la situación de clase como un elemento de dominio.Y una vez que se ha establecido la relación, cuando la señora Fairfaix hace notar a Jane que no debería saltarse su lugar (en el mundo, en la sociedad) aceptando esta desigual relación y Jane transmite esta opinión a Rochester, él responde: "Tu lugar está en mi pecho". Jane no da importancia a esta convención económica o social en ese momento. Su mirada hacia él o hacia Blanche Ingram está desposeída del concepto ’dinero’ o ’clase’. Las prioridades de Jane son morales y éticas y por ellas se guía absolutamente. Ella sabe que es digna de Rochester y que ambos son de la misma condición, mucho más que Blanche, con quien él no tiene nada que ver: "La señorita Ingram no daba la talla para despertarne celos, era demasiado poca cosa". Jane se juzga y se sabe muy superior a Blanche y por ello es incapaz de sentir celos de esa muñeca frívola, aunque sea noble y hermosa y Jane se describa a sí misma como "pobre, fea, obscura y pequeña" (Poor, plain, obscure and little).

Sin embargo, cuando Rochester ha conseguido el anhelado "Sí, Edward, me casaré contigo", él, de manera desconcertante, desea dar constancia de su amor por Jane tratándola como ha tratado antes a su amante, Céline Varens: dándole regalos, intentando cubrirla de joyas, comprándole vestidos y anunciándole que si bien ella ahora lleva las riendas de la situación, después, él la llevará atada a su pecho como lleva la cadena de su reloj. Lo dice en broma, pero realmente, Jane siente en ese momento que él la quiere transformar en otra y pretenderá cosificarla: "Entonces ya no seré tu Jane Eyre". Jane teme la dependencia económica absoluta que después de su abandono de Thornfield, tras el terrible descubrimiento del secreto de Rochester, quedará conjurada por la cuantiosa herencia que recibe de su tío John Eyre desde Madeira. Esta herencia la convierte por fin en igual a Rochester en términos económicos y le permite por fin acceder a su hombre con todas las seguridades que una situación independiente le otorgan.


Catherine Earnshaw reacciona de muy distinto modo. Desde la llegada del "gitano" que su padre ha encontrado vagando sin rumbo ni destino por las calles de Liverpool y que se lleva a su casa otorgándole el mismo nombre que a un hijo ya fallecido, Heathcliff estará marcado por la desigualdad de su nacimiento, misterioso y seguramente infamante. Nelly, la criada de la casa, le dirá en alguna ocasión que, al desconocer absolutamente su origen, puede fantasear con que es, en realidad, el hijo de un príncipe extranjero o de algún desconocido potentado. Pero Heathcliff es y será siempre un marginado, un ser extraño, ajeno: el "otro". Su carácter salvaje y su oscura piel, su violencia congénita no son más que las marcas de esta otredad radical, que se presente ante la agresiva mirada de Hindey, su enemigo radical, su rival natural dentro de la casa. Heathcliff es un ladrón: roba a Hindley el amor de su padre. Y cuando éste muere, el hijo le hará pagar caro esta suplantación ignominiosa para él, rebajándole y humillándole constantemente y estimulando así el caldo de cultivo de la posterior venganza, cuando le robará la casa, el hijo y la poca dignidad que le quedaba.

Cathy y Heathcliff son dos ramas de un arbusto salvaje, expuesto a la violencia de los vientos del páramo y como él indomables; están unidos por un amor asocial, anticonvencional, en el que no puede entrar nadie. Un amor que no puede prosperar en la medida en que Cathy no puede desclasarse, no puede alejarse de la sociedad, ni siquiera en el páramo. Cathy tiene 15 años cuando se da cuenta de que desea ser una señora, poseer trajes bonitos, tener una casa linda, tomar el té...ser, como ella dice, la señora más importante de la comarca, y esto no puede dárselo Heathcliff. De modo que Edgar Linton, a quien aprecia por su elegancia, por su educación, por ser distinto a ella y a Heathcliff, resulta la opción deseada. Sin saber que Heathcliff escucha, Cathy razona que no puede vivir con Heathcliff porque ambos se convertirían en dos vagabundos y dice la frase que condenará a los dos amantes al infierno que vendrá después: " Casarme con Heathcliff me degradaría".

Catherine traiciona así la promesa hecha a Heathcliff: "No te abandonaré nunca, jura que tú tampoco te irás"(...) por el dinero y la refinada vida en la granja de los Linton. De este modo, Cathy hace lo que Jane nunca hizo: dejar de lado sus sentimientos en favor de una ambición económica y social: "Yo soy Heathcliff", le dice a Nelly después de comentarle que ha aceptado la oferta de matrimonio de Linton ¡Qué paradoja! Cathy no es consciente de esta contradicción mortal. En esa misma noche fatídica, Cathy tiene la certeza de que ha obrado mal aceptando a Edgar: confiesa que su afecto por él es como el follaje de los árboles, que cambia con las estaciones, mientras que el amor que siente por Heathcliff es como las rocas del páramo: permanece siempre. Es la ambición la que la hace aceptar esa boda monstruosa que va contra su naturaleza.

La huida del despreciado sólo puede traer consigo la tragedia, que desde el momento en que se concierta la boda entre Cathy y Edgar comienza a rondar tanto Cumbres Borrascosas como la granja de los Linton. Más o menos a los trece años, ella le había reprochado a Heathcliff que no tuviera conversación, que estuviera siempre sucio, que fuera, en suma, un bruto o un salvaje. De modo que él se irá (no sabremos nunca adónde) para volver convertido en un caballero, pero sólo externamente. En su interior no es más que una fiera salvaje, herida de muerte por la decisión equivocada de Cathy Earnshaw.

Cuando Jane abandona a Rochester, lo hace para ser fiel a sus creencias y a sus principios: no puede convertirse en su esposa y por lo tanto, no debe convertirse en su amante. Pero esta decisión la toma doliéndose profundamente por el sufrimiento que va a causarle a él. Y curiosamente, no se siente orgullosa de su decisión: se va contradiciendo su propio corazón, y odiándose por el daño que va a hacerle a Rochester, a quien perdona inmediatamente. Sus sentimientos por él son siempre de disculpa, de comprensión, de pena y sus palabras, al despedirse, son extrañamente paradójicas y desde luego, muy generosas, porque le dice "Que Dios lo bendiga, mi querido dueño. Que Él le proteja de todo mal, le sirva de guía y de consuelo, y le pague todo el bien que me ha hecho".

Cuando Cathy va a morir, víctima del dolor que le produce no poder ser de Heathcliff ni poder amar como debe a Linton, tanto como de un mal parto, dice: " ¡Ojalá pudiera abrazarte hasta que nos llegara la muerte a los dos! -continuó con amargura-. No me importaría que sufrieras. No me importan nada tus sufrimientos ¿Por qué no has de sufrir? ¡Yo lo hago! ¿Te olvidarás de mí, serás feliz cuando yo esté bajo tierra?".

Cathy anuncia que nunca descansará en paz. Catherne está en las Antípodas de Jane y es, desde mi punto de vista, su verdadera imagen inversa en el espejo.


Emiliy Brontë, Cumbres Borrascosas, Siruela, Madrid, 2007 (Prólogo de Alejandro Gándara, traducción y notas de Cristina-Sánchez Andrade)

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21/03/2008 10:57 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Literatura y Libros. Hay 6 comentarios.

20/03/2008

Una blanca palomita

Mi prima Paloma, la persona con la que más me siento identificada, me va a venir a visitar. Estoy muy contenta.


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20/03/2008 11:28 Autor: Gabriela Zayas De Lille. #. Tema: Citas de música. Hay 2 comentarios.


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