Pasó el día de muertos y...

Pasó el día de Muertos y volví a constatar cómo nuestros muertos nos habitan. Tengo el fantasma del abuelo de mi marido viviendo en mi casa desde hace mucho. Es un fantasma afable y veloz, que sólo se deja ver mientras pasa corriendo del espejo del pasillo al cuarto que fue de mi hijo Arturo y que es el más alejado de la casa. A veces mete bulla, pero debo definirlo como un fantasma muy cortés, muy discreto.
Ignoro por qué permanece aquí, porque por lo que sé, no le gustaba esta casa. Pero algo lo tiene atrapado, y yo no he conseguido juntar valor para preguntarle por qué no se va, o qué necesita para irse, o si quiere irse.
El caso es que con las obras he quitado el espejo del pasillo, y no sé si he dejado al fantasma del abuelo dentro o fuera, porque es evidente que ésa era su puerta de entrada y salida. La cosa me ha preocupado desde hace días. Es curioso que yo, que no soy nada suyo, piense mucho en él. Es mi fantasma, no el de mi marido, su nieto.
Volver a poner un espejo ahora que terminen las obras es mi principal preocupación. No quiero que mi fantasma vaya a sentirse solo. Llevamos tanto tiempo viviendo juntos que yo también lo extrañaría.
Una entrevista a Pascal Quignard: Sobre La barque silencieuse
Tous les jours à 8h50 et avant le journal de la nuit Monique Atlan vous propose un face à face avec un auteur http://programmes.france2.fr/dans-quelle-etagere/
Os cuelgo aquí una entrevista hecha a Quignard en Septiembre de 2009 con ocasión de la salida de La barque silencieuse. Siento que no haya subtítulos, pero su francés es transparente y creo que se entiende bien.
Juan O'Gorman: ingeniero/arquitecto, pintor y muralista mexicano
Ingeniero, pintor excelentísimo, muralista. Sobre todo; humanista.
En este día en que se conmemora el brutal encuentro de Europa y América, quiero hacer mi propia conmemoración, recordando a este insigne mexicano con el lema de la Universidad Nacional Autónoma de México, máxima casa de estudios: ¡Por mi raza hablará el espíritu!
Los videos pertenecen a Canal Once Mexicano, canal cultural pionero en América Latina. A la serie Con los ojos de... Juan O’Gorman (1994).
Pascal Quignard: L'enfant au visage couleur de la mort

Pascal Quignard escribió este cuento terrorífico como desprendido del ensayo El lector ( que está escrito en forma de epístola, en segunda persona). Ya había hecho algo similar con El nombre en la punta de la lengua, que viene acompañado por un cuento que ilustra perfectamente las hipótesis expresadas en el ensayo. De este modo, cuento y pensamiento se entrelazan y complementan. Es una idea preciosa y no sé por qué no se publicó L’enfant... en el mismo volumen, junto con Le lecteur.
L’enfant au visage couleur de la mort es un relato que no se ha traducido al español. Como tantas obras de Quignard, ésta fue editada varias veces por distintas editoriales hasta que en 2006 apareció la edición definitiva en Galilée. Ya he comentado en otro lugar la belleza de estas ediciones, y es aquí donde Quignard publica su narrativa breve con muy buen criterio. Si yo tuviera una editorial, negociaría los derechos de todos estos cuentos y los publicaría en español sin tardanza en un solo volumen, porque son tan bellos y terribles como los que editó Bruno Bettelheim en el XX o recopilaron los Andersen, Grimm o Perroult en el siglo XIX. Quignard ha escrito que aspira a ser leído por los hombres y mujeres del 1640. Es decir, él aspira al clasicismo. Y clásico es su francés, sobrio y contenido en los relatos. Apenas aparece el narrador-estilista que hay en él. Quignard elude su propia sombra en estos cuentos y hay unos ’ Dicen’, unos ’Contaban que’... que desvanecen la personalidad del autor para subrayar el carácter tradicional del cuento. Un cuento cuyos orígenes se muestran, así, brumosos. No es un cuento del siglo XXI, es un relato ancestral.
En muchos otros escritos suyos, pero especialmente en El lector y en La barque silencieuse, Quignard teoriza sobre la peligrosidad de la lectura. Los libros nos apartan de los otros, y más radicalmente, de la vida. Es verdad que lo hacen para darnos una vida distinta, tal vez más intensa y verdadera, pero el suyo es un peligro real: un lector se divorcia de la sociedad. Los libros excluyen a la sociedad porque leer te encierra dentro de ti mismo, alza fronteras entre tú y los otros y entre tú y el mundo y crea una adicción solitaria que pocos pueden eludir o vencer, una vez experimentada.
En el cuento de Quignard vemos estas ideas en acción: un padre se ausenta para ir a la guerra y pide a su hijo dos cosas: que no le espere y que no abra nunca un libro. El niño se queda con la madre y obedece la primera orden pero desobedece la segunda. La madre, al principio, no ve mal en ello y compra libros para el niño. Poco a poco, éste se va metamorfoseando y su rostro adquiere el color de la muerte. Vive encerrado con sus libros en una torre en la que nadie entra. Sus ojos se han apagado, su color se ha marchitado, su vista horroriza: se convierte en un monstruo. Pero llega el momento en que el infante desea una esposa. Y la madre, angustiada, tiene que suplicar a la más pobre de las pobres de su reino para que le ceda una de sus tres hijas... La pobre más pobre del reino se compadece del dolor de la otra madre que sufre por su hijo y deja que su hija mayor se vaya con la castellana. Pero la hija muere. Como en todos los cuentos tradicionales, esto se repite tres veces. Tres son las hijas que la pobre cede a la castellana para que pasen la noche con su hijo, el infante del rostro color de la muerte. Al emprender el camino, una vieja las interpela: ’¿Adónde vas?’ La dos hijas no contestan a la vieja, a la que desprecian ostensiblemente, pero la tercera y última hija, responde a la vieja: ’ ¡Oh, vieja! A quien me habla, yo respondo. Marcho con lentitud porque es mi último viaje como ser vivo. Escucho así a las aves y al aire que resuenan en las hojas de las hayas. Respiro así el aire y el viento que pasa. Así yo te hablo y así te saludo porque allá donde voy, allá está la muerte, y allá ni el cielo ni los campos se escuchan, ni el ave canta, ni las hojas se mueven, ni el aire ni el viento pasan’.
La vieja, entonces, aconseja a la joven que se ponga tres vestidos, y que cada vez que el infante del color de la muerte le pida que se desnude, ella le pida que se desnude antes él. Y cada vez, la joven se despojará de uno de los vestidos: primero del vestido blanco, luego del vestido amarillo, el tercero será el vestido marrón. Así lo hace la joven, y la tercera vez que el infante le pide que se desnude, ella le pide que antes, se desnude él. Así, el desnuda primero su piel tan blanca como la muerte, la segunda, la carne enfermiza y los ojos sin brillo, y la tercera, él se desvanece para convertirse en la imagen de un libro: ’Desnúdate, le ordena el infante. Desnúdate tú también, delante de mí, le dice ella. Entonces un gran gemido se escucha en el lugar donde se encontraba el infante, y un largo aullido desde allí se fragmentó, poco a poco al contacto con el aire. Y la voz y el aliento se desvanecieron, dejando en su lugar la página de un libro iluminado’.
Entonces la joven vio que en la página aparecía la imagen de un hombre hermosísimo, que era el verdadero infante. Y tanto lo vio que llegó a amarlo: ’Ellos terminan diciendo que ella se aproxima, toma la página del libro y mira con sorpresa el dibujo de un hombre más bello que el amanecer de un día. Con una mirada más vívida que la vida que impulsa el batir de su corazón. Un rostro más luminoso que el sol reflejado en las mareas de una ribera de mar. Ellos cuentan que repentinamente se enamora de esta cabeza, la cabeza del infante de colores muy vivos. Cuentan que ella deseó abrazar ese cuerpo que retrataba la imagen. Dicen que ella no deseaba más que esto en el mundo: apretar contra su seno la cabeza del hombre que aparecía sobre la página del libro’.
Después de contar el cuento, Quignard agrega algunas palabras enigmáticas, misteriosas, seductoras:
’Los nombres mismos perdieron la fuerza que tienen los nombres para evocar. Parecen indescernibles, erróneos. Signos sordos. Vanos.Temerarios.’ *
Y otras cosas que dice después en su forma habitual, en versículos, en pequeños ensayos y que no voy a traducir. A quienes sepan leer en francés: es un hermoso libro, como un texto medieval. Con su misterio y su pesadilla. A los que no sepan leer en francés: ¡vale la pena aprender esa lengua sólo para leer a Quignard!
Pascal Quignard, L’Enfant au visage coleur de la mort (conte), Paris, Galilée, 2006.
* La traducción es mía, pido perdón por los posibles fallos.
Leonor de Aquitania, de Régine Pernoud

Por fin se reedita en español la traducción de este magnífico estudio de Régine Pernoud (1909-1998), en la que se revisa concienzudamente la trayectoria vital de esta mujer extraordinaria que fue Leonor de Aquitania. Denostada y adorada a un tiempo, Leonor fue ejemplo de cultura, independencia, audacia política y visión de estado en una época (la medieval) que ha sido mal conocida o recordada como época oscura (en parte a causa de la visión negativa que nos legó Petrarca) y que fue una época brillante y apasionante.
En la historia de las mujeres, la Edad Media no puede decirse que fuera negativa, al menos en lo que respecta al género, aunque sí lo fuera en cuanto a la clase social. Muchas mujeres de alta cuna destacaron en esa época, y entre ellas, Leonor no fue de las menos importantes. Heredera de los ricos feudos de Aquitania y del Poiteu, la reina que se casó dos veces con reyes manejó las riendas de la complicada política de su época con perspicacia, siempre defendiendo sus derechos territoriales y exportando la alta cultura de su tierra a los dos reinos a los que accedió por matrimonio: Francia e Inglaterra. Conservó también y defendió sus dominios para pasarlos a su hijo favorito, Ricardo Corazón de León, quien, tras la muerte de sus hermanos mayores, Guillermo y Enrique, era el soberano legítimo. Leonor luchó por conseguir el altísimo rescate que el Emperador de Alemania pidió para liberar a Ricardo y luchó también porque Juan sin Tierra, su hijo pequeño, no usurpara los dominios que le correspondían a su hermano mayor. La biografía incide especialmente en la etapa en la que Leonor, ya mujer, y tras el divorcio de Luis VII de Francia, casa con Enrique Plantagenet e inicia con él un largo reinado en Inglaterra. Al principio, nos dice Pernoud, en íntima colaboración con esposo, Leonor reina en Inglaterra cuando Enrique está ausente en sus tierras francesas, y es reina en Aquitania cuando Enrique está en Inglaterra. Ambos esposos viajan constantemente, y al alimón gobiernan sus estados. Quince años después, y tras el golpe moral que supuso la entrada en escena de la bella Rosamunda, Leonor se separa de facto de Enrique e inicia una campaña de desprestigio contra él, consiguiendo que sus vasallos continentales y sus hijos se alcen en su contra. Después de la época dorada de su matrimonio con el extraordinario Enrique Plantagenet, en la que incluso es capaz de acompañarlo en la Cruzada, Leonor se despega de él, lo reta. Más tarde sufrirá prisión y exilio a causa de ello, para renacer después de la muerte del esposo de nuevo con la grandeza de una reina madre que cuida y gobierna en nombre del hijo ausente.
Las turbulencias eran constantes en esta época feudalista, en las que las guerras, pequeñas y grandes, no cesaban de movilizar a los hombres. Europa ha sido siempre el escenario de cruentas guerras fratricidas, y lo fue también entonces.
La aportación de Régine Pernoud a la historia de Leonor de Aquitania es importante porque deja de lado los dimes y diretes que desde su propia época han venido empañando la labor política e histórica de esta mujer, centrándose en habladurías sexistas sobre sus amores, supuestos adulterios, supuestos amores incestuosos - con el padre de su esposo Enrique, por ejemplo,- y que se crearon sólo porque Leonor fue una mujer libre, hermosa y poderosa. Por tanto, muchos historiadores y cronistas se afanaron en ocultar la dimensión más política de su oficio de reina para poner el acento en su vida personal erótica. Naturalmente, como impulsora de las cortes de amor, de la poesía trovadoresca, Leonor estaba sujeta a la ficcionalización de su vida y a la idealización de su belleza y poderes femeninos en tanto que musa de tantos y tantos poetas cortesanos. Pero la historia tiene la obligación de separar literatura, leyenda y hechos reales, y no lo ha hecho bastante con Leonor. De ahí el interés de esta biografía, aparecida en Francia en los años sesenta.
No sólo es una biografía extraordinaria: también es una gran relato narrativo, pero no es una novela. Es Historia de la mejor.
Lo único que se echa en falta es un mapa de los reinos y feudos de la época.
Régine Pernoud, Leonor de Aquitania, El Acantilado, Barcelona (Traducción de Isabel de Riquer).
Miguel Condé expone en Madrid
El pintor y grabador mexicano Miguel Condé expone obra sobre papel, en Madrid, del 5 de Noviembre al 12 de Diciembre en la Galería BAT Alberto Cornejo.
La dirección es Calle María de Guzmán, 61,
Madrid 28003
http://www.galeriabat.com
La cita promete ser muy interesante.
Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta

Leí esta novela de la escritora mexicana ( o más, precisamente, poblana) cuando fue editada hace una veintena de años. Me gustó. Después leí Mujeres de ojos grandes y aunque de menor aliento, también me gustó. Luego le perdí la pista a la Mastretta hasta que hace un par de meses empecé a visitar su blog, Puerto Libre.
Ahora que han estrenado la peli basada en esta novela, he querido releerla antes de ir al cine. Se trata de la historia de una mujer mexicana que desde los quince años vive con un hombre cuyo interés reside, precisamente, en su complejidad. Un hombre que sube con la Revolución y con ella se corrompe mientras por otro lado la enseña a sentir placer, a ser su compañera. Irónico, pero no desprovisto de ternura, el general es un personaje crecientemente despreciable, pero no fácil de definir. Mujeriego, mafioso, criminal, pero también tierno, cariñoso, preocupado por sus innumerables hijos a los que va llevando a su casa para que Catalina los críe; cercano a su mujer, sobre todo en los primeros años de su matrimonio antes de que ella se dé cuenta de que él es al mismo tiempo prepotente, tiránico, celoso, cruel y posesivo.
Me extraña que en algunas reseñas digan que el tema de la película es el machismo mexicano. Primero, cuestiono el adjetivo: en México hay tanto machismo como en el resto de los países ( y no sólo me refiero a los países hispanoahablantes); segundo, en todo caso, el tema es el crecimiento de Catalina, su aprendizaje de la vida, su camino hacia la liberación, hacia la autosuficiencia a través de una serie de avatares que acompañan la historia de México en las décadas de los 40 a los 50. Se trata de una narración en primera persona, por lo que todo lo que ocurre lo vemos a través de los ojos de Catalina que, en un largo flashback, nos cuenta su vida, unida a la del general desde su adolescencia.
Según se afirma, Mastretta basa la trama en la vida de Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente de México que sucedió a Lázaro Cárdenas, y en la de su segunda esposa.
Literariamente, la novela no es brillante, pero cuenta una historia que vale la pena leer.
De todos modos, tampoco entiendo que se la lea como una reivindicación feminista porque, al fin y al cabo, Catalina no renuncia al poder ni al dinero que tan suciamente ha conseguido el general. Sólo se libera (sexualmente) por la vía de mantener ocultos a sus amantes y yo me pregunto si esta es la verdadera liberación.
Esta novela está en el nivel de las de Isabel Allende: es amena, está bien escrita, atrae lectores: tiene su público. No más (y tampoco menos).
Ángeles Mastretta, Arráncame la vida, Seix-Barral, Barcelona, 2007.
Lauren Bacall en su cumpleaños

Al cumplir los 85 años, Lauren Bacall ha declarado:
Lo bueno que tiene cumplir los 85 ¡es que ya puedes fumar hasta caerte muerta!
Pascal Quignard, La barque silencieuse

Este año se inicia la nueva temporada literaria en Francia con la publicación del último volumen (el sexto) de la serie que Pascal Quignard llamó Dernier Royaume (cuyo primer volumen recibió el prestigioso premio Goncourt en 2002). La obra salió a la luz el 3 de septiembre y ha llegado a mis manos en unos cuantos días. Se trata de una lectura que me ha proporcionado gozo estético y meditación sobre temas que son caros a Quignard y cuya preocupación comparto.
Desde el punto de vista del lenguaje, noto que en este sexto volumen Quignard ha simplificado la sintaxis, ha depurado el estilo, a veces barroco, de sus anteriores obras en busca siempre de pureza y verdad. Quignard explora los temas siempre partiendo del lenguaje (de ahí la importancia de la etimología), buscando el sentido verdadero. Un punto no baladí, ya que las palabras, como sabemos, no sólo muestran: también esconden sentido. Y saber exactamente qué quiere decir una palabra, que quiso decir en sus orígenes, nos lleva al origen mismo de nuestro ser como humanos, como en busca de nuestra verdadero lugar en el mundo, como aventureros de las palabras y su significado primero, aquel que hace la luz en el cerebro y nos lleva a la comprensión de un mundo que a menudo es tan evanescente, tan elusivo, tan engañoso que nos impide ver, ver de verdad y saber, saber de verdad qué estamos viendo, que estamos sintiendo, que estamos temiendo o deseando de la vida y de la muerte. Esta búsqueda nos lleva, de la mano de Quignard, a esa selva venturosa, donde encontramos el origen. Donde todo lo que no comprendemos adquiere por fin un sentido que revela una verdad que apenas hemos adivinado, pero que no hemos tenido entre las manos. Esta búsqueda es en sí misma la posibilidad de la felicidad en el ser. En el sí. En el mí. Hay vivos que no viven, pero quien lee tiene la sola posibilidad de vivir abandonando su ser en la lectura. Sin embargo, este privilegio no es para todos, porque leer es peligroso y sólo unos cuantos pueden atreverse a emprender esta aventura de dejar de ser para ser.
Como todos sus textos, La barque silencieuse es una mezcla de ensayo, narrativa breve, poesía, etimología y filosofía. El tema central es la libertad y las variaciones sobre las que están tejidos sus mimbres son el nacimiento, la muerte y el suicidio, el amor y el deseo, la religión y el ateísmo, el ruido y el silencio, la sociedad y la soledad.
Qué duro resulta reconocer el mundo. Verlo con ojos nuevos. Y qué hermoso y terrorífico. Así son los mejores libros de Quignard: duros, hermosos y terroríficos.
Me imagino al escritor en su casa de Sens, escribiendo en esas octavillas incansablemente, recluido en su ensimismada búsqueda. Inagotable. Lo imagino como un ser obsesivo que a duras penas se desprende de su BIC, y que escribe mientras lee, todo el tiempo*. Porque Quignard escribe incansablemente en tanto que lee incansablemente. Y de sus lecturas surgen sus reflexiones, y de sus reflexiones surgen sus escritos. Y en sus escritos habitamos sus lectores tal como él quiere que habitemos: olvidados de todo, siendo ya nadie. Seres que suspendidos en las palabras ya no existen sino dentro de su libro, en sus palabras, paladeando cada frase, cada idea. Al menos por un momento, tal como indica en El lector , dejamos de ser para ser de otro modo, desapareciendo del mundo, evadiéndonos de él, sólo para existir mejor en él, más conscientes, en ese mismo mundo de las ideas que él recrea para nosotros. Es como en la mística. Se deja de ser para ser. Por eso leer a Quignard es exigencia pura de olvido y de dejación. Un no sé qué que quedan balbuciendo, dice San Juan. Pues eso.
La noción de creación no es otra cosa. Es la revelación de algo ya sabido pero no enunciado. Quignard enuncia y crea aquello que sabemos que existía dentro de nosotros pero no encontraba las palabras para ser. Y de ahí su grandeza. Pero claro, sus libros han de buscar a sus lectores. Una vez encontrados, libro y lector dialogan y susurran, en la soledad y en el silencio: Era esto, era esto ¡Eureka!
Editada primorosamente por Éditions du Seuil, el libro tiene la elegancia y la pureza que contienen sus páginas. Impoluta, no encontrarás una sola errata.
Como toda gran literatura, la obra de Quignard no puede encontrar otras palabras que las suyas. Es literal o no es. Así que ahí van algunos fragmentos, traducidos por mí. Pido perdón por los fallos.
Capítulo XXII
La comunicación separada y sagrada
(...) Quien tiene un secreto tiene un alma (...)
(...) Una escena desnuda o al menos vergonzante, misteriosamente nocturna, rodeada de linternas, rodeada de candelas, rodeada de luces, se busca en la lejanía del cuerpo que ella fabrica. Una no comunicación, que se aleja y se aparta de la comunicación debe ser preservada en el mundo atmosférico. Es una reserva animal, feroz, que jamás debe someterse al lenguaje, ni a las artes, ni a la comunidad, ni a la familia, ni a la confianza amorosa.
(...) El corazón de cada mujer, el corazón de cada hombre debe ser concebido como inexpugnable.
Es lo que a ningún precio debe ser descubierto por los otros, ni excitar su envidia, ni ser percibido por las otras fieras, por las aves, ni ser desnudado, ni ser devorado (...)
El libro abre el espacio imaginario, espacio él mismo originario, donde cada ser singular se reconduce a la contingencia de su fuente animal y al instinto indomesticable que hace que los vivos se reproduzcan.
Los libros pueden ser peligrosos pero es la lectura sobre todo, por ella misma, la que presenta todos los peligros.
Leer es una experiencia que transforma profundamente a aquellos que vuelcan su alma en la lectura. Hay que encerrar los libros verdaderos en un rincón porque los verdaderos libros son siempre contrarios a las costumbres colectivas. Aquel que lee vive solo en su ’propio mundo’, en su ’rincón’, en el rincón de su muro. Es por ello que solo en la ciudad el lector afronta físicamente, solitario, en su libro, el abismo de la soledad anterior en la que él vivió (antes de nacer) (...)
Sólo la letra colocada delante de sus labios puede atestiguar que su aliento ya no es (...)
Aquel que lee la letra ha perdido el ser, el nombre, la filiación, la vida terrestre.
En la literatura hay alguna cosa que resuena del otro mundo.
Una cosa que transmite un secreto.
(...)
El amor define este ’aquel’: la comunicación separada y sagrada, la vida secreta, la vida intensa apartada de la sociedad, de la familia, del lenguaje común. En la novela más bella escrita en Francia, La castellana de Vergy, el amor es descrito como la relación que excluye toda intervención de un tercero. Que excluye toda confidencia. Que impone el secreto de la guarida. Lo mismo pasa en la novela más hermosa escrita en Gran Bretaña, Cumbres Borrascosas. En la materia de Bretaña, los secretos no pueden ser revelados. Las confidencias del amor no pueden ser confiadas al aire sin invocar los desastres. Ellas deber ser reveladas solamente por escrito, sin caer en los oídos de nadie, deben ser ocultadas a la naturaleza y a todas las clases de la sociedad.
’Por favor no deje de escribirme
aquello que su boca no osa decirme’.
(pp. 59-60,61,66)
Pascal Quignard, La barque silencieuse, Editions du Seuil, París, 2009 (Sexto volumen de la serie Dernier Royaume).
*Quignard en el documental A mi mots muestra su forma de trabajar: escribe sobre una tablita en la que engancha octavillas en blanco, y escribe con un BIC recortado (para que no sobresalga de la hojita). Con ese simple artefacto se mueve por el mundo, escribiendo siempre. Ni máquina de escribir ni ordenador.
El uso de las TIC-TAC en la enseñanza del Castellano
Escribí esta memoria hace un par de meses para las oposiciones a cátedra de Instituto y espero que ayude a orientar a otros profesores.
(Para ver a pantalla completa hay que pinchar el icono ’Fullscreen’)






































































<





