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11/05/2008
Antonio López: En torno a mi trabajo como pintor

Éste es un libro "hablado". En él se recoge el curso que impartió Antonio López en Valladolid. Trata de la relación de Antonio con la pintura, no sólo con la suya, sino también de sus diálogos con la otra pintura, la de los otros, la no figurativa, la internacional...
Se trata de un libro en el que lo que intuía sobre él queda aclarado. López es un pintor que sabe quién es, y que por eso mismo admite una relación misteriosa con la obra. Yo también pienso que la obra es inextricable. Es fruto de no se sabe qué misterio, de no se sabe qué secreto. Surge como milagro. A pesar de sus defectos, hay obras grandes. Algunas, firmadas por Antonio López.
Hablar de sí mismo, pintando. Buscarse, buscar el sitio (diría un taurino) y encontrarlo. Es una lucha, una lucha larga: a veces, muchas veces, dolorosa. Otras gozosa, como admite López con relación a su pintura de los años cincuenta y sesenta. Admite que ahí pintó con fuerza, con entusiasmo y con verdad.
La verdad, la verdad de la obra está, sí, muy por encima de cualquier otra consideración, aunque no alcanza, tampoco, a explicar la grandeza. Hay que equilibrar destreza con misterio, con búsqueda de la verdad, con diálogo interior para conseguir algo que trascienda la propia vida, la propia época. Algo que es más grande que el artista mismo y que sale de él, quién sabe por qué o de qué modo.
López cuenta la fe que inicialmente tuvo su tío Antonio López Torres en su capacidad y su llegada a Madrid a los 13 años. Y cómo encontró enseguida su sitio en ese sitio, y cómo pintó, con otros amigos y compañeros, (Lucio Muñoz, Enrique Gran, Feito), incesantemente desde entonces, buscando, equivocándose, sufriendo (como cuando pintó aquel óleo maravilloso y lleno de silencio, lleno de misterio de la Calle de Alcalá al amanecer).
La primera exposición...la relación con las galerías, el conocimiento de otros pintores a través de las revistas que llegaban a sus manos... muchos recuerdos llenan las páginas de este libro hermoso.
Y también la escultura, las maderas policromadas, el dibujo... la lucha con los materiales. La impotencia con el vacío del cielo en contraste con la habilidad de su esposa Mari.
La gestación de algunos de sus cuadros (Carmencita de comunión, 1960), y cómo los pintaría ahora.
Lo que importa a López es la luz y el aire. Es eso lo que hace el cuadro. Y la distancia, la perfección de las relaciones en los objetos que compone dentro del cuadro. Esa inmutabilidad que se respira en la atmósfera de sus obras y que no es más que un deseo de eternidad. Y un momento de intensa soledad. Todos los cuadros de López están habitados por un ser solitario: yo, que contemplo en silencio ese silencio.
Un libro hermoso. Sencillo y puro como López, como toda su pintura. Sincero.
Cito:
LA PERFECCIÓN EN EL ARTE
Yo sé que cosas mías - y me lo han dicho a mí- han pasado por etapas más afortunadas. De repente ha habido un verano que he estado dorando la luz de un paisaje todo el tiempo. Lo veía dorado todo. Y después, cuando se acababa la temporada, lo llevaba a casa y me han dicho " ¡pero si está demasiado amarillo! ". Bueno, pues a lo mejor, efectivamente, está demasiado amarillo, o no lo está, ¡qué se yo! No lo sé de cierto, pero no importa: es que no importa absolutamente nada. Eso que se llama la perfección no creo que exista ni en Velázquez, ni en ninguna obra humana: ¡No existe! Existe como sueño de nuestra mente. Entonces lo que sí existe es el deseo de hacer las cosas, y un impulso mayor: una especie de pulmones mayores o más pequeños, que tienen las personas que están trabajando ahí. (pp. 24-25).
Antonio López, En torno a mi trabajo como pintor, Ed. Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 2008.
El dibujo que ilustra este post es Casa del pintor Antonio López Torres (1972-1975), de Antonio López.
07/01/2008
Exposiciones en Madrid: Cranach y Durero, Camille Claudel, Pierre Klossowski

En el Museo Thyssen, la exposición Cranach-Durero. Durero, no cabe duda, es uno de los mejores dibujantes que ha habido en la historia del arte. Por eso mismo, no puedo considerarlo un gran pintor. La magnífica técnica, el preciso y precioso dibujo que inunda toda su obra le confieren una gélida perfección. Su autorretrato, tantas veces visto en el Museo del Prado, es una muestra más de esa complacencia en el detalle, así como los grabados de animales, especialmente su espectacular rinoceronte. En todo caso, he visto tanto a Durero, en Madrid y en otros museos, que para mí la gran sorpresa de esta exposición ha sido Lucas Cranach. El trazo puro, el color restallante, las delicadas pieles de sus doncellas (níveas, pero no inanimadas ni muertas, ni inexpresivas) me recuerdan a esas adolescentes de Balthus también llenas de pureza, si bien ligeramente perversas de una manera misteriosa o mejor dicho, de una manera enigmática. Adolescentes que guardan trémulos secretos entre los muslos todavía impúberes.
Así es la ninfa que reposa al lado de la fuente, o la Lucrecia que aguarda antes a la muerte que a la grosera satisfacción de Tarquino. Después, ese hermosísimo retrato de Hans Baldun Grien en tonos naranja, ocres y blancos, que dirige su mirada chinesca y esmeralda a todos los visitantes, como interrogándonos sobre la mortalidad o la belleza. Pocos lienzos nos retratan así a la adolescencia femenina como éste: quizás con él pondría el retrato de Giovanna Turnabuoni de Ghirlandaio, que habita en el mismo Museo Thyssen, o a la morena, también de aspecto oriental, de Petrus Christus.
Retratos poderosos de jóvenes, pieles bancas, ojos soñadores, formas divinizadas por el pincel.
La exposición de Camille Claudel que ofrece la Fundación Mapfre es extraordinaria ( y gratuita). Nos permite verla evolución de esa gran artista francesa, cuya vida quedó marcada con el encuentro con Rodin, para bien y para mal. Su obra está llena de movimiento, de pasión y de fuerza dramática. Y sobresale en un tipo de escultura que podríamos llamar "narrativa", como las escenografías de dolorosa melancolía o de desesperación de sus "chimeneas". La exposición nos permite sumergirnos en el mundo de Claudel. Desde las sucesivas versiones de su obra podemos ver su búsqueda, la profundización que lleva a cabo en las variantes. Son extraordinarias su caritas sonrientes, los esbozos de los "burgueses de Calais" (grupo de Rodin en el que participó la alumna), los retratos que hizo de su hermano Paul a quien plasmó en varias ocasiones desde los seis años hasta los 37: Paul Claudel, que no dudó en internarla para siempre en un asilo psiquiátrico, a pesar de las desgarradoras cartas que le escribía Camille.
En la última sala asistimos a la eclosión de su talento en las obras más significativas: El vals, Sakountala, L’age mür, o su Niobe.
Además, la exposición ofrece una gran cantidad de esculturas de pequeño formato, esbozos, cartas, fotos, y sobre todo, una panorámica de la obra de Camille, llena de personalidad y de fuerza.
En el Círculo de Bellas Artes se exhibe una amplia colección de dibujos de gran formato de Pierre Klossowski, cuyo hermano, Balthus, oscureció sin querer el calado de su obra. Tal vez también contribuyó a esto el hecho de que Klossowski optara por el dibujo con lápices de colores y no por el óleo o el acrílico, restando así fuerza expresiva a su magnífico estilo, oscuro, perverso, pornográfico, provocativo y sensual.
Es imposible dejar de percibir la tormenta interior que estos dibujos reflejan. Su atroz crudeza. Su verdad.
Una exposición indispensable.

18/06/2007
Félix Nussbaum, de nuevo...

Ya me conocéis: soy un poquitín obsesiva. Desde el día que vi el autorretrato de Nussbaum en el Museo Thyssen, hace unos meses, me propuse conocer alguna cosa más sobre un pintor que me había resultado completamente desconocido hasta ese momento. Pedí un libro a Amazon: Art and exile, Félix Nussbaum: 1904-1944, catálogo de una exposición que se llevó a cabo en el Museo judío de Nueva York.
El libro consta de tres ensayos y una cronología, y aunque muchas de las ilustraciones son en blanco y negro (cosa lamentable tratándose de pintura), resultó lo bastante interesante y amplio como para que yo pudiera formarme una idea más clara de la peripecia (trágica) de la vida y la muerte de este pintor alemán, así como de los avatares de su obra, desconocida (prácticamente), hasta 1970.
Mi cartero, insensible ante el contenido del sobre que llevaba dentro el catálogo, dobló el libro para introducirlo en el buzón. Así que llevo dos semanas planchándolo con mi tesis de doctorado (que para algo deben servir estas tesis ¿no?) y por fin, esta tarde le he hincado el diente.
Resulta curioso saber cómo su obra fue redescubierta: casi por azar. Cómo, en 1970, sólo se conocía una etapa temprana de su pintura con visibles influencias de la pintura de Van Gaugh, y cómo, poco a poco, tras muchas investigaciones y contactos con quienes le habían conocido (e incluso con quienes le habían presumiblemente, explotado), en sus épocas más negras, poco a poco se fue conociendo esa obra suya original, personal, desgarradora, lúcida y terrible, que surgió del miedo, del horror que padeció y que finalmente le costaría la vida.
En 1970, pocos conocían el nombre de Nussbaum, pero una exposición de pintores de su ciudad natal, y la intervención de una periodista curiosa, propiciaron este descubrimiento.
Parte de la obra de Nussbaum estaba en manos ajenas a las de su familia: en las de el Dr. Grosfils, a quien el propio pintor había pedido que tutelara sus obras en sus últimos años de exilio en Bruselas, cuando se escondía de la Gestapo. Se sabe que este Dr. llegó a commprarle obras por valor de un franco por lienzo. El Dr., cuando fue requerido por la familia para entregar el legado de Nussbaum que obraba en su poder, no sólo se negó, sino que exigió por medio de los tribunales una exorbitante suma por los gastos de almacenar las obras de Nussbaum, aunque éstas finalmente llegaron en estado calamitoso (ya que habían sido guardadas en un sótano sin medidas de conservación), al museo de Osnaebrück donde todo comenzara.
Después de 1970, el proceso de recuperación de obras desconocidas prosiguió a distinto ritmo. Se encontraron obritas menores, dibujos juveniles o retratos hechos por encargo, pero en 1974, aparecieron las obras que hoy causan mi admiración, aquellas que reflejaban la época que le tocó vivir: la de la persecución nazi, la de los campos de concentración, la del horror y la muerte en lienzos conservados por la familia de uno de los que les cobijaron en su exilio belga: la familia Billaestraet.
Estos lienzos nos muestran aquello que expresa Bertold Brecht en un poema que inicia este volumen:
Siempre encontré falso el nombre que nos dieron: emigrantes.
Quiere decir aquellos que dejan su país. Pero nosotros
no nos fuimos, no escogimos
por nuestra propia voluntad, otra tierra. Ni entramos
en esa tierra para quedarnos, si era posible, para siempre.
Simplemente, huimos. Nos sacaron, nos prohibieron quedarnos.
No un hogar, sino un exilio será la tierra que nos acogió.
Sin descanso esperamos, lo más cerca posible de la frontera,
esperamos el día del regreso, cada pequeña alteración
observando tras las fronteras, preguntando con celo
en cada arribada, sin olvidarnos nada, sin renunciar a nada
y sin perdonar nada de lo que pasó, perdonando nada.
Ah, el silencio del Sonido no nos decepciona. Oímos
los gritos de los campos también aquí. Sí, nosotros mismos
somos casi como rumores de crímenes
escapados a través de la frontera. Cada uno de nosotros
que con zapatos rotos caminamos entre la multitud
somos testigos de la vergüenza que ahora asola nuestra tierra.
Pero ninguno de nosotros
se quedará aquí. La palabra final
aún no ha sido dicha.
Emily D. Bilski (comisaria), Art and Exile, Felix Nussbaum 1904-1944. With essays by Peter Junk, Sybil Milton, Wendelin Zimmer, The Jewish Museum, New York, 1985.
(La traducción del poema es mía)
19/05/2007
Felix Nussbaum (Alemania, 1904-1944)
Cuando fui a Madrid a ver la exposición de Tintoretto, me pasé también a ver la exposición (magnífica) del Museo Thyssen, El retrato del siglo XX. Me llamaron la atención dos retratos de un pintor que no conocía: era Felix Nussbaum. Al volver, busqué información y aquí os dejo con la maravilla de sus cuadros.
Felix Nussbaum nació en Osnabrueck, Alemania y estudió en Hambugo, Berlín y Roma. Él y su pareja, Felka Platek, se instalaron en Bélgica en 1935. En 1940, fueron arrestados y enviados a los campos de concentración de Saint Cyprien y de Gurs, al sur de Francia. Nussbaum escapó, y vivió oculto en Bruselas hasta que fue capturado de nuevo en 1944 y enviado a Auschwitz, donde murió.
La información biográfica procede de aquí
09/04/2007
Gustave Moreau
Como el otro día escribí aquí (a propósito de mi lectura del libro de Gerard Vergés, Tretze biografies), sobre Moreau, me puse a navegar por la red y encontré algunas muestras de su maestría. Arte y maestría no son sinónimos. Para mí, Moreau es un maestro de la acuarela, un amante y un creador de la belleza, pero no es un artista tal como yo veo el arte. Es una decorador. Un hombre que domina su técnica. Qué alejado está de los que me emocionan (como Goya o como Vermeer). Sin embargo, contemplar sus obras es mirar la belleza, decadente y lujuriosa, del mundo mitológico y del mundo oriental y bíblico: Moreau es un preciosista. Por supuesto, no pienso dejar de visitar su Casa-Museo en París, si finalmente voy para allá en mayo. Os dejo aquí una considerable muestra de sus bellísimas acuarelas y de algún que otro óleo. Espero que os gusten.
25/03/2007
Elisabeth Vigée-Lebrun
En memoria tuya, pequeña amiga mía:
La vida de Elisabeth Vigée Le Brun ( 1755-1842), me ha intrigado desde hace tiempo. Una querida amiga mía, recientemente desaparecida, utilizaba ese nombre por internet y hace unas semanas compré por amazon una biografía suya. Elisabeth Vigée Le Brun, The Odissey of an artist in an Age of Revolution, de Gita May.
Lo primero que me llamó la atención de las pinturas de Vigée que pude admirar en París es su trazo delicado, y también su fuerza expresiva. Como pintora, destacan la maestría y la soltura de su enfoque, aunque se le pueda reprochar que cultivó el halago y se convirtió, a través de esa mirada esteticista y favorecedora, en la principal retratista de su época, que fue de transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo. Rubens y Van Dyck fueron sus modelos (Van Dyck, junto con Antonio Moro, Sánchez Coello y Sofonisba Anguissola están también entre mis retratistas preferidos). Vigée se mueve en esos parámetros, quizá añadiendo algo de la gracia y de la superficialidad de un Fragonard o de Boucher.
Aunque a veces dolida porque el subgénero del retrato no estaba entre los mejor valorados en su tiempo, Vigée llegó a ganar más dinero por sus retratos que Sir Joshua Reynolds, y fue apreciada por las aristocracias, las casas reinantes y las elites en toda Europa, incluida la Rusia de Catalina la Grande, donde llegó a pintar unos 50 retratos.
Fue la retratista oficial de María Antonieta y de sus hijos, el primer Delfín, Madame Royale y el que después sería el segundo Delfín de Francia, llamado más tarde Luis XVII, que murió trágicamente tras años de cruel cautiverio, pero su larga vida le permitió retratar a personajes de generaciones muy diversas tanto en Francia como en el extranjero.
En el libro que nos ocupa, Gita May señala acertadamente que la visión que Elisabeth dio sobre la reina María Antonieta forma parte de una estrategia publicitaria para contrarrestar la mala fama que ésta ya tenía entre sus súbditos y tratar de presentarla como una mujer similar a las otras mujeres, madre y esposa amante.
Sin embargo, sus intentos (por ejemplo en el retrato en camisa de campesina), fueron recibidos como escandalosos e irritantes e incluso como una afrenta contra la majestad de los reyes. Fuerzas encontradas estaban en juego entonces en Francia, y muchos no se dieron cuenta de que esta visión simplificada de María Antonieta como mujer era un argumento a favor de la austriaca en un país en el que era rechazada (y pronto se vería cuánto). No cabe duda que la fama de Vigée se asentó sobre esta relación, que le permitió despegar de un modo fulgurante cuando tenía sólo 20 años.
Pero Vigée no sólo retrató a la reina, también a muchos cortesanos, como la duquesa de Polignac, Madame du Barry, la condesa Bocquoi, y , ya en su exilio, la famosa Lady Hamilton o las nietas de Catalina la Grande.
Vigée se había hecho un nombre en Francia, pero la Revolución Francesa y su estrecha relación con María Antonieta la obligaron a partir (aunque su marido, el marchante de arte, Jean Baptiste Pierre Le Brun permaneció en Francia y defendió su recuerdo en épocas aciagas para ella, a pesar de que tuvieron que divorciarse por razones políticas).
Este periplo, que inició en Italia y prosiguió en Suiza, Italia, Inglaterra, Polonia y Rusia, paradójicamente engrandeció su fama, extendiéndola a toda Europa, y también sus horizontes y sus contactos con los grandes pintores europeos. Asimismo, pudo contemplar y estudiar a los grandes maestros, y aunque menos conocidos, sus paisajes y sus cuadros históricos y mitológicos ganaron con ello.
Los autorretratos de Vigée, a la par que muestran su narcisismo, complacido ante su propia belleza, son deliciosos. Y también sus "maternidades" en donde se pintaba al lado de su hija Julie, tal vez para demostrar que aunque era una pintora famosa y ampliamente conocida, no por ello descuidaba su papel de mujer y de madre.
A su vuelta a Francia, Vigée apenas había perdido un poco de reconocimiento, y pintó a la hermana de Napoleón, Carolina Murat y a Madame de Staël, entre otras nuevas celebridades.
A base de talento y de dedicación, Vigée ocupó un lugar preeminente en su época, y sólo la Historia del Arte posterior le ha jugado una mala pasada: no así sus coetáneos, que la celebraron como una de las grandes artistas de su siglo.
Gita May, Elisabeth Vigée Le Brun, The Odyssey of an artist in an Age of Revolution, Yale University Press, Michigan, 2005.
23/02/2007
Balthus, Memorias y pintura
Balthus se ha introducido en mi vida esta semana, tras algún tiempo relegado al baúl de los recuerdos. Mi librero, Ferran Pontón, me señaló el apetecible ejemplar de Mitsou, historia de un gato, seguido de Cartas a un joven pintor que contiene dos textos de Rilke ( segundo marido de su madre), acompañados de los dibujos con tinta china que Balthus hizo cuando sólo tenía 6 años y en la que narraba la historia de su gatito perdido.Instigada por este hallazgo y persiguiendo mis obsesiones que, como señala mi hija Paulina, son innegables (lo dijo porque yo niego ser obsesiva en mis pasiones ya que creo que soy una persona superficial, atenta a demasiadas cosas a un tiempo), volví a leer las Memorias de Balthazar Klossowski de Roda, conocido en el mundo del arte con el nombre de Balthus.
En mi juventud pasé mucho tiempo ‘cerca’ de Gide, de Rilke, de Pierre Klossowski (el hermano ‘perverso’ de Balthus), de Bataille, de Michaux y por supuesto de Balthus, al que durante una etapa de mi vida tuve en un altar al lado de Lucien Freud. Ahora, una vez más, compruebo cómo no me equivoqué del todo en el sentido de que lo que amé intuitivamente ha pasado a ser algo que puedo seguir amando, algo con lo que puedo identificarme sin dudar un solo instante. La recurrencia de los conceptos sobre el silencio y el apartamiento del mundo que me son tan caros son el leit-motif de estas excelentes, poéticas Memorias.
Balthus señala sus filias: Poussin, Cèzanne, Giacometti, Picasso, Tàpies, Miró en lo moderno; abunda sobre el amor que siente por los italianos Piero Della Francesca, Giotto, Masaccio, Simone Martino, Fra Angelico; subraya la indiferencia que siente ante la obra de Vasarely, Rouault o Piet Mondrian.También manifiesta su disidencia con la obra de su hermano Pierre, o su distanciamiento de Francis Bacon o de Chagall, porque no comparte con ellos su visión sobre la finalidad del arte, a pesar de que reconoce en ellos a pintores de gran importancia.
Las Memorias hablan sobre todo de su pintura, de la pintura, del pintor como sacerdote de la belleza. Fragmentariamente, rememora episodios de su vida, de su infancia, de su juventud, de sus amores, de su época, pero todo gira alrededor de la pintura, centro y sol de la existencia de Balthus.
Reivindica sobre todo la concentración, la entrega absoluta a la obra, la búsqueda de la belleza y de la perfección a través del silencio para encontrar la luz.
Dejadme que comparta con vosotros estos fragmentos:
- Pintar no es representar, sino penetrar. Ir al fondo del secreto. Ser capaz de sacar la imagen interior. De modo que el pintor también es un espejo. Refleja el espíritu, el rasgo de luz interior.
- Un retrato es un fragmento del alma que se atrapa.
- Yo veía lo que había que pintar a través de Bonnard y de Cèzanne, y también de lo que escribía Rilke, era el mundo invisible y visible a la vez, el lugar donde lo real y el sueño llegan a tocarse y nos llevan muy lejos.
- No se puede pintar en la algarabía del mundo, con sus facilidades y seguir su mismo compás. Por el contrario, debemos conseguir cada vez más soledad y silencio, mezclarnos con los maestros de antaño para volver a inventar el mundo y no dejarse enredar por las falsas sirenas, el dinero, las galerías, la vida mundana...
- El pintor no sabe nada de eso. Pinta, eso es todo, no intenta traducir nada. Lo que se debe buscar por todos los medios es el silencio. Por eso me parece ridículo y superfluo tratar de explicar la pintura con la palabra ¿Qué palabras, qué frases podrían expresar los espacios de silencio, secretos y oscuros, a los que todos queremos encontrar un sentido, del que todos queremos tomar algo?
- Hay que esforzarse por recuperar el alma, que ha sido mermada, borrada, trabajar para volver a hechizar el mundo. Es la tarea de los artistas. Creo en esa misión sublime. Creo en ese intento sublime. En ese intento obstinado de armonía, esa aparición de la belleza que debería buscar siempre la pintura.
- Creer que en mis niñas hay un erotismo perverso es quedarse en el nivel de las cosas materiales. Es no entender nada de las languideces adolescentes, de su inocencia, es ignorar la verdad de la infancia,
- La turbación adolescente de los cuerpos de mis niñas revela esa ambigüedad: luz de las tinieblas y luz de los cielos. No obstante, creo que el camino que puede despejar mi pintura no va en la dirección del cínico Don Juan, como tampoco en la de una piedad angelical. Como Byron, o como el protagonista violento y entero de Cumbres Borrascosas, he buscado en la sombra y la luz el rastro de la naturaleza pura.
Balthus y Rilke, Mitsou, historia de un gato, seguido de cartas a un joven pintor, Artemisa Ediciones, Tenerife. 2006 (Prólogo y traducción de Juan Andrés García Román).
Balthus, Memorias, ed. Debolsillo, Barcelona 2002 (trad. Juan Vivanco).
14/02/2007
Hammershøi i Dreyer en el CCCB
La exposición del CCCB se titula Hammershøi i Dreyer, pero yo, ’pasé’ de comparar la estética de los dos artistas daneses y al visitarla me centré en la observación de la pintura del primero. No hace falta decir que no fue porque yo desprecie la extraordinaria obra cinematográfica del autor de la milagrosa Ordet, sino porque, a pesar de desconocer totalmente a Hammershøi, me sentí, sin embargo, cercana a sus premisas estéticas: a esta altura del partido ya sabéis que me gusta el silencio y el estatismo reflexivo tanto en literatura como en artes plásticas: amo la imagen sobria y callada. La pintura de Hammershøi es más que una pintura de la luz y del silencio.
También nos ofrece una referencia o un desarrollo personal de la obra de Vermeer en la que creo que encuentra inspiración: mujeres ante una ventana o ante un mueble, de perfil o de espaldas, silenciosas, solitarias, abstraídas, caseras, ensimismadas; los interiores burgueses, senequistas, iluminados por una luz que casi siempre viene de la izquierda, la carencia de ornato, la desnudez del espacio, la carencia de símbolos en el entorno plasmado, la apreciación del detalle, la perfección de una pincelada leve, casi tan aérea como la niebla de los escasos paisajes. También veo a Vermeer o a la escuela de Delft en el perspectivismo ’en cajas’ de las habitaciones y de las puertas: puertas y habitaciones que adivinamos como interrogaciones sobre una vida que desconocemos pero que allí ocurre. Hay una irrupción del espectador como ’voyeur’ en estas casas, en esta cercanía con las mujeres que habitan y se mueven en estas habitaciones donde nosotros también ’estamos’. Hemos entrado en su intimidad sin que parezcan notar nuestra presencia.
La paleta de Hammershøi es muy distinta de la de Vermeer, en grises, blancos y amarillos, pero corren ahí venas silenciosas y secretas que nos remiten al legado del artista de Delft.
Hammershøi también me recordó, por supuesto, la obra de Caspar David Friedrich, tan misteriosa como invitadora, tan narrativa como ecónomica, en el sentido de que te ahorra todo para que todo lo adivines...Por otro lado, esas figuras de espaldas son toda una interrogación sobre el sujeto. Una interrogación sobre la realidad, la soledad y el mundo. Incluso recordé una imagen de Friedrich en que una mujer se asoma a una ventana, dándonos la espalda. Hammershøi pinta una casi idéntica y no puede ser casual.
Detrás de la pintura de Hammershøi, igual que en el cine de Dreyer, late el protestantismo. La simplicidad de los gestos, la disposición desnuda de los muebles, la sobriedad de las actitudes, el recogimiento ascético, lejos de lujo y del barroquismo, los interiores interiorizables, interiorizados, tanto del alma como del habitáculo. Filosofía y/o biografía de la paz interior, y por eso mismo, inquietante para el espectador, porque detrás de eso ¿qué hay? Pintura que nos interroga.
Os recomiendo la visita.
CCCB, Hammershøi i Dreyer
Del 25 de enero al 1 de mayo de 2007.
C/ Montalegre 5, 08001 Barcelona
Tel. 93 306 41 00 Fax. 93 306 41 01
02/02/2007
Mujeres de Goya
No soy persona que se emocione hasta llorar ante ningún cuadro, aunque muchos me han conmovido o movido interrogándome, inquietándome, haciéndome reflexionar. Pero cuando me paré frente la Maja vestida de Goya se me saltaron las lágrimas ante ese rostro arrebolado, tan incitante, tan puro y tan vivo.
Después, he podido ver otros muchos retratos femeninos de Goya en diversos museos. Sus mujeres son personas seguras de sí mismas. concientes de su lugar en el mundo. Dignas (independientemente de que sean nobles, burguesas o trabajadoras). Sus mradas son fijas, directas y hondas, y sus cuerpos se erigen ante nosotos concientes de su poder hipnótico, de su belleza, de su rotunda femeneidad. Femeneidad que no se entiende como ornamento, sino como sustancia pura. En estas figuras femeninas hay sensualidad y poder, seguridad e inteligencia. Y solamente en el retrato de la reina María Luisa se puede ver algo así como un esperpento en el fondo de la pintura, en su subtexto. Todas las demás resultan un homenaje, producto del conocimiento de sus almas. Son retratos físicos y psicológicos, y nos dicen mucho de Goya y de las mujeres de su tiempo.
21/01/2007
José Luis Cuevas
José Luis Cuevas es uno de mis dibujantes y grabadores favorito: aquí os dejo algunas de sus obras. Es el Daumier mexicano.Algunas obras seleccionadas pertenecen a su ’Suite Catalana’(1981).
01/12/2006
Hermen Anglada Camarasa en CaixaForum
Mi museo favorito en Barcelona fue el de Arte Moderno y Contemporáneo que estaba situado al lado el Parlament de Catalunya, en el Parc de la Ciutadella.
Allí contemplé por primera vez la obra de este gran artista catalán, el primero que traspasó fronteras, como más tarde hicieron Dalí o Miró.
En el Reina Sofía aprecié en su ambigüedad y belleza el Retrato de Sonia de Klamery, condesa de Pradére, y en el de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, el maravilloso lienzo de los Campesinos de Gandía.
Ahora tenemos la oportunidad de ver, reunida, la obra de este artista extraordinario, ya que se exhiben casi 200 obras. Salvo algunos paisajes en tonos pastel de la última época, que me parecen mediocres, todo lo demás merece una vista, aun cuando la exposición carece (una vez más) de una luz adecuada, o de una atmósfera más cálida.
Una virtud de la exposición es que nos permite recorrer, didácticamente, todas las etapas de la obra y del artista. La exposición nos ofrece también algunos cuadros de contemporáneos suyos muy afines (quién podría olvidar las similitudes existentes entre algunos retratos de Camarasa y otros del gran Zuloaga, uno de cuyos cuadros, magnífico, pende en esta exhibición).
La luz, la sombra, la belleza del color, la riqueza de las formas, y una perversa cualidad ambigua que se desprende de algunas de sus obras, bastan para fascinar al visitante.
Están bien representadas todas las etapas: la de Barcelona, que va del 1885 al 1894, en la que es visible la influencia de otro gran pintor catalán, Modest Urgell, y en la que se nota el orientalismo que flotaba sobre toda la pintura europea de la época desde Delacroix.
Las dos épocas de París, en la que vemos la influencia de Lautrec, y también del cartelismo modernista, así como las temáticas de la vida nocturna parisina. En estas etapas, Anglada Camarasa se mueve, fluctuante, entre el realismo y el simbolismo, entre el sueño y la curva, entre el sensualismo y la perversa atracción de las alucinaciones provocadas por esa hada verde que puebla las miradas de sus retratados. Etapas que van de 1894 a1914), antes de la Primera Gran Guerra. Ambas etapara están separadas únicamente por un viaje a Valencia que no será episódico, sino que va a reflejarse quizá en una tendencia barroca y mediterránea que teñirá algunas de sus mejores obras, como las de los Campesinos de Gandía o La novia valenciana, e incluso El ídolo.
A partir de los comienzos del siglo XX, Anglada Camarasa consigue éxito y reconocimiento internacional. Gorki, Diaghiliev, Kandinsky, Picasso, el gran Manolo Hugué se convierten en sus admiradores. Una de sus discípulas más destacadas es Marie Blanchard.
Durante la etapa mallorquina, que va de 1914 a 1936, Anglada Camarasa se refgudia en la isla, huyendo de la devastación de una Europa en Guerra. De aquí surgen esos paisajes que sólo excepcionalmente logran decirme algo: la mayoría son cuadros decorativos, carentes de emoción, en tonos pastel: sin vibración interna.
Anglada se queda anclado atrás de las vanguardias, y su estilo se resiente. Se debilita, se hace blando y ya no es el mismo. O ese mismo que es ha dejado de hablar.
En la última etapa, es la que le sorprende en Barcelona durante la Guerra Civil. Por sus ideas republicanas, es admitido (como protegido) en Montserrat. Ahí lleva a cabo de nuevo unos paisajes, de los que uno al menos, me parece hermoso. De Montserrat pasa a Francia, exiliado, y de nuevo, más tarde, pasa a Mallorca. En 1953 sufre un accidente y abandona, forzosamente, la pintura.
De Anglada Camarasa sorprende la fuerza expresiva, el barroquismo, entre el kitsh y la emoción suprema, la afinidad con Klimt (en algunos, en varios cuadros, le veo superior a éste, tan amanerado en ocasiones) y con el Zuloaga de La condesa de Noailles ( propiedad del Museo de Bellas Artes de Bilbao, del que un día hablaré), o de La morfinómana, que aquí se exhibe tan oportunamente.
En conclusión: Anglada Camarasa es un pintor que vale la pena conocer, ver, disfrutar. Nos recuerda la efímera voluptuosidad de la fama.
Exposición: El mundo de Anglada Camarasa
Lugar: CaixaForum
Horario: De martes a domingo, de 10.00 h a 20.00 h
Precio: Actividad gratuita
Dirección: Av. Marquès de Comillas, 6-8. 08038 BARCELONA
Al pie del MNAC, en Montjuich
26/11/2006
Los dibujos de Federico García Lorca
En Diciembre, mis alumnos y yo ( de hecho, todos los alumos de Bachillerato, con mis compañeros profesores, Alicia y Gonzalo), iremos al Teatre Auditori de Sant Cugat a ver la obra dirigida por Rubianes, Lorca somos todos, que tanto escándalo suscitó (por razones extra-teatrales) en Madrid hace unos meses. Espero que la experiencia sea muy positiva.
A raíz de esto, les preparé, para nuestro blog de aula, una presentación con los dibujos de Lorca. Espero que os guste:
16/09/2006
30/08/2006
Stanley Spencer: un pintor fascinante
Gracias a mi querido Portnoy, que incluye en su último post un descarnado desnudo de Stanley Spencer, me he puesto a buscar más imágenes suyas por internet, para poneros la miel en la boca.
Hace tiempo vi algunas de sus obras en la Tate y me impresionaron tanto como las de Freud y Bacon: he aquí lo que he podido recopilar para vosotros.
Stanley Spencer (1891-1959), fue considerado miembro de la escuela de Londres junto a Francis Bacon y Lucien Freud, otros dos pintores extraordinarios, y también fue coetáneo de Henry Moore, a quien acabo de dedicar un post. En Spencer se pueden ver las influencias de Otto Dix o de Diego Rivera, pero también le veo muchas cosas en común con Brueghel y con la pintura flamenca, que tanto me entusiasma. Igualmente ligada al surrealismo y al realismo descarnado, su obra tiene tanta magia como realidad. Sus paisajes, sus dibujos, me parecen también extraordinarios. Espero que os gusten.
07/08/2006
Ramón Gaya en La Pedrera (Fundació Caixa Catalunya)
Ramón Gaya, pintor inspirado, pintor ascético, pintor puro. Pensador y escritor (Murcia, 1910-Valencia,2005), vivió en París, México, Roma, Barcelona, Venecia. Amigo de Manolo Hugué, de Soledad Martínez, de Juan Gil-ALbert, de Altolaguirre, Prados, Bargamín, y maestro de Tomás Segovia, Gaya ilumina con su pintura, llena de luz y de transparencia, todo lo que toca.
Escribe:
El arte es Destino, y el día que esto se llegue a comprender dejaremos de oír todo ese estúpido rosario de obligaciones que los diferentes estetas le han echado siempre encima -que el arte debe ser bello, o moral, o expresivo, o imaginativo, o copiador, o bastracto-, y se caerá en la cuenta de que el arte, como destino que es, no lo podemos construir nosotros, ni siquiera hacerlo nosotros, sino escucharlo y cumplirlo.
Ramón Gaya: La hora de la pintura, en la Sala de exposiciones de Fundació Caixa Catalunya La Pedrera. Paseo de Gracia, 92, Barcelona. Entrada gratuita. (hasta el 1 de octubre de 2006).
30/07/2006
Cuadros de castas en la Nueva España del siglo XVIII
La clasificación implacable de las castas producto del mestizaje, que creó un subgénero de pintura virreinal, muestra el punto de vista de los colonizadores y el racismo imperante. Aún así, siendo ideológicamente rechazables, son muy interesantes desde los puntos de vista histórico y sociológico, así como pictóricamente.
11/07/2006
Monjas coronadas (Siglo XVIII)
Es un género de retrato femenino colonial. Se retrataba a las monjas cuando tenía lugar su "matrimonio" sagrado: vestidas como novias, con sus coronas de flores y su ramo. Poco después, dejarían los fastos del mundo, la vanidad de los atavíos, para entregarse a una vida de contemplación, de rezos o de estudio. A su muerte, se las volvía a ataviar como novias para el encuentro final con el Amado. Los retratos de monjas coronadas vivas y muertas son el testimonio de un mundo fenecido, no por hermoso menos tremendista. Misterioso. El erotismo del Cantar de los Cantares o el misticismo sanjuaniano son sugerencias inevitables cuando contemplamos estos cuadros.
07/07/2006
Benjamín Domínguez, un pintor mexicano
Benjamín Domínguez nació en 1942 en Jiménez, Chihuahua. En 1962 ingresó en la Academia de San Carlos, estudió con los maestros Capdevilla, en Grabado; y Roberto Garibay, Héctor Cruz, Nicolás Moreno y Antonio Rodríguez Luna, en pintura. A lo largo de 10 años se dedicó a grabar y dar conferencias de apreciación estética. En 1970 ingresó al equipo de museografía del Museo del Virreynato en Tepotzotlán, a cargo de Jorge Guadarrama; durante su estancia en este museo aprendió el amor por el objeto y el virtuosismo técnico, dejando una huella tan profunda que cinco años más tarde definirían su estilo personal, reflejado en las “Monjas coronadas” y “Alacenas”. Trabajó diseñando ropa y joyería en plata, tiñendo telas, estambres e hilo mercerizado y serigrafía para estampado en tela y piel. Además dio clases para niños en el Museo de Antropología.
Una de sus series más conocidas es la del Matrimonio Arnolfini.
La fascinación que en mí ejerce su pintura proviene de la visión presente que proyecta sobre el pasado colonial o atávico. A mí también me fascinan las monjas coronadas y los ángeles coloniales, la pintura flamenca y las alacenas. Hay algo de equilibrado y algo de perverso en su pintura. Algo estético y algo monstruoso. Todo ello me atrae.
23/06/2006
Un gran pintor americano: Andrew Wyeth
Andrew Newell Wyeth ( Julio 12, 1917) es un pintor del realismo americano y uno de los mejor conocidos en su país. Sus temas preferidos: la gente y los paisajes de Pennsylvania y Maine.Su obra más conocida (y la que me impactó de niña y nunca ha dejado de fascinarme) es El mundo de Cristina (1948), en la que se ve a una joven inválida en una colina (Museo de Arte Moderno de Nueva York).
20/06/2006
Dibujos y caligrafías
1. Cartas de Wilde a Alfred Douglas- 2. Nada de quejas:Nahui Olin- 3. Palabras, palabras, palabras- 4. Poblado de palabras
18/06/2006
Colores del papel o de la elocuencia del color

Mi ex me regaló por mi cumpleaños dos libros. De uno de ellos, extraigo este fragmento:
Aparte del papel blanco, color ordinario, se encuentra el papel de color púrpura (violeta claro o amatista); el emperador romano de Constantinopla, Constantino VII Porfirogéneto, envió en 949 al Califa de España ’Abd-ar-Rahman una carta escrita con tinta de oro sobre pergamino violeta.
El azul es color de luto. En Egipto y Siria las órdenes de ejecución estaban escritas sobre papel azul.
El rojo se consideraba como un color de felicidad y de fiesta. El rojo claro y, sobre todo, el rosa eran muy estimados. El empleo de papel rojo en la correspondencia oficial era una prerrogativa de los altos rangos y una señal especial de favor; en Siria, el virrey de Damasco y el gobernador de la fortaleza de Karak eran los únicos que tenían derecho a escribirse en papel rojo con su soberano del Cairo. Era también el color de la humanidad; se vestían de rojo para reclamar justicia.
El papel amarillo gozaba también de una particular estima. El historiador de la conquista musulmana, Bélâd-hurî, menciona, antes de 892, papeles amarilleados con azafrán.
Clément Huart, Los calígrafos del Oriente musulmán, José J. de Olañeta Editor, Barcelona, 2004, 2º ed., (Trad. de Vitoria Argimón)
02/06/2006
Hundertwasser (1928-2000)
En Mis ambigüedades electivas podéis leer algunos escritos de Hundertwasser.
La web oficial es ésta.
30/05/2006
Ángeles barrocos de Hispanoamérica
21/05/2006
Picasso en Corea
Me escribe Cristino Montañez ( vía Digizen ) para proporcionar un enlace a una expo de Picasso que se está haciendo en Corea. Os recomiendo la visita al sitio (tiene versión en inglés).18/05/2006
06/05/2006
Paul Klee, el poeta de la pintura

Paul Klee nació en una familia de músicos: su padre era profesor de canto, su madre se dedicaba también a la música y enseguida lo inició en el estudio del violín. Su abuelo paterno había sido organista en Thuringia. La mujer de Klee, Lily, era pianista. En sus pinturas, la música se hace presente, en la abstracción y en la poesía que emanan. Sus cuadros son armónicos. Hay escalas (de colores), sus cuadros hacen música: conmueven.

En su juventud, Klee fue segundo violín de la Orquesta de Berna, pero él no quería dedicarse a eso aunque nunca abandonó su violín: antes de pintar, Klee siempre tocaba durante una hora o dos. Yo creo que los artistas nunca se sienten atraídos sólo por una de las artes: siempre hay confluencias. Una cosa les lleva a otra. Hay misteriosas redes que se tejen alrededor de las obras. Klee ejerció también de crítico musical.
Klee viajó mucho: por Italia, Francia (vivió en París), Munich (donde estudió pintura y también vivió), Weimar, Dessau, Dusseldorf (siempre recuerdo las altas, gráciles torrecillas de las iglesias alemanas, que han decidido conservar su dominio sobre el resto de la ciudad).
Los primeros trabajos de Klee son pesimistas y bastante amargos: sus quince aguafuertes nos lo revelan como un excelente dibujante pero aún no es Klee: o está siendo Klee de una manera que no entendemos como suya, pero que luego lo llevará a ser él.
No hay simplicidad en sus obras posteriores, sino sencillez: pureza, poesía. No creo que los artistas verdaderos, si escuchan su propio interior, puedan mantener un único estilo, a no ser que lo hagan para vender más. Creo que todos ellos (bueno, no todos, ahora me vienen a la mente Rothko o Pollock, que acabaron suicidándose por no encontrar un camino de salida) , sacan a la luz las transformaciones internas que todos sufrimos a lo largo de nuestras vidas. En el arte de la pintura esa transformación es visible a través de las obras. Así pues, las primeras de Klee son obras sombrías, muy diferentes de sus obras posteriores.

Me siento muy cerca de Klee. Cuando veo su obra, la emoción sube por mi garganta. Entonces recuerdo que mi hijo siente la música de su cello ahí. Es en la garganta donde los sonidos de la emoción se encuentran. No puedo ver una obra de Klee impasible ¿Qué hay en ella? Yo creo que hay verdad y pureza, pero también hay algo atávico, algo perdido en mi memoria. En una memoria colectiva, de sombras, de bosques, de sonidos pre-lingüísticos, de sensaciones con la luz, con los espacios.

Sus ciudades me parecen siempre ciudades sumerias o quizá edénicas. Sus colores son los colores de las fuentes del Nilo. Hay algo en su obra que me parece que está escrito en un lenguaje antiguo, quizá transcrito en caracteres cuneiformes. Todo es tan sutil, y sin embargo, tan profundo. Flores, casas, árboles, jardines de Babilonia. Cuando ví en el Museo de Pergamon (en Berlín), las murallas de Babilonia que ahí se conservan, creí ver los antecedentes de la obra de Klee. Los colores, la salvaje belleza de un mundo que fue nuestro, en el que todavía se encuentran nuestros orígenes..

¿Y cómo pueden esos conjuntos de cuadritos de colores, de arbolitos, de flores o casitas o de alfabetos desconocidos emocionar así, conmover así? Lo ignoro, pero sé que eso que pinta Klee es arte. Y no estoy sola en esa apreciación. Hay cierto consenso sobre ello. Un consenso a-científico, impreciso pero firme en la convicción ¿Qué es arte? ¿Es aquello que nos transmite lo inefable, lo indecible, lo indescriptible? ¿Aquello que nos emociona, sacando de nosostros ese temblor del alma que sólo él sabe sacar? ¿Es esa cosa que nos pasa cuando oímos a Bach, eso que tiembla dentro como una pequeña lucecita vacilante, insegura, escondida, íntima? Ese temblor no se puede compartir más que diciendo palabras, pero es anterior a las palabras. Por eso ahoga en la garganta.

Las imágenes provienen del libro de Jean-Louis Ferrier, Paul Klee, Lisma Ediciones, 2001, que contiene un precioso estudio de la obra de Klee que recomiendo calurosamente.
La imagen de la muralla de Babilonia la saqué de una postal que compré en el Museo Pergamon, cuya visita también considero imprescindible.
15/04/2006
Cornelis de Vos, pintor flamenco del Siglo XVII

A Cornelis de Vos lo conocí en un pequeño museo de Amberes, el Mayer van den Bergh, fruto del amor por el arte y el coleccionismo que desarrolló Fritz Mayer van den Bergh ( 1858-1901) que en un periodo increíblemente corto de su vida,diez años, reunió una impresionante colección de esculturas góticas, pinturas (especialmente) flamencas y otros muchos objetos cuya belleza es incuestionable. Después de su temprana e inesperada muerte, su madre construyó el edificio que alberga la colección con el loable propósito de que no se dispersara. En ella están tres cuadros magníficos de Brueghel el Viejo: El censo en Belén, Los oficios, y sobre todo, Mad Meg, esa tela extraordinaria que recuerda al Bosco en su terrorífica y enigmática factura.

Ahí pude ver y admirar algunos de los cuadros del retratista flamenco Cornelis de Vos, que pueden compararse con lo mejor de Anton van Dijk o de Rubens, su maestro, hasta el punto que ha habido numerosas dudas acerca de las atribuciones de obras entre estos tres grandes pintores flamencos. De Vos nació en Hulst (Zelanda, Países Bajos) c. 1584. Es posible que fuese discípulo del gran Rubens, y puede ser que trabajara como marchante de arte. Se sabe que estudió con un pintor modesto, también dorador, David Remeeus. Su hermana Margarita casa en 1611 con Frans Snijders (también llamado Snyders), otro de los grandes pintores de la escuela de Amberes. Su hermano pequeño, Paul de Vos (1590-1678), también fue un pintor conocido, especializado en escenas de caza, tan populares en su tiempo y en la pintura de animales, en que destacó un poco menos que el excelente Paulus Potter, uno de mis pintores favoritos. Parece ser que viajó a Francia en 1604. De Vos fue aceptado como maestro pintor en el gremio de San Lucas de Amberes en 1608. El 1617, ya adquirido el prestigio burgués, casó con Sussana Cock, medio hermana del paisajista J. Wildens. De Vos pintó muchas veces a su familia, a sus hijos, a sí mismo en grupo familiar en crónica deliciosa de su propia vida.

Por esos mismos años pintó en la Iglesia de San Pablo de Amberes al lado de Rubens, Jordanes y Van Dijk. En 1627 recibe el encargo de seis retratos reales para la casa real española. En 1635 se sabe que trabajó con Jordaens y con Rubens en la recepción del Cardenal-Infante Fernando de Austria pintando un arco de triunfo. Para celebrar una de sus victorias en la guerra de Flandes. De.1636 a 1638 trabajó con Rubens en la decoración de un pabellón de caza de Felipe IV em Madrid, La torre de la Parada

La obra de Vos está fundamentalmente centrada en los retratos: de niños, de familias burguesas. En esa especialidad destacan los cuadros que pude contemplar en el Museo van den Bergh, pero también incursionó en los géneros habituales de su época: paisajes, mitologías y cuadros religiosos en los que el influjo rubensiano se hace notar más que en los retratos, tan finos, con un cuidado exquisito en la expresión. Cornelis de Vos murió en Amberes en 1651. Sus obras se encuentrasn en todos los museos importantes del mundo: Madrid, París, Londres, Gante o San Francisco y Nueva York o Finlandia poseen obras de este pintor flamenco.

Cornelis de Vos es un pintor flamenco apreciable.
01/04/2006
Las mujeres lectoras en la pintura

Por fin liberada de las engorrosas correcciones, me dedico a leer un libro que he recibido hace unos días, Reading Women (Mujeres lectoras).
El libro viene profusamente ilustrado y contiene varios capítulos que os reseño aquí:
En el Prefacio, Karen Joy Fowler (autora de varios libros sobre género y de novelas, también), reflexiona sobre el significado de estas imágenes en un contexto histórico cambiante, en las que el libro tiene diversas interpretaciones. El libro que lee la Virgen María, mientras el arcángel le anuncia su destino sagrado es un libro de pureza y de oración. Es interesante pensar qué libros leían las modelos de los cuadros. Pensar enq ué vidas secretas, imaginarias, alcanzaban, leyendo. El libro es también un objeto que inmoviliza. Inmoviliza exteriormente, pero no mentalmente. Vivir en la imaginación ha sido siempre un peligro. Más todavía en el caso de las mujeres. La mujer se aleja del ajetreo familiar y casero y se abstrae en la lectura ¿Se puede considerar, entonces, que la lectura es un acto combativo? Recordemos que la lectura tiene efectos nocivos tanto en los casos de El Quijote como en el de Emma Bovary ¿es necesaria la censura de las lecturas femeninas? Fowler recuerda unas palabras de Juan Luis Vives: la mujer no debe seguir su propio juicio, pues tiene muy poco. Debe leer únicamente lo que los hombres consideran apropiado y beneficioso para su educación como mujeres” y
En el siglo XIX inglés, las madres debían velar para que sus hijas leyeran libros adecuados. Es muy improbable que estas madres dejaran que sus hijas leyeran, por ejemplo, a Shakespeare…Por otra parte, se suponía (erróneamente” que las mujeres leían n mayor placer las historias novelescas que la literatura seria o filosófica. Las mujeres cristianas pueden ver acrecentada su fe y su piedad a tarvés de la lectura, pero las jóvenes imprudentes pueden estropear su vida entera leyendo novelas románticas o autores inmorales.
Hoy, han cambiado tanto las cosas que parece que el problema ya no es que las mujeres lean, sino que los hombres no lo hacen. En varios países del mundo occidental se constata que las mujeres forman el grupo mayoritario de personas que leen.
Por mi parte, siempre leí. Me recuerdo leyendo desde la más tierna infancia. Nada me ha proporcionado mayor felicidad que la lectura ¿Nada? Bueno…dejémoslo así.
Lectoras pías: La lectura como fuente de piedad y de fe.
Simone Martini (c. 1284-1344) El pintor de Siena muestra una Anunciación original: Parece que la Virgen no admite con gusto el destino que el arcángel le dicta. Se refugia, reticente, en un rincón del cuadro y sostiene en su mano un libro que evidentemente, es un libro de Horas o libro de oraciones. Martín nos muestra a la Virgen como un ser sabio, educado.

Hugo van der Goes (c. 1440-1482)
El maestro de Gante recibió de Tomasso Portinari el encargo de este altar para una iglesia de Florencia. El pintor, siguiendo la costumbre de su tiempo, muestra en menor tamaño a los donantes, y en un tamaño mayor, pinta a los santos (en este caso las santas), Santa Margarita y Santa María Magdalena. La primera sostiene un libro entre sus manos, pero no lo lee: simplemente, es un símbolo de piedad y conocimiento teológico. Armada con la cruz y con la Biblia, la santa aplasta la cabeza del Demonio.

Momentos íntimos, lectoras encantadas: El tiempo de ocio era escaso. El tiempo de la lectura era el tiempo de la esfera de lo privado, y era ajeno a la presión social y comunitaria.
Domenico Fetti (1588-1623)
La joven lectora, con sus pobres ropas asume la dignidad del más alto rango porque lee. Le ensimismada y melancólica. Puede ser María Magdalena, puede ser cualquier chica del pueblo que, por milagro, haya podido aprender a leer a la luz del fuego del hogar.

Johannes Vermeer (1632-1675)
Vermeer es uno de los pintores que mejor ha captado esos momentos en que las mujeres se apartan para leer. Sus mujeres leen cartas, las leen ensimismadas, silenciosas, en momentos de absoluta intimidad, sólo rota por nuestro voyeurismo de espectadores. Irrumpimos en ese momento, pero nos detenemos, también silencio, para ver la escena, iluminada por la ventana holandesa.

Lectoras placenteras, que confían en sí mismas.
Las mujeres dejan de ser admiradas únicamente por su belleza o por su gracia. También lo son por sus conocimientos, por su ingenio, por su capacidad literaria, como lectoras y como escritoras.
François Boucher (1703-1770)
Madame de Pompadour espera a su amante Luis XV. El libro descansa como esperando que ella le vuelva a atender. Tanto detrás como en la mesilla de noche, se pueden ver gruesos volúmenes de la biblioteca de la mujer. El vestido resalta su belleza, los libros, su deseo de no ser admirada únicamente por su apariencia.

Jean-Etienne Liotard (1702-1789)
El pintor suizo gusta de pintar a sus modelos en hábitos orientales. Aquí vemos a Marie Adelaïde de Francia, absorta en su lectura. Bella y culta.

Lectoras sentimentales. La lectura estimula el sentimiento. A lo sabían los medievales, que discutían si Amor en verdad existía o era sólo una creación de la mente humana, socializada y publicitada por los libros. Leer en el XIX significaba identificarse con los personajes o ideas expresadas en los libros.
Franz Eybl (1806-1880)
La joven lectora está tan embebida en su lectura, que ni siquiera nota que la blusa se ha deslizado y abandonó su hombro para mostrárnoslo, así como un asomo de su pecho.

Sir Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)
Sus hijas leen. Refugio infantil: el libro de cuentos. La imaginación se despierta. Una parece reticente a dejarnos entrar en su secreto. La otra nos mira con suprema confianza en su inocente pose.

Lectoras apasionadas, que adecúan su vida con el arte. Literaturizan sus existencias. Aquí entra Emma Bovary , también Anita Ozores. Son las que sienten una pasión hasta hacerse sufrir indeciblemente con ella.
Ramon Casas i Carbó (1886-1932)
Después del baile, la mujer, agotada toma un libro al descuido, tal vez una novela, mientras se come la vida a bocados.

Théodore Roussel (1847-1926)
La desnudez de la mujer que lee no es mitológica: es realista. EL kimono, descuidadamente (aunque bellamente) olvidado en la silla, le otorga carácter intimista y a la vez casual a la pintura.

Por supuesto, el libro está lleno de imágenes y de ideas: Hopper, Matisse, Duncan Grant, Deineka. El sujeto Mujer leyendo es inacabable.
Aquí he querido dejar unas cuantas menciones que espero que os hayan gustado.
Stephan Bollmann, Reading Women (prefacio de Karen Joy Fowler), Merrell Publishers, New York, 2006.
La ilustración de portada es de Gustav Adolph Hennig, Muchacha leyendo, 1828.
22/03/2006
Autorretratos femeninos

Hace unos días me llegó un libro de arte: Seeing Ourselves ( Women’s self-portraits), de Frances Bozzello, Thames&Hudson, Londres, 1998) que es una historia del autorretrato femenino desde el siglo XVI hasta nuestros días. En portada, el de Nora Heysen (1933)
De todas las reproducciones he decidido compartir éstas:

Catharina Van Hemessen :el primer autorretrato de un pintor (que se sepa), independientemente del sexo, que muestra a un/a pintor/a ante el lienzo (1548)

Ana Waser se pintó a los 12 años. Fue una niña prodigio (1691)

Anna Dorothea Therbusch se pintó mostrando los estragos de la edad y con el anteojo necesario para la lectura (1762)

Elisabeth Vigée-Lebrun se presentó a la sociedad de su tiempo llena de candor y belleza juvenil (1781)

Zinaida Serebryakova se muestra en la intimidad de su tocador (1909) con buen humor y un toque de erotismo

Dorothea Tanning, pintora surrealista, se muestra hermosa y con las puertas que la circundan abiertas a lo desconocido. A sus pies una bestia sugiere el poder de lo onírico (1942)

La chicana (mexicano-americana) Yolanda M.López se pinta usurpando los hábitos de la Virgen de Guadalupe y con aspecto feliz y dinámico (1978)

Rachel Lewis pinta su enfermedad en un collage con el trasfondo de los recortes de diarios y revistas que la oprimen con la presión soscial de la delgadez y de la moda (1990)

Jenny Saville pinta su enorme cuerpo sin pudor, un cuerpo marcado con palabras o marcado, como esperando el escalpelo de cirujano plástico (1992)
14/03/2006
Ver y apreciar la pintura. Los pintores figurativos (modernos) que más me gustan.

Desnudos de Antonio López
Mi madre, aunque era una mujer culta y muy preparada, hacía pocas cosas conmigo. Su trabajo centraba su vida. La definiría con esa afortunada palabra en inglés: Workoholic. Adicta al trabajo. Una adicción que para los demás puede ser tan devastadora como cualquier otra. El caso es que recuerdo que los domingos solía llevarnos al teatro del Bosque (en Chapultepec) a ver obras infantiles, o al zoo y al trenecito, pero sólo cuando estaba a bien con mi tío Mario, que era quien llevaba la batuta en estas salidas. A veces fuimos al museo del Castillo de Chapultepec, que era muy didáctico (no sé cómo estará ahora), con sus muñequitos figurando batallas, sus escenas miniaturescas de la historia de mi país y dos preciosos cuadros (creo que parecían de algún seguidor de Wintelhalter) de Maximiliano de Habsburgo y de Carlota, fugaces e inoportunos emperadores de México. De todo el museo, lo que más me gustaba eran esos cuadros. Pero no tuve una educación artística de niña. Sin embargo, como ya he contado antes, en la biblioteca de mi abuelo había muchos libros, y por ellos comencé a ver cuadros en ilustración. Mi madre recibía varias revistas en inglés, y ahí también me enteré de qué se cocía en el mundo el arte, porque recuerdo que cuando yo tenía 16 años y entré en la Prepa 6 de Coyoacán (había perdido un año a causa de la muerte de mi madre y una estancia que resultó frustrante en Wisconsin, con mi tía Chata), ya sabía quiénes eran Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y Henry Moore, Alexander Calder y algunos otros. Recibí algunas clases de pintura junto con mi gran amiga de la secundaria Marilú Nájera Coronado. No recuerdo más que visitas escolares a los museos de San Ángel, ni recuerdo con precisión cómo comencé a sentirme atraída por la pintura. A los 17, yo pintaba esporádicamente, aunque, como he mudado tanto de casa, no conservo nada de lo pintado entonces.
Quizá no fue hasta que llegué a Europa ( a los 23 años) que verdaderamente comencé a ver arte en el Louvre, el museo de Orsay (entonces en la Orangerie). Como dice David Hockney en su lib
























